Diferencia entre revisiones de «Teresa de Guevara»

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[101] ''[1]'' La muy santa y sierva de Dios doña Teresa de Guevara fue ilustre por linaje, pero mucho< s > más ilustre en virtudes y santidad de esta santa mujer. Fue pri- [102] mero casada y, muerto el marido, quedó viuda<d> con algunos hijos, y, deseando dejar el mundo y recogerse en alguna parte donde pudiese mejor servir a Dios, pedía a el Señor con grandes instancias y devoción la diese su santa ''[2]'' gracia para que acertase en todas las cosas a hacer su santa voluntad, y que la guiase por el camino de sus santos mandamientos. Y, junto con esto, pedía a Nuestro Señor con grandes ansias la diese a entender y la mani<g>festase el estado y manera de vida que a su Majesta[d] fuera más acepta ''[3]'' y en la que ella mejor la pudiera servir, y el lugar más adecuado que, para ello, pudiese ser más conforme a la voluntad divina; porque, en todo y por todo, esta santa mujer se quería dejar en las manos de Dios, con el deseo grande que tenía de acertar en todas las cosas, y aplacer ''[4]'' a la Majestad Divina.  
[101] ''[1]'' La muy santa y sierva de Dios doña Teresa de Guevara fue ilustre por linaje, pero mucho< s > más ilustre en virtudes y santidad de esta santa mujer. Fue pri- [102] mero casada y, muerto el marido, quedó viuda<d> con algunos hijos, y, deseando dejar el mundo y recogerse en alguna parte donde pudiese mejor servir a Dios, pedía a el Señor con grandes instancias y devoción la diese su santa ''[2]'' gracia para que acertase en todas las cosas a hacer su santa voluntad, y que la guiase por el camino de sus santos mandamientos. Y, junto con esto, pedía a Nuestro Señor con grandes ansias la diese a entender y la mani<g>festase el estado y manera de vida que a su Majesta[d] fuera más acepta ''[3]'' y en la que ella mejor la pudiera servir, y el lugar más adecuado que, para ello, pudiese ser más conforme a la voluntad divina; porque, en todo y por todo, esta santa mujer se quería dejar en las manos de Dios, con el deseo grande que tenía de acertar en todas las cosas, y aplacer ''[4]'' a la Majestad Divina.  


Y, para poder alcanzar mejor de Nuestro Señor esta su santa petición ''[5]'', y comunicarle sus santos deseos y propósitos, vinose a un monasterio de re- [103] ligiosos de la Orden de San Bernardo que estaba una legua de la ciudad de Toledo. Y estaba aposentada en un cuarto de la hospedería de el dicho monasterio con sus sirvientas. Y estuvo allí algunos días perseverando siempre en sus santos deseos y peticiones ''[6]'' a Dios, no perdiendo ningún punto ni hora de el oficio divino, ni de día, ni de noche, porque había buena comodidad para ello, sin que la sierva de Dios diese molestia en cosa alguna, ni en ningún tiempo a los religiosos. Mas el Señor piadoso, que nunca deja de oír los ruegos de sus siervos cuando de corazón le llaman, no menospreció las plegarias de esta su amada sierva. Como una noche, después de maitines, saliese de la iglesia para volverse a su apose[n]tillo, oyó una voz que dijo: “Para Mí donde quiera que fueses, pa[ra] ti en la[s] beatas de doña María García”. La cual voz, como respuesta, la venía del soberano y alto Dios. Sin detenerse, se vino lue- [104] go a este monasterio que ahora se llama San Pablo y, entonces, se llamaba de las beatas de doña Mari García. Y tomó el hábito de la santa religión con toda devoción, como cosa que le era mandada por Dios.  
Y, para poder alcanzar mejor de Nuestro Señor esta su santa petición ''[5]'', y comunicarle sus santos deseos y propósitos, vinose a un monasterio de re- [103] ligiosos de la Orden de San Bernardo que estaba una legua de la ciudad de Toledo. Y estaba aposentada en un cuarto de la hospedería de el dicho monasterio con sus sirvientas. Y estuvo allí algunos días perseverando siempre en sus santos deseos y peticiones ''[6]'' a Dios, no perdiendo ningún punto ni hora de el oficio divino, ni de día, ni de noche, porque había buena comodidad para ello, sin que la sierva de Dios diese molestia en cosa alguna, ni en ningún tiempo a los religiosos. Mas el Señor piadoso, que nunca deja de oír los ruegos de sus siervos cuando de corazón le llaman, no menospreció las plegarias de esta su amada sierva. Como una noche, después de maitines, saliese de la iglesia para volverse a su apose[n]tillo, oyó una voz que dijo: “Para Mí donde quiera que fueses, pa[ra] ti en la[s] beatas de doña María García”. La cual voz, como respuesta, la venía del soberano y alto Dios. Sin detenerse, se vino lue- [104] go a este monasterio que ahora se llama "San Pablo" y, entonces, se llamaba "de las beatas de doña Mari García". Y tomó el hábito de la santa religión con toda devoción, como cosa que le era mandada por Dios.  


Bienaventurada mujer que tanta gracia alcanzó del Señor muy alto y muy piadoso, que así se lo quiso comunicar y darla a entender que la manifestaba tan en particular su santa voluntad, que hasta la señaló el lugar donde quería que le fuese a servir. Lo tuvo por bien, por consolarla y esforzar más a esta su sierva y obligarla a usar mejor del lugar y de la disposición que en él había para poder servir a Dios, pues se le señalaba para ello, que es una cosa que todas las religiosas debían considerar con mucha atención, pues verdad [es] que a todas las saca Dios de el mundo y las da orden y señala casa adonde quiere que le sirvan.
Bienaventurada mujer que tanta gracia alcanzó del Señor muy alto y muy piadoso, que así se lo quiso comunicar y darla a entender que la manifestaba tan en particular su santa voluntad, que hasta la señaló el lugar donde quería que le fuese a servir. Lo tuvo por bien, por consolarla y esforzar más a esta su sierva y obligarla a usar mejor del lugar y de la disposición que en él había para poder servir a Dios, pues se le señalaba para ello, que es una cosa que todas las religiosas debían considerar con mucha atención, pues verdad [es] que a todas las saca Dios de el mundo y las da orden y señala casa adonde quiere que le sirvan.
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Estando un día esta sierva de Dios en oración, suplicando a el Señor por parte de una persona que la había encomendado cierta necesidad, ''[9]'' la respond[i]ó el Señor que se lo pidiese delante de una imagen suya que llaman del Gladio, y la otorgaría la petición; añadiendo su Majestad que todas las personas que, en sus necesidades y tribulaciones, fuesen delante de la dicha imagen [a] hacer oración serían favorecidas y amparadas en sus necesidades de la Majestad Divina. Y la dicha imagen es hoy día en esta santa casa de San Pablo.   
Estando un día esta sierva de Dios en oración, suplicando a el Señor por parte de una persona que la había encomendado cierta necesidad, ''[9]'' la respond[i]ó el Señor que se lo pidiese delante de una imagen suya que llaman del Gladio, y la otorgaría la petición; añadiendo su Majestad que todas las personas que, en sus necesidades y tribulaciones, fuesen delante de la dicha imagen [a] hacer oración serían favorecidas y amparadas en sus necesidades de la Majestad Divina. Y la dicha imagen es hoy día en esta santa casa de San Pablo.   


''[10]'' Y no solamente esta sierva de Dios gozaba de los privilegios y mercedes que el Señor la hacía en particular para su encomendado, también mereció ser participante< s > de otras co[n]solaciones y favores de la Majesta[d] Divina en favor de otras de sus compañeras. Según se dijo en otra historia, esta santa y bienaventurada, estando con otra religiosa en el coro, puesta en oración, vio cómo salían u- [107] nos rayos de gran resplandor de la custodia donde estaba el Santísimo Sacramento y daban en el rostro y cara de la sierva de Dios doña Inés de Cebreros ''[11]'', que [e]ra la que estaba con ella. Y, espantada de esta visión, [a] la devota mujer la fue dicha y revelado por el Señor cómo aquella Inés de Cebreros eran tan gran sierva de Dios que tenía el Señor por bien de dar testimonio de su virtud y santidad, del cual hecho y milagro se colige y entiende cuál sería la santidad de estas dos siervas de Dios.
''[10]'' Y no solamente esta sierva de Dios gozaba de los privilegios y mercedes que el Señor la hacía en particular para su encomendado, también mereció ser participante< s > de otras co[n]solaciones y favores de la Majesta[d] Divina en favor de otras de sus compañeras. Según se dijo en otra historia, esta santa y bienaventurada, estando con otra religiosa en el coro, puesta en oración, vio cómo salían u- [107] nos rayos de gran resplandor de la custodia donde estaba el Santísimo Sacramento y daban en el rostro y cara de la sierva de Dios doña Inés de Cebreros ''[11]'', que [e]ra la que estaba con ella. Y, espantada de esta visión, [a] la devota mujer la fue dicha y revelado por el Señor cómo aquella Inés de Cebreros era tan gran sierva de Dios que tenía el Señor por bien de dar testimonio de su virtud y santidad, del cual hecho y milagro se colige y entiende cuál sería la santidad de estas dos siervas de Dios.
 
A esta santa mujer doña Teresa, según arriba se dijo, le quedaron algunas hijas ''[12]'', una de las cuales, que se llamó doña Aldonza Carrillo, fue casada con el conde Juan Salida ''[13]''. La cual enviudó y, queriendo seguir las pisadas de su santa madre, se vino con ella y tomó el hábito de las santas beatas. Y no solo quiso esta santa imitar a su madre piadosa en tomar el hábito y estado que ella tenía, sino en la[s] virtudes y santidad de vida también la quiso imitar [108] en compañía de las santas hermanas.   
A esta santa mujer doña Teresa, según arriba se dijo, le quedaron algunas hijas ''[12]'', una de las cuales, que se llamó doña Aldonza Carrillo, fue casada con el conde Juan Salida ''[13]''. La cual enviudó y, queriendo seguir las pisadas de su santa madre, se vino con ella y tomó el hábito de las santas beatas. Y no solo quiso esta santa imitar a su madre piadosa en tomar el hábito y estado que ella tenía, sino en la[s] virtudes y santidad de vida también la quiso imitar [108] en compañía de las santas hermanas.