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Esta bienaventurada tenía otra hermana en esta casa religiosa, y el padre d’ellas se llamaba el Licenciado de la Cámara, al qual vio nuestra madre Veýa santa Juana a sus monjas en el Cieloen diferentes figuras, y la habló y dijo: “¿Cómo están mis frutos conforme el espíritu de bendición? Encomiéndamelascada una, y yo ando suplicando me traiga la chica a estos santos reynos”. Buelta la santa admiraba de la arrobación, díjoselo ver a María de los Ángeles, que era la mayor, y ella no se conformó con que su hermana se muriesse; suplicó al Señor se la dexasse, y viendo el Señor la flaqueza de su ánima [fol. 21v] le embió a dezir que escogiesse una de dos: o que se la diesse luego o que si se la dexava avía de ser con pensión de vivir con grandes enfermedades. Y ansí fue que las tuvo las mayores que se an oído. Y ansí dijo el santo ángel a María de los Ángeles: “Pues has suplicado por en la vida de tu hermana, el poderoso Dios te embía tigre (preguntolo a dezir que padecerá tanto tu hermana que passará de esta vida con méritos de mártir, y que la pondrá entre los mártires”. Duró algunos años cortando de su cuerpo cada día carne y jamás se quejaba, y ansí acabó santamente. Llamávase Isabel de Jesús. Y María de los Ángeles era muy temerosa de la muerte, y embiola a dezir el Señor con el santo ángel Laruelqué quería ser aquello, con el qual tenía grandes colloquios, que Él le prometía quitarla el temor de la muerte y díxole que no la sentiría. Y la madre de Dios la embió otro recaudo con porque era aquella religiosa tigre para el mismo ángeldemonio, prometiéndola que se hallaría a su muerte y recibiría su alma en sus manos, en una toalla de los méritos de su hijo, le vencía) y la presentaría al Padre eterno; y que tres horas avía otra de estar en Purgatorio paloma y estas serían ansí en el valle de Josafad, con tal que perseverase en lo començado. Y desde entonces fue más adelante en la perfeción, y acabó en ella. [fol. 22r] Y después de muerta, quedaron con su cuerpo tres frayles y se durmieron junto a él, y sobrevino tan gran fragancia de olor que los despertó a todos. Y esto es una tilde de lo que d’esta religiosa se podía dezir, y de otras muchas de las compañeras de la santadifferencias.
Veýa santa Juana a sus monjas en el Cielo en diferentes figuras, conforme el espíritu de cada una, y admiraba de ver a una en la de tigre (preguntolo a su santo ángel qué quería ser aquello, y díjole que porque era aquella religiosa tigre para el demonio, y le vencía) y otra de paloma y ansí en differencias.Una religiosa estava haziendo un bolsillo y su pensamiento, en el Cielo, ofreciéndoselo a Nuestra Señora. Y este tiempo estaba nuestra madre santa Juana arrobada y vido a Nuestra Señora con el bolsillo al lado, como lo consideraba la monja, y preguntó al santo ángel qué bolsillo era aquel, y díxola: “Allá es de tu casa, que Fulana se le ha imbiado”. Y la santa, de licencia de Dios, se lo dijo dixo a la religiosa, la qual dio gracias a Dios, que avía recebido tan pequeña obra.
→[RELATOS DE SUCESOS EXTRAORDINARIOS OCURRIDOS EN VIDA DE JUANA]
===[RELATOS DE SUCESOS EXTRAORDINARIOS OCURRIDOS EN VIDA DE JUANA]===
[fol. 16r] En el tiempo de nuestra madre santa Juana, resplandecía en esta santa casa de la Cruz tanto la santidad de las religiosas d’ella, que todas sus pláticas eran celestiales, enamoradas de Dios y de su santa Madre y de los ángeles y santos, de suerte que dixo el santo ángel san Laruel a nuestra madre santa Juana: “Tanto pueden tus hermanas ablar de nosotros, los ángeles, que se tornen en condición angelinas”. Juntábanse las religiosas en quadrillas para hazer penitencias y pedir a Dios mercedes y a su santa madre santa Juana, diziéndole las religiosas: “Señora, pida Vuestra Reverencia al Señor nos otorgue mercedes, ordenando cofradías”, pidiendo fuesse su santa Madre la patrona d’ellas. Y el Señor, como tan poderoso y amigo de que le pidamos, repondía a nuestra madre que le placía. Y ansí dezían las religiosas en las mercedes que pedían en las cofradías: “Suplicamos a la Señora Patrona que nos sea concedido esto que pedimos, para ayuda agradar a Dios, y a la hora de la muerte, amparo y socorro”. Respondía Nuestra Señora que le placía de alcançar lo que le pedían y de ser su patrona. Otorgoles el Señor en las cofradías grandísimas gracias, y llamaban las monjas a Nuestra Señora [fol. 16v] la Señora Patrona, y otorgolas el Señor allá en el Cielo cosas tan grandes que se quedan para las que las gozaren, y no para entendimientos humanos. Las cofradías están escritas en este libro y concedidas al Señor para ellas y las por venir. Tenían tanta comunicación las religiosas con los celestiales por yntercessión de nuestra madre santa Juana, que una monja, estando en contemplación de la Passión del Señor, escrivió una carta a Nuestra Señora, y el santo ángel san Laruel se la cogió y la llevó al Cielo. Y nuestra madre santa Juana, estando arrobada, la vio en manos de Nuestra Señora, que con grande demostración de amor la leyó, y se le cayeron encima de la carta unas preciosas perlas de sus ojos y dijodixo: “Juana, dile a Fulana que estas bastan por respuesta”. Y, bolviendo de la arrobación, dijo dixo a la monja lo que avía visto en el Cielo, y el ángel la tornó al lugar de donde la tomó. Y las religiosas la tubieron y tienen en mucha veneración, porque oy día ay en esta santa casa pedaços d’ella.
Estando una religiosa d’esta casa fuera d’ella por la [fol. 17r] obediencia, estando en oración, hizo una copla a Nuestro Señor, y al cabo de algún tiempo bolvió a este convento. Y estando el Señor hablando con nuestra madre santa Juana le dijodixo: “Dile a Fulana que se acuerde de tal copla que me hizo, estando puesta en la cruz del claustro del monasterio de donde vino”. Y entonces el Señor la respondió a ella en metro. Nuestra madre santa Juana las hizo escribir, que ansí se lo dijo dixo el santo ángel lo hiziese. Y en este modo de responder el Señor en metro a las monjas ubo mucho. Deçía la santa Juana: “Por que veáis, hijas mías, lo que el Señor quiere esta santa casa de su Madre y con la reverencia que aviades avíades de andar en ella, os quiero deçir que muchas veçes veo al Señor Esposo pasearse por el claustro en traje trage de galán, cantando muy dulcemente, tañendo una vigüela de oro; y dezía el Señor:
[fol. 17v] Una monja era sacristana y acabava nuestra madre santa Juana, que era abbadesa entonces, de darle cantidad de ynçienso para el officio, y arrobose nuestra madre. Y en este tiempo fue la sacristana a calentar el horno, y enfaldose los braços para quemárselos por penitencia, y con actos de amor echaba los puñados de la paja, offreciéndolo al Señor por incienso. Recibió Dios su yntención y vio nuestra madre el Cielo lleno de humo de yncienso; preguntó a su santo ángel qué humo era aquel, respondiola diziendo: “Allá es de tu casa, tu sacristana”. Y bolviendo de la arrobación llamó a la sacristana y díjoledíxole: “Amiga, ¿cómo avéis gastado todo el yncienso que os di, que he visto el Cielo lleno de humo?”; y ella entonces la dijodixo: “Ay, señora, que no he llegado a ello, sino que calenté el horno con esta yntención. ¡Bendito sea el Señor, que lo ha recebido!”.
Hablando Nuestra Señora con nuestra madre santa Juana la dixo: “Di a tus hermanas que se traten con crianza, porque es parte de paz”.
[fol. 18r] Hazían tantas penitencias aquellas bienaventuradas religiosas, rebolcándose desnudas en los cardos, entrándose en el agua elada, quebrantando los yelos y entrando debajo d’ellos. Y nueve días antes de la natividad del Señor se aparejaban tiniendo cada noche una hora el yelo desnudas, y algunas vezes tres horas, tanto que se quitaban cantidad de escarcha de las cabezas; y esto en reverencia de Él y en lo que padeció el Niño recién nacido.
Otras se metían en el horno abrasando, otras se echaban calderos de agua por ençima de los hombros en memoria de la desnudez que tubo el Señor en la Cruz y en el Jordán; y con esto muchas disciplinas de sangre y ásperos silicios y continua oración y los maytines a media noche.
Preveníanse para las fiestas de Dios y de su santa Madre en echar suertes para vestirlos. Y estos vestidos los hazían de penitencias, ayunos y oración, fabricándolos en su imaginación, y el santo ángel san Laruel, por medio de nuestra madre santa Juana, les daba la industria [fol. 18v] y significación de las colores, y dezía: “Diles a tus hermanas que lo que hizieren de color blanca apliquen ‘Avemarías’ y el himno de ‘O Gloriosa’ y la ‘Magnífica’; y para lo carmesí, el ‘Anima Christi’ y el rezo de la Passión; para lo verde la ‘Salve’; y lo morado el ‘Miserere’; y para oro ‘Paternostres’; y el ‘Salterio’ todas colores”. Y dixo más el santo ángel: que para la pedrería el ‘Credo’, que es piedra preciosa, y que el ‘''quiqunque ‘quiqunque vult es carbunco y Jacinto''’Jacinto’, “y que d’esta manera harán y guarnecerán los vestidos. Y diles que el ámbar significa el officio de nosotros, los ángeles, para hazer lo que quisieren”. Y con estas cosas andaban absortas en Dios.
Una monja, estando rezando en una imagen de la oración del güerto, llegó a besar el pie al señor san Juan Evangelista, y habló el santo en su imagen y dijodixo: “Igual havías de hazerme unos çapatos...”. Y la santa Juana oyolo y sonriose, y la monja importunola le dijese dixese de qué se havía reýdo, y al fin se lo dijodixo; y la monja, llena de espíritu, ordenolos en su imaginación de oración [fol. 19r] y penitencias, que no durmió en toda aquella noche. Y al amanecer entró el santo por la cámara donde estaba la santa y sonaban mucho los çapatos, y díjole díxole la santa: “¿Cómo viene Vuestra Hermosura con esos çapatos?”. Dijo Dixo el santo: “Ansí me los hizieron“. Y d’esta suerte supo la religiosa cómo su oración avía sido oýda, y como andaban en espíritu eran sus entretenimientos estas pláticas. Y vínolo a saber una religiosa y hízole otros çapatos para su fiesta, procurando grande pureza en su alma. Apareciósele el santo a la santa Juana con ellos muy pulidos, y ansí tornó con ellos a visitar a la santa. Y esta imagen está oy día en la capilla de la güerta, que era su oratorio de la santa Juana. Está vestido el santo de blanco y la capa colorada, y los pies descalços en una tabla.
Veýa la santa Juana, quando yban las monjas a fregar, cómo yban con tanta presencia de Dios que los santos ángeles les ponían sortijas en las manos, y lo mismo hazían quando hazían otras cosas de humildad y charidad. Y quando acudían puntualmente a la obediencia les ponían guirnaldas [fol. 19v] en las cabeças, y a las que eran rebeldes a la obediencia veýa la santa que les davan un bofetón el ángel de su guarda.
Criábase una niña en esta casa que se llamaba Bernarda, y asomose a un poço o noria, y estaba entretenida mirando su sombra abajo, y el santo ángel Laruel dijodixo: “Juana, imbía por aquella niña a la noria, que está el demonio abajo del agua llamándola con modo de niña, diziéndole “Anda acá conmigo”, con intención de ahogarla por que no llegue a grande, que tiene barruntos que ha de ser sierva de Dios”. Y fueron las monjas que tenían quenta con la santa y hallaron que se quería echar, y llebáronsela a la cama donde estaba tullida.
Entró un día el ángel que se llama san Potens por la cámara donde estaba la santa, diziendo: “Juana, por el camino viene una donzellita que traen a concertar para monja, yo la quiero para mí, que me he enamorado d’ella por señas que es morenita; y yo la he venido escudereando y haziéndole sombreritos con las nubes, por que no la queme el sol”. Y desde a poco llegaron con ella, la qual fue después [fol. 20r] devota d’este santo ángel, el qual dijo dixo a la santa Juana que el Señor le avía dado cargo de regir las nubes. Y las monjas, como sabían esto, quando venían tiempos secos cogían a la devota y echávanla una soga a la garganta, y llevávanla en processión del agua, diziendo al santo ángel que no soltarían a su devota hasta que lloviesse; y con tal fe lo hazían que llovía. Y ansí havía y ay particular devoción con este santo ángel, y es de costumbre en las processiones del agua nombrar en la letanía a san Potens.
Una religiosa que se llamava María de la Madre de Dios tenía gracia de arrobarse. Vio una vez entrar por la puerta de la iglesia a María Evangelista, que era ya difunta, con el libro que escrivió, que se llama ''Santo Conorte de los sermones que el Señor predicó por la voca de nuestra madre santa Juana'', la qual dixo que era de oro; y en la otra mano, una cruz verde. Y esta señora María Evangelista no sabía escrivir, y el Señor le dio gracia para que escriviesse el santo libro, y dijo dixo a esta religiosa que la vio cómo el Señor le avía dado mucha gloria porque le havía escrito. Treze años predicó el Señor y de solos los dos postreros se escribió este santo libro. [fol. 20v] A persuasión del sancto ángel Laruel, púsole el Señor este título de Conorte y concediole el Señor muchas bendiciones y virtudes contra los demonios y tempestades, que mandó el santo ángel que quando alguna estubiesse en pasamiento le pusiessen algo de la lectura d’este libro para defensa del demonio. Y en las tempestades manda la prelada saquen el santo libro o sus traslados, y se ha visto cesar la tempestad muchas vezes. Y las quentas que llaman del santo Conorte, que son unas pardas gordas, dixo el santo ángel, quando las truxo del Cielo: “Estas traen las gracias del santo Conorte”.
Una religiosa havía alcançado don de lágrimas y con grande humildad conocía que no eran dignas que el Señor las recibiese, y viendo el Señor su humildad embiola a consolar con nuestra madre santa Juana, que diziéndole ella “Señor, supplico a Vuestra Magestad se acuerde d’esta religiosa”, le respondió: “Dila de mi parte que se vaya para otra Magdalena”. Esta misma religiosa lloró quando se fue su padre spiritual, que era muy religioso, y fue reprehendida del sancto ángel por nuestra madre santa Juana, y dixo: “Di a Fulana que no se ha de llorar sino por compassión de la Passión del Señor o por havelle ofendido”. Y ella, viendo aquello, propuso de no [fol. 21r] llorar más en semejante causa. Y llegando el tiempo de yrse otro no lloró, y díjole díxole el Señor a la santa Juana: “Dile a María de los Ángeles que las lágrimas lloradas se perdonan por las no lloradas”. Esta misma fue enfermera y, hallándose algo cansada, queríalo dejar, y perseverando en este pensamiento dixo el santo ángel a nuestra madre santa Juana: “Dile a María de los Ángeles que no dexe el officio, que si le dexa la traeré arrastrando por la enfermería de los cabellos”. Y tomando la religiosa esta reprehensión por grande favor, perseveró en el officio casi veynte años.
Esta misma fue enfermera y, hallándose algo cansada, queríalo dejarbienaventurada tenía otra hermana en esta casa religiosa, y perseverando en este pensamiento dijo el santo ángel a padre d’ellas se llamaba el Licenciado de la Cámara, al qual vio nuestra madre santa Juanaen el Cielo, y la habló y dixo: “Dile “¿Cómo están mis frutos de bendición? Encomiéndamelas, y yo ando suplicando me traiga la chica a estos santos reynos”. Buelta la santa de la arrobación, díxoselo a María de los Ángeles , que era la mayor, y ella no dexe se conformó con que su hermana se muriesse; suplicó al Señor se la dexasse, y viendo el officio, Señor la flaqueza de su ánima [fol. 21v] le embió a dezir que escogiesse una de dos: o que se la diesse luego o que si le dexa se la traeré arrastrando dexava avía de ser con pensión de vivir con grandes enfermedades. Y ansí fue que las tuvo las mayores que se an oído. Y ansí dixo el santo ángel a María de los Ángeles: “Pues has suplicado por la enfermería vida de tu hermana, el poderoso Dios te embía a dezir que padecerá tanto tu hermana que passará de esta vida con méritos de mártir, y que la pondrá entre los mártires”. Duró algunos años cortando de su cuerpo cada día carne y jamás se quejaba, y ansí acabó santamente. Llamávase Isabel de Jesús. Y María de los cabellos”Ángeles era muy temerosa de la muerte, y embiola a dezir el Señor con el santo ángel Laruel, con el qual tenía grandes colloquios, que Él le prometía quitarla el temor de la muerte y que no la sentiría. Y tomando la religiosa esta reprehensión por grande favormadre de Dios la embió otro recaudo con el mismo ángel, prometiéndola que se hallaría a su muerte y recibiría su alma en sus manos, en una toalla de los méritos de su hijo, perseveró y la presentaría al Padre eterno; y que tres horas avía de estar en Purgatorio y estas serían en el officio casi veynte añosvalle de Josafad, con tal que perseverase en lo començado. Y desde entonces fue más adelante en la perfeción, y acabó en ella. [fol. 22r] Y después de muerta, quedaron con su cuerpo tres frayles y se durmieron junto a él, y sobrevino tan gran fragancia de olor que los despertó a todos. Y esto es una tilde de lo que d’esta religiosa se podía dezir, y de otras muchas de las compañeras de la santa.
Una religiosa andaba en su coraçón con actos de amor a san Juan Baptista, diziendo: “Señor, tanto como yo bien abrá [fol. 22v] quien os quiera, pero más es imposible”. Y el glorioso santo la imbió un recaudo con la santa Juana, diziendo: “Dile a Beatriz del Espíritu Santo que yo recibo sus servicios, y que sepa que ay quien más me quiera que ella, que es una romera que pide de puerta en puerta, que con las blanquillas que le dan me haze la fiesta”.
Hablando la santa Juana con el glorioso san Juan Baptista sobre su niñez, al fin de muchos coloquios que pasaron entre los dos, le preguntó la santa cómo le avía ido en el desierto. Como era tan chico y tierno, díjola díxola cómo a la hora de tomar un poquito de sueño venía una sierpe “y se hazía rosca para que yo me echase y con su calor passaba, y alrededor de mí se cercaban el león y la onça y el lobo y el tigre y los demás animales feroçes, y con su bao me calentaban. Y quando mi corpeçito estaba traspassado de necessidad, <u> venía el santo Cordero a mis braços y con su tacto quedaba harto y confortado ''[4]''. Y d’esta manera pasé hasta que el Señor me mandó salir a predicar1predicar </u> ''[4]''. Y yo te digo, Juana, que salí de los grandes trabajos del yelo y sol con tal figura que no parecía persona humana”.
Era de costumbre en esta casa dar al pueblo de Cubas, [fol. 23r] la mañana de san Juan Baptista, una imagen de bulto del mismo santo que está en una caxa en el coro alto, que es de penitencia antiguo hombre barbado, por que no se entienda que es la del niño. Y viniendo por él, estándole adereçando en sus andas la santa y las monjas, hablolas el santo en su imagen y dijodixo: “Juana, di a las monjas que se den prissa, y acaba ya de adereçarme y ponerme la albahaca, que soy muy amigo d’ella, que vienen ya los moços con su dança de espadas por mí”. Y asomáronse las monjas y viéronlos que ya venían. Y esta es la imagen que vio la santa que el cordero que tiene en la mano le lamía el rostro, y que era contra las tempestades. Hablando san Santiago el Mayor con nuestra madre santa Juana, entre otras pláticas y coloquios que tubieron, le dijodixo: “Tan chico se está este pueblecito, Cassarrubuelos, como quando yo estaba en España y prediqué en él”.
Hablando nuestro padre Adán con la santa Juana le dijodixo, en modo de queja, que no se acordaban d’él los humanos, si no era para murmuralle, y que estaba siempre rogando a Dios que se salvassen todos sus hijos. Y nuestra madre Eva habló a la santa muchas veçes, y dixo nuestra madre [fol. 23v] que era hermosísima y que la veýa como de edad de treynta y tres años, y que parecía mucho en las faciones a Nuestra Señora, y en el habla.
Quando estaba tullida nuestra madre santa Juana tenía muchas visitas de los santos y santas, entre las quales la visitava nuestro padre san Francisco, y dezía la santa que quando hablava de las monjas las llamava ‘mis filias’; y san Antonio de Padua le traýa al Niño Jesús; y san Acacio con sus diez mill compañeros. Y díxole el santo ángel a nuestra madre que, passado el Juiçio Final, abía de aver una escala desde Jerusalem al Cielo, para que los celestiales bajassen a adorar los lugares sanctos donde andubo nuestro Redemptor, y que ni más ni menos avía de aver otra escala desde la cámara donde estaba nuestra madre santa Juana al Cielo, y más le dijodixo: “y esta escala ha de ser desde este lugar donde tú estás, porque a esta cámara la llaman en el Cielo la cámara de los ángeles, por los muchos que bajan y suben a este santo lugar, que habló el Señor en él”.
Veýa la santa Juana que entraban los ángeles por entre la tierra y edificios a adorar las arenitas donde Nuestra Señora puso sus pies, quando apareció tantas vezes en esta santa casa y lugar.
[fol. 24r] Dijo Dixo Nuestra Señora a nuestra madre cómo escogía desde el vientre de su madre a las religiosas que traýa a su santa casa; más dixo Nuestra Señora a nuestra madre: que tenía alcançado de su precioso hijo muchas misericordias a todos los que mirassen por su santa casa, hasta quien cogiesse oja para la lumbre. Siendo nuestra madre santa Juana tornera, llamó al torno señor san Andrés Apóstol y ella fue a responder, y como le conoció díjole nuestra madre: “¿A qué buena Vuestra Hermosura por acá?”. Respondió el apóstol: “Vamos yo y mi compañero san Nathanael en hábito de pelegrinos a Cubas”. Y en esto tañeron a vísperas en la iglesia del mismo lugar, que es vocación de san Andrés, y díjole el santo: “Quédate con Dios, que tañen a vísperas en mi yglesia y voy a hallarme en ellas”. Y las monjas supiéronlo y fueron al zaquizami a verlos.
Siendo nuestra madre santa Juana tornera, llamó al torno señor san Andrés Apóstol y ella fue a responder, y como le conoció díxole nuestra madre: “¿A qué buena Vuestra Hermosura por acá?”. Respondió el apóstol: “Vamos yo y mi compañero san Nathanael en hábito de pelegrinos a Cubas”. Y en esto tañeron a vísperas en la iglesia del mismo lugar, que es vocación de san Andrés, y díxole el santo: “Quédate con Dios, que tañen a vísperas en mi yglesia y voy a hallarme en ellas”. Y las monjas supiéronlo y fueron al zaquizami a verlos. Otra vez llamó el santo ángel san Laruel al torno, la santa respondió y el ángel bolvió el torno y dijodixo: “Juana, toma allá essas quentas, que se le cayeron a un pelegrino camino de Santiago, y te las traigo”. La santa las recibió, dándole muchas gracias por las [fol. 24v] mercedes que siempre la hazía. Y estas quentas son dos açules grandes, y la una está en el coro alto oi día, en la ventana de las quentas. Y no solamente el ángel y santos llegaban al torno, mas la misma Reyna del Cielo y su hijo precioso, como más largo está escrito en la vida de esta santa, puniéndole la Reyna del Cielo el Niño Jesús en el torno, llegando la santa con pensamiento que el torno era cuna para mecerle.
Estando la santa Juana arrobada en el Cielo llegó a ella un niño y díjoledíxole: “Yo soy de tal reyno, donde se me haze fiesta, que subí a este reyno de los Cielos por corona de martirio, siendo de edad de cinco años, y llámome san Andrés. Diles a tus monjas que se acuerden de mí, que yo me acordaré d’ellas, y en particular a Fulana, que la quiero para mi amiga. Mi día es a diez y siete de junio”. Y esta devoción dura en esta santa casa con este santo oy día, y dijo dixo este santo que quería tanto a sus devotas que, si fuera menester tornar a este mundo a padecer por ellas, lo hiziera de muy buena gana.
Entre los muchos ángeles que en particular hablavan a la santa Juana en el Cielo y la pedían los ayudase a rogar por las provincias que tenían a cargo, son ochenta y quatro, y [fol. 25r] supiéronlo las monjas de esta manera, que en bolviendo de los raptos, la importunaban les dixiesse algo para su consolación, y la santa les dezía: “encomendá a Dios, hijas mías, a tal provincia o tal reyno, que yo os digo que el ángel su custodio, a quien Dios se la dio a cargo, me ha dicho que está dada sentencia del poderoso Dios de destruilla, y me ha pedido le ayude a rogar por ella; hazeldo vosotras también para que se enmienden y alce Dios su yra”. Y estando con ella hablando, llegaban otros y nombrávanse unos a otros, y algunos le pedían lo mismo, y ansí sabía sus nombres y los hizo escrivir; y estos ángeles dezía que eran de los muy altos. Y dijo dixo la santa que el ángel que se llamava san Zupiel es el del güerto, quando el Señor estaba orando en él; y que señor san Laruel fue ángel de guarda del rey David y de san Gregorio y de san Jorge, “el mismo ángel san Laruel, mi guardador, me lo ha dicho, y díxome más: “Yo he pedido al poderoso Dios que tú seas la postrera alma que guarde, y he suplicado al poderoso Dios me haga general del Purgatorio y hámelo concedido”. Y muchas vezes me lleva consigo al Purgatorio y le veo entrar por las llamas, [fol. 25v] y saca muchas y me las da a mí que las guarde mientras entra por otras ánimas, y llevamos muchíssimas. Y los demonios dan muchos ahullidos y dizen: “Este rapa almas... que no basta lo que haze con la que trae consigo, sino que viene a despojar el Purgatorio”. Y véole esgrimir con ellos con una espada, otras vezes le veo echar anzuelos y pescar almas, y dízeme más mi santo ángel: que de todas las personas que os tocan tiene cuydado”.
===[JUANA DESCRIBE A SU ÁNGEL]===