Cambios

Saltar a: navegación, buscar

María García

297 bytes eliminados, 07:54 3 abr 2017
m
sin resumen de edición
'''De cómo se fundó el monesterio de religiossas de sanct Pablo de Toledo por doña María Garçía, y del fervor después que tuvo esta sancta muger desde su tierna hedad, y en las buenas obras que se ocupó con gran menosprecio de sí misma'''
En una escriptura bien antigua escripta en latín se halla la fundación del monesterio de sanct Pablo de Toledo y de su fundadora doña María Garçía, que después de muchos años que en él vivió con muchas siervas de Dios que tuvo en su compañía acabó sus trabajos en este que se va prosiguiendo<ref>Subrayado desde “acabó… prosiguiendo”. Nota marginal: “Gran ignorantia, pues la hace compañera de fray Pedro Fernández Pecha el año 1374, que según esto vivió más de ciento y quince años”. </ref> de mill y quatroçientos y sesenta y cuatro. Y es digna cosa que se ponga en este principio y fundaçión del monesterio de Sanct Pablo de Toledo, para que se sepa la vida maravillossa de esta sierva de Dios doña María Garçía, y vea y entienda, que en tiempo que tanto se olvida la charidad y abunda la maldad, quiso Nuestro Señor despertar esta su sierva fiel, cuya vida honesta, llena de buenas y sanctas costumbres, y del menospreçio del mundo y de lo que él promete y representa, se escrive aquí, juntamente con la fundación. Y será con la brevedad que dieren lugar las muchas y muy notables cosas que ay que dezir aprovechándome en parte de la dicha escriptura y de otros lugares que harán a este propósito.
Pues en el tiempo que reynava en Castilla el rey don Pedro, fue un cavallero principal en linage y sangre que se dezía don Diego Garçía de Toledo, casado con Doña Constança, hija de Hernán Gómez y hermana del Arçobispo de Toledo, don Álvaro. A estos cavalleros, don Diego Garçía de Toledo y doña Constança, dio Nuestro Señor una hija, después de otros muchos que tenían, de particular hermosura y graçia, que sobremanera la querían, miravan y estimavan sus padres como singular benefiçio que Dios les avía querido hazer. Y en una voluntad (que la tenían en todas las cosas y eran justos delante de Dios) se la ofreçieron como décima parte de sus bienes, poniéndole nombre María [fol. 209r] y el sobrenombre de su padre, y ansí se llamó siempre doña María Garçía. Pusieron mucho cuydado sus padres en criarla y que se afiçionase al temor y amor de Dios y a las sanctas costumbres. Apenas sabía hablar (como dizen) quando se fue conoçiendo en ella el spíritu que Dios quería declarar en su favor porque en ninguna cosa pareçía niña, sino llena de discreçión, de la que el Spíritu Sancto pone en las almas donde reside. Quando tuvo alguna discreçión, no solo no menospreçió el voto y ofreçimiento que sus padres tenían hecho, mas ella, con gran voluntad le confirmó, abraçó y amó, y desde luego tuvo tanto fervor en el amor de Dios que se conoçió que más eran órdenes del Spíritu Sancto y graçia divinal que consejo de hombre humano. En esto seguía el del propheta, que desde su niñez endereçó sus pensamientos al Señor muy alto, y dello dio buen testimonio su vida maravillossa, que aún en aquella tierna hedad se apartava a los lugares secretos a hazer oraçión huyendo de los que la podían ver en casa de sus padres y de los juegos y cosas que en tal hedad se suelen exerçitar y entretener los niños. Era pobrezilla de voluntad, y aun no havía oýdo el Evangelio y deseaba ya hazer thesoro en el Çielo, teniendo gran cuydado de los pobres de Jesuchristo, recogiendo las migajas que caýan de la mesa de sus padres. Y los pedazos de pan que sobraban de su comer, con todo lo demás que podía haver y recoger, lo guardava y escondidamente lo dava a los pobres.
Ninguna cosa le movía a la sierva de Dios, porque ni eran essos sus pensamientos ni havía entrado en su camino y deseo gana de querer y apeteçer de ser perlada, sino sierva humillde, y por esta humilldad lo menospreçiava todo y lo hollava y acoçeava todo, y no quería que los hombres la viessen sino en este menospreçio, ni reçibir dellos el galardón de sus obras, si algunas tuviese que fuessen buenas y aceptas a Nuestro Señor, y d´Él quería el premio y galardón, y entrar en su apartado cubículo a solas (como lo dize el Sancto Evangelio) para que solo Él la entendiesse y diesse la retribución conforme a los merecimientos.
Después que se detuvo en aquel monesterio algunos años y sabía ya bien las observançias de la religión que se praticavan y enseñavan en él (y sin haber tomado hábito ni manera de religiossa), pareçiole que era bien bolverse a la casa de sus padres, más por voluntad de Dios que lo inspirava que por tener gana de bolver atrás de sus buenos y sanctos propósitos. Pidiole licençia para ello a la priora, su hermana, que con mucha dificultad y gran desgusto se la huvo de dar. [fol. 210r] Y ansí se fue como lo avía dicho a la casa de sus padres. Aunque estava en ella y vivía entre los hermanos y criados de casa, y pareçía que se havía buelto al mundo como cosa que le dava gusto y contento, andava tan abrasada y ençendida en el fuego del amor divino que siempre pensaba, codiciava y tratava cómo seguir y ymitar (según su flaqueza) a Jesuchristo, su esposo. En lo que asentó, después de muy mirado y consultado y pedido a Nuestro Señor, fue negarse a ssí misma y no mirar a su hedad y flaqueza y que era muger, ni a lo que podrían decir y juzgar los hombres faltos de consideraçión, y con esto començó a darse al despreçio suyo y de las cosas mundanas, y tomó consigo, como aya y compañera, a doña María Gómez, matrona biuda y noble, que con una misma voluntad la quiso acompañar en sus designos y trabajos. Su principio fue començar a andar por las puertas de los vecinos de la ciudad a pedir limosna cada día, públicamente, para los pobres necessitados. Pues dezir que llevavan en su compañía quien recogiese las limosnas y pedaços de pan que les davan, era cosa de bendezir a Dios en sus marabillas, que la donzella pobre de Jesuchristo llevava sobre sus ombros una talega o alforja en que las echava, con un fervor y ánimo de hazer serviçio en ello a su esposo que no aprovecharon promessas, ruegos ni amenazas de sus padres para apartarla dello, y ansí la dexaban continuar su sancta ocupación y daban lugar a ello aunque no dexavan de sentir ellos y los hermanos de la sancta donzella alguna afrenta de aquel menospreçio tan público. No dexavan por esso las dos su exerçiçio cotidiano de andar por las calles de la çiudad pidiendo limosna como pobres peregrinas, y estavan en la sancta yglesia mayor entre los dos coros al tiempo que los canónigos salían de las horas, que los ponían en confusión y compelían a que les diessen muy buenas limosnas. Desde allí pasavan con las que llevavan en sus alforjuelas a la casa de sus padres, y ya era para ellos de gran consuelo y regalo ver de aquella manera a su hija, y la animavan y esforçavan en ello (aunque por otra parte la carne y la sangre hazían su oficio en [fol. 210v] sentir aquel difraçe). Pero pasados los primeros días, y viendo a su hija contenta<ref>El manuscrito lee «con contenta», con una diplografía por error.</ref>, y que era bien inclinada, devota y charitativa con los pobres de Jesuchristo, no había cosa temporal que para ellos se les pudiesse comparar a esto. Bendezían a Dios y alçavan las manos al Çielo con mucho plazer y alegría, haziéndole infinitas gracias por haverles dado hija que aun antes de tener discreçión ni hedad había en la tierra vida çelestial y obrava en ella tantas marabillas. Todos los de su casa, hijos y criados, hazían lo mismo, y la sancta donzella, con una profunda humilldad y llena de spíritu de Dios, se derribava a los pies de todos besándoselos, agradeciéndoles el contento que mostravan de la vida que seguía.
Acaeçió un día que andando pidiendo limosna por la çiudad la sancta donçella con su compañera por no perder costumbre de remediar a los que tenían necessidad, que encontraron en una calle al arçobispo de Toledo, su tío, hermano de su madre, y a su mismo padre, que le acompañava con otros cavalleros y gente principal de la çiudad, y quando el arçobispo vio a su sobrina en aquella postura que llevava y cargada en los hombros la talega con las limosnas que había recogido, volvió a su padre y díxole con algún enojo y como reprehendiéndole: “Mucho me maravillo, que como seáis hombre prudente, no remediéys un desconçierto tan grande como este y consintáys a una hija de tan poca hedad y tan hermosa y de linaje, que es que ande ansí despreçiada y con tanta libertad que days a entender que la tenéys aborreçida, pues no la recogéys y tratáys de casarla con otro que sea su igual”. El cavallero prudente le oyó y respondió con mucha mansedumbre y en breves palabras le dixo: “¡Qué esposo le parece a Vuestra Señoría que puedo yo dar a mi hija más rico y generosso que a Jesuchristo, Hijo del Padre Eterno! Por ventura podemos resistir al Spíritu Sancto. Ella ha escogido este estado por la mejor parte y yo no se le quiero estorvar, ni me pareçe que se açertaría en ello”. [fol. 211r] El arçobispo calló con esta respuesta y no supo qué le replicar, entendiendo que aquello era obra de Dios.

Menú de navegación