Diferencia entre revisiones de «Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de 1610»

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'''Capítulo XIII'''
==Capítulo XIII==


'''Cómo el Espíritu Santo habló trece años por la boca de santa Juana, y del don de lenguas que la dio'''
'''Cómo el Espíritu Santo habló trece años por la boca de santa Juana, y del don de lenguas que la dio'''
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Las religiosas que escribieron este libro fueron: la madre soror María Evangelista —y esta la que más escribió, y a quien sin saber leer ni escribir dio nuestro Señor esta gracia, según que adelante veremos—; soror Catalina de San Francisco se llamó la segunda, y soror Catalina de los Mártires la tercera, de lo cual hay tradición y es pública voz y fama en el Monasterio de la Cruz ''[329]''. Y monjas ancianas que hoy viven y conocieron a la dicha soror María Evangelista, y se lo oyeron contar muchas veces; y el libro —como preciosa reliquia— se guarda en el mismo convento. Y aunque de ley común y ordinaria —como parece por muchos derechos y concilios de la Iglesia ''[330]''— no pueden las mujeres predicar, y, por consiguiente, ni merecer la aureola de dotores de vida a los que predican o enseñan la virtud, por haberlo hecho santa [62r] Juana con particular asistencia del Espíritu Santo, que la concedió esta singular prerrogativa, gozará en el Cielo las dos aureolas, de virgen y de dotor, merecidas por su predicación y virginidad, y así la suelen pintar con una palma en la mano y dos coronas en ella ''[331]''.
Las religiosas que escribieron este libro fueron: la madre soror María Evangelista —y esta la que más escribió, y a quien sin saber leer ni escribir dio nuestro Señor esta gracia, según que adelante veremos—; soror Catalina de San Francisco se llamó la segunda, y soror Catalina de los Mártires la tercera, de lo cual hay tradición y es pública voz y fama en el Monasterio de la Cruz ''[329]''. Y monjas ancianas que hoy viven y conocieron a la dicha soror María Evangelista, y se lo oyeron contar muchas veces; y el libro —como preciosa reliquia— se guarda en el mismo convento. Y aunque de ley común y ordinaria —como parece por muchos derechos y concilios de la Iglesia ''[330]''— no pueden las mujeres predicar, y, por consiguiente, ni merecer la aureola de dotores de vida a los que predican o enseñan la virtud, por haberlo hecho santa [62r] Juana con particular asistencia del Espíritu Santo, que la concedió esta singular prerrogativa, gozará en el Cielo las dos aureolas, de virgen y de dotor, merecidas por su predicación y virginidad, y así la suelen pintar con una palma en la mano y dos coronas en ella ''[331]''.


'''Capítulo XIV'''
==Capítulo XIV==


'''Cómo Nuestro Señor dio el sentimiento de sus llagas a santa Juana, y el apóstol san Pedro la sanó estando sorda'''
'''Cómo Nuestro Señor dio el sentimiento de sus llagas a santa Juana, y el apóstol san Pedro la sanó estando sorda'''
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Aunque el Señor regalaba tanto a su esposa, y la había adornado con las señales de su sagrada Pasión, siempre la tenía sorda, y en tanta sinceridad como si fuera una criatura de un año, y esto era grandísimo desconsuelo, no solo para las religiosas de su casa, sino [66v] también para las personas de fuera, que la venían a comunicar, y consolarse con ella. Y así rogaban al Señor la restituyese el oír por la falta que las hacía. Oyó la Divina Majestad sus oraciones, y apareciéndose a su esposa día de santa Clara ''[347]''—habiendo seis meses que la tenía sorda— inspiró en ella el Espíritu Santo, mediante su celestial soplo, y hizo un maravilloso sermón en presencia de muchas gentes, y declarando grandes misterios dijo que la había ensordecido porque tuviese más recogidos los sentidos y pensamientos en Su Divina Majestad, y no en otra cosa de la Tierra, y que por haber sido importunado de muchos, le aplacía de sanarla. Y acabando el sermón, antes que la santa tornase en sus sentidos, se le apareció el glorioso san Pedro y poniéndola los dedos en los oídos y haciendo sobre ella la señal de la cruz, la restituyó el oír y quedó sana, y ella y las religiosas dando muchas gracias a Dios por la merced recebida y haber oído sus oraciones ''[348]''.
Aunque el Señor regalaba tanto a su esposa, y la había adornado con las señales de su sagrada Pasión, siempre la tenía sorda, y en tanta sinceridad como si fuera una criatura de un año, y esto era grandísimo desconsuelo, no solo para las religiosas de su casa, sino [66v] también para las personas de fuera, que la venían a comunicar, y consolarse con ella. Y así rogaban al Señor la restituyese el oír por la falta que las hacía. Oyó la Divina Majestad sus oraciones, y apareciéndose a su esposa día de santa Clara ''[347]''—habiendo seis meses que la tenía sorda— inspiró en ella el Espíritu Santo, mediante su celestial soplo, y hizo un maravilloso sermón en presencia de muchas gentes, y declarando grandes misterios dijo que la había ensordecido porque tuviese más recogidos los sentidos y pensamientos en Su Divina Majestad, y no en otra cosa de la Tierra, y que por haber sido importunado de muchos, le aplacía de sanarla. Y acabando el sermón, antes que la santa tornase en sus sentidos, se le apareció el glorioso san Pedro y poniéndola los dedos en los oídos y haciendo sobre ella la señal de la cruz, la restituyó el oír y quedó sana, y ella y las religiosas dando muchas gracias a Dios por la merced recebida y haber oído sus oraciones ''[348]''.


'''Capítulo XV'''
==Capítulo XV==


'''Cómo santa Juana fue electa abadesa, y de un muerto que resucitó y otros milagros que hizo'''
'''Cómo santa Juana fue electa abadesa, y de un muerto que resucitó y otros milagros que hizo'''
Línea 403: Línea 403:
A una niña con mal de corazón dio salud, haciendo sobre ella la señal de la cruz. Y al confesor del convento, estando enfermo de rabia, sanó santiguándole la comida ''[362]''. Y semejantes a estos hizo otros milagros en la cura de los enfermos y en aparecer muchas cosas perdidas que se le encomendaban.
A una niña con mal de corazón dio salud, haciendo sobre ella la señal de la cruz. Y al confesor del convento, estando enfermo de rabia, sanó santiguándole la comida ''[362]''. Y semejantes a estos hizo otros milagros en la cura de los enfermos y en aparecer muchas cosas perdidas que se le encomendaban.


'''Capítulo XVI'''
==Capítulo XVI==


'''De la manera que se juzgan algunas almas en la otra vida, y de las penas de Purgatorio'''
'''De la manera que se juzgan algunas almas en la otra vida, y de las penas de Purgatorio'''
Línea 423: Línea 423:
Estando una vez elevada santa Juana, la llevó el ángel de su guarda al Purgatorio, donde conoció ciertas ánimas por quien rogaba, y entre ellas la de un hombre conocido suyo que los demonios la tenían atada pies arriba y cabeza abajo, y dándola cruelísimos tormentos, disparaban en ella muchos arcabuces y tiros de artillería, y con destrales ''[391]'' y hachas de hierro ardiendo despedazaban todos sus miembros, y los hacían tajadas tan menudas como sal, y en cada una dellas esta- [76r] ba el ánima entera, padeciendo grandes tormentos. Y, llegándose a ella un espantoso dragón, que con sus garras y uñas apañó todos aquellos pedazos con mucha rabia y crueldad, estrujándolos entre las manos, los metió en la boca, y mascándolos ''[392]'' ''fuertemente los tornó a juntar y comió. Y luego la vomitó el dragón y el alma volvió en su ser como de antes, pero apenas la hubo lanzado por la boca, cuando llegaron otros tan fieros y espantosos como él, y haciendo cruel presa della, tiraban unos de una parte y otros de otra tan reciamente que la despedazaron por mil partes, y se la comieron a bocados, y luego volvió a parecer entera, como de primero lo estaba. Y llegaban otros demonios, y la azotaban con vergas de hierro, y de que estos estaban cansados, llegaban otros y la atormentaban de nuevo, y desta manera, no tenían fin las penas y dolores de aquella [76v] alma. (''(Algunas veces los demonios atormentan las ánimas en el Purgatorio, como consta desta revelación y de otras muchas hechas a particulares santos, y en especial de una hecha a san Bernardo [393] [394]. Y el venerable Beda [395] y Dionisio Cartusiano [396] refieren algunas revelaciones muy semejantes a esta. Y entre los teólogos, el Maestro de las sentencias expresamente afirma en el libro 4, distinción 44, que los demonios son los que atormentan las ánimas en el Purgatorio, aunque yo pienso que el Maestro de las sentencias y todos estos santos en sus revelaciones hablan de casos particulares, como este de santa Juana, porque según santo Tomás [397] y Escoto [398], ni los ángeles, ni demonios atormentan las ánimas en Purgatorio, sino solamente la divina justicia, mediante el fuego del Purgatorio, que es el mismo del Infierno) [399]''. Volvió santa Juana deste rapto muy triste, y derramando tantas lágrimas que las monjas, compadeciéndose della, le rogaron les contase la causa de su tristeza, y la santa virgen, porque encomendasen a Dios a aquella alma, dijo: “¡Ay, ay!” —dando un grito muy lastimoso—. “Si supiesen las gentes lo que padecen las almas en la otra vida, no ofenderían a Dios, ni harían tantos pecados como hacen, porque son aquellas penas mayores que cuantas en este mundo se pueden padecer”. Y entonces contó lo que había visto, y nunca desamparó aquella alma, ni dejó de rogar a Dios por ella hasta que la sacó de penas de Purgatorio. (''Son tan grandes y crueles las penas de Purgatorio que sobrepujan y exceden a todos los tormentos que se pueden padecer en esta vida [400], por lo cual se deben temer mucho y considerar que se padecen por pecados veniales, y que dice san Vicente Ferrer que una alma estuvo un año entero en Purgatorio padeciendo estas rigurosísimas penas, solo por un pecado venial [401]) [402]''. Un día de cuaresma, estando muy enferma esta santa virgen, se fueron a consolar con ella otras religiosas enfermas que andaban convalecientes, y estando hablando con ellas se arrobó, y tornó deste rapto tan alegre que las monjas que lo vieron le preguntaron la causa de su extraordinaria alegría, y ella, por el gusto de las enfermas, dijo: “Vi a la Reina del Cielo, que con [77r] grande gloria y majestad, acompañada de muchos ángeles y del glorioso san Juan Evangelista, y san Lázaro y sus santas hermanas Marta y María, bajaba al Purgatorio, y pasando por donde yo estaba, mirándome la clementísima Señora, dijo: ‘Amiga, vente con nosotros’. Y fue el Señor servido, por su gran misericordia, que desta vez sacase Nuestra Señora trecientas mil almas de Purgatorio, con las cuales se volvió al cielo, y a mí, como pecadora, me tornó mi santo ángel a este miserable cuerpo, a padecer en él tantos dolores como por mis pecados padezco, mas todos se me convierten en particular gozo y descanso cuando veo salir alguna ánima de Purgatorio. Y desto es tan grande mi alegría que ni lo sé decir, ni es en mi mano poderlo disimular” ''[403]''.
Estando una vez elevada santa Juana, la llevó el ángel de su guarda al Purgatorio, donde conoció ciertas ánimas por quien rogaba, y entre ellas la de un hombre conocido suyo que los demonios la tenían atada pies arriba y cabeza abajo, y dándola cruelísimos tormentos, disparaban en ella muchos arcabuces y tiros de artillería, y con destrales ''[391]'' y hachas de hierro ardiendo despedazaban todos sus miembros, y los hacían tajadas tan menudas como sal, y en cada una dellas esta- [76r] ba el ánima entera, padeciendo grandes tormentos. Y, llegándose a ella un espantoso dragón, que con sus garras y uñas apañó todos aquellos pedazos con mucha rabia y crueldad, estrujándolos entre las manos, los metió en la boca, y mascándolos ''[392]'' ''fuertemente los tornó a juntar y comió. Y luego la vomitó el dragón y el alma volvió en su ser como de antes, pero apenas la hubo lanzado por la boca, cuando llegaron otros tan fieros y espantosos como él, y haciendo cruel presa della, tiraban unos de una parte y otros de otra tan reciamente que la despedazaron por mil partes, y se la comieron a bocados, y luego volvió a parecer entera, como de primero lo estaba. Y llegaban otros demonios, y la azotaban con vergas de hierro, y de que estos estaban cansados, llegaban otros y la atormentaban de nuevo, y desta manera, no tenían fin las penas y dolores de aquella [76v] alma. (''(Algunas veces los demonios atormentan las ánimas en el Purgatorio, como consta desta revelación y de otras muchas hechas a particulares santos, y en especial de una hecha a san Bernardo [393] [394]. Y el venerable Beda [395] y Dionisio Cartusiano [396] refieren algunas revelaciones muy semejantes a esta. Y entre los teólogos, el Maestro de las sentencias expresamente afirma en el libro 4, distinción 44, que los demonios son los que atormentan las ánimas en el Purgatorio, aunque yo pienso que el Maestro de las sentencias y todos estos santos en sus revelaciones hablan de casos particulares, como este de santa Juana, porque según santo Tomás [397] y Escoto [398], ni los ángeles, ni demonios atormentan las ánimas en Purgatorio, sino solamente la divina justicia, mediante el fuego del Purgatorio, que es el mismo del Infierno) [399]''. Volvió santa Juana deste rapto muy triste, y derramando tantas lágrimas que las monjas, compadeciéndose della, le rogaron les contase la causa de su tristeza, y la santa virgen, porque encomendasen a Dios a aquella alma, dijo: “¡Ay, ay!” —dando un grito muy lastimoso—. “Si supiesen las gentes lo que padecen las almas en la otra vida, no ofenderían a Dios, ni harían tantos pecados como hacen, porque son aquellas penas mayores que cuantas en este mundo se pueden padecer”. Y entonces contó lo que había visto, y nunca desamparó aquella alma, ni dejó de rogar a Dios por ella hasta que la sacó de penas de Purgatorio. (''Son tan grandes y crueles las penas de Purgatorio que sobrepujan y exceden a todos los tormentos que se pueden padecer en esta vida [400], por lo cual se deben temer mucho y considerar que se padecen por pecados veniales, y que dice san Vicente Ferrer que una alma estuvo un año entero en Purgatorio padeciendo estas rigurosísimas penas, solo por un pecado venial [401]) [402]''. Un día de cuaresma, estando muy enferma esta santa virgen, se fueron a consolar con ella otras religiosas enfermas que andaban convalecientes, y estando hablando con ellas se arrobó, y tornó deste rapto tan alegre que las monjas que lo vieron le preguntaron la causa de su extraordinaria alegría, y ella, por el gusto de las enfermas, dijo: “Vi a la Reina del Cielo, que con [77r] grande gloria y majestad, acompañada de muchos ángeles y del glorioso san Juan Evangelista, y san Lázaro y sus santas hermanas Marta y María, bajaba al Purgatorio, y pasando por donde yo estaba, mirándome la clementísima Señora, dijo: ‘Amiga, vente con nosotros’. Y fue el Señor servido, por su gran misericordia, que desta vez sacase Nuestra Señora trecientas mil almas de Purgatorio, con las cuales se volvió al cielo, y a mí, como pecadora, me tornó mi santo ángel a este miserable cuerpo, a padecer en él tantos dolores como por mis pecados padezco, mas todos se me convierten en particular gozo y descanso cuando veo salir alguna ánima de Purgatorio. Y desto es tan grande mi alegría que ni lo sé decir, ni es en mi mano poderlo disimular” ''[403]''.


'''Capítulo XVII'''
==Capítulo XVII==


'''Cómo reveló Dios a santa Juana que muchas ánimas penaban en guijarros, y de cosas maravillosas que con ellas le sucedieron'''
'''Cómo reveló Dios a santa Juana que muchas ánimas penaban en guijarros, y de cosas maravillosas que con ellas le sucedieron'''
Línea 447: Línea 447:
[83v]
[83v]


'''Capítulo XVIII'''
==Capítulo XVIII==


'''De los trabajos y enfermedades con que probó Dios a santa Juana, y de su grande paciencia'''
'''De los trabajos y enfermedades con que probó Dios a santa Juana, y de su grande paciencia'''
Línea 475: Línea 475:
Pasados nueve meses que estuvo santa Juana y todo el convento sufriendo malos tratamientos de su vicaria —que había quedado por presidenta del convento—, volvió el prelado a él y eligió por abadesa a la misma que había sido la causa de todas estas discordias, tan obstinada contra la santa que nunca se quiso aplacar por ningún servicio de los muchos que le hacía: Siempre estaba con aquella mala voluntad, y la santa virgen, que la amaba más que a sí, tomó tan a pechos la salvación de su alma, y con tantas lágrimas rogaba a Dios se compadeciese della, que fue oída y ablandó Nuestro Señor su duro y obstinado corazón ''[467]'', aunque por sus justos juicios murió de un dolor de costado sin haber gozado del oficio de abadesa [90v] más que solos diez meses. Y reconociendo su culpa en esta última enfermedad, la lloró y públicamente pidió perdón a santa Juana y a las demás religiosas de los agravios que les había hecho y malos ejemplos que había dado. Y renunciando el oficio de abadesa, murió recebidos todos los sacramentos con mucha contrición y arrepentimiento.
Pasados nueve meses que estuvo santa Juana y todo el convento sufriendo malos tratamientos de su vicaria —que había quedado por presidenta del convento—, volvió el prelado a él y eligió por abadesa a la misma que había sido la causa de todas estas discordias, tan obstinada contra la santa que nunca se quiso aplacar por ningún servicio de los muchos que le hacía: Siempre estaba con aquella mala voluntad, y la santa virgen, que la amaba más que a sí, tomó tan a pechos la salvación de su alma, y con tantas lágrimas rogaba a Dios se compadeciese della, que fue oída y ablandó Nuestro Señor su duro y obstinado corazón ''[467]'', aunque por sus justos juicios murió de un dolor de costado sin haber gozado del oficio de abadesa [90v] más que solos diez meses. Y reconociendo su culpa en esta última enfermedad, la lloró y públicamente pidió perdón a santa Juana y a las demás religiosas de los agravios que les había hecho y malos ejemplos que había dado. Y renunciando el oficio de abadesa, murió recebidos todos los sacramentos con mucha contrición y arrepentimiento.


'''Capítulo XIX'''
==Capítulo XIX==


'''Cómo el ángel de la guarda mandó a santa Juana que escribiese las cosas que el Señor la revelaba, y de su gloriosa muerte'''
'''Cómo el ángel de la guarda mandó a santa Juana que escribiese las cosas que el Señor la revelaba, y de su gloriosa muerte'''
Línea 489: Línea 489:
Sábado de mañana llegó el médico, y dijo a la santa enferma: “Paréceme, madre, que se nos va al Cielo. Díganos: ¿quién le acompaña en ese camino?”. “Mi Señor, la Virgen María, y mi ángel, y mis ángeles y mis santos”, respondió la santa virgen. Y púsosele luego el rostro tan resplandeciente y hermoso como cuando solía estar en los raptos ''[480]''. Y habiendo tenido hasta aquel punto muy mal olor de boca, causado de su enfermedad, desde entonces salía della tal suavidad y fragrancia que parecía cosa del Cielo. Y de allí a un rato con nuevo fervor y espíritu, como si hablara con otras personas, dijo: “¡Albricias, dadme albricias hasta los zapatos!”. Y esto decía con tanta alegría que juzgaron los que allí estaban que su celestial Esposo adornaba ya aquella santa [96r] alma con las joyas de su desposorio. Quedó la santa virgen llena de aquel suave olor, y su rostro muy resplandeciente, y los labios encarnados como coral, y así estuvo en este ser, sin hablar palabra desde el sábado en la tarde hasta el domingo después de Vísperas, día de la Invención de la Cruz ''[481]''. Y este dichoso día a las seis de la tarde, leyéndole la Pasión, dio a su celestial Esposo el alma año de 1534, a los 53 de su edad y a los 38 de su conversión a la Orden.
Sábado de mañana llegó el médico, y dijo a la santa enferma: “Paréceme, madre, que se nos va al Cielo. Díganos: ¿quién le acompaña en ese camino?”. “Mi Señor, la Virgen María, y mi ángel, y mis ángeles y mis santos”, respondió la santa virgen. Y púsosele luego el rostro tan resplandeciente y hermoso como cuando solía estar en los raptos ''[480]''. Y habiendo tenido hasta aquel punto muy mal olor de boca, causado de su enfermedad, desde entonces salía della tal suavidad y fragrancia que parecía cosa del Cielo. Y de allí a un rato con nuevo fervor y espíritu, como si hablara con otras personas, dijo: “¡Albricias, dadme albricias hasta los zapatos!”. Y esto decía con tanta alegría que juzgaron los que allí estaban que su celestial Esposo adornaba ya aquella santa [96r] alma con las joyas de su desposorio. Quedó la santa virgen llena de aquel suave olor, y su rostro muy resplandeciente, y los labios encarnados como coral, y así estuvo en este ser, sin hablar palabra desde el sábado en la tarde hasta el domingo después de Vísperas, día de la Invención de la Cruz ''[481]''. Y este dichoso día a las seis de la tarde, leyéndole la Pasión, dio a su celestial Esposo el alma año de 1534, a los 53 de su edad y a los 38 de su conversión a la Orden.


'''Capítulo XX'''
==Capítulo XX==


'''De algunos milagros que Nuestro Señor obró por los méritos de la gloriosa santa Juana, y de la incorruptibilidad de su cuerpo'''
'''De algunos milagros que Nuestro Señor obró por los méritos de la gloriosa santa Juana, y de la incorruptibilidad de su cuerpo'''
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[h. 1r]
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===Tabla de los capítulos desta historia de la vida y milagros de santa Juana===
==Tabla de los capítulos desta historia de la vida y milagros de santa Juana==


Capítulo I. De la fundación del monasterio de santa María de la Cruz, y de nueve veces que se apareció Nuestra Señora a una pastorcica natural de Cubas. Folio I.
Capítulo I. De la fundación del monasterio de santa María de la Cruz, y de nueve veces que se apareció Nuestra Señora a una pastorcica natural de Cubas. Folio I.
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[hs. 2r-3v] [en blanco]
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===Notas===
==Notas==


''[1] ''Reproducimos la '''fe de erratas''' del texto base, aunque en esta edición han sido corregidas las erratas originales.  
''[1] ''Reproducimos la '''fe de erratas''' del texto base, aunque en esta edición han sido corregidas las erratas originales.