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María de Ajofrín

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Vida impresa (2)
Y fue el día octavo de la Resurrectión arrebatada en espíritu: y vido cómo vino a ella un varón [fol. 95va] muy reverendo por gesto y edad vestido de una capa de seda colorada, y díxole: “Ven, que te llama la reyna”. Y ella pensando que la llamava la reyna terrenal no quiso yr con él. Entonces aquel varón díxole otra vez: “Ven que te llama la reyna del Cielo”. Y ella entonces fue con él, y hallose en una yglesia fuera de la ciudad, onde estava Nuestra Señora con su Hijo en los braços. Y como la vido, púsose de rodillas delante della, y el varón que la llamó púsole en las manos un paño de seda, y la Sanctíssima Virgen puso su Hijo encima del dicho paño, e dándole a otro honbre de menor edad para que la acompañasse junto con el que la avía llamado, díxole: “Ve con mi Hijo onde fueren estos dos varones”. Y el que llevava la capa colorada yva un poco delante como a buscar posada. Y entrando por la ciudad llamava a las puertas que estavan cerradas: y dava tres golpes a cada puerta, diziendo: “Abrid que viene el Señor a posar en vuestra casa”. Y vido cómo ninguno las abría, mas antes los que las tenían abiertas corriendo las cerravan diziendo que no avía allí posada porque estavan allí negociados. Y desta manera le pareció que anduvieron toda la ciudad sin hallar posada. Y tornándose después por donde fueron, encontraron con dos mugeres que yvan cavalleras en dos asnos y dos clérigos que las acompañavan. Y los clérigos dixeron: “Nosotros os acogiéramos si no fuérmos de priessa, mas entre tanto que venimos entraos en esse establo”. Y así se tornaron onde la gloriosa Virgen, madre de Nuestro Señor, estava, y ella tomando su Hijo de las manos de su sierva, dixo: “Venido es el tienpo en que es tan menospreciado el Hijo de Dios, mas tienpo es que embíe el Señor su ángel para que a unos hiera con açotes, y a otros con espada y a otros con fuego. Mas, ¡ay de los perlados de la yglesia que hizo el Señor pastores de su grey y de las ánimas, y ellos traen vestiduras de corderos y coraçones de lobos robadores! Procuran dignidades y honrras y no para ser- [fol. 95vb] vir con ellas a Jesu christo, mas para se dar a muchos plazeres”. Y después de toda esta visión passada, desapareció la Nuestra Señora, y ella tornando en sí pensava en lo que viera.
Y cumpliéronse dende a poco estas plagas que Nuestra Señora dixo que avía de embiar el Señor, porque vino gran hambre y pestilencia, y el mal de las buvas sobre muchos hombres y mugeres, de manera que los que el ángel hirió con la espada fueron açotes los heridos que murían de la pestilencia hambre, y los que con fuego los que fueron tocados de las bubas, las quales no podían ser curadas por los físicos.
Y vido después el día de la Ascensión cómo Nuestra Señora tenía en el altar a su Hijo en los braços así bivo como lo parió y que llamava a altas bozes con lágrimas, y dezía: “Mirad el mi Hijo, mirad el fructo de mi vientre: tomaldo y comeldo, porque en cinco maneras es cada día crucificado en las manos de los malos sacerdotes. La primera por mengua de fe, la segunda por cobdicia, la tercera por luxuria, la quarta por ignorancia y no saber lo que conviene al estado sacerdotal, la quinta por la poca reverencia con que se llegan a celebrar”.

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