María de la Resurrección (2)

| Nombre | María de la Resurrección |
| Orden | Dominicas |
| Títulos | Monja del Monasterio de Santa María de Gracia de Sevilla |
| Fecha de nacimiento | ¿Principios del s. XVI? |
| Fecha de fallecimiento | ¿Segunda mitad del s. XVI? |
| Lugar de fallecimiento | Sevilla |
Vida impresa
Ed. de Verónica Torres Martín; fecha de edición: mayo de 2026.
Fuente
- López, Juan, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 144.
Criterios de edición
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas. Por último, se corrigen los casos de laísmo y leísmo presentes en el texto.
Vida de María de la Resurrección
[143] Capítulo XLVII
Adonde se prosigue la materia del capítulo pasado
[…] [144] La madre María de la Resurrección entró niña en esta casa, donde vivió con mucha santidad. Fue dada a los ejercicios de oración, donde el Señor le enseñó un perfectísimo conocimiento de lo poco que era y valía. Estuvo dieciocho años tullida en la cama, donde sufrió no solamente los trabajos de la enfermedad, que fueron muchos, sino las desgracias y ruines palabras de quien la acudía a servir (que en largas y penosas enfermedades nunca faltan). No podía menearse sino por manos ajenas. Llevaba esto con tanta paciencia y alegría como si gozara de muchos regalos (que, a la verdad, el Señor los da soberanos a los que padecen por su amor). Su muerte fue de gran consuelo para todas las monjas, porque ganó el jubileo que de veinticinco en veinticinco años se gana en Roma, y, acabando de recibir los Sacramentos, espiró. Y fue tan grande el olor (como de violetas y flores) que, llegando donde estaba su cuerpo, era gozar de un regalo del Cielo. En toda la enfermería y coro se sentía la suavidad del olor y se comunicaba a las manos de las que tocaban su cuerpo, y los paños negros sobre que estaba el cuerpo, pasados más de dos meses, conservaron el olor que tuvieron el primer día. Fue su muerte día de la Natividad.