Diferencia entre revisiones de «Mencía de San Pablo»
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[165] ''[1]'' Fue otra señora no menos ilustre y religiosa que la que acabamos de decir ''[2]'', que se llamó, según el nombre que tuvo siendo seglar, doña Mencía de Ayala, de esta ciudad de Toledo, porque fue del linaje de los señores de Ayala de esta ciudad. Y, según el nombre de religiosa, se llamó Mencía de San Pablo. | [165] ''[1]'' Fue otra señora no menos ilustre y religiosa que la que acabamos de decir ''[2]'', que se llamó, según el nombre que tuvo siendo seglar, doña Mencía de Ayala, de esta ciudad de Toledo, porque fue del linaje de los señores de Ayala de esta ciudad. Y, según el nombre de religiosa, se llamó Mencía de San Pablo. | ||
Esta sierva de Dios y santa mujer, después de haber trabajado en algunos oficios de casa sirviendo a Dios y aprovechando a el bien común con mucha observancia de religión y caridad y santidad, fue, después de esto, priora quince años. En el cual tiempo rigió con gran perfección y re[c]titud, no dejando el rigor necesario cuando era menester, porque de su condición era algo regia y rigurosa, pero tuvo tanta prudencia y sabiduría en todas las cosas que nunca en nin- [166] guna parecía exceder. Y aunque fue muy recta en las cosas de justicia, que por ninguna causa la torcían ni salía de ella, pero, con todo, era su prudencia y saber tan grande que ninguna se podía quejar de ella, antes de todas era amada y querida, porque, junto con guardar la re[c]titud que convenía, con todas tenía tanta caridad y era tan humana que, cuando era necesario reprehender alguna religiosa, luego, pasado un rato, la enviaba a llamar y la consolaba si entendía ser menester, y la regalaba con palabras y con obras, según entendía ser necesario. No permitía esta gran religiosa, con su gran caridad y amor que a todas tenía, que ninguna de sus hijas y hermanas padeciese alguna necesidad que ella pudiese remediar, en tanta manera que aun las cosas que tenía para sus necesidades propias se las quitaba y daba a las demás, queriendo padecer ella necesidades, que no [167] que las padecieran las de su co[m]pañía y hermanas. Era la oración de esta sierva de Dios muy continua y fervorosa, y era grande el ejemplo que en esto daba esta santa mujer po[r]que, si no era teniendo ocupaciones, todo lo demás de tiempo que le sobraba gastaba en estarse en el coro con Nuestro Señor. Y tenía por costumbre, cuando ella no podía estar, de proveer que alguna otra estuviese porque siempre hubiese quien estuviese delante de el Señor suplicándole por la co[n]servación y religión de la casa y por las necesidades de todo el mundo, po[r]que a todo se extendía su mucha y gran caridad. Y quería que todo fuese comunicado a todos y para todos, y aun esta caridad pareció tener después de muerta por lo que sucedió: que una religiosa grande amiga de esta sierva de Dios tenía algún temor y cuidado que, por razón de los oficios que había tenido mayores, y mayormente el de prelada, po- [168] dría tener en la otra vida alguna pena. Con la gran ansia que tenía por saber el estado en que esta su buena amiga se hallaba cuando ya era difunta, envió a pedir a una muy gran sierva de Dios, que en aquel tiempo estaba en el Monasterio de la Cruz que es junto a Cubas, que se llamaba Juana de la Cruz ''[3]'', rogase a Dios por e[ll]a ''[4]'' y supiese en qué estado estaba su ánima. Y fuele revelado a la dicha Juana de la Cruz cómo el ánima de Mencía de San Pablo estaba en el Purgatorio, y que pedía rogase a Dios por su libramiento, y que las oraciones que por ella se hiciesen y cualesquiera otros bienes espirituales fuesen también por todas las ánimas que estaban en el Purgatorio y, particularmente, por algunas, las cuales nombró la dicha Juana de la Cruz, nombrando asimismo a tres monjas que entonces vivían en esta santa casa y era[n] grandes siervas de Dios, a las cuales se encomenda- [169] ba particularmente, y pedía rogasen a Dios por ella y por las otras ánimas que en el Purgatorio estaban purgando sus culpas. Del cual hecho debemos entender que son mucho más aceptas a Nuestro Señor las oraciones de los más justos, y las oye con más pronta voluntad, de lo cual no hay que tener duda, sino que vale mucho delante de su Divina Majestad la oración continua del justo, porque tiene Dios en mucho a sus siervos y amigo[s], y quiéreles hacer buena amistad en oír y cumplir sus peticiones. | Esta sierva de Dios y santa mujer, después de haber trabajado en algunos oficios de casa sirviendo a Dios y aprovechando a el bien común con mucha observancia de religión y caridad y santidad, fue, después de esto, priora quince años. En el cual tiempo rigió con gran perfección y re[c]titud, no dejando el rigor necesario cuando era menester, porque de su condición era algo regia y rigurosa, pero tuvo tanta prudencia y sabiduría en todas las cosas que nunca en nin- [166] guna parecía exceder. Y aunque fue muy recta en las cosas de justicia, que por ninguna causa la torcían ni salía de ella, pero, con todo, era su prudencia y saber tan grande que ninguna se podía quejar de ella, antes de todas era amada y querida, porque, junto con guardar la re[c]titud que convenía, con todas tenía tanta caridad y era tan humana que, cuando era necesario reprehender alguna religiosa, luego, pasado un rato, la enviaba a llamar y la consolaba si entendía ser menester, y la regalaba con palabras y con obras, según entendía ser necesario. No permitía esta gran religiosa, con su gran caridad y amor que a todas tenía, que ninguna de sus hijas y hermanas padeciese alguna necesidad que ella pudiese remediar, en tanta manera que aun las cosas que tenía para sus necesidades propias se las quitaba y daba a las demás, queriendo padecer ella necesidades, que no [167] que las padecieran las de su co[m]pañía y hermanas. Era la oración de esta sierva de Dios muy continua y fervorosa, y era grande el ejemplo que en esto daba esta santa mujer po[r]que, si no era teniendo ocupaciones, todo lo demás de tiempo que le sobraba gastaba en estarse en el coro con Nuestro Señor. Y tenía por costumbre, cuando ella no podía estar, de proveer que alguna otra estuviese porque siempre hubiese quien estuviese delante de el Señor suplicándole por la co[n]servación y religión de la casa y por las necesidades de todo el mundo, po[r]que a todo se extendía su mucha y gran caridad. Y quería que todo fuese comunicado a todos y para todos, y aun esta caridad pareció tener después de muerta por lo que sucedió: que una religiosa grande amiga de esta sierva de Dios tenía algún temor y cuidado que, por razón de los oficios que había tenido mayores, y mayormente el de prelada, po- [168] dría tener en la otra vida alguna pena. Con la gran ansia que tenía por saber el estado en que esta su buena amiga se hallaba cuando ya era difunta, envió a pedir a una muy gran sierva de Dios, que en aquel tiempo estaba en el Monasterio de la Cruz que es junto a Cubas, que se llamaba [[Juana de la Cruz]] ''[3]'', rogase a Dios por e[ll]a ''[4]'' y supiese en qué estado estaba su ánima. Y fuele revelado a la dicha [[Juana de la Cruz]] cómo el ánima de Mencía de San Pablo estaba en el Purgatorio, y que pedía rogase a Dios por su libramiento, y que las oraciones que por ella se hiciesen y cualesquiera otros bienes espirituales fuesen también por todas las ánimas que estaban en el Purgatorio y, particularmente, por algunas, las cuales nombró la dicha [[Juana de la Cruz]], nombrando asimismo a tres monjas que entonces vivían en esta santa casa y era[n] grandes siervas de Dios, a las cuales se encomenda- [169] ba particularmente, y pedía rogasen a Dios por ella y por las otras ánimas que en el Purgatorio estaban purgando sus culpas. Del cual hecho debemos entender que son mucho más aceptas a Nuestro Señor las oraciones de los más justos, y las oye con más pronta voluntad, de lo cual no hay que tener duda, sino que vale mucho delante de su Divina Majestad la oración continua del justo, porque tiene Dios en mucho a sus siervos y amigo[s], y quiéreles hacer buena amistad en oír y cumplir sus peticiones. | ||
Murió esta santa mujer en el año del Señor de mil quinientos y treinta, teniendo de edad sesenta años, poco más o menos. Tuvo una hermana que se llamó Inés de la Cruz, religiosa en esta santa casa, la cual murió muy moza de una caída que dio. También tuvo una sobrina que se llamaba Aldonza de San Gabriel, la cual murió más niña y de pocos años de edad. Y todas están gozando de aquel so- [170] berano bien para el cual fueron criados, mayormente la dicha Mencía de San Pablo, de cuya vida y virtud tenemos más noticias, y de cuyo loor y santidad solían dar gran testimonio las madres ancianas que la alcanzaron en vida y las que después de ellas sucedieron, que todas pregonaban su gran virtud, religión y o[b]servancia ''[5]'' en todas las cosas, y la gran rectitud ''[6]'' y prudencia en su gobierno y, sobre todo, la ardentísima caridad que viviendo tuvo para todas, y no menos después de pasada de esta vida, pues que p[u]esta ''[7]'' en la necesidad que estaba, penando en el Purgatorio por sus culpas, tuvo caridad con las que veía padecer y las quiso comunicar la caridad que con ella quería se hiciese, haciéndolas parcioneras [8] de las oraciones y sufragios que por ella se hiciesen. Bienaventurada tal caridad que así es de creer que la obró con ella aquel Señor de todos los bienes, Jesucristo Nuestro Dios, de quien esta su sierva goza en el Cielo por los siglos de los siglos. ''Laus Deu[s] [9], amen''. | Murió esta santa mujer en el año del Señor de mil quinientos y treinta, teniendo de edad sesenta años, poco más o menos. Tuvo una hermana que se llamó Inés de la Cruz, religiosa en esta santa casa, la cual murió muy moza de una caída que dio. También tuvo una sobrina que se llamaba Aldonza de San Gabriel, la cual murió más niña y de pocos años de edad. Y todas están gozando de aquel so- [170] berano bien para el cual fueron criados, mayormente la dicha Mencía de San Pablo, de cuya vida y virtud tenemos más noticias, y de cuyo loor y santidad solían dar gran testimonio las madres ancianas que la alcanzaron en vida y las que después de ellas sucedieron, que todas pregonaban su gran virtud, religión y o[b]servancia ''[5]'' en todas las cosas, y la gran rectitud ''[6]'' y prudencia en su gobierno y, sobre todo, la ardentísima caridad que viviendo tuvo para todas, y no menos después de pasada de esta vida, pues que p[u]esta ''[7]'' en la necesidad que estaba, penando en el Purgatorio por sus culpas, tuvo caridad con las que veía padecer y las quiso comunicar la caridad que con ella quería se hiciese, haciéndolas parcioneras [8] de las oraciones y sufragios que por ella se hiciesen. Bienaventurada tal caridad que así es de creer que la obró con ella aquel Señor de todos los bienes, Jesucristo Nuestro Dios, de quien esta su sierva goza en el Cielo por los siglos de los siglos. ''Laus Deu[s] [9], amen''. | ||