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→Vida impresa (5)
[Fol. 277r] […] Doña Beatriz de Silva, de nación portuguesa, fundadora en esta ciudad de la sagrada Orden de Nuestra Señora de la Concepción y monja deste mismo título, nombre y hábito en el monesterio de la Concepción desta ciudad; falleció en el año de 1490.
= Vida impresa (6)=
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: diciembre de 2025
== Fuente ==
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Luis_de_Miranda Miranda, Luis de], 1610. “Quarta Parte deste libro en que se explica, y declara la Regla de las Monjas de la Concepción de Nuestra Señora, y se dize en qué tiempo tuvo su origen, y principio”, ''Vida de la gloriosa Virgen Sancta Clara, con la declaración de su primera y segunda Regla''. Salamanca: Viuda de Artús Taberniel, 1-6.
==Criterios de edición==
El relato aparece en la ''Vida de la gloriosa Virgen Sancta Clara, con la declaración de su primera y segunda Regla'', de fray Luis de Miranda, impreso en 1610. Concretamente, la vida de Beatriz de Silva aparece en el primer apartado de la cuarta parte del mencionado libro, centrado en la Regla de las Monjas de la Concepción de Nuestra Señora y en su principio y origen.
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), aunque se respeta la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico (“agora”, “sancto”, “Christo”, “satisfactión”, “aflictión”, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, los nombres propios de personajes y lugares han sido modernizados para facilitar su reconocimiento y se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. También se corrigen algunos casos de laísmo y se han expandido las abreviaturas.
==Vida de Beatriz de Silva==
''[1]'' '''Del origen y principio de la Orden de las Monjas de la Concepción de Nuestra Señora'''
A la Orden de las Monjas de la Concepción ''[1]'' de Nuestra Señora dio principio una muy ilustre y muy noble señora, llamada doña Beatriz de Silva, portuguesa, a quien la reina doña Isabel, hija del rey don Duarte de Portugal, trajo consigo cuando vino a casarse con el rey don Juan el Segundo de Castilla. Fue esta dama una de las cosas más raras de su tiempo en discreción, hermosura y buena gracia, a cuya causa, y por ser tan noble como era (porque era muy deuda de la reina), comenzó a ser servida de todos los grandes de la corte y, de algunos, pedida por mu- [2] jer. Sobre lo cual hubo entre ellos grandes contiendas y pasiones, pretendiendo cada cual ser único y aventajado en su servicio y privanza. Las cuales cosas, como creciesen cada día, vino esto a oídos y noticia de la reina, que, creyendo tenía en esto la dicha doña Beatriz alguna culpa, y celando el autoridad y honra de su casa y de su palacio, se enojó mucho y mandola meter en un estrecho encerramiento, donde estuvo tres días sin serle dado de comer. Viéndose, pues, la muy tierna y delicada dama sin culpa tan maltratada y puesta en tan grande aflictión, con mucha devoción se encomendó a Nuestra Señora la Virgen, Madre de Dios, llamándola en su ayuda y haciéndole voto de guardar virginidad y castidad todo el tiempo de su vida. Lo cual hizo con tanto fervor de devoción y abundancia de lágrimas y tan de corazón que mereció ser visitada de la Virgen, sin mancilla. Apareciole la purísima Virgen Madre de Dios vestida de blanco, con un hábito y escapulario y el manto azul, como agora le traen las monjas de esta orden; con cuya vista recibió ella mucho esfuerzo y consolación.
Pasados los dichos tres días, y habiendo sido puesta en su libertad, teniendo por muy peligrosa la vida de la corte para quien perfectamente y de veras desea servir a Dios, determinose de huir de ella y irse a Toledo a encerrarse en el Monasterio de las Dueñas de Sancto Domingo el Real, de aquella ciudad. Habida licencia de la reina para ello y caminando por su camino con sus criados, en él fue confortada del Señor con otro aparecimiento, y fue que oyó que la llamaron en legua portuguesa y, volviendo a ver quién era, vio venir dos frailes de la Orden de San Francisco, y ella, no entendiendo la merced que Dios le hacía y consolación que le enviaba (como al que teme todo se le hace temores y juzga ser en daño suyo), pareciole que la reina enviaba aquellos dos frailes para la confesar y luego mandarla matar. Y hubo grandísimo miedo y, con mucha aflictión de su corazón, encomendose a N. Señora, a quien tenía ya por su valedora y abogada. Mas como llegaron los sobredichos religiosos, saludáronla con palabras de mucha consolación y no solo le [3] quitaron el temor que tenía y angustias de su alma que llevaba, mas con las palabras que le dijeron la llenaron de contento y alegría. Porque, entre otras, fue decirle que fuese cierta y segura, que sin lesión de su virginidad y integridad (ordenándolo así la Madre de Dios) sería madre de muchas hijas muy sanctas y benditas, y muy nombradas y estimadas por todo el mundo. Como llegasen a la posada y se quisiesen asentar a comer y la devota sierva (no ya de la reina de la tierra, sino de la de los cielos) mandase llamar a los sobredichos religiosos para que comiesen, buscándolos, no fueron más vistos ni hallados. Entonces se admiró más y entendió y conoció haber sido, sin duda, aquella revelación divina y visitación con que Dios N. S. quiso confirmar su sancto deseo y buen propósito, manifestándole lo que estaba por venir y las muchas y sanctas hijas que había de parir y engendrar espiritualmente a Dios, fundando la Orden de la Concepción de Nuestra Señora. Con lo cual, quedó su alma muy más consolada y confortada, y con grande fee que aquellos religiosos habían sido el bienaventurado P. N. S. Francisco y el glorioso S. Antonio, cuya devota muy particular ella era y lo fue mucho más de ahí adelante, porque siempre hasta que murió hizo y celebró sus fiestas con muy grande devoción.
Como llegase a Toledo la muy ferviente sierva y esposa de Christo, recogiose luego con dos criadas suyas en el dicho Monasterio de Sancto Domingo el Real y en él estuvo 30 años en hábito seglar, haciendo muy áspera y estrecha vida en continua oración y contemplación y muchos sanctos ejercicios. Y en todo este tiempo (se dice) que ningún hombre ni mujer le vio descubierto el rostro, si no era una criada suya que la servía y la sobredicha Reina Católica doña Isabel, ni en los otros años que después vivió hecha religiosa hasta su muerte. Lo cual hacía en penitencia y satisfactión de la ocasión de vanidad que con su hermosura había dado a los del mundo. Pues, como fuese devotísima de la Madre de Dios y, especialmente, de su Concepción purísima y sanctísima, andaba siempre pensando y cuidando cómo la pudiese más honrar y sublimar, y siem- [4] pre con aquel ardiente deseo de instituir una Orden y Religión con nombre de la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora. Comunicando este su pensamiento con la dicha Reina Católica doña Isabel, hallola tan favorable y tan conforme a su voluntad, que no solo le pareció aquel propósito haber sido inspirado por Dios, mas luego la ayudó a cumplir tan sancta obra, dándole para este efecto en Toledo unos palacios donde agora está el Monasterio de Sancta Fee. ''[2]'' Allí se encerró la sierva y esposa de Christo con otras doce doncellas nobles, dejando el sobredicho Monasterio de las Dueñas de Sancto Domingo el Real, el año del Señor de mil y cuatrocientos y ochenta y cuatro, donde estuvo cinco años pensando qué hábito tomaría.
El año de ochenta y nueve, su petición y de la dicha reina, el papa Inocencio VIII, que presidía en la Iglesia, a la sazón le concedió la institución y continuación de la orden que había comenzado, con el nombre, hábito y oficio de la Concepción, como lo tuvieron las religiosas de ahí adelante, con ciertos estatutos, ayunos y ceremonias, quedándose debajo de la obediencia del Prelado Diocesano. Todas estas cosas se dice que le fueron reveladas a la sierva de Dios, cómo el papa se las concedía aun antes que llegase la concesión; y que aconteció un milagro y fue que, perdiéndose en la mar con otras muchas cosas las bullas de esta religión, fueron milagrosamente halladas por la sierva de Christo en una arquilla del monasterio. Aparejándose, pues, con mucha devoción y fervor para profesar y comenzar la sancta Religión de la Concepción, que tanto había deseado y procurado, al quinto día de esta determinación, le apareció en la oración Nuestra Señora y le dijo que de ahí a diez días saldría del presente destierro y se iría a reinar a la patria celestial. Y así aconteció porque, recibidos todos los sacramentos muy devotamente, partió de esta vida el año de mil y cuatrocientos y noventa, siendo de edad de sesenta y seis años, llena de muchas buenas obras y merecimientos.
Algún tiempo después, siendo su cuerpo mudado de la sepultura para ser trasladado y guardado en un monumento muy labrado en el coro, donde agora está [5], tan suave olor salió de él que todos los que presentes se hallaron fueron muy confortados en el Señor y admirados y maravillados. Cuatro años después de lo sobredicho, las monjas ya profesas según las constituciones del papa Inocencio Octavo y otras de la Orden de San Benito de otro monasterio de la dicha ciudad, con autoridad del papa, todas juntas hicieron profesión de la Regla de Sancta Clara con el hábito de la Concepción en el dicho Monasterio de Sancta Fee y vivieron así hasta el año de mil y quinientos y uno. En este año, como los frailes menores de la observancia morasen ya en el Monasterio de San Juan de los Reyes de Toledo, dejando el Convento Antiguo de San Francisco, fueles dado a las dichas monjas y religiosas de la Concepción, adonde han florecido en mucha religión y sanctidad y crecido en muy grande número. Y después, como no pareciese cosa conveniente profesar la Regla de Sancta Clara con el hábito y oficio de la Concepción, fue compuesta otra regla particular por ciertos frailes menores de la observancia de la provincia de Castilla, y confirmada por el papa Julio Segundo, el año de mil y quinientos y once, y profesada por las sobredichas religiosas. ''[3]'' Y, para que siempre se ocupasen en loores de la Purísima Concepción de la Madre de Dios, fue ordenado un breviario que tuviese particular oficio de la Concepción para todos los días de la semana con orden que rezasen cada día de esta fiesta, salvo cuando ocurriese fiesta solemne o domingo de historia forzada, porque entonces rezaban el oficio romano como los frailes menores, a quien tenían dada la obediencia. Este fue el primero Monasterio que esta Orden tuvo.
El segundo monasterio de esta orden fue la Concepción de Torrijos, adonde muchas religiosas han vivido en grande aspereza y continua oración dejando de sí en muerte y en vida un olor suavísimo de virtud y sanctidad. Está esta orden y religión sagrada ya el día de hoy muy estendida y dilatada, porque en muchos lugares de Castilla hay edificados muchos muy nobles y muy religiosos monasterios de esta orden con título y nombre de la Purísi- [6] ma Concepción de Nuestra Señora. En los cuales grande número de doncellas y mujeres ilustres y nobles con puras y devotas almas sirven al Rey Celestial en los palacios de la Reina soberana, su madre, dejando las cosas transitorias, las casas de sus padres y los estados y prosperidades de la Tierra por aplacer y agradar al Rey del Cielo, siguiendo las pisadas y ejemplos de la muy ilustre y bienaventurada madre doña Beatriz de Silva, que, dejando a la reina de la Tierra, mereció ser tan agradable a la del Cielo, y madre de tantas y tan principales hijas, y reinar para siempre con la soberana Reina Celestial. Habiendo, pues, ya explicado y declarado la primera y segunda Regla de la bienaventurada Santa Clara, que profesan las monjas y religiosas, sus hijas las Descalzas y las que comúnmente son llamadas Urbanas (la cual también profesan las que son llamadas de Corpus Christi), no me pareció que sería justo se quedase por explicar y declarar brevemente también la sobredicha Regla de las Monjas de la Concepción de Nuestra Señora (pues era negocio fácil). Remitiéndome en muchas cosas a lo que queda dicho en las reglas sobredichas, porque en las cosas comunes, esenciales y substanciales todas las reglas son unas, y en las accidentales y particulares se parecen mucho las unas a las otras, con lo cual el trabajo no será tan grande. Sírvase Nuestro Señor de que sea todo para su sancto servicio y para mucha honra y gloria suya, como yo deseo, y para algún pequeño servicio de la Virgen Nuestra Señora y de su Concepción sanctísima y purísima.
===Notas===
''[1]'' Al margen derecho: ''Tercera parte de las Chrónicas'', libro 8, capi. 11 y 12.
''[2]'' Al margen izquierdo: Cuándo tuvo su origen y principio la Orden de la Concepción de Nuestra Señora.
''[3]'' Al margen derecho: El primero Monasterio de la Concepción fue el de Toledo.
= Vida impresa (7)=