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María de Ajofrín

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m
sin resumen de edición
=Vida impresa (3)=
Ed. [http://visionarias.es/equipo/lara-marchante-fuente/ Mar Cortés Timoter]; fecha de edición: noviembre de 2020.
 
==Fuente==
 
* Villegas, Alonso de, 1588. ''Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...'' Huesca: Iuan Perez de Valdiuielso. Fols. 45v col. a – 47r col. b.
 
== Criterios de edición ==
 
El relato aparece en el apartado 193 de la Adición de la Tercera Parte del Flos Sanctorum de Alonso de Villegas, a continuación de la vida de María García [fols. 44r col. a ‒ 45v col. a]. Para esta edición se maneja el ejemplar de la Biblioteca de Catalunya: Res 740/2-4º. Se indica, entre corchetes, el fragmento que fue eliminado en la edición censurada del año siguiente (1589) siguiendo el ejemplar conservado en la Biblioteca Nacional de España:
 
Villegas, Alonso de. 1589. ''Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...'', Toledo: Iuan y Pedro Rodriguez, Biblioteca Nacional de España, sig. R/32084. En línea: http://bdh.bne.es/bnesearch/CompleteSearch.do?field=todos&text=alonso+de+villegas&showYearItems=&exact=on&textH=&advanced=false&completeText=&pageSize=1&pageSizeAbrv=30&pageNumber=8. Se han seguido los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas y, por ello, han sido eliminadas las duplicaciones de consonantes: cc/c, ss/s, ff/f. En cambio, se respetan los grupos consonánticos: -nt- (sant), -nc- (sancta) y -pt- (captivo), también las contracciones ‒aunque se ha añadido el apóstrofo clarificador en “del” para escribir “d’él”‒. Además, se ha mantenido la conjunción copulativa “y” ante palabras iniciadas con el sonido vocálico “i”. Asimismo, se indican en pie de página las erratas subsanadas y, para facilitar la localización de los textos, se citan el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b).
 
El texto editado ha sido estudiado en: M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el Flos sanctorum de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (en prensa).
 
==Vida de María de Ajofrín==
 
[Fol. 45v col. a] '''Vida de María de Ajofrín monja de Sant Pablo de Toledo'''
 
María de Ajofrín ''[1]'' fue natural de un pueblo que tiene este mismo nombre, cercano a Toledo. Nació de padres honrados y temerosos de Dios, llamábanse Pero Martín y Marina García. Eran ricos de bienes temporales. Desde niña se inclinó al servicio de Dios. Quisieron sus padres casarla, pidiéndosela muchos, mas la bendita doncella nunca consintió, sino que, varonilmente, resistió a todos los que la hablaban de casamiento. Y por que no pudiese ser impedido su deseo, que era de emplearse toda en el servicio de Dios, aun siendo muy pequeña, sin consejo ni ayuda humana, hizo voto de entrar en religión. Lo cual, sabido de sus padres y visto que ponía fuerza para cumplirlo, fue causa de grande sentimiento y lloros y aun de que sus hermanos la aborreciesen y persiguiesen. Siendo de quince años, y no pudiendo inclinarla a otro modo de vivir, su padre la sacó de su casa y trujo a Toledo. Entró en la iglesia mayor a hacer oración, donde tuvo noticia del monasterio fundado por doña Mari García, del Orden de Sant Jerónimo, que era a la sazón de beatas sin encerramiento o clausura y después fue de monjas profesas y se llamó Sant Pablo. Fue llevada a él María de Ajofrín y recebida con grande voluntad de las religiosas, donde luego se ejercitó en obras sanctas, mostrándose muy humilde, menospreciando a sí y haciendo al Señor sacrificio de sí misma. Su ejercicio ordinario era la oración y meditación, derramando sus ojos multitud de lágrimas con grandes sospiros, teniéndose por la más pecadora y indigna de todas las mujeres.
 
A los diez años de su recogimiento quiso hacer una confesión general de toda la vida y, hecha con grande sentimiento y lágrimas, pusose de rodillas delante una imagen de la Madre de Dios que tenía en sus brazos a su Benditísimo Hijo. Y pidiéndole al Hijo, por intercesión de su Sagrada Madre, que le declarase si había hecho lo que debía en esta confesión y podía asegurarse de la vida pasada, como esto fuese con muchas lágrimas y ternura, vido una claridad grande que rodeaba [fol. 45v col.b] la imagen y pareciole que el Bendito Niño levantaba la mano, a la manera que la pone el sacerdote cuando absuelve, de lo cual recibió grande temor, mas siguiose luego un celestial consuelo. Y el secreto desta visión descubrió solamente al prior Juan de Corrales, certificándole que, desde esta hora, le quedó tan grande movimiento en el corazón que, a tiempos, le daba golpes que parecía quererle salir del cuerpo. Muchos regalos tuvo de Nuestro Señor, siéndole medio no de ensoberbecerse sino de más humillarse. Fuéronle descubiertos algunos secretos acerca de pecados de personas particulares; y ella daba avisos por donde venían a remediarse, enmendándose aquellos a quien tocaba porque era aquel negocio de Dios, que es el que penetra y conoce los corazones.
 
La privanza que tenía con Su Majestad, su encendida caridad y la perseverancia en le servir y volver por su honra, fue parte a que la regalase, y con regalo que a pocos se le ha concedido; y fue que la señaló con la señal de su Pasión y llaga del costado. Hallose un día en él una abertura que cupiera por ella la cabeza del dedo pulgar de un hombre. Y durole abierta esta llaga veinte días, de la cual los viernes corría más sangre que los otros días, aunque siempre corría alguna. Nunca pareció en ella materia ni la aplicó medicina alguna, sino paños limpios, quitando unos y poniendo otros. La sangre era muy viva, como daban muestra los paños que se quitaba, los cuales quedaban rojos como un carmesí. Padecía graves dolores, y fueron causa para que la bendita doncella lo descubriese, aunque disimuló primero y lo encubrió cuanto le fue posible. Descubriose a la hermana mayor y a otra noble matrona llamada doña Teresa, y estas, con admiración grande, lo descubrieron al confesor de la casa. El cual estuvo duro en creerlo, y quisiera deshacerlo, mas visto por sus ojos quedó lleno de admiración. Y él reveló a testigos dignos de fe que dello dieron testimonio: el uno fue don Pedro de Prejano, deán de Toledo, y el otro don Diego de Villaminaya, capellán mayor del coro de la sancta iglesia; llamábase el confesor Juan de Biezma ''[2]''. En presencia de los cuales entró Gracián de Berlanga, capellán de la reina doña Isabel, notario apostólico y de la audiencia arzobispal, y, estando la bendita doncella María de Ajofrín en su cama, le fue descubierta la llaga que tenía en el costado de la manera que se ha dicho, y dello dio testimonio: en el cual señala día en diez y nueve de noviembre, casi a las seis horas de la tarde, en el año del nascimiento de Cristo de mil y cuatrocientos y ochenta y cuatro. Y dice que la llaga era como un real, y que no tenía hinchazón y que carecía de toda putrefacción. Dice que la tenía una doncella echada en una cama dentro de un palacio, en las casas [fol. 46r col. a] de doña Mari García, y que tenía rostro de ángel. Y dice que, habiendo visto, se tornó a salir muy espantado y que, a pedimiento del mismo Juan de Biezma, lo dio por testimonio firmado de su nombre y sellado con su sello.
 
No solo padecía la bendita doncella tormento gravísimo de la llaga, sino otro bien grande en mostrarla estando en su cama, cubierto su cuerpo, rostro y manos honestísimamente al tiempo de mostrarla, que solo se veía por una sábana abierta. Pasados los veinte días, ella por sí se cerró sin medicina humana y quedó la señal de la abertura, con algún dolor, en aquel proprio lugar. Ni quiso el Hijo de Dios decorarla con sola la llaga del costado; antes, como se levantaba de su cama para orar delante un crucifijo, al tiempo que entendió, por el sonido de las campanillas, que alzaban en una misa, sintió tan gran dolor en los pies y en las manos que parecía que le ponían en aquellos lugares clavos gruesos. Y como estuviese en esta pena, parecíale que le traspasaban la mano izquierda. Y fue tan vehemente el dolor que puso el dedo pulgar de la mano derecha en la palma de la izquierda y apretó cuando pudo con el gran dolor que tenía, y reventó la sangre, de que ella quedó admirada. Aunque, teniéndolo por regalo de Nuestro Señor, procuró de encubrirlo trayendo la mano cubierta con un lienzo sin poner otra medicina. Y durole por cuarenta días. Y, después que sanó, le quedó la señal en la mano izquierda que fue la que rompió en sangre. Y por que, sucesivamente, sintiese en su cuerpo las insignias y dolores de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, allende de los tormentos que en la cabeza tenía de ordinario, súbitamente sintió un grande y nuevo dolor que le pareció que, poniéndole sobre ella una guirnalda o corona que le cercó la cabeza enderredor, le entraban por ella puntas de clavos con tormento suyo excesivo, cayéndole gotas de sangre. Y aunque le aplicaban diversas medicinas, nunca alguna ''[3]'' le aprovechó porque no era razón que llagas hechas por la mano del Señor recibiesen sanidad por industria humana hasta que, pasado algún tiempo, por sí mismo cesó el dolor y quedó sana la cabeza como la mano y ''[4]'' costado.
 
Grandes fueron los regalos que recibió de Nuestro Señor. Arrobábase y quedaba sin sentido, y como le aconteciese esto estando presente el mismo que escribió su vida, el cual la solía confesar, la hermana mayor dijo: “Mandadla, padre, en virtud de sancta obediencia que recuerde y os hable, que luego lo hará”. Hízolo él así, y volvió en su sentido y mostró sentimiento grande como de que la hubiesen quitado de cosa que le daba grande contento. Descubríale Nuestro Señor algunos secretos para bien y provecho de almas particulares, como se ha dicho. Y diole gracia de sanar enfermos, [fol. 46r col. b] porque, con hacer la señal de la cruz y orar por algunos, fueron sanos.
 
Llegose la hora de su muerte bien deseada por ella, y cayó enferma en el año de mil y cuatrocientos y ochenta y nueve ''[5]'', habiendo pestilencia en Toledo. Y murió sanctamente, sábado, diez y ocho de julio, a las tres horas después de medianoche. Y fue sepultada en el monasterio de Sisla, en el capítulo. Sintiose en su fallecimiento un olor celestial, según dieron testimonio las hermanas que se hallaron presentes a su muerte. Hizo Dios por ella algunos milagros de personas que visitaban su sepulcro o se encomendaban a ella en diversas partes, por lo cual se acordó que su cuerpo fuese trasladado del capítulo a la iglesia del mismo monasterio, en un sepulcro que le hizo una señora ilustre que era condesa de Fuensalida. Hízose la traslación en veinte y cinco de abril, del año de mil y cuatrocientos y noventa y cinco. Halláronse presentes con el prior del monasterio, que se llamaba fray Juan de Morales, el clavero de Alcántara y don Alonso de Silva y otras personas, donde, luego que abrieron la sepultura, sintieron todos un olor celestial y parecía que salía de sus huesos y que estaban bañados de un licor a manera de óleo. Mandó el prior tañer los órganos y las campanas, y en una bien ordenada procesión, llevando todos velas encendidas, levantaron el cuerpo puesto en una arca aforrada de seda y llegaron con él al coro de la iglesia donde estuvo por trece días descubierto. Y en este tiempo pidieron a Nuestro Señor por intercesión de su sierva ''[6]'' que enviase agua a la tierra, de que había grande necesidad, y llovió en grande abundancia y entendieron todos haberles hecho Dios esta misericordia por honra de aquella bendita alma. Y así fueron remediados los panes que estaban a punto de perderse. Pasados los trece días fue puesto el cuerpo en el nuevo sepulcro, a la mano derecha, y allí es visitada y honrada de muchos. Y fue premio merecido a su humildad porque, como dio testimonio Catalina de Sant Lorenzo, hermana mayor de su monasterio, era esta bendita mujer tan humilde que, muchas veces, la importunaba que la reprehendiese y penitenciase delante de todas, mayormente los viernes en el capítulo, y le mandase comer en tierra y postrarse a la puerta del coro cuando las hermanas entraban a rezar en él, para que la pisasen. Y junto con ser humilde era honestísima tanto que pocas personas, ni de las que conversaban con ella, podían dar testimonio de su rostro trayéndole de ordinario cubierto con una toca que dejaba caer hasta la boca.
 
Anda la vida desta sierva de Dios escripta de mano por un religioso confesor suyo y en ella se pone muchas revelaciones que tuvo. Yo he querido pasarlas en silencio como también lo hizo el que escribió la crónica de los jeró- [fol. 46v col. a] nimos, donde está la vida desta bendita monja, aunque con la limitación que digo. Del testimonio que dio de la llaga de su costado Gracián de Berlanga, notario, tengo yo un traslado por donde parece que fue certísimo ''[7]''.
 
[Acerca de lo cual digo que algunas personas, atrevidamente en mi tiempo, han contradicho (y aun algunos predicándolo públicamente) semejantes llagas en alguna persona después que el Hijo de Dios las padeció, sino es el bienaventurado sant Francisco. Y, pareciéndoles que en esto hacen servicio, quieren atar las manos a Dios. A estos digo que, cuando no creyeren a los auctores tan graves y fidedignos que lo escriben de algunas sanctas, como de sancta Catarina de Sena y de otras, y que, en particular en Roma, se pinta y estampa la misma sancta Caterina ''[8]'' con las llagas, en ciencia y paciencia de los sumos pontífices que lo ven ''[9]'' y lo permiten y aun, por lo mismo, por ser negocio tan grave parece que lo aprueban, si esto no basta, pueden, por vista de ojos y tocándolo con sus manos, certificarse en este caso con lo que de presente (creo que para confusión de estos) ha permitido Nuestro Señor.
 
Y es que, en este año de mil y quinientos y ochenta y seis en que esto escribo ''[10]'', está viva una bendita mujer, señora de ilustre linaje, priora en el monasterio de la Anunciada de Lisboa, en Portugal, llamada María de la Anunciación ''[11]'', doncella de edad de treinta y dos años. La cual está decorada con las llagas de Cristo de cabeza, manos, pies y costado. Tiene en su cabeza treinta y dos agujeros a la redonda como corona, abiertos y patentes; en las manos, por las palmas, una como rosa y, en medio della, una abertura triangular de clavo y, por detrás, la misma señal aunque algo menor. Estas han visto y ven cada día diversas personas. Tiene otras semejantes en los pies. También tiene abierto el costado y todos los viernes, poniéndose allí un lienzo pequeño, salen señaladas cinco gotas de sangre a manera de cruz, y la ''[12]'' de en medio es mayor. Y destos pañitos he yo visto dos en Toledo en poder de personas religiosas que los recibieron de la misma sierva de Dios. Y ella los da compelida por obediencia, como también por ella, y no en otra manera, muestra las llagas de las manos. La del costado vieron, por orden del sumo pontífice Gregorio décimo tercio, algunas personas, y fueron: oficiales del Sancto Oficio de la Inquisición y el padre fray Luis de Granada y otros perlados de su orden. Y sobre ello dio breve el mismo pontífice Gregorio, y yo le vi impreso y le leí, en que alaba a Nuestro Señor y persuade a su sierva a que siempre vaya en augmento en su servicio. También por cartas del mismo padre ''[13]'' fray Luis de Granada que, para mí, son de grande auctoridad, y de otros perlados de su orden, se sabe de su vida que, desde niña, ha vivido sancta- [fol. 64v col. b] mente y no se halla que, en cosa alguna, se haya desmandado en ofensa de Dios. Nunca se agravió por cosas de pena que le sucediesen ni se quejó por ocasiones que le diesen. Siempre conservó paz y humildad en su alma. Su caridad es grandísima con pobres necesitados de cuerpo y de alma remediando todo lo que puede. Siempre muestra el rostro alegre y devoto. En hablándole de sus llagas, se aflige y entristece grandemente. Duerme abrazada con una cruz de madera de su estatura. Hase visto mucha claridad de noche en una pequeña celda que tiene y levantada del suelo con su cruz orando. Vinieron a Lisboa un turco y un moro que dijeron habérseles aparecido estando en una galera y persuadiéndoles a que se hicieses cristianos; y la conocieron sin haberla visto más de aquella vez y recibieron el baptismo.
 
Della se dicen muchas otras cosas y todas ellas al talle de los sanctos. Y el padre fray Luis de Granada tiene escripto muy a la larga todo lo que pertenece a la vida desta sierva de Dios, y así él pondrá finos colores sobre el dibujo mal bosquejado de mi mano. Yo lo he referido aquí por dos razones: una, para prueba de que suele Nuestro Señor regalar con sus llagas a algunas personas siervas suyas, y contradecirlo es ir contra la verdad; y lo segundo, que, por haber escripto tres libros de vidas de sanctos de los que pasaron muchos años ha, hiciera agravio a cosa tan digna de ser sabida en los siglos venideros como es lo de mi tiempo desta sierva de Dios, si no lo pusiera en memoria. Y lo mismo hicieron sant Jerónimo escribiendo la vida de Malco, monje captivo que se le dejó vivo. Y sant Teodorito comenzó a escrebir la vida de sant Simeón Estilita ''[14]'' y no la acabó diciendo en ella que la dejaba vivo y que, con tan alto principio, era bien de creer que el fin no sería menor. Así yo digo desta sierva de Dios, que su fin no será menor que el principio y, cuando sea de otra suerte, lo de hasta aquí es mucho de estimar y loar a Dios, que no tiene la mano abreviada, sino que siempre hace mercedes a los que de veras le sirven.
 
Y en lo que toca a las llagas del seráfico padre sant Francisco, yo confieso que, de la manera que a él, no le ha sido concedido a otro, porque o fue por algún breve tiempo o no todas cumplidas o con menos sentimiento de dolor o, a lo menos, que cesasen con la muerte y no que, aun después de muerto, permanece el cuerpo del seráfico padre sant Francisco con ellas tan frescas y recientes como las tuvo en vida. Y este fue favor particular suyo y, como dice el doctísimo y muy religioso maestro ''[15]'' fray Vicente Justiniano Antist, del Orden de Predicadores, en una apología que hizo en defensa de las llagas de sancta Catarina de Sena, esto sería lo que quiso decir el papa Sixto cuarto en un breve que dicen haber dado en [fol. 47r col. a] favor de las llagas de S. Francisco. Verdad es que, como el mismo maestro dice, nunca este breve pareció en el mundo, ni nadie habrá, con verdad, que diga haberle visto. Y es prueba desto que, en un volumen grande, donde semejantes breves y ''motus'' proprios andan impresos, que se intitula ''Collectio Bullarum'', y es de Laercio Querubino jurisconsulto, impreso en Roma, año de mil y quinientos y ochenta y seis, donde están todos los divulgados desde Gregorio séptimo hasta Sixto quinto, y hallándose entre las demás todas las bulas y ''motus'' proprios del mismo Sixto cuarto que son doce en número, no aparece entre ellos semejante breve; porque yo los [fol. 47r col. b] pasé uno por uno buscando este y así es cierto que no le hubo. Mas en caso que le hubiese habido, lo que pretendería en él el pontífice sería, dice este auctor, señalar las ventajas que el seráfico padre sant Francisco hace en este misterio de las llagas a todos los sanctos a quien Dios ha decorado con ellas, que cierto son muchas y muy particulares.]
 
De la primera ''[16]'' destas dos religiosas (de las cuales ninguna está canonizada) se vea la historia de Toledo de Pedro de Alcocer, libro. 2. cap. 27; y de la segunda, María de Ajofrín, la crónica del Orden de Sant Jerónimo, desde el capítulo cuarenta y uno hasta el fin della, donde la sanctidad de ambas es grandemente encarecida. ''[17]''
 
===Notas===
 
''[1]'' En el margen izquierdo leemos: “En 18. de Iulio.”
 
''[2]'' En el texto leemos: “Diezma”. Se ha subsanado la errata.
 
''[3]'' Entiéndase: “alguna de las diversas medicinas”. Ejemplo de la tendencia a la elipsis que muestra la prosa del autor.
 
''[4]'' Como la mano y el costado.
 
''[5]'' En el margen derecho leemos: “Año de 1489.”
 
''[6]'' En el ejemplar manejado impreso en 1589 aparecen tachadas las sílabas y palabras siguientes: “-cubierto y en este tiem […] intercesión de su”.
 
''[7]'' Como se ha indicado, se reproduce entre corchetes el fragmento eliminado en la impresión de 1589. Cabe precisar que las palabras: “por donde parece que fue certísimo” se hallan tachadas con tinta negra en el ejemplar manejado de la BNE.
 
''[8]'' Se mantiene la oscilación vocálica al escribir el nombre de la santa dominica.
 
''[9]'' Se elimina la duplicación de la vocal en la escritura de esta palabra.
 
''[10]'' En el colofón del ejemplar se indica que el libro fue terminado “último de septiembre del año de 1586”.
 
''[11]'' Se refiere a la lisboeta María de la Visitación, quien vivió en la segunda mitad del siglo XVI.
 
''[12]'' Entiéndase: “la gota de en medio”
 
''[13]'' Se subsana la errata: “podre”.
 
''[14]'' En el texto leemos: Stilita.
 
''[15]'' En el texto figura: “relignoso maastro”. Se han subsanado las erratas.
 
''[16]'' Alude a las dos religiosas que centralizan el apartado 193 de la Adición a la ''Tercera parte del Flos Sanctorum'': María García y María de Ajofrín.
 
''[17]'' A continuación, en el ejemplar mencionado de la BNE ‒en el mismo apartado 193‒ leemos: “Antes de poner fin en las vidas destas dos siervas de Dios, Marías religiosas de Sant Pablo de Toledo, quiero hacer mención de algunas otras monjas del mismo convento, dignas de que, en los siglos por venir, se tenga honorífica memoria y su propria casa y la ciudad de Toledo reciban honra y les sea de importante provecho el tener y gozar de sus benditos cuerpos. Lo que dijere se ha sacado de un libro que recopiló de memoriales y relaciones antiguas y modernas de aquel convento doña Ana de Zúñiga, de cuyas virtudes pudiera yo escribir mucho si llegara mi atrevimiento adonde llega el deseo y la verdad.”
 
Y se añaden diez vidas breves que se hallan editadas en el Catálogo: Aldonza Carrillo, condesa de Fuensalida; su madre Teresa de Guevara; Inés de Cebreros; Inés de Santa Catarina, sobrina de María de Ajofrín; Lucía de los Ángeles; Catalina San Juan; María de San Ildefonso; María de la Visitación; Paula de los Ángeles y, por último, Quiteria de San Francisco.
 
A doña Ana de Zúñiga, Alonso de Villegas dedicará una reseña hagiográfica en impresiones posteriores a la de 1589, como evidencia el ejemplar de 1595 guardado en la Biblioteca de la Universidad de Barcelona con la signatura B-50/5/11.
 
=Vida impresa (4)=
Ed. [http://visionarias.es/equipo/lara-marchante-fuente/ Lara Marchante Fuente]; fecha de edición: septiembre de 2017; fecha de modificación: septiembre de 2020.

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