Diferencia entre revisiones de «María de la Concepción (2)»
m |
m |
||
| Línea 1: | Línea 1: | ||
[[Category:Santas_Dominicas]] | [[Category:Santas_Dominicas]] | ||
| + | [[Category:Sevilla]] | ||
| + | [[Category:Juan_López]] | ||
| + | |||
| + | [[Archivo:Logo CSV letras(2) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de la Concepción|link=]] | ||
| + | |||
| + | {| class="wikitable" | ||
| + | |- | ||
| + | | Nombre || María de la Concepción | ||
| + | |- | ||
| + | | Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas] | ||
| + | |- | ||
| + | | Títulos || Monja del Convento de la Madre de Dios de Sevilla; priora en el Convento de Santa María de Gracia de Sevilla | ||
| + | |- | ||
| + | | Fecha de nacimiento || ¿Finales del s. XV? | ||
| + | |- | ||
| + | | Fecha de fallecimiento|| ¿Mediados del s. XVI? | ||
| + | |- | ||
| + | | Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla ¿Sevilla?] | ||
| + | |- | ||
| + | | Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla Sevilla] | ||
| + | |} | ||
| + | |||
| + | = Vida impresa= | ||
| + | Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: mayo de 2026. | ||
| + | |||
| + | == Fuente == | ||
| + | |||
| + | [[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 138-139.]] | ||
| + | |||
| + | * [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 138-139. | ||
| + | |||
| + | [[Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]''. | ||
| + | |||
| + | == Criterios de edición == | ||
| + | |||
| + | Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc. Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas. | ||
| + | |||
| + | ==Vida de María de la Concepción== | ||
| + | |||
| + | [138] '''Capítulo XLVI''' | ||
| + | |||
| + | '''De algunas otras siervas de Dios del dicho monasterio''' | ||
| + | |||
| + | La madre María de la Concepción fue muy noble, hija del conde de Gelves, la mayor de sus hermanos. Tenían concertado su casamiento con un grande de España, por ser su nobleza tanta, que era muy deuda del rey don Felipe Segundo de España. Toda esta grandeza dejó por ser la menor en la casa de Dios, en que consiste la verdadera grandeza no conocida de los mundanos. Y así, cuando quiso tomar el hábito, hicieron sus deudos gran resistencia a su determinación. Tomole en el Convento de la Madre de Dios de Sevilla, donde estuvo pocos años ocupada en oficios de importancia. Pero, como para la sierva de Dios la importancia consistía en buscar lugar donde se aventajase más en virtud, teniendo noticia de la que se profesaba en esta casa y del rigor de ella, dejó todo lo que tenía en la suya de la Madre de Dios y dos hermanas que estaban con ella, y se vino a este convento, donde vivió con gran virtud, humildad y menosprecio de su persona y de todo cuanto los mundanos estiman. Era de grande edificación la pobreza con que se trataba. Jamás admitió vestido que fuese bueno y, aunque para persona tan noble fuera mucha mortificación vestir jerga, esa había de ser remendada y muy vieja, y lo mismo era en todo lo demás del vestido y velos. Siendo quien era y conociéndola todo el [139] mundo, no se le daba nada, antes se honraba de que la viesen en aquel hábito. Su oración era de suerte que causaba gran maravilla la perseverancia que tenía en ella, con tanta devoción y lágrimas que las causaba en quien la veía. En su presencia no se había de hablar palabra que no fuese de mucha edificación. No admitía palabras echadas al viento y esto hacía con tanta discreción que componía y advertía a las que hablaban. Guardaba gran silencio, no hablaba sino lo necesario a que le llevaba el cumplimiento de sus oficios. | ||
| + | |||
| + | Fue tres veces priora de esta casa con mucha satisfación [''sic''] y gusto de las monjas que tenían la estima de su persona, que merecía su santidad. Acetaba el oficio muy contra su gusto por hacer el de los prelados, a quien obedecía como a padres. En la observancia de las santas constituciones de la orden se señaló mucho sin perder punto de los particulares rigores de la casa (aunque eran muchos), los cuales iban siempre en crecimiento, esforzados con sus razones y ejemplo. Tuvo don de paciencia. En los trabajos y cuidados y necesidades que traen consigo los oficios en ninguna ocasión se le oyó jamás palabra de impaciencia. Era don del Cielo la prudencia con que gobernaba favoreciendo el Señor a la que con tanto cuidado le servía. Las ocupaciones del oficio (aunque son muchas) dejaban tiempo para hallarse en los ejercicios que habemos dicho. Señaladamente para el de la oración, que era su gran regalo, que puesta a los pies de Dios buscaba el remedio de sus trabajos y pedía al Señor conservase toda aquella comunidad en su servicio. | ||
| + | |||
| + | En todo fue favorecida de Dios en lo temporal, con ser la pobreza de la casa tanta, edificó la casa que estaba cayéndose. Hizo dos coros en que Nuestro Señor fuese alabado, tales que es gran consuelo entrar en ellos, siendo los que había tan pequeños que no cabían las monjas. En ocasiones de trabajos y muertes de sus deudos y pesadumbres que se le ofrecían, decía: “La voluntad de Nuestro Señor se cumpla”. Con la cual ajustaba siempre la suya y daba gracias a su Majestad, teniéndolo por muy particulares beneficios suyos. Decía su confesor que tenía una alma y conciencia purísima. Fue muy penitente y perdonaba de buena gana las injurias. Su abstinencia era grandísima, gran consoladora de personas afligidas que salían de su presencia muy conformes con lo que Dios hacía. Su caridad fue muy particular, a todas acudía procurando de remediar necesidades (aunque fuese quedando con ella y pobre, queriendo más eso que ver a sus hermanas con trabajo). De la sierva de Dios se decía lo que de los muy santos: que tenía la muerte en deseo y la vida en paciencia. Túvola dichosa: recibió todos los sacramentos con tanta devoción que provocaba a lágrimas a todo el convento, y más oyendo las lindezas que decía a Nuestro Señor y a Nuestra Señora, de quien era muy devota. El rosario que siempre traía rezando, habiéndole ya faltado los sentidos, no le dejó de la mano ni fue posible quitársele hasta que espiró, que fue día de san Marcos, siendo de setenta años. | ||
Revisión actual del 11:41 10 may 2026

| Nombre | María de la Concepción |
| Orden | Dominicas |
| Títulos | Monja del Convento de la Madre de Dios de Sevilla; priora en el Convento de Santa María de Gracia de Sevilla |
| Fecha de nacimiento | ¿Finales del s. XV? |
| Fecha de fallecimiento | ¿Mediados del s. XVI? |
| Lugar de nacimiento | ¿Sevilla? |
| Lugar de fallecimiento | Sevilla |
Vida impresa
Ed. de Verónica Torres Martín; fecha de edición: mayo de 2026.
Fuente
- López, Juan, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 138-139.
Criterios de edición
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc. Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas.
Vida de María de la Concepción
[138] Capítulo XLVI
De algunas otras siervas de Dios del dicho monasterio
La madre María de la Concepción fue muy noble, hija del conde de Gelves, la mayor de sus hermanos. Tenían concertado su casamiento con un grande de España, por ser su nobleza tanta, que era muy deuda del rey don Felipe Segundo de España. Toda esta grandeza dejó por ser la menor en la casa de Dios, en que consiste la verdadera grandeza no conocida de los mundanos. Y así, cuando quiso tomar el hábito, hicieron sus deudos gran resistencia a su determinación. Tomole en el Convento de la Madre de Dios de Sevilla, donde estuvo pocos años ocupada en oficios de importancia. Pero, como para la sierva de Dios la importancia consistía en buscar lugar donde se aventajase más en virtud, teniendo noticia de la que se profesaba en esta casa y del rigor de ella, dejó todo lo que tenía en la suya de la Madre de Dios y dos hermanas que estaban con ella, y se vino a este convento, donde vivió con gran virtud, humildad y menosprecio de su persona y de todo cuanto los mundanos estiman. Era de grande edificación la pobreza con que se trataba. Jamás admitió vestido que fuese bueno y, aunque para persona tan noble fuera mucha mortificación vestir jerga, esa había de ser remendada y muy vieja, y lo mismo era en todo lo demás del vestido y velos. Siendo quien era y conociéndola todo el [139] mundo, no se le daba nada, antes se honraba de que la viesen en aquel hábito. Su oración era de suerte que causaba gran maravilla la perseverancia que tenía en ella, con tanta devoción y lágrimas que las causaba en quien la veía. En su presencia no se había de hablar palabra que no fuese de mucha edificación. No admitía palabras echadas al viento y esto hacía con tanta discreción que componía y advertía a las que hablaban. Guardaba gran silencio, no hablaba sino lo necesario a que le llevaba el cumplimiento de sus oficios.
Fue tres veces priora de esta casa con mucha satisfación [sic] y gusto de las monjas que tenían la estima de su persona, que merecía su santidad. Acetaba el oficio muy contra su gusto por hacer el de los prelados, a quien obedecía como a padres. En la observancia de las santas constituciones de la orden se señaló mucho sin perder punto de los particulares rigores de la casa (aunque eran muchos), los cuales iban siempre en crecimiento, esforzados con sus razones y ejemplo. Tuvo don de paciencia. En los trabajos y cuidados y necesidades que traen consigo los oficios en ninguna ocasión se le oyó jamás palabra de impaciencia. Era don del Cielo la prudencia con que gobernaba favoreciendo el Señor a la que con tanto cuidado le servía. Las ocupaciones del oficio (aunque son muchas) dejaban tiempo para hallarse en los ejercicios que habemos dicho. Señaladamente para el de la oración, que era su gran regalo, que puesta a los pies de Dios buscaba el remedio de sus trabajos y pedía al Señor conservase toda aquella comunidad en su servicio.
En todo fue favorecida de Dios en lo temporal, con ser la pobreza de la casa tanta, edificó la casa que estaba cayéndose. Hizo dos coros en que Nuestro Señor fuese alabado, tales que es gran consuelo entrar en ellos, siendo los que había tan pequeños que no cabían las monjas. En ocasiones de trabajos y muertes de sus deudos y pesadumbres que se le ofrecían, decía: “La voluntad de Nuestro Señor se cumpla”. Con la cual ajustaba siempre la suya y daba gracias a su Majestad, teniéndolo por muy particulares beneficios suyos. Decía su confesor que tenía una alma y conciencia purísima. Fue muy penitente y perdonaba de buena gana las injurias. Su abstinencia era grandísima, gran consoladora de personas afligidas que salían de su presencia muy conformes con lo que Dios hacía. Su caridad fue muy particular, a todas acudía procurando de remediar necesidades (aunque fuese quedando con ella y pobre, queriendo más eso que ver a sus hermanas con trabajo). De la sierva de Dios se decía lo que de los muy santos: que tenía la muerte en deseo y la vida en paciencia. Túvola dichosa: recibió todos los sacramentos con tanta devoción que provocaba a lágrimas a todo el convento, y más oyendo las lindezas que decía a Nuestro Señor y a Nuestra Señora, de quien era muy devota. El rosario que siempre traía rezando, habiéndole ya faltado los sentidos, no le dejó de la mano ni fue posible quitársele hasta que espiró, que fue día de san Marcos, siendo de setenta años.