Ana de Cuéllar

De Catálogo de Santas Vivas
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Ana de Cuéllar
Nombre Ana de Cuéllar
Estado Mujer casada
Fecha de nacimiento Finales siglo XV-principios siglo XVI
Fecha de fallecimiento 1587
Lugar de nacimiento Albendea, Cuenca
Lugar de fallecimiento Cuenca

Vida impresa

Ed. de Mar Cortés Timoner; fecha de edición: julio de 2021.

Fuente

  • Villegas, Alonso de, 1589. Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes... Toledo: Pedro Rodríguez, fols. 121r col.a-124r col. b.

Contexto material del impreso Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes....

Criterios de edición

Se edita la última vida que recoge la Adición al tercer volumen del florilegio de Alonso de Villegas impreso en Toledo en 1589. El texto integra el apartado 219, cuyo epígrafe reza: “De Anna de Cuellar biuda”. Se inicia en el folio 121r y finaliza en el que debería ser el folio 122r pero aparece numerado como 124r.

En la edición del relato, se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas y, por ello, se han eliminado las duplicaciones de consonantes (nn/n, ss/s, ff/f). En cambio, se respetan los grupos consonánticos: Chr- (Christo, Christóbal), -ph (Joseph), -nc- (sancta), -nm- (conmunión) y las contracciones. Además, se mantiene la conjunción copulativa “y” ante la vocal “i” (“y hizo”) así como la concordancia de los determinantes como constan en el texto (“la habla y sentidos”, “su habla y sentidos”). Asimismo, para facilitar la localización de los textos, hemos indicado el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b).

Vida de Ana de Cuéllar

[Fol. 121r col. a] De Ana de Cuéllar, viuda

[1] Hablando el Esposo con la Esposa en los Cantares dice: “Vuestro cuello, Esposa mía, es como la torre de David donde están todas las armas de los fuertes”. Entendiéndose aquí por “Esposa” la Iglesia, su “cuello” es la Virgen, por ser el miembro más conjunto a la cabeza, Christo, y porque por ella, como por “cuello”, se deriva la virtud de los favores y mercedes de Christo en sus fieles y, también, porque así como una dama pone en su cuello las más ricas y preciosas joyas, así en la Virgen están las más preciosas y ricas joyas que tuvieron los sanctos. Y es lo que dice el testimonio propuesto, que en ella están todas las armas de los fuertes, están en subido grado todas las virtudes y excelencias en que los sanctos se señalaron. Y entre otras hállase la castidad virginal, y estímala en tanto la Iglesia que la pone entre los artículos de la fee, confesando que la Madre de Dios permane- [fol. 1221 col. b] ció virgen en el parto, antes del parto y después del parto. Y sin dubda que la castidad en una mujer es virtud que encubre muchas faltas. Y si falta descubre y es ocasión de muchos vicios [2], de tal manera que, no sabiéndose de la Magdalena que tuviese otro sino el ser deshonesta, dize della Sant Lucas que la libró Christo y que [3] salieron della siete demonios, lo cual declarando Sant Gregorio dice que se entienden por ellos los siete pecados mortales que se apoderan de una mujer si falta en la castidad.

Todo esto he traído para escribir la vida de Ana de Cuéllar, a quien el sobrenombre de “Cuéllar”, que se deriva de cuello, asienta muy bien, por haber imitado altamente a la Madre de Dios, que es cuello de la Iglesia, la cual, aunque desposada con Joseph, permaneció virgen purísima. Así Ana de Cuéllar, aunque fue casada, y por veinte y ocho años vivió con su marido, murió doncella. Escribió su vida el muy religioso pa- [fol. 121v col. a] dre y varón de vida ejemplar Francisco Escudero, de la Compañía de Jesús, que la trató mucho tiempo y administró los sacramentos de la confesión y conmunión, y es en esta manera.

Ana de Cuéllar fue natural de Albendea, pueblo en el Infantazgo y del Obispado de Cuenca. Casose con un hombre viudo llamado Pedro de Peralta y, por ser ella amiga de honestidad y el hombre bien inclinado, acabó con él que estuviesen juntos como hermanos. Y así estuvieron casados veinte y ocho años, quedando ella virgen hasta la muerte. Y en la muerte del marido aconteció una cosa de ser sabida y es que, súbitamente, le dio una apoplejía que le quitó la habla y sentidos, lo cual causó a la mujer piadosa gran dolor por ver que moría sin confesión. En este día hacía el pueblo una procesión a cierta ermita y, con angustia de su corazón, tomó una vela en la mano, y fue y volvió en la procesión de rodillas, las carnes arrastrando sobre la tierra, suplicando a Nuestro Señor con muchas lágrimas volviese a su marido la habla y sentidos, y que no fuese servido que muriese sin confesión. Acabada la procesión, vino a su casa y halló a su marido con su habla y sentidos, y hizo que confesase y comulgase y recibiese la extremaunción. Y hecho esto, murió en paz con mucho consuelo de su mujer. Muerto el marido, quedó ella en pobreza y miseria, y vino a Cuenca a servir al Marqués de Cañete. Y por muerte de la marquesa doña Magdalena dejó aquella casa.

Y de allí adelante vivió del pobre trabajo de sus manos, y comenzó a darse más de veras a obras de penitencia y charidad, y frecuentar los sanctos sacramentos de la confesión y conmunión en la Compañía de Jesús, ayunando ordinariamente cuatro días en la semana. Traía un rosario tan grande que a otra persona enfadara rezarlo una vez en la semana, y ella lo rezaba tres veces al día, con otras oraciones que tenía por devoción. Su dor- [fol. 121v col. b] mir era sobre una tabla y manojos de sarmientos, y por almohada tenía una piedra sellar [4]. Y traía siempre cilicio pegado a sus carnes, unas veces de cerdas, otras de esparto, usando también de disciplinas, lo cual hacía muy de secreto, hasta que, estando enferma del mal de la muerte, lo declaró al padre Escudero, su confesor, y él se lo quitó todo. Y aunque ella, como obediente, hizo lo que él le mandó, mas remediose tarde, porque fue su muerte en breve tiempo.

En su presencia no podía sufrir palabras chocarreras ni livianas, y mucho menos murmuraciones. Era su charidad tan grande en hacer el bien que podía, que a una mujer que estaba tullida en la cama, sin remedio humano, la sirvió muchos años en su enfermedad. Y, para sustentarla, iba cada día, oída misa, a su trabajo, que era desmotar [5], y ganaba catorce maravedís, y de allí compraba pan y alguna otra cosa de poco valor y se lo traía. Y le hacía la cama, y barría el aposento. Y las gracias que le daba la tullida era decirle, desde la cama, palabras injuriosas y ásperas, por ser aquella mujer enferma de mala condición colérica y desatinada, lo cual no bastó para que la desamparase, antes lo sufría todo con una paciencia invincible, respondiéndole mansamente, hasta que aquella mujer murió, y Ana de Cuéllar se quedó en su buen ejercicio de sus virtudes.

Cada día de domingo por la mañana, con ser muy vieja, iba a una ermita que dicen el Rey de la Majestad, que está un cuarto de legua de Cuenca, aunque hiciese tiempo áspero de nieves, vientos y hielos [6], cuales los suele hacer en Cuenca. Y como la veían las gentes tan devota, le rogaban llevase algunas novenas por ellos, y ella lo hacía con grande charidad, y subía a la cruz del cerro y a Sant Christóbal, que están en unos riscos muy altos. Y Dios Nuestro Señor, que no es aceptador de personas, sino a cualquier suerte de gente que le teme y ama es agradable a su Divina Majestad, visitaba con bendición de dulzura el alma de su sierva, la cual [fol. 124r col. a] (como es propio de las almas regaladas de Dios) hablaba con Él con palabras de mucha ternura. Y con mucha llaneza solía preguntar a su confesor: “Padre, yo digo a mi Dios: Amor mío, Esposo mío, Entrañas mías, Dulzura mía, Querido mío. ¿Peco en esto?”. Cuya simplicidad era para él de grande consuelo, y le decía: “Decidlo muchas veces y váyase por ambos”. Siempre que oía el nombre de Dios se enternecía y lloraba diciendo palabras llenas de amor. La tapicería de su chozuela eran imágenes y estampas, porque las paredes tenía cubiertas de estas cosas.

Cumplidos en estas buenas obras treinta años de viudez y casi noventa de su edad, vino a morir sin accidente alguno, consumida de la vejez y trabajos, a siete días de febrero de mil y quinientos y ochenta y siete [7], sábado de la Dominica de la Quinquagésima, a las seis de la noche. Estando sin habla tenía su rosario tan fuertemente que no se lo pudieron quitar de la mano hasta que perdió todos los [fol. 124 r col. b] sentidos.

Era Ana de Cuéllar mujer pequeña de cuerpo, de más hueso que carne, la cara redonda, los ojos algo hundidos, el color de trigo, de condición sencilla y el traje de su persona vil y despreciado. Debajo deste sayal, tenía Dios escondido el oro fino de su amor y gracia. Fue enterrada en la parroquia de S. Gil, el mismo Domingo de la Quinquagésima, a la cual parroquia había dejado de su pobreza veinte y ocho ducados para que, de la renta dellos, le hiciesen cada año una fiesta. Fue acompañada de dos confradías con mucha ternura y lágrimas. Y era tanta la devoción que Nuestro Señor puso en los corazones, que uno tomaba el rosario, otro la sortija, esta tomaba el cilicio, aquella la disciplina, y una dueña honrada cargó con la piedra que tenía por almohada, con ser tan pesada, y se la llevó. Desta manera, fue honrada de los extraños en muerte la que había sido de sus parientes en vida estimada por vil y despreciada.

Notas

[1] En el margen izquierdo leemos: “En.7. de febrero. Canti. 4”.

[2] En el texto “vicos”.

[3] En el margen derecho está escrito: “Luca.8,”.

[4] Es decir, piedra sillar.

[5] Según el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia (https://dle.rae.es/desmotar?m=form): 1. tr. Quitar las motas a la lana o al paño. 2. tr. Quitar las semillas al algodón.

[6] En el texto: “yelos”.

[7] En el margen izquierdo leemos: “Año de 1587.”

[8] En el texto: “S. Gil”. La iglesia parroquial de San Gil Abad se construyó en el siglo XVI.