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Juana de la Cruz

No hay cambio en el tamaño, 08:17 5 nov 2021
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Y pasados los dos días que la sancta ymagen estava en su çelda, ayuntáronse allí el abbadesa y monjas, diziendo a la sancta virgen que yban por la ymagen, ymportunándola el abbadesa que, pues estavan allí todas, les dixese alguna cosa de las que Dios les mostrava. Respondió, diziendo: “Lo que ay que deçir es que Nuestro Señor Dios tiene en tanto las imágenes, y se sirve que las aya en la sancta Madre Yglesia, y que sean honradas y beneradas por nosotros peccadores, pues el mesmo Dios de los Çielos vino a la [fol. 121r] vendecir y a enseñarnos cómo son cosa por donde se alcança virtud y devoçión quando se tiene en el coraçón; y bien se pareze, según yo vi en una revelaçión que el Señor fue servido de me mostrar, quánto Él ama y honra la sancta Madre Yglesia y a sus sanctas ymágines por amor della”.
Y dixo la revelaçión susodicha, y añidió, diziendo: “Me dixo mi sancto ángel, después que desapareçió el Señor: ‘Mira qué son las maravillas de Dios, que si en un madero alla Dios bescosidad y no quiere que su sancta madre le quiera y tenga por su ymagen, hasta le haver alimpiado y puesto en él dignidad de bendiçión suya, como la tiene la sancta Yglesia, ¿qué tales estarán las ánimas, que llenas de pecados, están ensuçiadas y asquerosas?, ¿cómo serán dignas aquellas tales que venga Dios en ellas, ni su sancta Madre con graçia y piadosa caridad, si primero no son alimpiadas las tales ánimas peccadoras por espeçial graçia de Spíritu Sancto, sin el qual ninguna cosa es buena, ni justa ni sancta, ni digna ni açepta a Dios? Y por semejante, con los dones del Sancto Spíritu, las cosas que son d’él preçiadas e baxas, Dios las ensalça y tiene en ellos thesoros muy grandes, aunque ascondidos a los ojos de las personas de la Tierra. Bendito sea Dios en sus dones, e los sanctos en sus obras, y las ymágines en sus altares, y los altares en sus yglesias, y las yglesias en sus sacramentos, y los sacramentos en la cruz y Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, y en el sancto baptismo y remisión de los peccados’”. Y acavado esto, dixo la bienabenturada: “Bien se pueden llevar la sancta ymagen”; la qual llevaron el abbadesa y monjas con mucha devoçión y reverençia con candelas ençendidas, cantando el ‘''te deum Te Deum laudamus''’, al coro, y la pusieron en el altar acostumbrado. Y de aý adelante, se consolaron mucho las monjas con esta ymagen.
Deçía el sancto ángel de su guarda a esta sancta virgen: “Yo te amonesto que las graçias que resçives del poderoso Dios las guardes con humildad y las hagas creçer con agradeçimiento, porque todo lo que tienes es suyo. Mira cómo negoçias con ello, que muchas vezes estoy admirado de las cosas que la clemençia de Dios haze contigo, entre las quales te quiero dezir una, y más porque no seas yngrata ante su Real Magestad, mas singularmente le des graçias por ello: y es que muchas vezes [fol. 121v] te veo en tu cama hechada, padesçiendo muchos dolores, y que en tu entendimiento y voluntad estás gozando y viendo cosas muy grandes, çelestiales, y que las ánimas de Purgatorio te llaman y piden que las ayudes en sus neçessidades, y las gentes de la Tierra están hablando contigo, contándote las cosas secretas de sus ánimas y consçiençias, pidiéndote consejo y ayuda con tus ruegos e consuelos. Con tus palabras veo la graçia de Dios puesta en ti, que con todo cumples enteramente. No es esta pequeña graçia, avísote no seas yngrata a tan grandes benefiçios hechos en ti por la voluntad de Dios”.
Tras estas santificaciones e cançiones que se deçían, pareció a desora la imagen de Nuestra Señora vestida de las mesmas vestiduras de antes y puesta en el altar como primero estaba, e los demonios quedáronse mesando e arañando e dando gritos e ahullidos, e la visión de Nuestro Señor desapareció roziando la casa con agua bendita, e la bienaventurada quedó muy consolada. Y passados dos días que la santa imagen estaba en su celda, ayuntáronse allí la abbadesa y las monjas, diziendo a la santa virgen que iban por la imagen e, importunándola la abbadesa, pues estaban allí todas, les dixesse alguna cosa de las que Dios le mostrava; respondió diziendo: “Lo que ay que deçir es que Nuestro Señor Dios tiene en tanto las imágenes que se sirve que las aya en su santa Madre Iglesia, y que sean honradas y veneradas por nosotros pecadores, pues el mismo Dios de los Cielos vino a la bendeçir [fol. 47v] e a enseñarnos cómo son cosa por donde se alcança virtud e devoción quando se tiene en el coraçón. E bien se parece, según yo vi en una revelación que Nuestro Señor fue servido de mostrar, quánto Él ama e honra la santa Madre Iglesia y a sus santas imágenes por amor d’ella”, e dixo la revelación susodicha, ”y díxome mi santo ángel después que desapareció el Señor: ‘Mira qué son las maravillas de Dios que si en un madero halla Dios voscosidad y no quiere que su santa Madre le tenga por su imagen, hasta le haver limpiado e puesto en él dignidad de bendición suya, como la tiene la santa Madre Iglesia, ¿qué tales estarán las ánimas que llenas de pecados están ensuciadas e asquerosas, cómo serán dignas aquellas tales que venga Dios en ellas ni su santa Madre con gracia e piadosa charidad, si primero no son alimpiadas las tales ánimas por especial gracia del Spíritu Santo? Las cosas que son despreciadas e bajas Dios las ensalça e tiene en ellas thesoros muy grandes, aunque escondidos a los ojos de las personas [fol. 48r] de la tierra. Bendito sea Dios en sus dones, e los santos en sus obras, e las imágenes en sus altares, e los altares en sus iglesias con sus sacramentos, e los sacramentos en la Cruz y Passión de Nuestro Señor Jesuscrito y en el santo baptismo y remissión de los pecados’”.
E acabado esto, dixo la bienaventurada madre nuestra: “Bien se pueden llevar la santa imagen”, la qual llevaron la abbadesa y monjas con mucha reverencia e devoción e con candelas encendidas, cantando el “Te deum Deum laudamus” al coro, e la pusieron en el altar acostumbrado y de aquí adelante se consolaron las monjas con esta santa imagen; y dixo el Señor a la santa Juana, al tiempo de consagrar la imagen: “Diles a las monjas que traigan cuentas y se las pongan a mi Madre”. Y ansí se hizo y estas son las quentas que llamamos de la Consagración. Tenía esta santa imagen la boca abierta y el Señor con su mano se la cerró, y dexó señal en la barbilla y labio alto; y los ojos que tenía muy en alto le puso el Señor sus dedos y se los abajó como aora los tiene. Y esto todo lo veýa la santa Juana y lo dixo.
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