Diferencia entre revisiones de «Beatriz de Silva»

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=Vida manuscrita=
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Ed. de [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: febrero de 2025.
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: febrero de 2025; fecha de modificación: enero de 2026.


== Fuente ==
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[[Archivo:María de Toledo Yanguas.jpg|right|250px|''Breve catálogo de los siervos de Dios, así religiosos como religiosas...'', f. 1r; Roma, Archivio Storico Generale dell’Ordine dei Frati Minori.|link=]]
[[Archivo:María de Toledo Yanguas.jpg|right|250px|''Breve catálogo de los siervos de Dios, así religiosos como religiosas...'', f. 1r; Roma, Archivio Storico Generale dell’Ordine dei Frati Minori.|link=]]


* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Lucas_de_Yanguas Yanguas, Lucas de], 1684. ''Breve catálogo de los siervos de Dios así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa Provinxia de Castilla''. Ms. C/12 del Archivio Generale dell’Ordine dei Frati Minori AGOFM, Roma, fols. 27v-30v.
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Lucas_de_Yanguas Yanguas, Lucas de], 1684. ''Breve catálogo de los siervos de Dios así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa Provincia de Castilla''. Ms. C/12 del Archivio Generale dell’Ordine dei Frati Minori AGOFM, Roma, fols. 27v-30v.


[[Contexto material del manuscrito Breve catálogo de los siervos de Dios]] ''así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa Provinxia de Castilla''.
[[Contexto material del manuscrito Breve catálogo de los siervos de Dios]] ''así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa Provincia de Castilla''.


==Criterios de edición==
==Criterios de edición==
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==Notas==
==Notas==


''[1]'' Al margen izquierdo: Año 1560.  
''[1]'' Al margen izquierdo: Año 1560.


= Vida impresa (1)=
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* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Alcocer Alcocer, Pedro de], 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, ''Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer, fols. 107r col. b – 109v [108v] col. b ''[1]''.
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Alcocer Alcocer, Pedro de], 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, ''Hystoria, o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidas en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer, fols. 107r col. b – 109v [108v] col. b ''[1]''.


[[Contexto material del impreso Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo]].
[[Contexto material del impreso Hystoria, o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo]].


== Criterios de edición ==
== Criterios de edición ==
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= Vida impresa (6)=
= Vida impresa (6)=
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: diciembre de 2025
== Fuente ==
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Luis_de_Miranda Miranda, Luis de], 1610. “Quarta Parte deste libro en que se explica, y declara la Regla de las Monjas de la Concepción de Nuestra Señora, y se dize en qué tiempo tuvo su origen, y principio”, ''Vida de la gloriosa Virgen Sancta Clara, con la declaración de su primera y segunda Regla''. Salamanca: Viuda de Artús Taberniel, 1-6.
[[Contexto material del impreso Vida de la Gloriosa Virgen Sancta Clara, con la declaración de su primera y segunda Regla de Luis de Miranda]].
==Criterios de edición==
El relato aparece en la ''Vida de la gloriosa Virgen Sancta Clara, con la declaración de su primera y segunda Regla'', de fray Luis de Miranda, impreso en 1610. Concretamente, la vida de Beatriz de Silva aparece en el primer apartado de la cuarta parte del mencionado libro, centrado en la Regla de las Monjas de la Concepción de Nuestra Señora y en su principio y origen.
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), aunque se respeta la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico (“agora”, “sancto”, “Christo”, “satisfactión”, “aflictión”, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, los nombres propios de personajes y lugares han sido modernizados para facilitar su reconocimiento y se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. También se corrigen algunos casos de laísmo y se han expandido las abreviaturas.
==Vida de Beatriz de Silva==
[1] '''Del origen y principio de la Orden de las Monjas de la Concepción de Nuestra Señora'''
A la Orden de las Monjas de la Concepción ''[1]'' de Nuestra Señora dio principio una muy ilustre y muy noble señora, llamada doña Beatriz de Silva, portuguesa, a quien la reina doña Isabel, hija del rey don Duarte de Portugal, trajo consigo cuando vino a casarse con el rey don Juan el Segundo de Castilla. Fue esta dama una de las cosas más raras de su tiempo en discreción, hermosura y buena gracia, a cuya causa, y por ser tan noble como era (porque era muy deuda de la reina), comenzó a ser servida de todos los grandes de la corte y, de algunos, pedida por mu- [2] jer. Sobre lo cual hubo entre ellos grandes contiendas y pasiones, pretendiendo cada cual ser único y aventajado en su servicio y privanza. Las cuales cosas, como creciesen cada día, vino esto a oídos y noticia de la reina, que, creyendo tenía en esto la dicha doña Beatriz alguna culpa, y celando el autoridad y honra de su casa y de su palacio, se enojó mucho y mandola meter en un estrecho encerramiento, donde estuvo tres días sin serle dado de comer. Viéndose, pues, la muy tierna y delicada dama sin culpa tan maltratada y puesta en tan grande aflictión, con mucha devoción se encomendó a Nuestra Señora la Virgen, Madre de Dios, llamándola en su ayuda y haciéndole voto de guardar virginidad y castidad todo el tiempo de su vida. Lo cual hizo con tanto fervor de devoción y abundancia de lágrimas y tan de corazón que mereció ser visitada de la Virgen, sin mancilla. Apareciole la purísima Virgen Madre de Dios vestida de blanco, con un hábito y escapulario y el manto azul, como agora le traen las monjas de esta orden; con cuya vista recibió ella mucho esfuerzo y consolación.
Pasados los dichos tres días, y habiendo sido puesta en su libertad, teniendo por muy peligrosa la vida de la corte para quien perfectamente y de veras desea servir a Dios, determinose de huir de ella y irse a Toledo a encerrarse en el Monasterio de las Dueñas de Sancto Domingo el Real, de aquella ciudad. Habida licencia de la reina para ello y caminando por su camino con sus criados, en él fue confortada del Señor con otro aparecimiento, y fue que oyó que la llamaron en legua portuguesa y, volviendo a ver quién era, vio venir dos frailes de la Orden de San Francisco, y ella, no entendiendo la merced que Dios le hacía y consolación que le enviaba (como al que teme todo se le hace temores y juzga ser en daño suyo), pareciole que la reina enviaba aquellos dos frailes para la confesar y luego mandarla matar. Y hubo grandísimo miedo y, con mucha aflictión de su corazón, encomendose a N. Señora, a quien tenía ya por su valedora y abogada. Mas como llegaron los sobredichos religiosos, saludáronla con palabras de mucha consolación y no solo le [3] quitaron el temor que tenía y angustias de su alma que llevaba, mas con las palabras que le dijeron la llenaron de contento y alegría. Porque, entre otras, fue decirle que fuese cierta y segura, que sin lesión de su virginidad y integridad (ordenándolo así la Madre de Dios) sería madre de muchas hijas muy sanctas y benditas, y muy nombradas y estimadas por todo el mundo. Como llegasen a la posada y se quisiesen asentar a comer y la devota sierva (no ya de la reina de la tierra, sino de la de los cielos) mandase llamar a los sobredichos religiosos para que comiesen, buscándolos, no fueron más vistos ni hallados. Entonces se admiró más y entendió y conoció haber sido, sin duda, aquella revelación divina y visitación con que Dios N. S. quiso confirmar su sancto deseo y buen propósito, manifestándole lo que estaba por venir y las muchas y sanctas hijas que había de parir y engendrar espiritualmente a Dios, fundando la Orden de la Concepción de Nuestra Señora. Con lo cual, quedó su alma muy más consolada y confortada, y con grande fee que aquellos religiosos habían sido el bienaventurado P. N. S. Francisco y el glorioso S. Antonio, cuya devota muy particular ella era y lo fue mucho más de ahí adelante, porque siempre hasta que murió hizo y celebró sus fiestas con muy grande devoción.
Como llegase a Toledo la muy ferviente sierva y esposa de Christo, recogiose luego con dos criadas suyas en el dicho Monasterio de Sancto Domingo el Real y en él estuvo 30 años en hábito seglar, haciendo muy áspera y estrecha vida en continua oración y contemplación y muchos sanctos ejercicios. Y en todo este tiempo (se dice) que ningún hombre ni mujer le vio descubierto el rostro, si no era una criada suya que la servía y la sobredicha Reina Católica doña Isabel, ni en los otros años que después vivió hecha religiosa hasta su muerte. Lo cual hacía en penitencia y satisfactión de la ocasión de vanidad que con su hermosura había dado a los del mundo. Pues, como fuese devotísima de la Madre de Dios y, especialmente, de su Concepción purísima y sanctísima, andaba siempre pensando y cuidando cómo la pudiese más honrar y sublimar, y siem- [4] pre con aquel ardiente deseo de instituir una Orden y Religión con nombre de la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora. Comunicando este su pensamiento con la dicha Reina Católica doña Isabel, hallola tan favorable y tan conforme a su voluntad, que no solo le pareció aquel propósito haber sido inspirado por Dios, mas luego la ayudó a cumplir tan sancta obra, dándole para este efecto en Toledo unos palacios donde agora está el Monasterio de Sancta Fee. ''[2]'' Allí se encerró la sierva y esposa de Christo con otras doce doncellas nobles, dejando el sobredicho Monasterio de las Dueñas de Sancto Domingo el Real, el año del Señor de mil y cuatrocientos y ochenta y cuatro, donde estuvo cinco años pensando qué hábito tomaría.
El año de ochenta y nueve, su petición y de la dicha reina, el papa Inocencio VIII, que presidía en la Iglesia, a la sazón le concedió la institución y continuación de la orden que había comenzado, con el nombre, hábito y oficio de la Concepción, como lo tuvieron las religiosas de ahí adelante, con ciertos estatutos, ayunos y ceremonias, quedándose debajo de la obediencia del Prelado Diocesano. Todas estas cosas se dice que le fueron reveladas a la sierva de Dios, cómo el papa se las concedía aun antes que llegase la concesión; y que aconteció un milagro y fue que, perdiéndose en la mar con otras muchas cosas las bullas de esta religión, fueron milagrosamente halladas por la sierva de Christo en una arquilla del monasterio. Aparejándose, pues, con mucha devoción y fervor para profesar y comenzar la sancta Religión de la Concepción, que tanto había deseado y procurado, al quinto día de esta determinación, le apareció en la oración Nuestra Señora y le dijo que de ahí a diez días saldría del presente destierro y se iría a reinar a la patria celestial. Y así aconteció porque, recibidos todos los sacramentos muy devotamente, partió de esta vida el año de mil y cuatrocientos y noventa, siendo de edad de sesenta y seis años, llena de muchas buenas obras y merecimientos.
Algún tiempo después, siendo su cuerpo mudado de la sepultura para ser trasladado y guardado en un monumento muy labrado en el coro, donde agora está [5], tan suave olor salió de él que todos los que presentes se hallaron fueron muy confortados en el Señor y admirados y maravillados. Cuatro años después de lo sobredicho, las monjas ya profesas según las constituciones del papa Inocencio Octavo y otras de la Orden de San Benito de otro monasterio de la dicha ciudad, con autoridad del papa, todas juntas hicieron profesión de la Regla de Sancta Clara con el hábito de la Concepción en el dicho Monasterio de Sancta Fee y vivieron así hasta el año de mil y quinientos y uno. En este año, como los frailes menores de la observancia morasen ya en el Monasterio de San Juan de los Reyes de Toledo, dejando el Convento Antiguo de San Francisco, fueles dado a las dichas monjas y religiosas de la Concepción, adonde han florecido en mucha religión y sanctidad y crecido en muy grande número. Y después, como no pareciese cosa conveniente profesar la Regla de Sancta Clara con el hábito y oficio de la Concepción, fue compuesta otra regla particular por ciertos frailes menores de la observancia de la provincia de Castilla, y confirmada por el papa Julio Segundo, el año de mil y quinientos y once, y profesada por las sobredichas religiosas. ''[3]'' Y, para que siempre se ocupasen en loores de la Purísima Concepción de la Madre de Dios, fue ordenado un breviario que tuviese particular oficio de la Concepción para todos los días de la semana con orden que rezasen cada día de esta fiesta, salvo cuando ocurriese fiesta solemne o domingo de historia forzada, porque entonces rezaban el oficio romano como los frailes menores, a quien tenían dada la obediencia. Este fue el primero Monasterio que esta Orden tuvo.
El segundo monasterio de esta orden fue la Concepción de Torrijos, adonde muchas religiosas han vivido en grande aspereza y continua oración dejando de sí en muerte y en vida un olor suavísimo de virtud y sanctidad. Está esta orden y religión sagrada ya el día de hoy muy estendida y dilatada, porque en muchos lugares de Castilla hay edificados muchos muy nobles y muy religiosos monasterios de esta orden con título y nombre de la Purísi- [6] ma Concepción de Nuestra Señora. En los cuales grande número de doncellas y mujeres ilustres y nobles con puras y devotas almas sirven al Rey Celestial en los palacios de la Reina soberana, su madre, dejando las cosas transitorias, las casas de sus padres y los estados y prosperidades de la Tierra por aplacer y agradar al Rey del Cielo, siguiendo las pisadas y ejemplos de la muy ilustre y bienaventurada madre doña Beatriz de Silva, que, dejando a la reina de la Tierra, mereció ser tan agradable a la del Cielo, y madre de tantas y tan principales hijas, y reinar para siempre con la soberana Reina Celestial. Habiendo, pues, ya explicado y declarado la primera y segunda Regla de la bienaventurada Santa Clara, que profesan las monjas y religiosas, sus hijas las Descalzas y las que comúnmente son llamadas Urbanas (la cual también profesan las que son llamadas de Corpus Christi), no me pareció que sería justo se quedase por explicar y declarar brevemente también la sobredicha Regla de las Monjas de la Concepción de Nuestra Señora (pues era negocio fácil). Remitiéndome en muchas cosas a lo que queda dicho en las reglas sobredichas, porque en las cosas comunes, esenciales y substanciales todas las reglas son unas, y en las accidentales y particulares se parecen mucho las unas a las otras, con lo cual el trabajo no será tan grande. Sírvase Nuestro Señor de que sea todo para su sancto servicio y para mucha honra y gloria suya, como yo deseo, y para algún pequeño servicio de la Virgen Nuestra Señora y de su Concepción sanctísima y purísima.
===Notas===
''[1]'' Al margen derecho: ''Tercera parte de las Chrónicas'', libro 8, capi. 11 y 12.
''[2]'' Al margen izquierdo: Cuándo tuvo su origen y principio la Orden de la Concepción de Nuestra Señora.
''[3]'' Al margen derecho: El primero Monasterio de la Concepción fue el de Toledo.
= Vida impresa (7)=
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano/ Bárbara Arango Serrano]; fecha de edición: mayo de 2024.
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano/ Bárbara Arango Serrano]; fecha de edición: mayo de 2024.


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''[64]'' Nota en el margen izquierdo: "Traslación del cuerpo de doña Beatriz".
''[64]'' Nota en el margen izquierdo: "Traslación del cuerpo de doña Beatriz".


= Vida impresa (7)=
= Vida impresa (8)=
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/pedro-garcia-suarez/ Pedro García Suárez]; fecha de edición: diciembre de 2016; fecha de modificación: agosto de 2020.
 
== Fuente ==
 
[[Archivo:Ficha Frans 2.4 Beatriz de Silva Vida impresa 4.jpg|250px|right|link=]]
 
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Salazar Salazar, Pedro de], 1612. ''Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco'', Madrid: Imprenta Real, 471-481.
 
[[Contexto material del impreso Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla]].
 
==Criterios de edición==
 
La vida impresa escrita por Pedro de Salazar de Beatriz de Silva (ca. 1426-1491) se encuentra recogida en la ''Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco'', de 1612.
 
Para su edición, se han adoptado los criterios de vidas impresas estipulados en el Catálogo. Se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), las sibilantes y se eliminan las consonantes geminadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, así como la acentuación y puntuación, que se adapta a la actual. No obstante, se ha mantenido la escritura de “monesterio” y la no separación en “deste”.
 
==Vida de Beatriz de Silva==
 
'''[471] LIBRO OCTAVO, EN QUE SE TRATA LA HISTORIA del misterio de la Concepción de Nuestra Señora y la fundación de su Orden, y de los conventos que della hay en esta provincia de Castilla'''
 
=== Capítulo I ===
<strong>De la fundadora de la Orden de la Concepción</strong>
 
Fundó esta santísima Orden de la Concepción doña Beatriz de Silva, mujer de nación portuguesa y muy generosa y noble, la cual era parienta y descendiente de los Reyes de Portugal. Fue hermana del Conde de Portalegre, ayo del Rey don Manuel, y de Alonso Vélez, señor de Campomayor. También fue hermana del bienaventurado fray Amado, el cual fue muy santo varón y religioso de la Orden de nuestro Padre S. Francisco. Vino esta señora desde Portugal a Castilla con la Reina doña Isabel, segunda mujer del Rey don Juan el Segundo y madre de la Reina Católica doña Isabel, de gloriosa memoria. Tuvo la Reina cuando vino de Portugal muchas damas y entre ellas a la dicha doña Beatriz de Silva, parienta suya, la cual en hermosura y gala aventajaba a todas las demás. Por lo cual y por su alto linaje, comenzó a ser festejada de todos cuantos grandes en la corte había y de algunos dellos demandada en casamiento. Sobre lo cual había en la corte muchos y diversos ruidos y cuestiones, queriendo ser cada uno solo en su pretensión y privanza. Y como esto sucediose cada día, llegó a noticia de la Reina y ella, creyendo que la dicha doña Beatriz tenía en ello alguna culpa, la mandó encerrar en una caja de madera que para ello mandó hacer, adonde la hizo estar tres días sin comer ni beber. Y viéndose esta señora sin culpa y tan mal tratada, encomendose de todo corazón a la Virgen María, a la cual hizo voto de virginidad, ofreciéndose de todo corazón a ella. Y esto hizo con tantas lágrimas de devoción, que mereció ser oída y visitada de la Virgen santísima. La cual le apareció vestida del hábito de la Concepción, como hoy le traen las religiosas desta Orden [472] (que es sayas y escapularios blancos y mantos azules), con cuya visita fue en extremo consolada y confortada. Después de pasados los tres días, fue sacada de la caja de madera y puesta en su libertad. Y pareciéndole muy peligrosa la vida de la Corte, determinó (para mejor poderse dar al servicio de Nuestro Señor) irse a la ciudad de Toledo, con intento de meterse en el Monasterio de Santo Domingo el Real. Y yendo por el camino, a la pasada de un monte oyó la llamaban en lengua portuguesa; y ella, volviendo la cabeza, vio venir para sí dos frailes de la Orden de San Francisco, y creyendo que la Reina los enviaba para que la confesasen y darle luego la muerte, hubo gran temor. Por lo cual luego al punto recurrió a Nuestra Señora, a quien tenía por abogada. Llegados los frailes a ella la consolaron, los cuales vista su turbación y sabida la causa della, no solo le quitaron el temor, mas le dijeron sería madre de muchas hijas muy nombradas y señaladas en el mundo. Y como ella replicase tenía ofrecida a Dios su virginidad, los dichos frailes respondieron que ansí sería como ellos lo decían. Y yendo todos juntos por el camino hasta llegar a la posada, adonde queriendo la dicha doña Beatriz de Silva asentarse a comer, mandó llamar a los frailes  para que comiesen, mas nunca parecieron, por donde manifiestamente se entendió haber sido revelación divina. En llegando a la dicha ciudad de Toledo, se metió con dos criadas en el Monasterio de Santo Domingo el Real, donde estuvo en hábito de seglar (aunque honesto) más de treinta años, haciendo vida muy santa y penitente.
 
=== Capítulo II ===
<strong>De cómo doña Beatriz de Silva instituyó y fundó la Regla de la Santísima Concepción de Nuestra Señora</strong>
 
Todo este tiempo que estuvo doña Beatriz de Silva en el convento de santo Domingo el Real se ocupaba en obras muy espirituales y en muy continua oración, ejercitándose en ásperas penitencias. Vivió con tanto recogimiento durante este tiempo que ninguna persona le vio el rostro descubierto, sino la Reina Católica y una criada que la servía. Siendo muy devota de la gloriosa Virgen María Nuestra Señora, principalmente de su Santísima Concepción, siempre estaba pensando en qué la poder servir. Y ansí tenía determinación de instituir una nueva Orden de su Santísima [473] Concepción. Lo cual comunicando con la Reina doña Isabel y hablándola muy conforme a su voluntad, se dispuso a dar fin a esta santa obra. Y queriendo ayudar a su buen propósito, le dio los palacios que antiguamente decían de Galiana, que era uno de los Alcázares de la dicha ciudad de Toledo, adonde está ahora el convento de Santa Fe. Aquí entró luego la dicha doña Beatriz, dejando el Monasterio de Santo Domingo, y entraron con ella doce doncellas religiosas, en el año de mil y cuatrocientos y ochenta y cuatro. Todas las cuales estuvieron en el dicho lugar (en forma y manera de monasterio) hasta el año de mil y cuatrocientos y ochenta y nueve, pensando siempre qué Orden y hábito tomaría. Y en el dicho año de 1489 a petición suya alcanzó la Reina Católica del señor Papa Innocencio Octavo la continuación de la Orden de la Santísima Concepción y de su oficio particular, cual hoy le usan todas las religiosas desta Orden. La cual es sacada de la Orden del Cístel, por cuanto el Papa no quiso conceder ni aprobar Regla ni Orden nueva. Y de la misma manera que el Papa lo concedió, fue revelado a esta santa religiosa.
 
Acerca desto aconteció otro milagro muy grande y fue que, como las Bulas desta concesión (viniendo a España) se hundiesen en el mar, juntamente con las demás cosas que en la mar venían, fueron milagrosamente halladas por esta religiosa en una caja de su monasterio. Y como las hallase y no supiese lo que era, hizo llamar al padre fray García Quijada, de la Orden de nuestro Padre San Francisco y obispo de Guadix, a quien mostró las dichas Bulas; el cual, comenzándolas a leer, vio luego que eran las Bulas de la nueva constitución de su Orden y hábito. Visto esto por la dicha doña Beatriz, recibió increíble contento, y no solamente ella y sus monjas, pero toda la ciudad. Hizo grandes alegrías y demostración de mucho contento y regocijo por el milagro de las Bulas para publicación de las cuales se hizo una procesión muy solemne por todos los señores de la Iglesia mayor de la dicha ciudad, de la cual salieron acompañados con casi todo el pueblo y fueron a Santa Fe, adonde estaban las nuevas religiosas, adonde hubo sermón en que se dijo y declaró al pueblo el milagro de cómo se habían hallado las Bulas y de cómo se supo en Toledo el día y hora en que se habían expedido en Roma, que, como se ha dicho, fue revelado a la dicha doña Beatriz de Silva. El día que esta procesión se hizo en Toledo holgó toda la gente de la ciudad, [474] dejando de trabajar, como si fuera día de fiesta muy principal. A todo esto se halló presente la madre Juana de San Miguel, monja que era deste monasterio. Era esta religiosa mujer de grande espíritu, santidad y virtud, y en esta opinión fue tenida siempre mientras vivió y fue abadesa del dicho convento. En el sermón que se hizo el día de la procesión se convidó a todo el pueblo a que de ahí a quince días fuesen a ver tomar los hábitos y velos a las nuevas religiosas.
 
=== Capítulo III ===
<strong>De la muerte y glorioso fin de doña Beatriz de Silva y de las cosas que después de su muerte acaecieron</strong>
 
Con mucho cuidado y solicitud comenzó a aparejar (después desto) la dicha doña Beatriz todas las cosas que le pareció eran necesarias para el día que habían de tomar el hábito y velo ella y sus monjas. Y andando ella urdiendo la tela de su profesión y de la solemnidad del voto que había de hacer, plugo a Nuestro Señor de enviar a cortarla antes que se tejiese, porque la que en esta vida por su servicio, y de su santísima Madre, quisieron ver a sí y a sus hijas vestidas del hábito desta nueva religión, recebida la voluntad en su persona y reservando la obra para las que ya ella dejaba enseñadas, fuese a ser cubierta en los Cielos de la incorruptible vestidura de gloria. De manera que a los cinco días de su convite, estando la dicha doña Beatriz en muy devota y ferviente oración, le apareció la Virgen María Nuestra Señora (según della se supo después), la cual le dijo: “Hija, de hoy en quince días has de ir conmigo, que no es mi voluntad  que goces acá en la tierra desto que deseas”. Estas nuevas recibió con mucha alegría y luego otro día envió por su confesor. Y aparejada su ánima con mucho cuidado, cayó luego enferma y recibió los sacramentos con muy gran devoción. Y al tiempo que le daban la unción, le vieron en la frente una estrella de oro y su rostro tan resplandeciente como de persona ya puesta en el Cielo. Llegando el último día de los que le estaban señalados, dio el alma a Nuestro Señor en el año de 1490 en la Octava de San Lorenzo. Dejó el cuerpo en la tierra tan limpio y entero como lo había sacado del vientre de su madre, murió siendo de sesenta años. Por la muerte desta sierva de Dios cesó por entonces el haber de dar los hábitos y velo, que aquel mesmo día que murió estaba determinado [475] para que lo recibiesen. Luego como murió esta sierva de Dios, apareció en Guadalajara a fray Juan de Tolosa, de la Orden de nuestro Padre San Francisco; el cual fue tres o cuatro veces custodio de la Custodia de Toledo. También fue vicario provincial de los frailes de la Observancia en esta provincia de Castilla. Deste padre fue ayudada esta bendita religiosa en muchas cosas espirituales, en obras y consejos; y hablando algunas veces con él, le había dicho que ningún hombre mortal le había de ver el rostro, salvo el dicho fray Juan de Tolosa, al cual prometió de mostrársele antes que desta vida pasase. Pues queriendo cumplir su promesa, se le apareció en su propia figura y díjole: “Yo vengo a cumplir lo que os prometí, pero yo os ruego vais luego a Toledo porque mi casa y Orden está en detrimento y a punto de se deshacer todo”. El caso era que como esta señora había estado tanto tiempo en Santo Domingo el Real, por esto pensaban las monjas d’él que a ellas pertenecía llevar su cuerpo, pues aún no había hecho profesión en ninguna Orden, aunque no había estado entre ellas, sino en hábito seglar honesta. Sabiendo que estaba al fin de su vida, vinieron muchas de Santo Domingo el Real y ansimismo frailes de su Orden para querer llevar consigo el cuerpo desta bienaventurada. Y también las mujeres que con ella habían morado, que todas quedaban vivas, decían y alegaban que por haber estado con ellas y por el amor que les tenía la querían llevar consigo todas a su monasterio. Estando en esto los frailes dominicos y sus monjas, llegaron los frailes de San Francisco de la Observancia, a quien esta señora se había mucho allegado. La cual estando en el extremo de su vida, a su petición y ruego le dieron el hábito de la Concepción y profesión y velo. Muerta ella hubo gran alteración entre los unos y los otros sobre quién la había de llevar, pero al fin la sepultaron los frailes Franciscos con mucha honra y solenidad en aquella casa de Santa Fe, donde estaba.
 
=== Capítulo IIII ===
<strong>De cómo se trasladaron las religiosas de la Concepción al Monasterio de San Pedro de las Dueñas y de las contradicciones que en ello hubo</strong>
 
Aunque ya con razón pudieran cesar las competencias y debates, todavía (aunque estaba esta bienaventurada enterrada) tornaron [476] las monjas de Santo Domingo a porfiar por llevar las reliquias a su casa y monasterio. A esta sazón llegó el padre fray Juan de Tolosa, y mostrándoles con mucha prudencia cómo no tenían razón en lo que pedían, hízolas apartar de su demanda a las dichas monjas, ansimismo a los frailes de Santo Domingo, que andaban pretendiéndolas. De manera que las religiosas compañeras de la dicha doña Beatriz de Silva quedaron en su libertad. Y desde aquel día se llamó el Monasterio de la Santa Concepción de Nuestra Señora, conforme a la Bula del señor Papa Inocencio Octavo y comenzaron a vivir según el Orden y Regla que la Bula les concedía, aunque las dejaron mucho sin desasosegarlas.
 
Acerca desto conviene que se sepa que, un día, siendo viva la bienaventurada doña Beatriz de Silva, yendo a Maitines (como tenía de costumbre) halló la lámpara muerta, y poniéndose en oración, viola manifiestamente encendida y luego oyó una voz (según ella después descubrió) que bajamente le dijo: “Tu Orden ha de ser como esto que has visto, que toda ha de ser deshecha por tu muerte. Y ansí como la Iglesia de Dios fue perseguida en sus principios y después vino a florecer y a ser muy esclarecida, también tu Orden será ahora perseguida y luego verná a florecer y ser multiplicada por todas las partes del mundo; y será esto tanto, que en su primer tiempo no se edificará ningún convento de otra Orden, mas primero será perseguida de amigos y enemigos; y habrá en ella tanta tribulación que muchas veces llegará a ser asolada”. Todo esto se ha visto a la letra porque, luego que la Orden comenzó en la ciudad de Toledo, hubo en ellas tantas revueltas y grandes persecuciones que es maravilla cómo pudo perseverar, lo cual sucedió de la manera que aquí contaremos.
 
Después que las dichas religiosas compañeras de doña Beatriz de Silva quedaron en Santa Fe, que ya se llamaba de la Concepción, apartáronse de la obediencia del diocesano y sometiéronle a la Orden de nuestro Padre San Francisco, debajo del gobierno de fray Juan de Tolosa, que era entonces custodio de Toledo. Y en tiempo que allí estuvieron, que fue seis o siete años, hubo entre ellas algunas discordias porque sucedieron grandes tribulaciones y desasogiegos. Estaba cerca deste Monasterio de la Concepción otro que se llamaba San Pedro de las Dueñas, de la Orden de San Benito, adonde estaban unas monjas, aunque no eran reformadas. Era en esta sazón vicario provincial desta [477] provincia de Castilla fray Francisco Jiménez, el cual era confesor de la Reina doña Isabel y reformador general de todas las órdenes en los reinos de Castilla, por concesión del Papa Inocencio Octavo. Este cargo tuvo toda su vida, desde que fue electo. Y ansí, con parecer de la Reina, pasó las monjas que estaban en Santa Fe al Monasterio de San Pedro de las Dueñas, adonde quedaron juntas las unas y otras. Y por una Bula que para esto se trujo del Papa Alejandro Sexto, concedida el año de 1494, las monjas de San Pedro dejaron su hábito y Orden que antes guardaban y tomaron el de la Concepción y la forma de vivir de las monjas della. Y después, por autoridad apostólica, ansí las monjas de San Benito del Monasterio de San Pedro, que están súbditas a la Orden del Cístel, como las de la Concepción, recibieron la Orden de Santa Clara, por cuanto no se les había concedido esto, más de que estuviesen debajo de otra Orden aprobada. Hecho esto, el sembrador de cizaña metió entre ellas tal discordia que por tres veces se vino a despoblar casi el monasterio, no quedando en él sino muy pocas monjas, siendo perseguidas de todos, ansí de sus amigos como de los que no lo eran. De suerte que pasó este negocio de la forma y manera que le fue revelado a la dicha doña Beatriz de Silva, llegando cerca a punto de perderse esta Orden. La cual fue determinado por el dicho padre fray Francisco Jiménez, como reformador general de las Órdenes, se quitase del todo, por parecer convenir para sosiego del dicho monasterio. Más porque Nuestro Señor tenía para honra de su Madre ordenada otra cosa, fue servido dar orden que dentro de pocos días tornasen al dicho monasterio las monjas que d’él habían salido. Y de allí adelante estuvieron con mucha paz y sosiego y en mucho amor y amistad las unas con las otras.
 
=== Capítulo V ===
<strong>De cómo las monjas arriba dichas fueron trasladas al Monasterio de San Francisco con voluntad y parecer de la Reina doña Isabel</strong>
 
En este tiempo había edificado la Reina Católica doña Isabel la ciudad de Toledo para los frailes de Observancia de nuestro Padre San Francisco el Monasterio que se llama San Juan de los Reyes. Y habiéndose hecho por orden de sus Majestades general reformación en todas las Órdenes en estos [478] sus reinos, por lo cual habían tomado los frailes de la Observancia el antiguo convento de San Francisco, que solían tener los frailes claustrales en la dicha ciudad, y por parecer inconveniente tener dos conventos dentro en ella, quiso la Reina que los frailes (que estaban en él y en el de la Bastida, que es extramuros) se parasen al de San Juan que ella había edificado y que el dicho Monasterio de San Francisco quedase para las monjas que estaban en San Pedro de las Dueñas. Todo lo cual se efectuó de la manera que hoy se ve y fue confirmado por el Capítulo Custodial que se celebró en Ciudarreal el año de 1501 y con autoridad apostólica que para esto se tenía, y desde entonces se llama (el convento que antes se decía de San Francisco) el Monasterio de la Concepción; y en San Pedro de las Dueñas se edificó el suntuoso hospital que hoy llaman del cardenal don Pedro González de Mendoza: todo esto fue confirmado también por el señor Papa Julio Segundo. Pasadas las monjas al dicho monasterio, fueron aprovechando tanto en el servicio de Dios que, derramándose por todas las partes grande olor de su mucha religión y santidad, entraron en su compañía otras muchas personas muy notables y principales para emplearse en cosas espirituales y del servicio de Dios.
 
=== Capítulo VI ===
<strong>De cómo estando las monjas en el convento de San Francisco, llamado ahora de la Concepción, quedaron con el hábito y Regla de la Concepción, sin estar sujetas a la Regla del Cístel ni de Santa Clara</strong>
 
Aumentándose, pues, cada día el número de las monjas y viendo tenían hábito, orden y oficio de la Concepción, pero que estaban sujetas a la Orden de Santa Clara, acordaron era conveniente tener Regla y manera de vivir diferente de otras, de suerte que no tuviesen que entender con ninguna otra. Por lo cual a su petición concedió el señor Papa Julio Segundo la Regla que ahora tienen el año de 1511, el octavo año de su Pontificado, con que las eximió de cualquiera obligación que hubiesen tenido a la Orden del Cístel o de Santa Clara, dándoles forma de vivir, sometiéndolas inmediata y perpetuamente a la Orden del seráfico Padre San Francisco y a los prelados della. Después desto, pasados cinco o seis años, siendo vicario provincial desta provincia [479] de Castilla el padre fray Francisco de los Ángeles, que después fue comisario y ministro general de la Orden, les hizo unas constituciones para lo que tocaba a su conversación y gobierno interior y exterior, las cuales ellas aceptaron, de que usan hoy en día, ansí en este monasterio como en todos los demás que se han fundado desta Orden y Regla. Y ha habido y hay en este monasterio monjas muy principales y de grande espíritu y devoción, de las cuales muchas han sido abadesas en él y dellas han ido a fundar muchos monasterios a diferentes partes destos reinos de Castilla. Las abadesas (abadesas que ha habido en este monasterio) que ha habido en esta santa casa después que se fundó hasta el año de 1609 son estas: la primera fue doña Felipa de Silva, doña Catalina Calderón, Juana de San Miguel, doña María Alarcón, doña Isabel de Toledo, doña Isabel de Guzmán, doña Ana del Águila, doña Catalina Carrillo y Córdoba, doña Isabel de Peralta, doña Juana de Sotomayor, doña Mayor de Mendoza, doña Antonia de Toledo, doña Petronilla de Rojas.
En el sobredicho año, en un Capítulo General de nuestra Orden que se celebró en París, se estableció que ninguna abadesa pudiese serlo más de tres años continuos, los cuales cumplidos, elijan otra del mismo convento. Lo cual no se solía hacer en este convento porque siempre elegían una mesma hasta que moría.
 
=== Capítulo VII ===
<strong>De cómo se trujeron al Monasterio de la Concepción los huesos de la bienaventurada doña Beatriz de Silva</strong>
 
Este Monasterio de la Concepción de Toledo, ansí como es cabeza de los que desta Orden se han fundado, por el consiguiente resplandece en grande religión y santidad y en todo género de virtud. Una de las cosas de grande estima que en este monasterio hay es estar en él los huesos de la bienaventurada doña Beatriz de Silva, los cuales están en el Coro, a la mano derecha en un hermoso lucillo, y tiene encima las imágenes de Santa Ana y de nuestro Padre San Francisco y de San Antonio de Padua, que, siendo viva la dicha doña Beatriz, había dicho deseaba mucho estas imágenes estuviesen sobre su sepultura después de muerta. Los huesos desta sierva de Dios fueron trasladados del Monasterio de la Madre de Dios de Toledo, que es de monjas de la Orden de Santo Domingo, al de [480] la Concepción, y la razón porque estaban allí es esta: doña Beatriz de Silva era tía de la priora y supriora del Monasterio de la Madre de Dios. Y cuando la Casa de San Pedro de las Dueñas se vino a despoblar (como arriba se dijo), entre las monjas que se salieron, fue una dellas doña Felipa de Silva (que a la sazón era abadesa y sobrina de la dicha doña Beatriz) con otras ocho monjas con intento de ir a Portugal, aunque después volvió a Toledo y murió en el Convento de Santa Isabel y llevó consigo los huesos de su tía doña Beatriz, que estaban en San Pedro de las Dueñas, adonde los habían llevado cuando se pasaron de Santa Fe. Pero, yéndose la dicha doña Felipa a despedir de la priora y supriora del dicho convento de la Madre de Dios, que eran sus primas, parecioles a ellas que era inconveniente llevarse los huesos consigo por no saber dónde habían de parar. Y ansí por su consejo los dejó a guardar en el dicho monasterio hasta ver lo que Dios hacía dellas. Plugo a Nuestro Señor dar orden volviese la dicha doña Felipa de Silva con las demás al Monasterio de San Francisco, que ahora se llama de la Concepción. Y puestas en quietud y sosiego, enviaron a rogar al Monasterio de la Madre de Dios les diese los huesos de su fundadora que allí tenían, lo cual por ruegos ni por otro medio alguno lo quisieron conceder. Viendo esto el abadesa, doña Catalina Calderón envió sus recaudos a Roma y hecha relación desto al Papa, dio su Santidad un breve, mandando, so graves penas y censuras, que dentro de tres horas después de su notificación, diesen los dichos huesos a las monjas de la Concepción. Y en cumplimiento deste mandato los dieron dentro del término señalado, los cuales, llevados al Monasterio de la Concepción, se pusieron en una arca mientras que el luzillo se labraba. Y después de acabado, pasándolos a él sintió el hombre que en esto entendía gran fragancia de olor de grandísima suavidad, el cual, apartándose, luego dijo llamasen a algún sacerdote para que tratase aquellos huesos porque sin duda eran de santos según el buen olor que dellos salía. Llamaron luego al confesor de las monjas para que los pusiese en el luzillo; y ansí el confesor como las monjas que allí se hallaron sintieron tan suave olor que todos sus sentidos fueron maravillosamente recreados y recibieron también en el alma muy grande consolación. Desta manera tuvo por bien Nuestro Señor mostrar cuán agradable le había sido la santa conservación de su sierva y la devoción singular que a la Purísima Concepción de su Madre había tenido, en cuya persona [481], es dicho en el Eclesiástico, según lo aplica la Iglesia, que los que sacaren a luz sin pureza, alcanzarán la vida eterna.
 
= Vida impresa (9)=
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ M. Mar Cortés Timoner] y María Palomino Correas; fecha de edición: febrero de 2023.
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ M. Mar Cortés Timoner] y María Palomino Correas; fecha de edición: febrero de 2023.


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''[3]'' Se ha reproducido la lista de fuentes respetando la disposición del texto original.
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= Vida impresa (8)=
= Vida impresa (10)=
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/pedro-garcia-suarez/ Pedro García Suárez]; fecha de edición: diciembre de 2016; fecha de modificación: agosto de 2020.
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: diciembre de 2025


== Fuente ==
== Fuente ==


[[Archivo:Ficha Frans 2.4 Beatriz de Silva Vida impresa 4.jpg|250px|right|link=]]
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_de_Torres Torres, Alonso de], 1683. ''Chrónica de la Santa Provincia de Granada, de la regular observancia de N. Seráfico Padre San Francisco'', Madrid: Juan García Infanzón, 901-902.
 
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Salazar Salazar, Pedro de], 1612. ''Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco'', Madrid: Imprenta Real, 471-481.


[[Contexto material del impreso Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla]].
[[Contexto material del impreso Chrónica de la Santa Provincia de Granada, de la regular observancia de N. Seráfico Padre San Francisco de Alonso de Torres]].


==Criterios de edición==
==Criterios de edición==


La vida impresa escrita por Pedro de Salazar de Beatriz de Silva (ca. 1426-1491) se encuentra recogida en la ''Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco'', de 1612.  
El relato aparece en la ''Chrónica de la Santa Provincia de Granada, de la regular observancia de N. Seráfico Padre San Francisco'', de Alonso de Torres, impreso en 1683. Concretamente, la vida de Beatriz de Silva aparece en el noveno capítulo, centrado en la fundación del Monasterio de la Purísima Concepción de Guadix, en el que, al inicio, se recuerda la importante figura de la fundadora de la orden.


Para su edición, se han adoptado los criterios de vidas impresas estipulados en el Catálogo. Se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), las sibilantes y se eliminan las consonantes geminadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, así como la acentuación y puntuación, que se adapta a la actual. No obstante, se ha mantenido la escritura de “monesterio” y la no separación en “deste”.
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, los nombres propios de personajes y lugares han sido modernizados para facilitar su reconocimiento y se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación, y se han expandido las abreviaturas.  


==Vida de Beatriz de Silva==
==Vida de Beatriz de Silva==


'''[471] LIBRO OCTAVO, EN QUE SE TRATA LA HISTORIA del misterio de la Concepción de Nuestra Señora y la fundación de su Orden, y de los conventos que della hay en esta provincia de Castilla'''
[901] '''Capítulo IX. Fundación, cosas notables y religiosas del Monasterio de la Purísima Concepción de la Ciudad de Guadix'''
 
=== Capítulo I ===
<strong>De la fundadora de la Orden de la Concepción</strong>
 
Fundó esta santísima Orden de la Concepción doña Beatriz de Silva, mujer de nación portuguesa y muy generosa y noble, la cual era parienta y descendiente de los Reyes de Portugal. Fue hermana del Conde de Portalegre, ayo del Rey don Manuel, y de Alonso Vélez, señor de Campomayor. También fue hermana del bienaventurado fray Amado, el cual fue muy santo varón y religioso de la Orden de nuestro Padre S. Francisco. Vino esta señora desde Portugal a Castilla con la Reina doña Isabel, segunda mujer del Rey don Juan el Segundo y madre de la Reina Católica doña Isabel, de gloriosa memoria. Tuvo la Reina cuando vino de Portugal muchas damas y entre ellas a la dicha doña Beatriz de Silva, parienta suya, la cual en hermosura y gala aventajaba a todas las demás. Por lo cual y por su alto linaje, comenzó a ser festejada de todos cuantos grandes en la corte había y de algunos dellos demandada en casamiento. Sobre lo cual había en la corte muchos y diversos ruidos y cuestiones, queriendo ser cada uno solo en su pretensión y privanza. Y como esto sucediose cada día, llegó a noticia de la Reina y ella, creyendo que la dicha doña Beatriz tenía en ello alguna culpa, la mandó encerrar en una caja de madera que para ello mandó hacer, adonde la hizo estar tres días sin comer ni beber. Y viéndose esta señora sin culpa y tan mal tratada, encomendose de todo corazón a la Virgen María, a la cual hizo voto de virginidad, ofreciéndose de todo corazón a ella. Y esto hizo con tantas lágrimas de devoción, que mereció ser oída y visitada de la Virgen santísima. La cual le apareció vestida del hábito de la Concepción, como hoy le traen las religiosas desta Orden [472] (que es sayas y escapularios blancos y mantos azules), con cuya visita fue en extremo consolada y confortada. Después de pasados los tres días, fue sacada de la caja de madera y puesta en su libertad. Y pareciéndole muy peligrosa la vida de la Corte, determinó (para mejor poderse dar al servicio de Nuestro Señor) irse a la ciudad de Toledo, con intento de meterse en el Monasterio de Santo Domingo el Real. Y yendo por el camino, a la pasada de un monte oyó la llamaban en lengua portuguesa; y ella, volviendo la cabeza, vio venir para sí dos frailes de la Orden de San Francisco, y creyendo que la Reina los enviaba para que la confesasen y darle luego la muerte, hubo gran temor. Por lo cual luego al punto recurrió a Nuestra Señora, a quien tenía por abogada. Llegados los frailes a ella la consolaron, los cuales vista su turbación y sabida la causa della, no solo le quitaron el temor, mas le dijeron sería madre de muchas hijas muy nombradas y señaladas en el mundo. Y como ella replicase tenía ofrecida a Dios su virginidad, los dichos frailes respondieron que ansí sería como ellos lo decían. Y yendo todos juntos por el camino hasta llegar a la posada, adonde queriendo la dicha doña Beatriz de Silva asentarse a comer, mandó llamar a los frailes  para que comiesen, mas nunca parecieron, por donde manifiestamente se entendió haber sido revelación divina. En llegando a la dicha ciudad de Toledo, se metió con dos criadas en el Monasterio de Santo Domingo el Real, donde estuvo en hábito de seglar (aunque honesto) más de treinta años, haciendo vida muy santa y penitente.
 
=== Capítulo II ===
<strong>De cómo doña Beatriz de Silva instituyó y fundó la Regla de la Santísima Concepción de Nuestra Señora</strong>
 
Todo este tiempo que estuvo doña Beatriz de Silva en el convento de santo Domingo el Real se ocupaba en obras muy espirituales y en muy continua oración, ejercitándose en ásperas penitencias. Vivió con tanto recogimiento durante este tiempo que ninguna persona le vio el rostro descubierto, sino la Reina Católica y una criada que la servía. Siendo muy devota de la gloriosa Virgen María Nuestra Señora, principalmente de su Santísima Concepción, siempre estaba pensando en qué la poder servir. Y ansí tenía determinación de instituir una nueva Orden de su Santísima [473] Concepción. Lo cual comunicando con la Reina doña Isabel y hablándola muy conforme a su voluntad, se dispuso a dar fin a esta santa obra. Y queriendo ayudar a su buen propósito, le dio los palacios que antiguamente decían de Galiana, que era uno de los Alcázares de la dicha ciudad de Toledo, adonde está ahora el convento de Santa Fe. Aquí entró luego la dicha doña Beatriz, dejando el Monasterio de Santo Domingo, y entraron con ella doce doncellas religiosas, en el año de mil y cuatrocientos y ochenta y cuatro. Todas las cuales estuvieron en el dicho lugar (en forma y manera de monasterio) hasta el año de mil y cuatrocientos y ochenta y nueve, pensando siempre qué Orden y hábito tomaría. Y en el dicho año de 1489 a petición suya alcanzó la Reina Católica del señor Papa Innocencio Octavo la continuación de la Orden de la Santísima Concepción y de su oficio particular, cual hoy le usan todas las religiosas desta Orden. La cual es sacada de la Orden del Cístel, por cuanto el Papa no quiso conceder ni aprobar Regla ni Orden nueva. Y de la misma manera que el Papa lo concedió, fue revelado a esta santa religiosa.
 
Acerca desto aconteció otro milagro muy grande y fue que, como las Bulas desta concesión (viniendo a España) se hundiesen en el mar, juntamente con las demás cosas que en la mar venían, fueron milagrosamente halladas por esta religiosa en una caja de su monasterio. Y como las hallase y no supiese lo que era, hizo llamar al padre fray García Quijada, de la Orden de nuestro Padre San Francisco y obispo de Guadix, a quien mostró las dichas Bulas; el cual, comenzándolas a leer, vio luego que eran las Bulas de la nueva constitución de su Orden y hábito. Visto esto por la dicha doña Beatriz, recibió increíble contento, y no solamente ella y sus monjas, pero toda la ciudad. Hizo grandes alegrías y demostración de mucho contento y regocijo por el milagro de las Bulas para publicación de las cuales se hizo una procesión muy solemne por todos los señores de la Iglesia mayor de la dicha ciudad, de la cual salieron acompañados con casi todo el pueblo y fueron a Santa Fe, adonde estaban las nuevas religiosas, adonde hubo sermón en que se dijo y declaró al pueblo el milagro de cómo se habían hallado las Bulas y de cómo se supo en Toledo el día y hora en que se habían expedido en Roma, que, como se ha dicho, fue revelado a la dicha doña Beatriz de Silva. El día que esta procesión se hizo en Toledo holgó toda la gente de la ciudad, [474] dejando de trabajar, como si fuera día de fiesta muy principal. A todo esto se halló presente la madre Juana de San Miguel, monja que era deste monasterio. Era esta religiosa mujer de grande espíritu, santidad y virtud, y en esta opinión fue tenida siempre mientras vivió y fue abadesa del dicho convento. En el sermón que se hizo el día de la procesión se convidó a todo el pueblo a que de ahí a quince días fuesen a ver tomar los hábitos y velos a las nuevas religiosas.
 
=== Capítulo III ===
<strong>De la muerte y glorioso fin de doña Beatriz de Silva y de las cosas que después de su muerte acaecieron</strong>


Con mucho cuidado y solicitud comenzó a aparejar (después desto) la dicha doña Beatriz todas las cosas que le pareció eran necesarias para el día que habían de tomar el hábito y velo ella y sus monjas. Y andando ella urdiendo la tela de su profesión y de la solemnidad del voto que había de hacer, plugo a Nuestro Señor de enviar a cortarla antes que se tejiese, porque la que en esta vida por su servicio, y de su santísima Madre, quisieron ver a sí y a sus hijas vestidas del hábito desta nueva religión, recebida la voluntad en su persona y reservando la obra para las que ya ella dejaba enseñadas, fuese a ser cubierta en los Cielos de la incorruptible vestidura de gloria. De manera que a los cinco días de su convite, estando la dicha doña Beatriz en muy devota y ferviente oración, le apareció la Virgen María Nuestra Señora (según della se supo después), la cual le dijo: “Hija, de hoy en quince días has de ir conmigo, que no es mi voluntad  que goces acá en la tierra desto que deseas”. Estas nuevas recibió con mucha alegría y luego otro día envió por su confesor. Y aparejada su ánima con mucho cuidado, cayó luego enferma y recibió los sacramentos con muy gran devoción. Y al tiempo que le daban la unción, le vieron en la frente una estrella de oro y su rostro tan resplandeciente como de persona ya puesta en el Cielo. Llegando el último día de los que le estaban señalados, dio el alma a Nuestro Señor en el año de 1490 en la Octava de San Lorenzo. Dejó el cuerpo en la tierra tan limpio y entero como lo había sacado del vientre de su madre, murió siendo de sesenta años. Por la muerte desta sierva de Dios cesó por entonces el haber de dar los hábitos y velo, que aquel mesmo día que murió estaba determinado [475] para que lo recibiesen. Luego como murió esta sierva de Dios, apareció en Guadalajara a fray Juan de Tolosa, de la Orden de nuestro Padre San Francisco; el cual fue tres o cuatro veces custodio de la Custodia de Toledo. También fue vicario provincial de los frailes de la Observancia en esta provincia de Castilla. Deste padre fue ayudada esta bendita religiosa en muchas cosas espirituales, en obras y consejos; y hablando algunas veces con él, le había dicho que ningún hombre mortal le había de ver el rostro, salvo el dicho fray Juan de Tolosa, al cual prometió de mostrársele antes que desta vida pasase. Pues queriendo cumplir su promesa, se le apareció en su propia figura y díjole: “Yo vengo a cumplir lo que os prometí, pero yo os ruego vais luego a Toledo porque mi casa y Orden está en detrimento y a punto de se deshacer todo”. El caso era que como esta señora había estado tanto tiempo en Santo Domingo el Real, por esto pensaban las monjas d’él que a ellas pertenecía llevar su cuerpo, pues aún no había hecho profesión en ninguna Orden, aunque no había estado entre ellas, sino en hábito seglar honesta. Sabiendo que estaba al fin de su vida, vinieron muchas de Santo Domingo el Real y ansimismo frailes de su Orden para querer llevar consigo el cuerpo desta bienaventurada. Y también las mujeres que con ella habían morado, que todas quedaban vivas, decían y alegaban que por haber estado con ellas y por el amor que les tenía la querían llevar consigo todas a su monasterio. Estando en esto los frailes dominicos y sus monjas, llegaron los frailes de San Francisco de la Observancia, a quien esta señora se había mucho allegado. La cual estando en el extremo de su vida, a su petición y ruego le dieron el hábito de la Concepción y profesión y velo. Muerta ella hubo gran alteración entre los unos y los otros sobre quién la había de llevar, pero al fin la sepultaron los frailes Franciscos con mucha honra y solenidad en aquella casa de Santa Fe, donde estaba.  
''[1]'' Las muchas, varias y grandes señales que Dios obró en Egipto por mano de su caudillo Moisés fueron prevención y pronóstico de la libertad de su escogido pueblo, porque un suceso grande lo previene el Cielo con señales heroicas. Lo mesmo sucedió en el Orden y Regla de las Religiosas de la Purísima Concepción de N. Señora, discurre el reverendísimo Gonzaga ''[2]'', aplicando los casos de Egipto a los que también sucedieron como soberanos presagios de este ilustrísimo orden, que en suma fueron los que se siguen.  


=== Capítulo IIII ===
Era D. Beatriz de Silva, hija de los condes de Portoalegre y hermana del beato fr. Amadeo, cuya vida queda escrita al tratado cuarto de este libro. Vino a Castilla desde Portugal por dama de la reina D. Isabel, mujer de D. Juan el Segundo, rey de España. Era esta señora dotada de tan singular hermosura y raras prendas que, por ellas, se levantaron algunas disensiones entre los principales de la corte, pretendiéndola casada cual por su esposa y, dudando la reina si ella daría alguna causa, la encerró en un cofre de madera, donde la tuvo sin comer ni beber tres días. Y invocó la doncella a la soberana Reina de los Ángeles, prometiéndole guardar castidad perpetua si se viese libre de tal conflicto. Favoreciole María santísima con su presencia, consolándola en tanta aflicción, y ella, agradecida (cuando se vio libre), trató de retirarse al Monasterio de Santo Domingo el Real de la Ciudad de Toledo.
<strong>De cómo se trasladaron las religiosas de la Concepción al Monasterio de San Pedro de las Dueñas y de las contradicciones que en ello hubo</strong>


Aunque ya con razón pudieran cesar las competencias y debates, todavía (aunque estaba esta bienaventurada enterrada) tornaron [476] las monjas de Santo Domingo a porfiar por llevar las reliquias a su casa y monasterio. A esta sazón llegó el padre fray Juan de Tolosa, y mostrándoles con mucha prudencia cómo no tenían razón en lo que pedían, hízolas apartar de su demanda a las dichas monjas, ansimismo a los frailes de Santo Domingo, que andaban pretendiéndolas. De manera que las religiosas compañeras de la dicha doña Beatriz de Silva quedaron en su libertad. Y desde aquel día se llamó el Monasterio de la Santa Concepción de Nuestra Señora, conforme a la Bula del señor Papa Inocencio Octavo y comenzaron a vivir según el Orden y Regla que la Bula les concedía, aunque las dejaron mucho sin desasosegarlas.  
Dispúsose la jornada y, yendo por el camino, oyó a las espaldas una voz portuguesa que la llamaba. Volvió los ojos y vio dos religiosos franciscos venerables que le seguían; temió si serían enviados de la reina para acabar con ella. Llegáronse los dos a la carroza y, leyéndole con mucho cariño todo su corazón, le acompañaron hasta la posada, pronosticándole lo que le había de suceder, y allí desaparecieron. Entrose en su monasterio donde haciendo vida muy religiosa, aunque con hábito secular, gastó cuarenta años. Tal fue su penitencia y recato que ninguna persona le vio el rostro por un velo que en él continuamente traía. Viola solamente en este tiempo la Católica Reina D. Isabel, mujer del rey D. Fernando, e hija de la referida reina, de quien ella fue dama. A la cual reina, en la visita, manifestó su afecto a la Concepción de María Santísima ''[3]'', y ella le concedió los Palacios de Galiana, en Toledo, donde hizo su fundación con doce religiosas. Sacó bula de Inocencio Octavo, su data en el año de mil cuatrocientos y noventa y nueve, en que le concede el hábito y regla que hasta hoy profesan. Fuese a pique el navío en que venía el despacho; perdio- [902] se en el mar la bula, si bien ella la halló milagrosamente en un arca de su celda. Empero, tan maltratada y borrada que era muy difícil el leerla, la cual el arzobispo de Toledo, a quien venía remitida, envió a fr. García de Quijada, obispo de Guadix e hijo de esta santa provincia (como vimos) ''[4]'', varón insigne en virtud y letras, para que, trabajando en ella, le declarase, como con efecto lo hizo. Fuese luego a Toledo y, en el día por el arzobispo señalado, la llevó desde la catedral en solemnísima procesión, a que acudieron todos sus habitadores y, llegando al Monasterio de Santa Fe, la leyó, publicó y declaró a todos ''[5]''. Hasta aquí el reverendísimo Gonzaga.  


Acerca desto conviene que se sepa que, un día, siendo viva la bienaventurada doña Beatriz de Silva, yendo a Maitines (como tenía de costumbre) halló la lámpara muerta, y poniéndose en oración, viola manifiestamente encendida y luego oyó una voz (según ella después descubrió) que bajamente le dijo: “Tu Orden ha de ser como esto que has visto, que toda ha de ser deshecha por tu muerte. Y ansí como la Iglesia de Dios fue perseguida en sus principios y después vino a florecer y a ser muy esclarecida, también tu Orden será ahora perseguida y luego verná a florecer y ser multiplicada por todas las partes del mundo; y será esto tanto, que en su primer tiempo no se edificará ningún convento de otra Orden, mas primero será perseguida de amigos y enemigos; y habrá en ella tanta tribulación que muchas veces llegará a ser asolada”. Todo esto se ha visto a la letra porque, luego que la Orden comenzó en la ciudad de Toledo, hubo en ellas tantas revueltas y grandes persecuciones que es maravilla cómo pudo perseverar, lo cual sucedió de la manera que aquí contaremos.  
Y si respecta [sic] de nuestro providentísimo Dios nada sucede acaso, añádese a lo dicho, como especial pronóstico para ennoblecer la fundación de este religioso Monasterio de la Concepción de Guadix, que su pastor e ilustrísimo prelado hubo de ser el intérprete o lector de las bulas y concurrir tan principalmente a la fundación de este exclarecido [sic] orden, como se ha dicho. También para recomendar a la devoción y respecto humano este sagrado monasterio viene aquí la relación de un suceso suyo particular algunos años después de su fundación y fue que, el año de mil seiscientos y cincuenta y tres, D. Antonio de Campos, capellán de este monasterio entonces, y ahora racionero de la S. Iglesia Catedral de Guadix, se salió una tarde al campo a rezar a la Ermita del Glorioso S. Lázaro y, en medio del camino halló un papel que dudó si se había aparecido, según lo de repente y la novedad con que se le ofreció a la vista. Levantolo con algún cuidado y halló ser una estampa cuya imagen principal era de N. Señora de la Concepción, y ocupaban sus dos lados S. Francisco N. P. y San Antonio y, a lo bajo, estaba sor Beatriz de Silva con sus religiosas y recibiendo la regla que profesan del seráfico padre. Causole novedad al dicho D. Antonio; leyó algunos libros y adquirió noticias de cómo N. P. S. Francisco y San Antonio eran los religiosos que aparecieron a D. Beatriz de Silva en el camino de Toledo cuando fue desde Madrid ''[6]'' y que, después de muerta, apareció en Guadalajara a Fr. Juan de Tolosa, prelado de nuestra orden, y le dijo [que] fuese a cuidar de sus hermanas a Toledo. Sujetáronse a la religión por entonces; diose al monasterio el título de la Concepción, dejando el de S. Fe, que tuvo hasta aquel día. Confirmose la sujeción a la orden el año de mil quinientos y once, con bula de Inocencio II, despachada el octavo de su pontificado, que ejecutó fray Francisco de los Ángeles y Quiñones, vicario provincial de la santa provincia de Castilla. El cual en el siglo había sido conde de Luna y, después, general de la orden y cardenal de Santa Cruz en Jerusalén; y como prelado les dio admirables leyes y les hizo las constituciones y estatutos que hoy guardan y, vistas estas circunstancias, tuvo por fin sin duda que Dios N. S. milagrosamente puso allí aquella estampa para que él y no otro la encontrara.


Después que las dichas religiosas compañeras de doña Beatriz de Silva quedaron en Santa Fe, que ya se llamaba de la Concepción, apartáronse de la obediencia del diocesano y sometiéronle a la Orden de nuestro Padre San Francisco, debajo del gobierno de fray Juan de Tolosa, que era entonces custodio de Toledo. Y en tiempo que allí estuvieron, que fue seis o siete años, hubo entre ellas algunas discordias porque sucedieron grandes tribulaciones y desasogiegos. Estaba cerca deste Monasterio de la Concepción otro que se llamaba San Pedro de las Dueñas, de la Orden de San Benito, adonde estaban unas monjas, aunque no eran reformadas. Era en esta sazón vicario provincial desta [477] provincia de Castilla fray Francisco Jiménez, el cual era confesor de la Reina doña Isabel y reformador general de todas las órdenes en los reinos de Castilla, por concesión del Papa Inocencio Octavo. Este cargo tuvo toda su vida, desde que fue electo. Y ansí, con parecer de la Reina, pasó las monjas que estaban en Santa Fe al Monasterio de San Pedro de las Dueñas, adonde quedaron juntas las unas y otras. Y por una Bula que para esto se trujo del Papa Alejandro Sexto, concedida el año de 1494, las monjas de San Pedro dejaron su hábito y Orden que antes guardaban y tomaron el de la Concepción y la forma de vivir de las monjas della. Y después, por autoridad apostólica, ansí las monjas de San Benito del Monasterio de San Pedro, que están súbditas a la Orden del Cístel, como las de la Concepción, recibieron la Orden de Santa Clara, por cuanto no se les había concedido esto, más de que estuviesen debajo de otra Orden aprobada. Hecho esto, el sembrador de cizaña metió entre ellas tal discordia que por tres veces se vino a despoblar casi el monasterio, no quedando en él sino muy pocas monjas, siendo perseguidas de todos, ansí de sus amigos como de los que no lo eran. De suerte que pasó este negocio de la forma y manera que le fue revelado a la dicha doña Beatriz de Silva, llegando cerca a punto de perderse esta Orden. La cual fue determinado por el dicho padre fray Francisco Jiménez, como reformador general de las Órdenes, se quitase del todo, por parecer convenir para sosiego del dicho monasterio. Más porque Nuestro Señor tenía para honra de su Madre ordenada otra cosa, fue servido dar orden que dentro de pocos días tornasen al dicho monasterio las monjas que d’él habían salido. Y de allí adelante estuvieron con mucha paz y sosiego y en mucho amor y amistad las unas con las otras.
No hicieron menos misterio las religiosas considerando todo lo referido, y que no tenían una efigie de su santa madre, que la deseaban, y más con las circunstancias de ser de la institución de la orden y que era la primera que ellas, ni persona alguna de la ciudad, habían visto en su vida, por hallarse pocos retratos de sor Beatriz de Silva. Hicieron al punto copiarla en un lienzo grande para el adorno de su iglesia y monasterio y para tener siempre a la vista el original de sus acciones religiosas.  


=== Capítulo V ===
===Notas===
<strong>De cómo las monjas arriba dichas fueron trasladas al Monasterio de San Francisco con voluntad y parecer de la Reina doña Isabel</strong>


En este tiempo había edificado la Reina Católica doña Isabel la ciudad de Toledo para los frailes de Observancia de nuestro Padre San Francisco el Monasterio que se llama San Juan de los Reyes. Y habiéndose hecho por orden de sus Majestades general reformación en todas las Órdenes en estos [478] sus reinos, por lo cual habían tomado los frailes de la Observancia el antiguo convento de San Francisco, que solían tener los frailes claustrales en la dicha ciudad, y por parecer inconveniente tener dos conventos dentro en ella, quiso la Reina que los frailes (que estaban en él y en el de la Bastida, que es extramuros) se parasen al de San Juan que ella había edificado y que el dicho Monasterio de San Francisco quedase para las monjas que estaban en San Pedro de las Dueñas. Todo lo cual se efectuó de la manera que hoy se ve y fue confirmado por el Capítulo Custodial que se celebró en Ciudarreal el año de 1501 y con autoridad apostólica que para esto se tenía, y desde entonces se llama (el convento que antes se decía de San Francisco) el Monasterio de la Concepción; y en San Pedro de las Dueñas se edificó el suntuoso hospital que hoy llaman del cardenal don Pedro González de Mendoza: todo esto fue confirmado también por el señor Papa Julio Segundo. Pasadas las monjas al dicho monasterio, fueron aprovechando tanto en el servicio de Dios que, derramándose por todas las partes grande olor de su mucha religión y santidad, entraron en su compañía otras muchas personas muy notables y principales para emplearse en cosas espirituales y del servicio de Dios.  
''[1]'' Al margen izquierdo: Exod. c. 10.  


=== Capítulo VI ===
''[2]'' Al margen izquierdo: Gonzag. I. part. de instit. Concept. Sororum.
<strong>De cómo estando las monjas en el convento de San Francisco, llamado ahora de la Concepción, quedaron con el hábito y Regla de la Concepción, sin estar sujetas a la Regla del Cístel ni de Santa Clara</strong>


Aumentándose, pues, cada día el número de las monjas y viendo tenían hábito, orden y oficio de la Concepción, pero que estaban sujetas a la Orden de Santa Clara, acordaron era conveniente tener Regla y manera de vivir diferente de otras, de suerte que no tuviesen que entender con ninguna otra. Por lo cual a su petición concedió el señor Papa Julio Segundo la Regla que ahora tienen el año de 1511, el octavo año de su Pontificado, con que las eximió de cualquiera obligación que hubiesen tenido a la Orden del Cístel o de Santa Clara, dándoles forma de vivir, sometiéndolas inmediata y perpetuamente a la Orden del seráfico Padre San Francisco y a los prelados della. Después desto, pasados cinco o seis años, siendo vicario provincial desta provincia [479] de Castilla el padre fray Francisco de los Ángeles, que después fue comisario y ministro general de la Orden, les hizo unas constituciones para lo que tocaba a su conversación y gobierno interior y exterior, las cuales ellas aceptaron, de que usan hoy en día, ansí en este monasterio como en todos los demás que se han fundado desta Orden y Regla. Y ha habido y hay en este monasterio monjas muy principales y de grande espíritu y devoción, de las cuales muchas han sido abadesas en él y dellas han ido a fundar muchos monasterios a diferentes partes destos reinos de Castilla. Las abadesas (abadesas que ha habido en este monasterio) que ha habido en esta santa casa después que se fundó hasta el año de 1609 son estas: la primera fue doña Felipa de Silva, doña Catalina Calderón, Juana de San Miguel, doña María Alarcón, doña Isabel de Toledo, doña Isabel de Guzmán, doña Ana del Águila, doña Catalina Carrillo y Córdoba, doña Isabel de Peralta, doña Juana de Sotomayor, doña Mayor de Mendoza, doña Antonia de Toledo, doña Petronilla de Rojas.
''[3]'' Al margen derecho: Fundación de las Concepcionistas.
En el sobredicho año, en un Capítulo General de nuestra Orden que se celebró en París, se estableció que ninguna abadesa pudiese serlo más de tres años continuos, los cuales cumplidos, elijan otra del mismo convento. Lo cual no se solía hacer en este convento porque siempre elegían una mesma hasta que moría.  


=== Capítulo VII ===
''[4]'' Al margen izquierdo: Tract. 3 cap. 24.
<strong>De cómo se trujeron al Monasterio de la Concepción los huesos de la bienaventurada doña Beatriz de Silva</strong>
''[5]'' Al margen izquierdo: Gonzag. Ibidem.


Este Monasterio de la Concepción de Toledo, ansí como es cabeza de los que desta Orden se han fundado, por el consiguiente resplandece en grande religión y santidad y en todo género de virtud. Una de las cosas de grande estima que en este monasterio hay es estar en él los huesos de la bienaventurada doña Beatriz de Silva, los cuales están en el Coro, a la mano derecha en un hermoso lucillo, y tiene encima las imágenes de Santa Ana y de nuestro Padre San Francisco y de San Antonio de Padua, que, siendo viva la dicha doña Beatriz, había dicho deseaba mucho estas imágenes estuviesen sobre su sepultura después de muerta. Los huesos desta sierva de Dios fueron trasladados del Monasterio de la Madre de Dios de Toledo, que es de monjas de la Orden de Santo Domingo, al de [480] la Concepción, y la razón porque estaban allí es esta: doña Beatriz de Silva era tía de la priora y supriora del Monasterio de la Madre de Dios. Y cuando la Casa de San Pedro de las Dueñas se vino a despoblar (como arriba se dijo), entre las monjas que se salieron, fue una dellas doña Felipa de Silva (que a la sazón era abadesa y sobrina de la dicha doña Beatriz) con otras ocho monjas con intento de ir a Portugal, aunque después volvió a Toledo y murió en el Convento de Santa Isabel y llevó consigo los huesos de su tía doña Beatriz, que estaban en San Pedro de las Dueñas, adonde los habían llevado cuando se pasaron de Santa Fe. Pero, yéndose la dicha doña Felipa a despedir de la priora y supriora del dicho convento de la Madre de Dios, que eran sus primas, parecioles a ellas que era inconveniente llevarse los huesos consigo por no saber dónde habían de parar. Y ansí por su consejo los dejó a guardar en el dicho monasterio hasta ver lo que Dios hacía dellas. Plugo a Nuestro Señor dar orden volviese la dicha doña Felipa de Silva con las demás al Monasterio de San Francisco, que ahora se llama de la Concepción. Y puestas en quietud y sosiego, enviaron a rogar al Monasterio de la Madre de Dios les diese los huesos de su fundadora que allí tenían, lo cual por ruegos ni por otro medio alguno lo quisieron conceder. Viendo esto el abadesa, doña Catalina Calderón envió sus recaudos a Roma y hecha relación desto al Papa, dio su Santidad un breve, mandando, so graves penas y censuras, que dentro de tres horas después de su notificación, diesen los dichos huesos a las monjas de la Concepción. Y en cumplimiento deste mandato los dieron dentro del término señalado, los cuales, llevados al Monasterio de la Concepción, se pusieron en una arca mientras que el luzillo se labraba. Y después de acabado, pasándolos a él sintió el hombre que en esto entendía gran fragancia de olor de grandísima suavidad, el cual, apartándose, luego dijo llamasen a algún sacerdote para que tratase aquellos huesos porque sin duda eran de santos según el buen olor que dellos salía. Llamaron luego al confesor de las monjas para que los pusiese en el luzillo; y ansí el confesor como las monjas que allí se hallaron sintieron tan suave olor que todos sus sentidos fueron maravillosamente recreados y recibieron también en el alma muy grande consolación. Desta manera tuvo por bien Nuestro Señor mostrar cuán agradable le había sido la santa conservación de su sierva y la devoción singular que a la Purísima Concepción de su Madre había tenido, en cuya persona [481], es dicho en el Eclesiástico, según lo aplica la Iglesia, que los que sacaren a luz sin pureza, alcanzarán la vida eterna.
''[6]'' Al margen derecho: Se hace misterio de una estampa.