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→[REVELACIÓN QUE ESTA IMAGEN DE LA VIRGEN HIZO A JUANA]
Tiniendo el monasterio de santa María de la Cruz una imagen de Nuestra Señora, la qual era de bulto muy antigua, y las monjas, sabiendo que la avía bendecido [fol. 44v] un obispo, tiniéndola mucha devoción porque algunas veçes la avían visto hazer milagros, y sacándola en processión los días del santo Aparecimiento y por ser tan antigua, renováronle el gesto por un entallador, cortándola de la garganta arriba y pusiéronle otro gesto. Y trayéndola al monasterio fueron las monjas a la ver e saludar, e a algunas les pareció mejor el gesto y a otras que no, y desconsoláronse mucho de manera que vinieron en alguna diferencia de palabras, e sabiéndolo esta bienaventurada mandolas llamar y díxolas: “Muy maravillada estoy, hermanas mías, de la desconsolación que tenéis del renovamiento de la santa imagen. Dado caso que aya razón, por la falta de la imperfeción de la pintura no ser tan aplaciente a vuestros ojos, pero aunque sean feas las imágenes, es cargo de conciencia no tenerlas en mucha reverencia y estima, en especial si las tales imágenes son de Dios y de Nuestra Señora, que estas tales, feas o hermosas, son dignas de muy grande acatamiento. Y ruégoos, señoras, que hagáis aquí un [fol. 45r] altar en esta nuestra celda y traed aquí la santa imagen, aunque yo sea indigna d’ella, que si pudiesse ya abría ido al coro de rodillas a adorar y saludar a su alta Magestad”. Y traýda la imagen a la celda de la santa virgen y puesta en el altar, rogolas que la dexassen allí dos días. Y estando ella aquella noche en contemplación, vido a Nuestra Señora en visión muy hermosíssima, y poníasele encima de la imagen suya y deçía: “Yo me contento d’esta imagen y la escojo y acepto para mi morada y aposento, e como en trono mío resplandezca en ella; mi spíritu se goça porque los pecadores conmigo abrán refrigerio y consolación e yo les ganaré de mi hijo perpetuo gozo en la gloria perdurable”. Y esta bienaventurada, que lo veýa, suplicaba a Nuestra Señora entrase dentro en la imagen su espíritu, y pues era tan hermosa dejole allí escuchasse las oraciones que le hazían, en especial las suyas, por que ella viese no caýa en vacío hechas delante de su preciosa imagen, como algunas veçes tienen las gentes crédito no está allí donde la llaman; a los quales pensamientos y suplicaciones [fol. 45v] respondió Nuestra Señora e dixo: “Por estar nuevamente puesto este madero en esta santa imagen mía, no quiere Dios ni a mí place entrar dentro en ella hasta que se consagre o bendiga, en manera que se haga digna y perteneciente de mí por virtud de la consagración justa, que debidamente pueden tener las imágenes e iglesias e altares aparejados e limpios al culto divino”. E la noche siguiente vido la bienaventurada a hora de los maytines una visión muy gloriosa, y es que vido venir a Nuestro Señor Dios en un trono muy rico con vestiduras pontificales, cercado e acompañado de muchedumbre de ángeles e santos e santas, y estaban junto a la imagen de Nuestra Señora, a la qual bendecía con palabras muy devotas e reverenciales, e cantares e dulces sones que hazían los ángeles con diversos instrumentos, de las quales palabras e canciones no pudo colegir esta bienaventurada sino pocas palabras. Y el día que vido esta revelación era octavo de la dedicación de la Iglesia, e las ceremonias que Nuestro Señor hizo [fol. 46r] en la consagración d’esta santa imagen fueron muchas. Estaba vestido como obispo y la imagen, que estaba vestida sigún es costumbre adereçar las imágenes, a desora pareció toda desnuda e alçada en alto, tiniéndose con el poder de Dios. Esto era antes que el Señor la bendixesse, el qual hizo llamamiento a los santos ángeles para que viessen lo que hazía en aquella imagen y ansimesmo a los demonios, para que hubiessen miedo y viessen la virtud que Dios ponía en su santa Iglesia e imagen y altares, e por fuerça se lo hazían mirar e reberenciar, y que daba poderío a la santa Madre Iglesia que venciesse al demonio e le desechasse con baldón e recibiesse a Dios Jesucristo y a su santa Madre con reverencia e honor, e para esto bendecía e dezía en altas vozes el mesmo Señor desde su alto trono: “''Sum qui sum et ecce nova facio omnia''”, que quiere dezir “Yo soy el que soy, que todas las cosas hago nuevas. En lo alto del Cielo moro, soy rey eterno que rijo los coraçones católicos e devotos, que mi adversario los perturba, empero [fol. 46v] yo soy el que los sosiego; él los derrama, yo los allego; él los discipa, yo los recreo; él los destruye, yo los edifico; él los ensucia, yo los limpio; él los enturbia y rebuelve y haze oler mal, yo los purifico e hago oler suavíssimo. Si de lo malo <malo> hazen bueno, e de lo no limpio hazen limpio, e de lo imperfecto hazen perfecto e loable e agradable...”, e bolvía sus preciosos ojos a la imagen de Nuestra Señora e dezíale “¿Quién te desprecia, Madre mía?”. Y poníale muchas cruces hechas joyeles; estando ella ansí desnuda la cercaba toda, especialmente la cabeça, frente y gesto y los pechos y espaldas e ombros e braços e manos, todo el cuerpo hasta los pies, que significaban los cimientos de la santa Madre Yglesia. E después de muchas bendiciones que el Señor dezía, dixo cantando la antífona que dize: “''Foris hortus redundans gratia mundum replens superni e dibus florens hortus mox'' [fol. 47 r] ''ab infantia admirandis fulsi virtusibus e anadian eandes flos multiplicant virgule decorent conceptus glorificat Maria pudorem Amen''”.
Tras estas santificaciones e cançiones que se deçían, pareció a desora la imagen de Nuestra Señora vestida de las mesmas vestiduras de antes y puesta en el altar como primero estaba, e los demonios quedáronse mesando e arañando e dando gritos e ahullidos, e la visión de Nuestro Señor desapareció roziando la casa con agua bendita, e la bienaventurada quedó muy consolada. Y passados dos días que la santa imagen estaba en su celda, ayuntáronse allí la abbadesa y las monjas, diziendo a la santa virgen que iban por la imagen e, importunándola la abbadesa, pues estaban allí todas, les dixesse alguna cosa de las que Dios le mostrava; respondió diziendo: “Lo que ay que deçir es que Nuestro Señor Dios tiene en tanto las imágenes que se sirve que las aya en su santa Madre Iglesia, y que sean honradas y veneradas por nosotros pecadores, pues el mismo Dios de los Cielos vino a la bendeçir [fol. 47v] e a enseñarnos cómo son cosa por donde se alcança virtud e devoción quando se tiene en el coraçón. E bien se parece, según yo vi en una revelación que Nuestro Señor fue servido de mostrar, quánto Él ama e honrra la santa Madre Iglesia y a sus santas imágenes por amor d’ella, e dixo la revelación susodicha, y díxome mi santo ángel después que desapareció el Señor: ‘Mira qué son las maravillas de Dios que si en un madero halla Dios voscosidad y no quiere que su santa Madre le tenga por su imagen, hasta le haver limpiado e puesto en él dignidad de bendición suya, como la tiene la santa Madre Iglesia, ¿qué tales estarán las ánimas que llenas de pecados están ensuciadas e asquerosas, cómo serán dignas aquellas tales que venga Dios en ellas ni su santa Madre con gracia e piadosa charidad, si primero no son alimpiadas las tales ánimas por especial gracia del Spíritu Santo? Las cosas que son despreciadas e bajas Dios las ensalça e tiene en ellas thesoros muy grandes, aunque escondidos a los ojos de las personas [fol. 48r] de la tierra. Bendito sea Dios en sus dones, e los santos en sus obras, e las imágenes en sus altares, e los altares en sus iglesias con sus sacramentos, e los sacramentos en la Cruz y Passión de Nuestro Señor Jesucrito y en el santo baptismo y remissión de los pecados’”pecados’.
E acabado esto, dixo la bienaventurada madre nuestra: “Bien se pueden llevar la santa imagen”, la qual llevaron la abbadesa y monjas con mucha reverencia e devoción e con candelas encendidas, cantando el “Te deum laudamus” al coro, e la pusieron en el altar acostumbrado y de aquí adelante se consolaron las monjas con esta santa imagen; y dixo el Señor a la santa Juana, al tiempo de consagrar la imagen: “Diles a las monjas que traigan cuentas y se las pongan a mi Madre”. Y ansí se hizo y estas son las quentas que llamamos de la Consagración. Tenía esta santa imagen la boca abierta y el Señor con su mano se la cerró, y dexó señal en la barbilla y labio alto; y los ojos que tenía muy en alto le puso el Señor sus dedos y se los abajó como aora los tiene. Y esto todo lo veýa la santa Juana y lo dixo.