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Juana de la Cruz

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Esto platicó el sancto ángel, dando quenta de lo que havía pasado en el Çielo, y añidió, diziendo: “No pienses, amiga de Dios, en mí, encargado para tu guarda, que en dezir lo que he dicho y contado lo medio que pasó, ni la declaraçión de cada cosa tan por estenso, pero el buen enmendimiento deboto y simple, ynoçente de maliçia, sano y salvo y sabio, prudente, justo, piadoso, sobre estas pocas palabras le alumbrará el Señor y le enseñará, más que muchas e arduas scripturas y consejos sanctos. Y mientras más letrado fuere el que esto leyere, más entenderá el çentro dello, porque todo es buena cosa con la sancta fee cathólica, aunque son estas cosas más secretas y de lo alto que Dios no lo a querido revelar tan por estenso hasta agora. Empero, quiero te deçir otra cosa, y es que aun nosotros, los ángeles, no entendíamos todo lo que el Señor nos dezía, porque quando dezía que havía de yr al Çielo la humana criatura y assentarse en las sillas reales, y que nos havíamos de gozar los ángeles sanctos con ellas, no savíamos entender cómo havían de ser hechas las tales cosas, [fol. 119r] ni por qué vía, ni quándo. E ninguno osava preguntar a nuestro Dios, por la mucha reverençia que le teníamos, salvo lo poníamos todo en sus manos y en su sancta voluntad, y que havíamos por bien todo lo que le pluguiese hazer en nosotros y en otras criaturas, pues Él hera, y es y será el criador de todas las cosas, y el governador, y el rey soberaníssimo, y el emperador, y el patriarca y monarca, sancto Padre poderoso spiritual y temporalmente.
”Y assí es bueno, dixo el sancto ángel, hagan todas las gentes para vivir y entrar en paz con su Dios y recriador, redemptor, salvador, contino hazedor de virtudes, las quales sean conoçidas de sus criaturas, que es mucha razón, pues tienen entendimiento animal, razional, viviente, perdurable, eterna. Que ansí hizimos nosotros, los ángeles: fuymos agradeçidos, reverentes, humildes, prudentes, amorosos de Nuestro Señor Dios, serbiçiales, corteses, bien criados, paçientes, justos, dando la honra al otro, cada uno despreçiando a ssí mesmo, teniéndose en poco, y tiniendo a su Dios en mucho, y a sus próximos, no despreçiando a nadie, ni diziéndole lástimas, ni ynjuriándole por sus faltas. Mexor es dexar el juyzio a Dios de todas las cosas, salvo aquellas que tienen perlaturas o cargos de justiçia, dignidades, poderíos, lo qual todo con prudençia se a de regir y ordenar, hazer a serviçio de Dios y bien y provecho de las ánimas católicas, y convertir los infieles y los peccadores a verdadera penitençia; animarlos, enseñarlas en la virtud y fee de Nuestro Señor Jesuchristo, hazerles saver los exemplos de los sanctos, provocarlos a todo bien, apartarlos de todo mal. Estas son las obras de misericordia spirituales. Las que les hizieren bien, abrán; las que no las hizieren para sí, harán gran daño, y las otras ánimas ayudarán a perder. Mírense bien, mírense bien las gentes, que quien solo peccare solo dará [¿?] cuenta a Dios; empero, quien a otros hiziere peccar, llevará su peccado y su culpa, y la agena.
”Dizes que te diga sobre el evangelio de Sant Juan: ‘''in principio erat verbum''’, y sobre las sanctas liçiones de ‘''in principio creavit Deus celum & terram''’. Pues en la sagrada scriptura esto todo se contiene largamente; y en la sancta ley nueva y vieja, concordantes en una perfeçión, allí se hallarán abundosos pastos; y en la piedra, que es Jesuchristo, se hallarán fuentes de agua dulce, y su [fol. 119v] sanctíssimo cuerpo sacratíssimo, e tierra que mana leche y miel, tierra sancta, tierra prometida que Dios prometió a sus escogidos, lo qual todo se cumplió en el misterio de la sancta Encarnaçión y alçavose el día de la sancta Asunçión del Señor, y perseverará agora y para siempre jamás”.
Tienen e[n] tal monasterio de Sancta María de la Cruz una ymagen de Nuestra Señora, la qual hera de bulto muy antigua. Y las monjas, saviendo que la havía bendeçido un obispo, tiénenla mucha devoçión, porque algunas vezes la havían visto hazer milagros, y sacábanla en proçesión los días del sancto apareçimiento. Y por ser tan antigua, renováronle el gesto por un entallador, cortándole de la garganta arriba, y pusiéronle otro gesto y pecho. Y trayéndola al monasterio, fueron las monjas a la ver e saludar. Y algunas les pareçió muy bien, y se consolaron con ella, y a otras les pareçió mexor el gesto que antes tenía, y desconsoláronse mucho, de manera que vinieron en alguna diferençia de palabras.
Y saviéndolo esta bienabenturada, mandolas llamar, y díxoles: “Muy maravillada estoy, hermanasmías, mas de la desconsolaçión que tenéys del renovamiento de esta sancta ymagen, dado caso aya razón por la falta de la ymperfeçión de la pintura no ser tan aplaçiente a nuestros ojos. Pero aunque sean feas las imágenes, es cargo de conçiençia no tenerlas en mucha reverençia y estima, en espeçial si son las tales ymágenes de Dios y de Nuestra Señora, que estas tales, feas o hermosas, son dignas de muy grande acatamiento. E ruegoos, señoras, hagáys aquí un altar en esta nuestra çelda, y traed aquí la sancta ymagen, aunque yo sea indigna dello; que si yo pudiere, ya avría ydo al coro de rodillas a saludar a su Alta Magestad”.
Y traýda la ymagen a la çelda de la sancta virgen, y puesta en el altar, rogolas que la dexasen allí dos días. Y estando ella aquella noche en contemplaçión, vido Nuestra Señora en visión muy hermosíssima, y poníase enzima de la ymagen suya, y dezía: “Yo me contento de esta ymagen, y la escogo y açeto para mi morada y aposento, y como en trono mío resplandezco en ella y en mi spíritu se [fol. 120r] goza, porque los peccadores conmigo abrán refugio y consolaçión, y yo les ganaré del mi Hijo perpetuo gozo en la gloria perdurable”.

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