Teresa Enríquez

| Nombre | Teresa Enríquez |
| Estado | Mujer casada |
| Títulos | Señora de Torrijos y de Maqueda; fundadora del convento de la Concepción de Torrijos y del convento de la Concepción de Maqueda. |
| Fecha de nacimiento | c. 1450 |
| Lugar de nacimiento | Valladolid |
| Fecha de fallecimiento | 4 de marzo de 1529 |
| Lugar de fallecimiento | Torrijos, Toledo |
Contenido
Vida manuscrita (1)
Ed. de Verónica Torres Martín; fecha de edición: noviembre de 2025.
Fuente
- Téllez de Meneses, Alonso. Libro de los linages de Hespaña, sus principios i continuación, Real Academia de la Historia, sig. 9/234, sig. anterior C-12, fols. 396v- 398r.
Normas de edición
Se trata de una obra manuscrita que, por la letra, se sitúa a principios del siglo XVI. Por ello, los criterios de edición son conservadores. Se mantienen los grupos cultos como -ct- en sancta y ch- en Christo. Se conservan las consonantes geminadas: ss y mm, así como el uso de qu por cu (qual). Asimismo, se respetan las oscilaciones y variantes de las sibilantes, así como la oscilación entre v/b o e/i. Se conserva della, pero se separa quella por que ella, para mejorar la comprensión del texto y, de la misma forma, se separa mediante apóstrofo cuando la forma aglutinada incluye el pronombre personal masculino singular: d’él. Por último, se actualiza la puntuación, el empleo de las letras mayúsculas, la acentuación y el uso de la h según la norma actual y, del mismo modo, se moderniza la unión o separación de palabras.
Vida de Teresa Enríquez
[fol. 396v] De los hijos que dexó, de las excelencias de su muger, doña Teresa Enríques, y de las obras grandes que hizo al culto devino
Casó en tiempo de su augmento con doña Teresa Enríques, hija bastarda del almirante don Alonso Enríques, que la huvo en una esclava [1] de su casa y salió una muy noble señora. Huvo de ella dos hijos y una hija: el mayor fue don Diego de Cárdenas, que sucedió al estado y fue duque; el otro murió en las fiestas que le hicieron en Burgos a las bodas del príncipe don Juan, que se le empinó el cavallo y cayó sobre él; la hija casó con el Conde de Miranda, mayordomo mayor de la emperatriz.
La dicha doña Teresa Enríques, muger del conde comendador mayor, fue merecedora que de ella quedase nombre y fama immortal porque, muerto el comendador mayor, siempre entendió en cosas notables del servicio de Dios y no se embaraçó jamás en otra cosa. Y fundó la Iglesia Colegial de Torrijos de muy singulares edefiçios y dotola muy bien, y la proveyó de muchos capellanes, con que fue bien servida. Y començó a hazer un grande hospital en esa villa para curar enfermos [fol. 397r] y con su muerte pudo acabarse. Y la renta que para él dexó situada, que es buena, mandó que se gastase en los pobres que, a la dicha villa de Torrejos [sic], se fuese a curar en otra casa grande y muy principal entretanto que el hospital se acava, que fue obra muy sancta e meritoria, porque quántos pobres en aquella comarca hay [que] no saben otro lugar más cierto para se remediar que allí, porque hallan muy buen cobro do que han menester, por estar muy bien proveído de médicos y medicinas, y de todo lo necessario y muy cumplidamente.
Fue esta señora debotíssima del Sancto Sacramento del cuerpo de Nuestro Señor Jesuchristo y assí en las fiestas que se selebran [sic] de cada año, día de Corpuz Christe [sic], siempre las hazía soleniçar en aquella su villa de Torrijos con mucha devoción y regocijo; y embió a Roma a haçer una capilla do huviese Cofradía de Santo Sacramento y suplicó al papa por una bula para los que quisiessen ser ahí cofrades pagando cierta summa de maravedís lo pudiessen ser, aunque biviesen en España. Y el papa lo concedió, otorgando a los cofrades muchos perdones e indulgencias [2] y facultades, en espicial [sic] que, comulgando tal cofadre [3] en qualquier día de la Quaresma, cumpliesen con la Iglesia como si el Jueves Sancto o el primer día de Pascua siguiente [fol. 397v] comulgase.
Proveyó a muchas iglesias do savía que no tenían cáliz de plata y que, a su falta, consagravan en cáliç de estaño, dándoles dinero para que se comprasen y para las otras cosas que eran necesarias [4] para el culto devino, do savía que faltavan, y esto con gran liberalidad, y assí dexó renta situada que a cierto tiempo fuese un capellán de la dicha iglesia con título de besitador, con ornamientos, cáliz y patenas y cruçes, visitando por muchas partes las iglesias y proveyendo de lo que les faltava por los lugares e iglesias pobres.
En su tiempo, se començaron en los pueblos las Cofradías del Santíssimo Sacramento en estos reinos con el palio que se lleva ensima [sic] d’él y la cera que se gasta quando sale fuera de la iglesia, la qual antes no se haçía assí, porque ella dio en muchas partes borcados [5] y sedas para se haçer y dinero para la çera que se encienda y gasta todo el tiempo que ella bivió, que fue más de XX años después que murió el comendador mayor, su marido. Y en esto y en otras obras sanctas y caritativas gastava quanta [6] renta ella tenía, que eran más de 20.000 ducados cada año.
No se supo jamás de persona biviente que fuesse a socorrerse della que fuese desconsolado, y su muerte [fol. 398r] hiço falta a muchos. Comúnmente se afirma que la dicha doña Teresa fue la primera que imbentó tocar por las calles a prima noche la campanilla para que resassen [sic] por las ánimas de purgatorio, y que dexó renta en muchas partes [7] para ello, porque algunos le afirmaron que el comendador mayor, su marido, andava su ánima penando y que le havían visto.
Murió finalmente goçando de todo el estado del marido sin que su hijo le goçasse todos estos veyente [sic] años, el qual era adelantado de Granada, y él, con la esperança de su herencia, no la osó enojar. Murió muy bieja, en edad decrépita, temblándole mucho la barva. Mandose enterrar en el dicho Monasterio de San Francisco con el comendador mayor, su marido.
Notas
[1] La palabra “esclava” aparece añadida a posteriori y, además, con otra tinta distinta más amarronada y no negra, como la del texto principal. Parece, además, escrita por una mano distinta. Este detalle ya fue notado por fray Damián Yáñez Neira en su artículo de 2003: “La sierva de Dios Teresa Enríquez y Alvarado. Honra y prez de la Nobleza Española”, Hidalguía, 298-299, pp. 411- 434.
[2] Se subsana la errata, pues en el manuscrito aparece escrito “induligencias”.
[3] Se respeta la escritura de “cofadre” según el original, pues se documenta su uso en la época.
[4] Se subsana la incongruencia de género, pues en el manuscrito indica “necesarios”, pero el antecedente es “cosas”, por tanto, debería emplearse en femenino.
[5] Brocados.
[6] De nuevo, se subsana una incongruencia de género, pues “renta” es femenino, por tanto, ha de ser “quanta” y no “quanto”.
[7] Se subsana la errata, “partis” por “partes”.
Vida manuscrita (2)
Ed. de Verónica Torres Martín y Rebeca Sanmartín Bastida; fecha de edición: noviembre de 2025.
Fuente
- Fernández de Oviedo y Valdés, Gonzalo, 1556. “Acrescentados”, Tercera parte de las tres quinquagenas, Biblioteca Nacional de España, sig. MSS/ 2219, fol. 85r.
Contexto material del manuscrito Tercera parte de las tres quinquagenas de Fernández de Oviedo y Valdés (MSS/2219).
Normas de edición
Se trata de una obra manuscrita, original y autógrafa, de 1556 y, por ello, los criterios de edición son conservadores. Se conserva el uso de qu por cu (qual, quarta) y deso, y se respetan las oscilaciones y variantes de las sibilantes, así como la oscilación entre v/b e y/i. No obstante, se elimina la duplicación de consonantes. Por último, se actualiza la puntuación, el empleo de las letras mayúsculas y la acentuación según la norma actual y, del mismo modo, se moderniza la unión o separación de palabras.
Vida de Teresa Enríquez
[fol. 85 r] [1] Quarta e aun única señora de las que me acuerdo e se han visto en nuestro tiempo e patria e aun en toda la cristiandad en sus limosnas e devoçiones, según la opinión de los que la vimos e conosçimos, fue la ylustre señora doña Teresa Enríquez, en quien yo no puedo con sufiçiençia expresar sus grandes partes. La qual fue hija natural del muy ylustrísimo señor almirante de Castilla, don Alonso Enríquez segundo, de quien se ha fecho desuso memoria, ijo que fue del segundo don Fadrique Enríquez, almirante, asimismo, de Castilla (cuchillo de los comuneros), muger del notable comendador mayor de León, don Gutierre de Cárdenas, contador mayor de Castilla. El qual e esta señora fueron padres del primero adelantado de Granada, don Diego de Cárdenas, primero duque de Maqueda.
Esta señora, después que enbiudó, se retruxo en su villa de Torrijos con diez o doce cuentos de renta e muchos vasallos e riquezas, que ella supo muy bien gastar e emplear en serviçio de Dios; e dexó parte de la fazienda, que demás deso tenía el comendador mayor, al dicho duque, su fijo, e como su intento fue servir a Dios acabó aquel sumptuoso edefiçio de San Francisco de Torrijos, que el comendador mayor avía con ella conçertado, donde ambos están sepultados. El qual edefiçio es otro segundo como San Juan de los Reyes de Toledo e fizo otros monesterios e ospitales en la dicha villa de Torrijos y en su villa de Maqueda. Sus limosnas fueron grandes e muy continuas e en tiempos que muchos ombres murieron de hambre sino fueran de su mano socorridos, e no solamente ser su tierra e con sus vasallos, pero redimió muchos cativos de tierra de moros e casó muchas guérfanas. Supo que en Roma al tiempo que el Santísimo Sacramento se llevava a los enfermos no era de la manera ni con aquella solegnidad e acompañamiento que en capilla se haze, e embió allá e suplicó al sumo pontífiçe por una bula de grandes indulgencias para los que acompañasen el Santísimo Sacramento e se le conçedió plenísima e de grandes facultades e começose a exercitar en aquella santa cibdad en una confadría que fundó en la Yglesia de Sant Llorente de Roma, donde reside el vicario de Cristo, e se continúa al presente, para donde esta señora embió ornamentos e doseles ricos e plata e dio admiraçión e devoçión a aquel sacro colegio e a toda Italia con esta santa confradía. E trúxosele la bula a España, donde se le davan más de ochenta mil ducados por ella, pero no los quiso resçebir, sino fizo imprimir muchos millares de bulas de la dicha cofadría [2] e repartirlos e diolos graçiosamente a las perrochias de las yglesias de la cibdad de Toledo e de otras cibdades e villas de España donde los vezinos las tomaron e davan cada un año en çierta suma de maravedís para la renta del acompañamiento del Santísimo Sacramento. Con la qual limosna sacó de nesçesidad las dichas cofadrías e se aumentó la devoçión e patria, como era razón e se haze oy en día en España. Grandes e quasi inmensas fueron sus limosnas e dichas santas obras desta ylustríssima señora. E ymitando como ymitó en el nombre e devoçión a la ylustrísima señora doña Teresa de Quiñones, su abuela, muger que fue del ylustrísimo almirante de Castilla don Fadrique, abuelo, asimismo, del Católico rey don Fernando, rey de [3] Granada e Nápoles e Navarra [palabra ilegible]. Edificó asimismo en la villa de Torrijos una sumptuosa yglesia colegial e dotola de muy buena renta e ornamentos, llamada Corpus Christi en reverençia del Santísimo Sacramento, donde ay copia de capellanes e ministros del altar muy bien dotados e proveýdos. E en esta e otras muchas santas obras bivió treinta años más después que enbiudó e acabó santamente e goza de la gloria eterna e así méritamente onra nuestro famoso e ilustre calendario.
Notas
[1] Al margen derecho: Doña Teresa Enrríquez, 28.
[2] Se respeta la escritura y oscilación del término “cofadría” y “confadría” según el original.
[3] Lectura incierta.
Vida impresa (1)
Ed. de Verónica Torres Martín; fecha de edición: noviembre de 2025.
Fuente
- Eiximenis, Francesc, 1542. “Libro tercero del carro de las donas”, Este devoto libro se llama carro de las donas. Trata de la vida y muerte del hombre christiano. Es intitulado a la christianíssima reyna de Portugal doña Catherina, nuestra señora. Tiene cinco libros de grandes y sanctas doctrinas. Valladolid: por industria de Juan de Villaquirán, fols. 28r col. b-31r col. b.
Contexto material del impreso Este devoto libro se llama carro de las donas. Trata de la vida y muerte del hombre christiano. Es intitulado a la christianíssima reyna de Portugal doña Catherina, nuestra señora. Tiene cinco libros de grandes y sanctas doctrinas de Francesc Eiximenis.
Normas de edición
El relato aparece en el Libro tercero del carro de las donas, de Francesc Eiximenis, impreso en 1542, en el que se trata del estado de las viudas. Concretamente, la vida de Teresa Enríquez aparece en los capítulos vigesimocuarto y vigesimoquinto, en los que se narra la vida de esta dama viuda y qué cosas obró el Señor con ella.
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), aunque se respeta la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico (“sancta”, “perfectión”, “dalle”, “nascido”, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas y, para facilitar la localización de los textos, se ha indicado el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b).
Vida de Teresa Enríquez
[fol. 28r col. b] Capítu. XXIIII en que se ponen algunas de las muchas cosas que Nuestro Señor obró con su sierva doña Teresa Enríquez, mujer del comendador mayor, don Gutierre de Cárdenas
[fol. 28v col. a] Dios Nuestro Señor, dende que crio el mundo y crio a nuestros primeros padres, Adán y Eva, siempre ha habido personas que han sido sus siervos y han cumplido sus mandamientos y su ley, así en la ley de natura, como en la ley de escriptura, como en la ley de gracia. Y, en estos tiempos y en estos reinos de Castilla, quiso Nuestro Señor poner su mano en la ilustre y muy generosa y muy devota señora doña Teresa Enríquez, porque las cosas que ella obró en esta vida, dándole Dios su gracia, es razón poner aquí: algunas cosas para loor de Dios y honra de esta señora y de su linaje, y para ejemplo de las devotas señoras que en estos tiempos son y serán en los advenideros. Esta señora, doña Teresa Enríquez, fue hija del muy ilustre señor almirante don Alonso y nieta de los muy ilustres señores almirante don Fadrique y de la sancta y devota señora doña Teresa de Quiñones. El cual nombre esta señora doña Teresa Enríquez heredó de su santa agüela e, asimismo, heredó las virtudes, porque a la verdad de esta devota señora se puede con verdad decir que, según el nombre que heredó de su santa agüela, no pueden ser dichos todos sus loores, porque el nombre de la devota señora doña Teresa de Quiñones no solamente puso admiración en los reinos de España, mas en todos los reinos de la cristiandad, como en el capítulo pasado se ha dicho. E, por abreviar, que cuanto puedo huyo de no ser prolijo, brevemente se dirá aquí alguna cosa de las que hizo esta señora en servicio de Nuestro Señor Dios. Quién podría contar que, siendo doncella y estando en la casa de su pa- [fol. 28v col. b] dre, el almirante don Alonso, las buenas cosas que ella hacía, su humildad, su oración, su obediencia a sus ayas y ayos… Esta señora, por su devoción, quisiera ser monja, porque muchas cartas escribió a la devota señora doña Blanca Enríquez, monja en Santa Clara de Palencia, la cual señora fue muchos años abadesa, la cual era su tía, hermana del señor almirante. E ordenó Nuestro Señor Dios que ella fuese casada, para que de ella quedase ejemplo a las señoras casadas e, después, a las viudas. Casada esta señora con el señor comendador mayor, era contador mayor e gran privado de los Reyes Católicos, y él entendía en muchos y arduos negocios. E las más de las veces posaba en el palacio real de sus altezas, de los Reyes Católicos, porque de este señor comendador mayor dependían los más de los negocios de estos reinos, y porque era muy privado y los negocios eran muchos que había de comunicar con sus altezas. Por esta causa, por la mayor parte este señor posaba en el palacio real, él y su mujer e la mayor parte de su casa.
Este señor, don Gutierre de Cárdenas, era muy buen cristiano e tenía muy buen natural de hombre, y era de muy buen ingenio, hablaba muy bien a los negociantes, era piadoso a los pobres, oía muy devotamente una misa, era muy devoto de la Virgen Nuestra Señora. Ensalzole Dios en muchas riquezas y en mucha prosperidad, y en mucho favor con los Reyes Católicos y con todos los grandes del reino. Hízole Dios muchas mercedes y, entre otras, fue una e la más señalada en dalle muy buena y santa mujer, la cual fue esta señora doña Teresa Enríquez, hija del señor almirante don Alonso, como dicho es. E cumpliose aquí lo que dice la santa escriptura, que se salvará el hombre por la buena mujer [1], porque [fol. 29r col. a] esta señora fue muy buena y santa.
E porque nuestra intención es decir lo que Dios Nuestro Señor obró por ella siendo doncella casada y viuda, brevemente pasamos por el estado de doncella y así será por el de casada, porque sea más largo en el estado de viuda, donde tan claros y tan resplandescientes servicios hizo a Dios Nuestro Señor. Esta devota señora, siendo casada, puesta en tanto triunfo, riquezas y favor, cuando algunas fiestas se había de vestir, no una vez, sino muchas, decía aquellas palabras con corazón humilde y devoto que la devota reina Ester [2] dijo: “Tú, Señor, sabes que nunca estos arreos y vestiduras me pluguieron”. Tenía muy honrada y devota compañía de mujeres, así dueñas como doncellas, eran muy guardadas y muy enseñadas, y en toda su casa, así en los hombres como en las mujeres, hacía poner mucha diligencia en la confesión y comunión y en toda disciplina de buenos cristianos. Casó muchos criados y criadas y ayudó para casamientos a muchas huérfanas. Era gran medianera e intercesora con su marido para que hiciese mercedes a sus criados y desempachase los negociantes, tanto que muchas veces el comendador mayor, su marido, decía a la Reina, nuestra señora, muerto de risa: “Señora, suplico a vuestra alteza que firme este negocio, que traigo quebrada la cabeza de los sermones que doña Teresa me ha hecho diciéndome que desempache los negocios e que haga limosnas que, en verdad, más me predica ella que los predicadores, vuestra alteza”. E como él lo decía con buena gracia, que era hombre agraciado, la Reina se reía y decía: “Todo es menester, comendador mayor”. E muchas veces, con todo este triunfo y riquezas y favor que esta señora tenía, no dejaba las cuaresmas y viernes de [fol. 29r col. b] visitar los pobres en los hospitales, yendo con ella algunas señoras principales, criadas de la reina nuestra señora. Y, por especial gracia, ellas lo suplicaban a la reina que las dejase ir con doña Teresa para visitar los hospitales llevando consigo conservas y dineros para hacer limosnas a los pobres.
E, siendo casada, hizo obras grandes de gran servicio de Nuestro Señor Dios y de grande cristiana. ¿Quién podría contar lo que en las guerras del Reino de Granada sirvió a Dios en los enfermos heridos, pobres y necesitados? Dios, que lo sabe, le ha dado el galardón. Esta señora, en todo el tiempo que fue casada, fue dechado de toca perfectión de las señoras casadas, así en el regimiento de su persona y conciencia como en el regimiento de su casa y obediencia a su marido. En estas tres cosas va la perfectión de la buena casada y ella, como tal, las tuvo perfecta y enteramente, acompañándola otras muchas virtudes que Dios Nuestro Señor tuvo por bien dalle.
Capítulo XXV de las cosas que Dios Nuestro Señor obró con esta señora siendo viuda, las cuales cosas son dignas de sancta memoria
Como es claro y verdadero que todo hombre y mujer es nascido para morir según el tiempo constituido y ordenado por Dios Nuestro Señor, el comendador mayor, marido de esta señora, cayó en una enfermedad muy larga y grande, de la cual murió. E como él era muy sabio y discreto y muy rico, trujo muchos médicos, así del ánima como del cuerpo, a su villa de Torrijos, en la cual estaba él mismo enfermo. E porque a- [fol. 29v col. a] quí contamos de las cosas del ánima, dejaremos los médicos corporales y diremos de los espirituales. El señor comendador, como era muy buen cristiano y amaba y temía a Dios, hizo traer allí consigo muchos religiosos, así de la Orden de Sancto Domingo como de la Orden de Sant Francisco, los cuales eran excelentes en vida y en letras. E porque Dios Nuestro Señor le hizo señalada gracia, entre otras, en le dar la dolencia larga, él comunicó las cosas de su conciencia con ellos [3], especialmente con uno que se llama Madaleno, de la Orden de Sancto Domingo, varón esclarecido en vida y letras.
En esta dolencia le fueron a ver los Reyes Católicos y, porque él había venido a su servicio un pobre hidalgo, de nuevo le hicieron merced de toda su hacienda, y la Reina nuestra señora se encargó de ser su testamentaria y de entender en las cosas de su ánima, como le había hecho mercedes en esta vida. E así fue que, muerto el comendador mayor como buen cristiano, tomando sus sacramentos y ordenando su conciencia, dando el ánima a Dios, la Reina nuestra señora puso letrados mandándoles dar su salario, los cuales estuvieron allí en Torrijos con la señora doña Teresa para cumplir todos los descargos del señor comendador mayor. Y, de la manera que estos letrados lo ordenaban, la señora doña Teresa lo pagaba de muy buena voluntad.
A esta devota señora paresce claro que Dios Nuestro Señor la quiso honrar en este mundo y más en el otro, que era hija del señor almirante don Alonso (como dicho es), de tan alto y claro linaje, porque los señores almirantes vinieron de la sangre real de los reyes de Castilla. Diole Dios seis hermanos, los cuales fueron grandes señores: al señor almirante don Fadrique, al cual Dios hizo señaladas mercedes, como se dirá cuan- [fol. 29v col. b] do se hablare de la señora condesa de Módica, su santa mujer; e, asimismo, al señor conde de Melgar, el cual murió harto mozo; al señor don Hernando Enríquez, conde de Ribadavia, varón esclarecido y gran limosnero; al señor don Hernando Enríquez, el cual es agora almirante; al señor don Enrique, obispo de Osma, varón limosnero y padre de los pobres; al padre fray Diego Enríquez de la Orden de Sant Francisco, religioso muy devoto, y muy pobre y humilde, el cual fue guardián en la sancta casa de Valdescopezo muchos años, haciendo muchos servicios a Dios Nuestro Señor. Fueron cuatro hermanas: la señora marquesa de Villena; la señora condesa de Benalcázar [4]. E a esta señora doña Teresa diole Dios dos hijos y una hija: el uno el señor duque de Maqueda, que agora es; y el otro se llama don Alonso Enríquez de Cárdenas, el cual murió de la caída de un caballo cuando casó el príncipe don Juan, nuestro señor. Toda la corte lo sintió mucho porque era muy honrado caballero. Tuvo esta señora una hija, la cual es la señora condesa de Miranda, que agora vive. Dotola Dios a esta devota señora de linaje tan sublimado como es dicho. Dotola de muchas riquezas y mucha honra y de mucha sanctidad y temor de Dios. Quedó esta Señora con diez cuentos de renta o más, con mucho dinero, con muchas joyas de plata y tapicería [5]. Quedole cargo de cumplir el ánima del señor comendador mayor, su marido, lo cual esta señora hizo muy bien, porque le quedó lo susodicho y muchas villas y lugares y fortalezas. E como ella era tan cristianísima, despendiolo todo en servicio de Dios, como agora oirán los católicos cristianos.
E testigo me es Nuestro Señor, que yo no hice más pesquisa de la que es pública y cognocida [sic] en toda nuestra España y aun de muchas cosas que Dios Nuestro Señor [fol. 30r col. a] hizo por manos de esta señora, su sierva, se dejarán de decir, así porque a la sazón que esto se escribió yo estaba enfermo, como por no tener yo tan bastante memoria como yo quisiera para poner las cosas de esta sierva de Dios; mas baste ser mi intención buena.
Esta devota señora, cuando se vio viuda y suelta de la carga del santo matrimonio, aunque a la verdad ella sintió mucho la muerte del señor comendador mayor, su marido, y de su hijo don Alonso, mas, como era gran cristiana, templolo con la fee y amor que ella tenía a Nuestro Señor Dios. Y, viéndose viuda, quién podría decir y escrebir las perfectiones que como a verdadera viuda la acompañaron hasta la sepultura: su vestir era un paño como un hábito negro y un manto y unas tocas blancas gruesas. Estuvo en hábito de perfecta viuda en su villa de Torrijos cerca de treinta años; y el segundo casamiento que hizo fue casarse perfectamente con Jesucristo Nuestro Redemptor, y tomole por verdadero padre y marido; y a la bienaventurada Virgen Nuestra Señora por especial señora y abogada. Tomó por acompañados y abogados muchos sanctos y sanctas y al ángel que la guardaba. Armose con las armas de la fee cristiana creyendo que los prometimientos que Cristo Nuestro Redemptor nos prometió en el sancto Evangelio los hallaría en el Cielo. Empezó a poner las manos y corazón con verdadera fee y amor de Dios en muchas buenas y verdaderas obras de cristianísima, y son tantas que mi ingenio se embarazaba por dónde había de comenzar a contallas. E como a la verdad a esta señora se podrían aplicar muchas auctoridades de la sagrada escriptura, déjanse de decir, porque ella hizo tantas obras que harta parte de ellas se quedará sin poner por escusar prolijidad, e porque yo no hice más inquisición de la que es pública a todos. Bien sé que quien esto leyere podrá decir que yo pudie- [fol. 30r col. b] ra poner otras cosas muchas, empero las que aquí se pusieren bastarán para imitación y ejemplo de las señoras viudas que agora son y serán en los tiempos venideros porque esta devota señora hizo muchos edificios, diremos agora de los que edificó en piedras vivas.
En aquel tiempo, en estos reinos de España, por nuestros pecados vinieron unos años de mucha hambre, y esta señora, como tenía amor a Dios y a los prójimos y estaba llena de caridad cristiana, empezó a repartir largamente con los pobres y porque, aunque esta señora era muy rica, <y> no le faltaba ánimo y amor de Dios y de los prójimos para repartir las limosnas, como de hecho lo hizo hasta la muerte. A su fama de sus limosnas y de su gran caridad que tenía con los pobres, vinieron tantos del Andalucía, de Extremadura, y de las Asturias de las montañas, y Castilla la Vieja, y del reino de Toledo y de otras muchas partes, así que cargó muchedumbre de gente, así viejos y viejas como mancebos y mujeres, niños y niñas, con diversas enfermedades, desnudos y con mucha hambre. E como la sierva de Dios no cesaba de repartir largamente sus limosnas, vieras allí consejeros del Diablo, unos le decían: “Señora, no bastará la renta del reino para tan gran gasto, especialmente que cada día, de nuevo, vienen muchedumbre de pobres. Váyase vuestra señoría de aquí y, sabiendo que no está en esta tierra, no vernán los pobres”. E, no curando de esto esta sierva de Dios, puso toda su esperanza en Nuestro Señor Dios y, hecha oración con lágrimas rogando a Dios que le diese manera cómo ella pudiese acorrer a los pobres nescesitados, casi toda la noche no durmió pensando en el remedio de los pobres. E, a la mañana después que ovo oído misa, envió por el guardián de Sant Francisco y por su confesor, varones de letras y de mu- [fol. 30v col. a] cha religión e díjoles: “Padres, yo he enviado por vosotros para tomar un consejo, y es que yo tengo ciertas dehesas, la una está camino de la Puebla de Montalbán, y la otra delante de vuestro monasterio, e otras en otras partes; pues que en ellas se mantienen las bestias paréceme que sería mejor que se manteniesen las gentes”. El guardián y su confesor respondieron: “Señora, por cierto que esa es inspiración de Dios e así lo debe de hacer vuestra señoría”. La sierva de Dios mandó llamar ciertos criados suyos y mandó que apregonen [6] por Torrijos e por Maqueda [7], y por todos aquellos lugares comarcanos, que todos los labradores que quisiesen venir a romper [8] aquellas dehesas, que ella les daría trigo que sembrasen. E así hecho, vinieron muchedumbre de labradores y hechas sus suertes e dándoles la [9] devota señora trigo a todos, e aun a algunos ayudó con muchas limosnas para que mercasen bueyes. Hecho el concierto de cierta renta que había de dar a esta devota señora, púsose la mano en esta obra de Dios e, como era obra divina, hízose presto e con mucha diligencia. Salía de su palacio esta sierva de Dios a ver cómo sembraban las dehesas, fue la mano de Dios allí puesta porque, por estar las tierras holgadas, que se cogió muchedumbre de pan e los labradores fueron bien librados e la devota señora fue bien pagada de sus rentas. E así esta señora cristianísima, así de esta renta de estas dehesas como de otras muchas rentas que ella tenía, encerró muchedumbre de pan, e los alholíes en que puso este pan edificó en el Cielo.
E, como es dicho, venida muchedumbre de pobres a la villa de Torrijos a la fama de las limosnas grandes que esta cristianísima señora hacía, mandó y ordenó esta devota señora que, a la mañana, a las diez horas, se juntasen infinitos pobres en el patio de su palacio: los viejos ponía a una parte y a las viejas a la otra parte; e los hom- [fol. 30v col. b] bres de mediana edad a otra parte, e las mujeres por su parte; y los niños aparte e las niñas a su parte. Traían ciertas cargas de pan cocido y descendía esta devota señora ella misma al patio e, alzando el corazón e los ojos a Dios, santiguábalos y ella, por sus propias manos, repartía el pan a los niños y niñas, y sus criados e criadas repartían a los otros pobres. Esto duró todos los años del hambre, e con esta costumbre quedó todos los días de su vida hasta que Nuestro Señor Dios la llamó para darle la vida eterna. Los pobres enfermos eran curados con mucha diligencia proveyendo ella de medicinas e físicos e camas limpias en los hospitales. Tenía en su casa muchos niños chiquitos y medianos, los cuales luego de mañana cantaban una misa de la Virgen Nuestra Señora y, luego, todos juntos, los traía su maestro al palacio de esta cristianísima señora. Dábanles de almorzar e de allí unos iban a deprender gramática e otros a leer y escrebir. Eran muy bien doctrinados en la doctrina cristiana, a todos les daba de comer y vestir e tenían un maestro que se llamaba Contreras, clérigo varón de muchas letras e sanctidad. En su palacio siempre había religiosos cartujos, benitos, augustinos, dominicos, franciscos, hierónimos, para pedir limosnas. A todos daba e repartía ornamentos corporales e otras largas limosnas. Sacó muchos captivos encargándolos a los frailes de la Merced e de la Trinidad. Hizo mucho mujeres públicas convertirse en muchas tierras e las casó e reparó [10]; casó muchas huérfanas.
El comendador mayor y esta señora edificaron un Monasterio de la Orden de San Francisco, de observancia, a reverencia de la Virgen Nuestra Señora, el cual se llama Santa María de Jesús, en el cual estos señores están enterrados. E porque cuando murió el señor comendador este monaste- [fol. 31r col. a] rio no estaba acabado, esta devota señora lo acabó en toda perfectión, proveyendo las enfermerías y todo lo necesario. Edificó esta señora en la misma villa de Torrijos un hospital de edificio maravilloso y dotole de muy buena renta y muy buenas camas, y dícese que ella misma con sus manos hacía los colchones. Edificó un monasterio de monjas de la concepción de muy solemne edificio y muy bien dotado en la villa de Torrijos. Edificó otro monasterio de mujeres en la villa de Maqueda y otro en la ciudad de Almería, dotolos muy bien. Rescibió en todos tres monasterios muchas monjas sin dote, hijasdalgo pobres. Edificó en la ciudad de Almería un monasterio de la Orden de la Trinidad. Edificó en la villa de Torrijos una iglesia colegial de maravilloso edificio, de bóveda, dotola de renta y cálices, cruces, ornamentos; llamose Corpus Christi, porque esta señora cristianísima era muy gran devota del Sanctísimo Sacramento. E porque le hicieron relación que, en Roma, cuando llevaban el Sacramento a los enfermos, no le llevaban con aquella reverencia que era razón, hizo edificar una capilla muy sumptuosa en una perroquia en lo más público de Roma, que se llama Sant Llorente Dámaso, la cual dotó de muchos ornamentos, muchos cálices y custodias, así para estar el sacramento en el altar como para cuando le llevasen a los enfermos. Hizo constituir una cofradía para que fuesen con un paño de brocado y ciertas hachas cuando llevasen el sacramento a los enfermos y, para esto, dotó la capilla de muy buena renta y procuró de nuestro muy sancto padre una bulla del sacramento para toda nuestra España. Lo cual ha placido a Dios que, en cada perroquia de la ma- [fol. 31r col. b] yor parte de España, hay una Cofradía del Sacramento y ha sido y es muy bien ordenado, e así, de parte de Dios, ruego a los señores curas que siempre lo amonesten las fiestas en las iglesias y esta cofradía vaya adelante. Procuró otra bulla para quien rezase cada noche cierta oración por las ánimas de purgatorio que ganase perdones por ello.
De manera que fueron tantas sus buenas obras que en mucho papel no acabarían de escrebirse. Duráronle estos sanctos ejercicios treinta años y más que, como san Ambrosio dice, perdió la muerte y halló la vida. Murió como muy gran cristiana, tomando todos sus sacramentos. Enterrose en el hábito del bienaventurado sant Francisco, en el Monasterio de Sancta María de Jesús con su marido, el comendador mayor. E con tener tanta renta y tantos tesoros como le dejó el comendador, su marido, hallaron que, cuando murió, no tenía más de cincuenta reales y una cama pobre, y aquello que le quedó de tapicería y otras cosas mandolas a aquella Iglesia del Sacramento. Parésceme que esta señora cristianísima tomó ejemplo del bienaventurado sant Llorente que, como le confió el papa sant Sixto los tesoros de la Iglesia, él los repartió a los pobres. E cuando el emperador Decio [11] demandó a sant Llorente los tesoros respondió que los pobres los tenían. Así, esta devota señora confiole el comendador mayor, su marido, los tesoros y a ella se los demandaba Decio, que es este miserable mundo, y ella respondió que los pobres los tenían. E así se cree piadosamente que los halló en el Cielo.
Notas
[1] Quizá pueda hacer referencia a 1 Corintios, 7: 14 “Porque el marido incrédulo es santificado en la mujer, y la mujer incrédula en el marido; pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son santos”. Véase Reina Varela, 1960.
[2] En referencia a la bíblica Ester, reina de Persia y de Media, que rescató a su pueblo de una masacre. Aunque resulta interesante comentar que, en otro de los relatos sobre esta santa dama realizada por Juan Pérez de Moya en 1583, no se menciona a Ester, sino a Judith.
[3] Se subsana la incoherencia en el género, “ellos” en lugar de “ellas”.
[4] El texto no menciona a las otras dos hermanas.
[5] Para más información en torno a la figura de Teresa Enríquez de Alvarado y las obras que realiza en la Catedral Primada de España y en la villa de Torrijos en torno al culto mariano y la Eucaristía véase Carmen Poblete Trichilet (2023). “Discursos visuales, retóricas del poder y símbolos de devoción en torno a la agencia artística de Teresa Enríquez de Alvarado en Toledo y Torrijos”, Rivista dell’Istituto di Storia dell’Europa Mediterranea, 12/I, pp. 171-205. <https://doi.org/10.7410/1610>
[6] Pregonar una cosa para que venga a noticia de todos, Véase: REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Diccionario histórico de la lengua española (1933-1936) <https://www.rae.es/tdhle/apregonar>
[7] Se subsana la errata “quemada”.
[8] En el sentido de roturar: arar o labrar una tierra para ponerla en cultivo.
[9] Se subsana la errata “le”.
[10] Hizo que muchas mujeres públicas, de distintas tierras, se convirtieran, casaran y repararan.
[11] En referencia al emperador Cayo Mesio Quinto Trajano Decio, emperador romano que gobernó entre 249 y 251.
Vida impresa (2)
Ed. de Verónica Torres Martín; fecha de edición: noviembre de 2025.
Fuente
- Pérez de Moya, Juan, 1583. “Libro primero, trata de muchas sanctas vírgines mártires, y continentes, y de otras que guardaron grandíssima castidad, y de otras que se illustraron con estrañas penitencias”, Varia historia de sanctas e illustres mugeres en todo género de virtudes. Madrid: Francisco Sánchez, fols. 103v, 131r-133v.
Normas de edición
El relato aparece en el libro primero de Varia historia de sanctas e illustres mugeres en todo género de virtudes, impreso en 1583. Concretamente, el relato sobre Teresa Enríquez forma parte del segundo capítulo, en el que se mencionan varias mujeres santas e ilustres que fueron casadas.
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), aunque se respeta la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico (“confradía” y “confadría”, “agüela”, etc.). Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas.
Vida de Teresa Enríquez
[fol. 103 v] Capítulo segundo en que se ponen vidas de sanctas, y de otras illustres mugeres que fueron casadas […]
[fol. 131r] Doña Teresa Enríquez, mujer del comendador mayor, don Gutierre de Cárdenas. Artículo XCIIII
Doña Teresa Enríquez fue hija de don Alonso, almirante de Castilla, y de doña Teresa de Quiñones [1], de quien tratamos en el capítulo precedente, y así como heredó el nombre de su bienaventurada agüela, así también heredó las virtudes. Cuando doncella, estando en casa de su padre el almirante, era muy recogida y obediente y muy dada a oración y, aunque quisiera ser monja, sus padres la casaron con don Gutierre de Cárdenas, comendador mayor, y contador mayor y gran privado de los Reyes Católicos, que entendía en muchos y arduos negocios del reino.
Después de ca- [fol. 131v] sada, aunque puesta en gran triunfo y riquezas y favor, cuando se vestía ricamente por conformar con el apetito del marido y estado, decía a Dios como otra Judith: “Tú, Señor, sabes que nunca estos arreos y vestidos me pluguieron”. Tenía gran diligencia en que sus criadas viviesen virtuosamente y en gran recogimiento, y que muy a menudo confesasen y comulgasen. Hacía grandes limosnas, casó muchos criados y criadas y muchas huérfanas. Era gran medianera para que su marido despachase con brevedad los negociantes, tanto que muchas veces el comendador, su marido, decía a la Reina nuestra señora, muerto de risa y con gran donaire: “Señora, suplico a Vuestra Alteza que me firme este negocio, que traigo quebrada la cabeza de las persuasiones que doña Teresa me ha hecho diciéndome que despache los negocios y que haga limosnas, que en verdad más me predica ella que los predicadores de Vuestra Alteza”. Holgaba la Rei[na] de oírlo y decíale: “Todo es menester, comendador”. Visitaba con toda autoridad los viernes y la Cuaresma los hospitales, acompañándola muchas señoras principales, damas de la reina nuestra señora, llevando consigo con- [fol. 132r] servas y dineros para hacer limosnas a los pobres. En la guerra de Granada, quién podrá decir lo que allí sirvió a Dios en curar los heridos y proveer necesidades de pobres. Ejercitándose en obras pías y en el gobierno de su casa, fue Dios servido darle al comendador mayor, su marido, una enfermedad larga que al fin murió. Tuvo de este matrimonio dos hijos, que el uno fue duque de Maqueda, y el otro se nombró don Alonso de Cárdenas, que murió de una caída de caballo; y una hija, que fue condesa de Miranda.
Cuando se vio viuda y libre del matrimonio, aunque sintió mucho la muerte del comendador, su marido, como era gran cristiana, templolo con el amor de Dios y comenzó a hacer nueva vida para ejemplo de las viudas: hizo un hábito y manto de paño negro común y unas tocas blancas gruesas, y estuvo en este hábito de viudez en la villa de Torrijos treinta años, armada con las armas de nuestra fe cristiana. Sucedieron por nuestros pecados años trabajosos de hambre y, como esta señora estaba llena de caridad y tenía diez cuentos de renta que el marido le había dejado, comenzó a repartir abundosa- [fol. 132v] mente con los pobres y, a fama de sus limosnas, acudieron muchos pobres del Andalucía y de otras partes. Y como la sierva de Dios no cesase de repartir con todos lo que tenía, aconsejábanle algunos ministros del Demonio que se ausentase, porque no bastaría la renta del rey y que, sabiendo que no estaba allí, no acudirían pobres. Ella, no dando oídos a ello, encomendaba a Dios le diese orden cómo proveer a tanta necesidad. Envió a llamar unos frailes de Sant Francisco, hombres de letras, díjoles: “Padres, yo os he enviado a llamar para tomar un consejo, y es que yo tengo ciertas dehesas y pues en ellas se mantienen las bestias, paréceme que sería mejor que se mantuviesen las gentes”. Los frailes le respondieron: “Señora, esa es inspiración de Dios y así lo debe hacer vuestra señoría”. La sierva de Dios mandó a sus criados hiciesen pregonar por los lugares de aquella comarca que los labradores que quisiesen romper [2] en las dehesas que acudiesen a ella y les daría trigo y bueyes, a los que no los tuviesen, para sembrar. Púsose por obra y, por ser tierras nuevas, acudían con mucho fruto y con la renta de esto, y de lo que más tenía proveyó los alho- [fol. 133r] ríes de los pobres que, sin cuenta, acudían a su casa. Y esto duró todos los años de la hambre. Daba ella misma por sus manos el pan a las niñas y niños, y los criados daban a las otras suertes de pobres. Y, con esta costumbre, quedó hasta que Dios la llevó a la vida eterna. Los pobres eran curados con gran diligencia, proveyéndoles de médicos y medicinas y camas. Rescató muchos captivos, dando limosnas para ello a los frailes de la Merced y de la Trinidad. Convirtió muchas mujeres públicas a buen vivir de muchas tierras, casándolas y reparándolas. Edificó en Torrijos un monesterio de la Orden de Sant Francisco, de la observancia, en reverencia de Nuestra Señora, que se llama Sancta María de Jesús; y un hospital de edificio maravilloso, y dotole de muchas camas y buena renta; y un monesterio de monjas de la Concepción, y otro de mujeres en la villa de Maqueda, y otro en Almería, y dotolos muy bien. Recibió en ellos muchas monjas pobres hijasdalgo sin dote. Edificó en Torrijos una Iglesia Colegial, de maravilloso edificio, dotola de renta, y cálices, y cruces y ornamentos.
Y, como era devotísima del Sanctísimo Sacra- [fol. 133v] mento, y tuvo noticia que, en Roma, cuando llevaban el Sacramento a los enfermos, no lo llevaban con la reverencia que era razón, hizo hacer una capilla sumptuosa en una perroquia en lo más público de Roma, la cual dotó de muchos ornamentos y cálices, custodias, así para estar el Sacramento en el altar como para cuando lo llevasen a los enfermos. Fue instruidora de la Confradía del Sanctísimo Sacramento, y procuró del sancto padre una bulla del Sacramento para los que rezasen cada noche ciertas oraciones por las ánimas de purgatorio que ganen perdones por ello. Fueron tantas sus buenas obras que en un gran libro no acabarían de escribirse. Y, con tener tanta renta, le hallaron que el día de su tránsito no tenía sino una pobre cama y cincuenta reales. Lo cual y la tapicería mandó dar a la iglesia y Confadría [3] del Sacramento. Autores son de esto fray Domingo de Baltanás, en el de mujeres Ilustres, y el Carro de Donas, lib. 3, cap. 24 y 25.
Notas
[1] Teresa de Quiñones no es su madre, sino su abuela, como se menciona a continuación en el propio texto. Su madre, según documenta Alonso López de Haro, fue doña María de Alvarado y Villagrán.
[2] En el sentido de roturar: arar o labrar una tierra para ponerla en cultivo.
[3] Se respeta la escritura de “Confadría” según el original, ya que se documenta su uso en la época.
Vida impresa (3)
Ed. de María González-Díaz; fecha de edición: febrero de 2021.
Fuente
- Salazar, Pedro de, 1612. Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco. Madrid: Imprenta Real, 483 y 485-486.
Contexto material del impreso Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco.
Criterios de edición
El relato aparece en el libro octavo de la Crónica y Historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla, impreso en 1612, donde se narra la fundación de la Orden de la Concepción y los conventos que de ella se fundaron en Castilla. Concretamente, la vida de Teresa Enríquez aparece en los capítulos décimo y undécimo, en los cuales se explica la fundación del convento de la Concepción Torrijos y del convento de la Concepción de Maqueda.
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), aunque se respeta la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico (“ansí”). Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, y la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas, primordialmente la expansión de las nasales con la virgulilla encima de la vocal y la abreviación de “que” o “qual”, también con el uso de la virgulilla o la diéresis. Para terminar, cabe decir que se han respetado los párrafos que aparecen en el impreso.
Vida de Teresa Enríquez
Capítulo X
[483] Del convento de la Concepción de Torrijos
El primer monasterio que, imitando la vida y recogimiento y santidad de las monjas de la Concepción de Toledo, se fundó en Castilla y en esta religiosa provincia fue la Concepción de Torrijos. Es la vocación la Concepción. Hay en este convento cuarenta monjas. Fundó este monasterio la señora doña Teresa Enríquez, señora de Torrijos y Maqueda, año de mil y quinientos y siete. Trujo bulas del papa Julio Segundo para poderle fundar. Recibiola, a la obediencia y protección perpetua de la Orden, el padre fray Martín de Vergara, vicario provincial de esta provincia de Castilla.
Estuvieron primero estas religiosas en el hospital de la Trinidad adonde, con licencia del pontífice Julio Segundo, había la señora doña Teresa Enríquez edificado un monasterio en una ermita de Santa Catalina, que también se llamó y fue de la Concepción. Y aquí en Santa Catalina estuvieron estas señoras con hábito y regla de la Concepción dos años y algo más. Y visto que no tenían allí agua para el servicio del convento y otras dificultades que en Santa Catalina había, acordó la señora doña Teresa de trasladar las monjas a este convento donde ahora están. Y para esto trujo bula y licencia apostólica, y en este breve hace relación el pontífice que cuando eran beatas estaban sujetas al ordinario y diocesano, que es el arzobispo de Toledo. Y mudando el hábito, se mudó el gobierno y regimiento, ansí como lo mandó el sumo pontífice en sus bulas, las cuales dio muy favorables para este fin. Y concede licencia a la señora doña Teresa para poder entrar en este convento con una dueña y doncella suya a comer y a dormir, y para poder traer el escapulario y imagen de la santísima Concepción, y que consiguiese las gracias y indulgencias que consiguen y están concedidas a las monjas de la Concepción. […]
Capítulo XI
[…] [485] Del convento de la Concepción de Maqueda
[486] Hay en Maqueda un monasterio de nuestra Orden, es de la Concepción y llámase la Concepción de la Madre de Dios. Tiene cuarenta monjas. Fundó este monasterio la señora doña Teresa Enríquez, señora de Torrijos y Maqueda, mujer de don Gutierre de Cárdenas, comendador mayor de León. Fundole año de mil y quinientos y siete con bulas y licencia del papa Julio Segundo, las cuales les trujo la señora doña Teresa. Y en las bulas alcanzó licencia para que en una de las parroquias de esta villa, que se llamaba San Pedro, se edificase un monasterio de la santísima Concepción de Nuestra Señora. Y ansí se hizo, que el cura dio de buena gana y voluntad la iglesia de San Pedro, y él, y su beneficiado, y campanas y pila se pasaron a la parroquia más cercana de esta villa a San Pedro. Y esta fue Santa María, y allí se fue el cura, y se pasaron las rentas y aprovechamientos todos cuantos tenía la parroquia de San Pedro. Y ansí se fundó el monasterio de la Concepción de Maqueda, y fue el tercero que se fundó en España. Era cura de la parroquia de San Pedro Luis Alfonso, el cual, por la devoción grande que a Nuestra Señora de la Concepción tenía, dio y concedió el derecho que tenía a esta iglesia para que en ella se fundase esta santa y religiosa casa. Recibiola, a la obediencia y protección perpetua de la Orden, el padre fray Martín de Vergara, que era vicario provincial de la provincia de Castilla. Alcanzose el breve para fundar esta casa con mucha dificultad, mas, cuando se dio, fue favorable porque el pontífice dice en él muchas cosas en favor y loor de la religión santísima de la Concepción. Vinieron a fundar este convento monjas de la Concepción de Toledo; y fue la primera abadesa una monja de santa vida, hija del marqués de Aguilar, que se llamaba doña Ana Enríquez.
En las bulas que el papa Julio Segundo dio a la señora doña Teresa Enríquez, le concedió licencia para que con cinco criadas suyas pueda traer el escapulario y imagen de la Concepción, y que trayéndola ganen todas las indulgencias y gracias que ganan las mismas monjas de la Concepción. Era Arzobispo de Toledo cuando se tomó la parroquia de San Pedro para nuestra Iglesia el ilustrísimo y reverendísimo señor don fray Francisco Jiménez, y a él se presentó la bula del señor papa, y él la remitió a su arcediano de Toledo, y ansí se efectuó. […]
Vida impresa (4)
Ed. de Verónica Torres Martín; fecha de edición: noviembre de 2025.
Fuente
- López de Haro, Alonso, 1622. “Libro nono”, Segunda parte del nobiliario genealógico de los reyes y títulos de España. Madrid: Viuda de Fernando Correa de Montenegro, pp. 295-297.
Normas de edición
El relato aparece en el capítulo XXVIII del “Libro nono” de la Segunda parte del nobiliario genealógico de los reyes y títulos de España de Alonso López de Haro, impreso en 1622, que trata del ducado de Maqueda dado por los Reyes Católicos a don Diego de Cárdenas y, asimismo, de su mujer, doña Teresa Enríquez.
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), aunque se respeta la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico (“cofadre” y “cofadría”.). Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas.
Vida de Teresa Enríquez
[295] Cap. XXVIII Del título y ducado de Maqueda que dieron los Reyes Católicos, don Fernando Quinto y doña Isabel, a don Diego de Cárdenas, su adelantado mayor en el Reino de Granada. Donde se escribe la decendencia de esta casa y escudo de sus armas, que son dos lobos cárdenos en campo de oro, con orla roja y, en ella, ocho veneras con ocho eses de oro, como aquí van estampadas
[…]
[296] Casó con doña Teresa Enríquez, hija del almirante don Alonso Enríquez y de doña María de Alvarado y Villagrán, de quien tuvo hijos, como adelante diremos. Fue esta señora, por las excelencias de [297] sus raras virtudes, llamada comúnmente doña Teresa Enríquez la santa, digna y merecedora de su casa, porque siendo viuda del comendador mayor, su marido, siempre se ocupó en servir a Dios y en hacer obras pías: fundó la Iglesia Colegial de Torrijos, de muy grandes edificios para aquel siglo, y la dotó de muy buena renta, proveyéndola de clérigos de buena vida y costumbres; comenzó a hacer un grande hospital en la dicha villa para curar los enfermos que, con su muerte, no se pudo acabar; y la renta que para él dejó situada mandó que se gastase en los pobres que a la villa de Torrijos y su tierra acudiesen, y fuesen curados en otra casa entretanto que el hospital se acabase, obra santa y de gran utilidad para el socorro de los pobres.
Fue esta señora devotísima del Santísimo Sacramento, como lo mostró en las fiestas que se celebraban cada año, día del Corpus, que la hacía con gran solenidad y devoción en esta villa, enviando a Roma hacer una capilla donde hubiese cofadría [1] del Santísimo Sacramento, suplicando al pontífice concediese bulas para los que quisiesen ser cofadres en ella, pagando cierta suma de maravedís, lo pudiesen ser, aunque viviesen en España, lo cual le concedió el pontífice, otorgando a los cofadres muchas indulgencias y perdones. Y que los cofadres de esta cofadría, comulgando en cualquier día de la Cuaresma, cumpliesen con la Iglesia como cualquiera día de la Semana Santa o primero día de Pascua de Resurrección.
Proveía a muchas iglesias de lo necesario para el culto divino: dando cáliz, patenas de plata y otros ornamentos, dejando renta para ellos. En tiempo de esta santa señora tuvo principio en la república cristiana de estos reinos la Cofadría del Santísimo Sacramento, y el llevar el palio y la cera y acompañamiento cuando salía fuera de la iglesia, como hoy lo vemos, que hasta aquel tiempo no se acostumbraba, por cuya causa dio en muchas partes brocado y seda para hacellos, y dineros para que se comprase la cera que se gastaba en tales ocasiones. Y en estas santas obras se ocupó por espacio de veinte años después de la muerte del comendador mayor, su marido, llenas de mucha caridad, gastando las rentas que tenía, que pasaban de veinte mil ducados cada un año. Escríbese de esta señora que era tan grande su caridad que jamás se halló que ninguna persona fuese desconsolada de sus manos, cuya muerte hizo muy gran falta y sentimiento en estos reinos, por ser verdadera madre de los pobres. Fue la primera que hizo tañer por las calles al anochecer la campanilla para que rezasen por las ánimas de purgatorio, dejando en muchas partes renta para ello. Murió llena de días, acompañada de santidad, mandándose enterrar en el Monasterio de Sant Francisco con el comendador mayor, su marido, dejando por sus hijos, como hemos dichos, a don Diego de Cárdenas, que sucedió en la casa [2].
Notas
[1] Se respeta la escritura de “cofadría” y “cofadre” según el original, ya que se documenta su empleo en la época.
[2] Al margen derecho: Crónica del emperador don Carlos, li. 16.