Diferencia entre revisiones de «María García»

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= Vida impresa (3)=
= Vida impresa (3)=
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/lara-marchante-fuente/ Lara Marchante Fuente]; fecha de edición: julio de 2017; fecha de modificación: junio de 2023.
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/lara-marchante-fuente/ Lara Marchante Fuente]; fecha de edición: julio de 2017; fecha de modificación: agosto de 2026.


== Fuente ==
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Dios, que lo dispone mejor, quiso que le dijesen esto y que se pusiesen encobro antes que viniesen a buscarlas. Acordaron de venir por un camino apartado otra vez a Toledo, no entraron dentro, sino fuéronse a una ermita (de que ya hicimos memoria) que se llamaba Nuestra Señora de la Sisla. Allí vivieron escondidas algunos días hasta que se ausentó el Rey, y así escaparon de sus manos y de su deshonestidad. En esta ermita probó esta santa otro género de vida, de mayor quietud y sosiego del alma, puesta en alta conservación del Cielo, haciendo su corazón un holocausto encendido todo en el amor y contemplación de su Esposo. Hacía las asperezas grandes de los ermitaños de Egipto. Dormía sobre unos sarmientos, ayunaba mucho, juntaba las noches con los días orando y contemplando, y allí recibió grandes consuelos del Cielo, ayudándole a todo esto su gran compañera, doña Mayor Gómez, que se la deparó Dios en todos estos trances, no para aya, aunque lo parecía, sino para alivio de tan grandes cosas, y testigo de su honestidad y pureza. Murió a esta sazón el Rey don Pedro a manos de su hermano don Enrique, como todos saben; con su muerte se aseguraron mil almas temerosas de su crueldad y de su torpeza, salió de su yermo nuestra santa ermitaña y, pensando qué camino escogería para retirarse al servicio de Dios de propósito y acabar en ella vida con mayor aprovechamiento de su alma, tuvo noticia cómo había en Toledo una congregación de mujeres santas, que se recogían en una casa en la parroquia de San Román. Tenían como en lugar de priora una señora de gran prudencia y espíritu, que se llamaba doña María de Soria; loaba toda la ciudad el modo de vivir de esta gente, teniéndolas por mujeres de gran recogimiento y santidad. Parecioles a las dos compañeras que este era negocio seguro, supuesto que no habían de estar en aquella ermita y había cesado la causa. Fuéronse allí y recibiolas doña María de Soria con alegría, por la fama de su valor; se vistieron entre ambas el hábito que usaban las que allí entraban. Vivieron algún tiempo en aquella compañía, dando gran ejemplo a todas y ejercitándose en actos de humildad y de obediencia, de que recibía gran consuelo nuestra santa, y sin duda quiso Nuestro Señor traerla aquí para que aprendiese esto y lo ejercitase, porque es cosa imposible poder enseñar a otros, los que no tienen experiencia, qué cosa es obedecer.  
Dios, que lo dispone mejor, quiso que le dijesen esto y que se pusiesen encobro antes que viniesen a buscarlas. Acordaron de venir por un camino apartado otra vez a Toledo, no entraron dentro, sino fuéronse a una ermita (de que ya hicimos memoria) que se llamaba Nuestra Señora de la Sisla. Allí vivieron escondidas algunos días hasta que se ausentó el Rey, y así escaparon de sus manos y de su deshonestidad. En esta ermita probó esta santa otro género de vida, de mayor quietud y sosiego del alma, puesta en alta conservación del Cielo, haciendo su corazón un holocausto encendido todo en el amor y contemplación de su Esposo. Hacía las asperezas grandes de los ermitaños de Egipto. Dormía sobre unos sarmientos, ayunaba mucho, juntaba las noches con los días orando y contemplando, y allí recibió grandes consuelos del Cielo, ayudándole a todo esto su gran compañera, doña Mayor Gómez, que se la deparó Dios en todos estos trances, no para aya, aunque lo parecía, sino para alivio de tan grandes cosas, y testigo de su honestidad y pureza. Murió a esta sazón el Rey don Pedro a manos de su hermano don Enrique, como todos saben; con su muerte se aseguraron mil almas temerosas de su crueldad y de su torpeza, salió de su yermo nuestra santa ermitaña y, pensando qué camino escogería para retirarse al servicio de Dios de propósito y acabar en ella vida con mayor aprovechamiento de su alma, tuvo noticia cómo había en Toledo una congregación de mujeres santas, que se recogían en una casa en la parroquia de San Román. Tenían como en lugar de priora una señora de gran prudencia y espíritu, que se llamaba doña María de Soria; loaba toda la ciudad el modo de vivir de esta gente, teniéndolas por mujeres de gran recogimiento y santidad. Parecioles a las dos compañeras que este era negocio seguro, supuesto que no habían de estar en aquella ermita y había cesado la causa. Fuéronse allí y recibiolas doña María de Soria con alegría, por la fama de su valor; se vistieron entre ambas el hábito que usaban las que allí entraban. Vivieron algún tiempo en aquella compañía, dando gran ejemplo a todas y ejercitándose en actos de humildad y de obediencia, de que recibía gran consuelo nuestra santa, y sin duda quiso Nuestro Señor traerla aquí para que aprendiese esto y lo ejercitase, porque es cosa imposible poder enseñar a otros, los que no tienen experiencia, qué cosa es obedecer.  


Murió dentro de pocos años doña María de Soria, en cuyo gobierno estribaría aquella congregación. Murieron también los padres de nuestra doña María García de Toledo, dejáronle mucha hacienda y mejora, entendiendo que la había de emplear en servicio de Nuestro Señor con grande provecho de sus almas. Como se vio desamparada de la madre espiritual y de los padres naturales, y con hacienda, suplicó a Nuestro Señor la alumbrase en lo que era servido hiciese de sí y de los bienes que le habían quedado, pues no era suya ni quería otra cosa en esta vida sino emplearse toda en su amor y servicio. Púsole en el corazón lo que Dios había ido madurando por todo este discurso, entreteniendo a esta, su sierva, por tan extraños y varios caminos, y lo que con el efecto se ha mostrado ser cosa ordenada por su divino consejo. Vendió las heredades y hacienda que le había quedado en el lugar de Belilla y otras partes. Compró en la parroquia de San Lorenzo, en Toledo, una buena casa que tenía suelo y aposento [761] espacioso, pasose allí con su compañera, doña Mayor Gómez, y algunas que, conociendo su santidad y valor, quisieron seguirla delas de aquella congregación de beatas. Encerrose allí con determinación de no salir en toda la vida.  
Murió dentro de pocos años doña María de Soria, en cuyo gobierno estribaría aquella congregación. Murieron también los padres de nuestra doña María García de Toledo, dejáronle mucha hacienda y mejora, entendiendo que la había de emplear en servicio de Nuestro Señor con grande provecho de sus almas. Como se vio desamparada de la madre espiritual y de los padres naturales, y con hacienda, suplicó a Nuestro Señor la alumbrase en lo que era servido hiciese de sí y de los bienes que le habían quedado, pues no era suya ni quería otra cosa en esta vida sino emplearse toda en su amor y servicio. Púsole en el corazón lo que Dios había ido madurando por todo este discurso, entreteniendo a esta, su sierva, por tan extraños y varios caminos, y lo que con el efecto se ha mostrado ser cosa ordenada por su divino consejo. Vendió las heredades y hacienda que le había quedado en el lugar de Belilla y otras partes. Compró en la parroquia de San Lorenzo, en Toledo, una buena casa que tenía suelo y aposento [762] espacioso, pasose allí con su compañera, doña Mayor Gómez, y algunas que, conociendo su santidad y valor, quisieron seguirla delas de aquella congregación de beatas. Encerrose allí con determinación de no salir en toda la vida.  


Entendiose esta mudanza en la ciudad. Vino a noticia de una señora, de las nobles de Toledo, que se llamaba Teresa Vázquez, mujer deseosa de la salud de su alma, había días que estaba recogida en su casa con gran encerramiento, con hasta siete u ocho mujeres, haciendo vida muy honesta. Acordó de pasarse a la compañía de nuestra Santa, con toda la suya, entendiendo que Dios la llamaba para servirle en aquella congregación; ansí se hizo en breve una casa de muchas siervas de Dios, y de notable nombre, a quien siguieron presto otras. Aquí se comenzó luego una labor divina, en unas vidas de gran humildad y pobreza de espíritu, desechando no solo el regalo, mas aun lo muy necesario para pasar la vida, abrazando en todo la mortificación de los sentidos. Pusiéronse unos hábitos blancos y un escapulario pardo, el mismo que tenían los muy recientes monjes de la Orden de San Jerónimo, sin saber qué hacían. También se determinaron luego a obedecer todas a una cabeza porque no fuese monstruo de muchas aquel colegio, y de común acuerdo quisieron todas que fuese doña María García de Toledo, porque tenían mucha prueba de su virtud y prudencia, que bastaba a mayores cosas.  
Entendiose esta mudanza en la ciudad. Vino a noticia de una señora, de las nobles de Toledo, que se llamaba Teresa Vázquez, mujer deseosa de la salud de su alma, había días que estaba recogida en su casa con gran encerramiento, con hasta siete u ocho mujeres, haciendo vida muy honesta. Acordó de pasarse a la compañía de nuestra Santa, con toda la suya, entendiendo que Dios la llamaba para servirle en aquella congregación; ansí se hizo en breve una casa de muchas siervas de Dios, y de notable nombre, a quien siguieron presto otras. Aquí se comenzó luego una labor divina, en unas vidas de gran humildad y pobreza de espíritu, desechando no solo el regalo, mas aun lo muy necesario para pasar la vida, abrazando en todo la mortificación de los sentidos. Pusiéronse unos hábitos blancos y un escapulario pardo, el mismo que tenían los muy recientes monjes de la Orden de San Jerónimo, sin saber qué hacían. También se determinaron luego a obedecer todas a una cabeza porque no fuese monstruo de muchas aquel colegio, y de común acuerdo quisieron todas que fuese doña María García de Toledo, porque tenían mucha prueba de su virtud y prudencia, que bastaba a mayores cosas.