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María de Ajofrín

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sin resumen de edición
| Lugar de fallecimiento || Toledo, España
|}
 
=Vida manuscrita=
 
Ed. de Celia Redondo Blasco
 
==Fuente==
 
* Escorial. C-III-3. fols. 192r – 231v.
 
==Criterios de edición==
 
Al tratarse de un testimonio único se ha optado por unos criterios de edición conservadores.
* Se puntúa y acentúa siguiendo las normas establecidas por la RAE.
* Se conserva la -l- geminada en ''humilldad'' y la s líquida en ''Spíritu Sancto'', así como la alternancia entre v y b en su valor consonántico; también se mantiene la h- aunque sea anti-etimológica en ''hedad''.
* Se han respetado los latinismos como oratión.
* Se han repuesto vocablos o grafías con corchetes ([ ]) cuando resultaba patente que no aparecían por un descuido del copista (en caso de duda, se ha respetado su ausencia).
* Se conserva ''dello'', desto, pero se separa mediante apóstrofe cuando la forma aglutinada incluye el pronombre personal masculino singular: ''d’él''.
* Se ha conservado el uso de qu por ''cu'' (qual) y la grafía de la nasal n antes de la bilabial (grupos -np- y -nb-: ''honbre'').
* En cuanto al grupo de sibilantes, se mantiene ç ante a, o, y también ante e, i. Se respetan, también, los grafemas z, s/ss ante las distintas vocales.
* Cuando la ''n'' se encuentra acompañada por vírgula se ha reproducido como ''ñ''.
 
==Vida de María de Ajofrín==
 
[Fol. 192r] Sigue la vida de la bienabenturada virgen María de Ajofrín, la qual fue una bendita muger, según paresçe en las revelationes y secretos ocultos que Nuestro Señor le quiso revelar.
 
Per homnia que feneçiste para ser amaes Deum ''[1]''
 
[Fol. 192v] Non omnia posumus homnes
 
Aquí ay tres historias: la primera, la de María de Ajofrín; la segunda, la del Santo Niño de La Guardia; la tercera, de doña Mari García, fundadora de Santo Pablo qaes questio prima homo natus de mulier ''[2]''.
 
[Fol. 193r] Aquí comiençan las revelaçiones y vida, así secretas como manifiestas, que Nuestro Señor por la su acostunbrada clementia muchas vezes obró e mostró en las sus siervos. De las quales por la su gran virtud, muchas no acostumbradas, quiso poner y dar en la su sierva y bienabenturada María de Ajofrín según el suçeso que adelante se seguirá, la qual vibió y murió en el monasterio de la casa de doña María García en la cibdad de Toledo. E fallesció en la dicha cibdad, año del nacimiento del Salvador de mil y cuatrocientos ochenta y nueve años, sábado, a diezsiete días del mes de julio ''[3]'', quando andava la pestilentia en la dicha cibdad, a las tres de media noche, e fue sentido en su fallecimiento un olor celestial, lo qual fue dicho por la hermana maior, e fue enterrada en el Monasterio de la Sisla a las vísperas en el capítulo.
 
Como por la voz de Nuestro Redentor es escrito en el Evangelio que la nuestra luz alunbre delante los hombres por que ellos viendo en nós las santas obras glorifiquen a Dios y sea glorificado el Padre Celestial, que es en los Çielos, no para que seamos vistos e alabados delante del Señor, quias son las maravillas e poder, el qual es maravilloso en los sus santos e inspira en las sus Escripturas espíritu de vida según la Divina Providentia, quando quiere e como quiere, porque todas las cosas que tenemos las recibimos dˈÉl según el Apóstol dize «todos somos dˈÉl llamados para ser obreros en la su viña», que es en la su santa Yglesia, la qual á de ser luz a todos los cristianos, según el partimiento de las sus graçias e dones a que cada [fol. 193v] uno dio, para que, con ello, fielmente trabajando, doblados y con usuras en fin de la vida, gloria suya y provecho nuestro, de nós los reciba. E por temor de no ser condenados con el siervo malo e sin provecho, que ascondió en la tierra el marco de su Señor, por el qual fue condenado con el gran derecho del ensalçamiento de la honra del Rei Soberano, e a provecho e enmienda de nuestras vidas, yo, el mui indigno siervo de los siervos de Dios, fray Juan de Corrales, prior de la Sisla de Toledo, recontaré e diré a honra y gloria de su Soberano Rei Dios, Nuestro Señor, las maravillas y secretos ocultos y manifiestos que por mis ojos vi y con mis manos traté y a personas dignas de fe y dignas de gran memoria oí, las quales Nuestro Señor quiso poner y demostrar en una pobreçilla sierva suia, virgen santa llamada María de Ajofrín en el monasterio y casa de doña María Garçía en la cibdad de Toledo.
 
===Capítulo 1. De cómo fue llamada desde su niñez al serviçio de Dios===
 
En la villa de Ajofrín, villa de la cibdad de Toledo, fue un varón que llamavan Pedro Martín Maestro y a su mujer Marina Garçía, los quales siempre temieron mucho al Señor, andando siempre en sus mandamientos. Y estos ubieron abundançia de los bienes temporales, de los quales naçió esta santa virgen, la qual el Señor, dende su niñez, para sí quiso y por destino llamola dándole grandes honras de amor con su santa ynspiración. E como sus padres e parientes la quixeron casar, e de muchos [fol. 194r] fuese pedida para casarse con ella, nunca ella consintió en ello, antes baronilmente resistió al mundo y a los parientes.
 
E porque no pudiese ser quitada del amor divino, siendo chica y de tierna hedad, sin consejo ni ayuda humanal,1 hizo al Señor voto de entrar en relixión. E tanta fue la fuerça que a los padres y hermanos hizo, que de todos fue aborrezida, e sobre aquesto lo hizieron la madre y hermanos mui gran sentimiento. E siendo de quinze años, su padre, con gran dolor, la sacó de su casa e la traxo a la cibdad de Toledo. E como entrase en la iglesia maior de la dicha çibdad, e no sabiendo qué se hazer, mandose llevar por inspiración divina al monasterio de doña María García, en el qual siempre conversó con mucha humildad e santidad, menospreciando mucho a sí mesma, e fue humillde con los humilldes, haciendo al Señor siempre de sí continuo sacrifiçio. Sin querer ella su deleite e afiçión fue siempre en la horación muy ferviente en el amor del Señor, derramando sienpre muchedumbre de lágrimas de sus ojos, con muchos suspiros, teniéndose por la más pecadora e indigna de las mugeres.
 
===Capítulo 2. De una visión que le fue demostrada cuando con devotión quiso confesar===
 
Viviendo como dicho es en esta santa conversatión algún tienpo, pasados más de diez años de su conversión, fue puesta sobre ella la mano del Señor. [fol. 194v] El qual quiso en ella e por ella demostrar los sus secretos e maravillas, algunos de los quales fueron vistos e manifiestos a muchas personas.
 
La qual, alunbrada del padre de las lunbres, con grandezas de ser tenplo verdadero de Dios, deseó mucho hazer confessión general de sus pecados; e como por esto se afligiose con lágrimas continuas e rogativas, deseando saber si sus pecados eran perdonados, aceptó el día de la confessión. E como entrase en el confesionario, a do todas se suelen confesar, estaba allí fuera la imagen de Nuestra Señora con el Niño en sus braços e derrubándose delante della, con muchas lágrimas y devotión, rogávale mucho la quisiese oír e ganasse perdón de todos sus pecados. E como con atentión estubiesse orando, súbitamente vio una gran claridad que alunbró la imagen y parte de la carilla, y en la claridad de la lunbre vio cómo Nuestro Señor, estando en los braços de la madre, alçó la mano contra ella como quando el saçerdote absuelve a la penitente. De la qual visión fue mui espantada e turbada y con mui gran fatiga i trabaxo hizo su confessión lo mexor que pudo, la qual hecha, como tornose a hazer oratión a la imagen susodicha, vio la misma claridad que vio al principio e la mano del niño que primero avía visto, de lo qual quedo mui consolada e confortada. E esto siempre lo tuvo en el coraçón çelado, que a ninguno lo dixo sino a mí e me certificó que desde entonçes le quedó tan gran movimiento en el corazón que se le quería salir del cuerpo.
 
E como esta santa mujer rogase muchas vezes por el estado [fol. 195r] desta santa madre Yglesia, una noche quedó sola en el coro de la iglesia orando al Señor, e como rezase con atención, vio la arca en que está el corpus cristi ençendida en llama de fuego con gran claridad. E ardió por el espaçio de una hora, la qual, como acabase la oraçión, luego se amató y ella quedó mui espantada y atemorizada.
 
===Capítulo 3. Cómo el día de la resurretión comulgó un cordero vivo, tamaño como una abexita, en semejanza de pan===
 
Sábado Santo, víspera de la resurretión del Señor. Como desease mui mucho recibir el sacramento de la santa eucaristía, toda la noche de la fiesta no durmió ninguna cosa, antes se anduvo por toda la casa de lugar en lugar llorando y orando al Señor, demandándole limpieza y aparexo para reçebir tan alto sacramento. E como vinise el tienpo de la santa comunión y fuesse ayuntada con las otras hermanas delante del altar, recibió el santíssimo sacramento en semexanza de un cordero vivo en speçie de pan. E como lo recibiesse en la boca, sintió luego bullir e que andava de un cabo a otro como cosa viba, e ovo mui gran pavor, e tragolo con temor, e luego sintió cómo se le puso encima de las telas del coraçón y tanta fue el alegría y consolaçión que ovo, que diez días con sus noches no durmió, llorando y orando, y luego fue robada en espíritu.
 
Y dende entonçes se quedó [fol. 195v] que cada y quando que recibié el santíssimo sacramento se traspasaba y era rrobada en spíritu sin ningún sentimiento, quando más y quando menos, según adelante se dirá. E desde aquel día que comulgó el cordero, según dicho es, le dio el Señor este don y graçia, que cada y quando que comulgava le quedava un dulçor en el coraçón y en la garganta y en la boca. Según me dixo muchas vezes que no se le quitaba aquel dulçor por quarenta horas e me dixo que podía vibir en ese tienpo sin comer, e que muchas vezes lo hiziera si no fuera por cuitar la singularidad de los que lo viesen y entendiesen.
 
===Capítulo 4. De cómo fue robada en spíritu e cómo Nuestra Señora le puso el niño en las manos sobre un paño de seda===
 
El día octavo de la Resurretión fue robada en spíritu y vio cómo vino a ella un barón mui recto reverendo y honesto en hedad, vestido de una capa de seda colorada y díxole: «Ven, que te llama la reina»; y ella, pensando que la llamava la reina terrenal, no quiso yr con él. Él díxole otra vez: «Ven, que te llama la Reina del Çielo». E fue con él e fallose en una iglesia fuera de la çibdad, a do estaba Nuestra Señora, la Virgen María, con su hijo en los braços. E como la vio, hincóse de rodillas delante della y aquel honbre que la llamó, de la capa colorada, púsole un paño de seda en las manos. E Nuestra Señora puso el niño encima del dicho paño e dióle Nuestra Señora a otro honbre de menos hedad que fuese con ella e la acompañase, e díxole a ella la reina del Çielo: «Ve con estos varones a donde quiera [fol. 196r] que fueren».
 
E aquel varón de la capa colorada iva delante un poco, como que iva a buscar posada, e entrando a la çibdad llamava a las puertas que estaban çerradas y dava tres golpes a cada puerta e deçía estas palabras: «Abrí, que viene el Señor a posar en vuestra casa». E ninguno le abría e los que tenían las puertas abiertas corriendo las iban a çerrar, y deçían que no podían entrar allí porque estaban mui negociados con muchos libramientos, e otros decían que estaban mui depriessa e que no los podían reçebir. E desta manera anduvieron toda la çibdad que en ninguna casa hallaron posada. E bueltos por do fueron toparon con dos mugeres que iban caballeras en dos asnos e dos clérigos con ellas, e dixeron los dos clérigos a la muger que llevaba el niño en los braços: «Nosotros os acoxiéramos, mas vamos mui depriessa, mas mientra que venimos entraos en este establo». Y así le tomaron a Nuestra Señora el Niño de las manos de la dicha su sierva y con muchas lágrimas deçían así aquestas palabras: «Venido es el tienpo en el qual tan gran deshonra es venido a [e]l ''[5]'' Hijo de Dios, mas ia tienpo es que enbíe el Señor su ángel con azotes y aún que fiera a unos ''[6]'' y a otros con espada, e a otros con pena de fuego». E dize más esta santa mujer: que vio treçientas ánimas salidas de los querpos e no fueron más de tres al purgatorio de todas ellas, y las demás todas fueron al infierno. ¡Mas ay de aquellas que son pribadas de tan gran hermosura [fol. 196v] como es la magestad del Señor, e los sacerdotes que son dignos de maior reverencia que los ángeles, e por sus vicios son metidos en las honduras de las penas perdurables por su gran desconocimiento y vicios malos!
 
===Capítulo 5. De çinco procesiones que vio salir a una yglesia en la qual solamente fue celebrada una missa===
 
El día de la Açensión del Señor, después de dicho el oficio de los maitines e ido el convento a reposar, esta sierva de Dios se quedó sola en la iglesia, como siempre solía hazer. E como se llegase cerca del altar maior codiciando de hartarse de las migaxas que caían de la mesa de los ángeles en tan santa solenidad, con coraçón limpio e boluntad mui atenta, estando rezando fue robada en spíritu.
E fue llevada en un campo mui spacioso, hermoso e deleitable. La qual sierva de Dios toda estaba en sí misma admirada mirando que era lo que avía, y vido un gran claustro de mui altas paredes fecho de piedras mui labradas e polidas, y era de tan gran altura quanto los ojos humanos podían mirar; y dentro en él no vio nada entonces, pero después, mirando, vio que tenía çinco puertas de bidrio de colores moradas. En cada puerta era pintada la encarnaçión del Señor y la salutaçión del ángel. En cada una de las dichas puertas salía la muy maravillosa proçesión de mui reverendos sacerdotes, [de] sobrehumana natura, e cada una de las procesiones [fol.197r] llevava una cruz colorada como de oro, con candeleros de oro, y los ministros llevavan capas como convenía a la procesión.
 
Y estaba en medio del campo una casa mui hermosa, ansí como hecha materialmente, mui blanca, e de ninguno de aquellos era conocido aquel lugar. Al qual lugar todas aquellas procesiones fueron mui hordenadamente, y entraron dentro, y mirando al altar todos se inclinaron e se echaron en tierra cantando gloria in excelsis deo. El qual canto acabado, todos estuvieron en silençio, tanto que no se mirava uno a otro. Y en el altar estava Nuestra Señora, la Virgen María, en cuerpo y en ánima, teniendo en sus manos el su Santo Hijo vibo, ansí como lo parió. E Nuestra Señora deçía a altas vozes con lágrimas, y demostrava el su santo hijo al pueblo, y deçía: « He aquí el fruto de mi vientre, tomaldo e comeldo, que en çinco maneras es cada día cruçificado en las manos de los malos sacerdotes; la una es por la mengua de la fe; la otra es por la cobdiçia; la otra por la luxuria; la quarta por la ignoratia de sinples y necios sacerdotes que no saben discerner inter lopran & lepran ''[7]''; lo quinto por la poca reverentia que facen al Señor, después que le an reçebido». E dixo más Nuestra Señora: «Más sin reverentia es comida la carne de mi hijo de los indignos sacerdotes que el pan que es dado a los perros».
 
Y estas cosas de todos oídas, vino un sacerdote honrado por canas y hedad, mucho más que los otros, e vistiose para dezir missa, e como hordenadamente procediesse llegando al lugar para tomar la hostia para consagrar, Nuestra Señora le dio el su Hijo que [fol. 197v] tenía en los sus brazos, el qual se tornó en ostia. Como el saçerdote lo levantase en alto, fue visto como el rraio de sol y poco a poco se deshizo la ostia y se subió al Çielo. E recibiola el padre en su seno, e fueron hechos una mesma cosa e fue dicha una box del padre: «Aqueste es mi Hijo mui amado». Entonces, un saçerdote difunto, que fue cura de aquella casa de doña María García, conocido desta sierba de Dios, llegose a ella y díxole: «Esto que as visto hazer de la santa ostia significa aquellos que tan solamente reciben la forma del sacramento, e no la virtud y mérito del sacramento». E díxole más el saçerdote a esta santa virgen: «Ve y di por horden todo lo que viste a tu confesor para que lo diga al deán y al capellán maior para que de todos sea sabido, porque no carezcan estas cosas de mui grandes méritos». Y así desaparecieron todos.
 
===Capítulo 6. Del gran temor que quedó en su corazón y las dudas que le acaezieron===
 
Como aquesta santa virgen tornase en sí, tomó [cómo] aquesto podía ser, e que por ventura no fuese engaño del Enemigo que se transfigurava en ángel de luz. E sufría mui grandes angustias de todas partes: de la una parte, sentíase mui indigna para ver y dezir tan grandes cosas; e de la otra parte, afirmava ''[8]'' y dezía que en cosas tan maravillosas en ninguna manera podía pensar que el Enemigo pudiese poner asechanzas.
 
[Fol. 198r] Y afligida qué haría acordado, y pareciole más seguro no decírselo a ninguno. E como fuese a confesar, dixo a su confesor todo lo que avía visto, e como el confesor lo oió no le dio crédito, antes la menospreçió, que fue cosa de mucha admiratión, e prudentemente lo disimuló cómo que no entendía por no creer de ligeras fantasías de mugeres, con esperança que avría fin este negoçio para ser de ello más certificado.
 
===Capítulo 7. De cómo vio a nuestro Señor correr sangre de sus piernas===
 
Después desto susodicho, en el día del vencimiento de la cruz, acabados de dezir los maitines, ya que rompía el alva, según aquella me dixo, quedose sola esta santa virgen en la iglesia echada de brazos delante del altar. Y como fuese robada en spíritu, apareciole Nuestro Señor en figura de hombre e tenía la cara mui espantosa, e tenía vestida una sobrepelliz y una estola al cuello, y corríale mucha sangre de las piernas. Y el Señor allegose a ella, que estava de brazos delante el altar, e fízola alzar la cabeza y díxole así: «Como me ves corriendo sangre, ansí ando por las iglesias desde esta hora hasta que tañen a la plegaria». Y acabando de dezir esto, desapareçió.
 
===Capítulo 8. De cómo se vido puesta en una tormenta ''[9]''===
 
El día de San Agustín, con mucha atención rogava al Señor esta santa virgen por todos. [Fol. 198v] Después de algunos días, fue otra vez traspasada en sueño y viose puesta en alto y colgada de las manos en un madero, en una gran altura, quanto la vista humana podía alcançar, e fuele dicho divinamente: «Aquí estarás, habla que prometas de dezir y recontar todas las cosas que viste y oíste». De lo qual ella no curó.
 
===Capítulo 9. De cómo vido carne y sangre en la boca de la Verónica que tenía pintada===
 
El día de San Agustín, con mucha atención rogava al Señor por todos los sacerdotes. Y como estuviese rezando y mirase a una Verónica que tenía en un libro pintada, por el espaçio de una hora vido en ella y sobre ella gran resplandor, y vio carne y sangre. Y desde que vio esta vissión tan maravillosa, ansí se le cerró el estómago, que desde aquel día en sanidad ni enfermedad nunca jamás quiso comer carne, ni se la quería tener el estómago; su manxar era pasas y cosa de dieta. La qual Verónica le tomó su confesor e la sierva de Dios fue mui maravillada desto, e puesta como fuera de sí. E aflixiose mucho por todas maneras de penas por que el Señor más manifiestamente le descubriese esta palabra e le mostrase quál era su voluntad.
 
===Capítulo 10. Cómo Nuestra Señora le mandó que rebelase las cosas que avía visto===
 
En fin del mes de setienbre caió esta santa virgen en una mui gran enfermedad y no aviendo esperança de vibir, ni menos de salud, salvo para ir a la güesa. [Fol. 199r] Y fue traspuesta ansí, como muerta, por espacio de tres horas, e las hermanas de la casa que estaban presentes dávanle tormentos por que despertase, y echávanle agua hirviendo sobre los pies, que casi los quemaron.
 
La qual, estando ansí, sin ningún recordamiento, fue robada en spíritu al capítulo primero, adonde vio el claustro e proçessiones. Y como fuese por el camino, vio cómo encontró con el Enemigo, e quisose llegar a ella; y ella vio luego a Nuestra Señora que enpuxó e increpó al Enemigo con su mano propia. Y la Señora tomola por la mano y metiola en el dicho claustro, dentro del qual vio salir las primeras dichas proçesiones, y díxole Nuestra Señora: «Este es el lugar a do te fue mandado que dixeses aquellas cosas que avías visto, pero otra vez de parte de Dios tomando, que lo que entonzes y agora as visto lo digas y requentes a tu confessor y no se lo ascondas, y él se lo diga a los otros varones católicos suso nombrados, y ellos lo digan al arçobispo y sea sabido por todas las partes de la santa Yglesia, y sea sonado y divulgado». Y díxole más Nuestra Señora: «Ya el hijo de Dios no puede sufrir las injurias y escarnios que le son hechos en la Iglesia por los malos sacerdotes». Estas e otras cosas muchas que esta sierva de Dios vido y hoió ella misma las siente, y otro ninguno no lo puede dezir ni sentir.
 
===Capítulo 11. Cómo dixo todas estas cosas a su confesor Juan Velma===
 
Como dixese todas estas cosas a su confessor, [fol. 199v] él se demostró con prudentia, madureza de corazón, y dixole: «Ya é mirado todas las cosas que me avéis dicho y todo el proçeso, y esto a basta a mí para lo creer, mas enpero para que io lo aia de dezir y revelar como vos dezís a aquellos venerables barones, y que para ellos y otros sea manifiesto y dibulgado, para que de ello venga remedio y reparo, y para que estas cosas no sean vistas ni juzgadas como cosas locas y vanas, como se deçía de las Marías que anunçiaron la resurrectión del Señor, mui manifiesto es ser neçesario que vos deis señal para ser creída que venga de la mano de Dios, que así como los judíos pidieron señal a Jesús excelentísimo Señor Nuestro del Çielo para creer bien». Así dixo el saçerdote: «Pido yo a vos señal del Çielo para conozer la verdad de aqueste hecho y para que mexor sea creído lo que puede ser dubdoso; por ende, concertad vos esto con el Señor».
 
Y como la sierva del Señor oviese estas cosas, fue mui turbada y dio muchos suspiros y gemidos, y propuso en su corazón de responderle por carta, lo que después así cunplió.
 
===Capítulo 12: De las cosas que divinamente halló escritas en su regazo===
 
Como de las cosas susodichas su corazón estuviese mui turbado, sentíase muy afligida y quebrantada, y andava de lugar en lugar por toda la casa. Y no pudiendo hallar lugar de consolatión, como pasase por un lugar a do estava una ventana, según ella me dixo, vio estar en ella un [fol. 200r] pliego de papel blanco. No sabiendo quién lo avía puesto y tomolo y metiose en un sótano do algunas vezes poníen la leña, y asentose mui afligida, y arrimose a una pared, y vio súbitamente una claridad que resplandezía y daba el resplandor en el papel, y ella me dixo que no sabe quién le tomó su mano y escribió dos cosas: la una, para el qura; y la otra, para los venerables a quienes tal cosas se avían de dezir, siendo muy clara verdad y cosa mui cierta y manifiesta que ella nunca supo escribir, ni ai en todo Toledo quien tal letra hiciese. Y esta es manifiesta verdad, y como las cartas fuesen escritas, hallolas ella cabe sí y desapareçió la claridad.
 
Y dobladas las cartas, metióselas en las mangas, y como fuese a sacar una caldera de agua de una tinaxa, una carta caió dentro y detúbose en el ayre y no llegó al agua. Y una destas cartas ubo y tiene el capellán maior con mucha veneratión y onra, según el qual me dixo que poniéndola sobre tres enfermos de diversas enfermedades, luego fueron sanos.
 
E como ella diese estas cartas al dicho su confesor, él fue muy maravillado,1 maiormente porque sabía que ella no sabía escrebir, ni avía persona en la casa que tal letra hiziese, de lo qual se pondría afirmar ser escritas divinamente y no humanal. Y hovo mui gran espanto en su coraçón, e vio en su carta cosas que otro no las sabía sino él, mas ni por esso no tubo osadía para lo divulgar porque no avía llegado el tienpo que el Señor avía puesto y dudava como Santo Tomás.
 
Por poder [fol. 200v] quitar la dubda a todos, y como el dicho confesor no tuviesse lugar para la hablar, escribióle a ella diziendo que no podía creer que ella escribiese aquellas cartas, con intentión de sacarla a público e a manifiesto. De lo qual, ella uvo gran sentimiento y dolor, y tuvo esto por mui malo y áspero, y quexose de ello al Rei del Çielo.
 
Y así como ella era mui inocente, y como después se hablasen ella y su confesor, la sierva del Señor, fuerte así como león, lo increpó mui duramente de tal dureza e incredulidad de su coraçón, mostrándole por razones mui claras que creiese sin dubda que ninguno escribió las cartas sino ella por su mano con el ángel. Y desde allí propuso ella en su corazón de rogar al Señor que por su misericordia tuviesse por bien de la librar de tan grandes afrentas, y propuso en su voluntad de no hablar más destas cosas; y así lo hizo. Y suplicaba al Señor con gran firmeza y afinco que pusiese al dicho su confesor alguna evidente señal porque creiese, si fuese capaz de la ver, y si no fuese digno, le diesse duro azote por que creiesse.
 
Y la dicha santa virgen calló por nueve meses, mas su coraçón dava de sí mui claras llamas, lágrimas y lloros, suspiros y gemidos sin quento, a los quales no faltó la divinal clementia ¡O, quánto es el Señor piadoso! A los santos, y a los que presumen de sí abaxa, y a los humildes levanta.
 
Vençido el Señor por su plegarias y llenas su orexas de las sus [fol. 201r] rogativas, plúgole de la visitar en muchas maneras. Quiso que fuese parçionera e mediadora de los tormentos y passión que su hijo, Jesucristo Nuestro Señor recibió e pasó en la su santa pasión con señales mui manifiestas, las quales no fueron vistas en nuestros tienpos ni en muchos de los santos, según que adelante se dirán.
=Vida manuscrita=

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