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→Vida de Beatriz de Silva
Dispúsose la jornada y, yendo por el camino, oyó a las espaldas una voz portuguesa que la llamaba. Volvió los ojos y vio dos religiosos franciscos venerables que le seguían; temió si serían enviados de la reina para acabar con ella. Llegáronse los dos a la carroza y, leyéndole con mucho cariño todo su corazón, le acompañaron hasta la posada, pronosticándole lo que le había de suceder, y allí desaparecieron. Entrose en su monasterio donde haciendo vida muy religiosa, aunque con hábito secular, gastó cuarenta años. Tal fue su penitencia y recato que ninguna persona le vio el rostro por un velo que en él continuamente traía. Viola solamente en este tiempo la Católica Reina D. Isabel, mujer del rey D. Fernando, e hija de la referida reina, de quien ella fue dama. A la cual reina, en la visita, manifestó su afecto a la Concepción de María Santísima ''[3]'', y ella le concedió los Palacios de Galiana, en Toledo, donde hizo su fundación con doce religiosas. Sacó bula de Inocencio Octavo, su data en el año de mil cuatrocientos y noventa y nueve, en que le concede el hábito y regla que hasta hoy profesan. Fuese a pique el navío en que venía el despacho; perdio- [902] se en el mar la bula, si bien ella la halló milagrosamente en un arca de su celda. Empero, tan maltratada y borrada que era muy difícil el leerla, la cual el arzobispo de Toledo, a quien venía remitida, envió a fr. García de Quijada, obispo de Guadix e hijo de esta santa provincia (como vimos) ''[4]'', varón insigne en virtud y letras, para que, trabajando en ella, le declarase, como con efecto lo hizo. Fuese luego a Toledo y, en el día por el arzobispo señalado, la llevó desde la catedral en solemnísima procesión, a que acudieron todos sus habitadores y, llegando al Monasterio de Santa Fe, la leyó, publicó y declaró a todos ''[5]''. Hasta aquí el reverendísimo Gonzaga.
Y si respecta [sic] de nuestro providentísimo Dios nada sucede acaso, añádese a lo dicho, como especial pronóstico para ennoblecer la fundación de este religioso Monasterio de la Concepción de Guadix, que su pastor e ilustrísimo prelado hubo de ser el intérprete o lector de las bulas y concurrir tan principalmente a la fundación de este exclarecido [sic] orden, como se ha dicho. También para recomendar a la devoción y respecto humano este sagrado monasterio viene aquí la relación de un suceso suyo particular algunos años después de su fundación y fue que, el año de mil seiscientos y cincuenta y tres, D. Antonio de Campos, capellán de este monasterio entonces, y ahora racionero de la S. Iglesia Catedral de Guadix, se salió una tarde al campo a rezar a la Ermita del Glorioso S. Lázaro y, en medio del camino halló un papel que dudó si se había aparecido, según lo de repente y la novedad con que se le ofreció a la vista. Levantolo con algún cuidado y halló ser una estampa cuya imagen principal era de N. Señora de la Concepción, y ocupaban sus dos lados S. Francisco N. P. y San Antonio y, a lo bajo, estaba sor Beatriz de Silva con sus religiosas y recibiendo la regla que profesan del seráfico padre. Causole novedad al dicho D. Antonio; leyó algunos libros y adquirió noticias de cómo N. P. S. Francisco y San Antonio eran los religiosos que aparecieron a D. Beatriz de Silva en el camino de Toledo cuando fue desde Madrid ''[56] '' y que, después de muerta, apareció en Guadalajara a Fr. Juan de Tolosa, prelado de nuestra orden, y le dijo [que] fuese a cuidar de sus hermanas a Toledo. Sujetáronse a la religión por entonces; diose al monasterio el título de la Concepción, dejando el de S. Fe, que tuvo hasta aquel día. Confirmose la sujeción a la orden el año de mil quinientos y once, con bula de Inocencio II, despachada el octavo de su pontificado, que ejecutó fray Francisco de los Ángeles y Quiñones, vicario provincial de la santa provincia de Castilla. El cual en el siglo había sido conde de Luna y, después, general de la orden y cardenal de Santa Cruz en Jerusalén; y como prelado les dio admirables leyes y les hizo las constituciones y estatutos que hoy guardan y, vistas estas circunstancias, tuvo por fin sin duda que Dios N. S. milagrosamente puso allí aquella estampa para que él y no otro la encontrara.
No hicieron menos misterio las religiosas considerando todo lo referido, y que no tenían una efigie de su santa madre, que la deseaban, y más con las circunstancias de ser de la institución de la orden y que era la primera que ellas, ni persona alguna de la ciudad, habían visto en su vida, por hallarse pocos retratos de sor Beatriz de Silva. Hicieron al punto copiarla en un lienzo grande para el adorno de su iglesia y monasterio y para tener siempre a la vista el original de sus acciones religiosas.
''[3]'' Al margen derecho: Fundación de las Concepcionistas.
''[4]'' Al margen izquierdo: Tract. 3 cap. 24.
''[45]'' Al margen izquierdo: Gonzag. Ibidem.
''[56]'' Al margen derecho: Se hace misterio de una estampa.