María de Santa Catalina de Sena

| Nombre | María de Santa Catalina de Sena |
| Orden | Dominicas |
| Títulos | Monja del Monasterio de Santa María de Gracia de Sevilla |
| Fecha de nacimiento | ¿Finales del s. XV? |
| Fecha de fallecimiento | ¿Primera mitad del siglo XVI? |
| Lugar de fallecimiento | Sevilla |
Contenido
Vida impresa
Ed. de Verónica Torres Martín; fecha de edición: mayo de 2026.
Fuente
- López, Juan, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 142.
Criterios de edición
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas. Por último, se corrigen los casos de laísmo y leísmo presentes en el texto.
Vida de María de Santa Catalina de Sena
[138] Capítulo XLVI
De algunas otras siervas de Dios del dicho monasterio
[…] [142] La madre María de Santa Catalina de Sena fue muy humilde y muy pobre y tan alegre de serlo que, cuando faltaba alguna cosa, la pedía por amor de Dios. Y si le daban alguna limosna, la gastaba en misas. Decíanle que por qué no compraba lo que había menester, que con esto no andaría pidiendo. Respondía que el pobre siempre había de pedir por amor de Dios. Tuvo un zaratán muy penoso, hízosele una llaga, de la cual le salía mucha sangre. Era de mucha edificación la paciencia y alegría. Su alivio era, en tan penosa enfermedad, unas hojas frescas de llantén [1]. No le había en el convento, fuese a un patio empedrado y, a un lado de él, echó agua e hizo la señal de la cruz, y nació tanto que cubrió buena parte del patio. Tenía cuidado con regarlo cada día, hase conservado de manera que, habiendo veinte años que murió la sierva de Dios, ha habido tanto que sacan agua de él. Y, aunque muchas veces lo han arrancado de propósito, vuelve a nacer. En tan grave enfermedad jamás se le oyó a soror Catalina palabra de impaciencia, siempre alababa a Dios con mucha alegría. Era su ordinaria respuesta a todo lo que le decían: “Gracias a Dios”. De esta enfermedad murió con gran demostración de santidad.
Notas
[1] Se trata de una planta medicinal.