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Juana de la Cruz

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=Vida manuscrita (1)=
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-luengo-balbas/ María Luengo Balbás] y [http://visionarias.es/equipo/fructuoso-atencia/ Fructuoso Atencia Requena]; fecha de edición: abril de 2019; fecha de modificación: agosto octubre de 20232024.
== Fuente ==
[[Archivo:I Juana de la Cruz.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]
Como hera esta sancta virgen tan cuydadosa de aprovechar en el [fol.14v] spíritu, quando travajava corporalmente endereçava con su pensamiento e limpia intençión todos aquellos serviçios e travajos que hazía por la sancta obediençia a la persona realíssima e divina del poderoso Dios. E contemplando, dezía entre sí mesma que hera su moza y esclava, y los platos que fregava e todas las otras cosas pensava que heran de oro e de piedras preçiosas para en que comiese su Alta Magestad. Y quando barría, contemplava la escoba: hera un manojo de rosas y flores muy olorosas con que alimpiava e adornávalo sus estrados. Y quando guisava de comer, contemplava: heran muy preçiosos y delicados majares para que comiese su Divina Magestad y la Virgen Sancta María, su madre, y todos sus sanctos. E ansí lo offreçía ella, y de esta manera y de otras muchas offreçía esta bienaventurada sus travajos corporales ante la Magestad Divina.
 
Queriendo Dios darle a conoçer que los misterios que ella veýa en el Sanctíssimo Sacramento le heran mostrados por singular graçia e don que Él le dava e hazía, acaeçió que fue a comulgar siendo noviçia y, comulgando, no vido ni sintió por aquella vez ningún gusto ni mutaçión en el Sanctíssimo Sacramento; de lo qual se angustió mucho en su spíritu, y resçivió tan gran tristeza e afliçión que no se pudo contener sin yr luego a su confesor a dezirle su gran pena. Y con muchas lágrimas se lo contó, diziendo pensava haver comulgado en peccado mortal e muy yndinamente, pues no havía sido dina ni mereçedora de ver ni gustar a Nuestro Señor Jesuchristo, sino assí como se estava la hostia antes que se consagrase. Al qual llanto y loable desconsuelo el confesor la respondió, diziendo: “Consolad vos, hija hermana mía, que no por eso comulgastes vos en peccado ni yndinamente, que eso que vos dezís que no fuysteis dina de ver ni sentir, ninguna persona lo ve, ni es digna dello; como quier que las [fol.15r] mutaçiones del pan en la carne de Jesuchristo sean muy çiertas y verdaderas e artículo de fee, enpero presençialmente no se ve tal cosa, que con la fee sola se á de creer, y por eso es más meritoria”. Entonzes la bienabenturada se consoló, e dio graçias a Dios con nuevo don del Spíritu Sancto de conoçimiento de los señalados dones y merçedes que hasta entonzes su Divina Magestad le havía hecho, y con muy profunda humildad se hallava yndina dello.
Dezía el Señor, quando hablava por la boca de esta sancta virgen, que quando se diçen e tratan los misterios de la sancta misa, son tan ynumerables las yndulgençias e perdones que ganan los que con devoçión y limpieza de conçiençia los oyen que no ay en la Tierra sentido humano que los pueda numerar ni deçir, por estar allí presençialmente la Magestad de Dios. Deçía el mesmo Dios e Señor que, aunque al parezer de los ojos humanos está puesto el Sancto Sacramento en altar de barro o de madera, y en los paños, y lienços e sedas, e plata e oro que acá le ponen, que también le traen los sanctos ángeles del Çielo yglesia nueva e altar nuevo, y entoldaduras nuevas e frontales, e sábanas e corporales, cáliçes e patenas, e todos los aparejos del altar he hornamentos nuevos para el preste; e aún guantes o sandalias para las manos, porque las manos de los sacerdotes, por limpias e sanas que sean, por ser humanas, no son dinas de tomar a Dios en ellas, e todas las cosas que acá se ponen en los altares, por valerosas e ricas que sean, no son para otra cosa perteneçientes sino para [¿foros?] de los celestiales que traen los ángeles para serviçio de Nuestro Señor. Y aun quando sean dinas las cosas e serviçios que los humanos ponen por hornamento en las yglesias y altares de Dios, an de ser muy limpias e valerosas, reverençiales; y si tales no son, pudiéndolas poner, el mesmo Dios lo demandara a cada un ánima que tiene cargo dello, así de lo mandar como de lo haçer alimpiar.
 
Dezía el Nuestro Señor, quexándose e reprehendiendo a los que diçen que no es bien que se ponga oro ni plata, ni brocados ni cosas valedoras en los altares para honra de culto divino, que el mesmo Spíritu Sancto responde a esto, el qual tiene cuydado de tornar por la [fol. 35v] honrra de Dios, e dize, a quién le perteneçen todas las cosas valerosas limpias e preçiosas, e dulçes ministriles e famosos cantores, e todas cosas que buenas sean, sino a solo Dios, criador e haçedor del Çielo y de la Tierra.
”Hablando yo una vez con mi sancto ángel, vile muy triste, e se le mudaron a deshora las bestiduras resplandeçientes, e claras e fermosas, en manera de un romero pobre de los que demandan por amor de Dios. E preguntele por qué se le havían mudado tan súpitamente las bestiduras, e respondiome: ‘La tristeza que ves que traygo, e la mudanza de mi persona, toda es por ti sola, que a dado Dios Nuestro Señor una gran sentençia sobre ti de muchas penas e travajos, los quales tú sentirás y verás, antes de mucho tiempo. E como yo te quiero tanto, he acordado andar en este ábito, pidiendo limosna a los sanctos y a Nuestra Señora, que todos rueguen por ti a Dios, que lo as mucho menester. E yo también rogaré, e tú ruega por ti, e por las ánimas e personas bienhechoras que tienes a cargo y heres obbligada. E pregunta a tus hermanas las religiosas qué es lo que dixo el Señor la postrera vez [fol. 59r] que habló en ti, pues saven no a hablado después acá en aquella manera que solía estando tú elevada’”.
E preguntando esta bienabenturada a las religiosas lo que el sancto ángel le mandó, respondiéronle diziendo: “Nosotras no savemos su si es postrera vez, o no la plática que oýmos al Señor pocos días á, que pareçía profetiçava. E las profeçías heran rezias, con palabras de amor, e otras de reguridad. En las de amor, dezía quería hazer vna prueba en su esposa querida e amada. E amostrava a las que la oýan de ninguna cosa se maravillasen ni escandaliçasen, ni pensasen en sus coraçones hazía Dios aquella prueba o castigo en aquella persona por peccados que en ella hiçiese, ni porque Él estuviese enojado con ella por ninguna cosa, mas de quererlo Él haçer, e lo haría porque le plaçía, y hera su voluntad de quebrar aquel órgano o trompeta en qu’ Él hablava. E le quería mudar e trasmudar en otro estado que pareciese muy menospreçiado y enfermo, y muy lastimado, e doloroso e quexoso, que casi no pareçiese el que solía”.
E hablava con la mesma, diziendo: “Juanica, tú heres este órgano, que digo que quiero que seas despreçiada e abilitada, e gravemente atormentada, por probar tu paçiençia. Yo me ataré de ti por algún tiempo, y çesará mi habla. E convertirse te an los gozos en dolores, y las risas en gemidos e tristeza, e quanto a lo corporal; que en quanto a lo espiritual, la enfermedad enfortaleza la fee, e la virtud del ánima no está en fuerça de brazos, ni de miembros corporales”.

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