Diferencia entre revisiones de «Catalina de Santa Clara y Oscos»
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'''De algunas religiosas ejemplares del monasterio de San Antonio de la ciudad de Baeza''' | '''De algunas religiosas ejemplares del monasterio de San Antonio de la ciudad de Baeza''' | ||
[…] Sor Catalina de Santa Clara y Oscos fue natural de Baeza ''[1]'', hija de padres nobles; tomó el hábito de edad de catorce años, con tanto ímpetu de espíritu y fervor que, en el noviciado, le mandó muchas veces por obediencia la maestra dejase de hacer algunas mortificaciones, porque se alargaba mucho más de lo que sus fuerzas alcanzaban. Profesó y, desde aquel día, se vistió una áspera túnica, andaba descalza de pie y pierna, y, considerando los destemplados fríos de aquella región, le mandaba la abadesa ponerse unas suelas el i[n]vierno; buscábalas ella de esparto y se las ataba con una tomiza, cumpliendo el precepto de esta forma. | […] | ||
Sor Catalina de Santa Clara y Oscos fue natural de Baeza ''[1]'', hija de padres nobles; tomó el hábito de edad de catorce años, con tanto ímpetu de espíritu y fervor que, en el noviciado, le mandó muchas veces por obediencia la maestra dejase de hacer algunas mortificaciones, porque se alargaba mucho más de lo que sus fuerzas alcanzaban. Profesó y, desde aquel día, se vistió una áspera túnica, andaba descalza de pie y pierna, y, considerando los destemplados fríos de aquella región, le mandaba la abadesa ponerse unas suelas el i[n]vierno; buscábalas ella de esparto y se las ataba con una tomiza, cumpliendo el precepto de esta forma. | |||
Siendo presidenta, atendía a las cosas humildes de la comunidad, limpiaba los caños con sus propias manos y hacía otras mortificaciones, no siendo la menor el guardar silencio perpetuo. Sucedió en este tiempo que, reprehendiendo a una religiosa, le respondió con descaro que era una hipócrita, que la dejase, y, al oírlo, se arrojó en tierra para besarle los pies y le dijo: “Hermana, tú eres la mejor amiga, pues, para que me enmiende, me adviertes de mis faltas” ''[2]''. | Siendo presidenta, atendía a las cosas humildes de la comunidad, limpiaba los caños con sus propias manos y hacía otras mortificaciones, no siendo la menor el guardar silencio perpetuo. Sucedió en este tiempo que, reprehendiendo a una religiosa, le respondió con descaro que era una hipócrita, que la dejase, y, al oírlo, se arrojó en tierra para besarle los pies y le dijo: “Hermana, tú eres la mejor amiga, pues, para que me enmiende, me adviertes de mis faltas” ''[2]''. | ||