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[[Archivo:Ficha Frans 2.4 Beatriz de Silva Vida impresa 4.jpg|250px|right|link=]] * [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Salazar SalazarTorres, Pedro Alonso de], 16121683. ''Crónica y historia Chrónica de la fundación y progreso Santa Provincia de Granada, de la provincia regular observancia de Castilla de la Orden del bienaventurado N. Seráfico Padre San Francisco'', Madrid: Imprenta RealJuan García Infanzón, 471901-481. [[Contexto material del impreso Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla]]902.
La vida impresa escrita por Pedro de Salazar de Beatriz de Silva (ca. 1426-1491) se encuentra recogida El relato aparece en la ''Crónica y historia Chrónica de la fundación y progreso Santa Provincia de Granada, de la provincia regular observancia de Castilla de la Orden del bienaventurado N. Seráfico Padre San Francisco'', de 1612Alonso de Torres, impreso en 1683. Concretamente, la vida de Beatriz de Silva aparece en el noveno capítulo, centrado en la fundación del Monasterio de la Purísima Concepción de Guadix, en el que, al inicio, se recuerda la importante figura de la fundadora de la orden.
Para su edición, se Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo. Se moderniza catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, las sibilantes los nombres propios de personajes y lugares han sido modernizados para facilitar su reconocimiento y se eliminan las consonantes geminadashan ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc. El ), el uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, así como la acentuación y la puntuación, que y se adapta a la actual. No obstante, se ha mantenido la escritura de “monesterio” y la no separación en “deste”han expandido las abreviaturas.
'''[471901] LIBRO OCTAVO, EN QUE SE TRATA LA HISTORIA del misterio de la Concepción de Nuestra Señora y la fundación de su Orden, y de los conventos que della hay en esta provincia de Castilla''' === Capítulo I ===<strong>De la fundadora de la Orden de la Concepción</strong> Fundó esta santísima Orden de la Concepción doña Beatriz de Silva, mujer de nación portuguesa y muy generosa y noble, la cual era parienta y descendiente de los Reyes de PortugalIX. Fue hermana del Conde de Portalegre, ayo del Rey don ManuelFundación, cosas notables y de Alonso Vélez, señor de Campomayor. También fue hermana del bienaventurado fray Amado, el cual fue muy santo varón y religioso de la Orden de nuestro Padre S. Francisco. Vino esta señora desde Portugal a Castilla con la Reina doña Isabel, segunda mujer del Rey don Juan el Segundo y madre de la Reina Católica doña Isabel, de gloriosa memoria. Tuvo la Reina cuando vino de Portugal muchas damas y entre ellas a la dicha doña Beatriz de Silva, parienta suya, la cual en hermosura y gala aventajaba a todas las demás. Por lo cual y por su alto linaje, comenzó a ser festejada de todos cuantos grandes en la corte había y de algunos dellos demandada en casamiento. Sobre lo cual había en la corte muchos y diversos ruidos y cuestiones, queriendo ser cada uno solo en su pretensión y privanza. Y como esto sucediose cada día, llegó a noticia de la Reina y ella, creyendo que la dicha doña Beatriz tenía en ello alguna culpa, la mandó encerrar en una caja de madera que para ello mandó hacer, adonde la hizo estar tres días sin comer ni beber. Y viéndose esta señora sin culpa y tan mal tratada, encomendose de todo corazón a la Virgen María, a la cual hizo voto de virginidad, ofreciéndose de todo corazón a ella. Y esto hizo con tantas lágrimas de devoción, que mereció ser oída y visitada de la Virgen santísima. La cual le apareció vestida religiosas del hábito de la Concepción, como hoy le traen las religiosas desta Orden [472] (que es sayas y escapularios blancos y mantos azules), con cuya visita fue en extremo consolada y confortada. Después de pasados los tres días, fue sacada de la caja de madera y puesta en su libertad. Y pareciéndole muy peligrosa la vida de la Corte, determinó (para mejor poderse dar al servicio de Nuestro Señor) irse a la ciudad de Toledo, con intento de meterse en el Monasterio de Santo Domingo el Real. Y yendo por el camino, a la pasada de un monte oyó la llamaban en lengua portuguesa; y ella, volviendo la cabeza, vio venir para sí dos frailes de la Orden de San Francisco, y creyendo que la Reina los enviaba para que la confesasen y darle luego la muerte, hubo gran temor. Por lo cual luego al punto recurrió a Nuestra Señora, a quien tenía por abogada. Llegados los frailes a ella la consolaron, los cuales vista su turbación y sabida la causa della, no solo le quitaron el temor, mas le dijeron sería madre de muchas hijas muy nombradas y señaladas en el mundo. Y como ella replicase tenía ofrecida a Dios su virginidad, los dichos frailes respondieron que ansí sería como ellos lo decían. Y yendo todos juntos por el camino hasta llegar a la posada, adonde queriendo la dicha doña Beatriz de Silva asentarse a comer, mandó llamar a los frailes para que comiesen, mas nunca parecieron, por donde manifiestamente se entendió haber sido revelación divina. En llegando a la dicha ciudad de Toledo, se metió con dos criadas en el Monasterio de Santo Domingo el Real, donde estuvo en hábito de seglar (aunque honesto) más de treinta años, haciendo vida muy santa y penitente. === Capítulo II ===<strong>De cómo doña Beatriz de Silva instituyó y fundó la Regla de la Santísima Concepción de Nuestra Señora</strong> Todo este tiempo que estuvo doña Beatriz de Silva en el convento de santo Domingo el Real se ocupaba en obras muy espirituales y en muy continua oración, ejercitándose en ásperas penitencias. Vivió con tanto recogimiento durante este tiempo que ninguna persona le vio el rostro descubierto, sino la Reina Católica y una criada que la servía. Siendo muy devota de la gloriosa Virgen María Nuestra Señora, principalmente de su Santísima Concepción, siempre estaba pensando en qué la poder servir. Y ansí tenía determinación de instituir una nueva Orden de su Santísima [473] Concepción. Lo cual comunicando con la Reina doña Isabel y hablándola muy conforme a su voluntad, se dispuso a dar fin a esta santa obra. Y queriendo ayudar a su buen propósito, le dio los palacios que antiguamente decían de Galiana, que era uno de los Alcázares de la dicha ciudad de Toledo, adonde está ahora el convento de Santa Fe. Aquí entró luego la dicha doña Beatriz, dejando el Monasterio de Santo Domingo, y entraron con ella doce doncellas religiosas, en el año de mil y cuatrocientos y ochenta y cuatro. Todas las cuales estuvieron en el dicho lugar (en forma y manera de monasterio) hasta el año de mil y cuatrocientos y ochenta y nueve, pensando siempre qué Orden y hábito tomaría. Y en el dicho año de 1489 a petición suya alcanzó la Reina Católica del señor Papa Innocencio Octavo la continuación de la Orden de la Santísima Purísima Concepción y de su oficio particular, cual hoy le usan todas las religiosas desta Orden. La cual es sacada de la Orden del Cístel, por cuanto el Papa no quiso conceder ni aprobar Regla ni Orden nueva. Y de la misma manera que el Papa lo concedió, fue revelado a esta santa religiosa. Acerca desto aconteció otro milagro muy grande y fue que, como las Bulas desta concesión (viniendo a España) se hundiesen en el mar, juntamente con las demás cosas que en la mar venían, fueron milagrosamente halladas por esta religiosa en una caja de su monasterio. Y como las hallase y no supiese lo que era, hizo llamar al padre fray García Quijada, de la Orden de nuestro Padre San Francisco y obispo Ciudad de Guadix, a quien mostró las dichas Bulas; el cual, comenzándolas a leer, vio luego que eran las Bulas de la nueva constitución de su Orden y hábito. Visto esto por la dicha doña Beatriz, recibió increíble contento, y no solamente ella y sus monjas, pero toda la ciudad. Hizo grandes alegrías y demostración de mucho contento y regocijo por el milagro de las Bulas para publicación de las cuales se hizo una procesión muy solemne por todos los señores de la Iglesia mayor de la dicha ciudad, de la cual salieron acompañados con casi todo el pueblo y fueron a Santa Fe, adonde estaban las nuevas religiosas, adonde hubo sermón en que se dijo y declaró al pueblo el milagro de cómo se habían hallado las Bulas y de cómo se supo en Toledo el día y hora en que se habían expedido en Roma, que, como se ha dicho, fue revelado a la dicha doña Beatriz de Silva. El día que esta procesión se hizo en Toledo holgó toda la gente de la ciudad, [474] dejando de trabajar, como si fuera día de fiesta muy principal. A todo esto se halló presente la madre Juana de San Miguel, monja que era deste monasterio. Era esta religiosa mujer de grande espíritu, santidad y virtud, y en esta opinión fue tenida siempre mientras vivió y fue abadesa del dicho convento. En el sermón que se hizo el día de la procesión se convidó a todo el pueblo a que de ahí a quince días fuesen a ver tomar los hábitos y velos a las nuevas religiosas. === Capítulo III ===<strong>De la muerte y glorioso fin de doña Beatriz de Silva y de las cosas que después de su muerte acaecieron</strong> Con mucho cuidado y solicitud comenzó a aparejar (después desto) la dicha doña Beatriz todas las cosas que le pareció eran necesarias para el día que habían de tomar el hábito y velo ella y sus monjas. Y andando ella urdiendo la tela de su profesión y de la solemnidad del voto que había de hacer, plugo a Nuestro Señor de enviar a cortarla antes que se tejiese, porque la que en esta vida por su servicio, y de su santísima Madre, quisieron ver a sí y a sus hijas vestidas del hábito desta nueva religión, recebida la voluntad en su persona y reservando la obra para las que ya ella dejaba enseñadas, fuese a ser cubierta en los Cielos de la incorruptible vestidura de gloria. De manera que a los cinco días de su convite, estando la dicha doña Beatriz en muy devota y ferviente oración, le apareció la Virgen María Nuestra Señora (según della se supo después), la cual le dijo: “Hija, de hoy en quince días has de ir conmigo, que no es mi voluntad que goces acá en la tierra desto que deseas”. Estas nuevas recibió con mucha alegría y luego otro día envió por su confesor. Y aparejada su ánima con mucho cuidado, cayó luego enferma y recibió los sacramentos con muy gran devoción. Y al tiempo que le daban la unción, le vieron en la frente una estrella de oro y su rostro tan resplandeciente como de persona ya puesta en el Cielo. Llegando el último día de los que le estaban señalados, dio el alma a Nuestro Señor en el año de 1490 en la Octava de San Lorenzo. Dejó el cuerpo en la tierra tan limpio y entero como lo había sacado del vientre de su madre, murió siendo de sesenta años. Por la muerte desta sierva de Dios cesó por entonces el haber de dar los hábitos y velo, que aquel mesmo día que murió estaba determinado [475] para que lo recibiesen. Luego como murió esta sierva de Dios, apareció en Guadalajara a fray Juan de Tolosa, de la Orden de nuestro Padre San Francisco; el cual fue tres o cuatro veces custodio de la Custodia de Toledo. También fue vicario provincial de los frailes de la Observancia en esta provincia de Castilla. Deste padre fue ayudada esta bendita religiosa en muchas cosas espirituales, en obras y consejos; y hablando algunas veces con él, le había dicho que ningún hombre mortal le había de ver el rostro, salvo el dicho fray Juan de Tolosa, al cual prometió de mostrársele antes que desta vida pasase. Pues queriendo cumplir su promesa, se le apareció en su propia figura y díjole: “Yo vengo a cumplir lo que os prometí, pero yo os ruego vais luego a Toledo porque mi casa y Orden está en detrimento y a punto de se deshacer todo”. El caso era que como esta señora había estado tanto tiempo en Santo Domingo el Real, por esto pensaban las monjas d’él que a ellas pertenecía llevar su cuerpo, pues aún no había hecho profesión en ninguna Orden, aunque no había estado entre ellas, sino en hábito seglar honesta. Sabiendo que estaba al fin de su vida, vinieron muchas de Santo Domingo el Real y ansimismo frailes de su Orden para querer llevar consigo el cuerpo desta bienaventurada. Y también las mujeres que con ella habían morado, que todas quedaban vivas, decían y alegaban que por haber estado con ellas y por el amor que les tenía la querían llevar consigo todas a su monasterio. Estando en esto los frailes dominicos y sus monjas, llegaron los frailes de San Francisco de la Observancia, a quien esta señora se había mucho allegado. La cual estando en el extremo de su vida, a su petición y ruego le dieron el hábito de la Concepción y profesión y velo. Muerta ella hubo gran alteración entre los unos y los otros sobre quién la había de llevar, pero al fin la sepultaron los frailes Franciscos con mucha honra y solenidad en aquella casa de Santa Fe, donde estaba. '''
=== Capítulo IIII ===<strong>De cómo se trasladaron ''[1]'' Las muchas, varias y grandes señales que Dios obró en Egipto por mano de su caudillo Moisés fueron prevención y pronóstico de la libertad de su escogido pueblo, porque un suceso grande lo previene el Cielo con señales heroicas. Lo mesmo sucedió en el Orden y Regla de las religiosas Religiosas de la Purísima Concepción al Monasterio de San Pedro N. Señora, discurre el reverendísimo Gonzaga ''[2]'', aplicando los casos de las Dueñas y Egipto a los que también sucedieron como soberanos presagios de las contradicciones este ilustrísimo orden, que en ello hubo</strong>suma fueron los que se siguen.
Aunque ya con razón pudieran cesar las competencias Era D. Beatriz de Silva, hija de los condes de Portoalegre y debateshermana del beato fr. Amadeo, todavía (aunque estaba esta bienaventurada enterrada) tornaron [476] las monjas cuya vida queda escrita al tratado cuarto de Santo Domingo este libro. Vino a porfiar Castilla desde Portugal por llevar las reliquias a su casa y monasteriodama de la reina D. Isabel, mujer de D. Juan el Segundo, rey de España. A Era esta sazón llegó el padre fray Juan señora dotada de Tolosa, tan singular hermosura y mostrándoles con mucha prudencia cómo no tenían razón en lo raras prendas que pedían, hízolas apartar por ellas, se levantaron algunas disensiones entre los principales de la corte, pretendiéndola casada cual por su demanda a las dichas monjasesposa y, dudando la reina si ella daría alguna causa, ansimismo a los frailes la encerró en un cofre de Santo Domingomadera, que andaban pretendiéndolasdonde la tuvo sin comer ni beber tres días. De manera que las religiosas compañeras Y invocó la doncella a la soberana Reina de la dicha doña Beatriz los Ángeles, prometiéndole guardar castidad perpetua si se viese libre de Silva quedaron tal conflicto. Favoreciole María santísima con su presencia, consolándola en su libertad. Y desde aquel día tanta aflicción, y ella, agradecida (cuando se llamó vio libre), trató de retirarse al Monasterio de Santo Domingo el Monasterio Real de la Santa Concepción Ciudad de Nuestra Señora, conforme a la Bula del señor Papa Inocencio Octavo y comenzaron a vivir según el Orden y Regla que la Bula les concedía, aunque las dejaron mucho sin desasosegarlasToledo.
Acerca desto conviene Dispúsose la jornada y, yendo por el camino, oyó a las espaldas una voz portuguesa que se sepa la llamaba. Volvió los ojos y vio dos religiosos franciscos venerables quele seguían; temió si serían enviados de la reina para acabar con ella. Llegáronse los dos a la carroza y, un díaleyéndole con mucho cariño todo su corazón, siendo viva le acompañaron hasta la bienaventurada doña Beatriz de Silvaposada, yendo a Maitines (como tenía pronosticándole lo que le había de costumbre) halló la lámpara muertasuceder, y poniéndose allí desaparecieron. Entrose en oraciónsu monasterio donde haciendo vida muy religiosa, viola manifiestamente encendida aunque con hábito secular, gastó cuarenta años. Tal fue su penitencia y luego oyó una voz (según ella después descubrió) recato que bajamente ninguna persona le dijo: “Tu Orden ha de ser como esto vio el rostro por un velo que has vistoen él continuamente traía. Viola solamente en este tiempo la Católica Reina D. Isabel, que toda ha mujer del rey D. Fernando, e hija de ser deshecha por tu muerte. Y ansí como la Iglesia referida reina, de Dios quien ella fue perseguida dama. A la cual reina, en sus principios y después vino la visita, manifestó su afecto a florecer y a ser muy esclarecidala Concepción de María Santísima ''[3]'', también tu Orden será ahora perseguida y luego verná a florecer y ser multiplicada por todas las partes del mundo; y será esto tantoella le concedió los Palacios de Galiana, que en Toledo, donde hizo su primer tiempo no se edificará ningún convento fundación con doce religiosas. Sacó bula de otra OrdenInocencio Octavo, mas primero será perseguida su data en el año de amigos mil cuatrocientos y enemigos; noventa y habrá nueve, en ella tanta tribulación que muchas veces llegará le concede el hábito y regla que hasta hoy profesan. Fuese a ser asolada”. Todo esto pique el navío en que venía el despacho; perdio- [902] se ha visto a en el mar la letra porquebula, luego que si bien ella la Orden comenzó halló milagrosamente en un arca de su celda. Empero, tan maltratada y borrada que era muy difícil el leerla, la ciudad cual el arzobispo de Toledo, hubo a quien venía remitida, envió a fr. García de Quijada, obispo de Guadix e hijo de esta santa provincia (como vimos) ''[4]'', varón insigne en ellas tantas revueltas virtud y grandes persecuciones letras, para que es maravilla cómo pudo perseverar, trabajando en ella, le declarase, como con efecto lo cual sucedió hizo. Fuese luego a Toledo y, en el día por el arzobispo señalado, la llevó desde la catedral en solemnísima procesión, a que acudieron todos sus habitadores y, llegando al Monasterio de Santa Fe, la manera que leyó, publicó y declaró a todos ''[5]''. Hasta aquí contaremosel reverendísimo Gonzaga.
Después que las dichas religiosas compañeras Y si respecta [sic] de doña Beatriz nuestro providentísimo Dios nada sucede acaso, añádese a lo dicho, como especial pronóstico para ennoblecer la fundación de Silva quedaron en Santa Fe, que ya se llamaba este religioso Monasterio de la Concepciónde Guadix, apartáronse que su pastor e ilustrísimo prelado hubo de la obediencia del diocesano ser el intérprete o lector de las bulas y sometiéronle concurrir tan principalmente a la Orden fundación de nuestro Padre San Franciscoeste exclarecido [sic] orden, debajo del gobierno como se ha dicho. También para recomendar a la devoción y respecto humano este sagrado monasterio viene aquí la relación de fray Juan un suceso suyo particular algunos años después de Tolosasu fundación y fue que, que era entonces custodio el año de Toledo. Y en tiempo que allí estuvieron, que fue seis o siete añosmil seiscientos y cincuenta y tres, hubo entre ellas algunas discordias porque sucedieron grandes tribulaciones y desasogiegosD. Estaba cerca deste Monasterio Antonio de la Concepción otro que se llamaba San Pedro Campos, capellán de las Dueñaseste monasterio entonces, y ahora racionero de la Orden de San Benito, adonde estaban unas monjas, aunque no eran reformadasS. Era en esta sazón vicario provincial desta [477] provincia Iglesia Catedral de Castilla fray Francisco JiménezGuadix, el cual era confesor de se salió una tarde al campo a rezar a la Reina doña Isabel Ermita del Glorioso S. Lázaro y reformador general de todas las órdenes , en los reinos de Castilla, por concesión medio del Papa Inocencio Octavo. Este cargo tuvo toda su vida, desde camino halló un papel que fue electo. Y ansídudó si se había aparecido, con parecer según lo de repente y la Reina, pasó las monjas novedad con que estaban en Santa Fe al Monasterio se le ofreció a la vista. Levantolo con algún cuidado y halló ser una estampa cuya imagen principal era de San Pedro N. Señora de las Dueñasla Concepción, adonde quedaron juntas las unas y otrasocupaban sus dos lados S. Francisco N. Y por una Bula que para esto se trujo del Papa Alejandro SextoP. y San Antonio y, concedida el año de 1494a lo bajo, las monjas estaba sor Beatriz de San Pedro dejaron su hábito Silva con sus religiosas y Orden recibiendo la regla que antes guardaban profesan del seráfico padre. Causole novedad al dicho D. Antonio; leyó algunos libros y tomaron el adquirió noticias de la Concepción cómo N. P. S. Francisco y la forma San Antonio eran los religiosos que aparecieron a D. Beatriz de vivir Silva en el camino de las monjas della. Y Toledo cuando fue desde Madrid [5] y que, despuésde muerta, por autoridad apostólicaapareció en Guadalajara a Fr. Juan de Tolosa, ansí las monjas prelado de San Benito del Monasterio de San Pedronuestra orden, y le dijo [que están súbditas ] fuese a cuidar de sus hermanas a Toledo. Sujetáronse a la Orden del Cístel, como las religión por entonces; diose al monasterio el título de la Concepción, recibieron la Orden dejando el de Santa ClaraS. Fe, por cuanto no se les había concedido esto, más de que estuviesen debajo de otra Orden aprobadatuvo hasta aquel día. Hecho esto, Confirmose la sujeción a la orden el sembrador año de cizaña metió entre ellas tal discordia que por tres veces se vino a despoblar casi el monasteriomil quinientos y once, no quedando en él sino muy pocas monjascon bula de Inocencio II, siendo perseguidas despachada el octavo de todossu pontificado, ansí de sus amigos como que ejecutó fray Francisco de los que no lo eran. De suerte que pasó este negocio Ángeles y Quiñones, vicario provincial de la forma y manera que le fue revelado a la dicha doña Beatriz santa provincia de Silva, llegando cerca a punto de perderse esta OrdenCastilla. La El cual fue determinado por en el dicho padre fray Francisco Jiménezsiglo había sido conde de Luna y, después, como reformador general de la orden y cardenal de Santa Cruz en Jerusalén; y como prelado les dio admirables leyes y les hizo las Órdenesconstituciones y estatutos que hoy guardan y, se quitase del todovistas estas circunstancias, tuvo por parecer convenir para sosiego del dicho monasteriofin sin duda que Dios N. S. Más porque Nuestro Señor tenía milagrosamente puso allí aquella estampa para honra de su Madre ordenada otra cosa, fue servido dar orden que dentro de pocos días tornasen al dicho monasterio las monjas que d’él habían salido. Y de allí adelante estuvieron con mucha paz él y sosiego y en mucho amor y amistad las unas con las otrasno otro la encontrara.
=== Capítulo V ===<strong>De cómo No hicieron menos misterio las monjas arriba dichas fueron trasladas al Monasterio religiosas considerando todo lo referido, y que no tenían una efigie de San Francisco su santa madre, que la deseaban, y más con voluntad las circunstancias de ser de la institución de la orden y parecer que era la primera que ellas, ni persona alguna de la Reina doña Isabel</strong>ciudad, habían visto en su vida, por hallarse pocos retratos de sor Beatriz de Silva. Hicieron al punto copiarla en un lienzo grande para el adorno de su iglesia y monasterio y para tener siempre a la vista el original de sus acciones religiosas.
En este tiempo había edificado la Reina Católica doña Isabel la ciudad de Toledo para los frailes de Observancia de nuestro Padre San Francisco el Monasterio que se llama San Juan de los Reyes. Y habiéndose hecho por orden de sus Majestades general reformación en todas las Órdenes en estos [478] sus reinos, por lo cual habían tomado los frailes de la Observancia el antiguo convento de San Francisco, que solían tener los frailes claustrales en la dicha ciudad, y por parecer inconveniente tener dos conventos dentro en ella, quiso la Reina que los frailes (que estaban en él y en el de la Bastida, que es extramuros) se parasen al de San Juan que ella había edificado y que el dicho Monasterio de San Francisco quedase para las monjas que estaban en San Pedro de las Dueñas. Todo lo cual se efectuó de la manera que hoy se ve y fue confirmado por el Capítulo Custodial que se celebró en Ciudarreal el año de 1501 y con autoridad apostólica que para esto se tenía, y desde entonces se llama (el convento que antes se decía de San Francisco) el Monasterio de la Concepción; y en San Pedro de las Dueñas se edificó el suntuoso hospital que hoy llaman del cardenal don Pedro González de Mendoza: todo esto fue confirmado también por el señor Papa Julio Segundo. Pasadas las monjas al dicho monasterio, fueron aprovechando tanto en el servicio de Dios que, derramándose por todas las partes grande olor de su mucha religión y santidad, entraron en su compañía otras muchas personas muy notables y principales para emplearse en cosas espirituales y del servicio de Dios. ===Notas===
=== Capítulo VI ===<strong>De cómo estando las monjas en el convento de San Francisco, llamado ahora de la Concepción, quedaron con el hábito y Regla de la Concepción, sin estar sujetas a la Regla del Cístel ni de Santa Clara</strong>''[1]'' Al margen izquierdo: Exod. c. 10.
Aumentándose, pues, cada día el número de las monjas y viendo tenían hábito, orden y oficio de la Concepción, pero que estaban sujetas a la Orden de Santa Clara, acordaron era conveniente tener Regla y manera de vivir diferente de otras, de suerte que no tuviesen que entender con ninguna otra. Por lo cual a su petición concedió el señor Papa Julio Segundo la Regla que ahora tienen el año de 1511, el octavo año de su Pontificado, con que las eximió de cualquiera obligación que hubiesen tenido a la Orden del Cístel o de Santa Clara, dándoles forma de vivir, sometiéndolas inmediata y perpetuamente a la Orden del seráfico Padre San Francisco y a los prelados della. Después desto, pasados cinco o seis años, siendo vicario provincial desta provincia ''[4792] de Castilla el padre fray Francisco de los Ángeles, que después fue comisario y ministro general de la Orden, les hizo unas constituciones para lo que tocaba a su conversación y gobierno interior y exterior, las cuales ellas aceptaron, de que usan hoy en día, ansí en este monasterio como en todos los demás que se han fundado desta Orden y Regla'' Al margen izquierdo: Gonzag. I. Y ha habido y hay en este monasterio monjas muy principales y de grande espíritu y devoción, de las cuales muchas han sido abadesas en él y dellas han ido a fundar muchos monasterios a diferentes partes destos reinos de Castillapart. Las abadesas (abadesas que ha habido en este monasterio) que ha habido en esta santa casa después que se fundó hasta el año de 1609 son estas: la primera fue doña Felipa de Silva, doña Catalina Calderón, Juana de San Miguel, doña María Alarcón, doña Isabel de Toledo, doña Isabel de Guzmán, doña Ana del Águila, doña Catalina Carrillo y Córdoba, doña Isabel de Peralta, doña Juana de Sotomayor, doña Mayor de Mendoza, doña Antonia de Toledo, doña Petronilla de Rojasinstit.En el sobredicho año, en un Capítulo General de nuestra Orden que se celebró en París, se estableció que ninguna abadesa pudiese serlo más de tres años continuos, los cuales cumplidos, elijan otra del mismo conventoConcept. Lo cual no se solía hacer en este convento porque siempre elegían una mesma hasta que moríaSororum.
=== Capítulo VII ===''[3]'' Al margen derecho: Fundación de las Concepcionistas.<strong>De cómo se trujeron al Monasterio de la Concepción los huesos de la bienaventurada doña Beatriz de Silva</strong> ''[4]'' Al margen izquierdo: Gonzag. Ibidem.
Este Monasterio de la Concepción de Toledo, ansí como es cabeza de los que desta Orden se han fundado, por el consiguiente resplandece en grande religión y santidad y en todo género de virtud. Una de las cosas de grande estima que en este monasterio hay es estar en él los huesos de la bienaventurada doña Beatriz de Silva, los cuales están en el Coro, a la mano derecha en un hermoso lucillo, y tiene encima las imágenes de Santa Ana y de nuestro Padre San Francisco y de San Antonio de Padua, que, siendo viva la dicha doña Beatriz, había dicho deseaba mucho estas imágenes estuviesen sobre su sepultura después de muerta. Los huesos desta sierva de Dios fueron trasladados del Monasterio de la Madre de Dios de Toledo, que es de monjas de la Orden de Santo Domingo, al de ''[4805] la Concepción, y la razón porque estaban allí es esta'' Al margen derecho: doña Beatriz de Silva era tía de la priora y supriora del Monasterio de la Madre de Dios. Y cuando la Casa Se hace misterio de San Pedro de las Dueñas se vino a despoblar (como arriba se dijo), entre las monjas que se salieron, fue una dellas doña Felipa de Silva (que a la sazón era abadesa y sobrina de la dicha doña Beatriz) con otras ocho monjas con intento de ir a Portugal, aunque después volvió a Toledo y murió en el Convento de Santa Isabel y llevó consigo los huesos de su tía doña Beatriz, que estaban en San Pedro de las Dueñas, adonde los habían llevado cuando se pasaron de Santa Fe. Pero, yéndose la dicha doña Felipa a despedir de la priora y supriora del dicho convento de la Madre de Dios, que eran sus primas, parecioles a ellas que era inconveniente llevarse los huesos consigo por no saber dónde habían de parar. Y ansí por su consejo los dejó a guardar en el dicho monasterio hasta ver lo que Dios hacía dellas. Plugo a Nuestro Señor dar orden volviese la dicha doña Felipa de Silva con las demás al Monasterio de San Francisco, que ahora se llama de la Concepción. Y puestas en quietud y sosiego, enviaron a rogar al Monasterio de la Madre de Dios les diese los huesos de su fundadora que allí tenían, lo cual por ruegos ni por otro medio alguno lo quisieron conceder. Viendo esto el abadesa, doña Catalina Calderón envió sus recaudos a Roma y hecha relación desto al Papa, dio su Santidad un breve, mandando, so graves penas y censuras, que dentro de tres horas después de su notificación, diesen los dichos huesos a las monjas de la Concepción. Y en cumplimiento deste mandato los dieron dentro del término señalado, los cuales, llevados al Monasterio de la Concepción, se pusieron en una arca mientras que el luzillo se labraba. Y después de acabado, pasándolos a él sintió el hombre que en esto entendía gran fragancia de olor de grandísima suavidad, el cual, apartándose, luego dijo llamasen a algún sacerdote para que tratase aquellos huesos porque sin duda eran de santos según el buen olor que dellos salía. Llamaron luego al confesor de las monjas para que los pusiese en el luzillo; y ansí el confesor como las monjas que allí se hallaron sintieron tan suave olor que todos sus sentidos fueron maravillosamente recreados y recibieron también en el alma muy grande consolación. Desta manera tuvo por bien Nuestro Señor mostrar cuán agradable le había sido la santa conservación de su sierva y la devoción singular que a la Purísima Concepción de su Madre había tenido, en cuya persona [481], es dicho en el Eclesiástico, según lo aplica la Iglesia, que los que sacaren a luz sin pureza, alcanzarán la vida eternaestampa.
→Vida impresa (8)
''[3]'' Se ha reproducido la lista de fuentes respetando la disposición del texto original.
= Vida impresa (89)=Ed. de [httphttps://visionarias.es/equipo/pedroveronica-garciatorres-suarezmartin/ Pedro García SuárezVerónica Torres Martín]; fecha de edición: diciembre de 2016; fecha de modificación: agosto de 2020.2025
== Fuente ==
==Criterios de edición==
==Vida de Beatriz de Silva==