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María de Ajofrín

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Vida de María de Ajofrín
Y sintió dello tan gran dolor y pena que le llegó a par de muerte, lo qual vieron los testigos que adelante se dirán, y notario. Y como esto fue hecho, acabada la comunión, luego fue traspuesta fuera de desí y pribada de todos los sesos humanales y estuvo allí por espaçio de quarenta horas. Y en este tienpo que estubo ansí, aviendo las hermanas conpasión della, probaron de dalle algunos tormentos, metiéndole plumas en las narizes hasta arriba, que le hizieron llagas de dentro, y en las manos, y en los pies, y en todos los otros mien- [fol. 202r] bros le daban pena por la hazer tragar alguna cosa de comer, y tanta fue la fuerza que le hizieron que le quebraron una muela. La qual, estando en este tan gran tormento, la noche de los Finados dio muy grandes gemidos, por tres vezes u quatro, e hizo mui grande estremecimiento en el cuerpo. La qual, estando ansí, fue llevada al trono del Rei Celestial a do vido cosas de gran espanto, que lengua humana no puede dezir, e vido un rei mui espantable estar en un mui gran trono, ante el qual estaban muy grandes gentes de diversas calidades e de maravillosa hermosura, y el rei tenía atravesado en la boca un cuchillo agudo de entreanbas partes, y fue dicho a ésta: «Pobreçilla, ¿ves el quchillo que está de anbas partes agudo, que está en la boca del rei Sepas que significa la grande yra que tiene sobre la Iglesia y sobre los prelados y rexidores della». Y fuele dicho: «Ve y di aquellos varones lo que te à sido mandado, que porque echan en olvido y son negligentes en qumplir lo que les es dicho y demostrado, no curando de la vox divinal, como si fuesse cosa de los honbres amenázolos una vez y dos, so pena de la divinal sentencia, que dexadas todas las cosas, luego tomen camino e lo digan al arçobispo de la iglesia. E venga por sí mesmo e ponga gran remedio en aquellos çinco pecados suso escritos, conviene a saber: en la mengua de la santa fe, y en la cobdiçia de la luxuria, y en la ignorancia y mengua de reverentia, en los quales pecados cada día es blasfemado y crucificado Nuestro Señor Jesucristo, hijo de Dios y que destruyga [fol. 202v]1 las herexías desta cibdad y de los clérigos, y haga çerrar las misas que dizen en casa de los legos porque es gran deshonra y escarnio al qulto divino. Y esta señal del cielo te da porque seas creída en estas cosas que has visto y en las pasadas, y este quchillo que es en la boca de Dios poderoso traspasará tu coraçón y ará en él llaga, y saldrá sangre biba que será verdadero testimonio a todos, y tú serás remediadora y parçionera en la passión del hijo de Dios».
Y así fue luego hecho. Y luego halló ençima del coraçón tan gran dolor que dezir no se puede, e de tan gran abertura y grandeza era la llaga que pudiera caber por ella la cabeza del dedo pulgar de un honbre. Y duró abierta esta llaga veinte días enteros y los viernes corría mucha más sangre que todos estos días. Y con paños puestos en la llaga, corría sangre hasta la pierna, en la qual llaga nunca apareçió gota de materia, ni tampoco se puso medicina humana, sino los paños linpios, unos ensangrentados y otros puestos. Y la sangre era tan limpia y viba y tan colorada, que no podía ser más, como lo demuestran los paños que tenía en la llaga, los más de los quales están en mi poder.
La qual llaga quiso absconder la santa virgen, y callolo todo lo que pudo y fuese dicho divinamente que lo dixesse y demostrase a las señoras matronas, la hermana maior y doña Teresa, a las quales mostró los paños sangrientos. Y como desto fuessen maravilladas, llamaron en secreto al confesor, el qual puso silencio en la casa quanto pudo y ninguno de fuera lo supo. Y abiendo reçelo en dicho clérigo, no fuesse alguna cosa [fol. 203r] fingida, por quitar toda dubda mucho trabaxó por saber la pureza de la verdad y vió la dicha llaga y creió y fue lleno de mui gran maravilla y en quanto él pudo lo tuvo secreto, mas revelolo a testigos mui honrrados y dignos de toda fe, que dello fielmente diessen testimonio. El uno era el deán de Toledo, y el otro, el capellán maior Señora Minaia, y el dicho cura y las dos matronas de la cassa y con ellas un notario público de la cibdad, para que con todos diesse testimonio verdadero. Las quales seis personas por sus ojos lo vieron y con sus manos la llaga palparon, la qual estaba reçiente y sangrienta, y lo paños sangrientos, como ellos lo manifiestan. Y el propio capellán maior sacó de la llaga con sus propias manos gran copia de hilas en biba sangre vañadas, las quales están en mi poder.
===Capítulo 24. De cómo con su mano sanó una herida de la qual corría mucha sangre===
 
Estando una de las hermanas de la casa puniendo una sarga en una pared, subió en una escalera a poner un clabo con un medio ladrillo para lo hincar, y calló el ladrillo y dio a una de las hermanas en la cabeza, que estaba cabe de la escalera, el qual se hizo tan gran golpe y llaga que la corrió mucha sangre. Lo qual, como esta sierba de Dios lo viesse, fuese para ella y puso su mano derecha encima de la llaga diciendo tres vezes el nombre de Jesús, y hinchósele la mano y dedos de sangre y cessó de correr y no salió más y juntósele quero con cuero sin otra medicina.
 
===Capítulo 25. De cómo sanó a su madre de una gran enfermedad===
 
En el lugar de Axofrín, como un hermano de esta sierba de Dios corriese un cavallo, caió el caballo con él y ansí el cavallo como el caballero quedaron [fol. 209v] mui atormentados de la caída, y tanto fue, según él me dixo, que la silla se hizo pedazos. Y el dicho su hermano uvo gran pasión en los ojos y como su madre estuviese mui triste por la muerte de otro su hijo, que poco avía que era muerto, y supiese lo que había acaecido, al segundo doblole el dolor y tan grande fue que se le torcieron los ojos y boca en gran grado. Y como dende algunos días, esta sierva de Dios supiese lo que a su madre avía acaecido, uvo de ello mucho pesar y fuese para el altar de Nuestra Señora, lo qual mandó hacer la dicha su madre, y suplicole con muchas lágrimas por la salud de su madre.
 
E inspirada divinalmente, respondió a quien le traxo estas nuebas que el domingo siguiente sería sana por la virtud divinal. Y ansí fue hecho.
 
===Capítulo 26. De la claridad divinal que le fue mostrada en el mes de noviembre, año ochenta y çinco===
 
Como estuviese esta santa muger de contino mui fatigada de muchas y mui continuas enfermedades, acostada en su cama, fue forçada y robada en espíritu el día de Santa Cecilia. Como contemplase en aquel tan gran milagro que Nuestro Señor hizo a Santa Çeçilia, que les truxo dos coronas, una a ella y otra a Valeriano el santo ángel del Çielo, y como estuviera hablando con ellos, levantose esta santa muger ençima de la cama y pusose a horar con devotión [fol. 210r] a una imagen de Nuestra Señora que está frontero en la pared, y como con atención hiziese oratión, las manos levantadas súbitamente, vio una gran claridad en la imagen a quien orava, en sí misma i en las manos que tenía alçadas.
 
Y como estuviese algún espacio ansí transpusose y estuvo ansí hasta que vinieron algunas hermanas que la hallaron, y disimuló con ellas, que a ninguna lo dixo hasta que conmigo habló con deseo mui grande de que ninguno lo supiese.
 
===Capítulo 27. De las cosas que vido y le fueron mostradas la vigilia de la Santa Natividad de Nuestro Señor===
 
Después de lo susodicho, açercose la fiesta del Nacimiento del Señor y ella, estando acostada en su cama y mui afligida y con grandes dolores en el cuerpo, según sus pocas fuerzas pensó de se aparejar para recibir el Santísimo Sacramento. Y el jueves de la fiesta vínose tan gran dolor al celebro y tan grandes golpes de coraçón que según me dixo parecía1 que se le salía el ánima del cuerpo.
 
Y aquel día y el viernes siguiente no comió sino unas pocas de pasas, y el sábado reconciliose para comulgar. Y este día vio la imagen de Nuestra Señora, que está en el altar, por tres veces sudar gotas de agua y fue llena de maravilla, y llegose a la imagen y limpió el sudor, y con ello labó su rostro. Y como fuese a comulgar y la comulgase, el capellán maior de la santa iglesia como se volviese con el santo sacramento para se lo dar y ella no pu-[fol. 210v]-diese tener los llatidos [sic] del corazón, dio un gran resuello y vio levantadas en la patena las formas, y aparecieron luego tres ángeles visiblemente que pusieron las formas que no volaron fuera, que cierto caerían en el suelo si por ellos no fuera, y lo mexor que pudo recibió en santo sacramento con mui gran divinidad, como otras vezes.
 
Y ansí se fue a la cama con su fatiga y dolores mezclados con gran suavidad de la dulcedumbre del Señor y suavidad de las cosas celestiales que avía visto y gustado. Y ansí estuvo hasta las diez de la noche.
 
===Capítulo 28. De los secretos celestiales que visiblemente le fueron mostrados en la santa noche de Navidad===
 
Como tañesen a maitines en todas las iglesias, no se pudo sufrir a quedar en la cama y cobradas nuevas fuerzas, enferma y flaca, con el çelo de tal fiesta del nascimiento del Salvador levantose mui alegre de la cama y fuese para el coro, a do se avía de hazer el ofiçio, y contemplando en el glorioso nascimiento de Nuestro Salvador, estuvo mui atenta para conoçer la medianoche, porque avía oído que en aquella hora avía nacido el Redentor. Y el altar de Nuestra Señora, a donde está su imagen de bulto, estaba mui compuesto de çirios y candelas, y una cama mui adereçada con mui ricos paños y almohadas, y un niño mui chicito de vulto mui conpuesto. Y estava en una cuna delante de la dicha Señora, y como fue la media noche y esta sierva de Dios estuviesse de rodillas, con lágrimas y gemidos sin quento, [fol. 211r] vio con los ojos corporales decendir mui gran resplandor delante del altar, y alderedor d’él vio a Nuestro Señor vivo y en carne, la más vella criatura que en el mundo fue vista, y con gran resplandor, que excedía a la lunbre del sol; y vinieron tantos ángeles a lo adorar y servir y a le dar cantos de gloria mui suave, que decir no se puede ni escribir.
 
En la qual adoración pasó más de media hora y luego vio con sus ojos cómo los pastores, ençendidos de amor, le vinieron a adorar y estuvieron ansí mui gran espacio. Y estos partidos, vio venir los tres reies magos con muchas y diversas conpañas e instrumentos y traían muchas tronpas que deçir no se puede. Y venían con ellos tres soles mui resplandecientes y llegando al altar todos tres se hizo uno, y con gran acatamiento y reverençia, con sus dones en las manos, llegáronselos a ofrecer y a adoralle, el qual dicho niño era ya maior que cuando lo vido la primera vez. Vio cómo la imagen de Nuestra Señora, que estava en el dicho altar, se rio tres vezes contra el Niño.
 
Y hecha la adoración, con gran reverençia y acatamiento, amonestados por un ángel, se bolvieron por otro camino a su tierra. Y estos partidos, vio cómo Herodes mandava buscar al niño para lo matar, y luego vio cómo Nuestra Señora, con el infante en brazos y el santo Joseph, se ivan huyendo a Exito. Y luego tras esto, vio cómo la gente de Herodes andava matando los inocentes y cómo las madres los escondían en quebas acallándoles [fol. 211v] y dándoles de mamar por que callasen; y los niños daban tan grandes gritos que parecía llamavan a los enemigos que los fuesen a sacar y matar, a los quales matavan de diversas muertes y mui cruelmente.
Y duraron estas maravillas y secretos celestiales en los ojos de aquesta sierva de Dios desde las doze de medianoche hasta las tres horas siguientes, de la qual visión ella quedó tan espantada y fatigada, y tan consolada en el coraçón, con gemidos y suspiros continuos que deçir no se puede, y apretávase mucho consigo, por que ninguna hermana supiesse, salvo la hermana maior, que estava con ella y la consolava quanto podía y le deçíe que no se afligiesse tanto.
 
Y ansí no nunca lo supo ninguna de las hermanas, y ansí es su voluntad que ninguna lo sepa. Y muchas vezes me dixo que quería más la muerte que esto fuesse sabido.
 
===Capítulo 29. De lo que vio en la missa del gallo este mismo día===
 
Como estas cosas fuesen acabadas, vino el capellán maior de la santa iglesia con deseo de hazer al Señor serviçio y dar consolaçión a aquellas siervas de Dios que esperaban su venida, el qual avía reconciliado muchas hermanas y las comulgó en esta santa misa. Y traxo consigo cantores que se oficiassen la misa, y como saliesse revestido al altar, luego aquella sierva de Dios vio claramente dos hachas de fuego de resplandor ençima del altar, y de cada una de ellas salían çinco raios que iban derechos a do estaba esta sierva de Dios [fol. 212r] hincada de rodillas, y no le impedían nada para ver las cosas que se hazían en el altar.
 
Y como celebrase la misa con gran solenidad y los santos se empezasen, vio esta sierva de Dios tanta multidud de ángeles que descendían al altar que cubrían al sacerdote desde los pies hasta la cabeza, y subían y descendían con gran gozo y alegría. Y quando uvo de alçar al Señor, los ángeles le levantavan los brazos y le aiudavan a decir el Pater Noster, y al tiempo que se dezíe esta sierva de Dios fue mui fatigada y dio consigo de brazos en el suelo. Y duró en aquel gozo, mezclado con muchas lágrimas, hasta las doze de medio día, de manera que estuvo catorze horas, después de las diez que tañeron a maitines, de rodillas, que de allí no se movió en tan clara y maravillosa visión para glorificar y ensalçar el nombre del Señor y acrecientamiento de nuestra fe, que nunca oí ni leí que con los ojos corporales ninguna persona tales cosas viesse y le fuesen demostradas, en lo qual es mucho Nuestro Señor de loar y glorificar en las sus grandes maravillas, las quales haze y hizo a do quiere y como quiere.
 
Y pasadas las doze horas después de mediodía, mui fatigada, algunas hermanas ansí la llevaron a su cama, y a la tarde, por satisfacer a los ruegos que le fueron hechos, comió un poco de carne de membrillo. Y ansí estuvo lunes y martes hasta el miércoles, que comió un güebo, en lo qual parece que la fuerça del manjar celestial le dava vida contra natura; [fol. 212v] y para dezir estas cosas se hizo mui gran fuerza porque le avía yo mandado por obediençia que a ninguno las dixese salvo a mí, que ninguna cosa me encubría de las que el Señor le mostraba, y rogome con grande ahínco que ninguna persona del mundo de mí lo supiese, deseando mucho la muerte y verse ya fuera de la vida.
 
===Capítulo 30. de las cosas que esta santa virgen vio con sus ojos çinco días antes de la Natividad===
 
Como toda la gente estuviesse afligida por la hambre, que no avía harina ninguna por la muchedumbre de las aguas que los ríos traían, esta virgen, según me dixo, fue mui afligida y estuvo una noche que no durmió. Y estando todas durmiendo se levantó, que ninguna lo sintió, y subiose a un terrado desde donde se parecía el río, y estando el cielo estrellado bendixo el río, y después metiose en un retraimiento, que es un lugar mui espantado, en el qual ay unas imágenes del tiempo antiguo, y púsose a horar a la medianoche en aquella oscuridad, en manera de cruz de braços en el suelo, y estuvo ansí mui gran rato, haciendo de sí gran sacrifiçio al Señor de mui atenta oraçión, con lágrimas rogando a la Madre de Dios que amansase su ira. Y sintiose esta sierva de Dios estar en el aire levantada de la tierra. Y a cabo de rato vio venir un poco claridad, con la qual vio [fol. 213r] todas las imágenes que estavan pintadas mui celaramente. Y como viesse gran pavor, ofreció al Señor muchas plegarias, y como estuviesse en aquesta pena, súbitamente vio otro mui gran resplandor que resplandecía sobremanera, y apareciose Nuestra Señora descabellada de sus cabellos, con ojos mui llorosos y mui triste, y le dixo: «Sepas que todas las aguas que son venidas por tan largos días avían de caer en tres días y la maior parte dellas sobre esta cibdad, en que muchas gentes perecierán por los sus grandes pecados que en ella se cometen cada día y Dios es mui ofendido dello. Y por las plegarias que as hecho por este pueblo, al Señor y a mí me as rogado que por la gran piedad y dementia que ubo en enbiar su hijo Nuestro Redentor a nos redimir y salvar, quisiesse aún piedad de todos y yo supliqué al Señor que tu petición fuese oída y Él la oió y su ira se aplacó, y io, por piedad que tengo al pueblo cristiano, vengo a ti qual ves».
 
Y como la dicha virgen estuviesse con los ojos abiertos y manos alzadas, y coraçón mui espantoso, d’Él apareció la vissión y ella caió de bucos en el suelo, y ciertas horas estuvo sin sentido y amortiguada y devantose mui esforçada del cuerpo y del ánima de tan espantosa visión. Y de tan gran admiración quedó mui consolada y ninguna de las hermanas lo sintió.
 
===Capítulo 31. De cómo fue mostrada una gran señal del Çielo en esto===
 
[fol. 213v] La fama desta santa mujer, como ella quisiese que fuese tan oculta, no se pudo enpero que algunas personas devotas no uviesen de saber la fama de su santa vivienda, una de las quales fue el Señor obispo de Badaxoz que a la saçón era deán de Toledo. El qual con ella habló muchas veces y fue testigo de la llaga en el costado; el qual le rogó que rogase al Señor por una discordia que avía en la corte, a do estaban los Señores reies y el cardenal de España. La qual, obedeciendo lo mandado, se echó en oratión con gran ahínco y voluntad.
 
Y en las otavas de la pascua florida, que fue en el mes de marzo de ochenta y seis, ella se levantó de mañana y se subió en un terrado en la casa a do morava Doña Mari Garçía, e rompiendo el alva se puso allí en oratión y vio unas nuves mui coloradas que corrían por el cielo hazia Oriente, y antes que el sol saliese vio un gran resplandor en el cielo a do el sol avía de naçer. Y salió el sol, i ella le miró con ojos claros e sin enpacho de la claridad, lo qual es contra natura humana, que hombre ninguno no puede ver. Y dentro en el sol, vio un grande agujero que entrava al cielo, del qual salían grandes raios de claridad hazia muchas partes, y dentro del aguxero vio con ojos claros una cruz de oro mui resplandeciente, la qual cruz y raios estuvieron en el sol desde que salió hasta que hizieron clamores para tañer a terçio y luego desaparecieron; i vio en el aire, no mui lexos de sí, una persona que se pareció como la luna que peleava con otras [fol. 214r] y otros con ella, y pasándose algún rato volviéronse las espaldas el uno a otro. Y como viese una de las hermanas, quitose luego de allí y no pudo más conocer la dicha vissión. La qual dicha sierva de Dios tiene miedo de hablar, y me certificó que mirando muchas veces una Verónica, que está en el altar, vio salir raios de claridad y continuamente ve un resplandor a do está el corpus cristi, y muchas vezes ve visiblemente el santo sacramento no le estorbando las plantas ni las otras cosas en que está encerrado y enbuelto. Y una vez, alçando el sacerdote el sacramento, vio un dedo de carne puesto en la ostia, y otra vez vio en el sacramento un escudo blanco con las çinco plagas de Nuestro Señor, de lo qual tuvo miedo y gran temor.
 
Y en esto parece ser mui grande la virtud del Señor y la pureza de su ánima, que con los ojos corporales pueda ver cosas tan palpables y celestiales para honra y gloria de su santo nonbre.
 
===Capítulo 32. De las cosas que esta virgen vio y le fueron mostradas en el santo sacramento===
 
Jueves, día de la octava de la Ascensión del Señor del sobredicho año. Como no uviese quién díxole missa aquel día en la casa, ella fuese al oratorio, y como estuviesse orando con atençión, vio con ojos claros el santo sacramento, que estava encerrado dentro del arca, levantado dentro del arca con gran [fol. 214v] resplandor, la qual lo adoró con mui gran gozo. Y estuvo reçando allí por algún espacio de tiempo y esto le á acaecido otras vezes quando no avíe misa, lo qual le puso mui grande espanto y transes1 Y luego, el día de san pua2 como el capellán díxole misa mayor y uviese[n] de comulgar muchas hermanas, y como se volviese con el sacramento para dárselo, vio en la manga del dicho saçerdote media ostia de las que comulgavan, y resplandecía como una estrella, de lo qual fue mui maravillada. Y como comulgasen las dos primeras hermanas, desapareció la estrella y el resplandor que pareçiera en la manga. Y luego le caió gran sospecha de lo que fue, y pensó que se le avía caído al saçerdote, y como se quitasen las que comulgavan, ella, con aviso, fuese a poner en aquel lugar a do desapareçiera la visión. Y como hincase las rodillas, vio estar en la grada del altar la dicha partícula del sacramento tan resplandeciente como una estrella, y estando el saçerdote vuelto al altar, y como se volbiese otra vez con el sacramento a comulgar a las segundas y llegase a ella para dalle el sacramento, ella le hizo señal para que se apartase y él, no lo entendiendo, pisó el sacramento y ella tornole a hazer señal con la mano más reciamente, y como él mirase abaxo y viese la parte de la ostia, abaxose y tomola con reverentia y desque esto vio esta santa muger fue tan atribulada y angustiada [fol. 215r] del coraçón que por algunos días no se levantó ni quería hablar ni comer.
 
Y en aquel día de la comunión envió a rogar a la hermana maior que no quitase aquella alhonbra do caiera el sacramento. Y estando las hermanas recogidas, ella se levantó como pudo y fue a las gradas de dicho altar, y en aquel lugar do ella comulgara vio dos reliquias que se avían quebrado de la dicha partícula, resplandeçiendo así como estrellas, de lo qual uvo mui gran pavor, y derramando muchas lágrimas y suspiros, fue tan grande la angustia que pasó en su coraçón, por no saber qué hazerse y por no ser descubierta, que no tuvo más remedio sino, con la maior devotión que ella pudo, abaxarse y tomarlas con la lengua. Y ansí las comulgó y sintió tan grande dulçor y suavidad que no se puede decir ni escrevir.
 
Y ençendida con el amor y çelo del Señor subió al altar y desenbolvio los corporales y lixula3 y palia por ver si podría hallar la partícula que el saçerdote alçó del suelo, y no la pudiendo hallar tornó a coger los corporales y tornose mui triste y desconsolada. Y echada en su cama, su consolación era gemir y llorar con grandes llatidos que el coraçón le dava, sintiendo mui gran dolor en él y en el lugar adonde se le abrió la llaga. Fue tan grande le dolor que se le hinchó la carne y el pecho hasta la garganta.
 
Y ansí estuvo algunos días, mui desconsolada, no pudiendo dormir, ni quería que le hablasen, lo qual ninguna de la casa lo supo, ni la hermana mayor [fol, 215v] salvo que la casa penava con su pena. Y duró esto hasta que yo estuve con ella, y con grandes gemidos y miedo me lo dixo, y tomó algunas fuerças para comer deseando con gran ahínco ser fuera de aquesta vida.
 
===Capítulo 33. De cómo apareció a esta santa mujer el ánima de su capellán finado y de las cosas que le dixo===
 
El día de San Francisco, año de ochenta y seis, esta santa muger sentía cabe sí un bulto y sonbra que estava adonde ella estava, y con el gran miedo que tuvo conjurolo que ni hablase ni la viessse. Y a la postrera noche sintiole a par de la cama, y ella no durmió con el miedo que tenía, y dos horas después de la media noche, estando sin ningún sueño, abraçada con un libro que tenía de devotiones y con el gran pavor que tenía, estava puesta hazia la pared y el espíritu llegó a ella y meneola como quien quiere despertar a quien duerme, y ella con el temor que tenía no lo quería hablar, y haziéndole señales con gemidos. Esto por dos vezes duró hasta las quatro después de la medianoche, y entonçes ella volviose del otro lado para se levantar e ir a su capilla a orar, y luego el espíritu le habló y dixo ansí: «Esforçaos y no os vais de aquí, que también se sirve de vos Dios aquí. Y por la caridad del Señor vos plega de me oír, porque seis noches ha que ando aquí penando y por sentiros con tan grandes fallecimientos; y por [fol. 216r] daros fatiga demandoos mucho perdón de muchos enojos que vos é hecho y de una carta que vos escribí, la qual fue causa de daros mui grande trabaxo y turbaçión. Y por muchas buenas amonestaçiones y consejos que me distes acerça del buen regimiento que yo debía tener en la gobernación de aquesta casa, los quales dichos consejos con gran osadía y menospreçio no creía y menospreciava, no temiendo que érades sierva de Dios y de su manos. Y muchas veces os demandé con gran sobervia que demandásedes señales a Dios del cielo, y puso el Señor en mis manos lo que no eran mis ojos dignos de ver, y por esto vos digo que os esforcéys mucho y que lo que os fue mandado que manifestásedes al Señor cardenal no lo dexéis por ninguna pena temporal ni por no ser vista ni conocida, y si esto no cumplís antes de un año seréis azotada del Señor mui gravemente; y por que no penséis que soi vissión engañosa ni fantasma, yo soi vuestro padre cura y capellán desta casa, que poco á que falleçí, y vos digo que digáis al prior de la Sisla y a la hermana maior desta casa que por la caridad del Señor me perdonen en qualquiera manera que los aia enojado, y otrosí me quieran perdonar sis mil maravedís que doi en cargo a esta casa de un libro que vendí, lo qual todo demando en limosna me lo quieran perdonar y todo lo otro que les tengo a cargo. Y yo vos ruego, por la caridad de Dios, que me hagáis decir [fol. 216v] cinquenta misas porque el Señor me saque de pena».
 
Y esto dicho, desapareció, y la dicha sierva de Dios, quitada la habla, quedó amorteçida por espaçio de quatro horas y lo primero que le dixo este espíritu fue esto: «Y vos roga a Dios por mí». Y desde a pocos días viniendo de oír missa del coro, sintió que uno la travava del braço mui recio y le puso la otra mano en la espalda, como persona que la quería aiudar, y ella dexose caer diciendo tres veces Jhesús, y sintió el cuerpo mui desconcertado y ansí la llevaron luego a la cama, y hizo luego dezir las misas e no sintió más entonces.
 
Me dixo esta santa muger lo que arriba es escrito, que muchas vezes cuando ora al altar, ve visiblemente el sacramento como si no tuviose cobertura alguna, y siente muchas vezes gran dulçor por grande espaçio de rosas y lilios y flores, que decir no se puede, lo que la recibe gran fuerça y consolación, ansí spiritual como corporal.
 
===Capítulo 34. De la claridad que vio dos vezes en la iglesia maior día de Santa Caterina===
 
El año de ochenta y seis, estando esta bendita virgen en el oratorio rezando sus orationes en la noche de la fiesta de Santa Caterina, en la qual tiene mui grande amor, y como con atención estuviesse de rodillas delante de la su imagen y la capilla estuviose oscura, súvitamente apareció gran claridad y alunbró a la virgen Caterina [fol. 217r] y al Niño Jesucristo que estava pintado cómo ponía el anillo de su dedo a la virgen Santa Caterina, de lo qual esta santa virgen fue llena de grande gozo; la qual claridad estuvo allí por algún espaçio y luego tornose a escurezer como estava de antes. Y la noche siguiente, como se levantasse después de maitines a orar en el coro, halló la lánpara muerta y no sabiendo qué hazerse, fue a llamar a una de las hermanas que estava acostada y díxole que la fuese a ençender. Y tornose al coro como de primero y estando la iglesia mui escura, súpitamente vio una centella de fuego que salía del arca del corpus cristi y fue encendida la lámpara con tan gran claridad que resplandeçió toda la capilla, y como vino la hermana que de ella fue llamaday viesse tan gran claridad, fue mui espantada y comenzó a decir: «Milagro es este y no se puede encubrir». Y ansí quedó esta santa virgen en el oratorio llena de mucha consolaçión.
 
===Capítulo 35. De lo que acaeció en la imagen del Niño Jesús===
 
Como otro día adelante estuviose rezando en el oratorio y tuviese consigo dos libros en donde tenía sus orationes, demandó a una hermana que le truxese la imagen del Niño Jhesús, que estava en el altar de Nuestra Señora, el qual estava vestido de una ropilla que le abían hecho hasta los pies. Y como el dicho Niño le fuese entregado, tomolo con devotión y púsolo de pie encima [fol. 117v] de un libro. Y como por algún espaçio con alegría y devotión le hiziese oratión con artas lágrimas, alçó la ropilla por besalle los pies, y vio como uno de los pies se bullía y meneava como si estuviera en carne, y alçóse un poco el pie para que se le pudiese besar. Y como le besase con devotión quedose el pie levantado y no se baxó jamás. Y como pusiese el pie del Niño en una gran hinchazón que tenía en el ojo, luego fue abierta, la qual cosa luego fue divulgada en la casa, y el niño quedose con el pie levantado.
 
===Capítulo 36. De cómo fue robada en espíritu y vio un ánima cómo fue llevada a juicio===
 
En la santa iglesia de Toledo uvo un canónigo honrado y discreto y barón de mui noble condición, y de todos mui amado y querido y limosnero, que quanto tenía gastava en casar uérfanas con deseo de hazer tesoro en el cielo, adonde son las verdaderas riquezas. El qual se llamava Don Diego de Villaminaia, que era capellán maior de la iglesia maior, y como Nuestro Señor le quisiese galardonar de sus trabaxos en fin del mes de março, año de ochenta y siete, enfermó de calenturas y a los treinta días del dicho mes fallesçió, en quio fallescimiento casi toda la cristiandad uvo sentimiento, del qual cupo gran parte a la casa de Doña María García, por las grandes limosnas y bienes que les hazía, ansí corporales como espirituales, y era tenido como padre de toda la casa. [fol. 218r] Y todas las hermanas estaban en el coro, con ellas María de Axofrín, y como doblasen las canpanas en su fasllecimiento, luego la dicha María de Axofrín fue robada en espíritu y vio cómo San Juan Batista y nuestro padre San Xerónimo y Santa Caterina llevaban el ánima del dicho capellán maior a juicio delante de la Magestad divinal, en un gran canpo mui deleitoso, en el qual estaban muchas ánimas loando al Señor. Y fue acusada delante del Señor cómo tenía cargo de un finado, el qual le avía dexado por albaçea de su testamento y no lo avía hecho hazer cumplir, y como quiera que el capellán maior en su testamento dexó mandado que se cumpliese aquel cargo, mas como nuestro Señor sea justiciero, mandó que el ánima del dicho capellán estuviese detenida en aquel lugar y no entrase en la gloria del Çielo hasta que fuese satisfecha la demanda del dicho defunto.
 
Y como la dicha María de Axofrín vio esto, quedó fuera de sí con mui gran pena mezclada con grande alegría de lo que viera, que aunque su ánima no estava en la gloria çelestial, estava enpero en un lugar seguro. Y caió luego en la cama con mui grande amortecimiento, que muchas vezes pensaron que se muriera. Y ninguna de la casa supo esto sino io.
 
===Capítulo 37. De cómo Nuestro Señor mostró a esta santa mujer el principal de los testigos a quien le plaza que sea revelado lo que avía visto===
 
Un día del Corpus Cristi, recibiendo esta santa mujer al Señor, fue puesta en aquel traspasamiento que solía [fol. 218v], y pareciole estar en la iglesia maior y veía en la proçessión de la clereçía al Señor en unas andas vibo, con muchedumbre de ángeles y muchos santos que cantavan cantos mui dulces al Señor. Y el Señor señaló a uno y nonbrole por su nonbre y díxole estas palabras: «A este le señalo para que manifiestes todo lo que te mandé». Y luego el día de Nuestra Señora de agosto, recibiendo el Señor esta devota mujer, fue puesta en traspasamineto y pareciose que estava en la dicha yglesia, y vio a Nuestra Señora viva, y en toda la iglesia cantavan o gloriosa domina. Y este sobredicho prelado estava hincado de rodillas, y la Gloriosa Señora le ponía una corona de oro en la cabeza y un báculo de oro en la mano y decíanle estas palabras: «Por la limpieza de tu vida a mí eres mui agradable para que seas pastor mui escogido y io seré siempre contigo».
 
===Capítulo 38. De cómo por sus orationes sanó a la hermana maior del mal del costado===
 
Tres días antes de la fiesta de San Lorenço, estando enferma la hermana maior de dolor de costado, desahuziada de los físicos, con el sarrillo levantado que se finava esta santa mujer, de que la vio en la agonía de la muerte, fuese a la capilla a una hora de la noche y estuvo ante el altar de Nuestra Señora hasta las doze con muchas lágrimas, rogando mui afincadamente a Nuestra Señora que no quedase ella guérfana [fol. 219r] de tan gran bien, y que se la quisiese dar sana y viba. Y desde a poco viole sudar el rostro y pensando que se le antojava, atreviose a llegar a su rostro, y a limpiarlo con su toca tres veces el sudor, y lavose los ojos y la cara con ello, y de placer que uvo tornole a mandar la salud de su hermana y oió una boz que dixo: «Otorgada es la vida para consolaçión y remedio tuio». Y luego fue puesta en transpasamiento por dos horas y vio a San Lorenço como mozuelo de quinze años, vestido con vestiduras resplandecientes, y llevava en la mano una buxta de oro y poníasela en la cabeza y en el costado a la enferma, y santiguávala con su mano.
 
Y desque tornó esta santa mujer de aquel transportamiento, con mucho placer fuela a ver y hallola durmiendo, de reposo. Y desque despertó sintió grande alivio de la enfermedad.
 
===Capítulo 39. De como por sus orationes fue librado un hermano suio de las prisiones en que estava===
 
Estando en prisiones un hermano de esta santa mujer, orava ella a Nuestra Señora en su altar con grande ahínco. Y apareciole al preso la imagen de Nuestra Señora y sacole los hierros de los pies y díxole que por el ahínco y la fe desta santa mujer, y de otras que por él en aquella casa rogaban, sería libre de aquella prisión. Y entonces durmiose [fol. 219v] y veníanse delante de aquella imagen y esta su hermana y otras tres hermanas haciendo oratión por él y, como Nuestra Señora, presentava al niño velas y flores y una candela encendida. Y esto era sábado otavario de la Asumptión de Nuestra Señora y él hallose libre de las prisiones y de grande hichazón que tenía en los pies de los hierros. Y luego otro día, vínose a la casa adonde estava esta santa mujer a ver la imagen y contar este miragro.
 
Y aquella hora que él señaló se halló que ella y otras hermanas hazían oratión señalada por él, y de que vio la imagen, con muchas lágrimas prometió de traer cera que ardiese ante ella todos los sábados mientras viviese. Y acaeció que un sábado, mientras maitines, estaba la candela en un candelero y llegose esta santa mujer y otras al altar para dezir el antífona de benedita y salía del pie del candelero humo, como de incensario, y violo primero ella y dixo a las otras, y a la una le dio olor de encienso, y a la otra de flores, y a la otra un olor mui suave, y a otra, que estava en el sicoro, olor de pan tostado.
 
Y dende a nueve años la víspera de Nuestra Señora de agosto, traiendo este su hermano çera para alunbrar la imagen, como avía prometido, plugo al Señor que en el camino súpitamente fallesçió. Y estando esta sierva de Dios mui angustiada de la muerte, rogó a Nuestra Señora que ella mostrase a algún saçerdote de los que dieron misa por él, si estava en carrera de su salvatión.
 
Y el día octavo en que fallesçió, a las dos horas después de medianoche, [fol. 220r] estando1 esta santa con muchas lágrimas delante la imagen de Nuestra Señora rogándole que pues ella le avía salvado de la prisión, que ella le plugiose demostrarle si estava en carrera de salvatión. Y vio el rostro de la imagen alegre, como de persona viba, y pareçía que quería hablar, y ella del gran gozo que tuvo enpezó a llorar y dos hermanas que lo sintieron llevánronla a la cama, y arrimada la cabeza a las almohadas, estando allí las hermanas con candelas ençendidas, sintió a sus espaldas un huego como de persona, y como estava hablando con ellas, no curava de mirar a aquel lugar donde aquello sentía. Y dende a poco uvo gran miedo y parávasele la lengua y sentía tan grande angustia que quería amortecer, y volvió la cabeza y vio un pedazo tan grande como de una almohada, como de nuves quando haze nublado. Y allí dentro, el rostro de su hermano mui alegre y díxole que a la ora de la muerte se viera en gran peligro, mas que Nuestra Señora fue allí con él y dixo cosas señaladas que tenía de cargo e que estava en purgatorio.
 
===Capítulo 40. De una visión que vido jueves de la çena en el arca del monumento===
 
Juebes de la cena, acabado de cenar, el Señor paresciole a esta santa mujer que sentía en el monumento una paloma que reboloteava. Después de tinieblas estando todas en la disciplina, y ella estava entre ellas puesta en cruz, porque estava enferma y avíanle man- [fol. 220v] dado por obediencia que no se diciplinase, y cantaba con ella el salmo de miserere mei con mucho plazer de verse entre aquellas sus hermanas, y vio salir de el arca del monumento ansí como estrella, resplandeçiente que veía por encima dellas hasta adonde ella estava. Y tan cerca estava de la santa que paresçía que podía llegar a ella con la mano, y mirava ella con mucho plazer y devotión esto, y quando hizieron señal para que las disciplina çesase, tornose la estrella al monumento y metiose dentro en él.
 
===Capítulo 41. De otra vissión que vio en el Viernes Santo===
 
El Viernes Santo siguiente, estando diçiendo la pasión, fue puesta en traspasamiento hasta el sábado a la misa, en la ora que el viernes adoraban la cuz, y pareçióle que estava en un campo y veía al Señor cómo le descendía de la cruz, y de cada una de las manos, cuando le desclavaban, salía un resplandor mui claro, más que el sol, y de todas la heridas del cuerpo y de la llaga del costado, a manera de un baso de oro que estava lleno de agua y revertía en manera de caños y dava en las faldas de Nuestra Señora. Y veía cómo le ponían en el monumento y cómo Nuestra Señora se partía con San Juan y la Madalena y los otros que la acompañavan, y entravan en el cenáculo donde el Señor cenó con sus discípulos.
 
Y después de esto, el día de Pascua, y otros días señalados, vio ese mesmo resplandor en la ostia, y en la víspera de Nuestra Señora de março, [fol. 221r] cuando tañían a vísperas, vio ençima del altar súpitamente el bulto de Nuestra Señora a un cabo y, del otro, el ángel de la custodia, donde estava el santo sacramento y salía un gran resplandor que cubría todo el altar y sintieron muchos olores de rosas.
 
===Capítulo 42. De otra vissión que vio en el cielo el día que los reies se partieron para la guerra ''[21]''===
 
Rogando esta sierva de Dios por sus altezas y por todos los que con ellos iban que fuesen sus intenciones en su serviçio y les diese victoria a las doze del día, vio en el Çielo una abertura que salían della muchas llamas de fuego. Y conoció en el espíritu que muchos de los que allí iban yban en pecado mortal y que con mucho trabaxo a[l]cançarían el real1. Y ansí fue.
 
===Capítulo 43. De cómo le apareçió la calavera===
 
En el mes de julio de ochenta y nueve, quando entró la pestilencia en Toledo, fue herida una de las hermanas que llamavan Sancha Díaz, sobrina del vicario de la Sisla. Estando mui fatigada, una de las hermanas, movida a compasión, rogó a esta santa mujer, que estava rezando en un libro, que rogase por la enferma. Y ella estuvo un poco, y súpitamente fue hecha en el libro donde estava rezando una calavera de muerto, y bolviose a las hermanas que la rogaban y díxoles: “No qures della, que vedes aquí [fol. 220v] que esta es su calavera”. La qual calavera estuvo allí algunos días hasta que la enferma fallesçió.
 
===Capítulo 44. De cómo sanó un canónigo de Toledo de una grande enfermedad===
 
Un canónigo de Toledo estava enfermo y súpolo esta santa mujer, y movida a conpasión enbiosele secretamente una granada con una mujer devota de la casa, la qual el canónigo resçibió con mucha devotión y la comió, y en comiéndola, luego tuvo salud y se levantó y fue luego a dar graçias a la dicha casa de Doña Mari García.
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