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María de Ajofrín

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sin resumen de edición
''[1]'' “professus”, corrección de una mano posterior en el ejemplar impreso señalado de la Biblioteca de la Universidad Complutense.
== Vida impresa (2) ==
 
Ed. de María Morrás; fecha de edición: octubre de 2020.
 
== Fuente ==
 
* Pedro de la Vega, ''Cronica de los frayles de la orden del bienaventurado sant Hieronymo''. Universidad de Alcala de Henares: Juan de Brocar, 12 Octubre 1539, fols. 94v–103v (Lib. iii Chs 41–50).
 
== Criterios de edición ==
 
En el texto castellano de Pedro de la Vega (con variantes respecto a su anterior vida latina), el criterio de edición que se ha seguido ha sido muy conservador para poder cotejarlo con el latino. Se conservan las grafías, pero se separan o juntan palabras y se puntúa de acuerdo a criterios actuales. Las versiones latina y castellana difieren ligeramente entre ellas.
 
En la tabla índice del texto latino, la rúbrica referente a la beata de Ajofrín lee “Marię de Ajofrin laudes & vita li. Iii. a cap 40 usq ad finē libri folio lxxxviii”; en cambio la rúbrica del capítulo resalta su carisma visionario: ''De beata Maria de Aiofrin magne religionis magnarumque reuelationum foemina''. Es significativo que ambas rúbricas se modifiquen en el texto en castellano, pues tanto en la tabla como en la rúbrica que inicia el capítulo se omite la mención a las revelaciones “De la vida y obras marauillosas de la sancta y bienauenturada María de Ajofrín, religiosa del monesterio de Sant Pablo de Toledo”.
 
Para esta edición, usamos la la versión castellana de la Biblioteca de Castilla-La Mancha, res. 60, en <[[http: //bidicam. castillalamancha. es/bibdigital/bidicam/es/consulta/registro. cmd?id=12322]]>.
 
==Vida de María de Ajofrín==
 
[fol. †4va] ‘Tabla de los capítulos’: ⸿Cap. xli. de la vida y obras maravillosas de la sancta y bienaventurada María de Ajofrín religiosa del monesterio de sant Pablo de Toledo. folio. xciiii. [Transcripción con acentuación].
 
[fol. 94va] === Capítulo 41 ===
 
'De la vida y obras maravillosas de la sancta y bienaventurada María de Ajofrín, religiosa del monesterio de sant Pablo de Toledo'
 
No será fuera de propósito escrevir en fin deste tercero libro así como en suma la sanctidad y obras maravillosas de la bienaventurada María de Ajofrín, y las revelaciones que vido y los miraglos que Nuestro Señor hizo por ella, y ayuntar los hechos desta sancta virgen que fue maravillosa [fol. 94vb] en esta nuestra edad a las obras del sancto arçobispo que floreció en este mismo tiempo según de suso son escriptas. La vida desta sanctíssima muger que vino a mis manos, y las grandes revelaciones que vido y obras que hizo, escrivió el venerable fray Juan de Corrales, prior del monesterio de la Sisla de Toledo, parte como las vido y trató con sus manos, parte según las oyó a personas dignas de fe, mas yo no escriviré aquí sino pocas de muchas por abreviar y quitar el enojo a los lectores que les suele causar la prolixidad. Fue pues esta sancta virgen natural de un lugar que se dize Ajofrín, de tierra de Toledo; hija de padres honrrados y temerosos de Dios: su padre se llamava Pedro Martín y su madre, Mariana García. Y como ellos tuviessen tuviessen voluntad de casarla, y muchos la demandassen, nunca la santa donzella consentió en ello, mas antes varonilmente resistió a sus padres y a todos los otros que hablavan del casamiento.
 
Y por que no pudiesse por alguno ser estorvado este su tan alto propósito, siendo aún de pequeña edad, sin consejo ni ayuda humanal hizo voto de virginidad y de entrar en religión. Y tanto importunó sobre esto a sus padres y hermanos que de todos fue aborrecida. Y al cabo, siendo ya de edad de quinze años, no la pudiendo los padres inclinar a su voluntad, sacola el padre con gran dolor de su casa y trúxola a la ciudad de Toledo. Y como entrasse en la yglesia mayor no sabiendo ónde yr, ordenándolo la divina providencia fue traýda al monesterio de nuestra orden que está en la dicha ciudad que edificó la noble y religiosa señora doña Mari García, que agora se llama Sant Pablo. Y recebida en él, diose toda a los exercicios santos de la religión conversando santamente, y con grande humildad menospreciando a sí misma, haziendo al Señor de sí contino sacrificio sin querella. Sus deleytes fueron siempre la santa oración y meditación, derramando de sus ojos muchedumbre de lágrimas, teniéndose por la más [fol. 95ra] peccadora e indigna de todas las mugeres. Y passados ya los diez años después que entró en el monesterio, queriendo Nuestro Señor demostrarle sus secretos y maravillas, estando ella con propósito de se confessar generalmente, affligiose mucho y con lágrimas continuas rogava a Dios que le perdonasse sus peccados. Estando pues ella con este propósito y desseando saber si sus peccados le eran perdonados, vino el día de su confessión; y entrando en el confessionario onde todas las religiosas se suelen confessar, derribose en tierra delante la imagen de Nuestra Señora que allí estava en una tabla pintada con el Niño en los braços, y començóle a rogar con muchas lágrimas que la quisiesse oýr y ganar perdón de su hijo. Y como estuviesse con atención orando, súbitamente vido una gran claridad que alunbró la imagen y parte de la casilla. Y en la claridad de la imagen vio cómo Nuestro Señor, estando en los braços de la madre, alçó la mano contra ella como la suele alçar el sacerdote quando asuelve al penitente. Y espantada desta visión y muy turbada en su espíritu, hizo con mucho trabajo lo mejor que pudo su confessión; la qual acabada, como tornasse a hazer oración a la imagen ya dicha, vido la claridad primera y la mano alçada del Niño como primero la avía visto y quedó muy consolada y esforçada en su coraçón.
 
Y siempre guardó el secreto desta visión, que nunca lo dixo a ninguno, sino al prior suso dicho que escrivió estas cosas. Y desde esta hora certificó al suso dicho prior que le avía quedado tan gran movimiento en el coraçón, que muchas vezes le dava golpes que parecía que le quería salir del cuerpo. Y como en estos días orasse una noche con mucha atención por el estado de la Sancta Yglesia, quedose sola en el choro rezando y vido en el sagrario, onde estava el cuerpo de nuestro señor Jesu Christo, una llama de fuego encendida con gran resplandor; y ardió por espacio de una hora, la qual acabada se mató y quedó muy espantada desto.
 
[fol. 95rb] ===Capítulo 42 ===
 
'De cómo comulgando el día de la Resurrectión le pareció que rescibió un cordero bivo so las especies del pan; y cómo desde este día cada vez que comulgava se trasportava en espíritu, y de la visión que vido el día octavo de la Resurrectión'
 
Como esta sierva de Dios se aparejasse un Sábado Sancto antes para comulgar el día siguiente, no dormió toda aquella sancta noche de Pascua, mas andava de lugar en lugar por la casa llorando, y orando al Señor, y demandando limpieza y aparejo para rescebir el sancto sacramento. Y venida la hora de la communión, fue con las otras hermanas a comulgar y recebió el sanctíssimo sacramento en semejança de un cordero bivo en especie de pan. Y como lo rescibió en la boca, sintiólo luego bullir y andar de un cabo a otro como cosa biva; y tragolo con gran pavor y mucho temor y sintió cómo se le puso sobre las telas del coraçón. Y tanta fue la alegría y consolación que entonces rescibió que en quinze días con sus noches no dormió llorando y orando continuamente; y luego fue arrebatada en espíritu, y dende entonces le quedó que cada vez que rescebía el sanctíssimo sacramento se transportava en espíritu y se enajenava de los sentidos exteriores, quando más, quando menos, como adelante se dirá. Y desde este día le dio el Señor este don y gracia que cada vez que comulgava le quedava un dulçor maravilloso en el coracón y garganta y en la boca que no se le quitava por espacio de quarenta días. Y dixo al prior suso dicho que bien podía bivir y passar todo este tiempo sin comer cosa alguna, mas por evitar la singularidad y juyzio de los hombres no lo hazía.
 
Y fue el día octavo de la Resurrectión arrebatada en espíritu: y vido cómo vino a ella un varón [fol. 95va] muy reverendo por gesto y edad vestido de una capa de seda colorada, y díxole: “Ven, que te llama la reyna”. Y ella pensando que la llamava la reyna terrenal no quiso yr con él. Entonces aquel varón díxole otra vez: “Ven que te llama la reyna del Cielo”. Y ella entonces fue con él, y hallose en una yglesia fuera de la ciudad, onde estava Nuestra Señora con su Hijo en los braços. Y como la vido, púsose de rodillas delante della, y el varón que la llamó púsole en las manos un paño de seda, y la Sanctíssima Virgen puso su Hijo encima del dicho paño, e dándole a otro honbre de menor edad para que la acompañasse junto con el que la avía llamado, díxole: “Ve con mi Hijo onde fueren estos dos varones”. Y el que llevava la capa colorada yva un poco delante como a buscar posada. Y entrando por la ciudad llamava a las puertas que estavan cerradas: y dava tres golpes a cada puerta, diziendo: “Abrid que viene el Señor a posar en vuestra casa”. Y vido cómo ninguno las abría, mas antes los que las tenían abiertas corriendo las cerravan diziendo que no avía allí posada porque estavan allí negociados. Y desta manera le pareció que anduvieron toda la ciudad sin hallar posada. Y tornándose después por donde fueron, encontraron con dos mugeres que yvan cavalleras en dos asnos y dos clérigos que las acompañavan. Y los clérigos dixeron: “Nosotros os acogiéramos si no fuérmos de priessa, mas entre tanto que venimos entraos en esse establo”. Y así se tornaron onde la gloriosa Virgen, madre de Nuestro Señor, estava, y ella tomando su Hijo de las manos de su sierva, dixo: “Venido es el tienpo en que es tan menospreciado el Hijo de Dios, mas tienpo es que embíe el Señor su ángel para que a unos hiera con açotes, y a otros con espada y a otros con fuego. Mas, ¡ay de los perlados de la yglesia que hizo el Señor pastores de su grey y de las ánimas, y ellos traen vestiduras de corderos y coraçones de lobos robadores! Procuran dignidades y honrras y no para ser- [fol. 95vb] vir con ellas a Jesu christo, mas para se dar a muchos plazeres”. Y después de toda esta visión passada, desapareció la Nuestra Señora, y ella tornando en sí pensava en lo que viera.
 
Y cumpliéronse dende a poco estas plagas que Nuestra Señora dixo que avía de embiar el Señor, porque vino gran hambre y pestilencia, y el mal de las bunas sobre muchos hombres y mugeres, de manera que los que el ángel hirió con la espada fueron los heridos de la pestilencia y los que con fuego los que fueron tocados de las bubas, las quales no podían ser curadas por los físicos.
 
Y vido después el día de la Ascensión cómo Nuestra Señora tenía en el altar a su Hijo en los braços así bivo como lo parió y que llamava a altas bozes con lágrimas, y dezía: “Mirad el mi Hijo, mirad el fructo de mi vientre: tomaldo y comeldo, porque en cinco maneras es cada día crucificado en las manos de los malos sacerdotes. La primera por mengua de fe, la segunda por cobdicia, la tercera por luxuria, la quarta por ignorancia y no saber lo que conviene al estado sacerdotal, la quinta por la poca reverencia con que se llegan a celebrar”.
 
Y como otra vez esta sierva de Jesu Christo rogasse con mucha atención por todos los sacerdotes y mirasse a una Verónica que tenía en un libro pintada, vido en ella y sobre ella por espacio de una hora gran resplandor, y vido carne y sangre. Y desde este día así se le cerró el estómago, que ni sana ni enferma pudo dende adelante jamás comer carne y si la comía por importunación de las religiosas, el estómago no la quería retener; y así fue después su comer passas y cosas de dieta. Esta Verónica le tomó después su confessor. Y quedó ella muy espantada desta visión, y affligiose por muchas maneras de penas, porque el Señor más claramente descubriesse este hecho y mostrasse su voluntad.
 
Y después en fin del mes de setiembre cayó en una gran enfermedad del coraçón: y no avien- [fol. 96ra] do esperança de su salud fue arrebatada en espíritu y estuvo como muerta espacio de tres horas, y las hermanas que estavan presentes dávanle muchos tormentos por la retornar. Y estando así transpuesta vido a Nuestra Señora, la qual le mandó que dixesse a su confessor todas las cosas que avía visto para que él las dixesse a dos varones católicos de la sancta yglesia de Toledo que le nombró —conviene saber, el deán y el capellán mayor— para que éstos las dixessen al arçobispo y desta manera se remediassen los males suso dichos de la clerezía. Y como ella dixesse estas cosas a su confessor, él demostró con prudencia dureza de coraçón en las creer, y díxole: “Aunque a mí sea esto cierto, ¿cómo lo será a aquellos a quien vos dezís que se aya de revelar? Por ende, menester es alguna señal para conoscer la verdad deste hecho y para que sea creýdo lo que puede ser dubdoso”.
 
===Capítulo 43 ===
 
'De las cartas que divinalmente halló escriptas cerca de sí no sabiendo escrevir'
 
Como la sierva de Dios oyó la respuesta de su confessor fue muy turbada y dio muchos sospiros y affligiose mucho y propuso en su coraçon de le responder por carta como lo hizo. Y estando así affligida y muy quebrantada andava en lugar por la casa no podiendo reposar su espíritu. Y como pasasse por un lugar donde estava una ventana, vio estar en ella un pliego de papel blanco. Y no sabiendo quién lo avía allí puesto y tomolo y llevolo en las manos. Y como se metiesse en un sótano onde algunas vezes ponían la leña, y asentasse muy affligida y se arrimase a una pared, vio súbitamente una claridad que resplandecía y daba el resplandor en el papel, y según ella dixo al prior suso dicho, [fol. 96rb] no supo quién le tomó su mano y escrivió dos cosas: la una para el su confessor y la otra para los venerables padres a quienes tal cosas se avían de dezir, siendo muy clara verdad y a todos los que la conocían manifiesta que ella nunca sabía escrivir, ni lo supo jamás, y que no avía en monesterio quién hiciesse tal letra. Y como las cartas fuesen escriptas por la manera suso dicha, desapareçió la claridad. Y hallando las cartas cerca de sí, tomolas y metiolas en la manga. Y como fuesse a sacar una caldera de agua de una tinaxa, cayó una de las cartas dentro; y detúvose en el ayre y no llegó al agua, y metió la mano y sacola no llegando la mano al agua. Y una destas cartas ovo después el capellán mayor de la yglesia de Toledo, que era varón de gran merescimiento. El qual dixo al prior que escrivió estas cosas que poniéndola sobre tres enfermos fueron sanos de diversas enfermedades.
 
Y como ella diesse estas cartas a su confessor, maravillose en demasía, mayormente porque sabía que ella no sabía escrevir, ni avía persona en la casa que tal letra pudiesse hazer, de lo qual fue muy espantado, mayormente quanto vido y leyó en su carta cosas que otro no las sabía sino él. Y como quiera que conoscía que divinalmente las cartas fueron escriptas no tuvo por esso osadía para lo divulgar porque aún no avía llegado el tienpo que el Señor avía puesto y dudava como otro Sancto Tomás. Por poder quitar la dubda a todos, y como el confessor no tuviesse lugar para la hablar, entonces escrivióle que no podía él creer que escriviera ella aquellas cartas con intención de las sacar y manifestar en público. De lo qual ella tuvo gran sentimiento y pena, y quexóse mucho desto a Nuestro Señor.
 
Y como después se hablassen los dos, reprehendiolo ella mucho de la gran incredulidad y dureza de su coraçón, demostrándole por razones muy claras que ninguno avía escripto las cartas sino ella con el favor del Señor que avía embiado [fol. 96va] su ángel que las escriviera. Y desde esta hora propuso ella en su corazón de rogar al Señor que por su misericordia tuviesse por bien de la librar de tan grandes affrentas, y puso en su voluntad de no hablar más en las cosas; y así lo hizo. Y rogaba al Nuestro Señor que diesse a su confessor alguna señal evidente por que creyesse, si fuesse capaz, y si no fuesse digno, le diesse duro azote por que pudiesse creer que le venía por esto.
 
Y calló la sierva de Dios nueve meses que no habló palabra destas cosas, mas su coraçón con gemidos y sospiros no callava delante del Señor. ¡O quánto es el Señor piadoso a los santos! ¡Y a los que presumen de sí abaxa y a los humildes y que esperan en Él levanta del polvo! Pues vençido el Señor por sus plegarias, plúgole de la visitar en muchas maneras y demostrar en ella tales señales que todos creyessen que era por Él visitada, haziéndola parçionera e remedadora de los tormentos y Passión que su Hijo, Nuestro Señor Jesu Christo, passó en la su Sancta Passión con señales tan manifiestas que no fueron vistas tales en nuestros tienpos y aun en pocos de los sanctos passados, según parecerá adelante.
 
Viendo, pues, esta sierva de Dios de la maravilla de la una carta que cayera en el agua y no se mojara, pensó de no la dar a nadie. Y una noche tornose a aquel sótano con intención de la trasladar como supiesse porque, como diximos, ella no sabia escrevuir ni formar las letras por arte. Y como llevasse en una ollica un poco de fuego para encender una candela que llevava muerta, luego súbitamente se encendió sin llegar a la lunbre. Y así como quiso començar de escrevir la carta, le començó a salir sangre por las narizes; y duró tanto el salir de la sangre que por espacio de una hora que no la pudo restañar. Y ella viendo esto, puso la carta en las sienes y luego cessó de salir la sangre. Y fueron después hechos los miraglos siguientes. Como el día de la Concepción de Nuestra Señora, estuviesse una niña muerta siete ho- [fol. 96vb] ras avía, y esta sierva de Dios lo supiesse en el monesterio, embió aquella carta con mucha fe para que se la pusiessen, y luego que se la pusieron bostezó y resusçitó y sanó perfectamente. Y como una mujer tuviesse el pecho abierto, luego que le pusieron encima esta cara se le cerró y sanó. Y un clérigo yva a Santiago y llevava consigo con gran devoción aquella carta, y cayó en un braço de mar y mojándosele toda la ropa, la carta no se le mojó.
 
=== Capítulo 44 ===
 
'De la llaga del costado y de las otras penas que divinalmente le fueron dadas'
 
Teniendo después de la Fiesta de todos los Santos, rogó a la madre de monesterio que como oviesse comulgado la pusiese en un lugar de la casa donde no oviesse ninguno, conosciendo por Espíritu lo que le avía de venir. Y así rescebida la sancta comunión, antes que se traspusiesse, tan grande fueron los sus lloros y suspiros y golpes del coraçón, que dentro de sí sentía que ninguna criatura humana lo podría dezirr. Y hízose tan gran fuerça para que las cosas que sentía de dentro no fuessen oýdas, que le acaesció como a la cuba que está lleña de mosto sin respiradero que muy presto rebient; y así ella rebentó por encima de la cabeça, que se le abrió hasta encima de la frente. Y pareció en ella una tan gran cuchillada como si fuera hecha con navaja, la qual estuvo muchos días abierta y fue vista de muchos, y nunca recibió benefiçio humano ni melezina alguna en ella. Y sintió dello tan gran dolor y pena que le llegó a par de muerte. Y viéronla testigos y notario, como se dirá adelante.
 
Rescebida pues la sancta comunión y hecho esto [fol. 97ra] que diximos, luego fue robada en espíritu y privada de todos los sentidos y estuvo así por espaçio de quarenta horas. Y en este tienpo que estuvo fuera de sí provaron a le dar algunos tormentos en las narizes, y en las manos y pies por hazer tragar alguna cosa de comer, y tanta fue la fuerça que le hizieron por le abrir la boca que le quebraron una muela. Y estando así la noche de los Finados por tres o quatro vezes dio muy grandes gemidos y sospiros con grande estremecimiento del cuerpo. Y deste arrobatamiento fue levada al throno del Rey Celestial, onde vido cosas de gran espanto, que lengua humana no puede bien explicar: vido a Nuestro Señor Jesu Christo estar assentado en un grande throno; y estava delante d’ Él gran multitud de gente y tenía atravessado en su boca un cuchillo agudo de entrambas partes. Y fuele dicho que aquel cuchillo que el Rey tenía atravessado en su boca era la grande yra que tenía sobre la Yglesia y sobre los perlados y regidores della. Y le fue mandado que dixesse a aquellos varones a quien antes le fuera dicho que manifestasse estas cosas: que porque echavan en olvido y eran negligentes en cumplir lo que les era dicho no curando de la boz divinal; y que los amenazasse so pena de la divina sentencia si no lo pusiessen luego en obra y fuessen al arçobispo y le dixessen que viniesse por sí mismo a poner remedio en los çinco peccados suso escriptos, conviene a saber: mengua de la fe, cobdiçia, luxuria, ignorancia y mengua de reverencia, por los quales peccados cada día era blasphemado y crucificado Nuestro Señor Jesu Cristo, y que destruyesse las heregías que avía en la cibdad. Y fuele después dicho: “Esta señal del Cielo te da el Señor porque seas creýda, y es que este cuchillo que vees en la boca del Rey que está assentado en el throno traspassará y cortará tu coraçón y hará en él llaga, y saldrá sangre bi- [fol. 97rb] va que será verdadero testimonio a todos, y tú serás remedadora y parcionera en la Passión del Hijo de Dios”.
 
Y así fue luego hecho, porque en el punto que le fue dicho esto halló en sí el lado siniestro abierto encima del coraçón, con tan gran dolor que no se pued dezir; y de tan gran abertura y grandeza era esta llaga que pudiera caber por ella la cabeça del dedo pulgar de un honbre. Y luego sintió correr la sangre que apenas la pudo encobrir. Y duró esta llaga abierta veinte días enteros y los viernes corría mucha más sangre que los otros días. Y nunca en esta llaga pareçió señal de materia, y nunca se puso en ella melizina humana, sino los paños limpios, unos ensangrentados y otros puestos.
 
Y como quiera que esta sierva de Dios trabajó sobre todas sus fuerças de esconder esta llaga y los grandes dolores que passava, a cabo de diez días desfalleciéndole ya todas las fuerças, fuele revelado divinalmente que demostrasse lo que tenía a la priora y madre del monesterio y a otra religiosa que se llamava Teresa, a las quales mostró los paños sangrientos. Y como ellas fuessen muy espantadas desto, llamaron en secreto al confessor, el qual puso en casa el mayor silencio que pudo por que ninguno de fuera lo supiesse porque se recelava que no fuesse alguna cosa fingida. Así, por quitar toda dubda, puso gran diligencia en saber la verdad. Y al cabo con sus ojos vido la llaga y creyó, y fue lleno de grande espanto y revelolo a testigos muy fieles y dignos de fe, que dello fielmente diessen testimonio. Y fueron el deán de Toledo y el capellán mayor de la dicha yglesia, que se dezía Don Diego de Villa Minaya. A los quales, en presencia de un notario, estando presente el confessor y la madre del monesterio con la otra religiosa que diximos, vieron la llaga susodi- [fol. 97va] cha estando en la cama por la abertura de una sábana, que otra cosa de su cuerpo [no] pudo ser vista. Las quales seis personas, quatro varones y dos mugeres, vieron con sus ojos la llaga y la tocaron con sus manos; la qual estaba reziente y sangrienta, y los paños sangrientos que de nuevo le fueron puestos. Y el propio capellán mayor por su propia mano sacó de la llaga una copia de hila de paño, todas bañadas en biva sangre.
 
Y todos miraron con diligencia cómo aquella llaga era divinal y no humana, ni hecha por alguna occasión ni se curó por alguna melezina humana. Y suffrió esta llaga la sierva de Dios con gran tormento y pena, de dentro y de fuera. Y estuvo abierta de la manera suso dicha por espacio de veynte días; y los veynte días passados, ella se cerró sin melezina humana. Y quedó la señal de la abertura en el lugar de la llaga y el dolor contino que sentía en aquell parte, lo qual duró muchos días.
 
Y también fue en este tiempo atormentada en los pies y en las manos y en la cabeça, porque como estuviesse muy flaca y affligida de las cosas passadas acostada en su cama, levantose una vez en la cama para orar y poniendo las rodillas delante una imagen del crucifixo que tenía allí pintada en un papel, sintió luego gran dolor en los pies y en las manos que parecía que le ponían en aquellas partes unos clavos gruessos. Y como estuviesse en esta pena, parecíale que le transpassavan la mano izquierda, y tan grande fue el dolor que sintió, que puso el dedo pulgar de la mano derecha en la palma de la mano izquierda y apretó quanto pudo con el gran dolor que sentía y rebentó la sangre por encima de la mano siniestra y espantose mucho dello. Y muy sabiamente lo ascondió que nadie lo vido, trayendo la mano cubierta con un paño de lino, sin otra melezina humanal. Y durole por espacio de quarenta días, y después que [fol. 97vb] sanó le quedó la señal en la mano, y porque successivamente sintiesse en su cuerpo las insignias y dolores de la Passión de Nuestro Señor Jesu Christo, allende de los tormentos que en la cabeça tenía, súbitamente sintió en ella un grande y nuevo dolor, que le pareció que le pusieron sobre ella una guirnalda o coro que le cercó la cabeça en derredor, y por toda ella sentia sentía que le metían un clavo que le duró muchos días. Y como quiera que le ponían en la cabeça diversas medicinas, nunca ninguna le aprovechó porque no era razón que las cosas hechas por la mano del Señor recibiessen sanidad por industria humana.
 
Y como de las penas suso dichas estuviesse su cuerpo estuviesse flaco, muy atormentado, no (no) se contentó el Señor del trabajo suso dicho y diole otro tormento grave para que más cumplidamente imitasse su Passión. Y fue que el día de la circuncisión fue robada en espíritu. Y fue llevada delante de un gran juez de cara muy espantable; porque no havía querido obedecer en manifestar las cosas que avía visto a las personas que le era mandado, reprehendiola el juez gravemente de su desobediençia. Y teniéndola de un braço según le parecía el archángel sant Miguel y del otro Sant Juan Evangelista, en los quales ella tenía gran devocón, mandó el Señor a un ángel que le açotase. Y tan duramente fue açotada sacadas las manos y los pies, que todo su cuerpo quedó lleno de açotes. Y no parecieron llagas ni ronchas, sino unos hoyos que apenas cabía cosa entre uno y otro y grandíssimos dolores en el cuerpo. Y duraronle estas señales en el cuerpo quinze meses poco más o menos. Y ella calló todo esto, que nunca dixo a persona biva hasta que un día la madre del monesterio, metiendo la mano por le endereçarle una toca encima de la espalda, halló y tocó con la mano las dichas señales y fue muy espantada, y reprehendiola mucho creyendo [fol. 98ra] que ella se matava con cruel penitençia, y ella le dixo entonces la verdad de todo lo que avía acaesçido según es arriba escripto.
 
Todas estas cosas vinieron despues a noticia del arçobispo de Toledo que era el cardenal Don Pero Gonçález de Mendoça según parece por una carta suya embiada al prior de la Sisla del tenor siguiente:
 
“Venerable padre esta noche passada a las dos después de media noche tomé esta lectura que me dexastes y nunca la partí de mis ojos hasta que capítulo por capítulo la leý y passé toda, que en ella no quedó letra que no la leyesse. Y lo que más me maravilló es que así se me pegó al coraçón que no dubdé della cosa alguna. Como quiera que soy tardío en dar crédito a estas revelaciones y al cabo vi el testimonio del notario y la confirmación de tales testigos varones y mugeres a quien toda fe se debe dar. Y a cualquiera dellos yo la daría aunque fuesse solo, quánto más a todos juntos, a los quales yo conozco, excepto a la hermana mayor, que por tener el cargo que tiene está aprovada de suyo; conozco al notario que es hombre de bien y digno de fe. Maravíllome de tantas visiones en cuerpo y en espíritu y maravíllome mucho más hallarse en muger tanta dureza en no querer dezir lo que tantas vezes vio y sintió, mayormente siéndole mandado por quien todo manda y rige, lo qual es señal de su grandíssima humildad y del menosprecio que tiene de la gloria mundana. Por lo que a mí toca, le dad vos padre por mí las gracias y Dios Nuestro Deñor se las dé y la pena que padece le será en ciento doblada gloria. Y si ay alguna cosa que yo pueda hazer por consolación suya, ofreced gela vos de mi parte muy enteramente y recomendadme a ella rogando a Nuestro Señor me dexe acabar en su servicio y hazer en esta vida su voluntad”.
 
Y después el suso dicho cardenal recibió [fol. 98rb] una carta desta sierva de Dios y le respondió la siguiente:
 
“Devota y muy amada hermana, con vuestra carta y con lo que el padre prior de la Sisla me dixo, ove gran consolación: Nuestro Señor Dios que os puso en tal estado os dexe acabar en su servicio y a mí dé gracia que pueda hazer Su Voluntad y poner en obra lo que vos me aconsejáis, y así os pido que lo demandéis a Nuestro Señor y a Su Bienaventurada Madre. Y en vuestras oraciones y a vos me encomiendo, y porque al padre prior de la Sisla hablé largo, no digo aquí más sino que Nuestro Señor os conserve en su gracia”.
 
Y murió el cardenal suso dicho después de la muerte desta sancta muger en la ciudad de Guadalajara. Y estuvo enfermo primero muchos días, en los quales hizo por su ánima muchas obras pías.
 
=== Capítulo 45 ===
 
'De cómo rescibiendo una vez una vez el cuerpo de Nuestro Señor fue llena de fe e un resplandor visible y quedó sana de todas las enfermedades que entonces tenía. Y de las cosas que vido la noche sancta de la Natividad y de otras maravillassí que divinalmente le fueron mostradas'
 
Como está sierva de Dios estuviesse de contino enferma, acaesció en el año del señor de mil y quatrocientos y ochenta y cinco del mes de octubre, passada la octava del bienaventurado nuestro señor padre Sant Hierónymo, que le sobrevino dolor del costado y lançava sangre por la boca. Y aborresciendo todo consejo de físicos, atreviose a tomar cinco píldoras y llegó casi a la muerte. Y pareciole que se le arrincava el ánima del cuerpo y que se puso sobre la llaga del coraçón, y que el bien- [fol. 98vb] aventurado Archángel Sant Miguel por su mano se la tenía allí apretada, y que desta manera tenía aun vida y esfuerço para rescebir los santos sacramentos. Y rogó a la madre del monesterio que embiasse al prior de la Sisla para que la viniesse a confessar y dar los sacramentos. Y esto fue un sábado, en el qual pensando ella en la sancta comunión que avía de de rescibir y desseando ser libre del cuerpo, encomendava con mucha devoción a Nuestro Señor el monesterio suyo y el de la Sisla.
 
Y estando así, vido en visión al religioso que aquel domingo vino a decir missa en el monesterio y cómo, quando llegó a las palabras de la consagración, Nuestra Señora le dava el Niño que tenía en los braços y cómo el sacerdote lo partía en tres partes. Y era el Niño vivo y alegre en cada parte, y vido un gran resplandor en el altar y cómo los ángeles de entrambos brazos me sustentavan al sacerdotre y otros muchos ángeles que andaban por el altar. Vio así mismo a Sancta Catalina y a Sancta Bárbara que le dezían: “Mañana lunes a las nueve horas recibirás a Nuestro Señor en este resplandor que aquí vees y serás sana”. Y así fue cómo estas sanctas le dixeron en la visión. Pues como el prior suso dicho de la Sisla la viniesse a confesar, rogole mucho que no se tornasse al monesterio hasta otro día por si Nuestro Señor la llevasse, se hallase él presente a su muerte y si aquella noche no muriesse, que del todo quedaría sana. Y así acaesció como ella lo dixo, porque queriendo recibir la Santa Comunión el lunes por la mañana de mano del prior suso dicho, en la hora que el prior se bolvió a ella con el santo sacramento para se lo dar, vio ella en los pechos y mano del prior un muy grande resplandor; el cual resplandor vido en aquella hora una niña de hasta cuatro años que apenas sabía hablar y estaba allí con su madre; la qual dijo a la [fol. 98vb] madre cómo veía una gran claridad en las manos del prior y en la sierva de Dios muy gran resplandor, así como el sol. Mas lo que la niña vido, la edad mayor no lo pudo ver. Y luego que recibió el sacratíssimo cuerpo de Nuestro Señor Jesu Christo fue robada en espíritu y perdió todo el sentido, y estuvo nueve horas sin ningún sentimiento, Y como casi por fuerça fuesse despertada y abriesse los ojos, dijo aquel verso del psalmista que dize “Benedic anima mea Dominum, et omnia que intra me sunt nomini Santo eius”. Y luego se halló sana de todos los dolores y enfemedades que de antes tenía, y pesóle mucho porque tornara a esta vida, porque todo su desseo era, según dijimos, verse libre de la cárcel del cuerpo.
 
Otros muchos secretos celestiales fueron visiblemente demostrados a esta sierva de Dios, mayormente en la sancta noche de la Natividad de Nuestro Señor Jesu Christo, onde como una noche de esta sancta fiesta estuviesse muy atenta para conoscer la media noche —porque avía oýdo y sabido que en aquella hora avía nascido Nuestro Redemptor—, y el altar de Nuestra Señora en que estava una su imagen de bulto estuviesse compuesto y lleno de cirios y candelas, y estuviesse en él una cuna muy adereçada con sus ricos paños y almohadas y un Niño muy chiquito, vestido reciamente, puesto en la cuna delante la dicha imagen de Nuestra Señora, estaba ella orando con mucha devoción, esperando la media noche. Pues como la media noche viniesse y ella estuviesse de rodillas, y con muchos sospiros y lágrimas pensasse en el sancto nacimiento, vio con los ojos corporales descender muy grande resplandor sobre el altar y a Nuestro Señor en figura de Niño muy resplandeciente cómo nascía de la Virgen Sancta María y cómo vinieron los Ángeles a adorar y servir y a le dar gloria.
 
Y duró esta adoración media hora, y la adoración de los ángeles acaba- [fol. 99ra] da, vido venir los pastores. E ydos después que adoraron y estuvieron allí un buen espacio, luego entraron los Reyes de Oriente con mucha compaña. Y venían con ellos tres soles resplandecientes, y llegando al altar de todos tres se hizo uno. Y los Reyes con profunda reverencia adoraron al Niño y le ofrecieron sus dones. Y vido cómo la imagen de Nuestra Señora que estaba en el altar se rió contra el Niño; y después los Reyes, amonestados por un ángel, se bolvieron a sus tierras.
Y partidos los Reyes, vido cómo Herodes se encrueleció y mandava buscar el Niñoo para lo matar y cómo Nuestra Señora con su Hijo en los braços y con el sancto Joseph se ivan muy tristes huyendo a Egipto. Y duró esa visión en los ojos desta sierva de Dios desde las doze de la media noche hasta las tres.
 
Y a las tres horas vino el capellán mayor de la yglesia al monesterio con desseo de hazer al Señor servicio a les dezir la missa del gallo y las comulgar. Y truxo consigo cantores que le oficiassen la missa. Y como saliesse revestido al altar, luego esta sierva de Dios vido con sus ojos claramente dos antorchas de fuego de resplandor maravilloso encima del altar. Y de cada una salían cinco rayos y venían derechos hasta el lugar donde ella estava de rodillas; y no le impedía nada para ver las cosas que se avían de hazer en el altar las cortinas que estavan delante el choro. Y como se celebrasse la missa con gran solemnidad y se començassen los sanctus, vido tanta multitud de ángeles que descendían al altar, que cubrieron al sacerdote desde los pies hasta la cabeça, y subían y descendían con gran gozo; y quando ovo de alçar la Hostia consagrada, los ángeles le levantaron los braços. Y llegando al Pater Noster no se pudo sostener más de rodillas y muy fatigada del espíritu, cayó hasta las doze horas de medio día, que no se movió de aquel [fol. 99rb] lugar. Y passadas las doze, como estuviesse muy fatigada porque desde las diez que tañeron a amitines avía estado allí de rodiillas sin se mover, tomaronla algunas de las hermanas y lleváronla a su cama. Y a la tarde pro satisfazer los ruegos dellas, comió un poco de carne de membrillos. Y así estuvo sin comer otra cosa alguna lunes y martes, hasta el miércoles, que comió un huevo, en lo qual se mostrava claro que el manjar celestial le dava vida contra la condición humana. Estas cosas manifestó ella solamente al prior suso dicho en secreto porque le tenía mandado por obediencia que ninguna cosa le encobriesse de lo que el Señor le mostrasse.
 
Y aun como otra vez, cinco días antes de la Natividad del Señor, estuviesse muy affligida de la hambre que avía en la tierra por falta de harina por las grandes aguas y crecimientos de ríos, no durmió toda aquella noche. Y dormiendo las otras religiosas, levantose ella y subiose a un terrado de donde se parecía el río. Y estando el cielo estrellado hizo la señal de la cruz contra el río y bendíxole, y metióse después en un retrete a orar y derribose en tierra los braços tendidos a manera de cruz. Y estuvo así muy gran rato, haziendo de sí sacrificio al Señor. Y rogava con grande atención a la Sanctíssima Virgren María, Madre de Nuestro Señor, que tuviesse por bien de rogar a su Hijo que amansasse su ira. Y como estuviesse así orando puesta en aquella pena, súbitamente vio un gran resplandor que sobremanera esclareció aquella casilla que estava, y apareciole Nuestro Señor a la Virgen María con ojos muy llorosos, y díxole con boz triste: “Sabe, hija, que todas las aguas que son venidas en tan largos días avían de caer en tres, y la mayor parte sobre esta ciudad por los grandes peccados que en ella se cometen cada día, mas por las plegarias que me has hecho por este pueblo, yo suppliqué al Señor que tu petición [fol. 99va] fuesse oýda, y oyome. Y así la ira del Señor es ya aplacada”. Y estava esta sancta virgen con ojos abiertos y las manos alçadas quando Nuestro Señor le dezía esto. Y desapareciendo la Madre de Dios, cayó en el suelo, y estuvo ciertas horas sin sentido, y después se levantó muy esforçada del cuerpo y del ánima. Y ninguna de las hermanas lo sientió, ni supo della en ningún tiempo este hecho. Y como su fama no se pudiesse tanto encobrir que muchos de su sanctidad y merescimientos no tuviesen alguna noticia, fue uno entre los otros el señor obispo de Badajoz, que a la sazón era deán de Toledo, el qual habló muchas vezes con ella y fue testigo de la llaga del costado como fue dicho de suso. Pues como este muy reverendo padre tuviesse mucha fe en sus oraciones, rogole una vez que orasse por la pacificación de cierta discordia que avía en la corte. Y como ella, obedeciendo a sus ruegos, se pusiesse en oración antes que saliesse el sol en un terrado de la casa en las octavas de la Resurrectión el año de ochenta y seis, vio un gran resplandor en el cielo en el lugar donde el sol avía de nascer. Y salido el sol, ella lo acató con ojos claros sin embargo de su claridad, y dentro del sol vio un gran agujero que entrava al cielo, del qual salieron grandes rayos de claridad hazia muchas partes; y dentro del agujero, una cruz de oro muy resplandeçiente, la qual pareció hasta que tañeron a prima. Y vido en el ayre, no muy lexos de sí, uno que le pareçió como la luna que peleava con otro, y el otro con él, y pasado algún espaçio bolviéronse las espaldas el uno a otro. Y como subiesse allí una de las hermanas, quitose ella luego de allí y así no pudo más ver en qué parava la dicha visión. Puédese creer que por sus oraçiones pacificó aquella discordia que era entonces entre ciertos cavalleros de la corte, pues al cabo se hizieron las pazes.
 
Y aun como otra vez esta sancta virgen en el día [fol. 99vb] del Triumpho de la Cruz cerca del alva estuviesse rezando hazia el cielo, vio así como unas llamas en él. Y dende a una hora vido el cierlo abierto y que salía el sol por aquella abertura; y en aquel sol se conosçían todas las hermosuras del Cielo. Y luego otro día, estando rezando en un libro a una ventana que salía al cielo, a hora de tercia vido cerca de sí un rostro como el de la luna, muy espantable, y dentro como dos formas de hombres y peleaban el uno contra el otro; y cayó mucha gente muerta. Y en este este día prendieron los moros al Conde de Cifuentes.
 
=== Capítulo 46 ===
 
'De cómo le apareció desspués de finado el capellán del monesterio, y de cóm vido en espírituo ser lleva a juyzio el anima del capellán mayor de la yglesia de Toledo en la hora que murió y de la visión que vido de otro clérigo bivo'
 
Como esta sierva de Dios estuviese una noche acostada en su cama, y passada la medianoche no dormiesse, apareciole el ánima del capellán del monesterio, que se llamava Joan de Huelma, con quien ella se avía confessdo algún tiempo, que avía pocos días que finara. Y demandole perdón de muchos enojos que le avía hecho, mayormente por la carta que le escriviera que le fuera causa de mucha turbación y porque avía despreciado con osadía sus consejos y no avía creýdo las cosas que le avía dicho. Y después díxole: “Yo os ruego hermana que digáis al prior de la Sisla y a la [fol. 100ra] hermana mayor desta casa que por la caridad de Dios me perdonen todos los enojos que aya hecho, y seis mil maravedís que soy en cargo a esta casa y un libro que vendí, y que me hagan por limosna dezir cinquenta missas. Y vos rogad por mí, por que el Señor me saque desta pena”. Y estas cosas dichas, desapareciole y ella quedó amortecida sin habla; y estuvo así quatro horas.
Y tornando en sí puso luego diligencia en hacer dezir las misas y en cumplir lo que más le pidió: rogó con mucha devoción a Nuestro Señor por él.
 
Y no es de callar en este lugar lo que vido el día que murió el capellán mayor de la yglesia de Toledo, que se llamava Don Diego de Villa Minaya, de quien de suso en muchos lugares se haze mención. Este era varón muy honrado y discreto y muy limosnero y caritativo, porque quanto tenía gastava en casar huérfanos y en hazer otras obras pías con desseo de hazer thesoro en el Cielo. Pues venida la hora en que Nuestro Señor le quiso dar le pago de sus buenas obras, enfermó en fin del mes de março del año ochenta y siete y passó desta vida, de cuya muerte casi toda la ciudad de Toledo ovo sentimiento y dolor. Y cupo gran parte desta pena al monesterio de doña Mari García por la grandes limosnas y bienes que les hazía, así espirituales como corporales; y era tenido como padre de toda la casa. Y como su fallecimiento fuesse entre las diez y onze del día, estavan en el dicho monesterio en esta hora y todas las religiosas estavan en el choro. Y començando a tañer en la yglesia mayor por su muerte, luego esta sierva de Dios fue robada en espíritu y vido cómo Sant Juan Bautista y Sant Hierónymo y Sancta Catalina llevavan el ánima del dicho capellán a juyzio delante la Divina Magestad en un gran campo muy deleytoso, en el qual estavan muchas ánimas loando a Dios. Y fue acusado delante el juez de un cargo que tenía de un finado que lo avía dexado por albacea en su testamen- [fol. 100rb] to y no lo avía complido. Y como quiera que el dicho capellán mayor mandó en su testamento que aquel cargo se cumpliesse, luego Nuestro Señor, justo juez, mandó que su ánima estuviesse detenida en aquel lugar y no entrasse en la Gloria hasta que fuesse satisfecha la manda. Y como esta Sierva de Dios vido esto, quedó fuera de sí con muy gran pena mezclada con grande alegría de lo que viera. Y cayó luego en la cama con muy grandes amortecimientos, que muchas vezes pensaron que se muriera. Y ninguno de la casa supo eso sino el prior suso dicho, que le tenía mandado por obediencia que le dixesse todo lo que Nuestro Señor le mostrasse. Y fue hallado ser verdad por el testamento del dicho capellán mayor, onde mandó cumplir la falta dicha, de lo qual ella no tenía antes noticia.
 
Y en el traspassasamiento de las quarenta horas, quando le fue dada la llaga del costado, dixo esta sancta muger que la llevaron por las penas del purgatorio, onde vido tormentos tan espantosos que no se puede dezir.
 
Y andando por el purgatorio, vido un clérigo que era bivo y tenía cura de ánimas en una pena muy grande, que una grande serpiente muy espantosa que tenía dos cabeças y dos bocas le tenía atado y cercado alrededor. Y vido un dragón horrible que estava cerca del clérigo, el qual tenía encima del espinazo una esportilla en que estava el ánima de un niño chiquillo que dava quexas, demandando justicia de la pena que suffría por culpa de aquel clérigo. Y como ella preguntasse al ángel que le mostrava estas cosas qué pena era aquella, respondióle que aquel niño que por culpa de aquel sacerdote muriera sin baptismo y demandava justicia al Señor. Y ella, espantada desto, desque tornó en sí hazía oraçión especial por aquel sacerdote. Y a cabo de ocho días, diziendo aquel clérigo mismo missa en la iglesa del monesterio, acabando de alçar, fue otra vez esta Sierva de Dios levantada en espíritu y vio cómo aquel sacer- [fol. 100va] dote tenía ceñida al cuerpo serpiente con tres cabeças: y la primera se comía el corazón, la segunda la lengua y la terçera cabeça le comía las espaldas; Y al niño que dava bozes ante él y dezía: “Por tu causa no veo a Dios, porque por ti morí sin baptismo y no alcançarás perdón deste grande cargo”. Y dende a tres días, esta sancta muger llamó a este saçerdote y díxole en secreto lo que viera. El qual se espantó tanto que se le quitó la habla por espacio de media hora. Y ella, desque lo vido tan pusillánime y sin esfuerzo, esforçolo mucho. Y tornado en sí, le dixo que estaba muy maravilado cómo Nuestro Señor le avía revelado aquel secreto. Y conosció que era verdad así esto del niño que murió por su culpa sin baptismo como otras cosas muchas que le dixo, en que ofendía mucho a Dios. Y díxole despues la sancta muger: “Tened por cierto, padre, que esto lo mostrará el Señor por señal otro día”. Y este sacerdote confessó después que otro día diziendo missa, quando bolvió la hoja del missal onde estava la imagen del crucifixo vido en él cinco gotas de sangre. Y dende çinco años murió el sacerdote, día de Sant Miguel, y ella encomendolo mucho a Nuestro Señor; y apareciole después el día de Sant Francisco, por la mañana, muy espantable, y díxole cosas muy señaladas que passaran en secreto entre él y otra persona, las quales hallaron ser así en verdad.
 
=== Capítulo 47 ===
 
'De cómo resplandeció por espíritu de profecía y dixo por la gracia de Nuestro Señor muchas cosas secretas'
 
Resplandeció también esta sancta virgen por espíritu de profecía, como se puede conoscer por algunas de las cosas que [fol. 100vb] ya son de suso escriptas, y por otras muchas que reveló y manifestó seyendo ocultas. Onde como en aquel tiempo se començasse la Inquisición en la ciudad de Toledo, dixo ella muchos secretos al prior de la Sisla tocantes al Santo Officio. Y preguntándole el prior cómo sabía aquellas cosas que le dezía, respondiole y le dixo: “Nuestro Señor Jesu Christo se a aparecido en la manera que fue atado a la coluna, y tenía las espaldas sangrientas, y díxome: ‘Verás, hija, quán me paran cada día los hereges. Por ende di todo esto que has visto al deán de Toledo y al prior de la Sisla, que entienden en las cosas de la Inquisiçión para que pongan remedio en ello’”. Y así lo hizo, porque estas mismas palabras con otras cosas secretas tocantes al Santo Offiçio dixo después al dean suso dicho en presencia del prior que escrivió estas cosas.
 
Y vido otra vez levantada en espíritu cómo sacavan con gran solemnidad de la yglesia mayor el sanctíssimo sacramento para comulgar a un herege que estava enfermo, y fuele divinalmente mandado que fuesse apriessa a dezir a los clérigos que se tornassen a la yglesia con el cuerpo de Nuestro Señor porque era herege aquel hombre a quien lo llevavan; y así se hizo. Y díxole después el ángel que esto le mandava, “porque creas que es verdad lo que digo, hoy en la missa verás destellar de la Hostia gotas de sangre”. Y así acaesció, que en aquel mismo día vido esta bienaventurada muger con ojos claros la hostia llena de sangre en las manos del sacerdote quando después de la consagración la levantó en alto para el que pueblo adorasse.
 
Y aun otra vez dixo ella al prior de la Sisla que viniesse a poner recaudo en el monesterio porque andavan dos personas por hazer un desconçierto. Puso diligencia en saber la cosa de que la sancta muger le avía avisado y dende a pocos días fueron hallados dos moços que querían hazer un mal recaudo de la manera y for- [fol. 101ra] ma que ella lo avía dicho, y fueron despedidos y echados de casa.
 
Y como un religioso deseava mucho hablar con ella por las cosas que oýa de su virtud y sanctidad, y no pudiesse, al cabo tanto trabajó por ello que lo alcançó y como un día la hablasse, díxole ella: “Bien sabía yo, padre, que ha muchos días que deseávades hablar conmigo y la causa por qué, y sé que tal día (nombrándolo) escrevistes una escriptura y no la acabastes por más priessa que os distes, y la acabastes después en la noche”. Y como el religioso se espantasse desto y le preguntasse cómo lo sabía, díxole cómo lo avía visto en espíritu. Y después díxole: “Dezid padre a tal religioso (nombrándoselo por su nombre), que vea cómo anda, que está mucho atribulado en su espíritu. Y si alguna cosa ha hecho que no deva demandar della perdón porque si esto no haze, no podrá salir del trabajo en que está”. Y como este religioso a quien ella dezía esto conosciesse por experiencia la pena y congoxa que aquel fraile de quien hablava tenía, y poco menos los supiessen todos los de la casa, maravillose mucho cómo estando ella encerrada en el monesterio sabía el trabajo que tenía este religioso en su espírito; y conosció claro que tenía espíritu de profecía.
 
Y acaesció esto en los días que estava el general de nuestra orden en el monasterio de la Sisla entendiendo en las cosas de la Inquisición. Y aun, como otra vez este religioso hablasse con ella y le alabasse mucho a otro religioso que era de sancta vida y le rogasse ella que le dixesse quién era y cómo se llamava, y él no se lo quisiesse dezir, díxolo entonces ella: “A esse religioso que vos, padre, dezís, llaman así, y sé yo que es persona religiosa y devota y que tiene parte con Nuestro Señor”. Y espantado desto el religios con quien ella hablava, viendo cómo sabía lo que él no le avía querido manifestar, díxole ella que en aquella hora misma Nuestro Señor se lo avía revelado.
Rescebía esta Sierva de Dios gran [fol. 101rb] pena en salir a hablar con las personas que venían a ella aunque fuessen religiosas. Y trabajava de abreviar las tales hablas lo más que podía, y hablava con pocas personas por más graves y honestas que fuessen.
 
=== Capítulo 48 ===
 
'De cómo alcançó por sus oraciones salud a la madre del monesterio y libró a un su hermano de las prisiones y a su madre de la enfermedad que tenía'
 
Era esta bienaventurada virgen muy ferviente en la oración y alcançó a muchos salud y remedios de sus males biviendo en la vida presente rogando a Nuestro Señor por ellos. Onde como una vez la madre del monesterio enfermasse en el mes de agosto del dolor del costado, y tres días antes de la fiesta de Sant Lorencio llegasse a la muerte y los físicos la tuviessen ya desamparada, viéndola esta sierva de Dios estar tan cercana a la muerte, fuesse a la yglesia siendo ya de noche y púsose a orar con muchas lágrimas ante el altar de Nuestra Señora, rogándole affincadamente que no quedasse ella huérfana de tan bienaventurada madre y que tuviesse por bien de se la dar sana y biva. Y ende a un rato mirando ella con una candela en el rostro de la imagen de Nuestra Señora, viole encendido y como de persona biva. Y dende a poco vídole sudar, y pensando que se le antojava, atreviose allegar a su rostro y con su toca alimpió el sudor tres vezes, y lavose los ojos y cara con ello. Y del plazer que ovo tornó a le demandar con importunidad la salud de su madre espiritual, y oyó una boz que le dixo: “Otorgada le es la vida para consolación y remedio tuyo”. Y luego fue levantada en espíritu y [fol. 101va] vido a Sant Lorencio en semejança de moço de quinze años vestido de vestidura muy esplandeciente. Y levava en la mano una buxeta de oro y púsola sobre la cabeça y costado de la enferma, y santiguóla con su mano. Y después que tornó en sí, entendió que avía alcançado lo que a Nuestro Señor pidiera por intercessión de su gloriosa madre. Y vino luego con mucho plazer a visitar la enferma y hallola dormiendo con reposo. Y desque despertó sintiose muy aliviada de la enfermedad y dende a poco sanó perfectamente.
 
Y como otra vez esta sancta muger rogasse con mucho affinco a Nuestra Señora delante su altar por el libramiento de un su hermano que estava preso, apareció al preso estando dormiendo Nuestra Señora en semejança de la imagen suya de vulto que tenían en el monesterio, y sacole los hierros de los pies y díxole que por la importunación de su hermana y de las otras religosas que por él en aquella casa rogavan sería libre de aquella prisión. Y despertando, hallose libre de las prisiones y de la hinchazón que tenía en los pies de los hierros. Y luego otro día vino al monesterio y contó este miraglo, y hallose por cierto que en aquella hora que él dixo que Nuestra Señora le avía librado, esta sancta muger y otras hermanas de la casa hazían oración especial por él. Y viendo la imagen en cuya semejança Nuestra Señora le apareciera, prometió de le traer toda su vida cera que ardiesse todos los sábados delante aquella su imagen. Y como dende a nueve años víspera de Nuestro Señora de agosto truxesse este su hermano cera para alumbrar esta imagen como lo tenía prometido, falleció súbitametne en el camino. Y como ella lo supo, angustiose mucho, mayormente por aver sido su muerte de tal manera, y rogava por él con muchas lágrimas y gran affinca delante la imagen suso dicha de Nuestra Señora, que pues en esta vida lo avía librado de las prisiones, tuviesse por bien [fol. 101vb] de lo librar de las penas de la otra y mostrarle si estava en carrera de salvación. Y como estuviesse haziendo oración por el día octavo después de su mierte, a las dos horas después de media noche, miró el rostro de la imagen y vidolo alegre, como de persona biva que quería hablar. Y ella con el grande gozo que rescibió desto començó mucho a llorar, y dos de las hermanas que lo sintieron llevaronla a la cama. Y estando allí las dos religiosas con candelas encendidas, sintió a sus espaldas un huelgo de persona my frío, y como estava hablando con las dos hermanas, no curava de mirar a aquel lugar y dende a poco ovo gran miedo. Y bolviendo la cabeça vio un pedaço como de nuve escura y allí dentro el rostro de su hermano muy alegre. Y díxole que a la hora de la muerte se viera en gran peligo, mas que Nuestra Señora a fuera allí con él y le ayudara. Y después díxole ciertas cosas que tenía de cargo y que estava en el purgatorio; y esto dicho, desapareció la nuve.
 
Y como otro hermano suyo en el lugar de Ajoffrín corriesse un cavallo y cayesse con él, quedó muy atormentado y con gran passión de los ojos. Y como lo oyó la madre desta sierva de Dios, que estava muy triste y dolorida por la muerte del otro hijo que avía poco que falleciera, doblósele el dolor. Y tan grande fue su pena que se le torcieron los ojos y la boca. Y sabiéndolo ella, después de algunos días, rescibió dello mucha pena y se fue para el altar de Nuestra Señora y supplicole por la salud de su madre. Y acabada la oración, respondió inspirada divinalmente al mensajero que le truxo estas nuevas, que el domingo siguiente sanaría su madre. Y así fue cumplido porque en aquel domingo que ella dixo, sanó perfectamente su madre por la virtud de Nuestro Señor.
 
Y acaesció otra vez que estando esta bienaventurada virgen muy mala en la cama, vino la fiesta de Nuestra Señora de setiembre y co- [fol. 102ra] mo viesse que no podía comulgar con las otras hermanas de aquel sancto día ni estar presente con ellas al officio, rescibió gran dolor en su coraçón. Y como las otras religiosas se levantassen a los maytines y ella estuviesse tan cerca del choro que las pudiesse oýr, luego que començaron el Invitatiorio, dixo con gran dolor de su coraçón orando a Nuestra Señora: “¡O[h] gloriosa madre de Dios, esperança de los peccadores! Yo no soy digna de estar en tus maytines, ni menos de poder comulgar con las otras; tú, Señora mía sabes la pena que en esto rescibo”. Y como acabó de dezir estas palabras vino una claridad sobre ella. Y sintiose luego sana del todo. Y levantándose de la cama fuese a los maytines, y comulgó esse día con mucho gozo con las otras hermanas.
 
=== Capítulo 49 ===
 
'De la muerte de la bienaventurada María de Ajoffrín y cómo luego començó a resplandecer por miraglos'
 
Luengo tratado el libro se haría si particularmente quisiesse aquí hazer memoria de todas las cosas que hallé escriptas desta sancta muger, y así no quiero más detenerme en relatar sus virtudes y las otras revelaciones que vido, porque apenas comulgó vez que no fuesse luego arrebatada y alçada en espíritu y le fuessen demostrados muy grandes secretos; mas escribiré agora brevemente cómo murió y cómo después de su muerte començó luego a resplandecer por miraglos.
 
Pues como esta santíssima vir- [fol. 102rb] gen fuesse por Nuestro Señor tan altamente visitada en esta vida presente, según ya es dicho, plugo a Su Magestad de la hazer gloriosa y bienaventurada en el Cielo y darle el galardón que a sus sanctos y amigos antes de los siglos tiene prometido. Venido pues el tiempo de su muerte, por ella tan desseado, enfermó en el mes de julio, año mill y quatrocientos ochenta y nueve, quando andava la pestilençia en la ciudad de Toledo. Y falleció con mucha devoción sábado a las tres horas despues de la media noche; y fue enterrada a las vísperas de aquel día en el capítulo del monesterio de la Sisla porque entonces en este monesterio se enterravan las religiosas de Sant Pablo. Y fue sentido a su fallecimiento un olor celestial, según dieron dello testimonio las hermanas que se hallaron presentes a su muerte.
 
Y luego Nuestro Señor la magnifició por muchas señales y miraglos, de los quales se notarán aquí los siguientes.
 
En el año de mill y quatro çientos y noventa, en el mes de noviembre, día de Sant Martín, a la noche enfermó de modorra un hombre que se llamava Francisco Díaz, vezino de Xarabiz de la Vera. Y como llegasse la hora postrimera, rescebida ya la extrema unción, un clérigo que se dezía Martín Diaz, su primo, que lo avía criado y casado, sentía gran dolor de su muerte, y como a caso veniesse allí una muger que se dezía Juana Martínez, biuda, y viesse al clérigo tan affligido, díxole: “Compadre, ya sabéis la enfermedad que tenía yo de mi pierna con la cadera y este año quando vino aquí mi hermano fray Gabriel, professo del monesterio de Sant Hierónymo de Madrid, me dixo de una sancta religiosa que falleció en Toledo en el monesterio de doña Mari García y está enterrada en el de la Sisla, por la qual el Nuestro Señor hazía grandes maravillas y que si me encomendasse a ella con devoción y prometiesse de yr a visitar el lugar de su sepultura, creyesse sin dubda que [fol. 102va] por sus merescimientos avría salud. Yo me encomendé a a esta sancta y sané por la misericorida de Nuestro Señor, y así prometeldo vos a ella y plazerá a Dios de os oýr y dar vida a este vuestro primo que al presente véys que se os muere”. El clérigo, oyendo esto, hizo luego voto y prometió que si Nuestro Señor dava salud a su primo enfermo de lo traer al monesterio de la Sisla a visitar el sancto cuerpo desta virgen. Y Nuestro Señor oyó sus ruegos por los merescimientos de su sierva, y dio salud perfecta a aquel enfermo. Y vinieron los dos juntos a cumplir el voto. Y el clérigo dio testimonio de la verdad deste hecho y lo escrivió de su mano, sábado a siete días del mes de mayo, año de mil y quatrocientos y noventa y uno, estando presente en el suso dicho monesterio.
 
En la ciudad de Toledo estava un canónigo para morir, y obrados en él ya todos los remedios humanos, como siempre perdiesse, encomendose con mucha devoción a esta bienaventurada virgen, y embió a visitar su sepultura y que le truxessen un poco de tierra della. Y luego la primera noche que se la puso al cuello, estando dormiendo, le apareció la dicha sancta entre sueños y despertando se halló sano. Y como le oviessen de dar aquella mañana una purga, no la quiso rescebir, mas dixo que le diessen de comer porque él se sentía bueno. Y levantándose de la cama, fue luego al monesterio de la Sisla a visitar el cuerpo desta virgen y dio allí muchas gracias a Nuestro Señor, y offreció sus offrendas.
 
Y en el mes de setiembre del mismo del mismo año que esta bienaventurada María de Ajofrín finó, enfermó muy gravemente en la ciudad de Toledo Don Alonso, hijo de la condesa de Paredes, canónigo de la yglesia mayor. Y estando ya oleado y muy cercano a la muerte, encomendose a esta sancta. Y fuele traýda una almohada en que la dicha sancta virgen finara y luego que la puso sobre sí sanó. Y fue después al monesterio de la Sisla a tener no- [fol. 102vb] venas y offreçió una imagen de cera y una casulla de seda.
 
En el suso dicho año a nueve días del dicho mes de setiembre, vinieron a visitar el lugar onde esta sancta muger fue enterrada un hombre que se dezía Joan de Pastrana y su muger, y truxeron un niño, que era su hijo, tollido. Y avía el padre gastado con los físicos lo que tenía y no le avían podido curar. Y encomendáronlo el padre y la madre con mucha devoción a esta sancta y velaron una noche en la yglesia, y sanó el niño a gloria de Nuestro Señor.
 
En este tiempo una muger que se llamava Joana de Sant Miguel, beata de la tercera regla de Sant Françisco, que morava en la ciudad de Toledo, estava muy mala de un çaratán que tenía en la teta, y avía cinco años que la curavan los físicos y todos ellos no la avían podido remediar. Y desamparada dellos, aconsejavan algunos que por que no muriesse le fuesse cortada la teta. Mas ella, viendose en esta angustia, acordó, oýda la fama de los miraglos que esta sancta hazía, de se encomendar con mucha devoción a ella. Y así, con este propósito, vino al monesterio de la Sisla. Y luego que entró al lugar onde el cuerpo de la bienaventurada María de Ajoffrín estava enterrado, sintió un olor celestial que salía de la sepultura. Y ella, con mucha devoción y lágrimas, derribose sobre ella rogando a esta sancta que la quisiesse ayudar y alcançar de Nuestro Señor sanidad; y luego fue sobre ella la mano de Dos y fue sana perfectamente.
 
Otros muchos miraglos hizo Nuestro Señor por los merescimientos desta su sierva luego después de su muerte, como se hallan escriptos en el libro de su vida. Y aun hasta tiempo presente no cessa Nuestro Señor de la mangnificar por señales maravillosas, mas yo no quiero escrevir más en este lugar y sólo diré aquí un miraglo que acaesció en su vida acerca de una carta quemada que por sus oraciones fue hallada sana y restituyda en su primero ser. Como una vez esta [fol. 103ra] sierva de Dios notasse una carta para el cardenal Don Pero González de Mendoça, y la escriviesse otra religiosa que se llamava Ynés de Sant Nicolás. Y acabada la carta de escrevir, por no tener allí polvos para la enxugar, la llegassen al fuego. Tanto la allegaron, que se quemó en tal manera que era necessario tornarla a escrevir otra vez. Y como desto rescibiesse mucha pena la religiosa que la escriviera, porque la carta era muy grande, díxole ella: “Ýos agora, hermana, y no rescibáys pena, porque después se podrá escrevir”. Y tomó ella la carta quemada y echóla en un arca. Y como otro día viniesse la otra religiosa para la tornar a escrevir, abrió la sierva de Dios el arca y hallaron la carta sana.
 
=== Capítulo 50 ===
 
'De cómo fue trasladado el cuerpo de la bienaventurada María de Ajoffrín y puesto en una sepultura muy honrrada que le fue hecha en la yglesia, y del olor maravilloso que sintieron todos los que se hallaron presentes y de cómo llovió luego y se remedió la tierra'
 
Como la fama de los mirgalos que Nuestro Señor hazía para glorificar a esta sancta virgen cresciesse de cada día, muchos devotos, movidos con zelo de la honrra de Dios, trabajavan que fuesse su cuerpo trasladado del capítulo onde estava enterrado y pasado a la yglesia del monesterio. Y en- [fol. 103rb] tre las otras personas que en esto más diligencia pusieron fue la condesa de Fuensalida, por cuyo ruego, a veynte y cinco días del mes de abril del año de mil y quatrocientos y noventa y cinco, aún no seys años cumplidos después de su muerte, fue sacada de la sepultura en que estava en el capítulo y passada a la sepultura que avía edificado la dicha condesa a la mano derecha de la yglesia. Y estuvieron presentes a esta translación el prior del monesterio fray Juan de Morales y otros religiosos, y el clavero de Calatrava y Don Alonso de Silva, y otras algunas personas devotas. Y luego que abrieron la sepultura, sintieron todos un olor celestial y fueron hallados los huessos desta bienaventurada sancta muy olorosos, de los quales parecía que manava un licor a manera de azeyte. Y el olor suavíssimo que salía de los huessos fue sentido de todos los que estavan presentes, así religosos como seglares. Y viendo esta maravilla, el prior mandó llamar al convento —el qual hasta aquella hora no avía parte desta translaçión— a todos, y tañer los órganos y campanas. Y puestos los huessos en un arca que truxo Don Alonso de Silva enforrada de seda por partes de dentro y teniendo todos en las manos cirios encendidos, que el dicho Don Alonso avía traýdo para todos los frayles, y vestidos el sacerdote y ministros de las vestiduras sagradas, llevaronla en provessión con mucha alegria a la yglesia cantando ''Hec dies quam fecit Dominus'' y el ''Te Deum laudamus''. Y fue pedida agua, que estava la tierra en gran necessidad, y Nuestro Señor, por magnificar su sancto nombre en su sierva, llovió luego en grande abundançia, de manera que todos pudieron claramente conoscer que aquella agua les era dada por los merescimientos desta sancta virgen. Y así fueron remediados los panes, que estavan ya para se perder todos. Y estuvo su cuerpo en la yglesia en el ar- [fol. 103va] ca suso dicha treze días para lo mostar a los que lo venían a ver. Y fue después sepultado en la sepultura que la condesa hiziera a la mano derecha de la yglesia, como es ya dicho.
 
Cosa es por cierto de contemplar la aarcia que Nuestro Señor dio a esta su sierva en los tiempos presentes. Y así podremos bien conoscer que en todas las edades obra Dios cosas maravillosas en favor de los que verdaderamente lo aman y sirven. Y cómo levanta del polvo y ensalça a los que son humildes de coraçón como lo fue esta bienaventurada María de Ajofrín la qual, entre todas sus virtudes, resplandeció singularmente por humildad, de lo qual dieron testimonio todas las religiosas que la conoscieron, mayormente la madre del monesterio que se llamava Catalina de Sant Lorençio, diziendo que era tan humilde que muchas vezes le importunava que la reprehendiesse y castigasse delante todas, mayormente los viernes en el capítulo, y le mandasse comer en tierra y prostarse a la puerta de la yglesia para que las otras hermanas pasassen sobre ella quando entravan al choro.
 
En las cosas dichas se da fin a las obras maravillosas de la bienaventurada María de Ajofrín y a las revelaciones que vido estando en la vida mortal, porque no fue mi intención de las escrevir aquí todas, como lo dixe al principio desta historia y después en otros lugares. Y por consiguiente se acaba el tercero libro de la presente crónica, a honrra y gloria de Nuestro Señor Jesu Christo, y alabança de sus santos y siervos, y para provecho de todos los religiosos presentes y advenideros. Amén.
=Vida impresa (3)=

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