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→Capítulo XXII
Y por entonçes no le ymportunó más la bienabenturada. Pero, continuando en su oraçión, suplicava a Nuestro Señor, su Divina Magestad se acordase de alguna buena obra que aquella ánima huviese hecho en su servicio, o de sus sanctos, que ella savía havía hecho estando en el mundo aquella persona una buena obra: y hera que havía hecho pintar una ymagen de un sancto muy preçioso, y le hera mucho devoto; y más, que le havía oýdo algunas palabras devotas en loor de su Divina Magestad. Y sobre todo esto que aquella ánima havía hecho, y los dolores que ella padesçía, lo qual todo hera poco, ponía los méritos de su sagrada Passión y los de su preçiosa Madre, y de todos los sanctos y sanctas de la corte del Çielo, y durándole algunos días haçer esta suplicaçión a Nuestro Señor, ynvocaba a otros muchos sanctos, para que la ayudasen a rrogar a su Divina Magestad por aquella ánima, a la qual vido una noche estando en su çelda.
Y primero que la viese, oyó [fol. 110r] unos grandes bramidos, como de toro, y escuchándolos, vido entrar un toro muy feroz , grande y fuerte para ella. Y alzando la sancta virgen los ojos a mirarle, vídole entre los cuernos una ymagen, y tras la mesma ymagen, vido un bulto como un ánima, la qual la dixo: “Conóçesme, yo soy fulano, por quien tú mucho ruegas. Doy muchas graçias a Dios e a ti. Por tus ruegos se me an hecho muchas virtudes, y me dieron esta sancta ymagen para mi consuelo y defendimiento, que es por la que yo hize pintar aquel sancto mi devoto, el qual mucho me a ayudado”. La bienabenturada le dixo: “Mucho me he consolado, ánima, en te haver visto, porque he deseado mucho saver si fueres salva, que la otra vez que te vi no lo pude determinar, tan atormentada vienes”. Respondió el ánima: “Tan grandes an sido mis penas y tormentos, y son, que no puedo enteramente conoçer si soy salva, aunque algunas cosas he visto para creerlo, porque traygo tan grande desconsolaçión y penas de muchas maneras que no me da lugar a tener esperanza de mi salvaçión. Que aunque los demonios no me atormentasen, este buey en que yo ando metido trae tanto fuego y frío, quando Dios quiere, y hedores, y hambre y sed atormentable, que me bastaría, aunque por esto no me dexan ellos de dar crueles tormentos”.
E otras muchas cosas secretas le dixo de su conçiençia, y le pidió perdón de las cosas que en su perjuyzio havía hecho. Y le dixo le havía aprovechado la devoçión que en algún tiempo le havía tenido, conoçiendo la graçia de Dios que en ella morava. Y assí desapareçió. Y de aý adelante, vido muchas vezes esta ánima en su çelda, y en Purgatorio, y la hablava, y la veýa yr mejorando por la misericordia de Dios. [fol. 110v]