Diferencia entre revisiones de «María de la Visitación»

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Tuvo esta santa una muy grande amiga que se llamó Catalina de San Jerónimo, la cual fue muy grande religiosa y sierva de Dios y vivió muchos años, y cuando murió tenía ochenta años. Y quiso tanto a esta su amiga la santa madre María de la Visitación que, después q[ue] Nuestro Señor se la llevó para sí, pidió licencia a la madre priora para estarse siempre en el coro, para consuelo de la soledad que su amiga la causaba. Y fue tan continua la oración que por ella hizo que al cabo de [294] un año la fue revelada a esta santa mujer María de la Visitación cómo su amiga estaba en el Cielo gozando de Dios. Y por más consolación suya permitió la Majestad Divina q[ue] se le apareciera su buena amiga y la consolase en su tristeza. Murió la dicha Catalina de San Jerónimo en el año de mil quinientos cincu[e]nta y tres llena de toda virtud y buenas obras, y se fue a gozar de la bienaventuranza en el Cielo.  
Tuvo esta santa una muy grande amiga que se llamó Catalina de San Jerónimo, la cual fue muy grande religiosa y sierva de Dios y vivió muchos años, y cuando murió tenía ochenta años. Y quiso tanto a esta su amiga la santa madre María de la Visitación que, después q[ue] Nuestro Señor se la llevó para sí, pidió licencia a la madre priora para estarse siempre en el coro, para consuelo de la soledad que su amiga la causaba. Y fue tan continua la oración que por ella hizo que al cabo de [294] un año la fue revelada a esta santa mujer María de la Visitación cómo su amiga estaba en el Cielo gozando de Dios. Y por más consolación suya permitió la Majestad Divina q[ue] se le apareciera su buena amiga y la consolase en su tristeza. Murió la dicha Catalina de San Jerónimo en el año de mil quinientos cincu[e]nta y tres llena de toda virtud y buenas obras, y se fue a gozar de la bienaventuranza en el Cielo.  


La sierva de Dios María de la Visitación, además de las que quedan dichas, tuvo otras muchas virtudes, especialmente mucha caridad, porque, si alguna monja tenía alguna pena o desconsuelo, ella la acompañaba y consolaba. Y si veía que dos monjas estaban reñidas o enojadas, no sosegaba un momento, sino que andaba de la una a la otra hasta que co[n]seguía el reconciliarlas. Y así mismo, si la priora tenía algo con alguna, o tenía alguna queja de ella, iba y la pedía que la hablase y consolase. Y nunca salía del coro, ni entraba en celdas de ninguna, sino era con el fin de obrar de esta [295] manera. Siempre amonestaba a toda[s] que tuviesen paz, y las decía que aquello era lo que Dios nos había mandado, que nos amásemos unos a otros. Si oía alguna cosa que tocase [a] alguna persona, luego la disculpaba y decía que no sería así como lo contaban, o que no lo haría por el fin a que se echaba, por manera que sie<i>[m]pre procuraba descargar la persona deshaciendo la culpa de cualquiera de sus prójimos que fuese. Mu[r]muración ni cosa que a ella pareciese no se la oyó jamás, ni enojo contra nadie, ni ser contraria a nadie.
La sierva de Dios María de la Visitación, además de las que quedan dichas, tuvo otras muchas virtudes, especialmente mucha caridad, porque, si alguna monja tenía alguna pena o desconsuelo, ella la acompañaba y consolaba. Y si veía que dos monjas estaban reñidas o enojadas, no sosegaba un momento, sino que andaba de la una a la otra hasta que co[n]seguía el reconciliarlas. Y así mismo, si la priora tenía algo con alguna, o tenía alguna queja de ella, iba y la pedía que la hablase y consolase. Y nunca salía del coro, ni entraba en celdas de ninguna, sino era con el fin de obrar de esta [295] manera. Siempre amonestaba a toda[s] que tuviesen paz, y las decía que aquello era lo que Dios nos había mandado, que nos amásemos unos a otros. Si oía alguna cosa que tocase [a] alguna persona, luego la disculpaba y decía que no sería así como lo contaban, o que no lo haría por el fin a que se echaba, por manera que sie< i >[m]pre procuraba descargar la persona deshaciendo la culpa de cualquiera de sus prójimos que fuese. Mu[r]muración ni cosa que a ella pareciese no se la oyó jamás, ni enojo contra nadie, ni ser contraria a nadie.


Era tanta su caridad y liberalidad con sus hermanas, y tanto el desaprop < i >amiento de sí misma, que ninguna cosa tenía q[ue] no fuese de todas y de cualquiera ''[3]'' q[ue] la hubiese menester, ni jamás daba cosa por pequeña que fuese y de poco valor que no la registrase y mostrase antes a la prelada. Y esto lo hizo y guardó con gran rigor, no solamente en sus principios, sino en toda su ancianidad hasta que murió.
Era tanta su caridad y liberalidad con sus hermanas, y tanto el desaprop< i >amiento de sí misma, que ninguna cosa tenía q[ue] no fuese de todas y de cualquiera ''[3]'' q[ue] la hubiese menester, ni jamás daba cosa por pequeña que fuese y de poco valor que no la registrase y mostrase antes a la prelada. Y esto lo hizo y guardó con gran rigor, no solamente en sus principios, sino en toda su ancianidad hasta que murió.


Fue mujer de muy pocas palabras porque todo su hablar y conversación era con Nuestro [296] Señor y de las cosas del Cielo. Como esta sierva de Dios conversaba tan poco con nadie, no se pudieron saber las mercedes y gustos espirituales que Nuestro Señor la dio a sentir, aunque se cre[e] que fueron muchas. Sola una cosa se supo, y fue que una noche se levantó y llamó a una monja, y la rogó se fuese con ella a el coro porque iba allá a suplicar a Nuestro Señor por el ánima del padre de una monja que acababa de morir en aquella hora, y tenía temor de ir sola. Lo cual se halló ser verdad después, a la mañana, que había muerto a la misma hora que había dicho esta santa religiosa.
Fue mujer de muy pocas palabras porque todo su hablar y conversación era con Nuestro [296] Señor y de las cosas del Cielo. Como esta sierva de Dios conversaba tan poco con nadie, no se pudieron saber las mercedes y gustos espirituales que Nuestro Señor la dio a sentir, aunque se cre[e] que fueron muchas. Sola una cosa se supo, y fue que una noche se levantó y llamó a una monja, y la rogó se fuese con ella a el coro porque iba allá a suplicar a Nuestro Señor por el ánima del padre de una monja que acababa de morir en aquella hora, y tenía temor de ir sola. Lo cual se halló ser verdad después, a la mañana, que había muerto a la misma hora que había dicho esta santa religiosa.