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[fol. 115r col. a] El monesterio llamado San Pablo, que es de religiosas de la orden del glorioso San Jerónimo, fue en su principio fundado por la católica doña María García de Toledo, hija de Diego García de Toledo. La cual, siendo muy santa y amadora de la religión, fundó esta santa casa de religiosas de esta orden, honestas y recogidas sin clausura, adonde ella se encerró con otras algunas religiosas de vida apurada, con las cuales hizo tan santa vida que se puede firmemente creer que está colocada entre las santas bienaventuradas en la gloria, según su caridad y humildad, que son dos virtudes que mucho en ella resplandecían. Fue tan limosnera que repartió la mayor parte de su patrimonio, que era mucho, por los pobres, y con eso poco que le quedó se metió en esta casa de religión con otras religiosas con las que les tomó el hábito del glorioso San Jerónimo, de quien era devotíssima el año del señor de 1404. Y después acá, esta casa de oración ha sido más acrecentada y labrada, y han entrado en ella muchas más religiosas de santa vida y recogimiento. Fueron estas religiosas al principio sujetas al prior de la Sisla, en el cual estado permanecieron hasta el año del señor de 1508, que de su propia voluntad las religiosas que en él estaban hizieron professión y tomaron velo y clausura, quedando sujetas al general de la dicha orden.
= Vida impresa (2)=
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner// Mar Cortés Timoner]; fecha de edición: abril de 2021.
== Fuente ==
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_de_Villegas Villegas, Alonso de], 1588. ''Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...'', Huesca: Iuan Perez de Valdiuielso. Fols. 44r col. a – 45v col. a.
== Criterios de edición ==
El relato aparece en el apartado 193 de la Adición de la Tercera Parte del ''Flos Sanctorum'' de Alonso de Villegas. Para facilitar la localización de los textos, he indicado el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b).
En la edición, se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas pero se respetan los grupos consonánticos: -nt (sant), -nc- (sancta), -bj- (subjetándose) y las contracciones. Además, se mantiene la conjunción copulativa “y” ante palabras iniciadas con el sonido vocálico “i”, la escritura de las palabras con interés morfológico o fonológico (augmento, proprio, ansí, etc.), el empleo del sustantivo “Orden” en masculino y la forma femenina del determinante ante los sustantivos femeninos que empiezan por a- tónica (arca, alba).
Se ofrecen datos en torno al texto editado en:
* M.Mar Cortés Timoner, “Censuras, silencios y magisterio femenino en la Adición a la tercera parte del ''Flos Sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Specula. Revista de humanidades y espiritualidad'', vol. 1 (abril 2021) (en prensa).
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021) (en prensa).
==Vida de María García==
[Fol. 44r col. a] Vida 193. De María, que fue ilustre y tuvo por sobrenombre García […] [1]
[2] Entre otras riquezas que estaban en el templo de Salomón que grandemente le hermoseaban eran dos querubines que, por mandado de Dios, puso Moisés a los lados de la Arca [3]; y puede asimilarse a ellos dos benditas mujeres, ambas Marías y doncellas, por donde dice bien con ellas el nombre de querubines o ángeles, pues lo que en el cielo es ser ángeles en la tierra es ser vírgenes, semejando los vírgenes a los ángeles. Están a los lados del Arca, esto es, muy juntas a Dios, no solo por su encendida caridad sino por el estado de monjas que tuvieron, que está muy conjunto con Dios. Hermosean y adornan este templo de la Iglesia militante por razón que las religiones son adorno riquísimo de la misma Iglesia. De ambas juntas tengo de escribir sus vidas porque fueron casi de una misma tierra, de un mismo orden [4] y de una misma casa, y casi en un mismo tiempo, y están sepultadas juntas, junto con que me aprovecharé para escribirlas de unos mismos originales. Y fueron: un libro de mano antiguo que está en el monasterio de Sant Pablo de Toledo, que fue casa propria de ambas, y de la historia [5], también de Toledo, de Arcocer [fol. 44 r col. b] y de las crónicas del Orden de Sant Jerónimo, y es en esta manera. [6]
Doña María, llamada, por respecto de su padre, García, fue natural de Toledo, hija de don Diego García y de doña Costanza de Toledo, ambos de muy ilustre linaje y decorado con real sangre. Los padres vivían sanctamente y aprendió dellos su hija a vivir en toda sanctidad. Eran ricos de bienes temporales porque tenían grandes posesiones en Talavera, villa de mucho lustre distante doce leguas de Toledo, y, sin esto, otras haciendas de manera que podían y, junto con el poder, hacían grandes limosnas, lo cual también su hija quiso imitarles, como se verá en el proceso de su vida.
Fue, desde niña, muy inclinada al servicio de Dios y a cosas de devoción y, por lo mismo, aborrecía todo lo que es mundo y contradice a la perfección. Y por el crédito que ganó con sus padres y con todos los que la conocían, de que era muy honesta y deseaba ser sancta aunque era muy hermosa, nadie se escandalizaba ni juzgaba mal por algunas cosas que hacía, que en otra fueran de mal ejemplo y a ella le daban muy bueno por estar saneada con sus inculpables costumbres. Y así visitaba iglesias muy a menudo donde tenía larga oración, ofreciendo [fol. 44v col. a] a Dios las primicias de sus buenos deseos. Iba a dar limosna a personas que tenían grave necesidad y, aun acabado, lo que podía dar pedía a algunas personas ricas para dar a otras pobres; y a los unos era ocasión que mereciesen para bien de sus almas y a los otros que remediasen las necesidades de sus cuerpos, y así era a todos provechosa.
Estaba a esta sazón un monasterio no lejos del alcázar principal de la ciudad, que se llamaba Sant Pedro de las Dueñas, donde se edificó después el insigne Hospital de la Cruz, obra del ilustrísimo cardenal y arzobispo de Toledo don Pero González de Mendoza, donde no solo se curan enfermos y heridos en grande número sino que [7] se crían niños expósitos, que no es pequeño también el número dellos, por el pueblo y ciudad ser grande y no tener estos otro remedio. Quiso, pues, doña María, probar aquella vida de religiosa encerrada y así entró en este monasterio de edad de once años. Y porque era en él abadesa una hermana suya que la amaba tiernamente, y por su respecto y alto linaje, junto con sus sanctas obras, las demás monjas la estimaban y tenían en mucho. Ella, que deseaba ser menospreciada y tenida en poco, dejó el monasterio no queriendo quedar en él ni en otro de Tordesillas adonde la deseaban por monja y quisieran hacerla abadesa anteponiéndola, que [8] era moza y extraña, a otras ancianas y criadas en aquella casa, por las nuevas que tenían de su sancta vida.
Luego que salió del monasterio pusose unas alforjas al hombro y andaba pidiendo limosna para los presos de la cárcel del arzobispo, no sin particular sentimiento de sus padres, hermanos y parientes. Y reprehendiéndola por esto, respondía que, si no la dejaban andar despreciada y imitando a su esposo Cristo, que se iría donde no la viesen. Estas razones, aunque en otra doncella parecieran dichas con libertad, en doña María, considerada su vida, eran prendas de grande humildad. Y por quitar del todo la ocasión a los maliciosos de murmurar della, viéndola sola de poca edad y hermosa que andaba pidiendo limosna, acompañose de una noble viuda llamada doña [9] Mayor Gómez, que quiso ser partícipe de sus buenas obras y compañera en sus sanctos ejercicios. Y así, las dos se vieron pedir limosna en la sancta iglesia con sus alforjas a los hombros, de que no pequeña edificación sacaban los que las conocían viendo lo que hacían. Vino el negocio a que su mismo padre la encontraba en la calle y decía a sus criados: “Dad lugar a que apase [10] María, mi hija, y siga a Jesucristo, que la lleva por ese camino de menosprecio”. Agradecía esto mucho la bendita mujer y decía que debía mucho a sus padres porque la habían dado lugar de se apartar del mundo. También acaeció encontrarse, andando pidiendo limosna, con el arzobispo [fol. 44v col.b] de Toledo, que era tío suyo, llevando al lado a su padre, con grande acompañamiento, y reprehender el arzobispo a su hermano porque daba lugar a que su hija anduviese de aquella manera en menoscabo del honor de todos ellos. Y respondíale que se tenía por dichoso en que su hija hubiese escogido tan ilustre esposo como Jesucristo, pues con tal yerno él se tenía por muy honrado.
Era a esta sazón rey de Castilla don Pedro, llamado el Cruel, en cuyo tiempo padecieron los grandes del reino no pequeñas persecuciones. Andaban amedrentados y muchos dellos huidos porque el rey era determinado y fácilmente cortaba cabezas sin respecto de linaje o estado. Y así cupole parte desta persecución a doña María, o por respecto de sus deudos o por recelarse de su honor, si estaba seguro en tiempo de tanta borrasca y tempestad. Y así se recogió a Talavera, que, como se ha dicho, tenía en aquella villa su padre grandes posesiones y era como señor della. Acompañáronla otras señoras principales del reino llevadas con el mismo temor y aun allí no se tuvieron por seguras, por donde les convino irse a diversas partes. Y doña María se volvió a Toledo, y fuera de la ciudad, a la parte del mediodía, se recogió en una pequeña casa que ella labró, junto a una ermita de la Madre de Dios, donde después se edificó el Monasterio de la Sisla del Orden de Sant Jerónimo, y está de presente sepultada aquí. Con su buena amiga doña Mayor Gómez se ocupaba en oración con mucha humildad y paciencia.
Sosegándose más los tiempos, volvió a la ciudad y se juntó [11] juntándose con doña María de Soria y con otras señoras de linaje que vivían cerca de la iglesia de Sant Román, en casa particular, y tenían hábito de beatas recogidas. Y destas contaba [12] después [13] grandes virtudes de paciencia, humildad y menosprecio del mundo, diciendo que era poco lo que ella hacía en comparación de lo que vido en aquellas religiosas. Murió doña María de Soria, la que era cabeza en esta casa y congregación, y habiendo muerto también su madre, doña María vendió cierto heredamiento que le cupo de su legítima en Belilla y compró unas casas a la colación de Sant Laurencio, donde es ahora el Monasterio de Sant Pablo. Y aquí reposó su espíritu con su amado Esposo. Tenía consigo a su amiga antigua doña Mayor Gómez y a otra llamada Teresa Vázquez con otras seis o siete señoras ilustres y temerosas de Dios, determinándose servir a Nuestro Señor en su compañía. A todas estas honraba y acataba la sierva de Dios porque veía en ellas desprecio del mundo, humildad, pobreza y trabajo. Al olor de la sancta vida que todas hacían, vinieron otras muchas mujeres nobles a servir a Dios y, de acuerdo de todas, tomaron el hábito del glorioso Sant Jerónimo, de quien era muy devota doña María, aunque sin clausura, sino con [fol. 45r col. a] título de beatas. Y fue el año de mil y cuatrocientos y cuatro [14], subjetándose al prior de la Sisla que, a la sazón, era Pero Fernández, que, primero, fue caballero seglar de muchos cuentos de renta y muy preciado de los Reyes Católicos [15] y, después, se hizo pobre por Jesucristo y de los primeros fundadores en España del Orden de Sant Jerónimo. Y así él fue el que edificó el Monasterio de la Sisla donde primero estaba una ermita de la Madre de Dios, como se ha dicho, y para esta obra ayudó largamente doña María de su patrimonio. Dio una arca de plata esmaltada para que se pusiese el Sanctísimo Sacramento y otras ricas joyas. Y por ver el prior la caridad desta bendita mujer, visitábala y no poco la alentaba con sus buenos consejos y sanctas amonestaciones en el servicio de Dios. El cual, habiendo vivido sanctamente, murió en la misma casa de doña María, adonde se había hecho traer de la Sisla para tener algún regalo en su enfermedad. Y en el aposento donde murió quedó por muchos días un olor maravilloso y del cielo. Su cuerpo fue llevado a sepultar a Guadalupe.
Tenía doña María el gobierno de aquella casa y congregación. Era hermosa de rostro, como se ha dicho, y mucho más en el alma. Su presencia, de grande austeridad, ponía más temor en los que veían su honestidad y humildad que si la oyeran palabras de reprehensión. Si reprehendía, era con tanta discreción y con tan dulces palabras que, por ello, era amada, especialmente de sus parientas, que visitándola, y viéndolas ella con muchos trajes y galas, decíales tales razones que, sin quedar sentidas, se moderaban y dejaban lo superfluo. Su tocado y vestido era muy honesto y pobre aunque aseado y limpio. Amaba el color blanco por la castidad, mas de ordinario se vestía de pardillo por vencerse a sí misma y dar ejemplo de menosprecio. Era fervorosa en la oración y nunca estaba ociosa. Era agradecida a Dios y a las gentes, muy paciente en sus enfermedades, que eran tos continua y dolor de hijada a tiempos que la llegaba a lo último. Huía la vanagloria y quería que de todo lo bueno se diese loor [16] a Jesucristo. Sus amonestaciones eran todas fundadas en humildad y decía a cada una de las hermanas que fuesen humildes si querían ir por camino seguro; y así, ella se tenía por la menor de todas. Era su costumbre levantarse todas las mañanas a tener oración, la cual cosa alguna no dejaba, y estando enferma, aunque en la cama, allí oraba. Y porque siendo de ochenta años no oía el reloj para levantarse, hacía que pusiesen un gallo cerca de su aposento para que su voz le fuese reloj y despertador; y así, no faltaba en su sancto ejercicio.
Llegose su muerte, y teniendo consigo veinte y cinco religiosas, llamolas cinco dellas antes de su tránsito, abrazolas y dioles paz. Habló a cada una [fol. 45r col b.] en particular, avisándola en aquello que más sabía convenirle, según su condición. Y a todas en común hizo una plática amonestándoles a mucha paz y caridad unas con otras, a que amasen las virtudes, dioles su bendición y encomendolas a Dios. Las hermanas, con tristeza grande, lloraban tiernamente, ellas las consolaba diciendo que sirviesen a Dios, que nunca su Majestad les faltaría. La mañana antes de su muerte vieron las hermanas sobre su aposento una grande claridad y dentro della una paloma blanca. Otro día, que fue víspera de Sant Anton Abad, a la hora de la alba [17], estando las hermanas con ella viéronle mover los labios y que rezaba aceleradamente, aunque no entendían lo que decía. Apareció luego una claridad grande sobre su rostro de manera que toda la casa participó della. Veíase volver los ojos a una y a otra parte, daba muestra que se alegraba de lo que veía y así espiró despareciendo la claridad, y fue en diez y seis de enero, día lunes, en el año de mil y cuatrocientos y sesenta y cuatro [18]. Era de edad de ochenta y seis años, después de haber estado los sesenta en aquella casa y religión. Quisiera sepultarse en su sancta iglesia por estar allí sepultado su tío el arzobispo, que fue varón de sancta vida, delante el altar de Sancta María la Blanca, que es el de prima, dentro del coro menor. Y el arcediano de Toledo, que era sobrino, huyó lo que [19] pretendía. Mas el amor que tenía a los hermanos de su orden, los frailes de la Sisla, fue medio para que mandase que allí la enterrasen. Y cierto desto y de su muerte, los frailes, luego que supieron que era difuncta, porque el arcediano, su sobrino, no lo estorbase, con otros caballeros deudos suyos, habiéndole dicho una misa en tanto que la amortajaban, la llevaron luego a la Sisla. Y habiendo tiempo que no llovía, el mismo día por la tarde llovió tanto que no poco se consoló el pueblo atribuyéndolo mucho a los merecimientos desta sierva de Dios. Estuvo siete días sin enterrar en tanto que se le hacía un lucillo en que fue puesta. Y su cuerpo era visto de todos sin dar mal olor ni mostrar fealdad sino tan tractable que la podían asentar, vestir y desnudar, cerrar sus manos y abrirlas. Y en este tiempo fue fama que obró Nuestro Señor por ella algunos milagros. Fue sepultada noche de Sant Ildefonso [20] dentro del lucillo, en el coro de la iglesia, cerca del altar mayor. Y el día siguiente de Nuestra Señora de la Paz se le celebraron las honras, y predicó un obispo conocido suyo y dijo della grandes loores.
La casa y congregación desta bendita mujer fue siempre en augmento, así en religiosas que entraban en ella como en el edificio. Estaban subjectas al prior de la Sisla sin guardar clausura, en el cual estado permanecieron hasta el año del Señor de mil y quinientos y ocho, que, de su propria voluntad, las religiosas que en él estaban [fol. 45v col. a] hicieron profesión y tomaron velo y clausura, quedando subjectas al general del dicho Orden de Sant Jerónimo. Es casa de mucha religión y donde siempre ha habido señoras de ilustre sangre y de grande vida y ejemplo. Entre las cuales vivió María de Ajofrín, de quien habemos de ver su vida coligiéndola de los mismos memoriales y libros que la pasada, y es en esta manera. [21].
===Notas===
[1] El apartado también incluye la vida de María de Ajofrín por ello el epígrafe completo expone: “De María, que fue ilustre y tuvo por sobrenombre García, y de María de Ajofrín, monjas de Sant Pablo de Toledo”.
[2] En el margen izquierdo leemos: “En. I6. de Enero. Exodi.15.”
[3] Conservamos la concordancia del texto.
[4] A lo largo de la edición, respetamos el género del sustantivo según el texto, que se refiere a la Orden de San Jerónimo.
[5] Posiblemente, remite a la Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo de Pedro Arcocer, impreso en 1554. En concreto, la vida de María García se halla en el vigesimoséptimo capítulo del segundo libro y está editada en el catálogo por Verónica Torres:
http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Mar%C3%ADa_Garc%C3%ADa
[6] En el margen derecho leemos: “Authores”.
[7] Se añade “que”.
[8] En el texto “que”.
[9] Se subsana la errata “daña”.
[10] Debemos leer “pase”. El verbo “apasar” se halla recogido en el Corpus Diacrónico del Español (CORDE): http://corpus.rae.es/cgi-bin/crpsrvEx.dll
[11] En el texto “juntándose”. Se ha corregido la incoherencia sintáctica.
[12] En la obra leemos “contaban” pero parece más lógico considerar como sujeto a doña María.
[13] En el texto: “despus”
[14] En el lateral izquierdo leemos: “Año de 1404.”
[15] Se trata de un anacronismo ya que perteneció a la corte de Pedro I.
[16] La palabra “loor” aparece como sinónimo de alabanza
[17] Conservamos la escritura del texto y no corregimos por “del alba”.
[18] En el margen derecho podemos leer: “Año de 1464.”
[19] Para facilitar la lectura se ha añadido el pronombre relativo “que”.
[20] En el texto: “Illefonso”.
[21] He editado la vida en el catálogo:
http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Mar%C3%ADa_de_Ajofr%C3%ADn
= Vida impresa (3)=