Diferencia entre revisiones de «María de San Bernardo (2)»
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Revisión del 08:43 9 may 2026

| Nombre | María de San Bernardo |
| Orden | Dominicas |
| Títulos | Monja del Monasterio de Santa María de Gracia de Sevilla |
| Fecha de nacimiento | ¿Finales del s. XV? |
| Fecha de fallecimiento | ¿Primera mitad del siglo XVI? |
| Lugar de nacimiento | Islas Canarias |
| Lugar de fallecimiento | Sevilla |
Vida impresa
Ed. de Verónica Torres Martín; fecha de edición: mayo de 2026.
Fuente
- López, Juan, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 143.
Criterios de edición
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas. Por último, se corrigen los casos de laísmo y leísmo presentes en el texto.
=Vida de María de San Bernardo
[143] Capítulo XLVII
Adonde se prosigue la materia del capítulo pasado
Tuvo esta casa una monja muy santa que entró en la orden ya viuda, que se llamaba la madre María de San Bernardo, mujer de mucha nobleza. Era natural de Canaria, pasó seiscientas leguas de mar por venir a ser monja a Nuestra Señora de Gracia. Tenía tres hijos varones que habían de tomar estado y muchos deudos muy principales. Quedó viuda muy moza y, con la gran fama de santidad que tenía esta casa, dejó la suya, hacienda y regalo. Vino en su compañía un hijo suyo, niño. Cuando entró en el monasterio le dijo: “Madre, ¿a quién me dejas encomendado?”. Y respondió: “A Nuestro Señor te dejo por padre y a la Virgen Nuestra Señora por madre; seles muy obediente, que ellos te favorecerán”. Y entrose riendo con buen ánimo, como si no dejara nada. Hecho bien parecido al que refiere san Jerónimo de la matrona santa Paula, que, al tiempo de embarcarse para Jerusalén en busca de nueva vida, dejando a su hijuelo Toxocio tendido en el arena y llorando, puestos los ojos en el cielo, se hizo a la vela. Y esta sierva de Dios tomó el velo sin que le causasen desconsuelo los hijos que dejaba y el niño que tenía en su presencia. Pero como le dio tan buenos padres, salió tan virtuoso que tomó el hábito de la orden, donde vivió santamente. Fue esta sierva de Dios ejemplo de humildad y su abstinencia tan grande que nunca comía sino pan y agua, no dormía en cama, trabajó muchísimo en oficios de humildad (que a esto se aplicaba mucho); andaba siempre descalza, velaba casi toda la noche delante del Santísimo Sacramento, y allí eran sus diciplinas grandísimas. Murió de cien años y su fin fue tan santo como la vida.