Diferencia entre revisiones de «Inés de Santa Catarina»
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Y como la santa madre María de Ajofrín amase mucho a esta su sobrina y desease su aprovechamiento espiritual, se lo pidió muy de veras y continuamente a Nuestro Señor que la hiciese su sierva. Y estando en esta oración la santa mujer, fuele revelado por su consolación que su sobrina había de tener siete grados de gloria más que la misma María de Ajofrín, de lo cual [p. 223] ella fue muy consolada en su ánima. Y alababa siempre a Dios por la largueza y magnificiencia tan grande del Señor que para todos tiene, a todos da y con todos hace misericordia por santo y benditísimo nombre. | Y como la santa madre María de Ajofrín amase mucho a esta su sobrina y desease su aprovechamiento espiritual, se lo pidió muy de veras y continuamente a Nuestro Señor que la hiciese su sierva. Y estando en esta oración la santa mujer, fuele revelado por su consolación que su sobrina había de tener siete grados de gloria más que la misma María de Ajofrín, de lo cual [p. 223] ella fue muy consolada en su ánima. Y alababa siempre a Dios por la largueza y magnificiencia tan grande del Señor que para todos tiene, a todos da y con todos hace misericordia por santo y benditísimo nombre. | ||
Esta sierva de Dios Inés de Santa Catalina, desde sus principios, tuvo gran virtud y fue siempre creciendo en día en día por lo cual el demonio, nuestro adversario que siempre procura estorbar y contradecir a la virtud, teniendo gran envidia de la santidad de esta sierva de Dios, trabajaba mucho por estorbarla | Esta sierva de Dios Inés de Santa Catalina, desde sus principios, tuvo gran virtud y fue siempre creciendo en día en día por lo cual el demonio, nuestro adversario que siempre procura estorbar y contradecir a la virtud, teniendo gran envidia de la santidad de esta sierva de Dios, trabajaba mucho por estorbarla [y], poniéndola[s] muchas tentaciones y procurándola grandes trabajos, tanto que acaecía muchas veces mostrá[r]sele y ponérsele delante en diversas figuras y maneras: unas veces de león, otras de perro, y en otras maneras más espantable y feo. Y mayormente cuando esta sierva de Dios se quedaba sola en el coro, puesta en oración, la perseguía allí más con sus espantos tanto que muchas veces salía de sí y quedaba [p. 224] como muerta. Y de esta manera fue muy atormentada del demonio, lo cual parece que, en medio de esto, era muy continia ''[1]'' en la santa oración, y siempre estaba en el coro, de día y de noche, porque muchas veces se estaba en oración hasta el día, porque muy pocas noches se acostaba en cama, y si algún rato se echaba, era vestida; y de tal manera vivía sin dar más regalo a su cuerpo. Y el mismo rigor tenía en los ayunos, porque nunca comía carne ni aun en enfermedad por muy grave que fuese. Y en la cuaresma y en todos los viernes del año nunca comía sino pan y agua, o cuanto más algunas pasas. Sus comuniones eran muy frecuentes y con grandísima devoción. Y en los días que comulgaba guardaba con más rigor el silencio y el ayuno del manjar corporal, porque apenas comía pan y agua. Y en su última edad comulgaba cada tercer día, porque eran grandes [p. 225] las mercedes que de el Señor recibía y los beneficio[s] que esta sagrada hostia la comunicaba. Y así la santa mujer, traída y convidada con tantos gustos y bienes espirituales, llegábase a menudo a la santa comunión y, en acabando de recibir a nuestro Señor, eran tantos los gemidos y los movimientos de su ánima que daban a entender el sentimiento y efecto que en ella hacía el soberano Señor. Y en los días de comunión nunca salía del coro. | ||
Ocurrió una vez una cosa maravillosa y digna de memoria, que estando esta santa mujer en el coro con las demás religiosas que iban todas a comulgar, trayendo el sacerdote a Nuestro Señor para darlas la comunión, vio la sierva de Dios cómo, en un paño que traían delante de Nuestro Señor, venían escritas con letras de oro las palabras siguientes: “''Hec requien [2] mea in seculum seculi''”. | Ocurrió una vez una cosa maravillosa y digna de memoria, que estando esta santa mujer en el coro con las demás religiosas que iban todas a comulgar, trayendo el sacerdote a Nuestro Señor para darlas la comunión, vio la sierva de Dios cómo, en un paño que traían delante de Nuestro Señor, venían escritas con letras de oro las palabras siguientes: “''Hec requien [2] mea in seculum seculi''”. | ||