Diferencia entre revisiones de «Juana de la Cruz»
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Y como ella hera tan amiga de la oraçión, y del silençio y recogimiento, buscava tiempos en que ella pudiese, sin estorvo, estar en prolongada oraçión. Y para esto pareçíale que el silençio y reposo de la noche hera tiempo muy convenible. Y quando hera la gente de la casa de su tía recogida y que todos dormían, quedávase ella [fol. 8r] rezando en la cámara donde durmía. Y de que veýa muerta la candela, en el tiempo de las noches frías y largas del himbierno, para hazer mayor penitençia −junto con la ferviente oraçión− desnudávase en carnes delante de unas ymágenes, quedándosele el siliçio muy áspero, que contino traýa. Y assí estava de ynojos en oraçión hasta que veýa que la gente, e unas o dos o tres criadas de casa con quien ella dormía, era ora que se levantasen. Entonçes, por no ser sentida, ýbase acostar. Y como ella hiçiese esto muchas vezes, aconteçió, quiriéndolo Dios porque fuese conoçida, sus compañeras lo sintieron y vieron cómo se yba acostar quando quería amaneçer; y sentían cómo yba muy fría, que solo el fríor de sus carnes las depertava. Y reprehendida muchas vezes dellas, porque no se acostava quando ellas se acostavan, que qué hazía, adónde estava o venía a tales horas, la bienaventurada les respondía con mucha prudençia que alguna neçessidad tenía de venir donde venía. Y como ella no çesase de proseguir en su buena obra y perfeta oraçión, acordó una de aquellas sus compañeras de dezillo a su señora, cómo su sobrina venía tan tarde a la cama, y muy fría, y que ellas no la havían sentido levantar ni visto antes acostar; la qual se angustió mucho quando esto le dixeron. Y mandó a aquella su criada que, con cuydado y en secreto, viese dónde se yba su sobrina aquellas oras, e qué haçía. Luego, la noche siguiente, la moza, viendo que no estava en la cama la bienaventurada, acordó de ponerse a la puerta de la cámara donde dormían con yntençión de çerrarla, pensando la bienaventurada havía salido fuera. Y con este pensamiento llegó a la puerta, y hallola çerrada, y maravillose mucho. Y como estavan ascuras no la veýa, que estava en oraçión delante de las ymágines, y púsose junto a la puerta por verla quando fuese a salir. Y estando allí por algún rato, oyola llorar y gemir. Y la moça, por çertificarse, quitose de la puerta, y fue donde ella estava en oraçión descuydada, que nadie la oýa ni aguardava. Y fue a asir della y sintió cómo estava de rodillas, y desnuda en carnes, y envuelta en áspero siliçio, de lo qual la bienaventurada resçivió gran tribulaçión por ser vista. Y la moza, más maravillada que se podía dezir, disimuló con ella [fol. 8v] por entonçes, y dixo a su señora quán bienaventurada persona hera su sobrina y en quán sanctos y provechosos actos la havía hallado, de manera que su buena vida y obra se divulgó y conoçió por todas las personas de la casa y aun por otras muchas personas, de lo qual ella resçivía muy gran pesar, [dos o tres palabras con tinta desvaída y manchón] pensamiento donde se podía apartar a haçer sus acostumbradas obras que [¿no?] fuese vista, y acordose de un palomar que estava tapiado y sin texado en un corralejo y corrales en aquella casa de su tía. Y tomó una Berónica en que ella tenía gran devoçión, y púsola en un gran pedaço de terçiopelo y, doblándola, traýala consigo. Y todas las vezes que ella podía yba a aquel palomar y ponía la Berónica que traýa en una parte; y con unas cadenas que ella tenía allá escondidas, dávase muy crueles azotes, hasta que le salía sangre de sus carnes, y andava de ynojos, desnudas las rodillas sobre las grigeras y cantos, hasta que se le ollavan. Y con muchas lágrimas y gemidos andava desta manera con la más priesa que podía, considerando que yba por los lugares sanctos y por donde havían llevado a cruçificar a Nuestro Señor Jesuchristo apasionado, como quando llevava la Cuz a cuestas, y que la mirava con sus ojos de misericordia. | Y como ella hera tan amiga de la oraçión, y del silençio y recogimiento, buscava tiempos en que ella pudiese, sin estorvo, estar en prolongada oraçión. Y para esto pareçíale que el silençio y reposo de la noche hera tiempo muy convenible. Y quando hera la gente de la casa de su tía recogida y que todos dormían, quedávase ella [fol. 8r] rezando en la cámara donde durmía. Y de que veýa muerta la candela, en el tiempo de las noches frías y largas del himbierno, para hazer mayor penitençia −junto con la ferviente oraçión− desnudávase en carnes delante de unas ymágenes, quedándosele el siliçio muy áspero, que contino traýa. Y assí estava de ynojos en oraçión hasta que veýa que la gente, e unas o dos o tres criadas de casa con quien ella dormía, era ora que se levantasen. Entonçes, por no ser sentida, ýbase acostar. Y como ella hiçiese esto muchas vezes, aconteçió, quiriéndolo Dios porque fuese conoçida, sus compañeras lo sintieron y vieron cómo se yba acostar quando quería amaneçer; y sentían cómo yba muy fría, que solo el fríor de sus carnes las depertava. Y reprehendida muchas vezes dellas, porque no se acostava quando ellas se acostavan, que qué hazía, adónde estava o venía a tales horas, la bienaventurada les respondía con mucha prudençia que alguna neçessidad tenía de venir donde venía. Y como ella no çesase de proseguir en su buena obra y perfeta oraçión, acordó una de aquellas sus compañeras de dezillo a su señora, cómo su sobrina venía tan tarde a la cama, y muy fría, y que ellas no la havían sentido levantar ni visto antes acostar; la qual se angustió mucho quando esto le dixeron. Y mandó a aquella su criada que, con cuydado y en secreto, viese dónde se yba su sobrina aquellas oras, e qué haçía. Luego, la noche siguiente, la moza, viendo que no estava en la cama la bienaventurada, acordó de ponerse a la puerta de la cámara donde dormían con yntençión de çerrarla, pensando la bienaventurada havía salido fuera. Y con este pensamiento llegó a la puerta, y hallola çerrada, y maravillose mucho. Y como estavan ascuras no la veýa, que estava en oraçión delante de las ymágines, y púsose junto a la puerta por verla quando fuese a salir. Y estando allí por algún rato, oyola llorar y gemir. Y la moça, por çertificarse, quitose de la puerta, y fue donde ella estava en oraçión descuydada, que nadie la oýa ni aguardava. Y fue a asir della y sintió cómo estava de rodillas, y desnuda en carnes, y envuelta en áspero siliçio, de lo qual la bienaventurada resçivió gran tribulaçión por ser vista. Y la moza, más maravillada que se podía dezir, disimuló con ella [fol. 8v] por entonçes, y dixo a su señora quán bienaventurada persona hera su sobrina y en quán sanctos y provechosos actos la havía hallado, de manera que su buena vida y obra se divulgó y conoçió por todas las personas de la casa y aun por otras muchas personas, de lo qual ella resçivía muy gran pesar, [dos o tres palabras con tinta desvaída y manchón] pensamiento donde se podía apartar a haçer sus acostumbradas obras que [¿no?] fuese vista, y acordose de un palomar que estava tapiado y sin texado en un corralejo y corrales en aquella casa de su tía. Y tomó una Berónica en que ella tenía gran devoçión, y púsola en un gran pedaço de terçiopelo y, doblándola, traýala consigo. Y todas las vezes que ella podía yba a aquel palomar y ponía la Berónica que traýa en una parte; y con unas cadenas que ella tenía allá escondidas, dávase muy crueles azotes, hasta que le salía sangre de sus carnes, y andava de ynojos, desnudas las rodillas sobre las grigeras y cantos, hasta que se le ollavan. Y con muchas lágrimas y gemidos andava desta manera con la más priesa que podía, considerando que yba por los lugares sanctos y por donde havían llevado a cruçificar a Nuestro Señor Jesuchristo apasionado, como quando llevava la Cuz a cuestas, y que la mirava con sus ojos de misericordia. | ||
Un día de Viernes Sancto tenía esta bienaventurada gran desseo que la llevasen a la yglesia para ver el sancto monumento y adorar y reverençiar a Nuestro Señor Jesuchristo, que estava en él, y pidiolo a su tía. Y no conçediéndoselo, fuéronse todos a la yglesia, y quedó solo ella en casa, acompañada del dolor y compasión que aquel sancto día representava. Y con esta contemplaçión tan piadosa yncose de ynojos delante un cruçifixo con muchas lágrimas, compadeçiéndose de lo qu’en tal día su Dios y Señor havía padeçido. Y fue tanta el agua que de sus ojos manó que mojó la tierra, y del dolor que sentía en su coraçón cayó en el suelo como muerta. Y estando [fol. 9r] con esta compasión, a deshora vido a Nuestro Señor Jesuchristo, o la ymagen de sancto crucifixo muy apasionado y llagado, y pareçieron allí todas las ynsignias e misterios de la Passión, y las tres Marías, todas muy llorosas y cubiertas de luto. Y tantos fueron los misterios e autos de la | Un día de Viernes Sancto tenía esta bienaventurada gran desseo que la llevasen a la yglesia para ver el sancto monumento y adorar y reverençiar a Nuestro Señor Jesuchristo, que estava en él, y pidiolo a su tía. Y no conçediéndoselo, fuéronse todos a la yglesia, y quedó solo ella en casa, acompañada del dolor y compasión que aquel sancto día representava. Y con esta contemplaçión tan piadosa yncose de ynojos delante un cruçifixo con muchas lágrimas, compadeçiéndose de lo qu’en tal día su Dios y Señor havía padeçido. Y fue tanta el agua que de sus ojos manó que mojó la tierra, y del dolor que sentía en su coraçón cayó en el suelo como muerta. Y estando [fol. 9r] con esta compasión, a deshora vido a Nuestro Señor Jesuchristo, o la ymagen de sancto crucifixo muy apasionado y llagado, y pareçieron allí todas las ynsignias e misterios de la Passión, y las tres Marías, todas muy llorosas y cubiertas de luto. Y tantos fueron los misterios e autos de la Sancta Passión que allí vido y sintió, y lo mucho que lloró e se traspasó su coraçón, que quando ya çesó de ver esta revelaçión, la qual vido e oyó corporalmente estando ella en sus propios sentidos e no estando arrovada, quedó tal que pareçía muerta, e su gesto tan difunto e disgustado que quando sus tías y la gente de casa vinieron se maravillaron mucho de la ver tan demudada, y le preguntavan qué le havía acontesçido o qué sentía, que tan desmayada estava, y apremiáronla que comiese y no ayunase aquel día a pan y agua. Y la bienaventurada suplicoles no la quitasen su devoçión, que muy bien podía ayunar, que bien dispuesta se hallava. | ||
Teniendo el tío de esta bienaventurada unos cavalleros por huéspedes en su casa, acaesçió que, haviendo ya çenado toda la gente, haçía luna e noche serena. Salió la bendita a un corral a buscar soledad para haçer sus acostumbradas oraçiones, la qual se puso de ynojos en tierra y empeçó a reçar y orar mirando el çielo con mucha devoçión y atençión. Y estando assí mirando, a deshora vido cómo el çielo se abría, y vido desçender a Nuestra Señora, la Virgen Sancta María, trayendo en sus brazos al Niño Jesús, y pareçíale que venía haçia ella, y la mirava y acatava. Y muy admirada de esto, la bienaventurada, casi enagenada de sus sentidos, no siendo en su mano ni saviendo de sí, dava muy grandes gemidos y gritos, toda muy temerosa, sintiéndose por muy yndigna que viniese a ella; y encomendávase a Nuestra Señora, diziéndole muy grandes loores y haziéndole muy grandes [fol. 9v] ruegos y suplicaçión, cuya voz tan clamorosa de todos los huéspedes y criados suyos y de sus tíos fue oýda. Y no saviendo lo que hera, ocurrieron todos, y como la vieron yncada de ynojos conoçieron estava en oraçión. Y callaron todos, y estuvieron por algún rato mirando por entre las puertas, y oyeron cómo hablava con Nuestra Señora e le haçía muy grandes ruegos. E después de ser haver çertificado bien y visto la maravilla que por entonçes mostrava Nuestro Señor en ella, entraron todos, y habláronla disimuladamente diziéndole que qué haçía. La bienaventurada tornó en sí, turbose en alguna manera en su spíritu porque la havían visto, e respondió disimuladamente diziendo que entonçes se havía puesto allí a reçar. Y como se fue a levantar, cayósele un manojo de nudos en que rezava, y como la vieron los huéspedes, dieron graçias a Dios. Y el uno de aquellos cavalleros diole entonzes un rosario de cuentas en que rezase, diziéndola que rogase a Dios por él. | Teniendo el tío de esta bienaventurada unos cavalleros por huéspedes en su casa, acaesçió que, haviendo ya çenado toda la gente, haçía luna e noche serena. Salió la bendita a un corral a buscar soledad para haçer sus acostumbradas oraçiones, la qual se puso de ynojos en tierra y empeçó a reçar y orar mirando el çielo con mucha devoçión y atençión. Y estando assí mirando, a deshora vido cómo el çielo se abría, y vido desçender a Nuestra Señora, la Virgen Sancta María, trayendo en sus brazos al Niño Jesús, y pareçíale que venía haçia ella, y la mirava y acatava. Y muy admirada de esto, la bienaventurada, casi enagenada de sus sentidos, no siendo en su mano ni saviendo de sí, dava muy grandes gemidos y gritos, toda muy temerosa, sintiéndose por muy yndigna que viniese a ella; y encomendávase a Nuestra Señora, diziéndole muy grandes loores y haziéndole muy grandes [fol. 9v] ruegos y suplicaçión, cuya voz tan clamorosa de todos los huéspedes y criados suyos y de sus tíos fue oýda. Y no saviendo lo que hera, ocurrieron todos, y como la vieron yncada de ynojos conoçieron estava en oraçión. Y callaron todos, y estuvieron por algún rato mirando por entre las puertas, y oyeron cómo hablava con Nuestra Señora e le haçía muy grandes ruegos. E después de ser haver çertificado bien y visto la maravilla que por entonçes mostrava Nuestro Señor en ella, entraron todos, y habláronla disimuladamente diziéndole que qué haçía. La bienaventurada tornó en sí, turbose en alguna manera en su spíritu porque la havían visto, e respondió disimuladamente diziendo que entonçes se havía puesto allí a reçar. Y como se fue a levantar, cayósele un manojo de nudos en que rezava, y como la vieron los huéspedes, dieron graçias a Dios. Y el uno de aquellos cavalleros diole entonzes un rosario de cuentas en que rezase, diziéndola que rogase a Dios por él. | ||