María del Crucifijo (2)

| Nombre | María del Crucifijo |
| Orden | Dominicas |
| Títulos | Monja del Monasterio de Santa María de Gracia de Sevilla |
| Fecha de nacimiento | ¿Finales del s. XV? |
| Fecha de fallecimiento | ¿Primera mitad del siglo XVI? |
| Lugar de fallecimiento | Sevilla |
Contenido
Vida impresa
Ed. de Verónica Torres Martín; fecha de edición: mayo de 2026.
Fuente
- López, Juan, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 139-140.
Criterios de edición
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas.
Vida de María del Crucifijo
[138] Capítulo XLVI
[…] [139] La madre soror María del Crucifijo fue monja tan santa que se podía escribir de ella un libro entero. Fue su humildad y propio conocimiento singularísimo. Su oración era continua de día y de noche. No tenía cama en que dormir, proveyendo a la necesidad del sueño como se ofrecía la ocasión. Tenía tanto crédito en la ciudad de Sevilla esta religiosa con la voz que corría de los favores [1] que el Señor hacía por su intercesión, que era muy ordinario venirse a favorecer de sus oraciones en sus trabajos y necesidades. Teniendo experiencia [140] [2] de los buenos sucesos que por este medio tenían sus pretensiones túvose por cierto que el Señor le comunicaba espíritu de profecía, porque decía el suceso que tendrían los negocios que se le encargaban.
Muchos milagros hizo el Señor por su intercesión. En las enfermedades que tuvo fue el Señor su médico. Naciole un lobanillo en la cabeza y llegó a ser como un huevo grande, decían que no tenía otro remedio, sino abrirle. Fuese a Nuestra Señora, como solía, y una noche estando en el coro, entre otras cosas, dijo: “Señora mía, bien sabe Vuestra Majestad que hombre no ha de llegar a mi cabeza, vos me habéis de sanar”. Y en diciendo esto súbitamente se le abrió el lobanillo y se le deshizo y quedó de todo punto buena. Testigo de esto fue todo el convento, que todo él vio la enfermedad y la cura. Fue devotísima de la Virgen y, cuando acudían a pedir el socorro de sus oraciones, era devoción suya rezar nueve veces cada día el cántico de Magnificat en reverencia de la Encarnación del Hijo de Dios. Esta devoción duraba nueve días y, al cabo de ellos, mandaba decir una misa de la Anunciación (y, de ordinario, se veían por este medio milagrosos sucesos).
Una cosa memorable sucedió en este convento y fue que trajeron a él una imagen de Nuestra Señora labrada en piedra. Alegrose mucho la sierva de Dios cuando la vio y dijo: “Señora mía, así veáis todos los infieles convertidos a la fe de vuestro Hijo, para gloria suya, que os quedéis en esta casa”. Habíase hecho para otra y, cuando eso no fuera, faltaban dineros para pagar la hechura. Trajéronla dos hombres y, cuando vinieron a llevarla, no fue posible poderla menear doce, y así, visto el milagro, la dejaron en el convento, donde ha hecho el Señor muchos por la devoción que a la santa imagen tiene la ciudad. La oración de la sierva de Dios era siempre en presencia del Santísimo Sacramento. Con las ocupaciones, se le olvidó una tarde cierta devoción que solía rezar. Estaban ya cerradas y cercadas las puertas del coro, fatigose mucho, salió de su celda, encomendándose a Dios, llegó a la puerta y hallola abierta, fue al coro y rezó su devoción y, en saliendo, la puerta quedó cerrada como antes. Otro día avisó a las celadoras del descuido que habían tenido en cercar (que así lo pensaba ella). Certificáronla que la habían cerrado y que así la hallaron a la mañana.
Mandábala algunas veces la priora que echase la bendición al trigo porque la pobreza de la casa era mucha, y crecía de manera que había para todo el año. Y, si tenía gorgojo, con solo santiguarlo moría. Suplicó al Señor que su muerte fuese de manera que ni hiciese cama en la enfermería, ni la enfermedad durase más de un día, ni el médico la visitase. Y así sucedió, que un día habiendo confesado y comulgado, perdió el sentido y murió.
Notas
[1] Se corrige la errata “fanores”.
[2] Al margen izquierdo: Año de 1524.