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Juana de la Cruz

No hay cambio en el tamaño, 10:42 18 sep 2020
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Capítulo X
Y traxeron una niña de teta, chiquita, para que la sanctiguase esta bienabenturada, que traýa una gran enfermedad. Y ansí como se la pusieron delante, la vieron toda cubierta de un belo negro de siliçio, de lo qual se maravilló mucho, e dixo a las religiosas: “Mirad, hermanas mías, las cosas que Nuestro Señor permite en la Tierra por nuestros peccados: que esta niña ynoçente, que no á sino siete meses que nasçió, tiene ya Satanás poder para la atormentar en el cuerpo, que en el alma no [fol. 53v] puede empezer. La que os digo, en verdad, la he visto toda cubierta de un siliçio muy áspero y negro, de lo qual estoy muy maravillada. Ruegoos, amigas, roguéys por ella, que lo mesmo haré yo”. E santiguándola e rogando a Dios por ella, fue guareçida de aquel peligro.
E otras muchas cosas secretas le mostrava Dios. Algunas vezes vía las personas que conoçía que havían de enfermar muy presto, e si havían de morir de la enfermedad o no, e otras muchas cosas que Dios hera precido de mostrale espiritual y corporalmente. Dezía esta bienabenturada: “Quán temoroso es el juyzio e cuenta que a cada ánima se toma. Esto digo, hermanas mías, porque vosotras y yo nos guardemos de offender a Dios, que algo dello a sido su Divina Magestad servido de mostrarme, porque el lugar donde mi sancto ángel me pone, quando Dios es servido que yo me eleve, es muy çercano al lugar diputado donde el señor Sant sant Michael, con muchedumbre de ángeles, se pone a juzgar las ánimas buenas e malas, en el qual juyzio veo cosas muy espantosas e maravillosas. Está assentado el príncipe sant Michael, quando á de juzgar, en un trono muy real, con toda la auctoridad e poderío del Señor Dios Todopoderoso. Tiene corona de oro en la caveza, a manera de Rey, e pareçen ante él qualesquiera ánimas que de este mundo an salido, e junto con las ánimas, los sanctos ángeles que las guardaron mientras vivieron, e también los demonios, sus tentadores e acusadores. E a todos habla y oye, y escucha y demanda señalada cuenta de lo que cada uno hizo en esta vida, e dixo e obró, en la manera siguiente, hablando a cada un ángel guardador de cada un ánima, [fol. 54r] diziéndole: ‘Venid acá, señor fulano, dadme cuenta de esta ánima que por espaçio de tantos años tuvistes cargo, e fuystes su ayo y guardador, porque de todo manda mi señor Jesuchristo tome la cuenta e sentençia para la pena o gloria, según sus obras mereçiesen, como quier que su Divina Magestad, en sus secretos, la tiene juzgada en sola una palabra, en la qual la bendize o maldize. Empero quiere pase por juyzio de ángeles, para que todos vean y sepan con quán justa justiçia salva o condena, o le da pena o gloria’.
”Y el sancto ángel guardador de aquella ánima responde, diziendo: ‘Señor juez, ya véys que estos demonios vienen aquí a acusarla, e quántos libros traen scriptos della, e los aullidos y gritos que dan diziendo que es suya. E pues tantos peccados a hecho, hablen ellos primero, e digan lo que quisieren, e después yo hablaré, y daré cuenta çierta y verdadera della, pues estamos juramentados en la memoria de Dios y en la su sabiduría todos los ángeles que tenemos ánimas a cargo que, en el último día de su vida o quando nos lo demandasen, la daremos’. E quieren los sanctos ángeles que los demonios hablen primero. Es por mejor, porque los demonios, como son tan maliçiosos e llenos de maldad, quando las personas finan, aora sean buenas o malas, no solamente tienen guardados todos los peccados que fiçieron mortales, mas aun los beniales tienen por mortales, que se los acusan en el juyzio, y acen hasta el más liviano pensamiento que no sea bueno; le acusan por cosa muy creminosa, e ban muy cargados de libros muy grandes, todos scriptos, y el papel de ellos es de yerro. E dan muy grandes vozes, diziendo que les den aquel ánima, que es suya [fol. 54v] y que a ellos perteneçe, por tales y tales obras que fiço. E Sant sant Michael, oyendo la respuesta del sancto ángel que diçe hablen primero los demonios, llámalos y escúchalos, y escucha lo que diçen de aquel ánima, porque ansí lo quiere Dios. Porque los demonios, quexándose d’él, no digan que oye de justiçia a los otros, e no a ellos. E de que los demonios an dado sus razones e quexas, llama al sancto ángel que dé él su razón, y diga todas las obras buenas y malas de aquel ánima, el qual responde: ‘Señor, tales y tales cosas que esos demonios dizen, hizo esa ánima; verdad es que hera peccado mortal, empero ya lo confesó, y hizo penitençia dello, aunque no tanto que bastase para que del todo se le perdonase sin ninguna pena que por ellos padezca; e tales e tales cosas que le acusaron por peccado mortal, no fue sino venial; e tales e tales obras e pensamientos no fueron de esa manera, sino de esta y desta, e ya lo confesó’. Y assí da el sancto ángel públicamente cuenta y raçón de todas las cosas que aquella ánima hiço en su vida, aora sea bueno, aora sea malo.
”Y en todo esto calla el ánima, que ninguna cosa responden. Se escusa, mas está muy encogida y temerosa, temblando si la an de condenar o no. E oýdas el señor Sant sant Miguel ambas partes, juzga e sentencia, según la voluntad de Dios e la justiçia, del ánima, y embía cada una dellas al lugar diputado, donde por entonçes á de estar: a la gloria de Paraýso, si tan perfetas obras tiene, o penas de purgatorio, si desta vida no va perfetamente acavada de purgar, o a penas infernales, si tan mala y peccadora fue que no quiso amar ni servir a Dios o si le tomó la muerte en peccado. Mas [fol. 55r] que en el estado que le tomó la muerte la juzga Dios. Después que Sant sant Miguel a dado la sentençia a cada ánima según la volutad de Dios, todavía tiene el sancto ángel el ánima a par de sí, la qual tuvo a su cargo, mientras en este mundo vivió. E si la tal ánima por sus peccados es condenada, aunque sea christiana, el sancto ángel, con semblante triste e de mucha compasión, llama a los demonios con çierta señal que ellos tienen. E oýda dellos, van con mucha priesa, como bestias fieras, recogiendo los dientes he hiriendo las colas, e abriendo las bocas para las tragar.
“Los sanctos ángeles héchanles las ánimas condenadas a manera de quien convida a canes, diziéndole: ‘[¿Çito?], tú, toma, mata tu ambre de lo que as desseado’. Luego los demonios las recogen en las bocas, e con las uñas las van despedazando, e tragándolas, haziéndoles muchos tormentos, las llevan adonde la justizia de Dios quiere que padezcan. E las ánimas que van a pagar a Purgatorio, llévanlas los sanctos ángeles en los braços e manos, e vanlas hablando e consolando, y esforçando quanto pueden. Y ellos, por sus propias manos, las arrojan de presto em purgatorio, en el lugar de penas que Dios quiere que paguen. Y el sancto ángel vuela en alto, e sube al Çielo, e quedan las ánimas dando muy grandes gritos y alaridos, e padesçiendo muy grandes penas. E nadie por entonçes las bale ni consuela, hasta que nuestro Señor Dios otra cosa manda. Porque así es justa su justiçia, aunque las sufragias y oraçiones hechas por las ánimas de Purgatorio quiere su Divina Magestad les aprovechen.
”En aquel lugar que juzga Sant sant Miguel, ay çierto número de sanctos ángeles que tienen un offiçio, por mandamiento del poderoso Dios, que con azotes en las manos açotan las ánimas, e las hechan de allí del Çielo, donde son juzgadas, afrentándolas públicamente, diziéndoles: ‘Anda, sal fuera, e ve para las aguas de Purgatorio, que así lo mereçes por tus peccados yr al lugar de penas, y no de [fol. 55v] gloria. Toma este azote por tal y tal peccado que hiziste contra la Divina Magestad, e toma este por la offensa que hiziste hazer a tu próximo, y este por el mal exemplo que diste’. E desta manera de vituperio e injurias hechan los sanctos ángeles las tales ánimas del Çielo, e las embían a Purgatorio, y ellas resçiven muy grande afrenta en ser heridas e ynjuriadas de los sanctos ángeles. Y estas tribulaçiones e otras muchas padesçen las ánimas que an offendido a Dios, aunque son christianas y se salvan.
”Ay otra muchedumbre de ángeles, en aquel lugar diputado de juyzio, que todos juntos, en una voz acordada, tañen con trompetas, y en voz de cántico loan la justa justiçia de Dios quando condena a algunas ánimas o las salva, y embía a las penas e fuegos de Purgatorio. Y dizen aquellos sanctos ángeles con aquel gran poderío: ‘O, Señor, qué templada justiçia hazes: a quien mandas dar un infierno mil quentos infiernos mereçe, y a quien mandas dar pena de Purgatorio mereçe ser eternamente condenado. O, Magestad Divina, quán bien hazes e obras tu justiçia, e por ello te loamos e adoramos, e vendeçimos e damos graçias’. E desta manera tienen unos ángeles offiçio de exerçitar la justiçia de Dios con castigo, e otros de loalla con cánticos e alabanzas.
”Ay otros sanctos ángeles, en aquel lugar de juyzio, diputados para maldezir las ánimas que se condenan, aora sean moros, o judíos o christianos. Assí como Sant sant Miguel acava de dar la sentençia que sean algunas ánimas condenadas para el Infierno, luego aquellos sanctos ángeles alzan todos la voz en uno de parte de Dios, maldiziendo aquellas tristes ánimas d’espantosa maldiçión, que de solo oýrlo es ynumerable el amargura e temor, e batimiento de dientes; tanto que los mesmos ángeles, que tal officio tienen de maldezir, an muy gran compassión y sentimiento de la eterna pena de aquellas ánimas que maldizen. E cada vez que lo an de haçer, se cubren los mesmos ángeles todos sus preçiosos bultos e fermosas fazes de bestiduras negras, a manera de luto, que traen señal del sentimiento que tienen del perdimento dellas. Porque diçen, con maldiçión, ‘que justamente son malditas e dignas de ser maldeçidas las ánimas que offenden a su Dios y criador. No solamente [fol. 56r] son maldeçidas con justa causa del poderoso Dios que las crió, mas de nosotros, sus ángeles spíritus çelestiales fidelíssimos, deven ser maldeçidas, e por tanto las maldeçimos de aquella maldiçión que Dios hechó a Luçifer, con toda su grey e hueste de enemigos malaventurados, desterrados e despojados de la gloria del Paraýso’.
“Y entonçes matan las hachas negras que están ençendidas, e cubre la cruz de luto, la qual llora como si Nuestro Señor Dios estuviese en ella, mostrando la mesma tristeza y dolor que los sanctos ángeles muestran por el perdimiento de aquella ánima, diziendo: ‘¿Cómo no aprovechó en ti mi grande y amarga Passión, que por comprarte y librarte y descautibarte del Infierno me puse a padesçer, e no forçado sino de mi grado? O, ánima, mi querida, ¿por qué heres agora perdida tú mesma? Te as dañado. Tú te as perseguido con tus malas obras. No te quexes de nadie, sino de ti mesma, que tú te as condenado, de lo qual a mí me pesa. Vesme aquí: mi justiçia no puede haver piedad de ti. Ángeles, cantad e alavad a Dios por el bien e por el mal’.
”Aquel lugar del juyzio, con el señor san Michael, otro çierto número de ángeles, que heran scrivanos, y otros notarios, e otros vehedores, e otros examinadores, y estos scriven, y notan y examinan todo lo que los sanctos ángeles e los demonios dizen de las ánimas que al presente están en juyzio, en las cosas que les acusan o abogan para ellas, e la sentencia, e causas et raçones, que sant Miguel dize o da para salvar o condenar las ánimas. Y assí lo toman por testimonio y lo llevan a presentar delante el trono real de la Sanctíssima Trinidad, porque assí lo quiere Su Magestad Divina se haga. E otros sanctos ángeles están en el lugar de juyzio a manera de gente armada de pelea: y estos para defender las ánimas que allí están presentes, assí buenas como malas, de los demonios, que allí van gran multitud dellos deseándolas tragar. Que como las ánimas, por buenas que ayan sido en este mundo, ninguna se halla assí justa, atrévense algunas vezes los demonios a arremeter a ellas, y los sanctos ángeles no consienten que las toquen, ni enpezcan ni lleguen a ellas hasta que el juyzio dellas sea difinido. Y assí están allí los sanctos ángeles, en honor y serviçio del soberano Dios, y en ayuda y favor de san Michael, e reguarda de las ánimas. E quanto mejores obras been en el juyzio los demonios que tienen las ánimas, tanto más gritos e aullidos dan, diziendo se las den, que suyas son; e viendo que no lo pueden alcanzar, travajasen allí donde están, en juyzio, demoderlas [sic] e asombrarlas. Todos los sanctos ángeles que en el lugar del juyzio están son de los nueve choros del Çielo.
”Tienen los demonios muy grande enemistad y miedo a Sant sant Michael dende que peleó con Luçifer y le hechó del Çielo. Tienen gran pesar y enojo de ber que sant Miguel tiene la sancta madre Yglesia de los christianos a cargo, y le tiene Dios dado por prínçipe e defensor dellos, e por juez de todas las ánimas, e aún por su abogado e favoreçidor. Pero antes que el ánima vaya a ser juzgada [fol. 58r] de los ángeles, la tiene ya Dios juzgada y sentençiada para condenaçión o salvación. Entre Él y el ánima, por quanto en el tiempo que cada una persona muere, antes que del todo sea acavada de arrancar el ánima del cuerpo, le apareze Nuestro Señor Jesuchristo en la manera que estava en la cruz, padesçiendo la Passión, porque esta es su sancta voluntad: que todos sus redemidos sepan, y vean y conozcan, que tuvieron redemptor que los redimiese, si ellos dello se quisiesen aprovechar. Y este aperçivimiento, que Nuestro Señor Jesuchristo haze a qualquiera de sus criaturas raçionales que Él crió, haze tan general, que moros e judíos e christianos le veen en aquella ora de su pasamiento de esta vida a la eterna, buena o mala, y en solo una palabra que le diçe quando ella le ve, que es: ‘Bendita eres por tus obras, o heres por tus obras maldita’, la sentençia y juzga, e luego vuelve las espaldas e desapareçe, que no le ven más”.
===Capítulo XI===

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