Diferencia entre revisiones de «María de Toledo»
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= Vida manuscrita (1)= | = Vida manuscrita (1)= | ||
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/sergi-sancho-fibla/ Sergi Sancho Fibla]; fecha de edición: mayo de 2025. | Ed. de [http://visionarias.es/equipo/sergi-sancho-fibla/ Sergi Sancho Fibla]; fecha de edición: mayo de 2025; fecha de modificación: marzo de 2026. | ||
== Fuente == | == Fuente == | ||
''Vida y milagros de la muy | * ''Vida y milagros de la muy venerable señora doña María de Toledo''. Ms. del Archivo del convento de Santa Isabel de los Reyes [fols. 1r-41r]. | ||
[[Contexto material del impreso Discursos ilustres, históricos, i genealógicos.]]'' A Don Pedro Pacheco, del Consejo de su Majestad en el Supremo de Castilla, y general Inquisición, y canónigo de las santa iglesias de Cuenca. Por Don Pedro de Rojas, Caballero de la Orden de Calatrava, Conde de Mora, Señor de la Villa de Laios, y el Castañar''. | |||
== Criterios de edición == | == Criterios de edición == | ||
El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; la actualización de los grupos consonánticos, así como los cambios de qu a cu cuando sea el uso actual. Sin embargo, se ha conservado el laísmo. En cuanto al grupo de sibilantes, se han normalizado tanto las -ç- como las -sc-, -ss- y -x-. Se han conservado cultismos (“abbadesa”), pronombres enclíticos y no se han deshecho contracciones como “desta” o “della”. Se ha eliminado la duplicación de la “-ll-” y, para plasmar las marcas de oralidad del texto, se ha conservado formas como “tiniéndola”, “pidía”, etc. Tanto la puntuación como la acentuación han sido normalizadas. También lo ha sido el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. Los nombres propios de personajes y lugares han sido modernizados para facilitar su reconocimiento. Las abreviaturas se han desarrollado para facilitar la lectura y se ha añadido foliación que no existe en el manuscrito para que el texto pueda ser citado de manera más fácil. Los folios arrancados se indican con anotaciones entre corchetes, mientras que las palabras tachadas por la copista se visualizan directamente en el texto: palabra. Por último, se han transcrito también las notas al margen, que son posteriores y de otra mano, para proporcionar datos sobre la recepción del manuscrito. | Se trata de una vida manuscrita de la segunda parte del siglo XVI, copia de la vida original, que fue escrita por una religiosa de la comunidad entre 1528 y 1538. La copia ha sido realizada, también por las mismas monjas, algunos años más tarde y, aparentemente, de memoria. No tiene referencia, ni paginación ni foliación. El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; la actualización de los grupos consonánticos, así como los cambios de qu a cu cuando sea el uso actual. Sin embargo, se ha conservado el laísmo. En cuanto al grupo de sibilantes, se han normalizado tanto las -ç- como las -sc-, -ss- y -x-. Se han conservado cultismos (“abbadesa”), pronombres enclíticos y no se han deshecho contracciones como “desta” o “della”. Se ha eliminado la duplicación de la “-ll-” y, para plasmar las marcas de oralidad del texto, se ha conservado formas como “tiniéndola”, “pidía”, etc. Tanto la puntuación como la acentuación han sido normalizadas. También lo ha sido el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. Los nombres propios de personajes y lugares han sido modernizados para facilitar su reconocimiento. Las abreviaturas se han desarrollado para facilitar la lectura y se ha añadido foliación que no existe en el manuscrito para que el texto pueda ser citado de manera más fácil. Los folios arrancados se indican con anotaciones entre corchetes, mientras que las palabras tachadas por la copista se visualizan directamente en el texto: <s>palabra</s>. Por último, se han transcrito también las notas al margen, que son posteriores y de otra mano, para proporcionar datos sobre la recepción del manuscrito. | ||
==Vida de María de Toledo== | ==Vida de María de Toledo== | ||
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'''[Capítulo primero, cómo fue hija de Pedro Suárez de Toledo y se casó]''' | '''[Capítulo primero, cómo fue hija de Pedro Suárez de Toledo y se casó]''' | ||
[fol. 4r] […] señores de Pinto, y muy católicos y amigos de Dios. Y esta señora | [fol. 4r] […] señores de Pinto, y muy católicos y amigos de Dios. Y esta señora doña María de Toledo, siendo niña, ''[2]'' tuvo en sí tan firme el amor de Dios y deseo de su servicio que, llegada a edad de tomar estado resistió mucho a sus padres, que no se quería casar, y que deseaba mucho servir a Nuestro Señor con toda pureza y castidad. Y en su niñez fue muy diferenciada de la condición natural de las otras niñas, y, más forzada por la voluntad de sus padres para que se casase, porque la querían sobremanera, y ella por obedecellos hizo lo que le mandaban más que por voluntad. Y ansí cumplió sus [fol. 4v] mandamientos y la casaron sus padres en el Andalucía con un muy noble caballero que se llamaba Garci Méndez de Sotomayor, Señor del Carpio. Y estuvo casada siete años, en los cuales nunca tuvo hijos, por donde claramente Nuestro Señor Jesuchristo mostraba que la quería para sí, pues ansí respondía a sus buenos deseos. | ||
'''Capítulo segundo, cómo esta señora se vino a la ciudad de Toledo, puniendo escusa que estaba enferma''' | '''Capítulo segundo, cómo esta señora se vino a la ciudad de Toledo, puniendo escusa que estaba enferma''' | ||
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'''Capítulo tercero, de cómo dejó los vestidos ricos que tenía y las demás cosas''' | '''Capítulo tercero, de cómo dejó los vestidos ricos que tenía y las demás cosas''' | ||
[fol. 5v] Y dejadas todas las ropas preciosas y vestidos que tenía, vistiose de una túnica de sayal y un hábito de paño pardillo muy vil de nuestro Padre San Francisco y un manto negro muy despreciado: ella y todas sus criadas que la quisieron seguir en aquella vida tan áspera. ''[4]' Y | [fol. 5v] Y dejadas todas las ropas preciosas y vestidos que tenía, vistiose de una túnica de sayal y un hábito de paño pardillo muy vil de nuestro Padre San Francisco y un manto negro muy despreciado: ella y todas sus criadas que la quisieron seguir en aquella vida tan áspera. ''[4]'' Y como esta señora estaba, no entendía en otra cosa sino en obras de mucha caridad, y visitaba los hospitales y lavaba las llagas a los enfermos y se las besaba, y muchas veces, cuando salía fuera ''[5]'', volvía sin tocas, con solo el manto cubierta la cabeza, porque las [fol. 6r] dejaba atadas a las llagas de los enfermos. Y ansí mismo hacía dejándolos repartidos a los pobres; y de su renta casaba muchas huérfanas y personalmente iba a buscar las personas avergonzantes para proveellos de todas sus necesidades. ''[6]'' Y hacía rescatar muchos captivos, y hacía criar muchos niños de la piedra ''[7]'', y ella misma los traía en sus brazos debajo de su manto, y los daba a criar y después de criados los ponía en oficios aquellos que veía y le parecía que convenía y mejor podía ganar de comer o en otros estados de vida religiosa. Hacía muy grandes limosnas a [fol. 6v] pobres, cumplía las obras de misericordia en todos, vistiendo los desnudos y dando de comer al hambriento; visitaba los encarcelados y socorría sus necesidades en lo que podía. | ||
'''Capítulo cuarto, de los ejercicios espirituales en que se ocupaba''' | '''Capítulo cuarto, de los ejercicios espirituales en que se ocupaba''' | ||
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'''Capítulo veinteyuno, de muchos cantos y músicas que fueron oídos en su tránsito y el llanto que las monjas hicieron''' | '''Capítulo veinteyuno, de muchos cantos y músicas que fueron oídos en su tránsito y el llanto que las monjas hicieron''' | ||
Juntamente con este olor sonaron suavísimos cantos y músicas celestiales, que era cosa maravillosa de oír, que con todo el llanto innumerable que el convento hacía se oyeron cuando aquella sanctísima ánima [fol. 27v] salió del cuerpo, que no fuera posible criatura humana poderlo comparar. Y esto oyeron más de treinta monjas, todas personas de mucho crédito. Y esta música oyeron cuando falleció y cuando la llevaban el cuerpo al coro los frailes, y cuando alzaron el cuerpo sacratísimo de Nuestro Señor Jesuchristo, y cuando metieron el cuerpo en la cueva. Y los frailes llevaban el cuerpo con el Subvenite sancti Dei ''[45]'' rezado, que no podían cantar con el gran llanto que el convento hacía; y con todo se sonaba tan claro y no atinaban adónde sonaban las que quedaban con el cuerpo, y las que iban delante pen- [fol. 28r] saban que eran los frailes que cantaban. Ansí que vinieron dos en uno, y conocieron que eran cantos celestiales y tonos de cantos muy suaves, y los mismos frailes lloraban de compasión, y algunos dellos oyeron lo mismo que las monjas, y acabado el oficio, cuando la metieron en la cueva, como era tiempo de pestilencia echaron los frailes cal encima del cuerpo y, no mirando las monjas lo que hacían por la gran pena que tenían de perder tanto bien en tal madre, y como llevaba el velo delante del rostro y le echaron la cal encima, parósele el rostro negro con la cal y el agua de la cueva, y todo lo otro [fol. 28v] del cuerpo quedó como bálsamo, que ansí se manda todo su cuerpo como viva. | Juntamente con este olor sonaron suavísimos cantos y músicas celestiales, que era cosa maravillosa de oír, que con todo el llanto innumerable que el convento hacía se oyeron cuando aquella sanctísima ánima [fol. 27v] salió del cuerpo, que no fuera posible criatura humana poderlo comparar. Y esto oyeron más de treinta monjas, todas personas de mucho crédito. Y esta música oyeron cuando falleció y cuando la llevaban el cuerpo al coro los frailes, y cuando alzaron el cuerpo sacratísimo de Nuestro Señor Jesuchristo, y cuando metieron el cuerpo en la cueva. Y los frailes llevaban el cuerpo con el Subvenite sancti Dei ''[45]'' rezado, que no podían cantar con el gran llanto que el convento hacía; y con todo se sonaba tan claro y no atinaban adónde sonaban las que quedaban con el cuerpo, y las que iban delante pen- [fol. 28r] saban que eran los frailes que cantaban. Ansí que vinieron dos en uno, y conocieron que eran cantos celestiales y tonos de cantos muy suaves, y los mismos frailes lloraban de compasión, y algunos dellos oyeron lo mismo que las monjas, y acabado el oficio, cuando la metieron en la cueva, como era tiempo de pestilencia echaron <s>los frailes</s> cal encima del cuerpo y, no mirando las monjas lo que hacían por la gran pena que tenían de perder tanto bien en tal madre, y como llevaba el velo delante del rostro y le echaron la cal encima, parósele el rostro negro con la cal y el agua de la cueva, y todo lo otro [fol. 28v] del cuerpo quedó como bálsamo, que ansí se manda todo su cuerpo como viva. | ||
'''Capítulo veynte y dos, de cómo las monjas sacaron la sierva de Nuestro Señor de la cueva''' | '''Capítulo veynte y dos, de cómo las monjas sacaron la sierva de Nuestro Señor de la cueva''' | ||
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= Vida manuscrita (2)= | = Vida manuscrita (2)= | ||
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/sergi-sancho-fibla/ Sergi Sancho Fibla]; fecha de edición: junio de 2021. | Ed. de [http://visionarias.es/equipo/sergi-sancho-fibla/ Sergi Sancho Fibla]; fecha de edición: junio de 2021; fecha de modificación: enero de 2026. | ||
== Fuente == | == Fuente == | ||
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[[Archivo:María de Toledo Yanguas.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]] | [[Archivo:María de Toledo Yanguas.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]] | ||
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Lucas_de_Yanguas Yanguas, Lucas de], 1684. ''Breve catálogo de los siervos de Dios así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa | * [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Lucas_de_Yanguas Yanguas, Lucas de], 1684. ''Breve catálogo de los siervos de Dios así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa Provincia de Castilla''. Ms. C/12 del Archivio Generale dell’Ordine dei Frati Minori AGOFM, Roma, fols. 8v-13v. | ||
[[Contexto material del manuscrito Breve catálogo de los siervos de Dios]] ''así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa | [[Contexto material del manuscrito Breve catálogo de los siervos de Dios]] ''así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa Provincia de Castilla''. | ||
== Criterios de edición == | == Criterios de edición == | ||
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= Vida impresa y manuscrita= | = Vida impresa y manuscrita= | ||
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-aboal-lopez/ María Aboal López] (impresa) y [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres] (manuscrita); fecha de edición: octubre de 2020 y junio de 2021. | Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-aboal-lopez/ María Aboal López] (impresa) y [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres] (manuscrita); fecha de edición: octubre de 2020 y junio de 2021; fecha de modificación: septiembre de 2026. | ||
== Fuente == | == Fuente == | ||
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[[Archivo:XV María de Toledo.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]] | [[Archivo:XV María de Toledo.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]] | ||
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Pisa Pisa, Francisco de], 1605. ''Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo e Historia de sus antigüedades y grandeza y cosas memorables que en ella han acontecido, de los Reyes que la han señoreado y gobernado en sucesión de tiempo, y de los arzobispos de Toledo, principalmente de los más celebrados'', Toledo: Pedro Rodríguez, Imprenta Real, fols. | * [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Pisa Pisa, Francisco de], 1605. ''Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo e Historia de sus antigüedades y grandeza y cosas memorables que en ella han acontecido, de los Reyes que la han señoreado y gobernado en sucesión de tiempo, y de los arzobispos de Toledo, principalmente de los más celebrados'', Toledo: Pedro Rodríguez, Imprenta Real, fols. 276v-277r. | ||
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Pisa Pisa, Francisco de], 1612. ''Apuntamientos para la segunda parte de la Historia de Toledo''. Biblioteca de Castilla-La Mancha, Ms. 193, fols. 78-81. | * [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Pisa Pisa, Francisco de], 1612. ''Apuntamientos para la segunda parte de la Historia de Toledo''. Biblioteca de Castilla-La Mancha, Ms. 193, fols. 78-81. | ||
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'''El monasterio Real de Santa Isabel''' | '''El monasterio Real de Santa Isabel''' | ||
[ | [Pag. 78] Asimismo, cae en este distrito de la parroquial de San Antolín el monasterio Real de Santa Isabel de los Reyes, que es de monjas de Santa Clara, fundado desde su principio por doña María de Toledo, la [que se] quiso nombrar Soror Ma- [Pag. 79] ría la Pobre por menosprecio del mundo, hija de Pedro Suárez de Toledo y de doña Juana de Guzmán, su mujer, Señores de Pinto. La cual fundó este monasterio por los años del señor de 1477, en el cual vivió otros 30 años santamente haciendo Nuestro Señor por ella muchos milagros así en su vida como en su muerte, de que se tiene noticia y están autorizados, y de ellos se hará mención en un cuaderno aparte. Su cuerpo está sepultado en el coro de las monjas tan entero como se puso al principio. | ||
Y fue así que teniendo esta santa propósito y devoción de fundar un monasterio de monjas con la [ | Y fue así que teniendo esta santa propósito y devoción de fundar un monasterio de monjas con la [Pag. 80] advocación de San Francisco, siendo ella de la Orden Tercera del mismo santo, viniendo a esta ciudad los Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel, y sabido por ellos el santo propósito de doña María, para ayudarla en su buen deseo la hicieron merced y gracia de aquellas casas reales, que eran suyas, y por memoria y devoción de Santa Isabel de Hungría, que era también de la Tercera Orden del santo, fue dedicado el monasterio a esta misma santa, y se llama de Santa Isabel de los Reyes, esto es, de los Reyes Católicos, cuyas eran las casas. | ||
Asimismo, los dichos señores Reyes Católicos con autoridad apos- [ | Asimismo, los dichos señores Reyes Católicos con autoridad apos- [Pag. 81] tólica y del arzobispo de Toledo, dieron a las monjas la iglesia de San Antolín, que era parroquial, como está dicho, y les venía muy a cuento a las monjas para su iglesia. De este monasterio se hallará escrito en las Crónicas de San Francisco, 3ª parte, lib. 8, cap. 15, y la Vida de esta santa María la Pobre escribe el reverendísimo fray Francisco Gonzaga, obispo que al presente es de Mantua, en la 3ª parte de la Historia Seráfica en la provincia de Castilla, tratando de este monasterio de Santa Isabel. | ||
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== Fuente == | == Fuente == | ||
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Alcocer Alcocer, Pedro de], 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, ''Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas | * [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Alcocer Alcocer, Pedro de], 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, ''Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidas en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer, fols. 106v col. b - 107r col. b. | ||
[[Contexto material del impreso Hystoria, o descripcion | [[Contexto material del impreso Hystoria, o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo]]. ''Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España''. | ||
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En la muy noble Ciudad de Toledo, resplandeció con grandes muestras de virtud y sanctidad una señora muy ilustre y bienaventurada llamada doña María de Toledo, la cual después por humildad y menosprecio del mundo se quiso llamar Soror María la pobre y fue fundadora y primera abadesa del Monasterio de sancta Isabel de la dicha Ciudad, que es de la Orden de Sancta Clara ''[1]''. Fue la vida desta sierva de Dios como un espejo y traslado de la muy sancta vida de sancta Isabel, hija del Rey de Hungría, de la Tercera Orden de nuestro glorioso Padre san Francisco, de quien ella era por extremo devota, y por esta causa al monasterio que edificó le puso por título y renombre de sancta Isabel. Fue la sierva de Dios de muy clara generación y ilustre sangre, de los Duques de Alba y Condes de Oropesa, hija de Pedro Suárez de Toledo y de doña Juana de Guzmán, señores de Pinto, personas muy temerosas de Dios. Desde sus tiernos años así comenzó a ser ferviente en el amor de la castidad que formó y tuvo firmísimo propósito cuanto le fuese posible de nunca se casar. Así era su corazón lleno de compasión y piedad para con los pobres que en ninguna cosa mayor consolación sentía que en les hacer limosnas y acudir a sus necesidades, quitándolo algunas veces de su propia boca y de los que había menester. Huía de las malas conversaciones y regocijos de las otras doncellas y todo el tiempo que podía se recogía al oratorio donde su madre oía misa, y allí se ocupaba en continuas y devotas oraciones. Habiendo sido constreñida a que se casase, [212] por la obediencia de su padre, con un caballero de la Andalucía, señor del Carpio, vivió con él siete años con mucha paciencia, sufriendo muchos trabajos. Y por no tener hijos, habida licencia de su marido, se volvió a Toledo a la casa de su madre, donde de ahí a poco tiempo le vino nueva que su marido era muerto. | En la muy noble Ciudad de Toledo, resplandeció con grandes muestras de virtud y sanctidad una señora muy ilustre y bienaventurada llamada doña María de Toledo, la cual después por humildad y menosprecio del mundo se quiso llamar Soror María la pobre y fue fundadora y primera abadesa del Monasterio de sancta Isabel de la dicha Ciudad, que es de la Orden de Sancta Clara ''[1]''. Fue la vida desta sierva de Dios como un espejo y traslado de la muy sancta vida de sancta Isabel, hija del Rey de Hungría, de la Tercera Orden de nuestro glorioso Padre san Francisco, de quien ella era por extremo devota, y por esta causa al monasterio que edificó le puso por título y renombre de sancta Isabel. Fue la sierva de Dios de muy clara generación y ilustre sangre, de los Duques de Alba y Condes de Oropesa, hija de Pedro Suárez de Toledo y de doña Juana de Guzmán, señores de Pinto, personas muy temerosas de Dios. Desde sus tiernos años así comenzó a ser ferviente en el amor de la castidad que formó y tuvo firmísimo propósito cuanto le fuese posible de nunca se casar. Así era su corazón lleno de compasión y piedad para con los pobres que en ninguna cosa mayor consolación sentía que en les hacer limosnas y acudir a sus necesidades, quitándolo algunas veces de su propia boca y de los que había menester. Huía de las malas conversaciones y regocijos de las otras doncellas y todo el tiempo que podía se recogía al oratorio donde su madre oía misa, y allí se ocupaba en continuas y devotas oraciones. Habiendo sido constreñida a que se casase, [212] por la obediencia de su padre, con un caballero de la Andalucía, señor del Carpio, vivió con él siete años con mucha paciencia, sufriendo muchos trabajos. Y por no tener hijos, habida licencia de su marido, se volvió a Toledo a la casa de su madre, donde de ahí a poco tiempo le vino nueva que su marido era muerto. | ||
Viéndose, pues, la sierva de Dios Nuestro Señor en la libertad que siempre su espíritu había deseado para se dar y entregar del todo en todo a su divino servicio, al punto dejó los trajes seglares y se vistió del hábito de nuestro glorioso Padre San Francisco, de un paño muy vil y grosero, trayendo una túnica debajo a raíz de la carne, con el cual ejemplo movió a todas sus criadas a vestirse del mismo hábito. Habiendo, pues, menospreciado desta manera el mundo, comenzó con mucho fervor y espíritu a ejercitarse en obras de misericordia y charidad del próximo, que es el cierto y verdadero camino para subir a la alteza del amor de Dios Nuestro Señor y de la charidad divina. Visitaba, como otra gloriosa virgen Sancta Isabel, los hospitales; hallábase presente a los entierros de los pobres; tenía grande cuidado de las cárceles y personas encarceladas. Y procuraba saber qué pobres había envergonzantes, qué doncellas huérfanas, y, como madre de todos, a todos los proveía y remediaba en sus necesidades. A los enfermos especialmente servía y curaba con grande cuidado y diligencia, y con mucho fervor de charidad y con entrañas de gran piedad. Muchas veces les lavaba las llagas y se las besaba, gastando en esto las tocas de su propria cabeza, las cuales algunas veces daba a los pobres y también sus proprios vestidos, viniéndose sin ellos a su casa. Después de la muerte de su marido siempre anduvo descalza hasta su muerte por mayores fríos y nieves que viviese. Levantábase todos los días a los Maitines de la Iglesia mayor, con su compañera Juana Rodríguez, la qual hallaba siempre muy prompta y aparejada para semejantes obras, y estaba allí todo el tiempo que duraba el oficio de los Maitines, con grande devoción y silencio en la oración. Huía siempre de todas las conversaciones y compañías para que más libremente se pudiese ocupar y ejercitar en la oración continuamente. Tu- [213] vo por su confesor a un frayle menor de nuestra observancia llamado fray Pedro Pérez, varón docto y muy espiritual, por cuya doctrina la sierva de Dios se regía y gobernaba y aprovechaba mucho en sus espirituales ejercicios. Traía siempre un muy áspero cilicio vestido y afligía su cuerpo con muy duras y rigurosas disciplinas, para que así castigado estuviese más rendido y sujeto al espíritu. Aparejábase para recebir el sanctísimo Sacramento con grandísima reverencia y devoción y recibíale tres días cada semana, o cuando más tarde de ocho a ocho días, y en el día que le recebía, no comía más que solo pan y agua. Por estos sanctos ejercicios y trabajos con que buscaba a su divino y celestial esposo y amado, Jesuchristo nuestro Redemptor, fue muchas veces visitada de su divina clemencia y algunas alumbrada con divinas revelaciones, en que le fueron reveladas muchas cosas que estaban por venir, las cuales a veces ella descubría por mandado de su confesor, por ser cosas provechosas para las almas. Fuele revelado que el Reyno de Granada había de ser tomado por los Reyes Cathólicos y también que los frayles Conventuales y Claustrales de nuestra Orden habían de ser reformados y reducidos a la observancia. Y siéndole revelados los grandes pecados que los christianos, nuevamente convertidos de los judíos y de los moros, cometían contra la fee, descubriolo a los Reyes Cathólicos, y por su consejo fue ordenado que hubiese el Sancto Oficio de la Inquisición en España y otras muchas cosas para mucha honra y servicio de Nuestro Señor. Crecían en la sierva de Dios, con las muy grandes y nuevas mercedes que cada día recebía, los deseos de servirle en sus más pequeñitos siervos y necesitados, porque sabía que lo que había con los pobres lo hacía con el mismo Dios. Y esto era con tanto fervor que siempre le parecía no haber hecho nada en servicio de un tan grande Señor a quien ella tanto debía. Por esto con mucho fervor y espíritu se consagró y dedicó al servicio del grande Hospital de la Misericordia, donde de día y de noche se ocupaba en servir a los enfermos, con grande humildad e increíble charidad. Y por que ninguna hora pudiese saltar a su servicio, tomó una casita y aposento dentro del mismo hospital [214] donde acabados los servicios y ministerios tocantes a la cura de los enfermos, de noche y muy tarde se recogía y estaba en oración hasta los Maytines. Y habiendo tomado algún pequeño rato de sueño, luego se volvía a servir y a curar los enfermos en todos los servicios y ministerios más viles y trabajosos y haciendo consigo misma en este tiempo increíbles asperezas y mortificaciones. Por su ejemplo incitados, los nobles de Toledo ordenaron cofradía en la cual por su orden cada uno sirviese su semana dentro del hospital, como según se dice hoy día se hace. Después que la sierva de Dios dio sus rentas y todo cuanto tenía al sobredicho hospital, comenzó con su compañera Juana Rodríguez a pedir limosnas en la ciudad por las puertas para los enfermos, y lo que pedía y le daban llevaba ella misma a cuestas, que a veces iba bien cargada y lo administraba a los enfermos. | Viéndose, pues, la sierva de Dios Nuestro Señor en la libertad que siempre su espíritu había deseado para se dar y entregar del todo en todo a su divino servicio, al punto dejó los trajes seglares y se vistió del hábito de nuestro glorioso Padre San Francisco, de un paño muy vil y grosero, trayendo una túnica debajo a raíz de la carne, con el cual ejemplo movió a todas sus criadas a vestirse del mismo hábito. Habiendo, pues, menospreciado desta manera el mundo, comenzó con mucho fervor y espíritu a ejercitarse en obras de misericordia y charidad del próximo, que es el cierto y verdadero camino para subir a la alteza del amor de Dios Nuestro Señor y de la charidad divina. Visitaba, como otra gloriosa virgen Sancta Isabel, los hospitales; hallábase presente a los entierros de los pobres; tenía grande cuidado de las cárceles y personas encarceladas. Y procuraba saber qué pobres había envergonzantes, qué doncellas huérfanas, y, como madre de todos, a todos los proveía y remediaba en sus necesidades. A los enfermos especialmente servía y curaba con grande cuidado y diligencia, y con mucho fervor de charidad y con entrañas de gran piedad. Muchas veces les lavaba las llagas y se las besaba, gastando en esto las tocas de su propria cabeza, las cuales algunas veces daba a los pobres y también sus proprios vestidos, viniéndose sin ellos a su casa. Después de la muerte de su marido siempre anduvo descalza hasta su muerte por mayores fríos y nieves que viviese. Levantábase todos los días a los Maitines de la Iglesia mayor, con su compañera Juana Rodríguez, la qual hallaba siempre muy prompta y aparejada para semejantes obras, y estaba allí todo el tiempo que duraba el oficio de los Maitines, con grande devoción y silencio en la oración. Huía siempre de todas las conversaciones y compañías para que más libremente se pudiese ocupar y ejercitar en la oración continuamente. Tu- [213] vo por su confesor a un frayle menor de nuestra observancia llamado fray Pedro Pérez, varón docto y muy espiritual, por cuya doctrina la sierva de Dios se regía y gobernaba y aprovechaba mucho en sus espirituales ejercicios. Traía siempre un muy áspero cilicio vestido y afligía su cuerpo con muy duras y rigurosas disciplinas, para que así castigado estuviese más rendido y sujeto al espíritu. Aparejábase para recebir el sanctísimo Sacramento con grandísima reverencia y devoción y recibíale tres días cada semana, o cuando más tarde de ocho a ocho días, y en el día que le recebía, no comía más que solo pan y agua. Por estos sanctos ejercicios y trabajos con que buscaba a su divino y celestial esposo y amado, Jesuchristo nuestro Redemptor, fue muchas veces visitada de su divina clemencia y algunas alumbrada con divinas revelaciones, en que le fueron reveladas muchas cosas que estaban por venir, las cuales a veces ella descubría por mandado de su confesor, por ser cosas provechosas para las almas. Fuele revelado que el Reyno de Granada había de ser tomado por los Reyes Cathólicos y también que los frayles Conventuales y Claustrales de nuestra Orden habían de ser reformados y reducidos a la observancia. Y siéndole revelados los grandes pecados que los christianos, nuevamente convertidos de los judíos y de los moros, cometían contra la fee, descubriolo a los Reyes Cathólicos, y por su consejo fue ordenado que hubiese el Sancto Oficio de la Inquisición en España y otras muchas cosas para mucha honra y servicio de Nuestro Señor. Crecían en la sierva de Dios, con las muy grandes y nuevas mercedes que cada día recebía, los deseos de servirle en sus más pequeñitos siervos y necesitados, porque sabía que lo que había con los pobres lo hacía con el mismo Dios. Y esto era con tanto fervor que siempre le parecía no haber hecho nada en servicio de un tan grande Señor a quien ella tanto debía. Por esto con mucho fervor y espíritu se consagró y dedicó al servicio del grande Hospital de la Misericordia, donde de día y de noche se ocupaba en servir a los enfermos, con grande humildad e increíble charidad. Y por que ninguna hora pudiese saltar a su servicio, tomó una casita y aposento dentro del mismo hospital [214] donde acabados los servicios y ministerios tocantes a la cura de los enfermos, de noche y muy tarde se recogía y estaba en oración hasta los Maytines. Y habiendo tomado algún pequeño rato de sueño, luego se volvía a servir y a curar los enfermos en todos los servicios y ministerios más viles y trabajosos y haciendo consigo misma en este tiempo increíbles asperezas y mortificaciones. Por su ejemplo incitados, los nobles de Toledo ordenaron cofradía en la cual por su orden cada uno sirviese su semana dentro del hospital, como según se dice hoy día se hace. Después que la sierva de Dios dio sus rentas y todo cuanto tenía al sobredicho hospital, comenzó con su compañera [[Juana Rodríguez]] a pedir limosnas en la ciudad por las puertas para los enfermos, y lo que pedía y le daban llevaba ella misma a cuestas, que a veces iba bien cargada y lo administraba a los enfermos. | ||
Y porque el demonio, invidioso enemigo de nuestra salud, nunca duerme, levantó en este tiempo contra la sierva de Dios muy grandes persecuciones de sus propios parientes y deudos, particularmente de su madre, la qual le era muy contraria por verla ocupada en obras tan viles, afrentándose dello y teniendo su sancta vida por deshonra. Mas la ferventísima sierva de Christo, no haciendo dello caso, con grandísima paciencia llevaba todas las sobredichas persecuciones e injurias que se le hacían con mucha alegría de su alma y de su espíritu. Después de los cuales trabajos, le añadió Nuestro Señor otro que para ella no fue el menor, y es que cayó enferma de una muy grave enfermedad, por la cual su madre la hubo de llevar a su casa, donde llegó a lo último y a recibir los divinos Sacramentos, para lo cual ella se aparejó con grande fervor para ir a ver y gozar de su dulcísimo esposo Jesuchristo, a quien ella tanto amaba. Pero aunque llegó tan al cabo, Nuestro | Y porque el demonio, invidioso enemigo de nuestra salud, nunca duerme, levantó en este tiempo contra la sierva de Dios muy grandes persecuciones de sus propios parientes y deudos, particularmente de su madre, la qual le era muy contraria por verla ocupada en obras tan viles, afrentándose dello y teniendo su sancta vida por deshonra. Mas la ferventísima sierva de Christo, no haciendo dello caso, con grandísima paciencia llevaba todas las sobredichas persecuciones e injurias que se le hacían con mucha alegría de su alma y de su espíritu. Después de los cuales trabajos, le añadió Nuestro Señor otro que para ella no fue el menor, y es que cayó enferma de una muy grave enfermedad, por la cual su madre la hubo de llevar a su casa, donde llegó a lo último y a recibir los divinos Sacramentos, para lo cual ella se aparejó con grande fervor para ir a ver y gozar de su dulcísimo esposo Jesuchristo, a quien ella tanto amaba. Pero aunque llegó tan al cabo, Nuestro Señor Jesuchristo, como buen amigo, no quiso quitar la ocasión de merecer a su sancta sierva por augmentarle las coronas de sus merecimientos y así la dio salud y nuevos deseos de servirle y de entregarse toda a su sancto amor y servicio. Y suplicando ella, con su devota compañera Soror Juana, con fervientes oraciones a Dios les enseñase en qué estado y manera de vida sería dellas más ser- [215] vido, fueles por el Señor revelado ser su sancta voluntad que edificasen un monasterio de monjas a donde sus almas y las de otras muchas se salvasen. Sucedió, ordenándolo así la Divina Providencia, que en su disposición es infalible y nunca falta ni puede faltar a los buenos y sanctos deseos de sus siervos, que en este tiempo vinieron los Reyes Cathólicos a Toledo, y como tuviesen muy grande devoción a la sierva de Christo Nuestro Redemptor y conociesen sus sanctos deseos, dieronle para este efecto unas casas muy principales en Toledo, donde se edificó un monasterio de la Orden de sancta Clara, de muy perfecta observancia, y le fue puesto por nombre sancta Isabel de los Reyes ''[2]''. En la edificación deste monasterio Doña Juana de Toledo, hermana de la sierva de Christo, Nuestro Redemptor, también de muy sancta vida, gastó mucha cantidad de dineros. El cual acabado la sierva de Dios Soror María la Pobre, con otras muchas que la siguieron, tomó el hábito y regla de la bienaventurada sancta Clara y fue abadesa del dicho convento. Puesta en este estado de mayor perfección la sierva y esposa de Christo Nuestro Redemptor, y levantada a los muy altos desposorios divinos en los cuales el alma dejando el mundo se aparta a la solead para gozar de los secretos de su amado, que, como dice Oseas, la habla allí al corazón, así creció en perfección y sanctidad de vida ''[3]'' que puso a todos grandísima admiración, y fue visto y conocido de todos haber Nuestro Señor concedido a su bienaventurada sierva que representase muy al vivo a todo el mundo la admirable vida de la gloriosa virgen sancta Clara, cuya regla y estado ella había profesado. | ||
Porque la orden de vida desta sierva de Dios, puesta en el estado de la religión, fue andar vestida de alto a bajo de un muy áspero y rigurosísimo cilicio, hecho a manera de túnica, su hábito y manto eran de un paño muy vil, pobre y remendado, su lecho o cama era una tabla o algunos pocos de sarmientos, la cabecera una piedra o un palo. Después de Maitines nunca dormía jamás hasta Prima, sino siempre se estaba velando en oración, conversando con su divino y celestial esposo Jesuchristo. De la cual conversación divina se mostraba y resplandecía en su cara [216] y en su rostro una maravillosa alegría, y su condición parecía más angélica que humana. Nunca comió carne ni bebió vino, ayunaba continuamente y, sobre todo esto, los tres días de la semana no comía sino solo pan y agua y algunas veces la Cuaresma de san Miguel Archángel la ayunaba toda a pan y agua, y cuando comía era de los pedazos de pan que quedaban y sobraban a las otras monjas. Comulgaba muy a menudo con grandísimo fervor y espíritu y en los días que eran de comunión no comía sino unas pocas de pasas o otra cosa semejante, y esto allá muy tarde. Era muy benigna para con todas las monjas y, si por necesidad o por cumplir con el oficio que tenía de abadesa alguna vez reprehendía a alguna, no se recogía a la noche sin se reconciliar con ella y dejarla muy alegre y consolada. En los servicios humildes del convento era siempre la primera, y con tanta charidad y con tanto amor servía a las enfermas que con sola su presencia muchas veces las sanaba de sus enfermedades. Y cuanto era más de edad, tanto más se augmentaba y crecía en ella el fervor del espíritu y tomaba más fuerzas para las mortificaciones de la carne. Y así después de muchos años haber hecho tan áspera vida como queda dicho, acrecentó a su muy áspero cilicio una cruel túnica tejida de cerdas de puerco cortadas y de pelos de cabras. Muchas veces fue visitada de su muy querido y amado esposo Jesuchristo Nuestro Redemptor, y con muy suaves y divinas consolaciones confortada, y echábasele de ver en el rostro a veces las señales de las sobredichas divinas visitaciones. Una vez, en la fiesta de la Transfiguración de Christo Nuestro Redemptor, la vio una monja la cara tan clara y resplandeciente que no parecía sino el mismo sol. Y el día siguiente, preguntándole a la esposa de Christo con mucha importunación qué visitación había sido aquella que recibió, ella con mucha humildad le dijo que nuestro Señor la descubrió y reveló la gloria de su gloriosa Transfiguración, como si ella se hallara presente en el monte Tabor cuando el Señor, delante de sus apóstoles, se transfiguró. Otra vez un Viernes de Cuaresma, ayudándose todas las monjas para hacer la disciplina acostumbrada, fue vista la sierva de Christo de una monja que tenía la ca- [217] ra tan resplandeciente y salían de su rostro tantos rayos, tan claros y derechos a los ojos de la monja que la vía, que ella quedó espantada y como fuera de sí y casi perdió el sentido. Y, siendo preguntada después con mucha importunación que dijese la merced de Dios que en aquel tiempo había recebido, ella, constreñida con los importunos ruegos, dijo que el Señor le había comunicado, descubierto y revelado entonces aquella su inmensa charidad y amor con que por nosotros se dejó atar y azotar estando en la columna. | Porque la orden de vida desta sierva de Dios, puesta en el estado de la religión, fue andar vestida de alto a bajo de un muy áspero y rigurosísimo cilicio, hecho a manera de túnica, su hábito y manto eran de un paño muy vil, pobre y remendado, su lecho o cama era una tabla o algunos pocos de sarmientos, la cabecera una piedra o un palo. Después de Maitines nunca dormía jamás hasta Prima, sino siempre se estaba velando en oración, conversando con su divino y celestial esposo Jesuchristo. De la cual conversación divina se mostraba y resplandecía en su cara [216] y en su rostro una maravillosa alegría, y su condición parecía más angélica que humana. Nunca comió carne ni bebió vino, ayunaba continuamente y, sobre todo esto, los tres días de la semana no comía sino solo pan y agua y algunas veces la Cuaresma de san Miguel Archángel la ayunaba toda a pan y agua, y cuando comía era de los pedazos de pan que quedaban y sobraban a las otras monjas. Comulgaba muy a menudo con grandísimo fervor y espíritu y en los días que eran de comunión no comía sino unas pocas de pasas o otra cosa semejante, y esto allá muy tarde. Era muy benigna para con todas las monjas y, si por necesidad o por cumplir con el oficio que tenía de abadesa alguna vez reprehendía a alguna, no se recogía a la noche sin se reconciliar con ella y dejarla muy alegre y consolada. En los servicios humildes del convento era siempre la primera, y con tanta charidad y con tanto amor servía a las enfermas que con sola su presencia muchas veces las sanaba de sus enfermedades. Y cuanto era más de edad, tanto más se augmentaba y crecía en ella el fervor del espíritu y tomaba más fuerzas para las mortificaciones de la carne. Y así después de muchos años haber hecho tan áspera vida como queda dicho, acrecentó a su muy áspero cilicio una cruel túnica tejida de cerdas de puerco cortadas y de pelos de cabras. Muchas veces fue visitada de su muy querido y amado esposo Jesuchristo Nuestro Redemptor, y con muy suaves y divinas consolaciones confortada, y echábasele de ver en el rostro a veces las señales de las sobredichas divinas visitaciones. Una vez, en la fiesta de la Transfiguración de Christo Nuestro Redemptor, la vio una monja la cara tan clara y resplandeciente que no parecía sino el mismo sol. Y el día siguiente, preguntándole a la esposa de Christo con mucha importunación qué visitación había sido aquella que recibió, ella con mucha humildad le dijo que nuestro Señor la descubrió y reveló la gloria de su gloriosa Transfiguración, como si ella se hallara presente en el monte Tabor cuando el Señor, delante de sus apóstoles, se transfiguró. Otra vez un Viernes de Cuaresma, ayudándose todas las monjas para hacer la disciplina acostumbrada, fue vista la sierva de Christo de una monja que tenía la ca- [217] ra tan resplandeciente y salían de su rostro tantos rayos, tan claros y derechos a los ojos de la monja que la vía, que ella quedó espantada y como fuera de sí y casi perdió el sentido. Y, siendo preguntada después con mucha importunación que dijese la merced de Dios que en aquel tiempo había recebido, ella, constreñida con los importunos ruegos, dijo que el Señor le había comunicado, descubierto y revelado entonces aquella su inmensa charidad y amor con que por nosotros se dejó atar y azotar estando en la columna. | ||
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Isabel de Sagredo, madre de Fray Pedro de Navas, religioso de San Francisco que hoy vive en esta provincia de Castilla, enfermó gravemente y, recebidos los sacramentos, al parecer de todos y a juicio de los médicos espiró. Lloráronla y trataron de enterrarla, cumpliendo con la obligación de piedad natural y christiana. Pero su madre, que era devotísima de la beata abadesa Sor María la Pobre, y tenía su reliquia, la aplicó antes de amortajarla al cuerpo defunto y al instante (brame la herejía que ata las manos del poder de Dios) cobró movimiento, respiró, tomó calor, y la sobrevino un tan copioso sudor que admiró a la misma medicina, pues sin calentura y sin dolor alguno la hallaron los médicos, confesando ser solo [fol. 71r] aquella ciencia reservada a la sabiduría de Dios. Trocose el llanto en gozo, la última y más vil vestidura con que nos paga el mundo en la de más alegría y de estima que para celebrar tan gran favor pareció a propósito. | Isabel de Sagredo, madre de Fray Pedro de Navas, religioso de San Francisco que hoy vive en esta provincia de Castilla, enfermó gravemente y, recebidos los sacramentos, al parecer de todos y a juicio de los médicos espiró. Lloráronla y trataron de enterrarla, cumpliendo con la obligación de piedad natural y christiana. Pero su madre, que era devotísima de la beata abadesa Sor María la Pobre, y tenía su reliquia, la aplicó antes de amortajarla al cuerpo defunto y al instante (brame la herejía que ata las manos del poder de Dios) cobró movimiento, respiró, tomó calor, y la sobrevino un tan copioso sudor que admiró a la misma medicina, pues sin calentura y sin dolor alguno la hallaron los médicos, confesando ser solo [fol. 71r] aquella ciencia reservada a la sabiduría de Dios. Trocose el llanto en gozo, la última y más vil vestidura con que nos paga el mundo en la de más alegría y de estima que para celebrar tan gran favor pareció a propósito. | ||
'''Capítulo XI. Varias enfermedades remediadas por la intercesión de la bienaventurada abadesa''' | |||
Una señora Duquesa de Medinaceli era continuamente afligida de tan pesado dolor de cabeza que la traía como fuera de juicio. Visitando el cuerpo desta señora su deuda, metió la cabeza en la caja donde está, y se halló aliviada al momento de tan gran pesadumbre y vivió siempre libre della. | Una señora Duquesa de Medinaceli era continuamente afligida de tan pesado dolor de cabeza que la traía como fuera de juicio. Visitando el cuerpo desta señora su deuda, metió la cabeza en la caja donde está, y se halló aliviada al momento de tan gran pesadumbre y vivió siempre libre della. | ||
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Sor Catalina De Espíritu Sancto. Sor Isabel de San Luis. Sor Isabel Danunciaçaon. Sor Juana Evangelista. Lionarda de Moura. Catherina Moreira. María Gómez”. | Sor Catalina De Espíritu Sancto. Sor Isabel de San Luis. Sor Isabel Danunciaçaon. Sor Juana Evangelista. Lionarda de Moura. Catherina Moreira. María Gómez”. | ||
'''Capítulo XII. Preserva de fuego la beata abadesa su convento y obra otras maravillas''' | |||
Entre las demás peticiones que la beata abadesa hizo a su Esposo por su querida casa, fue una la preservación del fuego: hanse visto muchos ejemplos raros en esta materia y no sin admiración notado. Entre otros es admirable uno que no dejaré de referir para gloria de Dios y de su esposa María la Pobre. | Entre las demás peticiones que la beata abadesa hizo a su Esposo por su querida casa, fue una la preservación del fuego: hanse visto muchos ejemplos raros en esta materia y no sin admiración notado. Entre otros es admirable uno que no dejaré de referir para gloria de Dios y de su esposa María la Pobre. | ||
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Lo mismo sucedió a una mujer que tenía un rayo en la cabeza tan penoso que vivía como incapaz de todas las operaciones de viviente, quedando con entera salud con la agua de la reliquia desta beata señora, por la cual se acude a esta casa de muchas partes, y con tanta frecuencia que ha parecido conveniente que las señoras porteras o torneras della tengan una reliquia siempre para satisfacer la devoción y remediar las enfermedades de los que la buscan. Todo esto cuenta esta buena mujer de otros como de sí, que, estando con una gran postema en la boca, de adonde resultaba gran daño al cuerpo y a ella gran dolor sin remedio alguno, tomó un poco de agua de la sancta y, dentro [fol. 75r] de un cuarto de hora que la tuvo en la boca, se levantó de la cama glorificando a Dios y sin daño alguno. Otra vez, teniendo el rostro lleno de erisipula ''[125]'', sintió la misma maravilla en un instante; favor que también participó una doncella que tenía el mismo mal, tomando la agua a ejemplo desta devota mujer. Otra vez, teniendo otra postema tan penosa en la garganta, que si no fuera por no ofender a Dios se dejara morir de hambre por no padecer el dolor que aun con sustancia líquidas sentía, visitó el cuerpo de la beata abadesa, y volvió sana y sin impedimento alguno. La misma confiesa de sí que más de cuarenta veces experimentó su remedio repentino en diferentes achaques, y más de veinte halló remediadas otras necesidades particulares en que invocaba su ayuda, y esto con tanta facilidad que, apenas había en su corazón propuesta la petición, cuando hallaba cumplido lo que deseaba. Experimentó esto con gran admiración una vez que, estando suplicando a la Virgen Nuestra Señora se sirviese de reducir a efecto cierta obra de mucho servicio de Dios, y de grande importancia, dijo en voz alta María la Pobre: “Sedme aquí interces- [fol. 75v] sora y ayudadme con la Virgen”. Al punto salió una fragrancia tan particular de una reliquia que traía consigo de la sancta que la era imposible sufrirla: y dijo entre sí, “Si tiene buen efecto este negocio, veré si es aprehensión o antojo mío este olor”. Otro día se hizo lo que había pedido aun mejor de lo que ella deseaba, y halló verdadero el consentimiento que a su petición hizo la beata abadesa. | Lo mismo sucedió a una mujer que tenía un rayo en la cabeza tan penoso que vivía como incapaz de todas las operaciones de viviente, quedando con entera salud con la agua de la reliquia desta beata señora, por la cual se acude a esta casa de muchas partes, y con tanta frecuencia que ha parecido conveniente que las señoras porteras o torneras della tengan una reliquia siempre para satisfacer la devoción y remediar las enfermedades de los que la buscan. Todo esto cuenta esta buena mujer de otros como de sí, que, estando con una gran postema en la boca, de adonde resultaba gran daño al cuerpo y a ella gran dolor sin remedio alguno, tomó un poco de agua de la sancta y, dentro [fol. 75r] de un cuarto de hora que la tuvo en la boca, se levantó de la cama glorificando a Dios y sin daño alguno. Otra vez, teniendo el rostro lleno de erisipula ''[125]'', sintió la misma maravilla en un instante; favor que también participó una doncella que tenía el mismo mal, tomando la agua a ejemplo desta devota mujer. Otra vez, teniendo otra postema tan penosa en la garganta, que si no fuera por no ofender a Dios se dejara morir de hambre por no padecer el dolor que aun con sustancia líquidas sentía, visitó el cuerpo de la beata abadesa, y volvió sana y sin impedimento alguno. La misma confiesa de sí que más de cuarenta veces experimentó su remedio repentino en diferentes achaques, y más de veinte halló remediadas otras necesidades particulares en que invocaba su ayuda, y esto con tanta facilidad que, apenas había en su corazón propuesta la petición, cuando hallaba cumplido lo que deseaba. Experimentó esto con gran admiración una vez que, estando suplicando a la Virgen Nuestra Señora se sirviese de reducir a efecto cierta obra de mucho servicio de Dios, y de grande importancia, dijo en voz alta María la Pobre: “Sedme aquí interces- [fol. 75v] sora y ayudadme con la Virgen”. Al punto salió una fragrancia tan particular de una reliquia que traía consigo de la sancta que la era imposible sufrirla: y dijo entre sí, “Si tiene buen efecto este negocio, veré si es aprehensión o antojo mío este olor”. Otro día se hizo lo que había pedido aun mejor de lo que ella deseaba, y halló verdadero el consentimiento que a su petición hizo la beata abadesa. | ||
'''Capítulo XIII. Excelencia de los milagros de la beata Sor María la Pobre. Vida y muerte de la beata Juana Rodríguez, su compañera''' | |||
Pudiera referir otros muchos milagros, y no de menos admiración que los pasados, si quisiera más parecer ostentoso en la misma humildad que sencillo en el crédito que es justo se dé a prodigios tales: como mi pretensión ha sido dar en summa breve noticia de las virtudes des- [fol. 76r] ta gran señora y sancta, en los milagros admirables que Dios obró por su intercesión sigo el mismo, reservando para el tiempo que confiamos en su Majestad, que por auctoridad apostólica se ha de hacer más copiosamente para que con libertad sus aficionados la ofrezcamos votos como a quien goza conocidamente de Dios, sea sola esta muestra de tan gran máchina, y bosquejo de la pintura que la artífice mano de Dios pintó para sí. Grandes son (¿quien lo dudará si los ha leído?) sus virtudes, grandes sus milagros. Pero el que es milagro de milagros, y el que es confirmación de todos los demás, es la fundación deste religiosísimo monasterio, donde con tanto ejemplo hasta hoy se vive. Sea muestra d’él la vida maravillosa de la beata Juana Rodríguez, compañera perpetua de su sancta Madre. | Pudiera referir otros muchos milagros, y no de menos admiración que los pasados, si quisiera más parecer ostentoso en la misma humildad que sencillo en el crédito que es justo se dé a prodigios tales: como mi pretensión ha sido dar en summa breve noticia de las virtudes des- [fol. 76r] ta gran señora y sancta, en los milagros admirables que Dios obró por su intercesión sigo el mismo, reservando para el tiempo que confiamos en su Majestad, que por auctoridad apostólica se ha de hacer más copiosamente para que con libertad sus aficionados la ofrezcamos votos como a quien goza conocidamente de Dios, sea sola esta muestra de tan gran máchina, y bosquejo de la pintura que la artífice mano de Dios pintó para sí. Grandes son (¿quien lo dudará si los ha leído?) sus virtudes, grandes sus milagros. Pero el que es milagro de milagros, y el que es confirmación de todos los demás, es la fundación deste religiosísimo monasterio, donde con tanto ejemplo hasta hoy se vive. Sea muestra d’él la vida maravillosa de la beata Juana Rodríguez, compañera perpetua de su sancta Madre. | ||
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[Fol. 78r] | [Fol. 78r] | ||
'''Capítulo XIV y último. Religión del convento de Sancta Isabel de los Reyes. Señoras religiosísimas y principalísimas que le han ilustrado''' | |||
El ejemplo y religión deste convento de Sancta Isabel ha sido siempre sin relajación alguna, uno y siempre tan grande que ha dado ocasión a los demás religiosísimos desta ciudad para tenerle por dechado de toda perfección. Ha sido su recato amable, el trato con los seglares, aunque sin afectación, ejemplar, el culto divino puntual, y lo necesario para él tan asesado que, si al más religioso en todo lo demás iguala, en esto le sobrepuja; finalmente jamás, aun de la misma invidia murmurado, de la virtud perpetuamente honrado. Es buen indicio desto las grandes señoras que han querido que sea esta su habitación fiel hasta la resurección universal. Vese en el coro [fol. 78v] una piedra llana y humilde, que levemente oprime las cenizas de Doña Isabel, princesa de Castilla, Reina de Portugal, hija mayor de los Cathólicos Reyes Don Fernando y Doña Isabel, y sobrina de la beata abadesa Doña María: fue casada la vez primera con el Príncipe Don Alonso de Portugal que, cayendo de un caballo, murió en Santarén, y la segunda con el Rey Don Manuel de Portugal, por cuya muerte heredó aquel Reino y, aunque murió en Zaragoza a los XXIII de Agosto del año de MCDLXXXVIII, se mandó traher a esta sancta casa por la devoción que a su tía Doña María y a ella tenía, y que su sepultura fuese entre las de las religiosas. Con esta ocasión sacaron del coro a Doña Inés de Ayala, que estaba en él sepultada aun antes que estas religiosas tomasen la posesión de su Iglesia y la pusieron a la mano derecha del altar mayor con un letrero, por donde parece que fue señora de Casarubios, mujer de Don Diego Fernández de Córdoba Mariscal de Castilla, señor de Baena, abuela de la reina Doña Juana de Aragón y bisabuela del Rey Cathólico su hijo, hermana de Doña Teresa de Toledo, señora de Pinto, abuela paterna de la Señora Doña María [fol. 79r]. Otras muchas grandes señoras están sepultadas en este monasterio, habiendo hecho elección d’él por su mucha religión. Como otras que le han escogido para su habitación en vida sirviendo en él debajo de las reglas de la religión y obligación a los votos religiosos. Entre otras, Doña Beatriz de Guzmán, hija de Pedro Suárez de Toledo y de Doña Isabel de Guzmán, hermana de la fundadora. | El ejemplo y religión deste convento de Sancta Isabel ha sido siempre sin relajación alguna, uno y siempre tan grande que ha dado ocasión a los demás religiosísimos desta ciudad para tenerle por dechado de toda perfección. Ha sido su recato amable, el trato con los seglares, aunque sin afectación, ejemplar, el culto divino puntual, y lo necesario para él tan asesado que, si al más religioso en todo lo demás iguala, en esto le sobrepuja; finalmente jamás, aun de la misma invidia murmurado, de la virtud perpetuamente honrado. Es buen indicio desto las grandes señoras que han querido que sea esta su habitación fiel hasta la resurección universal. Vese en el coro [fol. 78v] una piedra llana y humilde, que levemente oprime las cenizas de Doña Isabel, princesa de Castilla, Reina de Portugal, hija mayor de los Cathólicos Reyes Don Fernando y Doña Isabel, y sobrina de la beata abadesa Doña María: fue casada la vez primera con el Príncipe Don Alonso de Portugal que, cayendo de un caballo, murió en Santarén, y la segunda con el Rey Don Manuel de Portugal, por cuya muerte heredó aquel Reino y, aunque murió en Zaragoza a los XXIII de Agosto del año de MCDLXXXVIII, se mandó traher a esta sancta casa por la devoción que a su tía Doña María y a ella tenía, y que su sepultura fuese entre las de las religiosas. Con esta ocasión sacaron del coro a Doña Inés de Ayala, que estaba en él sepultada aun antes que estas religiosas tomasen la posesión de su Iglesia y la pusieron a la mano derecha del altar mayor con un letrero, por donde parece que fue señora de Casarubios, mujer de Don Diego Fernández de Córdoba Mariscal de Castilla, señor de Baena, abuela de la reina Doña Juana de Aragón y bisabuela del Rey Cathólico su hijo, hermana de Doña Teresa de Toledo, señora de Pinto, abuela paterna de la Señora Doña María [fol. 79r]. Otras muchas grandes señoras están sepultadas en este monasterio, habiendo hecho elección d’él por su mucha religión. Como otras que le han escogido para su habitación en vida sirviendo en él debajo de las reglas de la religión y obligación a los votos religiosos. Entre otras, Doña Beatriz de Guzmán, hija de Pedro Suárez de Toledo y de Doña Isabel de Guzmán, hermana de la fundadora. | ||
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''[93]'' [N. al m.] “Augustinus, in Expositio Psalmorum, LXXXI”. | ''[93]'' [N. al m.] “Augustinus, in Expositio Psalmorum, LXXXI”. | ||
''[94]'' [N. al m] “Epistula II ad Corinthios, VIII, IX”. El texto dice: “Scitis enim gratiam Domini nostri Jesu Christi quoniam propter vos egenus factus est cum eset dives ut illius inopia vos divites esetis”; “Pues conocéis la generosidad de | ''[94]'' [N. al m] “Epistula II ad Corinthios, VIII, IX”. El texto dice: “Scitis enim gratiam Domini nostri Jesu Christi quoniam propter vos egenus factus est cum eset dives ut illius inopia vos divites esetis”; “Pues conocéis la generosidad de Nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de que os enriquecierais con su pobreza”, (II Corintios, 8, 9). | ||
''[95]'' [N. al m.] “Ambrosius, Liber I Oficior, XXX”. | ''[95]'' [N. al m.] “Ambrosius, Liber I Oficior, XXX”. | ||
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= Vida impresa (8)= | = Vida impresa (8)= | ||
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/sergi-sancho-fibla/ Sergi Sancho Fibla]; fecha de edición: junio de 2021. | Ed. de [http://visionarias.es/equipo/sergi-sancho-fibla/ Sergi Sancho Fibla]; fecha de edición: junio de 2021; fecha de modificación: junio de 2026. | ||
== Fuente == | == Fuente == | ||
[[Archivo:Rojas Discursos 1636.jpg|miniatura|250px|right| Pedro de Rojas, 1636. ''Discursos ilustres, históricos, i genealógicos. A Don Pedro Pacheco, del Consejo de su Majestad en el Supremo de Castilla, y general Inquisición, y canónigo de las santa iglesias de Cuenca. Por Don Pedro de Rojas, Caballero de la Orden de Calatrava, Conde de Mora, Señor de la Villa de Laios, y el Castañar''. Toledo: Joan Ruiz de Pereda]] | [[Archivo:Rojas Discursos 1636.jpg|miniatura|250px|right| Pedro de Rojas, 1636. ''Discursos ilustres, históricos, i genealógicos. A Don Pedro Pacheco, del Consejo de su Majestad en el Supremo de Castilla, y general Inquisición, y canónigo de las santa iglesias de Cuenca. Por Don Pedro de Rojas, Caballero de la Orden de Calatrava, Conde de Mora, Señor de la Villa de Laios, y el Castañar''. Toledo: Joan Ruiz de Pereda]] | ||
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Rojas Rojas, Pedro de], 1636. ''Discursos ilustres, históricos, i genealógicos. A Don Pedro Pacheco, del Consejo de su Majestad en el Supremo de Castilla, y general Inquisición, y canónigo de las santa iglesias de Cuenca. Por Don Pedro de Rojas, Caballero de la Orden de Calatrava, Conde de Mora, Señor de la Villa de Laios, y el Castañar''. Toledo, Joan Ruiz de Pereda, | * [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Rojas Rojas, Pedro de], 1636. ''Discursos ilustres, históricos, i genealógicos. A Don Pedro Pacheco, del Consejo de su Majestad en el Supremo de Castilla, y general Inquisición, y canónigo de las santa iglesias de Cuenca. Por Don Pedro de Rojas, Caballero de la Orden de Calatrava, Conde de Mora, Señor de la Villa de Laios, y el Castañar''. Toledo, Joan Ruiz de Pereda, 136r-137r. | ||
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'''De Doña María de Toledo, llamada María la Pobre''' | '''De Doña María de Toledo, llamada María la Pobre''' | ||
[ | [136r] Doña María de Toledo, que dixe era hija de Pedro Suárez de Toledo y Doña Joana de Guzmán, fue persona de esclarecidas partes y de quien se podía decir mucho, si se hubiera de hacer relación de sus virtudes y milagros, pero por tener sacado a la luz un libro de su vida, virtudes, y milagros Don Thomas Tamaio de Vargas, cronista de su Majestad, con tanta erudición, y galante estilo, no diré aquí más de lo forçoso para mi intento, pues por mucho que dixera, no podía llegar a lo que tiene dicho desta santa. | ||
Fue casada Doña María de Toledo con García Méndez de Sotomayor, Señor del Carpio, de quien no tuvo hijos, y viuda se vino a Toledo, renunciando las galas, y aun el hábito de viuda por una túnica, y manto pardo grossero, los pies descalços, y de esta suerte exercitaba obras de cari- [ | Fue casada Doña María de Toledo con García Méndez de Sotomayor, Señor del Carpio, de quien no tuvo hijos, y viuda se vino a Toledo, renunciando las galas, y aun el hábito de viuda por una túnica, y manto pardo grossero, los pies descalços, y de esta suerte exercitaba obras de cari- [136v] dad. Visitaba los Hospitales, y entró en el de la Misericordia a servir a los pobres y pedir por las calles para su sustento y llegaba tanta limosna, que con ella casi sustentaba este Hospital. Decía que con este traje y vida estaba más contenta que con el que en casa de sus padres había tenido y traído. | ||
Sentían tanto sus deudos que anduviesse esta señora desta forma, y en particular el señor de Pinto y Caracena su sobrino, y Don Alonso Carrillo, arçobispo de Toledo, su deudo, que hicieron extraordinarias diligencias por que dexasse esta vida y en recogimiento sirviesse a Nuestro Señor, pero ningunas bastaron, porque se escusaba con que sus pobres la habían menester y que no los había de desamparar. | Sentían tanto sus deudos que anduviesse esta señora desta forma, y en particular el señor de Pinto y Caracena su sobrino, y Don Alonso Carrillo, arçobispo de Toledo, su deudo, que hicieron extraordinarias diligencias por que dexasse esta vida y en recogimiento sirviesse a Nuestro Señor, pero ningunas bastaron, porque se escusaba con que sus pobres la habían menester y que no los había de desamparar. | ||
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Viendo el arçobispo y sus deudos este fervor celestial, vinieron a partido con esta santa señora de que se recogiesse, que ellos le daban la palabra de servir a los pobres de su Hospital de la Misericordia. | Viendo el arçobispo y sus deudos este fervor celestial, vinieron a partido con esta santa señora de que se recogiesse, que ellos le daban la palabra de servir a los pobres de su Hospital de la Misericordia. | ||
Habiendo hablado a toda la nobleza de la ciudad, y concertado que cincuenta y dos señores y hombres nobles sirviessen las cincuenta y dos semanas del año, cada uno su semana ''[1]'', este concierto declararon a Doña María de Toledo que tenían hecho, con lo cual vino en [ | Habiendo hablado a toda la nobleza de la ciudad, y concertado que cincuenta y dos señores y hombres nobles sirviessen las cincuenta y dos semanas del año, cada uno su semana ''[1]'', este concierto declararon a Doña María de Toledo que tenían hecho, con lo cual vino en [137r] cumplir la voluntad de sus deudos: y la primera semana eligió el arçobispo de Toledo, Don Alonso Carrillo; la segunda, el Marqués de Villena; y desta suerte los demás, y la última, el Señor de Pinto, y Caracena, y hasta hoy se conserva este orden, con que es de los Hospitales más bien servidos y administrados que se conocen. | ||
Diole Doña María la hacienda que pudo. Y sabiendo los señores Reyes Cathólicos Don Fernando y Doña Isabel el santo intento de Doña María de Toledo (guiado por sus deudos), le dieron la casa que el señor Rey Don Fernando había heredado de su madre y abuelos, junto a la parrochia de San Antolín, y Doña María se recogió en ella, con algunas virtuosas mujeres, donde fundó el convento de Santa Isabel la Real, de la Orden de santa Clara, y para iglesia le dieron la de San Antolín, passando la parrochia a la muzárabe de San Marcos, donde entrambas están juntas. Y este convento ha conservado el celo y fervor de servir a Nuestro Señor que tuvo la fundadora. La cual acabó la vida tan santamente como desde niña había tenido, y su cuerpo está entero en el coro de las monjas del dicho convento. | Diole Doña María la hacienda que pudo. Y sabiendo los señores Reyes Cathólicos Don Fernando y Doña Isabel el santo intento de Doña María de Toledo (guiado por sus deudos), le dieron la casa que el señor Rey Don Fernando había heredado de su madre y abuelos, junto a la parrochia de San Antolín, y Doña María se recogió en ella, con algunas virtuosas mujeres, donde fundó el convento de Santa Isabel la Real, de la Orden de santa Clara, y para iglesia le dieron la de San Antolín, passando la parrochia a la muzárabe de San Marcos, donde entrambas están juntas. Y este convento ha conservado el celo y fervor de servir a Nuestro Señor que tuvo la fundadora. La cual acabó la vida tan santamente como desde niña había tenido, y su cuerpo está entero en el coro de las monjas del dicho convento. | ||