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Cambios
m
→Vida impresa (1)
''[1]'' Ejemplar mal foliado, pues aparece como CIX cuando debería ser CVIII. Además, cabe indicar que no aparece el capítulo XIII.
''[2]'' Figura en el texto original: “corre”. Se ha subsanado la errata. = Vida impresa (2)=Ed. de [http://visionarias.es/equipo/belen-molina-huete/ Belén Molina Huete] y Desiré Armero Benítez; fecha de edición: abril de 2023. == Fuente == * [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Marcos_de_Lisboa Lisboa, Marcos de], 1570. «[Beatriz de Silva]», en ''Tercera parte de las crónicas de la Orden de los frailes menores del seráfico padre san Francisco'', Salamanca: Alejandro de Cánova, fols. 208v-210r. ==Criterios de edición== Se han seguido los criterios establecidos en el Catálogo para fuentes impresas. Así pues, se ha procedido a la actualización generalizada de grafías, ortografía y puntuación, manteniendo aquellos rasgos de la lengua que implican valor fonológico o que caracterizan su léxico, morfología o sintaxis. Se desea hacer constar de manera expresa que se han conservado las oscilaciones en grupos consonánticos cultos (-c-/-cc-, -n/-nt…), así como las vocálicas. Se han reducido, por otra parte, los grupos consonánticos latinizantes (Christo>Cristo), incluidos la duplicación vocálica y consonántica y, de modo concreto, <sc> en interior de palabra (aparesció>apareció); se ha modernizado la unión y separación de términos (Iesu Christo>Jesucristo, mandó la>mandola…), así como las contracciones (dellos> de ellos). En el uso de la mayúscula se ha atendido la singularidad de tratarse de textos religiosos y se ha unificado su empleo aun cuando en la fuente se usara la minúscula de manera generalizada. Se han desarrollado las abreviaciones tipográficas sin marca expresa, aunque se han respetado las abreviaturas ya acuñadas (S. por san); se han corregido erratas. En nota al pie se han registrado los apuntes marginales presentes en la edición que sirve de referencia. ==Vida de Beatriz de Silva== ===Capítulo XI=== [fol. 208v, col. a] '''Cómo se comenzó la orden de las monjas de la Concepción de Nuestra Señora''' ''[1]'' Siempre la Reina de los cielos, señora y madre nuestra, con sus entrañas de maternal piedad procura cómo los cristianos hijos suyos subamos a merecer las riquezas y herencias divinas, por continuos merecimientos y servicios delante de la divina majestad de su Hijo Nuestro Señor Jesucristo. Y como uno de los aseñalados servicios que al hijo de Dios se ofrece (y es de él aceptado por las manos de la Virgen su madre) sea la devoción y celebración de la Inmaculada y Purísima Concepción suya, quiso la soberana reina celestial aumentar e ilustrar más esta devoción con ordenar orden particular del nombre de su Purísima Concepción en que viniesen religiosas en toda virtud y pureza. Y por cuanto esta merced fue recebida en estos tiempos, y los frailes menores fueron los ministros de ella, digna cosa es que se haga aquí mención de ella, y de cómo comenzó en España esta orden en la ciudad de Toledo. La reina doña Isabel, hija del rey de Portugal don Duarte, que vino a casarse con el rey don Juan el Segundo de Castilla, trajo consigo entre otras damas una de muy noble sangre y deuda suya, llamada doña Beatriz de Silva, la cual en hermosura, discreción y gracia excedía no solamente a las otras damas de la reina mas todas las de [fol. 209r, col. a] su tiempo. Y por esta causa y por su mucha nobleza comenzó de ser servida de todos los grandes de la corte, y algunos de ellos la pedían por mujer, y sobre esto en la corte, entre los grandes, hubo contiendas y pasiones, queriendo cada uno ser aventajado y solo en su privanza y servicio. Creciendo, pues, estas cosas cada día, se enojó mucho la reina, creyendo que la dicha doña Beatriz tenía en esto la culpa, y mandola meter en un encerramiento estrecho de madera, donde estuvo tres días sin le ser dado de comer. Viéndose la delicada dama sin culpa tan mal tratada, y puesta en tanta aflicción, con mucha devoción se encomendó a la Virgen Madre de Dios, llamándola en su ayuda, y prometiendo voto de virginidad de todo su corazón con tanto hervor y lágrimas que mereció ser visitada de la Purísima Virgen Madre de Dios. ''[2]'' Y le apareció vestida del hábito de la Concepción, como agora lo traen las monjas de esta orden, el hábito y escapulario blancos y el manto azul. Y diole mucho esfuerzo y consolación. Pasados tres días fue puesta en su libertad y, teniendo ella por muy peligrosa la vida de la corte, para que perfectamente sirviese a Nuestro Señor, determinose huir de ella e irse a Toledo a meter fe en el monasterio de las Dueñas de Sancto Domingo el Real. ''[3]'' Y caminando con su compañía para Toledo, en este camino fue confortada por el Señor con otro aparecimiento, y oyó que la llamaban en lenguaje portugués y, volviéndose a ver quién la llamaba, vio venir dos frailes de Sant Francisco. Y no entendiendo la merced de Dios y consolación que le enviaba, le pareció que la reina los enviaba para la confesar, y luego la mandar matar, y hubo muy gran temor, y con mucha aflicción se encomendó a Nuestra Señora, que tenía por su abogada y valedora. Mas llegando los dos religiosos la saludaron con palabras de mucha consolación, y no solo le quitaron todo el temor y angustia a su alma, mas entre otras muchas pa- [fol. 209r, col. b] labras le dijeron que fuese muy segura y cierta, que con el favor de la Madre de Dios sería ella madre de muchas hijas, muy benditas y nombradas y estimadas en el mundo. Pero como ella le respondiese que tenía ofrecido a Nuestro Señor y a Nuestra Señora voto de castidad virginal, por lo cual no pedía ni deseaba hijos, ellos le dijeron que, con esta virtud y pureza tan acepta a Dios y a su Sanctísima Madre, se cumpliría la merced de Dios que le habían dicho, y así caminaron todos. Y como llegasen a la posada, asentándose a comer la devota sierva de la Reina de los cielos, y no ya de la reina de la tierra, llamando a los dichos religiosos para comer, y buscándolos, no fueron más vistos. Entonces conoció sin duda ser revelación divina y visitación con que Nuestro Señor quiso confirmar su sancto deseo y propósito, y manifestarle lo que estaba por venir de la grande multiplicación de sanctas hijas, que a Nuestro Señor había de engendrar en la Orden de la Concepción de Nuestra Señora. Y su alma con esta visitación quedó muy confortada y con grande fe, que aquellos religiosos eran el bienaventurado S. Francisco y sant Antonio, cuya devota y particular era, y lo fue mucho más de allí adelante, porque siempre celebró sus fiestas hasta la muerte con mucha devoción. ===Capítulo XII=== '''Cómo esta sierva de Nuestro Señor se hizo religiosa y comenzó la Orden de la Concepción''' ''[4]'' Como llegase a Toledo la serviente esposa de Cristo, recogiose luego con dos criadas suyas en el dicho monasterio de las Dueñas de Sancto Domingo y en él estuvo treinta años en hábito seglar, haciendo muy estrecha y áspera vida, en continua oración y contemplación. En este tiempo ningún hombre ni mujer le vio el rostro descubierto si no [fol. 209v, col. a] era la criada que la servía y la reina católica doña Isabel. Ni en los otros años que después de religiosa vivió hasta su muerte; y esto hacía en penitencia y satisfación de la ocasión de vanidad que con su hermosura dio al mundo. Pues como ella fuese devotísima de la madre de Dios, especialmente de su Purísima Concepción, pensaba siempre cómo la pudiese más honrar y sublimar, y para esto tenía grandes pensamientos y deseos de instituir una religión del nombre de la Inmaculada Concepción. Y comunicando este su sancto deseo con la dicha reina católica doña Isabel, la halló tan favorable y conforme a su voluntad, que no solo le pareció aquel propósito inspirado por Dios mas luego le ayudó a cumplir tan sancta obra, dándole en Toledo unos palacios donde agora está el monasterio de Sancta Fe. Allí se encerró esta sierva de Nuestro Señor con otras doce doncellas, dejando el monasterio de las Dueñas de Sancto Domingo en el año de Nuestro Señor de mil y cuatrocientos y ochenta y cuatro, donde se estuvo cinco años, pensando qué hábito tomaría. ''[5]'' En el año de ochenta y nueve, a su petición y de la dicha reina, le concedió el papa Inocencio Octavo la institución y continuación de la orden con el nombre, hábito y oficio de la Concepción, como lo tuvieron de allí adelante las religiosas de esta orden, con ciertos ayunos, quedando de la Orden de Cistel y con la obediencia del perlado diocesano. Todas estas cosas fueron reveladas a la sierva de Nuestro Señor como el papa la[s] concedía. Y aconteció mayor milagro: que perdiéndose en la mar con otras muchas cosas las bulas de esta religión, fueron milagrosamente halladas por esta bienaventurada sierva de Nuestro Señor en un arca del monasterio. Y aparejándose con mucha devoción y hervor para profesar y comenzar la sancta religión de la Concepción que tanto había deseado y procurado, al quinto día de esta determinación apareciole Nuestra Señora en la [fol. 209v, col. b] oración, y díjole que de ahí a diez días acabaría el presente destierro y se iría a la patria celestial. Y aconteció así que, recebidos muy devotamente los sacramentos, se fue a su esposo celestial en el año de mil y cuatrocientos y noventa, de edad de sesenta y seis años. Algún tiempo después, siendo mudado su bienaventurado cuerpo de la sepultura para ser guardado en un monumento muy labrado en el coro, donde agora está, tan suave olor saltó de él que todos los que presentes se hallaron fueron muy confortados y admirados. Cuatro años después de esto, las monjas ya profesas, según las constituciones sobredichas del papa Inocencio y otras de la Orden de Sant Benito de otro monasterio con autoridad del papa, todas juntas hicieron profesión de la regla de sancta Clara con el hábito de la Concepción en el dicho monasterio de Sancta Fe, y así vivieron hasta el año de mil y quinientos y uno. En este año, como los frailes menores de la observancia morasen ya en el convento de Sant Juan de los Reyes, dejando el convento antiguo de Sant Francisco, fuele dado a las dichas monjas de la Concepción a donde han florecido y crecido con su sancta religión. ''[6]'' Y como no parecía cosa conveniente profesar la regla de sancta Clara con hábito y oficio de la Concepción, fue compuesta regla particular por los frailes menores de la observancia de la provincia de Castilla, y confirmada por el papa Julio Segundo en el año del Señor de mil y quinientos y once, y por las dichas monjas profesadas. Y porque siempre se ocupasen en los loores de la Purísima Concepción de la Madre de Dios, fue ordenado un breviario que tuviese particular oficio de la Concepción para todos los siete días de la semana, para que cada día rezasen de la Concepción, salvo cuando ocurriese fiesta solemne o domingo de historia forzada, porque entonces rezan el oficio romano, como los frailes menores, a quien dan la obediencia. El II monasterio de esta religión fue la Concepción de Torrijos, adon- [fol. 210r, col. a] de muchas religiosas han vivido en mucha aspereza y oración, dejando en su vida y muerte suavísimo olor de sanctidad. En otros muchos pueblos de Castilla son edificados muy nobles y religiosos conventos de esta Orden de la Purísima Concepción de Nuestra Señora, a donde muy gran número de doncellas y mujeres nobles e ilustres con puras y devotas almas sirven al Rey celestial en los palacios de la Reina soberana su madre, dejando los estados y prosperidades de la tierra, siguiendo las pisadas y ejemplos de su bienaventurada madre doña Beatriz de Silva, la cual por la reina terrenal que dejó, reina con la celestial en los cielos para siempre... ==Notas== ''[1]'' Al margen: “Memoriales de Toledo”. ''[2]'' Al margen: “Aparecimiento de Nuestra Señora”. ''[3]'' Al margen: “Aparecimiento de S. Francisco y S. Antonio”. ''[4]'' Al margen: “Memoriales de Toledo”. ''[5]'' Al margen: “Comenzó la Orden de la Concepción”. ''[6]'' Al margen: “Especial regla de la Orden de la Concepción”.
= Vida impresa (2)=