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→Vida impresa (7)
[Fol. 277r] […] Doña Beatriz de Silva, de nación portuguesa, fundadora en esta ciudad de la sagrada Orden de Nuestra Señora de la Concepción y monja deste mismo título, nombre y hábito en el monesterio de la Concepción desta ciudad; falleció en el año de 1490.
= Vida impresa (6)=
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano/ Bárbara Arango Serrano]; fecha de edición: mayo de 2023.
== Fuente ==
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Vivar Vivar, Francisco de]. 1618. “Vida de Beatriz de Silva” en ''Primera parte de los testimonios graves y antiguos de la Limpia Concepción de Nuestra Señora, Historias admirables de las más ilustres entre las menos conocidas santas que hay en el cielo''. Valladolid: Gerónimo Murillo, fols. 2r — 21v.
==Criterios de edición==
Se siguen los criterios establecidos en el Catálogo para fuentes impresas: se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, qu/cu, empleo de h, sibilantes, etc.) y se eliminan las consonantes germinadas, excepto cuando se trata de “ll” por “rl”. Por otra parte, se expanden las abreviaturas y se moderniza el uso de mayúsculas y minúsculas salvo en los casos en los que se hace referencia a la inmaculada concepción de la Virgen María o atributos de seres divinos (''Reina del Cielo, Purísima Concepción''). Las normas acentuales se adaptan a los usos actuales y se moderniza también la puntuación, acentuación o el uso de aglomerados. También se introducen las comillas para delimitar los parlamentos de los personajes y se subsanan las erratas evidentes. En los fragmentos en latín se emplea la grafía ‹j› para todas las terminaciones del ablativo y el dativo plural (-is), que se mantiene como en el original.
Por último, es conveniente señalar que se han conservado cultismos como “Jesuchristo” y se han incluido en las notas finales todos los comentarios marginales del documento.
==Vida de Beatriz de Silva==
[fol. 2r]
'''Primera parte de los testimonios graves y antiguos de la limpia concepción de Nuestra Señora'''
Contiene la historia admirable de la fundación de la Orden de la Concepción Purísima de la Madre de Dios”, juntamente con la vida de la nobilísima y bienaventurada virgen doña Beatriz de Silva, parienta de nuestro católico rey don Felipe Tercero, que Dios guarde muchos años. Donde se prueba que la orden en su fundación fue de la de nuestro glorioso padre san Bernardo y la sierva de Dios doña Beatriz de Silva profesó y murió en la mesma.
=== §. I. De la nobleza, niñez y juventud de la beata doña Beatriz y de un celestial favor que le hizo la Reina de los ángeles ===
Anduvo tan liberal el soberano hacedor de todas las criaturas con su querida esposa doña Beatriz de Silva que, no contento con poner en ella colmados los dones de su gracia, la dotó juntamente en lo natural de los mejores que estima con razón el mundo, cuales fueron, nobleza, discreción [fol. 2v] y hermosura, partes que adornan maravillosamente una doncella y la hacen amable por extremo. Al que llegaron ''[1]'' las de doña Beatriz fue excelentísimo, pues cuanto a la nobleza, fue de la sangre de los reyes de Portugal, parienta en grado próximo del rey don Manuel el Invencible Conquistador ''[2]'' de la India y Imperio Oriental y, por el consiguiente, fue ascendiente de nuestro católico rey don Felipe que hoy reina, y de quien él heredó la devoción a la limpia Concepción de la Virgen María. Tuvo tres hermanos, los más ilustres caballeros que conoció Portugal en aquel siglo, a don Diego de Silva, ayo del serenísimo rey don Manuel y primer conde de Portalegre; a don Alonso Vélez, señor de Campomayor; y al glorioso caballero de Jesuchristo don Juan Meneses de Silva, que después en Italia profesó la milicia del seráfico padre san Francisco y floreció tanto en santidad que la testificó Dios con muchos y grandes milagros que hizo por los méritos del bienaventurado fray Amadeo, o Amador, que este fue el nombre que tomó en la religión, bien conforme a la caridad divina que en su pecho reinaba. Mucho se pareció doña Beatriz a todos sus hermanos en la nobleza y generosidad de ánimo, pero mucho más en la santidad y pureza de vida a fray Amadeo, y a todos excedió en la devoción de la Purísima Concepción de la Reina del Cielo, como aquella a quien su Majestad había escogido para hacer a su Madre un tan señalado servicio como fundar a gloria de su concepción una religión santísima, donde de día y de noche la estén alabando.
''[3]'' Ya que Dios había ennoblecido el reino de Portugal con el nacimiento de su Beatriz (que hasta en el nombre fue bienaventurada), quiso honrar a Castilla con su juventud, y para esto ordenó el segundo matrimonio del rey don Juan el Segundo, que casó con doña Isabel, hija del infante don Juan de ''[4]'' Portugal, del cual casamiento nació, para bien de España, la reina católica doña Isabel, tercera abuela de nuestro rey y señor don Felipe Tercero. Pues en esta ocasión, la Infanta de Portugal trajo consigo a su parienta doña Beatriz, muchacha ''[5]'' de pocos años pero de rara hermosura y discreción, con que hacía raya en la corte y era vista como maravilla y milagro [fol. 3r] de hermosura y oída por la prim[er]a de las discretas; y como a estas partes se ajuntaban la nobleza y favor que tenía de los reyes, mil príncipes la pretendían servir con humos de pedírsela por mujer. Hasta el rey don Juan gustaba tanto de vela y oíla que la reina cobró celos bastantes para vivir con poco sosiego. Y como si la culpa estuviera en doña Beatriz, un día, ciega de cólera y enojo, la cogió tan descuidada como inocente y, para quitársela al rey de los ojos, la encerró ''[6]'' en un cofre y en él la tuvo tres días, ocasión bastante para ahogarla y quitarla la vida por la falta del aire necesario para la respiración o por la hambre, que en tres días pudo dar en tierra con un sujeto tan delicado como el suyo o finalmente, por el miedo que la tierna doncella recibió, de verse en tan escura y apretada prisión, donde, por no descubrir el desconcierto de su señora, no se atrevía a dar voces ni pedir socorro a persona del mundo.
No la hacía este falta cuando tenía el de Dios tan cerca que, ''[7]'' apenas había invocado el de su santísima Madre, de cuya Purísima Concepción era devota desde su niñez, cuando la Reina del Cielo se le apareció y visitó en aquella estrechura del cofre y la animó y la confortó maravillosamente en la aflicción presente y dio esfuerzo para padecer mucho más que se le ofreciese por su amor. Venía la Virgen de la librea de su Purísima Concepción, con hábito blanco y escapulario azul, como trayéndole la muestra del que había doña Beatriz de dar después a sus monjas y a la orden que había de fundar a honra de la limpia Concepción, movida deste favor y de otro que la Reina de los ángeles le hizo, mostrándosele en el mesmo hábito y librea en otra ocasión. Los efetos mostraron bien el regalo que la Madre de Dios la había hecho, pues cuando envió la reina a sacar del cofre a la sierva de Dios, después de haber estado dentro de él tres días (o por descuido y olvido o porque duró otro tanto el desacuerdo de la reina o —lo que es sin duda— por divina providencia que quería comenzar a mostrar lo mucho que quería a esta su sierva) salió tan gorda, fresca y hermosa como cuando allí la pusieron, mas ¿qué mucho, que quien había sido tan regalada del Cielo no echase menos la falta de los manjares de la tierra?
= Vida impresa (7)=