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→Vida de Juana Rodríguez
[Fol. 7r] ''[1]'' La venerable sierva de Dios sor Juana Rodríguez, natural de la ciudad de Toledo, hija de padres muy principales y virtuosos, los cuales habiendo pasado algunos años de su matrimonio sin hijos hicieron promesa a Nuestro Señor, si les daba el fruto de bendición que deseaban, celebrar cada año con la posible solemnidad la fiesta de la Concepción Inmaculada de Nuestra Señora. Confirmaron su promesa con especial voto y, para más obligar la piedad divina, fundaron un colegio a sus expensas en que se criasen doce doncellas pobres en culto de la Majestad de Dios y de su santísima Madre. Oyó el Señor sus piadosos ruegos y dioles una hija que en todo fue como de su mano y conseguida a fuerza de oraciones y obras de piedad. En el baptismo la llamaron Juana, pronóstico de la gracia que Dios había de depositar en ella. Dio notorias muestras de virtud en sus primeros años, librando todos sus consuelos en socorrer con limosnas a los pobres mendigos y empleando el tiempo que habían de ocuparla los juguetes de niña en las iglesias, misas y oraciones. Pusiéronle sus padres a los siete años de su edad en el colegio donde criaban las otras doncellas y allí comenzó a tomar el gusto a los ejercicios espirituales. Oyendo misa un día, vio que de la ostia consagrada salía una hermosa mano y, en ella, una cruz roja que, viniendo a donde la niña estaba, la puso la cruz en su mano, de que quedó desmayada y, llevándola a casa de sus padres, vio otra cruz de tan incomparable grandeza que, tocando al cielo con la una extremidad, tocaba con la otra lo más profundo de la tierra. Mucha cruz parecía para aquella tierna edad, pero las providencias de Dios no se comprehenden con humanos discursos. A pesar de sus deseos, la casaron [fol. 7v] sus padres según su calidad a título de tener sola esta hija, mas como Dios la tenía destinada para más altas ocupaciones y empleos, llevándose de esta vida a su marido a poco tiempo de su matrimonio, quedó Juana Rodríguez con la libertad que su espíritu apetecía para darse únicamente a Dios Nuestro Señor.
Comenzaba por entonces la ilustre señora doña [[María de Toledo ]] (de quien se hace mención en el año de 1507) ''[2]'' a esparcir en aquella ciudad el olor precioso de sus virtudes, cuya fragrancia [sic] llegó en hora dichosa a Juana Rodríguez que, buscándola y declarándose resuelta, fue para doña María de Toledo de consuelo singular por reconocer que Dios se la enviaba para que la alentase y acompañase a sus ejercicios. Desde que doña María la admitió hasta que murió duró esta compañía e igualdad entre las dos, haciendo asiento de compañía para la negociación espiritual y celestial ganancia.
Fue devotísima del Santísimo Sacramento y le recibía con cuantas preparaciones se le proponían convenientes a su espíritu. Empleaba su consideración en la de los misterios dolorosos de Nuestro Señor, de que tuvo extraordinarios sentimientos y singulares revelaciones, las cuales por obediencia de su confesor dejó escritas de su mano y con tanta aprobación de la voluntad divina que sin saber escribir la escribía y, en acabando de escribirlas, no sabía formar letra alguna. Cuando la venerable madre María la Pobre fundó su Convento de Santa Isabel de Toledo la dio el hábito de religiosa en el mismo convento, porque en todos estados fuese su compañera, y en la religión consumó las virtudes en que fue tan aventajada en el siglo.
Llegó la hora de su dichoso tránsito para recibir la corona granjeada con tan lucidos merecimientos. Visitola la Reina de los Ángeles en aquel último trance y, en el nuestro común enemigo, solicitaba sumergir el navío de su virtud estando ya a la vista del puerto, mostrábale un grande libro escrito de sus culpas e imperfecciones, mas a la presencia de la Virgen Santísima huyó aquella [fol. 8r] infernal visión, quedando sor Juana en dulce quietud, con la cual dio su dichosa alma a su Criador, año de 1505, día de la Epifanía del Señor, al tiempo que en la misa conventual se levantaba el Santísimo Sacramento dejando honrado el Convento de Santa Isabel por compañera inseparable de su venerable fundadora. Hace mención della Vadingo en sus Annales, año 1505, núm. 34; Marcos de Lisboa 3. p. lib. 8 cap. 15 ''[3]''; Gonzaga 1º; Salazar lib. 5 cap. 28 ''[4]''.
==Notas==