Diferencia entre revisiones de «Teresa de Guevara»

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=== CAPÍTULO L ===
=== CAPÍTULO L ===


''[1]'' [497] '''Las vidas de doña Teresa de Guevara y doña Aldonza Carrillo, Condesa de Fuensalida, su hija, y entrambas religiosas de San Pablo en Toledo'''
''[1]'' [497] '''Las vidas de doña Teresa de Guevara y doña [[Aldonza Carrillo]], Condesa de Fuensalida, su hija, y entrambas religiosas de San Pablo en Toledo'''


Tuvo tan buenos principios este convento de San Pablo de Toledo, con la fundación de tantas virtudes como en él dejó plantadas la santa doña María García, su fundadora, y con el riego que después Dios envió tan a mano llena con la santa María de Ajofrín, que no me maravillo haya dado aquel jardín tantas, tan suaves y olorosas plantas y flores. Pudiera, sin duda, si hubiera de escribir a la larga y por sus particulares todas las vidas de las religiosas notables que en él se han criado, comenzar aquí un libro nuevo. Contentáreme con escribir las de algunas y hacer alguna relación de otras, y rematar este libro con tan buen gusto.  
Tuvo tan buenos principios este convento de San Pablo de Toledo, con la fundación de tantas virtudes como en él dejó plantadas la santa doña María García, su fundadora, y con el riego que después Dios envió tan a mano llena con la santa María de Ajofrín, que no me maravillo haya dado aquel jardín tantas, tan suaves y olorosas plantas y flores. Pudiera, sin duda, si hubiera de escribir a la larga y por sus particulares todas las vidas de las religiosas notables que en él se han criado, comenzar aquí un libro nuevo. Contentáreme con escribir las de algunas y hacer alguna relación de otras, y rematar este libro con tan buen gusto.  
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Refieren una cosa que no me parece muy auténtica ni de mucha gravedad, y solo la digo porque lo dicen: Que, estando un día esta santa rogando a Nuestro Señor por una persona que tenía mucha necesidad, le respondió que le pidiese aquello delante de una imagen que estaba en aquel convento, que llamaban del Gladio, y se la concedería, añadiendo que todas las personas que, en sus tribulaciones, hiciesen oración delante de aquella imagen serían socorridas d’Él. Hasta hoy guardan en el Monasterio de San Pablo esta imagen, y la estiman en mucho porque afirman aquellas siervas de Dios que ha hecho el Señor a los que rezan en ella muchas mercedes y favores.
Refieren una cosa que no me parece muy auténtica ni de mucha gravedad, y solo la digo porque lo dicen: Que, estando un día esta santa rogando a Nuestro Señor por una persona que tenía mucha necesidad, le respondió que le pidiese aquello delante de una imagen que estaba en aquel convento, que llamaban del Gladio, y se la concedería, añadiendo que todas las personas que, en sus tribulaciones, hiciesen oración delante de aquella imagen serían socorridas d’Él. Hasta hoy guardan en el Monasterio de San Pablo esta imagen, y la estiman en mucho porque afirman aquellas siervas de Dios que ha hecho el Señor a los que rezan en ella muchas mercedes y favores.


Desta manera pasaba el curso de su santa vida esta santa y suplicaba continuamente al Señor por la salud espiritual de los hijos que había dejado en el siglo, principalmente por la de su hija doña Aldonza Carrillo, a quien amaba mucho porque había sido siempre muy verdadera hija de sus santos propósitos, aunque al presente estaba casada con el Conde de Fuensalida. Oyó el Señor clementísimo las oraciones de su humilde sierva. Llevó desta vida al conde, y luego la condesa dispuso de todo cuanto en su casa tenía y se fue a seguir los pasos de la madre. Renunciando el siglo valerosamente, vínose luego al Monasterio de San Pablo y recibió el hábito con gran admiración y ejemplo de toda aquella ciudad de Toledo, viendo una señora criada en tanto regalo, y mandó renunciarlo todo varonilmente y abrazarse en lo más florido de su edad, con la aspereza de la cruz de Jesucristo, y sujetarse a la obediencia de quien pudiera ser criada suya en el mundo y en sus leyes.  
Desta manera pasaba el curso de su santa vida esta santa y suplicaba continuamente al Señor por la salud espiritual de los hijos que había dejado en el siglo, principalmente por la de su hija doña [[Aldonza Carrillo]], a quien amaba mucho porque había sido siempre muy verdadera hija de sus santos propósitos, aunque al presente estaba casada con el Conde de Fuensalida. Oyó el Señor clementísimo las oraciones de su humilde sierva. Llevó desta vida al conde, y luego la condesa dispuso de todo cuanto en su casa tenía y se fue a seguir los pasos de la madre. Renunciando el siglo valerosamente, vínose luego al Monasterio de San Pablo y recibió el hábito con gran admiración y ejemplo de toda aquella ciudad de Toledo, viendo una señora criada en tanto regalo, y mandó renunciarlo todo varonilmente y abrazarse en lo más florido de su edad, con la aspereza de la cruz de Jesucristo, y sujetarse a la obediencia de quien pudiera ser criada suya en el mundo y en sus leyes.  


Puesta en este estado, le pareció que persona de sus prendas no había de hacer aquella mudanza para caminar por un curso ordinario en que se embarazan y contentan muchas que entran en religión o por necesidad o por violencia, pretendiendo vivir allí con una mediana vida, cuanto basta para llamarse religiosas, determinadas miserablemente a sufrir aquel encerramiento o privación de sus gustos con la mejor comodidad que pudieren. Nuestra doña Aldonza tenía más generosos pensamientos. Y, conociendo cuánto se había mejorado en estado, pasando de Condesa de Fuensalida a esposa de Jesucristo, se determinó caminar por una senda más alta y merecer tan alta dignidad, teniendo tanta certeza de que no le faltaría para la ejecución de sus propósitos la gracia y merced del Cielo.
Puesta en este estado, le pareció que persona de sus prendas no había de hacer aquella mudanza para caminar por un curso ordinario en que se embarazan y contentan muchas que entran en religión o por necesidad o por violencia, pretendiendo vivir allí con una mediana vida, cuanto basta para llamarse religiosas, determinadas miserablemente a sufrir aquel encerramiento o privación de sus gustos con la mejor comodidad que pudieren. Nuestra doña [[Aldonza|Aldonza Carrillo]] tenía más generosos pensamientos. Y, conociendo cuánto se había mejorado en estado, pasando de Condesa de Fuensalida a esposa de Jesucristo, se determinó caminar por una senda más alta y merecer tan alta dignidad, teniendo tanta certeza de que no le faltaría para la ejecución de sus propósitos la gracia y merced del Cielo.
   
   
Era esta Señora de grande entendimiento y valerosa, de singular prudencia y madurez, y echósele luego de ver que emprendía aquella vida con altos propósitos de virtud y penitencia. Ansí fue que luego comenzó a hacer una vida muy santa, adelantándose a todas en muchas cosas que, si no era emprendiéndose con un corazón tan generoso como el suyo, no eran fáciles de acabarse. Fue muy penitente y rigurosa consigo misma, dábase a muchas asperezas para esquitar parte del mucho regalo en que se había criado. Oraba continuamente: apenas sabían cuándo dormía ni comía. Con estas dos nuevas Paula y Eustochio ''[2]'', doña Teresa y doña Aldonza, cobró aquel monasterio nuevos bríos y, aunque hasta allí había vivido santamente, ahora, con tan vivos ejemplos, corrían las esposas más ligeras al olor de la suavidad del Esposo Jesucristo.
Era esta Señora de grande entendimiento y valerosa, de singular prudencia y madurez, y echósele luego de ver que emprendía aquella vida con altos propósitos de virtud y penitencia. Ansí fue que luego comenzó a hacer una vida muy santa, adelantándose a todas en muchas cosas que, si no era emprendiéndose con un corazón tan generoso como el suyo, no eran fáciles de acabarse. Fue muy penitente y rigurosa consigo misma, dábase a muchas asperezas para esquitar parte del mucho regalo en que se había criado. Oraba continuamente: apenas sabían cuándo dormía ni comía. Con estas dos nuevas Paula y Eustochio ''[2]'', doña Teresa y doña [[Aldonza|Aldonza Carrillo]], cobró aquel monasterio nuevos bríos y, aunque hasta allí había vivido santamente, ahora, con tan vivos ejemplos, corrían las esposas más ligeras al olor de la suavidad del Esposo Jesucristo.


Procuraba [500]''[3]'' la hija, como humilde, imitar la santa conversación de su madre, y la madre, que en esta virtud no quería ser inferior a nadie, deprendía de su hija otras muchas que Nuestro Señor había querido poner en ella. Murió de allí a algunos años la hermana mayor de aquel convento (no se llamaron prioras hasta que se incorporaron en la Orden, que allí solo estaban sujetas al prior de la Sisla) y luego, de común consentimiento, todas aquellas siervas de Dios pusieron su pensamiento en doña Aldonza, entendiendo que ninguna igualaba a su valor, ni a su prudencia, ni al celo de la religión que en ella se vio. Hiciéronla al fin hermana mayor, llamémosla priora; aunque viviendo su madre, ni les pareció esto inconveniente, porque ellas eran tan humildes que sabrían bien templar la superioridad y inferioridad que se halla entre hija y madre, priora y súbdita. Era de ver a Teresa de Guevara obedecer y postrarse a los pies de su hija, la priora, y a doña Aldonza Carrillo derribarse a servir y lavar los pies de su madre natural, con tan humilde semblante como cuando se criaba en su regazo. En los lugares comunes donde se juntaban todas las religiosas, como en la iglesia, capítulo y refectorio, la sentaba junto a sí, teniéndole sumo respeto.  
Procuraba [500]''[3]'' la hija, como humilde, imitar la santa conversación de su madre, y la madre, que en esta virtud no quería ser inferior a nadie, deprendía de su hija otras muchas que Nuestro Señor había querido poner en ella. Murió de allí a algunos años la hermana mayor de aquel convento (no se llamaron prioras hasta que se incorporaron en la Orden, que allí solo estaban sujetas al prior de la Sisla) y luego, de común consentimiento, todas aquellas siervas de Dios pusieron su pensamiento en doña [[Aldonza|Aldonza Carrillo]], entendiendo que ninguna igualaba a su valor, ni a su prudencia, ni al celo de la religión que en ella se vio. Hiciéronla al fin hermana mayor, llamémosla priora; aunque viviendo su madre, ni les pareció esto inconveniente, porque ellas eran tan humildes que sabrían bien templar la superioridad y inferioridad que se halla entre hija y madre, priora y súbdita. Era de ver a Teresa de Guevara obedecer y postrarse a los pies de su hija, la priora, y a doña [[Aldonza Carrillo]] derribarse a servir y lavar los pies de su madre natural, con tan humilde semblante como cuando se criaba en su regazo. En los lugares comunes donde se juntaban todas las religiosas, como en la iglesia, capítulo y refectorio, la sentaba junto a sí, teniéndole sumo respeto.  


Era doña Aldonza en las cosas de la religión muy cuidadosa y observante, y no permitía que en un punto se quebrantase lo que a esta parte tocaba; ansí la tenían por áspera y la tenían miedo, porque sabía reprender y castigar cualquier cosa que vio de menosprecio en las hermanas. Cuando reprendía alguna en capítulo, y a la piadosa madre doña Teresa le parecía que la reprensión y el castigo iba algún tanto riguroso y duro más de lo que sus tiernas entrañas podían sufrir, como estaba cerca, disimuladamente tirábala de la falda a la hija, sin que nadie la sintiese, para que templase la reprensión que daba a la hermana; y la discreta priora se sabía aprovechar de tan buen templador, para no exceder en el castigo ni en las palabras de lo que, a su juicio, el descuido o la culpa merecía. Otras veces, excusaba la santa madre las culpas de las reprendidas, cuando vio que tenían color las disculpas.  
Era doña [[Aldonza|Aldonza Carrillo]] en las cosas de la religión muy cuidadosa y observante, y no permitía que en un punto se quebrantase lo que a esta parte tocaba; ansí la tenían por áspera y la tenían miedo, porque sabía reprender y castigar cualquier cosa que vio de menosprecio en las hermanas. Cuando reprendía alguna en capítulo, y a la piadosa madre doña Teresa le parecía que la reprensión y el castigo iba algún tanto riguroso y duro más de lo que sus tiernas entrañas podían sufrir, como estaba cerca, disimuladamente tirábala de la falda a la hija, sin que nadie la sintiese, para que templase la reprensión que daba a la hermana; y la discreta priora se sabía aprovechar de tan buen templador, para no exceder en el castigo ni en las palabras de lo que, a su juicio, el descuido o la culpa merecía. Otras veces, excusaba la santa madre las culpas de las reprendidas, cuando vio que tenían color las disculpas.  


Ansí vivieron estas dos tan ilustres señoras en aquel convento algunos años. No tengo noticia cuántos ni hay más relación de sus fines de que acabaron allí santísimamente el curso de su peregrinación. Entrambas están enterradas en el Monasterio de la Sisla: la madre, doña Teresa de Guevara, en el capítulo antiguo, entierro ordinario de aquellas santas beatas de San Pablo, y su hija, la condesa, está sepultada en el coro alto del mismo monasterio, a la entrada d’él, entre el facistor y el antepecho, delante de un altar que está allí puesto con un crucifijo, mayor que el natural, muy devoto. Entierro bien extraordinario y devoto, escogido y fabricado por ella misma, teniendo consideración que los religiosos, cuando entran en el coro, se pondrían de pies sobre su cuerpo, cuando hiciesen la inclinación al Santo Sacramento, y a ella la alcanzaría parte de aquella reverencia que los siervos de Dios hacen a su Majesta[d] Divina.  
Ansí vivieron estas dos tan ilustres señoras en aquel convento algunos años. No tengo noticia cuántos ni hay más relación de sus fines de que acabaron allí santísimamente el curso de su peregrinación. Entrambas están enterradas en el Monasterio de la Sisla: la madre, doña Teresa de Guevara, en el capítulo antiguo, entierro ordinario de aquellas santas beatas de San Pablo, y su hija, la condesa, está sepultada en el coro alto del mismo monasterio, a la entrada d’él, entre el facistor y el antepecho, delante de un altar que está allí puesto con un crucifijo, mayor que el natural, muy devoto. Entierro bien extraordinario y devoto, escogido y fabricado por ella misma, teniendo consideración que los religiosos, cuando entran en el coro, se pondrían de pies sobre su cuerpo, cuando hiciesen la inclinación al Santo Sacramento, y a ella la alcanzaría parte de aquella reverencia que los siervos de Dios hacen a su Majesta[d] Divina.  
Dio esta señora algunas cosas de estima y de valor a la una y otra casa, principal bienhechora de entrambas. Dejoles paños y alhombras para la iglesia y sacristía [501]; hizo la mayor parte del coro.  
Dio esta señora algunas cosas de estima y de valor a la una y otra casa, principal bienhechora de entrambas. Dejoles paños y alhombras para la iglesia y sacristía [501]; hizo la mayor parte del coro.  


Lloran hoy la pérdida de una relación tan antigua, que andaba entre las manos de algunos de las obras maravillosas destas dos santas. Yo me contento con lo dicho, que es harto testimonio de su gran virtud y santidad.
Lloran hoy la pérdida de una relación tan antigua, que andaba entre las manos de algunos de las obras maravillosas destas dos santas. Yo me contento con lo dicho, que es harto testimonio de su gran virtud y santidad.


''[1]'' Figura en el texto como Capítulo XLIX debido a la repetición del capítulo XLIV, un error señalado y corregido en mi edición de la vida de María de Ajofrín de Sigüenza. Se adjuntan unidas las dos vidas de Teresa de Guevera y Aldonza Carrillo porque sus vidas están muy entrelazadas.
''[1]'' Figura en el texto como Capítulo XLIX debido a la repetición del capítulo XLIV, un error señalado y corregido en mi edición de la vida de [[María de Ajofrín]] de Sigüenza. Se adjuntan unidas las dos vidas de Teresa de Guevera y [[Aldonza Carrillo]] porque sus vidas están muy entrelazadas.


''[2]'' En posteriores ediciones aparece como Eustochia.
''[2]'' En posteriores ediciones aparece como Eustochia.