Diferencia entre revisiones de «María de la Presentación»
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| + | Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: mayo de 2026. | ||
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| + | * [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 145. | ||
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| + | Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas. | ||
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| + | [145] La madre María de la Presentación fue muy gran religiosa y muy sierva de Dios. Celaba mucho el rigor con que había comenzado esta santa casa y, si echaba de ver alguna cosa por mínima que fuese, no conforme al rigor antiguo y al andar que llevó la casa en otros tiempos, lo sentía mucho y lloraba como si fueran culpas muy graves (y a la verdad todos los religiosos de buen espíritu se lastiman mucho cuando ven en los monasterios alguna cosa, no solamente de aquellas que se tienen por relajación, sino aun de aquellas que no dicen bien con el rigor que la orden ha tenido, sabiendo que en pequeños principios comienzan las ruinas en cosas mayores, que son las órdenes como los edificios, que no luego caen de golpe, pero sino se previene lo que es poco, da la casa en tierra). Esta sierva de Dios, con este conocimiento santo, lloraba las pequeñas faltas. Fue muy humilde, muy dada a la oración, la cual acompañaba con muchas lágrimas y, eran con tanto estremo, que lejos del coro se oían sus gemidos. Son diversos los espíritus que el Señor causa en sus siervos; que, siendo de buena vida, unos viven cargados de miedo, llenos de sobresaltos, de congojas, como si se viesen las puertas del infierno, siendo efetos de la Divina Providencia los miedos que han menester algunas conciencias, que, si se asegurasen, se podría pensar de ellas alguna relajación y descuido. En otras personas causa el Señor una seguridad tan particular que pasan la vida con grandísimo consuelo, de que había cabido gran parte a esta sierva de Dios, la cual vivía con mucha confianza de las divinas misericordias, no para descuidarse un punto, sino para hacer muy grandes veras de la salvación de su alma. Decía muchas veces: “Yo he de gozar de la vista de la Majestad divina y he de pisar la hermosura de las estre- [146] llas que parecen”, y decíalo con tan grande alegría como si ya hubiera tomado puerto y puesto fin a los peligros, “que se acaban con la muerte”. Algunas cosas dijo que habían de suceder en beneficio de su convento, que salieron muy ciertas. Murió con tan grande alegría que se podía decir más tránsito que muerte su fallecimiento. Murió de cincuenta años. | ||
Revisión actual del 11:55 10 may 2026

| Nombre | María de la Presentación |
| Orden | Dominicas |
| Títulos | Monja del Monasterio de Santa María de Gracia de Sevilla |
| Fecha de nacimiento | ¿Finales del s. XV? |
| Fecha de fallecimiento | ¿Mediados del s. XVI? |
| Lugar de fallecimiento | Sevilla |
Vida impresa
Ed. de Verónica Torres Martín; fecha de edición: mayo de 2026.
Fuente
- López, Juan, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 145.
Criterios de edición
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas.
Vida de María de la Presentación
[143] Capítulo XLVII
Adonde se prosigue la materia del capítulo pasado
[…] [145] La madre María de la Presentación fue muy gran religiosa y muy sierva de Dios. Celaba mucho el rigor con que había comenzado esta santa casa y, si echaba de ver alguna cosa por mínima que fuese, no conforme al rigor antiguo y al andar que llevó la casa en otros tiempos, lo sentía mucho y lloraba como si fueran culpas muy graves (y a la verdad todos los religiosos de buen espíritu se lastiman mucho cuando ven en los monasterios alguna cosa, no solamente de aquellas que se tienen por relajación, sino aun de aquellas que no dicen bien con el rigor que la orden ha tenido, sabiendo que en pequeños principios comienzan las ruinas en cosas mayores, que son las órdenes como los edificios, que no luego caen de golpe, pero sino se previene lo que es poco, da la casa en tierra). Esta sierva de Dios, con este conocimiento santo, lloraba las pequeñas faltas. Fue muy humilde, muy dada a la oración, la cual acompañaba con muchas lágrimas y, eran con tanto estremo, que lejos del coro se oían sus gemidos. Son diversos los espíritus que el Señor causa en sus siervos; que, siendo de buena vida, unos viven cargados de miedo, llenos de sobresaltos, de congojas, como si se viesen las puertas del infierno, siendo efetos de la Divina Providencia los miedos que han menester algunas conciencias, que, si se asegurasen, se podría pensar de ellas alguna relajación y descuido. En otras personas causa el Señor una seguridad tan particular que pasan la vida con grandísimo consuelo, de que había cabido gran parte a esta sierva de Dios, la cual vivía con mucha confianza de las divinas misericordias, no para descuidarse un punto, sino para hacer muy grandes veras de la salvación de su alma. Decía muchas veces: “Yo he de gozar de la vista de la Majestad divina y he de pisar la hermosura de las estre- [146] llas que parecen”, y decíalo con tan grande alegría como si ya hubiera tomado puerto y puesto fin a los peligros, “que se acaban con la muerte”. Algunas cosas dijo que habían de suceder en beneficio de su convento, que salieron muy ciertas. Murió con tan grande alegría que se podía decir más tránsito que muerte su fallecimiento. Murió de cincuenta años.