Diferencia entre revisiones de «Inés de Santa Catarina»

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==Vida de Inés de Santa Catalina==
==Vida de Inés de Santa Catalina==


[221] La madre santa Inés de Santa Catalina vino a ser religiosa a esta santa Casa de San Pablo en tiempo de las santas beatas, y vino muy niña. Fue sobrina de la santa y bienaventurada madre [[María de Ajofrín]], y queriendo esta santa tía mudarla [222] el nombre, vio, una vez, una procesión de vírgenes santas y que, entre ellas, iba una cubierto el rostro, y preguntando quién era aquella santa que entre todas las otras iba con la cara tapada, respondiola una de aquellas vírgenes y díjola que era santa Inés, la cual se la mostraba y aparecía con aquel sentimiento porque quería quitar el nombre de Inés a su sobrina. Y así luego la santa mujer [[María de Ajofrín]] mudó el propósito y quedose la sobrina con su nombre de Inés de Santa Catalina.  
[221] La madre santa Inés de Santa Catalina vino a ser religiosa a esta santa casa de San Pablo en tiempo de las santas beatas, y vino muy niña. Fue sobrina de la santa y bienaventurada madre [[María de Ajofrín]], y queriendo esta santa tía mudarla [222] el nombre, vio, una vez, una procesión de vírgenes santas y que, entre ellas, iba una cubierto el rostro, y preguntando quién era aquella santa que entre todas las otras iba con la cara tapada, respondiola una de aquellas vírgenes y díjola que era Santa Inés, la cual se la mostraba y aparecía con aquel sentimiento porque quería quitar el nombre de Inés a su sobrina. Y así luego la santa mujer [[María de Ajofrín]] mudó el propósito y quedose la sobrina con su nombre de Inés de Santa Catalina.  


Y como la santa madre María de Ajofrín amase mucho a esta su sobrina y desease su aprovechamiento espiritual, se lo pidió muy de veras y continuamente a nuestro Señor que la hiciese su sierva. Y estando en esta oración la santa mujer, fuele revelado por su consolación que su sobrina había de tener siete grados de gloria más que la misma [[María de Ajofrín]], de lo cual [223] ella fue muy consolada en su ánima. Y alababa siempre a Dios por la largueza y magnificiencia tan grande del Señor que para todos tiene, a todos da y con todos hace misericordia por santo y benditísimo nombre.
Y como la santa madre María de Ajofrín amase mucho a esta su sobrina y desease su aprovechamiento espiritual, se lo pidió muy de veras y continuamente a Nuestro Señor que la hiciese su sierva. Y estando en esta oración la santa mujer, fuele revelado por su consolación que su sobrina había de tener siete grados de gloria más que la misma [[María de Ajofrín]], de lo cual [223] ella fue muy consolada en su ánima. Y alababa siempre a Dios por la largueza y magnificiencia tan grande del Señor que para todos tiene, a todos da y con todos hace misericordia por santo y benditísimo nombre.


Esta sierva de Dios Inés de Santa Catalina, desde sus principios, tuvo gran virtud y fue siempre creciendo en día en día por lo cual el demonio, nuestro adversario que siempre procura estorbar y contradecir a la virtud, teniendo gran envidia de la santidad de esta sierva de Dios, trabajaba mucho por estorbarla [y], poniéndola[s] muchas tentaciones y procurándola grandes trabajos, tanto que acaecía muchas veces mostrá[r]sele y ponérsele delante en diversas figuras y maneras: unas veces de león, otras de perro, y en otras maneras más espantable y feo. Y mayormente cuando esta sierva de Dios se quedaba sola en el coro, puesta en oración, la perseguía allí más con sus espantos tanto que muchas veces salía de sí y quedaba [224] como muerta. Y de esta manera fue muy atormentada del demonio, lo cual parece que, en medio de esto, era muy continua en la santa oración, y siempre estaba en el coro, de día y de noche, porque muchas veces se estaba en oración hasta el día, porque muy pocas noches se acostaba en cama, y si algún rato se echaba, era vestida; y de tal manera vivía sin dar más regalo a su cuerpo. Y el mismo rigor tenía en los ayunos, porque nunca comía carne ni aun en enfermedad por muy grave que fuese. Y en la cuaresma y en todos los viernes del año nunca comía sino pan y agua, o cuanto más algunas pasas. Sus comuniones eran muy frecuentes y con grandísima devoción. Y en los días que comulgaba guardaba con más rigor el silencio y el ayuno del manjar corporal, porque apenas comía pan y agua. Y en su última edad comulgaba cada tercer día, porque eran grandes [225] las mercedes que de el Señor recibía y los beneficio[s] que esta sagrada hostia la comunicaba. Y así la santa mujer, traída y convidada con tantos gustos y bienes espirituales, llegábase a menudo a la santa comunión y, en acabando de recibir a nuestro Señor, eran tantos los gemidos y los movimientos de su ánima que daban a entender el sentimiento y efecto que en ella hacía el soberano Señor. Y en los días de comunión nunca salía del coro.  
Esta sierva de Dios Inés de Santa Catalina, desde sus principios, tuvo gran virtud y fue siempre creciendo en día en día por lo cual el demonio, nuestro adversario que siempre procura estorbar y contradecir a la virtud, teniendo gran envidia de la santidad de esta sierva de Dios, trabajaba mucho por estorbarla < y >, poniéndola< s > muchas tentaciones y procurándola grandes trabajos, tanto que acaecía muchas veces mostrá[r]sele y ponérsele delante en diversas figuras y maneras: unas veces de león, otras de perro, y en otras maneras más espantable y feo. Y mayormente cuando esta sierva de Dios se quedaba sola en el coro, puesta en oración, la perseguía allí más con sus espantos tanto que muchas veces salía de sí y quedaba [224] como muerta. Y de esta manera fue muy atormentada del demonio, lo cual parece que, en medio de esto, era muy continua en la santa oración, y siempre estaba en el coro, de día y de noche, porque muchas veces se estaba en oración hasta el día, porque muy pocas noches se acostaba en cama, y si algún rato se echaba, era vestida; y de tal manera vivía sin dar más regalo a su cuerpo. Y el mismo rigor tenía en los ayunos, porque nunca comía carne ni aun en enfermedad por muy grave que fuese. Y en la cuaresma y en todos los viernes del año nunca comía sino pan y agua, o cuanto más algunas pasas. Sus comuniones eran muy frecuentes y con grandísima devoción. Y en los días que comulgaba guardaba con más rigor el silencio y el ayuno del manjar corporal, porque apenas comía pan y agua. Y en su última edad comulgaba cada tercer día, porque eran grandes [225] las mercedes que de el Señor recibía y los beneficio[s] que esta sagrada hostia la comunicaba. Y así la santa mujer, traída y convidada con tantos gustos y bienes espirituales, llegábase a menudo a la santa comunión y, en acabando de recibir a Nuestro Señor, eran tantos los gemidos y los movimientos de su ánima que daban a entender el sentimiento y efecto que en ella hacía el soberano Señor. Y en los días de comunión nunca salía del coro.  


Ocurrió una vez una cosa maravillosa y digna de memoria, que estando esta santa mujer en el coro con las demás religiosas que iban todas a comulgar, trayendo el sacerdote a nuestro Señor para darlas la comunión, vio la sierva de Dios cómo, en un paño que traían delante de Nuestro Señor, venían escritas con letras de oro las palabras siguientes: “''Hec requien [1] mea in seculum seculi''”.  
Ocurrió una vez una cosa maravillosa y digna de memoria, que estando esta santa mujer en el coro con las demás religiosas que iban todas a comulgar, trayendo el sacerdote a Nuestro Señor para darlas la comunión, vio la sierva de Dios cómo, en un paño que traían delante de Nuestro Señor, venían escritas con letras de oro las palabras siguientes: “''Hec requien [1] mea in seculum seculi''”.  


Muchas veces ocurrió a esta santa mujer que, cuando [226] en la misa acababa el sacerdote de consagrar, veía cómo bajaban del Cielo muchos millares de ángeles y que estaban con gran reverencia enrededor ''[2]'' de el altar hasta que el sacerdote había consumido. Y otra vez vio a Nuestro Señor en figura de niño cuando el sacerdote alzó la sagrada hostia para que fuese adorada. Y fue tanto el gusto y sentimiento que en su ánima causó esta admirable visión, que la sierva de Dios se desmayó y quedó fuera de sí por gran espacio de tiempo. Otra vez ocurrió que, estando en el coro una gran sierva de Dios que se llamaba Catalina de Santa Cruz rezando el rosario a nuestra Señora, vio cómo estaba la santa mujer Inés de Santa Catalina, que también estaba en el coro, cercada de muchos ángeles, lo cual mereció ver la dicha Catalina de Santa Cruz porque era muy gran religiosa y fue monja de grande vi[r]tud en esta santa casa; y murió en ella año de mil y quinientos cincuenta y cuatro teniendo de edad cuarenta [227] y cuatro. Tuvo muy poca salud y así acabó presto.  
Muchas veces ocurrió a esta santa mujer que, cuando [226] en la misa acababa el sacerdote de consagrar, veía cómo bajaban del Cielo muchos millares de ángeles y que estaban con gran reverencia enrededor ''[2]'' de el altar hasta que el sacerdote había consumido. Y otra vez vio a Nuestro Señor en figura de niño cuando el sacerdote alzó la sagrada hostia para que fuese adorada. Y fue tanto el gusto y sentimiento que en su ánima causó esta admirable visión, que la sierva de Dios se desmayó y quedó fuera de sí por gran espacio de tiempo. Otra vez ocurrió que, estando en el coro una gran sierva de Dios que se llamaba Catalina de Santa Cruz rezando el rosario a Nuestra Señora, vio cómo estaba la santa mujer Inés de Santa Catalina, que también estaba en el coro, cercada de muchos ángeles, lo cual mereció ver la dicha Catalina de Santa Cruz porque era muy gran religiosa y fue monja de grande vi[r]tud en esta santa casa; y murió en ella año de mil y quinientos cincuenta y cuatro teniendo de edad cuarenta [227] y cuatro. Tuvo muy poca salud y así acabó presto.  


Tenía esta sierva de Dios Inés de Santa Catalina tanta reverencia a el lugar del coro, y era tanta su devoción y el respeto que aquel santo lugar tenía, que nunca se sentaba en él aunque apenas salía del dicho lugar, sino que continuamente estaba de rodillas. Y cuando se sentía cansada o se postraba o se ponía en pie.  
Tenía esta sierva de Dios Inés de Santa Catalina tanta reverencia a el lugar del coro, y era tanta su devoción y el respeto que aquel santo lugar tenía, que nunca se sentaba en él aunque apenas salía del dicho lugar, sino que continuamente estaba de rodillas. Y cuando se sentía cansada o se postraba o se ponía en pie.