Diferencia entre revisiones de «Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de 1610»

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Fray Antonio Daza
Fray Antonio Daza


[¶¶¶3r] '''Prólogo y advertencias al letor, donde se declara qué cosa sea visión, éxtasis, raptos y otras cosas importantísimas para el entendimiento desta historia'''
[¶¶¶3r] ==Prólogo y advertencias al letor, donde se declara qué cosa sea visión, éxtasis, raptos y otras cosas importantísimas para el entendimiento desta historia==


Con lenguas de serafines y espíritu del Cielo, quisiera manifestar al mundo las cosas tan soberanas que para honra y gloria suya depositó Dios en su fiel y devota esposa santa Juana de la Cruz, con quien alargó tanto la mano de sus misericordias que por ser tan singulares piden singular atención para leerlas y particular devoción para escribirlas, y para tenerla yo y el acierto que deseo después de haber visitado su santo cuerpo y los lugares donde nació, vivió y murió la santa, y buscado con particular cuidado los más verdaderos papeles que se han podido haber para escribir su vida, sigo seis informaciones auténticas y un libro de mano muy antiguo ''[59]'' que —ditándole la [¶¶¶3v] misma santa por mandado del ángel de su guarda— escribió una discípula suya llamada soror María Evangelista, a quien milagrosamente para este efeto dio el Señor gracia de leer y escribir, porque antes no lo sabía, según que con muchos testigos está probado, y que después de muerta esta bendita religiosa apareció a otra en el coro vestida de resplandor y con un libro de oro abierto en sus manos, que es el mismo que escribió de las cosas de la gloriosa santa Juana. (''Estas informaciones y libro están en el archivo del convento de la Cruz'') ''[59]''. Y a toda esta autoridad, con ser tan grande, se añade otra no menor que es el milagro de la incorruptibilidad de su cuerpo, visto por mis ojos y tratado por mis manos cuando esto escribo, que está incorrupto, entero y de lindo olor, según que a honra y gloria de Dios más largamente lo diremos adelante ''[60]''.
Con lenguas de serafines y espíritu del Cielo, quisiera manifestar al mundo las cosas tan soberanas que para honra y gloria suya depositó Dios en su fiel y devota esposa santa Juana de la Cruz, con quien alargó tanto la mano de sus misericordias que por ser tan singulares piden singular atención para leerlas y particular devoción para escribirlas, y para tenerla yo y el acierto que deseo después de haber visitado su santo cuerpo y los lugares donde nació, vivió y murió la santa, y buscado con particular cuidado los más verdaderos papeles que se han podido haber para escribir su vida, sigo seis informaciones auténticas y un libro de mano muy antiguo ''[59]'' que —ditándole la [¶¶¶3v] misma santa por mandado del ángel de su guarda— escribió una discípula suya llamada soror María Evangelista, a quien milagrosamente para este efeto dio el Señor gracia de leer y escribir, porque antes no lo sabía, según que con muchos testigos está probado, y que después de muerta esta bendita religiosa apareció a otra en el coro vestida de resplandor y con un libro de oro abierto en sus manos, que es el mismo que escribió de las cosas de la gloriosa santa Juana. (''Estas informaciones y libro están en el archivo del convento de la Cruz'') ''[59]''. Y a toda esta autoridad, con ser tan grande, se añade otra no menor que es el milagro de la incorruptibilidad de su cuerpo, visto por mis ojos y tratado por mis manos cuando esto escribo, que está incorrupto, entero y de lindo olor, según que a honra y gloria de Dios más largamente lo diremos adelante ''[60]''.
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[¶¶¶¶4r] '''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen santa Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco'''
[¶¶¶¶4r] '''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen santa Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco'''


'''Capítulo I'''
==Capítulo I==


'''De la fundación del monasterio de Santa María de la Cruz, y de nueve veces que se apareció Nuestra Señora a una pastorcica natural de Cubas'''
'''De la fundación del monasterio de Santa María de la Cruz, y de nueve veces que se apareció Nuestra Señora a una pastorcica natural de Cubas'''
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Tan favorecidos se hallaban los de Cubas con haberles la Madre de Dios visitado nueve [4r] veces, que dentro de un año la hicieron una iglesia con título de Santa María de la Cruz, y en ella la santísima Virgen hizo tantos milagros que pasan de setenta y seis los que por ante escribano y notario público se hallan comprobados. (''La información destos milagros está en el archivo del convento de la Cruz'') ''[98]''. Y entre ellos doce tullidos sanos, ocho libres de manifiesto peligro de muerte y once muertos resucitados. Y a la fama destas maravillas y aparecimientos de Nuestra Señora, algunas mujeres devotas que había en aquellos lugares en el contorno de Cubas se vinieron a él, y de su pobreza edificaron una casa junto a esta iglesia, la cual después les fue dada con la cruz que Nuestra Señora tuvo en sus manos, y ellas dieron la obediencia a la Orden de nuestro padre San Francisco, y tomando su hábito, profesaron la Tercera Regla. (''Esta cruz se muestra en el Convento'') ''[99]''. Tomole también la pastorcica Inés, y, andando el tiempo, las otras religiosas la eligieron por su cabeza y prelada, por la santidad y virtudes que en ella resplandecían. Mas como el demonio donde halla mayor perfeción procura más la caída, solicitó la destas pobres mujeres, ocasionándolas con algunos tratos y amistades de seglares, de suerte que en breve tiempo desdijeron de aquel buen olor de santidad y virtud en que se habían criado, hasta [4v] salirse del monasterio. Y la triste Inés, que otro tiempo había sido la primera en la virtud, vencida del enemigo, vino también a pervertirse y apostató del convento. Pero, favorecida de la Reina de los Ángeles, hizo penitencia de su pecado y tan buena vida, según se sabe por tradición, que a la hora de su muerte milagrosamente se tañeron las campanas.
Tan favorecidos se hallaban los de Cubas con haberles la Madre de Dios visitado nueve [4r] veces, que dentro de un año la hicieron una iglesia con título de Santa María de la Cruz, y en ella la santísima Virgen hizo tantos milagros que pasan de setenta y seis los que por ante escribano y notario público se hallan comprobados. (''La información destos milagros está en el archivo del convento de la Cruz'') ''[98]''. Y entre ellos doce tullidos sanos, ocho libres de manifiesto peligro de muerte y once muertos resucitados. Y a la fama destas maravillas y aparecimientos de Nuestra Señora, algunas mujeres devotas que había en aquellos lugares en el contorno de Cubas se vinieron a él, y de su pobreza edificaron una casa junto a esta iglesia, la cual después les fue dada con la cruz que Nuestra Señora tuvo en sus manos, y ellas dieron la obediencia a la Orden de nuestro padre San Francisco, y tomando su hábito, profesaron la Tercera Regla. (''Esta cruz se muestra en el Convento'') ''[99]''. Tomole también la pastorcica Inés, y, andando el tiempo, las otras religiosas la eligieron por su cabeza y prelada, por la santidad y virtudes que en ella resplandecían. Mas como el demonio donde halla mayor perfeción procura más la caída, solicitó la destas pobres mujeres, ocasionándolas con algunos tratos y amistades de seglares, de suerte que en breve tiempo desdijeron de aquel buen olor de santidad y virtud en que se habían criado, hasta [4v] salirse del monasterio. Y la triste Inés, que otro tiempo había sido la primera en la virtud, vencida del enemigo, vino también a pervertirse y apostató del convento. Pero, favorecida de la Reina de los Ángeles, hizo penitencia de su pecado y tan buena vida, según se sabe por tradición, que a la hora de su muerte milagrosamente se tañeron las campanas.


'''Capítulo II'''
==Capítulo II==


'''Cómo para restaurar el monasterio envió Dios al mundo a la gloriosa santa Juana, por intercesión de su Santísima Madre'''
'''Cómo para restaurar el monasterio envió Dios al mundo a la gloriosa santa Juana, por intercesión de su Santísima Madre'''
Línea 147: Línea 147:
En este mismo año, estando la bendita niña a la puerta de la casa de su padre, pasando por allí el Santisimo Sacramento, que le llevaban a un enfermo, le adoró y vio sobre el cáliz a Nuestro Señor Jesucristo en forma de niño muy hermoso y resplandeciente ''[106]''. Otro día de la Purificación de Nuestra Señora ''[107]'' oyendo misa, al tiempo que el sacerdote acabó de consagrar la hostia, la vio muy clara y resplan- [7r] deciente, y dentro della a Nuestro Señor Jesucristo ''[108]'', y alrededor de él muchos ángeles; de lo cual la inocentísima criatura no hizo mucho caso por entonces, creyendo que todos veían estas soberanas maravillas y que eran comunes a los demás, porque como era tan humilde, tan inocente y sincera, nunca llegó a su imaginación pensar que tales cosas se obrasen por ella, hasta que el Señor se lo declaró en la manera que adelante veremos.
En este mismo año, estando la bendita niña a la puerta de la casa de su padre, pasando por allí el Santisimo Sacramento, que le llevaban a un enfermo, le adoró y vio sobre el cáliz a Nuestro Señor Jesucristo en forma de niño muy hermoso y resplandeciente ''[106]''. Otro día de la Purificación de Nuestra Señora ''[107]'' oyendo misa, al tiempo que el sacerdote acabó de consagrar la hostia, la vio muy clara y resplan- [7r] deciente, y dentro della a Nuestro Señor Jesucristo ''[108]'', y alrededor de él muchos ángeles; de lo cual la inocentísima criatura no hizo mucho caso por entonces, creyendo que todos veían estas soberanas maravillas y que eran comunes a los demás, porque como era tan humilde, tan inocente y sincera, nunca llegó a su imaginación pensar que tales cosas se obrasen por ella, hasta que el Señor se lo declaró en la manera que adelante veremos.


'''Capítulo III'''
==Capítulo III==


'''De las penitencias que santa Juana hacía siendo niña, y de los fervorosos deseos que tuvo de ser religiosa'''
'''De las penitencias que santa Juana hacía siendo niña, y de los fervorosos deseos que tuvo de ser religiosa'''
Línea 165: Línea 165:
[11r]
[11r]


'''Capítulo IV'''
==Capítulo IV==


'''Cómo santa Juana se salió de su casa en hábito de hombre para ser religiosa, y de los grandes favores que Nuestra Señora la hizo en este camino'''
'''Cómo santa Juana se salió de su casa en hábito de hombre para ser religiosa, y de los grandes favores que Nuestra Señora la hizo en este camino'''
Línea 175: Línea 175:
Llegó también a este tiempo aquel mancebo que la había encontrado en el camino y pretendía casarse con ella; hizo grandes estremos cuando supo de su ausencia, buscándola por muchas partes, y con licencia de su padre y parientes ofreció a la santa que, pues tanto rehusaba volverse con ellos, se fuese con su madre a Illescas, donde estaría muy regalada y servida mientras se componían sus cosas, con seguro de que su padre y parientes vendrían de muy buena gana en ello ''[133]''. Mas la sierva del Señor, con mucha humildad y entereza, satisfizo a estas palabras y alcanzó de sus parientes la dejasen en aquel monasterio de Nuestra Señora, para donde interiormente la llamaba el Espíritu Santo. Viendo estas cosas las religiosas, y la gran devoción [14v] y perseverancia de la humilde y devotisima doncella, se enternecieron de suerte que, con ser por extremo pobres, dijeron no querían más riqueza que tener aquella prenda del Cielo en su casa, y que la recibirían con poco o con mucho dote, de la manera que más a cuento estuviese a su padre. Y ya aplacado algún tanto con esto, y tocado de la poderosa mano del Señor, dijo: “Líbrenos Dios, hija mía, de ir contra la divina voluntad de quien yo sé muy bien que proceden estas tus determinaciones, como lo muestra la mucha perseverancia y paciencia que has tenido, y lo confirma este nuevo hecho de ahora. Yo te doy mi bendición. Da muchas gracias a Dios y él te guíe, que yo de buena voluntad me conformo con la suya”.
Llegó también a este tiempo aquel mancebo que la había encontrado en el camino y pretendía casarse con ella; hizo grandes estremos cuando supo de su ausencia, buscándola por muchas partes, y con licencia de su padre y parientes ofreció a la santa que, pues tanto rehusaba volverse con ellos, se fuese con su madre a Illescas, donde estaría muy regalada y servida mientras se componían sus cosas, con seguro de que su padre y parientes vendrían de muy buena gana en ello ''[133]''. Mas la sierva del Señor, con mucha humildad y entereza, satisfizo a estas palabras y alcanzó de sus parientes la dejasen en aquel monasterio de Nuestra Señora, para donde interiormente la llamaba el Espíritu Santo. Viendo estas cosas las religiosas, y la gran devoción [14v] y perseverancia de la humilde y devotisima doncella, se enternecieron de suerte que, con ser por extremo pobres, dijeron no querían más riqueza que tener aquella prenda del Cielo en su casa, y que la recibirían con poco o con mucho dote, de la manera que más a cuento estuviese a su padre. Y ya aplacado algún tanto con esto, y tocado de la poderosa mano del Señor, dijo: “Líbrenos Dios, hija mía, de ir contra la divina voluntad de quien yo sé muy bien que proceden estas tus determinaciones, como lo muestra la mucha perseverancia y paciencia que has tenido, y lo confirma este nuevo hecho de ahora. Yo te doy mi bendición. Da muchas gracias a Dios y él te guíe, que yo de buena voluntad me conformo con la suya”.


'''Capítulo V'''
==Capítulo V==


'''Cómo santa Juana recibió el hábito, y de algunas cosas que la sucedieron siendo novicia'''
'''Cómo santa Juana recibió el hábito, y de algunas cosas que la sucedieron siendo novicia'''
Línea 185: Línea 185:
Estando la santa novicia elevada en oración —cosa tan ordinaria en ella que desde los pechos de su madre y desde la cuna tuvo muchos éxtasis y raptos, como queda dicho— vio a los gloriosísimos patriarcas, nuestros padres santo Domingo y san Francisco, que muy amorosa y amigablemente contendían sobre a cuál de los dos pertencecía esta bendita criatura. ''[138]'' Decía el bienaventurado santo Domingo que, por haber sido primero llamada a su Orden y pretendida con mucho cuidado de sus frailes y monjas, le pertenecía a él. Nuestro padre san Francisco alegaba en su favor que, por haber tomado el hábito de su Orden y estar tan contenta en ella, era suya y solo a él pertenecía. “Y para mayor prueba desto —dijo el Seráfico Padre—, preguntémoselo a ella, y estemos por lo que dijere”. Mucho se agradó desto el glorioso santo Domingo y, aprobando el concierto, fue el primero que propuso y dijo de esta manera: “Yo, hija mía, digo que eres de mi Orden, porque esta fue tu primera vocación, y mi padre san Francisco dice que eres de la suya. Queremos salir desta duda y estar por lo que tú dijeres. Ves aquí nuestros hábitos, dinos cuál dellos te agrada más: [17r] este blanco es el mío, que significa la santidad y la pureza de la Virgen Nuestra Señora”. Nuestro padre san Francisco la mostró el suyo humilde, desechado y pobre; las manos y pies y costado con sus llagas. Y así como le vio esta alumbrada criatura, dijo: “Destos santísimos hábitos el que más me agrada es el de mi padre san Francisco, por su humildad y pobreza, y por las señales de mi redentor que veo estampadas en él”. Y tomándole en sus manos, le besó con mucho amor y humildad. Y entonces el glorioso santo Domingo, alabando a Dios, dijo a nuestro padre san Francisco, con muestras de grande amor: “No os espantéis, padre santo, que tal joya como esta desease yo para mi Orden. A la vuestra la dio Dios, en quien está bien empleada, y así me huelgo yo mucho que la tengáis y gocéis”. Y con esto desapareció la visión, y santa Juana quedó consoladísima, y de nuevo aficionada a su padre san Francisco y más devota a su hábito. Y por haberle tomado en aquella casa en el día de la Cruz a tres de mayo, tomó el sobrenombre “de la Cruz”, y tan de veras el seguir a Cristo crucificado que su vida de allí adelante fue una cruz tan espantosa al demonio, que, no pudiendo sufrir el que con rabia infer- [17v] nal derribó al primer hombre de la alteza en que Dios le había criado que una mujer niña y flaca le venciese y saliese libre de sus manos, pidió licencia a Dios para ponerlas en ella ''[139]'', y con este salvoconducto, visible y invisiblemente la persiguió y tentó el demonio de mil maneras: azotola muchas veces tan rigurosa y cruelmente que las heridas y señales de los azotes y golpes que la daba le duraban muchos días, alcanzándose unos a otros ''[140]''. ¿Quién podrá decir los malos tratamientos que la hicieron los ministros infernales, que parece andaban a una su persecución y su paciencia? ¿Quién podrá explicar la mortificación y penitencia desta santa? ¿Y la profundidad y alteza de su humildad, con que tan altamente sentía de Dios, y tan vil y bajamente de sí, maravillándose siempre de que encerrase Dios tan grandes tesoros en vaso tan frágil y miserable como ella, que no se hallaba digna de la tierra que pisaba?
Estando la santa novicia elevada en oración —cosa tan ordinaria en ella que desde los pechos de su madre y desde la cuna tuvo muchos éxtasis y raptos, como queda dicho— vio a los gloriosísimos patriarcas, nuestros padres santo Domingo y san Francisco, que muy amorosa y amigablemente contendían sobre a cuál de los dos pertencecía esta bendita criatura. ''[138]'' Decía el bienaventurado santo Domingo que, por haber sido primero llamada a su Orden y pretendida con mucho cuidado de sus frailes y monjas, le pertenecía a él. Nuestro padre san Francisco alegaba en su favor que, por haber tomado el hábito de su Orden y estar tan contenta en ella, era suya y solo a él pertenecía. “Y para mayor prueba desto —dijo el Seráfico Padre—, preguntémoselo a ella, y estemos por lo que dijere”. Mucho se agradó desto el glorioso santo Domingo y, aprobando el concierto, fue el primero que propuso y dijo de esta manera: “Yo, hija mía, digo que eres de mi Orden, porque esta fue tu primera vocación, y mi padre san Francisco dice que eres de la suya. Queremos salir desta duda y estar por lo que tú dijeres. Ves aquí nuestros hábitos, dinos cuál dellos te agrada más: [17r] este blanco es el mío, que significa la santidad y la pureza de la Virgen Nuestra Señora”. Nuestro padre san Francisco la mostró el suyo humilde, desechado y pobre; las manos y pies y costado con sus llagas. Y así como le vio esta alumbrada criatura, dijo: “Destos santísimos hábitos el que más me agrada es el de mi padre san Francisco, por su humildad y pobreza, y por las señales de mi redentor que veo estampadas en él”. Y tomándole en sus manos, le besó con mucho amor y humildad. Y entonces el glorioso santo Domingo, alabando a Dios, dijo a nuestro padre san Francisco, con muestras de grande amor: “No os espantéis, padre santo, que tal joya como esta desease yo para mi Orden. A la vuestra la dio Dios, en quien está bien empleada, y así me huelgo yo mucho que la tengáis y gocéis”. Y con esto desapareció la visión, y santa Juana quedó consoladísima, y de nuevo aficionada a su padre san Francisco y más devota a su hábito. Y por haberle tomado en aquella casa en el día de la Cruz a tres de mayo, tomó el sobrenombre “de la Cruz”, y tan de veras el seguir a Cristo crucificado que su vida de allí adelante fue una cruz tan espantosa al demonio, que, no pudiendo sufrir el que con rabia infer- [17v] nal derribó al primer hombre de la alteza en que Dios le había criado que una mujer niña y flaca le venciese y saliese libre de sus manos, pidió licencia a Dios para ponerlas en ella ''[139]'', y con este salvoconducto, visible y invisiblemente la persiguió y tentó el demonio de mil maneras: azotola muchas veces tan rigurosa y cruelmente que las heridas y señales de los azotes y golpes que la daba le duraban muchos días, alcanzándose unos a otros ''[140]''. ¿Quién podrá decir los malos tratamientos que la hicieron los ministros infernales, que parece andaban a una su persecución y su paciencia? ¿Quién podrá explicar la mortificación y penitencia desta santa? ¿Y la profundidad y alteza de su humildad, con que tan altamente sentía de Dios, y tan vil y bajamente de sí, maravillándose siempre de que encerrase Dios tan grandes tesoros en vaso tan frágil y miserable como ella, que no se hallaba digna de la tierra que pisaba?


'''Capítulo VI'''
==Capítulo VI==


'''De las penitencias de santa Juana y de la frecuencia de sus raptos'''
'''De las penitencias de santa Juana y de la frecuencia de sus raptos'''
Línea 203: Línea 203:
Tenía santa Juana veintidós años de edad, cuando la vieron las monjas en un rapto tal que ni antes ni después no tuvo otro su semejante, porque las otras veces que se arrobaba quedaba con mucha hermosura y lindo color de rostro, pero esta vez no fue así, que todo esto le faltó y quedó como muerta ''[155]'', los ojos quebrados y hundidos, cárdenos los labios y arpillados los dientes, la nariz afilada, [23r] y todos sus miembros descoyuntados y yertos, y el rostro tan pálido y amarillo como si fuera difunta. Las monjas, admiradas con la novedad del caso, deseando saber la causa de él, rogaron a la santa virgen se lo dijese, pero ella, como muy prudente y callada, nunca lo quiso decir, hasta que pasados algunos días se lo mandó el ángel de su guarda, y entonces dijo: “Sabrán, madres y hermanas, que la causa de ver en mí tal novedad en aquel rapto fue porque estando en él, y mi espíritu en aquel lugar donde el Señor le suele poner otras veces, vi llorar al santo ángel de mi guarda. Y preguntándole la causa de sus lágrimas y tristeza, me dijo que le había el Señor mostrado las grandes persecuciones, fatigas y enfermedades que sobre mí han de venir, y que de pena desto lloró”. (''Llorar los ángeles es lenguaje de la Sagrada Escritura [156], más por similitud que por propiedad, porque el ángel aunque aparece en forma corporal y visible a los hombres ni llora, ni come, ni habla, ni ejerce alguna operación vital ni puede —según santo Tomás [157]—, porque para obrar propiamente estas cosas que son acciones vitales había de ser alma del mismo cuerpo en que aparece y como forma suya animarle'') ''[158]''. “Y rogó a Dios que no volviese mi espíritu más al cuerpo, y Su Divina Majestad le respondió que no convenía, porque quería llevarme por este camino y ver lo que en mí tenía. Y viendo esto, suplicó a Su Divina Majestad me concediese toda la vida [23v] esta gracia de elevarme, y que no fuese con el trabajo que entonces había sido, y el muy poderoso Señor se lo otorgó”. Y así desde este día todos los raptos fueron muy suaves, y por ser tantos y tan largos que lo más del día y de la noche estaba elevada, no podía ya hacer oficio, ni seguir el peso de la comunidad como solía, por lo cual la dieron celda aparte, y una religiosa que cuidase siempre della.
Tenía santa Juana veintidós años de edad, cuando la vieron las monjas en un rapto tal que ni antes ni después no tuvo otro su semejante, porque las otras veces que se arrobaba quedaba con mucha hermosura y lindo color de rostro, pero esta vez no fue así, que todo esto le faltó y quedó como muerta ''[155]'', los ojos quebrados y hundidos, cárdenos los labios y arpillados los dientes, la nariz afilada, [23r] y todos sus miembros descoyuntados y yertos, y el rostro tan pálido y amarillo como si fuera difunta. Las monjas, admiradas con la novedad del caso, deseando saber la causa de él, rogaron a la santa virgen se lo dijese, pero ella, como muy prudente y callada, nunca lo quiso decir, hasta que pasados algunos días se lo mandó el ángel de su guarda, y entonces dijo: “Sabrán, madres y hermanas, que la causa de ver en mí tal novedad en aquel rapto fue porque estando en él, y mi espíritu en aquel lugar donde el Señor le suele poner otras veces, vi llorar al santo ángel de mi guarda. Y preguntándole la causa de sus lágrimas y tristeza, me dijo que le había el Señor mostrado las grandes persecuciones, fatigas y enfermedades que sobre mí han de venir, y que de pena desto lloró”. (''Llorar los ángeles es lenguaje de la Sagrada Escritura [156], más por similitud que por propiedad, porque el ángel aunque aparece en forma corporal y visible a los hombres ni llora, ni come, ni habla, ni ejerce alguna operación vital ni puede —según santo Tomás [157]—, porque para obrar propiamente estas cosas que son acciones vitales había de ser alma del mismo cuerpo en que aparece y como forma suya animarle'') ''[158]''. “Y rogó a Dios que no volviese mi espíritu más al cuerpo, y Su Divina Majestad le respondió que no convenía, porque quería llevarme por este camino y ver lo que en mí tenía. Y viendo esto, suplicó a Su Divina Majestad me concediese toda la vida [23v] esta gracia de elevarme, y que no fuese con el trabajo que entonces había sido, y el muy poderoso Señor se lo otorgó”. Y así desde este día todos los raptos fueron muy suaves, y por ser tantos y tan largos que lo más del día y de la noche estaba elevada, no podía ya hacer oficio, ni seguir el peso de la comunidad como solía, por lo cual la dieron celda aparte, y una religiosa que cuidase siempre della.


'''Capítulo VII'''
==Capítulo VII==


'''Cómo el niño Jesús se desposó con santa Juana, y de la devoción que tuvo al Santísimo Sacramento'''
'''Cómo el niño Jesús se desposó con santa Juana, y de la devoción que tuvo al Santísimo Sacramento'''
Línea 221: Línea 221:
Una religiosa, buscando otra cosa en la celda desta santa virgen, halló dentro de un cofrecillo la santa Hostia consagrada —permitiéndolo Dios, que quiso por este medio proclamar tan soberano milagro—. Y a este mismo punto volvió la santa del rapto en que estaba, y con harta agonía fue derecha al cofrecillo en que andaba la religiosa, y la dijo: “Hermana, no toque a esa santa reliquia, que es el Santísimo Sacramento, que trujeron los ángeles” ''[176]''. Y la religiosa, atónita de oírlo, rogó a santa Juana le declarase cómo había sido, y dijo: “Un hombre —que por sus pecados se fue al Infierno— murió con el santísimo Sacramento en la boca, de la cual se le sacaron los ángeles con grandísima reverencia y le trujeron aquí, [27v] mandándome que pues yo lo había visto comulgase con la santa Hostia y la recibiese por una de las ánimas de Purgatorio. Y estando arrobada me dijeron que cierta persona llegaba al cofre donde estaba la santa Hostia, y así quiero luego hacer la obediencia y lo que los ángeles me mandan, y recebir a mi Señor”. Y, hincándose de rodillas con muchas lágrimas y devoción, recibió el santísimo Sacramento, administrándosele su ángel.
Una religiosa, buscando otra cosa en la celda desta santa virgen, halló dentro de un cofrecillo la santa Hostia consagrada —permitiéndolo Dios, que quiso por este medio proclamar tan soberano milagro—. Y a este mismo punto volvió la santa del rapto en que estaba, y con harta agonía fue derecha al cofrecillo en que andaba la religiosa, y la dijo: “Hermana, no toque a esa santa reliquia, que es el Santísimo Sacramento, que trujeron los ángeles” ''[176]''. Y la religiosa, atónita de oírlo, rogó a santa Juana le declarase cómo había sido, y dijo: “Un hombre —que por sus pecados se fue al Infierno— murió con el santísimo Sacramento en la boca, de la cual se le sacaron los ángeles con grandísima reverencia y le trujeron aquí, [27v] mandándome que pues yo lo había visto comulgase con la santa Hostia y la recibiese por una de las ánimas de Purgatorio. Y estando arrobada me dijeron que cierta persona llegaba al cofre donde estaba la santa Hostia, y así quiero luego hacer la obediencia y lo que los ángeles me mandan, y recebir a mi Señor”. Y, hincándose de rodillas con muchas lágrimas y devoción, recibió el santísimo Sacramento, administrándosele su ángel.


'''Capítulo VIII'''
==Capítulo VIII==


'''De la familiaridad con que santa Juana trataba con los ángeles, especialmente con el de su guarda'''
'''De la familiaridad con que santa Juana trataba con los ángeles, especialmente con el de su guarda'''
Línea 243: Línea 243:
[35r]
[35r]


'''Capítulo IX'''
==Capítulo IX==


'''De los rosarios y cuentas que bendijo Nuestro Señor a instancia de santa Juana'''
'''De los rosarios y cuentas que bendijo Nuestro Señor a instancia de santa Juana'''
Línea 255: Línea 255:
Y esta es la verdad destas misteriosas cuentas de santa Juana, según lo que yo he podido entender, colegida de las informaciones susodichas, y en especial de lo que debajo de juramento dijeron algunas monjas muy ancianas que conocieron y trataron a las compañeras de la misma Santa, y en sus deposiciones juran habérselo oído contar muchas veces, y es pública tradición desde aquellos tiempos hasta estos que estas cuentas estuvieron en el Cielo y las bendijo Nuestro Señor Jesucristo, y concedió muchas virtudes, gracias e indulgencias, sin que persona de cuenta haya puesto [38v] lengua en ellas, antes muchos señores deste reino y grandes prelados de él las han procurado y tenido en mucho. Y el Papa Clemente VIII, de gloriosa memoria, estando en España con un tío suyo, auditor de Rota, sobre los negocios de la posesión del condado de Puñonrostro, fue desde Torrejón de Velasco al convento de la Cruz, donde está el cuerpo de santa Juana, en compañía de los señores don Juan Arias Portocarrero y doña Juana de Castro, condes de Puñonrostro, y informado de la vida y milagros desta santa virgen y de la verdad destas cuentas, después de haber dicho misa en la capilla donde está su santo cuerpo, pidió a la abadesa, que se llamaba soror Juana Evangelista, alguna cuenta, y con mucha devoción y estima llevó consigo una que le dieron. Y los bienaventurados fray Francisco de Torres y fray Julián de San Agustín ''[233]'', varones de singular virtud y santidad, por quien en vida y después de su muerte hizo Dios muchos milagros, afirman que habían subido al cielo y que Cristo nuestro redentor las había dado su bendición y concedido muchas virtudes y perdones. Y para que los fieles gozasen dellos y deste tesoro del Cielo, persuadían a los pueblos que [39r] tocasen sus rosarios a las cuentas que ellos traían consigo. Y cuando de la verdad destas cuentas no se tuviera otro testimonio sino el de la santidad desta santa virgen, y haberlo ella dicho, era bastantísimo para persuadirnos que no había de engañar a la Iglesia publicando indulgencias falsas. Ni menos se puede creer que fuese engañada del demonio la que fue tan alumbrada de Dios y del ángel de su guarda. Mas lo que con evidencia prueba y confirma la virtud y verdad destas cuentas son los muchos milagros que Dios ha hecho en abono y confirmación destas cuentas, y de las tocadas a ellas, que tienen la misma virtud, como se verá en los capítulos siguientes. (''Las cuentas de santa Juana pueden tocar a otras y las tocadas quedan con la misma virtud, pero las tocadas no pueden tocar a otras'') ''[234]''.
Y esta es la verdad destas misteriosas cuentas de santa Juana, según lo que yo he podido entender, colegida de las informaciones susodichas, y en especial de lo que debajo de juramento dijeron algunas monjas muy ancianas que conocieron y trataron a las compañeras de la misma Santa, y en sus deposiciones juran habérselo oído contar muchas veces, y es pública tradición desde aquellos tiempos hasta estos que estas cuentas estuvieron en el Cielo y las bendijo Nuestro Señor Jesucristo, y concedió muchas virtudes, gracias e indulgencias, sin que persona de cuenta haya puesto [38v] lengua en ellas, antes muchos señores deste reino y grandes prelados de él las han procurado y tenido en mucho. Y el Papa Clemente VIII, de gloriosa memoria, estando en España con un tío suyo, auditor de Rota, sobre los negocios de la posesión del condado de Puñonrostro, fue desde Torrejón de Velasco al convento de la Cruz, donde está el cuerpo de santa Juana, en compañía de los señores don Juan Arias Portocarrero y doña Juana de Castro, condes de Puñonrostro, y informado de la vida y milagros desta santa virgen y de la verdad destas cuentas, después de haber dicho misa en la capilla donde está su santo cuerpo, pidió a la abadesa, que se llamaba soror Juana Evangelista, alguna cuenta, y con mucha devoción y estima llevó consigo una que le dieron. Y los bienaventurados fray Francisco de Torres y fray Julián de San Agustín ''[233]'', varones de singular virtud y santidad, por quien en vida y después de su muerte hizo Dios muchos milagros, afirman que habían subido al cielo y que Cristo nuestro redentor las había dado su bendición y concedido muchas virtudes y perdones. Y para que los fieles gozasen dellos y deste tesoro del Cielo, persuadían a los pueblos que [39r] tocasen sus rosarios a las cuentas que ellos traían consigo. Y cuando de la verdad destas cuentas no se tuviera otro testimonio sino el de la santidad desta santa virgen, y haberlo ella dicho, era bastantísimo para persuadirnos que no había de engañar a la Iglesia publicando indulgencias falsas. Ni menos se puede creer que fuese engañada del demonio la que fue tan alumbrada de Dios y del ángel de su guarda. Mas lo que con evidencia prueba y confirma la virtud y verdad destas cuentas son los muchos milagros que Dios ha hecho en abono y confirmación destas cuentas, y de las tocadas a ellas, que tienen la misma virtud, como se verá en los capítulos siguientes. (''Las cuentas de santa Juana pueden tocar a otras y las tocadas quedan con la misma virtud, pero las tocadas no pueden tocar a otras'') ''[234]''.


'''Capítulo X'''
==Capítulo X==


'''De los muchos milagros con que Nuestro Señor ha confirmado las cuentas de la gloriosa santa Juana'''
'''De los muchos milagros con que Nuestro Señor ha confirmado las cuentas de la gloriosa santa Juana'''
Línea 295: Línea 295:
Así mismo consta de un testimonio de Isidro García, escribano público de la villa de Cubas, que el año de mil y seiscientos y siete, a los once días del mes de julio, estando Ana de Montoya, vecina de Valdemoro, en la iglesia del monasterio de la Cruz, cumpliendo una novena que había prometido a bienaventurada santa Juana —por haber librado a su marido de una enfermedad muy peligrosa— y deseando mucho tener alguna de sus cuentas, rogaba a la santa se la deparase. Y estando en esto, vino una por el aire que cayendo de lo alto la dio en la frente, viéndolo Ángela de Ávila, mujer de Juan Girón, y Catalina de Tolosa, mujer de Juan Martínez, vecinas de Ciempozuelos, que se hallaron presentes ante el dicho escribano. Y considerando el sitio donde estaba la mujer cuando cayó la [45r] cuenta, fue caso milagroso y que no pudo ser por industria humana, por no haber por allí cerca ninguna puerta, ventana, agujero, ni resquicio por donde la pudieran echar. Y así lo tienen por milagro de la gloriosa santa Juana.
Así mismo consta de un testimonio de Isidro García, escribano público de la villa de Cubas, que el año de mil y seiscientos y siete, a los once días del mes de julio, estando Ana de Montoya, vecina de Valdemoro, en la iglesia del monasterio de la Cruz, cumpliendo una novena que había prometido a bienaventurada santa Juana —por haber librado a su marido de una enfermedad muy peligrosa— y deseando mucho tener alguna de sus cuentas, rogaba a la santa se la deparase. Y estando en esto, vino una por el aire que cayendo de lo alto la dio en la frente, viéndolo Ángela de Ávila, mujer de Juan Girón, y Catalina de Tolosa, mujer de Juan Martínez, vecinas de Ciempozuelos, que se hallaron presentes ante el dicho escribano. Y considerando el sitio donde estaba la mujer cuando cayó la [45r] cuenta, fue caso milagroso y que no pudo ser por industria humana, por no haber por allí cerca ninguna puerta, ventana, agujero, ni resquicio por donde la pudieran echar. Y así lo tienen por milagro de la gloriosa santa Juana.


'''Capítulo XI'''
==Capítulo XI==


'''De otros milagros que Nuestro Señor ha hecho con las cuentas tocadas a las cuentas de santa Juana'''
'''De otros milagros que Nuestro Señor ha hecho con las cuentas tocadas a las cuentas de santa Juana'''
Línea 319: Línea 319:
[48v]
[48v]


'''Capítulo XII'''
==Capítulo XII==


'''De algunas revelaciones y cosas muy provechosas que comunicó Nuestro Señor a su sierva santa Juana'''
'''De algunas revelaciones y cosas muy provechosas que comunicó Nuestro Señor a su sierva santa Juana'''