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La puntuación y la capitalización han sido modernizadas, si bien se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original.
== VIDA DE MARÍA GARCÍA ==
=== Capítulo veynte y quatro ===
Después que se detuvo en aquel monesterio algunos años y sabía ya bien las observançias de la religión que se praticavan y enseñavan en él (y sin haber tomado hábito ni manera de religiossa), pareçiole que era bien bolverse a la casa de sus padres, más por voluntad de Dios que lo inspirava que por tener gana de bolver atrás de sus buenos y sanctos propósitos. Pidiole licençia para ello a la priora, su hermana, que con mucha dificultad y gran desgusto se la huvo de dar. [fol. 210r] Y ansí se fue como lo avía dicho a la casa de sus padres. Aunque estava en ella y vivía entre los hermanos y criados de casa, y pareçía que se havía buelto al mundo como cosa que le dava gusto y contento [2], andava tan abrasada y ençendida en el fuego del amor divino que siempre pensaba, codiciava y tratava cómo seguir y ymitar (según su flaqueza) a Jesuchristo, su esposo. En lo que asentó, después de muy mirado y consultado y pedido a Nuestro Señor, fue negarse a ssí misma y no mirar a su hedad y flaqueza y que era muger, ni a lo que podrían decir y juzgar los hombres faltos de consideraçión, y con esto començó a darse al despreçio suyo y de las cosas mundanas, y tomó consigo, como aya y compañera, a doña María Gómez, matrona biuda y noble, que con una misma voluntad la quiso acompañar en sus designos y trabajos. Su principio fue començar a andar por las puertas de los vecinos de la ciudad a pedir limosna cada día, públicamente, para los pobres necessitados. Pues dezir que llevavan en su compañía quien recogiese las limosnas y pedaços de pan que les davan, era cosa de bendezir a Dios en sus marabillas, que la donzella pobre de Jesuchristo llevava sobre sus ombros una talega o alforja en que las echava, con un fervor y ánimo de hazer serviçio en ello a su esposo que no aprovecharon promessas, ruegos ni amenazas de sus padres para apartarla dello, y ansí la dexaban continuar su sancta ocupación y daban lugar a ello aunque no dexavan de sentir ellos y los hermanos de la sancta donzella alguna afrenta de aquel menospreçio tan público. No dexavan por esso las dos su exerçiçio cotidiano de andar por las calles de la çiudad pidiendo limosna como pobres peregrinas, y estavan en la sancta yglesia mayor entre los dos coros al tiempo que los canónigos salían de las horas, que los ponían en confusión y compelían a que les diessen muy buenas limosnas. Desde allí pasavan con las que llevavan en sus alforjuelas a la casa de sus padres, y ya era para ellos de gran consuelo y regalo ver de aquella manera a su hija, y la animavan y esforçavan en ello (aunque por otra parte la carne y la sangre hazían su oficio en [fol. 210v] sentir aquel difraçe). Pero pasados los primeros días, y viendo a su hija contenta, y que era bien inclinada, devota y charitativa con los pobres de Jesuchristo, no había cosa temporal que para ellos se les pudiesse comparar a esto. Bendezían a Dios y alçavan las manos al Çielo con mucho plazer y alegría, haziéndole infinitas gracias por haverles dado hija que aun antes de tener discreçión ni hedad había en la tierra vida çelestial y obrava en ella tantas marabillas. Todos los de su casa, hijos y criados, hazían lo mismo, y la sancta donzella, con una profunda humilldad y llena de spíritu de Dios, se derribava a los pies de todos besándoselos, agradeciéndoles el contento que mostravan de la vida que seguía.
Acaeçió un día que andando pidiendo limosna por la çiudad la sancta donçella con su compañera por no perder costumbre de remediar a los que tenían necessidad, que encontraron en una calle al arçobispo de Toledo, su tío, hermano de su madre, y a su mismo padre, que le acompañava con otros cavalleros y gente principal de la çiudad, y quando el arçobispo vio a su sobrina en aquella postura que llevava y cargada en los hombros la talega con las limosnas que había recogido, volvió a su padre y díxole con algún enojo y como reprehendiéndole: “Mucho me maravillo, que como seáis hombre prudente, no remediéys un desconçierto tan grande como este y consintáys a una hija de tan poca hedad y tan hermosa y de linaje, que es que ande ansí despreçiada y con tanta libertad que days a entender que la tenéys aborreçida, pues no la recogéys y tratáys de casarla con otro que sea su igual”. El cavallero prudente le oyó y respondió con mucha mansedumbre y en breves palabras le dixo: “¡Qué esposo le parece a Vuestra Señoría que puedo yo dar a mi hija más rico y generosso que a Jesuchristo, Hijo del Padre Eterno! Por ventura podemos resistir al Spíritu Sancto. Ella ha escogido este estado por la mejor parte y yo no se le quiero estorvar, ni me pareçe que se açertaría en ello”. [fol. 211r] El arçobispo calló con esta respuesta y no supo qué le replicar, entendiendo que aquello era obra de Dios.
=== Capítulo veynte y çinco ===