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Juana de la Cruz

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Vida impresa (5)
= Vida impresa (5)=
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/ana-morte-acin/ Ana Morte Acín]; fecha de edición: febrero de 2024.
 
== Fuente ==
 
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_Carrillo Carrillo, Juan], 1613. ''Historia de la Tercera Orden de nuestro Seraphico P. S. Francisco'', Zaragoza: Juan Lanaja, Volumen 2, pp. 258-325.
 
==Criterios de edición==
 
Conforme a los criterios establecidos en el Catálogo para fuentes impresas, se han actualizado generalmente grafías (las sibilantes, el uso de b/v y h), ortografía y puntuación manteniendo aquellos rasgos de la lengua que implican valor fonológico o que caracterizan su léxico, morfología o sintaxis. En las notas se han reproducido los apuntes marginales presentes en la edición que sirve de referencia, y se ha ampliado la información oportuna.
 
==Vida de Juana de la Cruz==
 
[258]
 
'''Vida y milagros de la bienaventurada virgen Sor Juana de la Cruz, de la Tercera Orden del Glorioso Padre San Francisco'''
 
===Prohemio del autor===
 
Así como en las entradas de las famosas ciudades y lugares muy populosos suele haber humilladeros, casas de campo y edificios sumptuosos, los cuales sirven así para la hermosura y adorno de los mismos caminos como para mostrar la magnificencia de las ciudades y pueblos que están cerca, de la misma manera entre las vidas de los santos y personas de santidad y virtud eminentes hay algunas en que se resplandeció tanto la grandeza de Dios, en que se descubrieron tan altamente los tesoros de su bondad infinita, que es menester antes de llegar a ellas señalar algunos como humilladeros donde los entendimientos humanos, que no están hechos a ver cosas tales, se humillen y adoren la omnipotencia de Dios y el admirable artificio suyo en saber y querer enriquecer sus santos. De esto sirven los prohemios que suelen hacer los historiadores que escriben vidas de santos. Pues considerando con la debida atención la que ahora tengo de escribir, de esta milagrosa virgen y santa religiosa, viendo los maravillosos y extraordinarios primores de la divina gracia que se descubren en ella, me pareció necesario para no poner al lector de improviso en tan soberana luz, como verá que procede de los muy resplandecientes rayos de sus heroicas virtudes y de los singulares beneficios y tesoros de su divina gracia que puso el Señor en ella, prevenirle para que se disponga dignamente, con mirar a [259] la fuente original de donde procedieron aquellos resplandores, que es la bondad infinita del muy alto Señor, el cual se precia y tiene por honroso blasón ser maravilloso en sus santos. Sirve también esta humilde y discreta prevención para que los entendimientos de los hombres, que suelen turbarse y deslumbrarse con pequeña luz y se les hace dificultoso de entender todo aquello que sale de la vía común y del ordinario modo de proceder, entiendan que si algunos de los santos salieron de ahí e hicieron cosas tales que ponen en admiración nuestros cortos entendimientos, que no nacieron dellos las tales cosas, sino de la fuente original de todo cuanto hay bueno y santo en el Cielo y en la Tierra a quien se debe la honra y gloria de todo ello, que es Dios Nuestro Señor. Pues la vida de esta gran sierva de Dios es de tal manera prodigiosa que ha causado asombro y admiración a todo el mundo. De mí verdaderamente confieso que cuando la iba escribiendo y notando muchas veces me hacía reparar en si era de carne como los demás hombres mortales, porque siendo así parecía imposible que sobre tan flaco fundamento pudiese subir tan alto y eminente edificio.
 
Mas luego echaba de ver que el fundamento de todo aquello ni era carne ni tampoco era espíritu humano ni angélico, sino divino y soberano, que es el artífice de todas las cosas grandiosas y el que sabe poner peso en el aire (esto es), que las cosas que son tan flacas como la carne y tan ligeras como el viento, asentadas por la mano de Dios y tocadas con la virtud de su espíritu permanecen firmes y constantes para poder fundar sobre ellas tan eminente alteza de santidad como veremos en esta Iglesia Santa. Finalmente, todo será fácil de entender si, como dije al principio, pusiéramos los ojos en el poder infinito de Dios y en la singular providencia que siempre ha mostrado en querer enriquecer y honrar a sus santos.
 
La vida de esta santa salió escrita en un libro que sacó de ella el venerable padre fray Antonio Daza, coronista de nuestra sagrada religión, y pareció tan bien en todos estos reinos de España, así por la devoción que comunmente se tenía a la santa como por elegancia y buen espíritu con que salían escritas cosas tan admirables, como eran las que de su santa vida se decían, en breves días se hicieron muchas impresiones de él y andaba ya en manos de todos los que se preciaban de tener alguna centella de [260] devoción y buen espíritu. Mas en breves días también (permitiéndolo así el Señor, para más honra de su sierva) se mandaron recoger todos los dichos libros por la Santa Inquisición. No porque se dudase de la santidad del sujeto, sino por ser cosas tan extraordinarias y raras las que en él se decían, especialmente en materia de revelaciones y éxtasis, que pareció convenía que se notificasen y declarasen algo más para quitar escrúpulos y algunos inconvenientes que pudiera haber para los ignorantes. Estando esto así, el Católico y Cristianísimo rey de España don Felipe III mandó que revisto el dicho libro por personas de toda satisfacción tornase a salir a la luz. ''[1]'' Cometiose la revista al señor Obispo don fray Francisco de Sosa, del Supremo Consejo de la Santa Inquisición y con su aprobación y censura salió de nuevo ilustrado con tan ingeniosas y admirables advertencias y prevenciones que con ellas es ahora doblada estimación y preciosidad de lo que antes era. Y aunque ni para la honra de la santa, ni para la verdad de la historia importaba mucho que yo emprendiera de nuevo el referir su vida (pues personas tales, y por sí misma está tan autorizada y calificada) pero para el adorno de esta historia y para singular decoro y hermosura de esta santa orden tercera (cuya profesora fue) era de grandísima importancia. Y así me pareció ponerla entre las demás, fundando la verdad y autoridad de lo que dijere en el dicho libro que salió a luz el año de mil seiscientos y trece impreso en Madrid y en la aprobación y censura de que dije y también en el libro original de la vida y milagros de esta sierva de Dios escrito de mano de una religiosa discípula suya llamada sor María Evangelista, el cual está originalmente guardado en el archivo del convento de Santa Cruz del lugar de Cubas, donde vivió y murió santísimamente esta sierva de Dios. Y aunque algunas cosas pienso referir con más brevedad por no alargar demasiado esta historia, pero no dejaré de decir lo que me pareciere más importante, referiéndome en lo demás al dicho libro y al original del guardado en aquel convento. Las cosas que en esta segunda revista del libro se han advertido o quitado irán ya anotadas en sus propios lugares, o del todo dejadas, de manera que podrá el lector sin algún escrúpulo proceder en esta lectura.
 
[261]
===Cap.1. Del nacimiento, niñez y muestras primeras de santidad de esta sierva de Dios===
 
En el año del Señor de mil cuatrocientos ochenta y uno, en la Sagra de Toledo, en un lugar llamado Azaña, lugar de la Santa Iglesia de Toledo, llamada Santa María, y en el día de Santa Cruz de mayo fue el muy felice y dichoso nacimiento de la bendita sor Juana. No faltaron en él señales y pronósticos de santidad admirables, porque primeramente ella vino al mundo por petición de la Reina del Cielo María Sacratísima, ''[2]'', que la pidió a su benditísimo hijo para reformación y reparo de una santa casa de religiosas de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco, que está cerca de la villa de Cubas a quinientos pasos de ella, que se llama Santa María de la Cruz. Esta iglesia fue edificada milagrosamente por mandamiento de la Virgen Santísima, la cual para este efecto apareció a una pastorcica de trece años llamada Inés guardando un ganadillo de cerda, muy devota de la Santísima Virgen: porque con ser tan niña rezaba su rosario cada día, ayunaba sus fiestas y la metad [sic] de la Cuaresma, desde que tuvo siete años. Y cuando era de más edad, comulgaba a menudo, y frecuentaba mucho la Iglesia. Pues a esta pastorcica se apareció Nuestra Señora nueve veces, en diferentes días, según lo reveló a la bienaventurada sor Juana el ángel de su guarda y se tiene por común tradición en toda aquella tierra y convento, donde se celebra cada año la fiesta de estos nueve aparecimientos, con grande solemnidad y concurso de muchos pueblos. ''[3]'' Y en el mismo lugar donde se apareció la Madre de Dios y puso de su mano una cruz de madera (que hoy día se muestra en dicho convento) se edificó la iglesia con título de Santa María de la Cruz. ''[4]'' Y después de algunos años se ajuntaron algunas devotas mujeres y a su costa edificaron un convento junto a la dicha iglesia donde tomó el mismo hábito la patrona Inés. Y andando el tiempo, las otras religiosas la eligieron por su prelada y cabeza. La cual, favorecida de la Virgen Santísima, acabó sus días santamente y con demostración de milagros, de los cuales fue uno [262] tañerse por sí solas las campanas a la hora de su dichosa muerte. Mas andando el tiempo este convento, con estar fundado en tanta santidad, vino muy a menos en razón de esto. Y la Virgen Santísima (so cuya protección estaba) pidió a su benditísimo Hijo Jesucristo enviase al mundo persona tal cual convenía para restaurar aquella quiebra. Y el Señor se lo concedió, prometiendo enviaría persona de singular perfección para este efecto. Y en cumplimiento de esta promesa nació esta sierva del Señor el sobredicho día, mes y año, habiendo pasado ya cuarenta años que acaeció el dicho aparecimiento de la Virgen Santísima. Pues aunque todo lo dicho fue milagroso pronóstico de la santidad a que había de llegar la dicha niña con el discurso del tiempo, también lo fueron otras cosas que en su nacimiento concurrieron, como fue nacer en el lugar de la santa Iglesia de Toledo, llamada Santa María, porque la que había de vivir y morir en la casa de la Santísima Virgen naciese en el lugar de su jurisdicción y señorío y que este se llamase Azaña, pues había Dios de obrar en él por intercesión de su Madre Santísima una hazaña en materia de santidad tan admirable que causase asombro y pasmo en todo el mundo, como lo vemos hoy día.
 
Sus padres naturales de este pueblo se llamaron Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, cristianos viejos y virtuosos abastecidos de temporales bienes y de muchas virtudes. Apenas hubo nacido (como dicen) cuando ya comenzó a declararse por ella la divina gracia. Porque recién nacida ayunaba los viernes, mamando sola una vez al día y significando ya con aquella tan temprana abstinencia los crecidos ayunos que después haría siendo grande. ''[5]'' Y no solo hacía eso, sino que acaecía pasar sin llegar a tomar el pecho por tres días enteros, y aun sin volver en sí. Por lo cual afligida su madre y creyendo que su hija era muerta, suplicó a Nuestra Señora se la resucitase, prometiendo de llevarla con su peso de cera al convento de Santa María de la Cruz. Hecho eso luego, volvió en sí y estuvo buena. Iba creciendo con la edad en gracias y dones espirituales de que el Señor la iba dotando y enjoyando bien como a la que había de ser esposa suya. Siendo de edad de dos años andaba tan descolorida y enferma que llegó a no poder tomar el pecho ni pasar cosa, por lo cual la llevaron a una romería muy devota de san Bartolomé, en el lugar de Añover, y [263] estando en la iglesia mirando a la imagen del glorioso apóstol que estaba en el altar, se rio la niña y pidió luego que le diesen de comer. Desde este punto se halló sana y contaba después, cuando supo hablar, que había visto al apóstol san Bartolomé, que tocándola con su mano la sanó y quitó el mal color de el rostro. Nunca la vieron jugar con los niños de su edad porque, aunque niña en los años, todo lo demás era seso, cordura y discreta ancianidad. Siendo de cuatro años le acaeció que, imbiándola su madre a holgar a las eras por ser tiempo de verano, pasando por una calle se acordó que poco antes había pasado por allí el Santísimo Sacramento a un enfermo, y de tal manera se arrobó con esta consideración que cayó de una jumentilla en que iba sentada. Viola el cura del lugar y, levantándola del suelo sin sentido, la llevó en sus brazos a casa de su agüela, donde estuvo largo rato sin tornar en sí. Y, según dijo ella misma vuelta después en sí, fue llevada en espíritu a un hermosísimo lugar, donde vio muchas señoras a maravilla hermosas y entre ellas una que a su parecer era la Reina de todas, según su resplandor y hermosura.
 
También vio muchos niños de grande belleza que le dijeron: “¿Qué haces así? Vente con nosotros y adora aquella Señora que es la Madre de Dios”. La bienaventurada niña respondió: “Yo no sé qué tengo de hacer, mas rezaré la Ave María”, y puestas en tierra las rodillas, la rezó. Y luego vio a su lado al ángel de su guarda, que la enseñó muchas cosas. ''[6]'' Y al fin de una larga plática que con él tuvo, le rogó la llevase a casa de su agüela. Y cuando volvió del rapto, contó por orden todas las cosas que había visto. En este mismo año, estando la bendita niña a la puerta de la casa de su padre, pasando por allí el Santísimo Sacramento para un enfermo le adoró y vio sobre el cáliz a Nuestro Señor Jesús Cristo en forma de niño muy resplandeciente y hermoso. [7] Otro día de la Purificación de Nuestro Señor, oyendo misa, al tiempo que el sacerdote acabó de consagrar la hostia, la vio muy clara y resplandeciente y en medio della a Nuestro Señor Jesuchristo, y alrededor de él muchos ángeles, de lo cual la humilde virgen no hizo mucho caso por entonces, creyendo que el ver aquello era común a todos, ni podía caber en su pensamiento que tales cosas se obrasen por ella, hasta que el Señor se lo declaró (como se verá adelante). En este tiempo y siendo de edad de 7 años, sucedió la muerte de su madre, hallándose presente su bianeventurada hija, que no poco la ayudó para [264] ser dichosa su muerte. Diole su bendición y con mucho amor se despidió de ella.
 
===Cap. II De los deseos que tenía de ser religiosa y de las penitencias que en la tierna edad hacía===
 
Era tan inclinada la graciosa niña a todo lo que con apariencia de más santidad se le representaba que, cual suele llevar el próspero viento a la navecilla que está en el mar tendidas las velas, así era ligerísimamente llevada y, como se le asentaban los pies, de los afectos de su voluntad, en cosa alguna de la Tierra, de aquí es que corría con increíble presteza a las cosas del Cielo: entre las cuales muy particularmente la incitaba el divino espíritu a la religión de aquel santo convento de Santa María de la Cruz de Cubas (del cual quería la Virgen Santísima que fuese reformadora). Había dejado su madre cuando murió muy encargado que la llevasen a aquella santa casa con otro tanto peso de cera en cumplimiento de una promesa que había hecho. Y acordándose de esto la bendita niña, decía entre sí misma: “Qué necesidad hay de que me lleven a aquella santa casa, mejor será que yo me vaya y me quedé allí religiosa”. Comunicaba sus deseos con una tía suya que en este mismo tiempo tomó el hábito en un convento que se llama Santo Domingo el Real de Toledo, la cual después de profesa creció tanto en santidad que tuvo muchas revelaciones del Cielo. ''[8]'' Y entre otras tuvo una de que aquella sobrina suya había de ser grande santa. Por lo cual deseaba tenerla en su convento religiosa y lo trató con la priora y monjas de él, las cuales ofrecieron recibirla sin dote, por la buena noticia que tenían de ella. Mas su padre y parientes no vinieron en ello, por lo mucho que la amaban. La tía, muy deseosa de que tuviese efecto, dio orden con la agüela de la niña, en cuya casa se criaba, de hurtarla y traerla a su monasterio. Mas como Dios la crió para el de Santa María de la Cruz, deshizo todas sus diligencias y la niña determinó de no tomar el hábito donde tuviese parienta, por parecerla que era poca perfección y llevaba algo de carne y sangre. ''[9]'' Tan discretos eran [265] ya sus pensamientos (aunque niña), y tan enamorada como esto estaba ya de Dios su alma y tan deseosa de servirle y amarle.
 
Poco después pareció a su padre llevarla (para que estuviese más guardada) a la casa de otros parientes suyos, que la pedían y deseaban en el mismo lugar de Azaña. Y puesta allí le dieron el cuidado y gobierno de toda la casa, para divertirla con aquello (si pudieran) de los pensamientos que tenía de ser monja.
Aquí comenzó el Señor a descubrir sus virtudes y ella, como precioso nardo, dar de sí maravillosa fragancia. Porque todos los días de precepto ayunaba a pan y agua y aun pasaba algunas veces sin comer los dos y tres días enteros. ''[10]'' Llevaba cilicios junto a las carnes, azotábase con cadenas de hierro hasta derramar sangre y lo más de todo esto es que nunca la oyeron palabra ociosa. Cuando andaba por la casa o hacía labor se pellizcaba los brazos por sentir dolor y se repelaba los cabellos para el mismo efecto. Y en medio de todo esto, sentía de sí tan bajamente que se tenía por indigna del pan que comía y de la tierra que pisaba. ''[11]'' Fuera de aquel cilicio de cerdas que le lastimaba el cuerpo por mil partes, traía cadenas a raíz de las carnes y, aunque fuese en tiempo de invierno cuando las noches son frías y largas después de acostadas las criadas, se levantaba ella y desnuda se quedaba con el cilicio. Y de esta manera pasaba toda la noche en oración hasta que al amanecer, con mucho silencio, y como si tal no hubiera hecho, se volvía a la cama. Mas una vez, viendo las criadas que faltaba de la cama, dieron aviso a su tía. La cual, angustiada y deseosa de saber lo que hacía, mandó a una criada que secretamente la siguiese cuando se levantaba y viese lo que hacía. Y la noche siguiente la siguió y vio que se quedaba dentro del mismo aposento y, puesta de rodillas cubierta con una estera o cilicio, la oyó sollozar delante de una imagen con muchas lágrimas. ''[12]'' Disimuló la dicha criada por entonces y a la mañana dijo a su señora cuán santa era su sobrina y los pasos en que andaba. Esto sintió mucho la santa doncella. Y viendo que sus trazas eran descubiertas, buscó otras para poder hacer sus ejercicios, sin ser vista ni entendida. Luego como entró la virgen en casa de sus tíos, entrando en un aposento vio junto a una imagen de Nuestra Señora una muy hermosa fuente y dos serafines con sendas jarras en las manos, que no hacían otro sino sacar agua de la fuente [266] y muy apriesa hinchir y verter las jarras, los cuales miraban con atención a sor Juana y mirándola se reían y mostraban contento aunque no la hablaban. Ella muy gozosa con tan alegre vista deseaba mucho saber qué se hacía tanta agua como sacaban de aquella fuente, porque nunca vio donde la echaban, ni lo supo hasta que muchos años después el ángel de su guarda la dijo que aquella fuente era milagrosa y el agua que los serafines sacaban representaba la gracia del Espíritu Santo que copiosa y abundantemente infundía en su alma. Un viernes santo por la mañana, habiendo gastado buena parte de ella y de la noche (como otra Magdalena en sus lágrimas) a los pies de Christo, contemplando su Pasión, se le apareció crucificado con todas las insignias de su Pasión sagrada y las tres Marías muy angustiadas y tristes, y la santa doncella lo estuvo tanto con el sentimiento de esta visión (de la cual gozó no estando arrobada, sino en sus propios sentidos) que de lo mucho que lloró dejó regado el lugar donde estaba, y su rostro quedó tan desfigurado que, cuando lo vieron sus tíos, espantados de la súbita mudanza que vieron en ella procuraron que comiese alguna cosa. Mas, como su mal no era de eso, ella misma los consoló diciéndoles que no la obligasen a quebrantar el ayuno en aquel día, que les aseguraba que muy presto estaría buena. Otra noche, estando en casa de sus tíos unos caballeros huéspedes, después de haberles dado de cenar y dejando ordenadas todas las cosas de casa, se salió sola a un corral buscando soledad para orar. Y puesta de rodillas en muy profunda oración, vio que se abría el Cielo y bajaba d’él la reina de los ángeles con su dulcísimo hijo en los brazos. ''[13]'' La cual, acercándose a ella, la miraba con ojos muy amorosos y mansos, y considerando cuán cerca de sí tenía a Dios y a su sacratísima madre, con muy devotas palabras pedía la favoreciese con su precioso hijo en lo que tanto deseaba como era ser religiosa. Y esto decía con tal afecto de espíritu que, a las voces que daba, sin poderlas detener salieron los de casa a ver lo que era. Y hallaron a la sierva de Dios puestas las manos y de rodillas en tierra hablando con Nuestra Señora. Y después de bien certificados de ello y acabada la visión, echó de ver la santa que le habían visto y de ello recibió mucha pena, temiendo ser descubierta en lo que tanto deseaba ser secreto. En estos tan dichosos y acertados empleos ocupaba [267] su vida, y creciendo en la virtud más que en los años llegó a los catorce de su edad. Sus parientes deseaban que se tratase de la casar y animábales a ello el ver su mucha discreción y hermosura con otras muy buenas partes de que Dios la había dotado, las cuales les parecían muy a propósito para que muchos hombres principales deseasen tenerla por mujer (como de hecho la pedían y deseaban). Mas la santa virgen, que guardaba para solo Dios cuanto bueno tenía y para entregársele a sí misma toda entera, no podía esperar que la hablasen en esa materia, y cuanto más diligencias veía hacer a sus parientes para eso, mayores y con mayor instancia de oraciones y lágrimas las hacía ella suplicando a Dios que no la permitiese enredar con los lazos del mundo, sino que la llevase adonde pudiese cumplir su deseo de ser toda suya. Mereció ser oída del Señor y su petición fue tan bien despachada como ahora se verá.
 
= Vida impresa (6)=
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/belen-molina-huete/ Belén Molina Huete] y Desiré Armero Benítez; fecha de edición: abril de 2023.

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