Diferencia entre revisiones de «Catalina de San Juan»

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Con esto era amada de todas tiernamente; afirman también della que jamás se halló en palabra suya mentira, ni vuelta de hoja, sino una verdad constatadísima, gran pureza y sencillez cristiana, porque hay muchos que, aunque no mienten, dicen unas verdades tan cautelosas artizadas o disfrazadas que parecen a los oráculos de Delphos, y alguna vez sería menos daño decir alguna mentira que estas verdades tan albardadas o emborrizadas: la verdad ama mucho la claridad y la desnudez, y la que no es así, no es verdad. No consintió jamás que en su presencia se murmurase del au-[511] sente, antes quería que, por la misma razón de ausente, se hablase bien de todos, y por esto aborrecía a las que vía que eran inclinadas y no se iban a la mano en este defeto. Si discurriese por todas sus virtudes sería largo: su mansedumbre, benignidad y sufrimiento fue extremado, porque, aunque algunas veces venía alguna religiosa o con más brío o menos modestia de la que era razón (no puede faltar algo desto entre tantas y en tanto tiempo) no fue parte para sacarla de su paso, ni alterar aquella igualdad de ánimo que Dios puso en ella: decía que no era mucho sufrir y pasar algo desto a quien considerase lo que el único Señor y Maestro sufrió por enseñarnos a ser piadosos y sufridos con nuestros hermanos.
Con esto era amada de todas tiernamente; afirman también della que jamás se halló en palabra suya mentira, ni vuelta de hoja, sino una verdad constatadísima, gran pureza y sencillez cristiana, porque hay muchos que, aunque no mienten, dicen unas verdades tan cautelosas artizadas o disfrazadas que parecen a los oráculos de Delphos, y alguna vez sería menos daño decir alguna mentira que estas verdades tan albardadas o emborrizadas: la verdad ama mucho la claridad y la desnudez, y la que no es así, no es verdad. No consintió jamás que en su presencia se murmurase del au-[511] sente, antes quería que, por la misma razón de ausente, se hablase bien de todos, y por esto aborrecía a las que vía que eran inclinadas y no se iban a la mano en este defeto. Si discurriese por todas sus virtudes sería largo: su mansedumbre, benignidad y sufrimiento fue extremado, porque, aunque algunas veces venía alguna religiosa o con más brío o menos modestia de la que era razón (no puede faltar algo desto entre tantas y en tanto tiempo) no fue parte para sacarla de su paso, ni alterar aquella igualdad de ánimo que Dios puso en ella: decía que no era mucho sufrir y pasar algo desto a quien considerase lo que el único Señor y Maestro sufrió por enseñarnos a ser piadosos y sufridos con nuestros hermanos.


Una cosa de particular excelencia refieren della: que, con ser de tan claro y caudaloso entendimiento para gobierno de sus súbditas y del estado espiritual, para las del mundo padecía una santa ignorancia, y no sabía más dellas que cuando era niña en los brazos de su tía: argumento claro de cuán poco se le dio de cuanto hay en la tierra, como cosa que no le hacía al caso para la vida del alma que iba buscando.
Una cosa de particular excelencia refieren della: que, con ser de tan claro y caudaloso entendimiento para gobierno de sus súbditas y del estado espiritual, para las del mundo padecía una santa ignorancia, y no sabía más dellas que cuando era niña en los brazos de su tía: argumento claro [de] cuán poco se le dio de cuanto hay en la tierra, como cosa que no le hacía al caso para la vida del alma que iba buscando.


En su presencia no se había de oír palabras vanas, de risa, de donaires y chistes, y otras cosas que llaman agudezas o vivezas, que en los monasterios suelen ser de no pequeño inconveniente y daño; todo quería que estuviese lleno de espíritu, santidad, modestia, porque el Esposo no se ofendiese viendo en sus esposas alguna nota de fealdad y menos recato de honestidad virginal. Tenía en su compañía una sobrinica que la crio desde niña de tres años, de quien se concebían ya grandes esperanzas; llevósela nuestro Señor, y fue uno de los recios, entre otros, que en esta vida tuvo: harta parte para acortarle la salud, y aun la vida, pues dentro de tres meses se fue a tenerla compañía siendo de setenta años.
En su presencia no se había de oír palabras vanas, de risa, de donaires y chistes, y otras cosas que llaman agudezas o vivezas, que en los monasterios suelen ser de no pequeño inconveniente y daño; todo quería que estuviese lleno de espíritu, santidad, modestia, porque el Esposo no se ofendiese viendo en sus esposas alguna nota de fealdad y menos recato de honestidad virginal. Tenía en su compañía una sobrinica que la crio desde niña de tres años, de quien se concebían ya grandes esperanzas; llevósela nuestro Señor, y fue uno de los recios, entre otros, que en esta vida tuvo: harta parte para acortarle la salud, y aun la vida, pues dentro de tres meses se fue a tenerla compañía siendo de setenta años.