Elena de la Cruz (2)

De Catálogo de Santas Vivas
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Elena de la Cruz
Nombre Elena de la Cruz
Orden Dominicas
Títulos Monja del convento de San Esteban de Salamanca
Fecha de nacimiento ¿Siglo XV?
Fecha de fallecimiento ¿Primera mitad del siglo XVI?
Lugar de nacimiento ¿Salamanca?
Lugar de fallecimiento Salamanca

Vida impresa

Ed. de Bárbara Arango Serrano y Borja Gama de Cossío; fecha de edición: octubre de 2023.

Fuente

Juan López, 1613. Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google])
  • López, Juan, 1613. “Libro primero de la tercera parte de la historia general de Santo Domingo”, Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 183-184.

Contexto material del impreso Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores.

Criterios de edición

Esta crónica está escrita por Juan López, obispo en la ciudad italiana de Monopoli. En la tercera parte se incluye la vida de santos de la orden, se aborda la fundación de los diferentes conventos en los dos primeros siglos de los dominicos en Castilla y se añade la vida de destacadas religiosas, aunque se hace referencia también a las religiosas que viven en las fundaciones hasta la publicación de la crónica en los conventos fundados.

Aquí nos encargamos de las religiosas que viven en los siglos XV-XVI cuyo foco de actuación es anterior a 1560 (aunque mueran después de esta fecha), es decir, antes del auge de Santa Teresa. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo: se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y se eliminan las consonantes geminadas. Además, se expanden las abreviaturas, aunque algunas como N. S. (Nuestro Señor) o N. P. S. (Nuestro Padre Santo) se respetan en el texto. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza y se adaptan las normas acentuales a sus usos actuales. Finalmente, se moderniza también la puntuación, la acentuación y el uso de aglomerados.

Vida de Elena de la Cruz

[180]

Capítulo XLIIII

De la fundación del monasterio de las Dueñas de Salamanca

[…]

[183] […] Doña Elena Enríquez, que se llamaba Elena de la Cruz, murió de veinte y siete años, habiendo solos cuatro que era monja, pero en ellos vivió con grandísima observancia y religión. Fue muy dada a la oración, que es el primer paso que el Señor inspira a los que desean aprovechamientos y mejoras espirituales, tan cierta señal de buenos deseos y pronósticos de santos sucesos que pocas veces dejan de andar juntos mucha oración y mucha virtud. Era refitolera y, para tener aprovechamientos en todo, asentaba sus pensamientos que la priora era Cristo Nuestro Señor, la superiora la Virgen Nuestra Señora y las demás reli- [184] giosas los apóstoles, y esa reverencia y humildad como si fuera cierto lo que pensaba. Que como andar siempre en presencia de Dios ayuda mucho a concertar los pensamientos, así el que tenía esta sierva de Dios ayudaba a que hiciese el oficio con mucho merecimiento y gran puntualidad. Todas las veces que había de llegar al Santísimo Sacramento de la penitencia, hacía primero una confesión a Nuestro Padre Santo Domingo, representándole las faltas que tenía. De allí partía a los pies del confesor. Estaba de ordinario en el coro en oración y, cuando la parecía que estaba sola (cosa que deseaba mucho), hacía particulares actos de alegría como si estuviera abrazada con Dios. Gastaba cada día dos horas en pedir limosna a la Santísima Trinidad y a todo el resto del Cielo. Al Padre pedía misericordia, representándole el amor entrañable con que envió su Hijo al mundo. Al Hijo, por el amor con que murió. Al Espíritu Santo pedía un rayo de luz de aquella que comunicó a los apóstoles. A la Virgen, Nuestra Señora, fervor de espíritu. Hacía muy poco caso de los demonios que la trabajaban. Ya vecina a la muerte, envió a llamar a las religiosas y, a cada una de ellas en particular, demandaba perdón o del mal ejemplo que la hubiese dado o de algún disgusto. Luego pedía su bendición para hacer consolada la jornada que había de comenzar presto. Refieren de ella las religiosas ancianas, algunas de las cuales viven hoy, que, habiendo de hacer profesión una religiosa un sábado, habiendo prevenido para ese día gran fiesta, andaba triste, pareciéndola que la muerte de soror Elena Henríquez la había de estorbar o si podía tener esperanza de que se hallaría en ella, entrola a visitar y la santa religiosa la dijo: “Doña Isabel, no estéis con pena, que no os estorbaré vuestra fiesta. Mañana será vuestro desposorio con Cristo en el suelo y el lunes serán mis bodas en el Cielo”. Y, así fue, que aquel día a las dos de la tarde, murió y con ser por el mes de enero, tiempo de tantos fríos, y no la haber enterrado hasta el día siguiente, en la misa mayor estaba el cuerpo tan tratable como si estuviera vivo.