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→Vida manuscrita (2)
“Deçente e cosa convenible es escribir por memoria las buenas obras e vidas de las personas que nos preçedieron, por que podamos por los buenos exemplos de aquellos obrar siempre bien e nos esforçemos apartar siempre del mal. Cosa çierta es que, si lo preçioso no fuesse apartado de lo no tal, la concupisçiençia loca non bastante desetemperar, sería demergida por curso muy ligero en un escuro tragamiento. Por tanto, yo Graçián de Berlanga, capellán de la sereníssima reyna Doña Ysabel, nuestra señora, notario apostólico e arçobispal, affirmo y doy fee que en el año de la Natividad de Nuestro Redemptor e Salvador Jesuchristo de mill e quatroçientos e ochenta y quatro, diez y nuebe de noviembre, quasi seis horas después de mediodía, por ruego e a instançia de Juan de Biezma, que entonçes era rector de la casa de Doña Mari Garçía, entré en la dicha casa para que notasse lo que viese, e así notado lo guardase. Después, pasados algunos días (aunque non muchos), quise demostrar lo que avía visto [fol. 262r] al reverendo padre prior de la Sisla fray Juan de Corrales, considerando aquel dicho eclesiástico en el capítulo quarenta y uno: que provecho ay en el thesoro escondido, etc., el qual dicho señor muchas bezes me mandó que aquello que avía visto que ge lo diesse por scripto, mas yo por entonçes no pude satisfaçer a su voluntad por muchos negocios que me çercavan, ca ello non me davan lugar, aunque allende de lo tener scripto en el coraçón lo tenía en mi protocolo, fasta diez días de noviembre del año del Señor de mill e quatroçientos e ochenta y seis, y es que el dicho Joan de Biezma me metió en un palaçio de la dicha casa, en el qual estavan los reverendos señores don Pedro de Préxano, deán de Toledo, e don Diego de Villaminaya, capellán mayor del coro de la sancta iglesia de Toledo, e dos o tres religiosas de la dicha casa. E viendo en una cama que en aquel palaçio estava una donzella, que verdaderamente pareçia bulto de ángel, y tenía una llaga en el costado donde Nuestro Redemptor Jesuchristo fue ferido, tan grande como un real, e non tenía finchazón y careçía de toda putrefaçión, tenía un color muy fino, ansí como grana, e después que todos lo uvimos mirado, a poco de rato fabló aquella donzella estas palabras: ‘Dios Nuestro Señor vos lo demande si no pusiéredes aquello en execuçión’. Y ansí espantado me aparté dende y me torné a salir, en fee de lo qual lo firme y signé de mi nombre, que fue hecho en Toledo, año, mes, día, quibus supra. Graçianus notarius apostólicus”.
Padeçía la sierva de Dios grandes dolores de la llaga, y no solo la atormentava esto sino el mostrarla, estando en la cama cubierto su cuerpo, rostro y manos honestíssimamente, y sólo se veýa la llaga por una sábana abierta a la parte del lado. Pasados los veinte días se le çerró la llaga sin benefiçio ni mediçina alguna corporal, y quedó la señal de la abertura con algún dolor en aquel proprio lugar, y como tenía impresso en su coraçón [fol, . 262v] el nombre dulçíssimo de Jesús, y no se le caýa de la boca, favoreçíasse mucho d’él en estos trabajos, y regalábase en estremo con él, mas mucho más la regalaba su Magestad Divina con tan estremados dones y benefiçios de las llagas de su passión, que no la quiso decorar con sola la del costado, sino que, levantándose con la mucha flaqueza que tenía para ponerse en el suelo de rodillas o ençima de la cama, por devoçión de adorar un crucifixo al tiempo que oyó la rueda de las campanillas de la yglesia quando alçavan el santíssimo sacramento en una missa, sintió tan gran dolor en los pies y en las manos que le pareçía que en aquellos lugares le ponían rezios y gruesos clavos.
Como estuviese en esta pena y en la consideraçión de aquellos altíssimos misterios, pareçiole que le traspasaban la mano yzquierda, y fue el dolor tan vehemente que se puso el dedo pulgar de la mano derecha en la palma de la yzquierda, y apretando con el gran dolor que sentía rebentó la sangre, de que ella quedó bien admirada. Procuró encubrirlo con estremado gozo de regalo tan singular de Dios, y traýa la mano cubierta con un lienço sin poner otra medicina, y durole quarenta días, y después de pasados que sanó le quedó señal en la mano izquierda, que fue la que rompió en sangre. Y porque sucessivamente sintiesse en su cuerpo las insignias y dolores de la passión de Nuestro Señor Jesuchristo, sin los tormentos que de ordinario tenía en la cabeça, sintió en ella súbitamente un nuebo y gravíssimo dolor, que le pareçía que le ponían una guirnalda o corona que le çercava la cabeça alrededor y le entraban por ella puntas de clabos con tormento suyo exçesivo, cayéndole gotas de sangre. Aplicábanle diversas medicinas, y ninguna le era de provecho ni era razón que lo fuese, ni que las llagas hechas por la mano del Señor se curasen con la industria humana, y quando su Magestad fue servido y tuvo por bien, le alçó los dolores a su sierva y quedó con entera sanidad de las llagas de la cabeça y costado.