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Teresa de Quiñones

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sin resumen de edición
[10] Troj: especie de granero o silo para guardar frutos y especialmente cereales. Véase REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Diccionario de la lengua española, 23.ª ed. [versión 23.8 en línea]. <https://dle.rae.es/troj#IJjUBSq>
[11] Se subsana la errata “predicoel”.
 
=Vida impresa (2)=
Ed. de Verónica Torres Martín; fecha de edición: noviembre de 2025
 
==Fuente==
Pérez de Moya, Juan, 1583. “Libro primero, trata de muchas sanctas vírgines mártires, y continentes, y de otras que guardaron grandíssima castidad, y de otras que se illustraron con estrañas penitencias”, Varia historia de sanctas e illustres mugeres en todo género de virtudes. Madrid: Francisco Sánchez, fols. 103v, 128r-131r.
 
==Normas de edición==
El relato aparece en el libro primero de Varia historia de sanctas e illustres mugeres en todo género de virtudes, impreso en 1583. Concretamente, el relato sobre Teresa de Quiñones forma parte del segundo capítulo, en el que se mencionan varias mujeres santas e ilustres que fueron casadas.
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), aunque se respeta la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico (“confradía” y “confadría”, “agüela”, etc.). Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas.
 
==Vida de Teresa de Quiñones==
 
[fol. 103 v] '''Capítulo segundo en que se ponen vidas de sanctas, y de otras ilustres mujeres que fueron casadas'''
[…]
[fol. 128r] '''Doña Teresa de Quiñones, mujer de don Fadrique, almirante de Castilla. Artículo XCIII'''
 
[fol. 128v] Doña Teresa de Quiñones fue hija de don Diego Hernández de Quiñones y de doña María de Toledo, condes de Luna. Siendo doncella en la casa de sus padres dábase a mucha oración y contemplación y ayunos y recogimiento, siendo obediente a sus padres y muy humilde. Demandole en casamiento don Fadrique, almirante de Castilla, no por las riquezas suyas, aunque los padres eran condes y grandes señores, mas por la fama de sus virtudes, como dicho habemos, y linaje. Plugo a Nuestro Señor de que se concertase el matrimonio, y ella ordenó tener en casa dueñas y doncellas muy honestas y religiosas, a quien gobernaba en amor y temor de Jesucristo, y en toda honestidad, de suerte que su casa era como un monasterio muy honesto, porque ella era tan sabia y tan sancta que no solamente las mujeres, mas aun a los criados y vasallos gobernaba, de modo que todos los de aquel tiempo se admiraban de ver casa de tanta gente tan bien guiada. Y como desde la niñez tuvo entrañas de caridad para los pobres, edificó en Medina de Rioseco un hospital luego que casó, proveyéndolo de rentas y camas de [fol. 129r] todas las demás cosas necesarias para los pobres. El cual visitaba en persona una o dos veces cada semana y, con sus mismas manos, los curaba y consolaba con conservas y comida y grandes limosnas.
Edificó, y persuadió al almirante, su marido, para ello, un monesterio de la Orden de Sant Francisco, a media legua de Medina de Rioseco, que se nombra Valdescopo, donde Nuestro Señor ha sido y es muy servido. Tuvo de este matrimonio dos hijos, el uno fue el almirante don Alonso, el otro don Enrique Enríquez, mayordomo mayor del Católico Rey don Fernando. Y muchas hijas que fueron grandes señoras. Ejercitábase mucho esta señora en la vida activa y contemplativa, gastando sus riquezas en cumplir nescesidades de los prójimos; reparó y casó muchos criados y criadas, y vasallos pobres, como si todos fueran sus mismos hijos. Era devotísima de la Orden de Sant Francisco, de observancia. Dio orden como se celebrase el capítulo general de esta orden en su villa de Palenzuela, en el Monesterio de Sant Francisco que allí hay. Acudió gran muchedumbre de frailes de todas las provincias de la cristiandad. Tenía [fol. 129v] prevenido en los puertos quien los recibiese y diese recaudo a la pobreza y necesidad de estos frailes pobres. Hízoles la costa a todos hasta que se volvieron a sus tierras. Servíales esta señora a la mesa mientras estuvieron en Palenzuela, y otra señora condesa de Tendilla, su hermana. Fueron tan espantados los frailes extranjeros de su humildad y sanctidad y de la gran provisión del capítulo que, vueltos a sus tierras, no se hartaban de predicarlo desde los púlpitos. En este tiempo fue Dios servido llevarle al almirante, su marido. Enterrose en el Monasterio de Valdescopo y, acabadas las obsequias, mandó llamar al almirante don Alonso, su hijo, y otros hijos y deudos suyos que allí estaban, y a unos religiosos de la Orden de Sant Francisco de gran doctrina y virtud, e hízoles un parlamento a todos de mucha admiración trayéndoles a la memoria la muerte y como ella había determinado de quedarse en aquel sancto monesterio toda su vida para servir a Dios y a la Virgen Nuestra Señora. Y que, pues siendo doncella había servido a sus padres, y siendo casada a su marido e hijos, que agora que era viuda quería servir a solo Dios. Dijo [fol. 130r] tales razones que conmovió a que los presentes derramasen lágrimas, oyendo plática tan divina y tan verdadera en el menosprecio del mundo y persuasiones para servir a Dios, y así nadie se atrevió a contradecirla y, besándola la mano el almirante, su hijo, y los otros deudos, la dejaron y se volvieron a Rioseco. Y la virtuosa señora se quedó sirviendo a Dios, y acompañando los huesos de su muy querido marido, donde se ejercitaba en decirle misas y en hacer limosnas y en cumplir todas las demás obras de misericordia. Estando así, y acordándose que había de morir, ordenó su testamento.
Traía el hábito y cuerda del señor Sant Francisco. Recogíase en una parte de do vía todos los altares del monesterio en amaneciendo y no salía de él hasta que todos los religiosos hubiesen celebrado. Tenía desde allí a mano una ventanica por do daba limosna a cuantos llegaban. Dichos todos los oficios divinos, salíese [sic] y entraba para pasar a su aposento en un patio grande do hallaba muchos pobres, hombres y mujeres, y niños y niñas, cada suerte por sí, a quien les daba de comer pan y carne, si era día, pescado y cocina siendo viernes, y vino a los viejos [fol. 130v] tanto que admiraba cómo bastaba la renta que su marido le había dejado por el tiempo de su vida para tanto gasto y créese que Dios lo multiplicaba como lo gastaba bien, como se vio poco después. Que a su fama un trabajoso año acudieron de muchas partes gran cantidad de pobres y, sabiéndolo ella, mandó amasar a las criadas más cantidad de pan de lo que acostumbraban. Dijeron las criadas: “Señora, mire Vuestra Señora que hay poca harina en las trojes [1]”. Respondió la sierva de Dios: “Id, haced lo que os digo, que Dios lo proveerá”. Fueron a las trojes y halláronlas llenas de harina hasta arriba. Trayendo una fuente al monesterio, cayó una gran bóveda sobre un oficial, diéronle dello noticia a esta sierva de Dios, fue allá e hízolo desenterrar y, haciéndole beneficios como si estuviera vivo, resucitó y vivió después muchos años. Otras muchas cosas obró Dios por su sierva y, a cabo de casi doce años que estuvo en estos sanctos ejercicios, fue Dios servido llevarla para sí, quedando su rostro después de difunta con tanta hermosura como ángel del Cielo y su cuerpo echaba de sí gran fragancia de olor como los pobres y necesitados lágri- [fol. 131r] mas por ver que les faltaba su remedio y amparo. Quien muchas cosas de esta señora quisiere ver, lea el Carro de Donas, libro 3, cap. 22 y 23.
 
===Notas===
[1] Troj: especie de granero o silo para guardar frutos y especialmente cereales. Véase REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Diccionario de la lengua española, 23.ª ed. [versión 23.8 en línea]. <https://dle.rae.es/troj#IJjUBSq>

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