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María de Ajofrín

No hay cambio en el tamaño, 14:53 18 feb 2021
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Como de las cosas susodichas su corazón estuviese mui turbado, sentíase muy afligida y quebrantada, y andava de lugar en lugar por toda la casa. Y no pudiendo hallar lugar de consolatión, como pasase por un lugar a do estava una ventana, según ella me dixo, vio estar en ella un [fol. 200r] pliego de papel blanco. No sabiendo quién lo avía puesto y tomolo y metiose en un sótano do algunas vezes poníen la leña, y asentose mui afligida, y arrimose a una pared, y vio súbitamente una claridad que resplandezía y daba el resplandor en el papel, y ella me dixo que no sabe quién le tomó su mano y escribió dos cosas: la una, para el qura; y la otra, para los venerables a quienes tal cosas se avían de dezir, siendo muy clara verdad y cosa mui cierta y manifiesta que ella nunca supo escribir, ni ai en todo Toledo quien tal letra hiciese. Y esta es manifiesta verdad, y como las cartas fuesen escritas, hallolas ella cabe sí y desapareçió la claridad.
Y dobladas las cartas, metióselas en las mangas, y como fuese a sacar una caldera de agua de una tinaxa, una carta caió dentro y detúbose en el ayre y no llegó al agua. Y una destas cartas ubo y tiene el capellán maior con mucha veneratión y onra, según el qual me dixo que , poniéndola sobre tres enfermos de diversas enfermedades, luego fueron sanos.
E como ella diese estas cartas al dicho su confesor, él fue muy maravillado, ''[10]'' maiormente porque sabía que ella no sabía escrebir, ni avía persona en la casa que tal letra hiziese, de lo qual se pondría afirmar ser escritas divinamente y no humanal. Y hovo mui gran espanto en su coraçón, e vio en su carta cosas que otro no las sabía sino él, mas ni por esso no tubo osadía para lo divulgar porque no avía llegado el tienpo que el Señor avía puesto y dudava como Santo Tomás.
Por poder [fol. 200v] quitar la dubda a todos, y como el dicho confesor no tuviesse lugar para la hablar, escribióle escribiole a ella diziendo que no podía creer que ella escribiese aquellas cartas, con intentión de sacarla a público e a manifiesto. De lo qual, ella uvo gran sentimiento y dolor, y tuvo esto por mui malo y áspero, y quexose de ello al Rei del Çielo.
Y así como ella era mui inocente, y como después se hablasen ella y su confesor, la sierva del Señor, fuerte así como león, lo increpó mui duramente de tal dureza e incredulidad de su coraçón, mostrándole por razones mui claras que creiese sin dubda que ninguno escribió las cartas sino ella por su mano con el ángel. Y desde allí propuso ella en su corazón de rogar al Señor que por su misericordia tuviesse por bien de la librar de tan grandes afrentas, y propuso en su voluntad de no hablar más destas cosas; y así lo hizo. Y suplicaba al Señor con gran firmeza y afinco que pusiese al dicho su confesor alguna evidente señal por que creiese, si fuese capaz de la ver, y si no fuese digno, le diesse duro azote por que creiesse.

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