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→Vida de Juana de la Cruz
==Vida de Juana de la Cruz==
=== Capítulo LXXVII. De algunas Religiosas de santa vida y de sus grandes penitencias ===
[121]'''De algunas Religiosas de santa vida y de sus grandes penitencias'''
La vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada madre Juana de la Cruz de la Tercera Orden de N.P.S. Francisco tenía aquí su lugar, con quien alargó tanto Dios la mano de sus misericordias que, por ser tan singulares, pide muy particular consideración el escribirlas. Y así, se deja para otra ocasión y lugar cuando, siendo Nuestro Señor servido (que los obró en ella), halla nadas algunas dificultades que por ser tan admirables tienen; ni por decir menos de su prodigiosa vida, de lo que fue se agravie, ni por decir todo lo que fue, los flacos y aquellos a quien no ha descubierto Dios cuán admirable es en sus santos, se escandalicen. Y lo cierto es, en breve suma, que su nacimiento fue por orden del Cielo, escogiéndola Dios desde su niñez para manifestar sus misericordias en ella. Su vida, toda rara en virtudes y excelencias, y su muerte, milagrosa, y tanto cuanto testifica la incorruptibilidad de su cuerpo, al cabo de más de setenta años que ha que murió, la cual consta por testimonios tan fidedignos que no es lícito dudar de la verdad. Está su cuerpo en el Convento de la Cruz, que es de religiosas de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco, cinco leguas de Madrid, media de la villa de Cubas. En este convento tomó el hábito, profesó, vivió y murió en el año de mil y quinientos y treinta y cuatro, a los cincuenta y tres de su edad, día de la Invención de la Cruz, que fue el mismo en que nació, tomó el hábito y profesó. Fue sepultado su santo cuerpo y, habiendo estado siete años debajo de tierra, se halló entero, sin corrupción alguna, antes con un olor celestial, indicio claro de la santidad extraordinaria de la bienaventurada madre. Trasladado el santo cuerpo, con mucha solemnidad, y colocado en un lugar alto y eminente, dos varas del suelo, en una caja dorada, en el hueco de la pared de la capilla mayor, al lado del Evangelio, ha sido y es tan venerado que solo acude allí la gente de la comarca. Mas con la experiencia que todos tienen del socorro de sus necesidades, así corporales como espirituales, que invocando esta santa hallan de muy lejos, vienen a visitar el [s]anto cuerpo y tienen allí sus novenas.
''[1]'' Hay una nota al pie en el mismo folio que dice: “El número 121 se continua al número 4 y abajo en el registro de la letra A que le sigue la letra H y al capítulo primero de este libro le sigue el Capítulo XXIII y así no falta ninguna hoja ni capítulo de la historia”.
= Vida impresa (3)=