3932
ediciones
Cambios
m
XL. Acostumbrada a las visiones divinasEse mismo año falleció la religiosa Juana de la Cruz, vio a los serafines vertiendoespañola, en vasos el monasterio de Santa María de orola Cruz, las aguas cerca del pueblo de los beneficios celestiales; a Cristo Cubas, en distintos momentos sufriendo diversos tormentos de la Pasión; a la Virgen María llevando en sus brazos al Niño Jesús y mirándolo con ojos de amor. Estos favores celestiales encendían aún más en ella el deseo diócesis de la vida monásticaToledo, que anhelaba ardientemente para poder recibir más libremente las misiones divinas, libre de las preocupaciones del mundocuya fundación hemos hablado antes. Con el mayor afecto que le era posible, suplicaba ante Prometimos narrar la imagen vida y hazañas de Cristoesta virgen, que llaman la Verónica célebre entre los españoles y que siempre llevaba consigo, para que finalmente le concediera esta graciaextranjeros. Entonces, Cristo, apareciéndosele bajo esa misma imagen, le dijo que El monasterio había caído en una profunda crisis debido a la tomaría como esposa. Aunque muchas veces intentó alcanzar lo que con tanto empeño deseabadesafortunada gestión de Inés, su padre fundadora y sus tíos primera abadesa, aunque con el tiempo se lo impidieronarrepintió por gracia de Dios. Finalmente, con ánimo viril, decidió eliminar todos los obstáculos y, despreciando La Virgen María quiso que Juana fuera la autoridad restauradora de quienes se oponían, se cubrió con vestiduras de varón, se armó con esta casa. Nació en una espada y salió cautelosamente humilde aldea de su casala ya mencionada diócesis, emprendiendo en el camino hacia el monasterio hogar de CubasJuan Vázquez y Catalina Gutiérrez, que distaba dos leguasdevotos campesinos. Satanás se presentó de inmediato para interrumpir Desde su camino y, mostrándole muchos peligros y dificultadesconcepción, Dios la llenó de temor dones y la hizo desfallecer de ánimogracias, pues parecía haber sido llamada desde el vientre materno para su servicio [69] divino. Cayendo De hecho, no había nacido aún cuando ya comenzaba a tierra, escuchó tres veces una voz abundar en dones celestiales. Antes del cielo que le decía: “Sé valienteuso de razón, continúa no buscaba el camino emprendido, Dios será tu ayuda”. Aunque pecho materno en ese momento no vio a nadielos días de viernes, más tarde supo que aquel que la había animado tenía visiones celestiales y era su Ángel Custodioliberada de males y enfermedades, que la fortalecía en su debilidad. Poco después a veces por el favor de avanzar, vio que la seguía un joven de Illescas montado a caballobienaventurada Virgen María, que con frecuencia había pedido a su padre que se la concediera veces por esposasan Bartolomé. Aterrorizada por tal peligroA los cuatro años, invocó vio la ayuda de Dios y se desvió un poco gloria del camino hasta que el pretendiente pasó de largo. ArrodilladaParaíso, dio gracias por el favor recibido a Cristo niño bajo las especies sacramentales y rogó a la Madre de Dios al ángel que le fuera propicia en su viaje hacia la casa de su Señorhabía sido destinado como custodio. [Entonces] Al hacerse mayor, no se le apareció la Santísima Virgen, animándola dedicaba a tener buen ánimo y asegurándole que sería la restauradora juegos propios de aquella casa. Cuando llegó al templo del monasterioniñas, no hacía nada indecoroso, retomó sus vestiduras femeninasno pronunciaba palabra ociosa, sino que llevaba consigo envueltas en un fardo. Luego, acercándose siempre entregada a la puerta del conventooración, al ver la imagen de la bienaventurada Virgen colocada en mantenía conversaciones sobre lo altodivino. A los siete años, oró para que hiciera próspero su deseo. Recibió tras la respuesta de que todo le iría bien. La Virgen se alegraba reciente muerte de su llegada y le concedió el poder de renovar aquella casamadre, subsanando erroresdecidió, eliminando abusosjunto con su piadosa tía aún joven, estableciendo leyes justas y cultivando virtudesingresar en el monasterio real de Santo Domingo en Toledo. Animada por estos favoresPero Dios, con gran confianza se dirigió a que la abadesaquería como restauradora de Cubas, le relató el curso de su vida lo impidió dos y de su viajetres veces, y le pidió ser admitida en la comunidad frustró las artimañas de las hermanasmonjas que querían capturarla con engaños. Tras consultar Trasladada a la casa de los tíos, administraba los asuntos domésticos con ellas suma prudencia y castigaba su cuerpo con admirable penitencia. Se cubría con el ministro provincial –que, habiéndose ido de allí [es decir, Cubas], ya estaba de vuelta desde hace poco un áspero cilicio tejido por disposición de Dios–ella misma, fue aceptada se flagelaba con la aprobación de todosdureza, aunque debilitaba su cuerpo con gran oposición continuos ayunos a pan y agua, a veces sin comer nada durante tres días. En las noches más frías, salía de su padre lecho y de sus tíos, que se presentaron [allí] antes cubierta solo con un cilicio, prolongaba su oración ante la imagen de que ella ingresara en Cristo hasta el monasterioamanecer.
XLI. Una vez alcanzado su deseo, abrazó con el máximo fervor la vida monástica. Se impuso a sí misma un silencio perpetuo, la máxima abstinencia posible, admirables formas de penitencia, un sueño brevísimo, vestiduras humildes, el desprecio de sí misma, y hallaba consuelo en los trabajos y en las labores manuales. En todo consideraba por [579] quién y para quiénes trabajaba. No obstante, siempre siguió la vida común, sin emprender nada singular que no fuera aprobado por el juicio de la priora o del confesor. Una vez, se acercó a este último, consumida por el dolor y las lágrimas porque, estando acostumbrada desde la infancia a ver a Cristo en la comunión sacramental, en la última ocasión no lo había visto. Con una asombrosa simplicidad, creía que todos los que recibían el sacramento de la Eucaristía veían a Cristo corporalmente y que, por lo tanto, se le había negado esta gracia, bien por alguna culpa suya, bien por algún defecto del sacerdote en la consagración. El confesor, actuando como padre y consolador, le explicó que debía considerar aquello como un beneficio, pues el Señor a veces se oculta y retira sus favores para que sean buscados con mayor ardor y para que quienes los reciben en tal abundancia se humillen ante Dios. Pues, así como a Pablo le fue dado un aguijón en la carne y un ángel de Satanás que lo golpeara, para que la grandeza de sus revelaciones no lo enalteciera, de la misma manera Dios priva a sus elegidos de ciertos dones para fortalecerlos en la humildad.===XL===
XLII. Justo después Acostumbrada a las visiones divinas, vio a los serafines vertiendo, en vasos de oro, las aguas de los beneficios celestiales; a Cristo en distintos momentos sufriendo diversos tormentos de emitir solemnemente su profesión —en la que quiso llamarse “de Pasión; a la santa Cruz”, tanto porque el monasterio se llamaba Santa Virgen María llevando en sus brazos al Niño Jesús y mirándolo con ojos de la Cruz como porque había nacido amor. Estos favores celestiales encendían aún más en ella el día deseo de la Invención vida monástica, que anhelaba ardientemente para poder recibir más libremente las misiones divinas, libre de las preocupaciones del mundo. Con el mayor afecto que le era posible, suplicaba ante la Santa Cruz—imagen de Cristo, comenzó a florecer con una virtud aún más robusta que llaman la Verónica y a brillar con una santidad más evidenteque siempre llevaba consigo, para que finalmente le concediera esta gracia. Entonces, Cristo, apareciéndosele bajo esa misma imagen, le dijo que la tomaría como esposa. Dios confirmó esto Aunque muchas veces intentó alcanzar lo que con muchas tanto empeño deseaba, su padre y grandes señalessus tíos se lo impidieron. Un vaso de alfareroFinalmente, con ánimo viril, roto por descuidodecidió eliminar todos los obstáculos y, fue completamente restaurado por sus oraciones. Una monja fue sanadadespreciando la autoridad de quienes se oponían, primero se cubrió con vestiduras de varón, se armó con una fiebre terciana espada y luego salió cautelosamente de un peligroso tumor en su casa, emprendiendo el camino hacia el pecho gracias a sus méritosmonasterio de Cubas, que distaba dos leguas. Una jovenSatanás se presentó de inmediato para interrumpir su camino y, afligida por una dolencia en el corazónmostrándole muchos peligros y dificultades, fue liberada cuando ella le impuso las manosla llenó de temor y la hizo desfallecer de ánimo. Siendo encargada del hospitalCayendo a tierra, atendía a las enfermas con escuchó tres veces una caridad increíble. En ocasiones, pedía a Dios voz del cielo que le transfiriera sus enfermedadesdecía: “Sé valiente, continúa el camino emprendido, y era escuchadaDios será tu ayuda”. Por Aunque en ese momento no vio a nadie, más vil o impuro tarde supo que aquel que fuerala había animado era su Ángel Custodio, que la fortalecía en este ejercicio su debilidad. Poco después de amor religioso no rechazaba nada. Más tardeavanzar, al ser trasladada al oficio vio que la seguía un joven de portera y encargada de la rueda del tornoIllescas montado a caballo, ejercitó que con frecuencia había pedido a su padre que se la virtud de la pacienciaconcediera por esposa. Aterrorizada por tal peligro, tanto por invocó la dureza ayuda de aquel tipo Dios y se desvió un poco del camino hasta que el pretendiente pasó de servicio como largo. Arrodillada, dio gracias por el favor recibido y rogó a la autoridad Madre de su compañera mayor, Dios que le daba órdenes con un modo fuera propicia en su viaje hacia la casa de proceder poco prudentesu Señor. Pero ella, en todo muy obediente[Entonces] se le apareció la Santísima Virgen, jamás se resistió animándola a los mandatos ni respondió con impaciencia, sino tener buen ánimo y asegurándole quesería la restauradora de aquella casa. Cuando llegó al templo del monasterio, con la mayor humildadretomó sus vestiduras femeninas, terminaba todo rápidamenteque llevaba consigo envueltas en un fardo. Por elloLuego, mereció tener acercándose a Cristo como su alentador con frecuencia y verlo bajo la apariencia puerta del convento, al ver la imagen de un niño. En una ocasión, la bienaventurada Virgen María colocada en lo tomó de sus brazos y alto, oró para que hiciera próspero su deseo. Recibió la invitó a un jardín, donde, disfrutando respuesta de la conversación que todo le iría bien. La Virgen se alegraba de la Madre su llegada y le concedió el Hijopoder de renovar aquella casa, fue llamada subsanando errores, eliminando abusos, estableciendo leyes justas y cultivando virtudes. Animada por estos favores, con gran confianza se dirigió a la abadesa, le relató el repique curso de su vida y de una campana a su viaje, y le pidió ser admitida en la puertacomunidad de las hermanas. Tras cumplir su deber, regresó consultar con ellas y los encontró todavía esperándolacon el ministro provincial –que, alabando su virtud habiéndose ido de obedienciaallí [es decir, y enseñándole así que a veces es necesario dejar a Dios Cubas], ya estaba de vuelta desde hace poco por Dios. Por el resplandor del amor divino se iluminaba su rostrodisposición de Dios–, y sus hermanas comprendieron que había tenido visiones celestiales. En otra ocasión, mientras trabajaba en fue aceptada con la sala comúnaprobación de todos, fue arrebatada en éxtasis aunque con gran oposición de su padre y mereció recibir a Cristo de las manos sus tíos, que se presentaron [allí] antes de su Madreque ella ingresara en el monasterio.
XLIII. Ardía de tal deseo que deseaba recibir todos los días el santísimo Sacramento de la Eucaristía, pero, por la debida reverencia y humildad, se abstuvo, contentándose con aquellos que su confesor le indicaba. Los otros [días] lo [el sacramento] recibía espiritualmente con su afecto interno, y al hacer voto de comer ese pan celestial, sentía el fruto y la utilidad de este, a través de una fe viva que obra por el amor. Al oír la campanilla anunciando la hostia para la adoración, a la que el sacerdote se disponía a elevar, acudió rápidamente para venerarla. Pero, cuando intentó llegar al altar desde donde poder contemplarla, no pudo llegar a tiempo. Entonces, inclinándose en el suelo con el deseo de adorar lo que no podía ver con los ojos, de repente, por una gran grieta en la pared, le fue permitido ver claramente lo que deseaba venerar con devoción; aún permanecen señales de esa grieta. Como un milagro aún mayor, desde las dependencias del monasterio, a través de tres o cuatro paredes, veía y adoraba el mismo objeto divino que Dios, accediendo a los votos de su esposa, le mostraba. A un hombre que moría en pecado, sin saberlo el párroco, administró la santa comida para el viático, pero rápidamente falleció. Los ángeles, llevándolo por su boca impura, lo acercaron a la habitación de Juana y lo colocaron en un lugar adecuado. El ángel custodio reveló este asunto a Juana. Ella, al regresar de un largo éxtasis, recibió la santa comunión de manera piadosa y reverente, tal como el ángel le había ordenado. Este hecho lo relata con mayor detalle Pedro Navarro haciendo uso de notables testimonios.===XLI===
[571] XLIVUna vez alcanzado su deseo, abrazó con el máximo fervor la vida monástica. Es Se impuso a sí misma un gran beneficio silencio perpetuo, la máxima abstinencia posible, admirables formas de Dios hacia la virgen penitencia, un sueño brevísimo, vestiduras humildes, el que haya designado para su custodia a uno desprecio de sí misma, y hallaba consuelo en los supremos espíritustrabajos y en las labores manuales. Este, como protector de grandes En todo consideraba por [579] quién y eminentes santospara quiénes trabajaba. No obstante, cuidaba de ella con tanto esmerosiempre siguió la vida común, tanto amor y prontitud, apartando sin emprender nada singular que no fuera aprobado por el daño tanto juicio de la priora o del cuerpo como del almaconfesor. Una vez, asistiendo se acercó a quien lo invocabaeste último, renovando con consuelos celestiales, de tal modo que en consumida por el dolor y las necesidades se mostraba como un padrelágrimas porque, estando acostumbrada desde la infancia a ver a Cristo en las tribulaciones como refugio, en las dudas como maestrola comunión sacramental, en la tristeza como lenitivo, y finalmente, en todo, parecía estar dispuesto a cumplir con su deseoúltima ocasión no lo había visto. A menudo se le aparecía bajo diversas y preciosísimas formasCon una asombrosa simplicidad, y revelaba secretos celestiales; cuidaba de creía que todos los asuntos del monasterio que recibían el sacramento de sus amigas la Eucaristía veían a Cristo corporalmente y hermanas de tal modo que los beneficios que le proporcionaba a ella eran evidentes para sus compañeras, quienes por lo tanto, se le entregaban completamente y se encomendaban a su custodio y a sí mismas [redactar mejorhabía negado esta gracia, no sé si esto tiene sentido]. También tuvo conversaciones familiares con otros ángelesbien por alguna culpa suya, especialmente con los custodios de sus hermanas bien por algún defecto del monasteriosacerdote en la consagración. A través de sus aparicionesEl confesor, actuando como padre y de los rostros tristes o alegresconsolador, le explicó que debía considerar aquello como un beneficio, podía reconocer en qué aspectos algunas fallaban pues el Señor a veces se oculta y retira sus favores para que sean buscados con mayor ardor y para que quienes los reciben en cuáles otras progresabantal abundancia se humillen ante Dios. De ellos aprendió muchas enseñanzas santas y salutíferasPues, con las cuales instruía así como a las monjas del monasterio mientras las dirigía. A menudo era transportada Pablo le fue dado un aguijón en el aire, disfrutando la carne y un ángel de los deleites celestiales, de los cuales recibía además conocimiento sobre lo Satanás que ocurría entre las hermanas del monasterio. Su Custodio le reveló lo golpeara, para que más deseaba: la causa y la secuencia grandeza de la batalla de los ángelessus revelaciones no lo enalteciera, la victoria de los buenos, la caída de los malvados, y su castigo final misma manera Dios priva a través sus elegidos de diversas regiones sublunaresciertos dones para fortalecerlos en la humildad.
XLV. Frecuentemente, se le veía arrebatada y elevada por encima de sí misma, y en tales momentos de alienación sensorial veía glorias y triunfos celestiales, experimentaba los más dulces afectos del corazón y resplandecía con el rostro más hermoso. Una vez, ocurrió que en un éxtasis muy fuerte fue arrebatada de forma violenta: su rostro palideció, los ojos se apagaron, los labios se oscurecieron, los dientes rechinaban, los brazos caían, y no se veía nada en su cuerpo sin sufrimiento. Cuando volvió en sí, y al ser interpelada varias veces para que explicara la causa de tan dolorosa transformación, dijo que entonces le fue revelado cuántos y qué tipos de penas, tribulaciones y persecuciones debían sufrir tanto los espíritus impuros como los hombres malvados; que, al recordar tales tormentos, se sintió tan aterrada que perdió el juicio y su cuerpo entero fue arrebatado por el dolor.===XLII===
XLVI. Daba respuestas muy prudentes y consejos muy saludables a todos los Justo después de emitir solemnemente su profesión —en la que pedían remedios para males quiso llamarse “de la santa Cruz”, tanto espirituales porque el monasterio se llamaba Santa María de la Cruz como corporales. Desde todas partes acudían porque había nacido el día de la Invención de la Santa Cruz—, comenzó a ella como si fuera un oráculo celestial, pero ella nunca los pronunciaba sin consultar primero florecer con una virtud aún más robusta y a su custodio brillar con una santidad más evidente. Dios confirmó esto con muchas y maestrograndes señales. De él aprendía las necesidadesUn vaso de alfarero, roto por descuido, fue completamente restaurado por sus oraciones. Una monja fue sanada, cualidades y disposiciones del cuerpo primero de una fiebre terciana y del alma luego de todos los que acudían un peligroso tumor en el pecho gracias a ellasus méritos. ÉlUna joven, al revelarle los pensamientos de las personasafligida por una dolencia en el corazón, fue liberada cuando ella le permitía saber lo que sucedía con aquellos queimpuso las manos. Siendo encargada del hospital, desde lejos, se encomendaban atendía a ellalas enfermas con una caridad increíble. Cuando él la llevabaEn ocasiones, se aparecía pedía a los enfermos y a los Dios que estaban en peligro le transfiriera sus enfermedades, y los liberaba de las adversidadesera escuchada. Con su ayuda, superaba las constricciones de las tinieblas, ya fuera para ella Por más vil o para otros impuro que se oponían. Trece años después de que quedara muda durante varios mesesfuera, hablaba en éxtasis en diversas lenguaseste ejercicio de amor religioso no rechazaba nada. Más tarde, explicaba pasajes difíciles al ser trasladada al oficio de las Escrituras portera y revelaba muchos misteriosencargada de la rueda del torno, pronunciando sermones muy instruidos –cuyo volumen completo aún existe– que duraban hasta ejercitó con frecuencia la virtud de la segunda o tercera hora. Para escuchar esos sermonespaciencia, acudía una gran multitud tanto por la dureza de aquel tipo de servicio como por la autoridad de personas su compañera mayor, que le daba órdenes con un modo de toda claseproceder poco prudente. Pero ella, y entre ellas muchos héroesen todo muy obediente, príncipesjamás se resistió a los mandatos ni respondió con impaciencia, preladossino que, obisposcon la mayor humildad, el cardenal Francisco Jiménezterminaba todo rápidamente. Por ello, el gran duque Gonzalo Fernández mereció tener a Cristo como su alentador con frecuencia y verlo bajo la apariencia de Córdobaun niño. En una ocasión, la bienaventurada Virgen María lo tomó de sus brazos y el mismo Carlos <César Augusto> ''[1]''. Todos eran admitidos la invitó a un jardín, donde, disfrutando de la presencia conversación de la extática (pues aún no se había introducido Madre y el Hijo, fue llamada por el régimen repique de las monjas recluidas)una campana a la puerta. Tras cumplir su deber, regresó y a cada uno los encontró todavía esperándola, alabando su virtud de ellosobediencia, aunque no los viera, les decía lo y enseñándole así que era apropiado para a veces es necesario dejar a Dios por Dios. Por el resplandor del amor divino se iluminaba su condición rostro, y los males sus hermanas comprendieron que padecíanhabía tenido visiones celestiales. Sus palabras penetraban En otra ocasión, mientras trabajaba en lo más íntimo del corazónla sala común, fue arrebatada en éxtasis y no hubo nadie que no se sintiera apelado mereció recibir a cambiar sus costumbresCristo de las manos de su Madre.
XLVII. Muchos quisieron poner a prueba si estos éxtasis y sermones venían de Dios. Fue enviado un Inquisidor de la fe a Toledo, disfrazado, y escuchó a la predicadora en éxtasis. Habló de tal manera que conmovió al hombre y este, a mitad del sermón, se arrodilló. Con ese gesto, envuelto en lágrimas, escuchó el resto. Después, al regresar en sí, habló con ella [572] sobre asuntos concernientes al alma, y se despidió de ella recomendando con fervor sus oraciones. Otros, deseando saber imprudentemente si realmente se estaba transformando o si tales éxtasis eran falsificados, realizaron investigaciones que ofendieron a la virgen. Cierta heroína, estando cerca de la cama, mientras Juana predicaba en éxtasis, le clavó una gran aguja en la nuca, que le atravesó el cráneo. La virgen, inmóvil y sin sentir nada, continuó predicando. Al regresar en sí, entonces comenzó a sentir dolor, y pareció que la sangre se derramaba por su cuello. En otro sermón, un eclesiástico de gran renombre la agarró violentamente por el brazo para sacarla del éxtasis. Sin embargo, no sirvió de nada, pues ella permaneció inmóvil y continuó su discurso. Ante tal multitud y las investigaciones indiscretas de algunos, el provincial de la provincia de Castilla, cuyo monasterio dependía [de esa región], ordenó que no fuera aceptado que nadie viera a la predicadora. Así se hizo. Pero, mientras una de las hermanas se acercaba a la puerta de la celda para escuchar lo que decía y miraba por las rendijas, vio muchas aves con los picos alzados, como si escucharan lo que decía. Cuando llamaron a otras que vieron lo mismo, se concluyó que Dios quería que escucharan las personas cuya ausencia las aves suplían. Tras probarse ante la superiora, se permitió escuchar.===XLIII===
XLVIII. El provincial, originario Ardía de Cantabria, quedó sorprendido cuando Juana le habló con fluidez en su dialecto cántabro, intentando disuadirlo tal deseo que deseaba recibir todos los días el santísimo Sacramento de un pensamiento que mantenía en secreto: asignarle la dirección del monasterio. Este hecho fortaleció aún más la convicción sobre su santidadEucaristía, y finalmente la instituyó como abadesa. Cuando estaban presentes hombres doctos o personas que ignoraban la lengua españolapero, explicaba los misterios de por la Sagrada Escritura en latín debida reverencia y transmitía lo humildad, se abstuvo, contentándose con aquellos que era oportunosu confesor le indicaba. Francisco RuizLos otros [días] lo [el sacramento] recibía espiritualmente con su afecto interno, fraile menor y obispo al hacer voto de Ávilacomer ese pan celestial, compañero del cardenal Jiménez en sentía el fruto y la célebre expedición que conquistó Oránutilidad de este, había donado al monasterio dos esclavas traídas a través de allí: una mujer mayor y una joven, ambas árabesfe viva que obra por el amor. Se intentó en varias ocasiones convertirlas a Al oír la campanilla anunciando la hostia para la fe cristianaadoración, pero ellas se aferraban obstinadamente al islam ''[2]''. Un día, estando presentes en una de las predicaciones extáticas de a la virgen, escucharon cómo que el sermón sacerdote se dirigía directamente disponía a ellas en lengua árabe fluidaelevar, acudió rápidamente para venerarla. Sus corazones se sintieron conmovidos y experimentaron un impulso tan fuerte hacia la verdadera religión que Pero, cuando intentó llegar al finalizar la reunión pidieron inmediatamente ser bautizadasaltar desde donde poder contemplarla, no pudo llegar a tiempo. En otras ocasionesEntonces, solía llamarlas y hablarles inclinándose en árabe. Ellas respondían el suelo con el deseo de adorar lo que no podía ver con los ojos, de repente, por una gran grieta en la misma lenguapared, y Juana les instruía sobre muchos asuntos. Permanecieron en el monasterio hasta su muerte, sirviendo a las hermanas le fue permitido ver claramente lo que deseaba venerar con humildad y devoción; aún permanecen señales de esa grieta. Durante Como un añomilagro aún mayor, desde las dependencias del monasterio, [Juana] pronunció setenta y un sermones a través de este tipo: algunos sobre la vida de Cristo tres o cuatro paredes, veía y su Madreadoraba el mismo objeto divino que Dios, otros centrados en los elogios accediendo a los Apóstolesvotos de su esposa, otros sobre los Evangelios de Adviento y los domingosle mostraba. En ellos se encuentran numerosas parábolas y muchas enseñanzas claras A un hombre que moría en pecado, sin saberlo el párroco, administró la santa comida para el cambio de las costumbresviático, pero rápidamente falleció. Sor María EvangelistaLos ángeles, alumna del monasteriollevándolo por su boca impura, registró estos sermones con gran precisión. Dios le concedió lo acercaron a la gracia habitación de escribir de manera clara e íntegra todo Juana y lo que esta pronunciaba colocaron en sus predicaciones, un lugar adecuado. El ángel custodio reveló este asunto a pesar de que antes ni sabía escribir ni leerJuana. El padre Francisco Ella, al regresar de Torresun largo éxtasis, fraile menor recibió la santa comunión de gran celo apostólico, tenía estos sermones en alta estima manera piadosa y los recopiló en un volumen extensoreverente, afirmando que contenían profundos misterios, no accesibles a todos ni adecuados para ser divulgados indiscriminadamentetal como el ángel le había ordenado. Este mismo juicio fue confirmado por el Tribunal del Santo Oficio hecho lo relata con mayor detalle Pedro Navarro haciendo uso de la Inquisición española, que, tras un examen riguroso, ordenó su lecturanotables testimonios.
XLIX. Todavía mayores signos de predilección mostró Cristo por esta Virgen. En presencia de la bienaventurada Virgen y una multitud de ángeles, la tomó como su amadísima esposa, colocándole un anillo precioso como símbolo de su unión. Además, un Viernes Santo, mientras meditaba con extrema intensidad en la Pasión de Cristo, recibió en sus manos, pies y costado las cinco llagas, que se imprimieron en su piel como marcas rojizas. Bajo estas, [ardía571] un intenso fuego y el dolor era muy profundo. Estas aparecían visiblemente cada viernes y sábado hasta la festividad de la Ascensión. Finalmente, debido a la insoportable insistencia de quienes deseaban verlas, rogó fervientemente para que fueran suprimidas del todo. Así [573] Cristo, escuchando su petición, accedió. Aunque le anunció que, en lugar de las rosas purpúreas de las llagas que deseaba que desaparecieran, sentiría las punzantes espinas de su corona. En efecto, experimentó tormentos acompañados de numerosos dolores y sufrimientos.===XLIV===
L. Disfrutaba con Es un gran beneficio de Dios hacia la virgen el canto que haya designado para su custodia a uno de los pájarossupremos espíritus. Este, como protector de grandes y en ocasiones junto a ellos entonaba alabanzas y glorificaba a Dios. Pero se distraía mucho por las numerosas súplicas eminentes santos, cuidaba de quienes acudían a ella con tanto esmero, tanto amor y por escuchar las penas de los afligidos. Para prepararla mejor para la recepción única de los misterios celestialesprontitud, apartando el Señor la afligió daño tanto del cuerpo como del alma, asistiendo a quien lo invocaba, renovando con sordera desde el 10 de febrero hasta el 12 de agostoconsuelos celestiales, festividad de Santa Clara. En esta fechatal modo que en las necesidades se mostraba como un padre, en las hermanas rogaron vehementemente que le fuera restituido el oídotribulaciones como refugio, puesto que era indispensable para la dirección del monasterio y para aliviar con mayor facilidad en las aflicciones del prójimo. Los ruegos de dudas como maestro, en la virgen fueron escuchados y fue enviado San Pedro Apóstoltristeza como lenitivo, que tocó sus oídos mientras se hallaba en éxtasis y le devolvió el sentido. El día de Santa Bárbarafinalmente, absorta en un éxtasistodo, parecía estar dispuesto a cumplir con su deseo. A menudo se le apareció la santa Virgenaparecía bajo diversas y preciosísimas formas, le reveló muchas cosas y revelaba secretos celestiales; cuidaba de los asuntos del monasterio de sus amigas y hermanas de tal modo que los beneficios que le manifestó haber sido mediadora ante Dios proporcionaba a ella eran evidentes para que le fueran concedidas abundantes gracias. En esa misma ocasiónsus compañeras, [Juana] vio el alma de un niño ascendiendo al cielo. Este quienes se le pidió que advirtiera entregaban completamente y se encomendaban a su madre —indicándole su nombre— para que tuviera mayor diligencia en la educación de sus hijoscustodio y a sí mismas [redactar mejor, pues sus hermanos eran tales que Dios no los aprobaría, y Él le pediría razonamientos estrictos sobre sé si estotiene sentido]. En También tuvo conversaciones familiares con otros estados parecidos ángeles, especialmente con los custodios de elevación sus hermanas del monasterio. A través de la mente contempló en diversas ocasiones a distintos santos: Franciscosus apariciones, Domingoy de los rostros tristes o alegres, Antonio, Lucía podía reconocer en qué aspectos algunas fallaban y en cuáles otras progresaban. De ellos aprendió muchas enseñanzas santas y Acaciosalutíferas, junto con las cuales instruía a sus compañeros mártireslas monjas del monasterio mientras las dirigía. Así parecía habitar constantemente A menudo era transportada en el aire, disfrutando de los cielosdeleites celestiales, acostumbrada a tantas visiones de Dioslos cuales recibía además conocimiento sobre lo que ocurría entre las hermanas del monasterio. Su Custodio le reveló lo que más deseaba: la causa y la secuencia de la batalla de los ángeles, la victoria de los buenos, la Virgen María, caída de los ángeles malvados, y su castigo final a través de los santosdiversas regiones sublunares.
LI. Con veintiocho años de edad y al decimotercer año de su ingreso en la religión, fue elegida abadesa por decisión unánime de todas las hermanas, bajo la supervisión del provincial cántabro que mencionamos. Durante diecisiete años llevó el monasterio con suma tranquilidad y admirable prudencia, ampliándolo con las edificaciones y rentas necesarias, puesto que se encontraba en un estado paupérrimo antes de que ella asumiera el cargo. Entre sus muchos y principales benefactores se encontraban los ya mencionados Gonzalo y Jiménez, que hicieron grandes aportaciones. Su mayor contribución a la vida monástica fue el establecimiento de la observancia regular, y la prevención de los escándalos que podrían haber surgido, con la introducción de la clausura monástica, pues antes las hermanas solían salir libremente a pedir limosna y los laicos tenían acceso al interior del convento. Desempeñó su oficio con facilidad, bajo la asistencia de su ángel custodio que le ayudaba en todo y le desvelaba lo que fuera necesario cuando era oportuno, además de con la protección de la Virgen María, que se constituyó a sí misma como abadesa perpetua de la casa y designó a Juana como su vicaria o sustituta. En el ejercicio de este cargo recibió muchos favores del Señor y revelaciones únicas. [Entre estas,] vio el alma de su confesor, Pedro de Santiago, vicario del monasterio y varón de vida excelsa, conocida virtud y santidad, coronado con gran gloria en los cielos.===XLV===
LII. Por petición insistente Frecuentemente, se le veía arrebatada y elevada por encima de las hermanassí misma, oró al Señor para que bendijera y otorgara virtudes a los numerosos rosarios que habían reunido con fervor y que se encontraban guardados en un cofrecillo cerrado bajo la custodia tales momentos de alienación sensorial veía glorias y llave de otra. En éxtasis sagrado permaneció largo tiempo sin sentido. En ese tiempo las hermanastriunfos celestiales, ansiosas por averiguar lo que sucedía con experimentaba los rosarios, abrieron la caja más dulces afectos del corazón y la encontraron vacíaresplandecía con el rostro más hermoso. Pero al volver del Una vez, ocurrió que en un éxtasis y revisar muy fuerte fue arrebatada de nuevoforma violenta: su rostro palideció, los hallaron repuestos e impregnados de una fragancia maravillosa y ojos se sorprendieron al ver de nuevo aquello que poco antes creían desaparecido. Al preguntarle sobre estoapagaron, Juana respondió: “Fueron bendecidos por Dioslos labios se oscurecieron, tocados por su manolos dientes rechinaban, y de allí proviene el perfume impreso y la virtud infundida para rechazar múltiples males y curar enfermedades”. Que decía la verdad lo demostraron los eventos prodigiosos que siguieron, debidamente verificados ante diversos jueces en distintas localidadesbrazos caían, y recogidos no se veía nada en documentos públicos legítimossu cuerpo sin sufrimiento. EstoCuando volvió en sí, sin embargo, lo exageraron algunos por exceso y al ser interpelada varias veces para que explicara la causa de devocióntan dolorosa transformación, y dijo que entonces le atribuyeron —sin fundamento alguno— numerosas gracias e indulgencias. Esto fue justamente reprobado por quien escribió por último la vida revelado cuántos y qué tipos de la virgen penas, tribulaciones y añadió además documentos muy fiables persecuciones debían sufrir tanto los espíritus impuros como los hombres malvados; que, al recordar tales tormentos, se sintió tan aterrada que corroboran la veracidad del casoperdió el juicio y su cuerpo entero fue arrebatado por el dolor.
LIII. Contemplando en visión las durísimas penas que padecen las almas fieles en el purgatorio, Juana las compadecía con suma piedad, y [574] procuraba por todos los medios, tanto personalmente como a través de otros, brindarles alivio: ofrecía sufragios de oraciones, sacrificios de misas, aflicciones corporales, obras piadosas y ejercicios religiosos en su favor siempre que le era posible, y se esforzaba además en que otros los ofrecieran. Rogó a Dios que le permitiera asumir en su propio cuerpo penas en satisfacción por las almas purgantes, y que les aliviara a ellas lo que a ella infligiera. En efecto, sufrió tormentos terribles conforme a su deseo, pero cada vez con más certeza —revelada por su custodio— de que sus penas beneficiaban a aquellas almas afligidas. Muchas almas, por tanto, se le aparecían, rogándole que también las acogiera con su caridad. Esto lo hacía de inmediato, sin negar su ayuda a ninguna, por pequeña que fuese. Por esta piedad y caridad singular alcanzó gran favor ante Dios, y se ganó el afecto de las almas. Así, liberadas por sus méritos, intercedían más eficazmente por ella en el cielo. Bien podía contarse entre aquellos de quienes el ángel dijo a santa Brígida: “Benditos sean quienes en el mundo ayudan a las almas con oraciones, buenas obras y el esfuerzo de su cuerpo” ''[3]''.===XLVI===
LIVDaba respuestas muy prudentes y consejos muy saludables a todos los que pedían remedios para males tanto espirituales como corporales. Con Desde todas partes acudían a ella como si fuera un afecto indescriptible veneraba la santísima cruz de Cristooráculo celestial, pero ella nunca los pronunciaba sin consultar primero a su custodio y con razónmaestro. De él aprendía las necesidades, pues en la festividad cualidades y disposiciones del cuerpo y del alma de la Invención todos los que acudían a ella. Él, al revelarle los pensamientos de las personas, le permitía saber lo que sucedía con aquellos que, desde lejos, se encomendaban a ella. Cuando él la Cruz recibió llevaba, se aparecía a los enfermos y a los que estaban en peligro y los liberaba de Dios innumerables favoreslas adversidades. En este día —como dijimos— nació en el sigloCon su ayuda, superaba las constricciones de las tinieblas, renació en la vida religiosa y ya fuera para ella o para otros que se consagró a Dios con voto solemneoponían. En ese día tambiénTrece años después de que quedara muda durante varios meses, por mandato divinohablaba en éxtasis en diversas lenguas, asumió el mandato del monasterio explicaba pasajes difíciles de las Escrituras y revelaba muchos misterios, pronunciando sermones muy instruidos –cuyo volumen completo aún existe– que debía reformarduraban hasta la segunda o tercera hora. FinalmentePara escuchar esos sermones, ese [mismo día] partió acudía una gran multitud de este valle personas de lágrimas a la patria celestial para recibir toda clase, y entre ellas muchos héroes, príncipes, prelados, obispos, el cardenal Francisco Jiménez, el premio gran duque Gonzalo Fernández de una vida santísimaCórdoba, y el mismo Carlos <César Augusto> ''[1]''. Cada día Todos eran admitidos a la presencia de la semana dedicaba meditaciones únicas extática (pues aún no se había introducido el régimen de las monjas recluidas), y a los misterios cada uno de la cruzellos, distribuyendo así aunque no los frutos de la cruz a viera, les decía lo largo de toda la semanaque era apropiado para su condición y los males que padecían. Así, su almaSus palabras penetraban en lo más íntimo del corazón, purificada en abundancia y entregada no hubo nadie que no se sintiera apelado a la contemplación de las realidades divinas, siempre encontraba asuntos suficientes para meditarcambiar sus costumbres.
LV. A la gloriosísima Virgen María honraba con la ternura entera de su corazón, con el afecto más íntimo de sus entrañas y con todos sus votos, sabiendo muy bien que así lo quiere Aquel que ha querido dársenos por entero a través de María; [sabiendo] que ella ha hecho la escalera celeste por la que Dios descendió a la tierra, para que merezcamos ascender al cielo por ella. En el monasterio había una antigua imagen de madera de la santísima Virgen. Ciertamente, no estaba esculpida con mucha belleza ni con arte refinado, pero gozaba de gran veneración entre las hermanas y los forasteros. Para que fuera aún mayor su veneración, consiguió de Dios que la bendijera y le concediera el poder de que quienes orasen ante ella alcanzasen lo que pedían, y que en tiempos de necesidad pública en ella pudiera encontrarse remedio. Y así ocurre: con frecuencia se obran frecuentemente grandes milagros en torno a esa imagen. Cuando acechan males colectivos, se lleva en procesión —sea para alejar la peste, para obtener lluvia o para pedir quietud— y el pueblo siempre está seguro de que puede obtener alivio en sus calamidades.===XLVII===
LVI. Estos Muchos quisieron poner a prueba si estos éxtasis y muchos otros prodigios similares demuestran cuán grande fue la gracia que Juana halló ante Dios. Cuán grande fue la gracia sermones venían de sanaciones que Dios le concedió lo testimoniaron con certeza las hermanas. A una extinguió el ardor Fue enviado un Inquisidor de la fiebre mortal que llaman de San Marcial; fe a Toledo, disfrazado, y escuchó a otra la curó predicadora en éxtasis. Habló de un cáncer; a otra del dolor de costado; tal manera que conmovió al hombre y este, a otra le enderezó los hombros dislocados. Por la violencia mitad del dolorsermón, a una hermana se le salió un ojo y cayó arrodilló. Con ese gesto, envuelto en lágrimas, escuchó el resto. Después, al suelo; Juana lo recogió regresar en sí, habló con su manoella [572] sobre asuntos concernientes al alma, lo limpió con un paño y lo colocó se despidió de nuevo en su lugarella recomendando con fervor sus oraciones. De inmediatoOtros, deseando saber imprudentemente si realmente se estaba transformando o si tales éxtasis eran falsificados, la realizaron investigaciones que antes era tuerta recobró perfectamente ofendieron a la visión y fue liberada de todo malvirgen. Salvó Cierta heroína, estando cerca de morir ahogado al criado del monasteriola cama, mientras Juana predicaba en éxtasis, Juan de le clavó una gran aguja en la Fuentenuca, cuando [este] precipitadamente intentó cruzar que le atravesó el río Jarama crecido por la corriente desbordadacráneo. La virgen, inmóvil y sin sentir nada, continuó predicando. Protegió Al regresar en sí, entonces comenzó a sentir dolor, y pareció que la sirvienta Antonia Rodríguez sangre se derramaba por su cuello. En otro sermón, un eclesiástico de morir embestida gran renombre la agarró violentamente por un toro; y defendió el monasterio brazo para sacarla del asalto éxtasis. Sin embargo, no sirvió de nada, pues ella permaneció inmóvil y continuó su discurso. Ante tal multitud y las investigaciones indiscretas de los rebeldesalgunos, que bajo el título provincial de “Comunidad” y bajo la apariencia del bien común ocuparon gran parte provincia de España ''Castilla, cuyo monasterio dependía [4de esa región]'', ordenó que no fuera aceptado que nadie viera a la predicadora. Así se hizo. Un carnero infecto Pero, mientras una de rabia embistió al confesor las hermanas se acercaba a la puerta de Juana la celda para escuchar lo que decía y de miraba por las hermanas rendijas, vio muchas aves con sus cuernos y los picos alzados, como si escucharan lo infectó con su enfermedadque decía. La Virgen oró intensamente por él y Cuando llamaron a otras que vieron lo mismo, se sanóconcluyó que Dios quería que escucharan las personas cuya ausencia las aves suplían. A una niña muerta la tomó en brazos y, al colocarle sobre el pecho Tras probarse ante la cruz que llevaba colgada del cuellosuperiora, le devolvió la vidase permitió escuchar.
LVII. Iluminada por tantos dones celestiales y colmada de resplandor divino, empezó a pensar que, pese a haber recibido de Dios tantas gracias, no había correspondido en nada; que había tenido muchísimas y grandísimas consolaciones, pero pocas y sutiles aflicciones; ingentes recompensas, [575] y apenas méritos. Anhelaba hacer algo por Dios de igual valor e, igual que había participado de sus consuelos, deseaba también hacerse partícipe de sus tormentos. Sabía muy bien que es verdad lo que dice la Escritura: “La leve amargura del momento presente produce un peso eterno de gloria en nosotros, cada vez superior” ''[5]'', Por eso, entendía por qué el profeta, iluminado por esta verdad, exclamaba: “Que se pudran mis huesos y me devore el gusano rápidamente, con tal de que pueda hallar descanso en el día de la tribulación” ''[6]''. Así, rogaba insistentemente que su cuerpo fuera quebrado por trabajos, dolores, enfermedades y angustias, y que fuera probado como oro en horno de la tribulación. Su ángel custodio, con rostro triste, le reveló que su súplica sería escuchada, advirtiéndole que la paciencia sería indispensable para alcanzar las promesas, y que necesitaría también del auxilio y oraciones de otros para no desfallecer en la prueba. “Tu cuerpo” —le dijo— “será quebrantado por enfermedades gravísimas, y tu espíritu será afligido por persecuciones, envidias, calumnias e injurias contra tu buen nombre”.===XLVIII===
LVIIIEl provincial, originario de Cantabria, quedó sorprendido cuando Juana le habló con fluidez en su dialecto cántabro, intentando disuadirlo de un pensamiento que mantenía en secreto: asignarle la dirección del monasterio. Este hecho fortaleció aún más la convicción sobre su santidad, y finalmente la instituyó como abadesa. Poco después Cuando estaban presentes hombres doctos o personas que ignoraban la lengua española, explicaba los misterios de oír esto la Sagrada Escritura en latín y comunicarlo a las hermanastransmitía lo que era oportuno. Francisco Ruiz, quedó paralizada fraile menor y obispo de cuerpo enteroÁvila, sin compañero del cardenal Jiménez en la célebre expedición que quedara parte alguna libre conquistó Orán, había donado al monasterio dos esclavas traídas de tal lesiónallí: una mujer mayor y una joven, ambas árabes. Con tal intensidad sufría que Se intentó en varias ocasiones convertirlas a menudo clamaba y gritabala fe cristiana, pero ellas se aferraban obstinadamente al islam ''[2]''. Un día, estando presentes en una de las predicaciones extáticas de la virgen, pidiendo escucharon cómo el sermón se dirigía directamente a Dios ayuda ellas en lengua árabe fluida. Sus corazones se sintieron conmovidos y pacienciaexperimentaron un impulso tan fuerte hacia la verdadera religión que al finalizar la reunión pidieron inmediatamente ser bautizadas. Le dolían todos sus miembrosEn otras ocasiones, articulaciones solía llamarlas y nervioshablarles en árabe. Ellas respondían en la misma lengua, y no podía usar ninguna parte del cuerpo para nadaJuana les instruía sobre muchos asuntos. De todosPermanecieron en el monasterio hasta su muerte, el más intenso era el de cabeza; tan agudo era que sirviendo a veces parecía estar muertalas hermanas con humildad y devoción. Sufría del estómago Durante un año, [Juana] pronunció setenta y un sermones de este tipo: algunos sobre la vida de Cristo y su Madre, otros centrados en los elogios a los Apóstoles, otros sobre los Evangelios de Adviento y los intestinos con tal punzada que todo su cuerpo domingos. En ellos se enfriaba encuentran numerosas parábolas y se empapaba muchas enseñanzas claras para el cambio de un sudor heladolas costumbres. Soportó todos Sor María Evangelista, alumna del monasterio, registró estos males durante catorce años sermones con increíble fortaleza gran precisión. Dios le concedió la gracia de escribir de manera clara e invencible pacienciaíntegra todo lo que esta pronunciaba en sus predicaciones, a pesar de que antes ni sabía escribir ni leer. A esto se añadían los tormentos demoníacos: golpesEl padre Francisco de Torres, fraile menor de gran celo apostólico, latigazos tenía estos sermones en alta estima y, los recopiló en ocasionesun volumen extenso, heridas afirmando que requerían días de cuidadoscontenían profundos misterios, sin que una de ellas pudiera jamás no accesibles a todos ni adecuados para ser curada con medicina a lo largo de su vidadivulgados indiscriminadamente. No obstante, en medio de estos intensísimos dolores, en dos ocasiones recibió Este mismo juicio fue confirmado por el consuelo Tribunal del Santo Oficio de Cristola Inquisición española, que la reconfortó suavemente con , tras un examen riguroso, ordenó su presencia y palabralectura.
LIX. La otra parte de su tormento y dolor procedía del entorno doméstico. El anuncio lo dieron los espíritus malignos, que en innumerable multitud y en forma de repugnantes animales inmundos, [como] serpientes, cuadrúpedos y tristes aves nocturnas, llenaron la casa entera, ocuparon el techo y rodearon los muros. Al contemplar esto en una visión, Juana se estremeció y pidió auxilio a los espíritus celestiales. Acudieron su ángel custodio, el Arcángel Miguel y otros muchos soldados de la corte celestial, que inmediatamente expulsaron a aquellos despreciables monstruos infernales, aunque estos se resistían con fiereza. Preguntó entonces Juana cuál era la intención de aquellos demonios y esa tétrica multitud. Su ángel custodio le respondió que venían a perturbar y destruir por completo aquella casa, y que ya se les había abierto el acceso a causa de los resentimientos y discordias recientes entre las monjas, cuyo amargo fruto iba a degustar próximamente. Así ocurrió: la vicaria, con otras hermanas, conspiró contra la abadesa Juana, acusándola de haber malgastado los bienes del monasterio —que aún era paupérrimo— para obtener una bula que confirmara la unión de un beneficio parroquial que el cardenal Jiménez había asignado al monasterio y que ella había concedido a su propio hermano. Se convocó entonces al provincial para juzgar la situación, y, creyendo demasiado pronto las acusaciones de las rivales de la abadesa, la destituyó y puso en su lugar a la vicaria, que había ambicionado el cargo valiéndose de medios indignos. Juana soportó todo esto con suma paciencia, habiendo sido advertida en múltiples ocasiones por su ángel custodio de que Dios había permitido esto para purificar aún más a su sierva, como oro en el horno del sufrimiento. [También] para evitar que, rodeada por tantos favores y revelaciones divinas, cayera en la vana gloria, dulce ladrona de las riquezas espirituales y astuta aliada del enemigo de las almas. Otros vicios también se encuentran entre los siervos del demonio; la gloria vana se encuentra incluso entre los siervos de Cristo.===XLIX===
LX. Consolada por estas palabras, animaba por todos los medios posibles a las hermanas, que llevaban con gran pesar la sustitución Todavía mayores signos de su cargo decretada predilección mostró Cristo por el provincialesta Virgen. Las exhortaba a todas a obedecer prontamente a En presencia de la nueva abadesa, bienaventurada Virgen y ella mismauna multitud de ángeles, la primera entre todastomó como su amadísima esposa, le rendía a la abadesa fidelísimos servicios, venerando con todo colocándole un anillo precioso como símbolo de su afecto como si hubiese sido nombrada [576] por el propio Señorunión. Pero el Señor no tardó en castigar la injusticia cometida contra Juana: a la falsa acusadoraAdemás, que había usurpado el cargo confiado por Diosun Viernes Santo, mientras meditaba con extrema intensidad en la golpeó Pasión de repente con una grave enfermedadCristo, recibió en sus manos, infundiéndole además un gran temor pies y temblor por el crimen cometido. Castigada asícostado las cinco llagas, la desdichada mujer comenzó a confesar sus culpas y a revelar lo que había hecho contra Juanase imprimieron en su piel como marcas rojizas. Luego le pidió humildemente perdónBajo estas, que obtuvo con facilidad, rogándole además que intercediese ante Dios para alcanzar [ardía] un intenso fuego y el perdón de tantos pecadosdolor era muy profundo. Oró por ella Juana Estas aparecían visiblemente cada viernes y obtuvo indulgencia, y le advirtió sábado hasta la festividad de la muerte prematura que se avecinabaAscensión. Finalmente, para que no debido a la atrapara desprevenida. La mujer, en efectoinsoportable insistencia de quienes deseaban verlas, se preparó rogó fervientemente para la muerte, recibió los sacramentos y, arrepentida, falleció. Encargó a las hermanas que volvieran a elegir a Juana como abadesa y que le restituyeran por medio fueran suprimidas del sufragio lo que ella le había arrebatado injustamentetodo. Se comprobó que Juana había sido injustamente apartada de su cargo al demostrarse, tras una investigación más precisa, que sólo se habían pagado siete escudos de oro por el diploma romano, y que su hermano había aceptado la carga del ministerio sacerdotal, Así [con la condición573] de aportar los beneficios [obtenidos] al monasterio.LXI. Cuando se acercaba el momento en que el Señor iba a llamar a Cristo, escuchando su sierva, ya purificada por tantas presiones y pruebas, esculpida como una piedra viva para la edificación celestialpetición, se le apareció un ángelaccedió. Dijo que a Dios Aunque le complacía anunció que, para su mayor gloria y para la edificación e instrucción en lugar de sus siervos, se diesen a conocer los beneficios que le había concedido, tanto las consolaciones espirituales y revelaciones como rosas purpúreas de las aflicciones y dolores corporales; estos debían considerarse también como un don. Por ello, debía dejar todo detalladamente por escrito. Ella, con la humildad de llagas que fue capaz, se excusó de divulgar públicamente los dones deseaba que se le habían confiado en secreto. Pero el mensajero celestialdesaparecieran, con argumentos razonables, con autoridad y hasta con amenazas, la convenció finalmente sentiría las punzantes espinas de que lo hiciera, y le asignó como escriba a quien hemos mencionado antes, María Evangelista, que no sabía escribir, para que resultara más evidente que esta orden procedía de Diossu corona. Entonces escribió los dos libros que hemos mencionado más arribaEn efecto, sobre los discursos y sobre la vida y hechos experimentó tormentos acompañados de Juana, con tal claridad numerosos dolores y discreción que se concluye que contó con una ayuda superior a lo humanosufrimientos.
LXII. Finalmente, cuando el Señor decidió llamar a su sierva desde la prisión del cuerpo para darle la recompensa de tantos méritos, quiso anunciarlo previamente por medio del ángel custodio, en la vigilia de los apóstoles Felipe y Santiago, que también se le aparecieron y le felicitaron por la corona preparada tras su largo combate. Ella, llena de alegría y exultante, se preparó enseguida para el tránsito, deseando desaparecer y estar con Cristo. Tras recibir los sacramentos, rogó a las hermanas que la ayudasen con sus oraciones en su viaje a una tierra lejana. Luego volvió enteramente a la contemplación de los misterios divinos y de los beneficios que desde su infancia había recibido abundantemente de la misericordia divina. Durante los tres días previos al que está dedicado a la Invención de la Santa Cruz, tuvo muchas revelaciones y visiones de Cristo Señor, de la Virgen María, de María Magdalena, de su ángel custodio y de otros santos, así como terribles apariciones de demonios, que no cesaban de acechar y hostigarla en los últimos momentos de su vida. Finalmente, tras un éxtasis continuo y bellísimo que duró todo un día y comenzó con las palabras: “Alegraos conmigo, alegraos conmigo”, con el rostro resplandeciente, exhalando de su boca un suavísimo aroma, los ojos fijos en el cielo, y tras pronunciar muchísimas palabras santísimas y mantener piadosas conversaciones con las diversas personas que se le aparecieron, se durmió en el Señor el día de la mencionada Invención de la Santa Cruz, siempre para ella feliz y propicio, como hemos dicho, en el año cincuenta y tres de su edad y cuarenta desde su entrada en el monasterio.===L===
LXIII. Tras su muerte, aquel rostro exangüe, aquel semblante pálido, aquel cuerpo contraído, compuesto solo Disfrutaba con el canto de huesos y nervioslos pájaros, se tornó bello y agraciado, tal como había aparecido en su juventud, cuando gozaba del consuelo del discurso divinoocasiones junto a ellos entonaba alabanzas y glorificaba a Dios. Permaneció sin sepultar durante cinco días, exhalando un suavísimo aroma, mientras concurría una innumerable multitud Pero se distraía mucho por las numerosas súplicas de toda clase quienes acudían a ella y por escuchar las penas de personas, tanto de lugares cercanos como lejanoslos afligidos. Para que todos pudieran satisfacer su piedad con mayor comodidad, los frailes menores, muchos prepararla mejor para la recepción única de los cuales habían acudidomisterios celestiales, llevaron el cuerpo en hombros y lo expusieron fuera [577] del monasterio, ya que los espectadores deseosos no pudieron acceder al interior. Una religiosa del monasterio Señor la afligió con sordera desde el 10 de la Concepción febrero hasta el 12 de Almeríaagosto, mujer muy devota y festividad de virtud como la de JuanaSanta Clara. En esta fecha, íntimamente unida a ella en espíritulas hermanas rogaron vehementemente que le fuera restituido el oído, refirió puesto que era indispensable para la vio en visión ascendiendo a los cielos, completamente purificada en esta vida por tantas penasdirección del monasterio y para aliviar con mayor facilidad las aflicciones del prójimo. Inmediatamente después Los ruegos de su fallecimiento comenzaron a manifestarse milagros: curó milagrosamente a una hermana gravemente herida en la tibia virgen fueron escuchados y en el pecho por una caídafue enviado San Pedro Apóstol, a un hombre con fuertes dolores que tocó sus oídos mientras se hallaba en los dientes, éxtasis y a otro con las piernas contraídas que caminaba con andadoresle devolvió el sentido. FinalmenteEl día de Santa Bárbara, fue sepultada absorta en la parte inferior del coroun éxtasis, sin ataúd, solo sobre se le apareció la tierra desnudasanta Virgen, cubierta con abundante cal viva le reveló muchas cosas y aguale manifestó haber sido mediadora ante Dios para que le fueran concedidas abundantes gracias. Sin embargoEn esa misma ocasión, permaneció incorrupta durante siete años[Juana] vio el alma de un niño ascendiendo al cielo. Ocurrió Este le pidió que advirtiera a su madre —indicándole su nombre— para que una niña, hija del conde tuviera mayor diligencia en la educación de Pueblasus hijos, pues sus hermanos eran tales que estaba siendo educada piadosamente en el monasterioDios no los aprobaría, mientras jugaba y Él le pediría razonamientos estrictos sobre esto. En otros estados parecidos de elevación de la mente contempló en aquel lugar percibió un grato olor y empezó diversas ocasiones a escarbar la tierra con los dedos. Al acercarse las hermanasdistintos santos: Francisco, Domingo, también fascinadas por aquel olorAntonio, decidieron averiguar la causa Lucía y comprobar Acacio, junto a sus compañeros mártires. Así parecía habitar constantemente en qué estado se hallaba el cuerpo los cielos, acostumbrada a tantas visiones de Juana. Al cavar profundamenteDios, lo hallaron incorrupto tanto en cuerpo como en vestidurasde la Virgen María, sin ningún daño. Lo adornaron entonces con decencia de los ángeles y lo trasladaron al coro superior, donde lo colocaron en una urna bajo el altarde los santos.
LXIV. Allí permaneció durante catorce años, frecuentemente manipulado por las hermanas, despojado de sus antiguos hábitos y revestido con nuevos, hasta que una noble dama, Isabel Mendoza, esposa de Gonzalo Chacón, señor de Casarrubios, se encargó de trasladarlo a la principal capilla del templo. Allí lo colocaron, en el lado del Evangelio, dentro de un túmulo arqueado, desde el que tanto las hermanas por el interior como los seglares por el exterior podían contemplar y tocar la noble arqueta reforzada con anillos de hierro en la que reposa el sagrado cuerpo. La traslación tuvo lugar el 14 de septiembre de 1552, festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, con la presencia de numerosos nobles y damas. En el año 1600, Francisco de Sosa, general de la orden y luego obispo de Canarias, Osma y Segovia, junto con Pedro González de Mendoza, provincial de la provincia de Castilla, más tarde comisario general de la familia ultramontana, arzobispo de Granada y luego de Zaragoza, y finalmente obispo de Sigüenza, al acudir al monasterio ordenó abrir la urna. Todos los presentes vieron el cuerpo íntegro, salvo por el rostro y las manos, ligeramente oscurecidos. El resto del cuerpo permanecía intacto, fresco y firmemente unido. Le quitaron el antiguo hábito y le pusieron uno nuevo. En lugar de los dos velos blancos de la cabeza, el provincial general restituyó uno blanco y añadió otro negro, dignándola con este honor póstumo a quien en vida tanto había anhelado esa distinción para todas sus hermanas. Sin embargo, al cortar un dedito del pie izquierdo para colocarlo en otro monasterio, quedó sobrecogido al ver que, tras sesenta y seis años, brotaba sangre de la herida.===LI===
LXV. Sería difícil expresar cuánta es la devoción que se dice que sienten hacia la santa virgen todos los pueblos Con veintiocho años de los alrededores, edad y cuántos dones adornan al decimotercer año de su sepulcro. Así ingreso en la religión, fue fácil para elegida abadesa por decisión unánime de todas las hermanas, por medio del procurador bajo la supervisión del provincial cántabro que mencionamos. Durante diecisiete años llevó el monasterio Alfonso de Espinosa, adquirir una nobilísima urna de platacon suma tranquilidad y admirable prudencia, profusamente elaborada ampliándolo con magníficos relieveslas edificaciones y rentas necesarias, por puesto que se encontraba en un valor estado paupérrimo antes de cinco mil ducados de oroque ella asumiera el cargo. Entre sus muchos y principales benefactores se encontraban los ya mencionados Gonzalo y Jiménez, donde el cuerpo que hicieron grandes aportaciones. Su mayor contribución a la vida monástica fue depositado el día de Todos los Santos del año 1614. Estuvieron presentes Antonio de Trejo, vicario general establecimiento de toda la Orden (más tarde orador ante la Santa Sede y obispo de Cartagena)observancia regular, y Francisco la prevención de Ocañalos escándalos que podrían haber surgido, ministro provincial, junto con una inmensa multitud de fieles procedentes la introducción de la corte del rey católico clausura monástica, pues antes las hermanas solían salir libremente a pedir limosna y de los pueblos vecinoslaicos tenían acceso al interior del convento. Para satisfacer Desempeñó su oficio con facilidad, bajo la devoción asistencia de todos, el cuerpo fue expuesto durante dos días su ángel custodio que le ayudaba en un lugar elevado del presbiterio del templotodo y le desvelaba lo que fuera necesario cuando era oportuno, a plena vista además de con la protección de todos. Finalmente, se colocó en la mencionada urnaVirgen María, con dos cerraduras: una llave que se entregó al provincial y otra constituyó a la sí misma como abadesa. Al año siguiente, el rey Felipe III, con perpetua de la familia real al completo, el cardenal de Lerma casa y los principales nobles de la corte, acudieron designó a venerar el sagrado depósitoJuana como su vicaria o sustituta. El cuerpo fue expuesto para veneración durante todo En el día, reposando en un lecho adornado noblemente, en el coro, salvo durante la hora ejercicio de este cargo recibió muchos favores del almuerzo, que tomaron en el atrio del monasterioSeñor y revelaciones únicas. Finalmente[Entre estas, en ] vio el año 1622, la dignísima reina Isabel alma de Borbónsu confesor, esposa Pedro de Felipe IVSantiago, acompañada vicario del infante Carlos, el cardenal Fernando de Toledo (hermanos del rey) monasterio y los principales dignatarios varón de la cortevida excelsa, quiso contemplar ese precioso tesoro conocida virtud y honrarlo santidad, coronado con sus donesgran gloria en los cielos.
→Vida de Juana de la Cruz
[568] Año de Cristo 1534. Año 16 del emperador Carlos V. Año 11 de Clemente VII. Año 327 de la Reelección de Minerva.
===XXXIX. Ese mismo año falleció la religiosa Juana de la Cruz, española, en el monasterio de Santa María de la Cruz, cerca del pueblo de Cubas, en la diócesis de Toledo, de cuya fundación hemos hablado antes. Prometimos narrar la vida y hazañas de esta virgen, célebre entre los españoles y extranjeros. El monasterio había caído en una profunda crisis debido a la desafortunada gestión de Inés, su fundadora y primera abadesa, aunque con el tiempo se arrepintió por gracia de Dios. La Virgen María quiso que Juana fuera la restauradora de esta casa. Nació en una humilde aldea de la ya mencionada diócesis, en el hogar de Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, devotos campesinos. Desde su concepción, Dios la llenó de dones y gracias, pues parecía haber sido llamada desde el vientre materno para su servicio [69] divino. De hecho, no había nacido aún cuando ya comenzaba a abundar en dones celestiales. Antes del uso de razón, no buscaba el pecho materno en los días de viernes, tenía visiones celestiales y era liberada de males y enfermedades, a veces por el favor de la bienaventurada Virgen María, a veces por san Bartolomé. A los cuatro años, vio la gloria del Paraíso, a Cristo niño bajo las especies sacramentales y al ángel que le había sido destinado como custodio. Al hacerse mayor, no se dedicaba a juegos propios de niñas, no hacía nada indecoroso, no pronunciaba palabra ociosa, sino que, siempre entregada a la oración, mantenía conversaciones sobre lo divino. A los siete años, tras la reciente muerte de su madre, decidió, junto con su piadosa tía aún joven, ingresar en el monasterio real de Santo Domingo en Toledo. Pero Dios, que la quería como restauradora de Cubas, lo impidió dos y tres veces, y frustró las artimañas de las monjas que querían capturarla con engaños. Trasladada a la casa de los tíos, administraba los asuntos domésticos con suma prudencia y castigaba su cuerpo con admirable penitencia. Se cubría con un áspero cilicio tejido por ella misma, se flagelaba con dureza, debilitaba su cuerpo con continuos ayunos a pan y agua, a veces sin comer nada durante tres días. En las noches más frías, salía de su lecho y, cubierta solo con un cilicio, prolongaba su oración ante la imagen de Cristo hasta el amanecer.===
===LII=== Por petición insistente de las hermanas, oró al Señor para que bendijera y otorgara virtudes a los numerosos rosarios que habían reunido con fervor y que se encontraban guardados en un cofrecillo cerrado bajo la custodia y llave de otra. En éxtasis sagrado permaneció largo tiempo sin sentido. En ese tiempo las hermanas, ansiosas por averiguar lo que sucedía con los rosarios, abrieron la caja y la encontraron vacía. Pero al volver del éxtasis y revisar de nuevo, los hallaron repuestos e impregnados de una fragancia maravillosa y se sorprendieron al ver de nuevo aquello que poco antes creían desaparecido. Al preguntarle sobre esto, Juana respondió: “Fueron bendecidos por Dios, tocados por su mano, y de allí proviene el perfume impreso y la virtud infundida para rechazar múltiples males y curar enfermedades”. Que decía la verdad lo demostraron los eventos prodigiosos que siguieron, debidamente verificados ante diversos jueces en distintas localidades, y recogidos en documentos públicos legítimos. Esto, sin embargo, lo exageraron algunos por exceso de devoción, y le atribuyeron —sin fundamento alguno— numerosas gracias e indulgencias. Esto fue justamente reprobado por quien escribió por último la vida de la virgen y añadió además documentos muy fiables que corroboran la veracidad del caso. ===LIII=== Contemplando en visión las durísimas penas que padecen las almas fieles en el purgatorio, Juana las compadecía con suma piedad, y [574] procuraba por todos los medios, tanto personalmente como a través de otros, brindarles alivio: ofrecía sufragios de oraciones, sacrificios de misas, aflicciones corporales, obras piadosas y ejercicios religiosos en su favor siempre que le era posible, y se esforzaba además en que otros los ofrecieran. Rogó a Dios que le permitiera asumir en su propio cuerpo penas en satisfacción por las almas purgantes, y que les aliviara a ellas lo que a ella infligiera. En efecto, sufrió tormentos terribles conforme a su deseo, pero cada vez con más certeza —revelada por su custodio— de que sus penas beneficiaban a aquellas almas afligidas. Muchas almas, por tanto, se le aparecían, rogándole que también las acogiera con su caridad. Esto lo hacía de inmediato, sin negar su ayuda a ninguna, por pequeña que fuese. Por esta piedad y caridad singular alcanzó gran favor ante Dios, y se ganó el afecto de las almas. Así, liberadas por sus méritos, intercedían más eficazmente por ella en el cielo. Bien podía contarse entre aquellos de quienes el ángel dijo a santa Brígida: “Benditos sean quienes en el mundo ayudan a las almas con oraciones, buenas obras y el esfuerzo de su cuerpo” ''[3]''. ===LIV=== Con un afecto indescriptible veneraba la santísima cruz de Cristo, y con razón, pues en la festividad de la Invención de la Cruz recibió de Dios innumerables favores. En este día —como dijimos— nació en el siglo, renació en la vida religiosa y se consagró a Dios con voto solemne. En ese día también, por mandato divino, asumió el mandato del monasterio que debía reformar. Finalmente, ese [mismo día] partió de este valle de lágrimas a la patria celestial para recibir el premio de una vida santísima. Cada día de la semana dedicaba meditaciones únicas a los misterios de la cruz, distribuyendo así los frutos de la cruz a lo largo de toda la semana. Así, su alma, purificada en abundancia y entregada a la contemplación de las realidades divinas, siempre encontraba asuntos suficientes para meditar. ===LV=== A la gloriosísima Virgen María honraba con la ternura entera de su corazón, con el afecto más íntimo de sus entrañas y con todos sus votos, sabiendo muy bien que así lo quiere Aquel que ha querido dársenos por entero a través de María; [sabiendo] que ella ha hecho la escalera celeste por la que Dios descendió a la tierra, para que merezcamos ascender al cielo por ella. En el monasterio había una antigua imagen de madera de la santísima Virgen. Ciertamente, no estaba esculpida con mucha belleza ni con arte refinado, pero gozaba de gran veneración entre las hermanas y los forasteros. Para que fuera aún mayor su veneración, consiguió de Dios que la bendijera y le concediera el poder de que quienes orasen ante ella alcanzasen lo que pedían, y que en tiempos de necesidad pública en ella pudiera encontrarse remedio. Y así ocurre: con frecuencia se obran frecuentemente grandes milagros en torno a esa imagen. Cuando acechan males colectivos, se lleva en procesión —sea para alejar la peste, para obtener lluvia o para pedir quietud— y el pueblo siempre está seguro de que puede obtener alivio en sus calamidades. ===LVI=== Estos y muchos otros prodigios similares demuestran cuán grande fue la gracia que Juana halló ante Dios. Cuán grande fue la gracia de sanaciones que Dios le concedió lo testimoniaron con certeza las hermanas. A una extinguió el ardor de la fiebre mortal que llaman de San Marcial; a otra la curó de un cáncer; a otra del dolor de costado; y a otra le enderezó los hombros dislocados. Por la violencia del dolor, a una hermana se le salió un ojo y cayó al suelo; Juana lo recogió con su mano, lo limpió con un paño y lo colocó de nuevo en su lugar. De inmediato, la que antes era tuerta recobró perfectamente la visión y fue liberada de todo mal. Salvó de morir ahogado al criado del monasterio, Juan de la Fuente, cuando [este] precipitadamente intentó cruzar el río Jarama crecido por la corriente desbordada. Protegió a la sirvienta Antonia Rodríguez de morir embestida por un toro; y defendió el monasterio del asalto de los rebeldes, que bajo el título de “Comunidad” y bajo la apariencia del bien común ocuparon gran parte de España ''[4]''. Un carnero infecto de rabia embistió al confesor de Juana y de las hermanas con sus cuernos y lo infectó con su enfermedad. La Virgen oró intensamente por él y se sanó. A una niña muerta la tomó en brazos y, al colocarle sobre el pecho la cruz que llevaba colgada del cuello, le devolvió la vida. ===LVII=== Iluminada por tantos dones celestiales y colmada de resplandor divino, empezó a pensar que, pese a haber recibido de Dios tantas gracias, no había correspondido en nada; que había tenido muchísimas y grandísimas consolaciones, pero pocas y sutiles aflicciones; ingentes recompensas, [575] y apenas méritos. Anhelaba hacer algo por Dios de igual valor e, igual que había participado de sus consuelos, deseaba también hacerse partícipe de sus tormentos. Sabía muy bien que es verdad lo que dice la Escritura: “La leve amargura del momento presente produce un peso eterno de gloria en nosotros, cada vez superior” ''[5]'', Por eso, entendía por qué el profeta, iluminado por esta verdad, exclamaba: “Que se pudran mis huesos y me devore el gusano rápidamente, con tal de que pueda hallar descanso en el día de la tribulación” ''[6]''. Así, rogaba insistentemente que su cuerpo fuera quebrado por trabajos, dolores, enfermedades y angustias, y que fuera probado como oro en horno de la tribulación. Su ángel custodio, con rostro triste, le reveló que su súplica sería escuchada, advirtiéndole que la paciencia sería indispensable para alcanzar las promesas, y que necesitaría también del auxilio y oraciones de otros para no desfallecer en la prueba. “Tu cuerpo” —le dijo— “será quebrantado por enfermedades gravísimas, y tu espíritu será afligido por persecuciones, envidias, calumnias e injurias contra tu buen nombre”. ===LVIII=== Poco después de oír esto y comunicarlo a las hermanas, quedó paralizada de cuerpo entero, sin que quedara parte alguna libre de tal lesión. Con tal intensidad sufría que a menudo clamaba y gritaba, pidiendo a Dios ayuda y paciencia. Le dolían todos sus miembros, articulaciones y nervios, y no podía usar ninguna parte del cuerpo para nada. De todos, el más intenso era el de cabeza; tan agudo era que a veces parecía estar muerta. Sufría del estómago y de los intestinos con tal punzada que todo su cuerpo se enfriaba y se empapaba de un sudor helado. Soportó todos estos males durante catorce años con increíble fortaleza e invencible paciencia. A esto se añadían los tormentos demoníacos: golpes, latigazos y, en ocasiones, heridas que requerían días de cuidados, sin que una de ellas pudiera jamás ser curada con medicina a lo largo de su vida. No obstante, en medio de estos intensísimos dolores, en dos ocasiones recibió el consuelo de Cristo, que la reconfortó suavemente con su presencia y palabra. ===LIX=== La otra parte de su tormento y dolor procedía del entorno doméstico. El anuncio lo dieron los espíritus malignos, que en innumerable multitud y en forma de repugnantes animales inmundos, [como] serpientes, cuadrúpedos y tristes aves nocturnas, llenaron la casa entera, ocuparon el techo y rodearon los muros. Al contemplar esto en una visión, Juana se estremeció y pidió auxilio a los espíritus celestiales. Acudieron su ángel custodio, el Arcángel Miguel y otros muchos soldados de la corte celestial, que inmediatamente expulsaron a aquellos despreciables monstruos infernales, aunque estos se resistían con fiereza. Preguntó entonces Juana cuál era la intención de aquellos demonios y esa tétrica multitud. Su ángel custodio le respondió que venían a perturbar y destruir por completo aquella casa, y que ya se les había abierto el acceso a causa de los resentimientos y discordias recientes entre las monjas, cuyo amargo fruto iba a degustar próximamente. Así ocurrió: la vicaria, con otras hermanas, conspiró contra la abadesa Juana, acusándola de haber malgastado los bienes del monasterio —que aún era paupérrimo— para obtener una bula que confirmara la unión de un beneficio parroquial que el cardenal Jiménez había asignado al monasterio y que ella había concedido a su propio hermano. Se convocó entonces al provincial para juzgar la situación, y, creyendo demasiado pronto las acusaciones de las rivales de la abadesa, la destituyó y puso en su lugar a la vicaria, que había ambicionado el cargo valiéndose de medios indignos. Juana soportó todo esto con suma paciencia, habiendo sido advertida en múltiples ocasiones por su ángel custodio de que Dios había permitido esto para purificar aún más a su sierva, como oro en el horno del sufrimiento. [También] para evitar que, rodeada por tantos favores y revelaciones divinas, cayera en la vana gloria, dulce ladrona de las riquezas espirituales y astuta aliada del enemigo de las almas. Otros vicios también se encuentran entre los siervos del demonio; la gloria vana se encuentra incluso entre los siervos de Cristo. ===LX=== Consolada por estas palabras, animaba por todos los medios posibles a las hermanas, que llevaban con gran pesar la sustitución de su cargo decretada por el provincial. Las exhortaba a todas a obedecer prontamente a la nueva abadesa, y ella misma, la primera entre todas, le rendía a la abadesa fidelísimos servicios, venerando con todo su afecto como si hubiese sido nombrada [576] por el propio Señor. Pero el Señor no tardó en castigar la injusticia cometida contra Juana: a la falsa acusadora, que había usurpado el cargo confiado por Dios, la golpeó de repente con una grave enfermedad, infundiéndole además un gran temor y temblor por el crimen cometido. Castigada así, la desdichada mujer comenzó a confesar sus culpas y a revelar lo que había hecho contra Juana. Luego le pidió humildemente perdón, que obtuvo con facilidad, rogándole además que intercediese ante Dios para alcanzar el perdón de tantos pecados. Oró por ella Juana y obtuvo indulgencia, y le advirtió de la muerte prematura que se avecinaba, para que no la atrapara desprevenida. La mujer, en efecto, se preparó para la muerte, recibió los sacramentos y, arrepentida, falleció. Encargó a las hermanas que volvieran a elegir a Juana como abadesa y que le restituyeran por medio del sufragio lo que ella le había arrebatado injustamente. Se comprobó que Juana había sido injustamente apartada de su cargo al demostrarse, tras una investigación más precisa, que sólo se habían pagado siete escudos de oro por el diploma romano, y que su hermano había aceptado la carga del ministerio sacerdotal, [con la condición] de aportar los beneficios [obtenidos] al monasterio. ===LXI=== Cuando se acercaba el momento en que el Señor iba a llamar a su sierva, ya purificada por tantas presiones y pruebas, esculpida como una piedra viva para la edificación celestial, se le apareció un ángel. Dijo que a Dios le complacía que, para su mayor gloria y para la edificación e instrucción de sus siervos, se diesen a conocer los beneficios que le había concedido, tanto las consolaciones espirituales y revelaciones como las aflicciones y dolores corporales; estos debían considerarse también como un don. Por ello, debía dejar todo detalladamente por escrito. Ella, con la humildad de que fue capaz, se excusó de divulgar públicamente los dones que se le habían confiado en secreto. Pero el mensajero celestial, con argumentos razonables, con autoridad y hasta con amenazas, la convenció finalmente de que lo hiciera, y le asignó como escriba a quien hemos mencionado antes, María Evangelista, que no sabía escribir, para que resultara más evidente que esta orden procedía de Dios. Entonces escribió los dos libros que hemos mencionado más arriba, sobre los discursos y sobre la vida y hechos de Juana, con tal claridad y discreción que se concluye que contó con una ayuda superior a lo humano. ===LXII=== Finalmente, cuando el Señor decidió llamar a su sierva desde la prisión del cuerpo para darle la recompensa de tantos méritos, quiso anunciarlo previamente por medio del ángel custodio, en la vigilia de los apóstoles Felipe y Santiago, que también se le aparecieron y le felicitaron por la corona preparada tras su largo combate. Ella, llena de alegría y exultante, se preparó enseguida para el tránsito, deseando desaparecer y estar con Cristo. Tras recibir los sacramentos, rogó a las hermanas que la ayudasen con sus oraciones en su viaje a una tierra lejana. Luego volvió enteramente a la contemplación de los misterios divinos y de los beneficios que desde su infancia había recibido abundantemente de la misericordia divina. Durante los tres días previos al que está dedicado a la Invención de la Santa Cruz, tuvo muchas revelaciones y visiones de Cristo Señor, de la Virgen María, de María Magdalena, de su ángel custodio y de otros santos, así como terribles apariciones de demonios, que no cesaban de acechar y hostigarla en los últimos momentos de su vida. Finalmente, tras un éxtasis continuo y bellísimo que duró todo un día y comenzó con las palabras: “Alegraos conmigo, alegraos conmigo”, con el rostro resplandeciente, exhalando de su boca un suavísimo aroma, los ojos fijos en el cielo, y tras pronunciar muchísimas palabras santísimas y mantener piadosas conversaciones con las diversas personas que se le aparecieron, se durmió en el Señor el día de la mencionada Invención de la Santa Cruz, siempre para ella feliz y propicio, como hemos dicho, en el año cincuenta y tres de su edad y cuarenta desde su entrada en el monasterio. ===LXIIIV=== Tras su muerte, aquel rostro exangüe, aquel semblante pálido, aquel cuerpo contraído, compuesto solo de huesos y nervios, se tornó bello y agraciado, tal como había aparecido en su juventud, cuando gozaba del consuelo del discurso divino. Permaneció sin sepultar durante cinco días, exhalando un suavísimo aroma, mientras concurría una innumerable multitud de toda clase de personas, tanto de lugares cercanos como lejanos. Para que todos pudieran satisfacer su piedad con mayor comodidad, los frailes menores, muchos de los cuales habían acudido, llevaron el cuerpo en hombros y lo expusieron fuera [577] del monasterio, ya que los espectadores deseosos no pudieron acceder al interior. Una religiosa del monasterio de la Concepción de Almería, mujer muy devota y de virtud como la de Juana, íntimamente unida a ella en espíritu, refirió que la vio en visión ascendiendo a los cielos, completamente purificada en esta vida por tantas penas. Inmediatamente después de su fallecimiento comenzaron a manifestarse milagros: curó milagrosamente a una hermana gravemente herida en la tibia y en el pecho por una caída, a un hombre con fuertes dolores en los dientes, y a otro con las piernas contraídas que caminaba con andadores. Finalmente, fue sepultada en la parte inferior del coro, sin ataúd, solo sobre la tierra desnuda, cubierta con abundante cal viva y agua. Sin embargo, permaneció incorrupta durante siete años. Ocurrió que una niña, hija del conde de Puebla, que estaba siendo educada piadosamente en el monasterio, mientras jugaba en aquel lugar percibió un grato olor y empezó a escarbar la tierra con los dedos. Al acercarse las hermanas, también fascinadas por aquel olor, decidieron averiguar la causa y comprobar en qué estado se hallaba el cuerpo de Juana. Al cavar profundamente, lo hallaron incorrupto tanto en cuerpo como en vestiduras, sin ningún daño. Lo adornaron entonces con decencia y lo trasladaron al coro superior, donde lo colocaron en una urna bajo el altar. ===LXIV=== Allí permaneció durante catorce años, frecuentemente manipulado por las hermanas, despojado de sus antiguos hábitos y revestido con nuevos, hasta que una noble dama, Isabel Mendoza, esposa de Gonzalo Chacón, señor de Casarrubios, se encargó de trasladarlo a la principal capilla del templo. Allí lo colocaron, en el lado del Evangelio, dentro de un túmulo arqueado, desde el que tanto las hermanas por el interior como los seglares por el exterior podían contemplar y tocar la noble arqueta reforzada con anillos de hierro en la que reposa el sagrado cuerpo. La traslación tuvo lugar el 14 de septiembre de 1552, festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, con la presencia de numerosos nobles y damas. En el año 1600, Francisco de Sosa, general de la orden y luego obispo de Canarias, Osma y Segovia, junto con Pedro González de Mendoza, provincial de la provincia de Castilla, más tarde comisario general de la familia ultramontana, arzobispo de Granada y luego de Zaragoza, y finalmente obispo de Sigüenza, al acudir al monasterio ordenó abrir la urna. Todos los presentes vieron el cuerpo íntegro, salvo por el rostro y las manos, ligeramente oscurecidos. El resto del cuerpo permanecía intacto, fresco y firmemente unido. Le quitaron el antiguo hábito y le pusieron uno nuevo. En lugar de los dos velos blancos de la cabeza, el provincial general restituyó uno blanco y añadió otro negro, dignándola con este honor póstumo a quien en vida tanto había anhelado esa distinción para todas sus hermanas. Sin embargo, al cortar un dedito del pie izquierdo para colocarlo en otro monasterio, quedó sobrecogido al ver que, tras sesenta y seis años, brotaba sangre de la herida. ===LXV=== Sería difícil expresar cuánta es la devoción que se dice que sienten hacia la santa virgen todos los pueblos de los alrededores, y cuántos dones adornan su sepulcro. Así fue fácil para las hermanas, por medio del procurador del monasterio Alfonso de Espinosa, adquirir una nobilísima urna de plata, profusamente elaborada con magníficos relieves, por un valor de cinco mil ducados de oro, donde el cuerpo fue depositado el día de Todos los Santos del año 1614. Estuvieron presentes Antonio de Trejo, vicario general de toda la Orden (más tarde orador ante la Santa Sede y obispo de Cartagena), y Francisco de Ocaña, ministro provincial, junto con una inmensa multitud de fieles procedentes de la corte del rey católico y de los pueblos vecinos. Para satisfacer la devoción de todos, el cuerpo fue expuesto durante dos días en un lugar elevado del presbiterio del templo, a plena vista de todos. Finalmente, se colocó en la mencionada urna, con dos cerraduras: una llave se entregó al provincial y otra a la abadesa. Al año siguiente, el rey Felipe III, con la familia real al completo, el cardenal de Lerma y los principales nobles de la corte, acudieron a venerar el sagrado depósito. El cuerpo fue expuesto para veneración durante todo el día, reposando en un lecho adornado noblemente, en el coro, salvo durante la hora del almuerzo, que tomaron en el atrio del monasterio. Finalmente, en el año 1622, la dignísima reina Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV, acompañada del infante Carlos, el cardenal Fernando de Toledo (hermanos del rey) y los principales dignatarios de la corte, quiso contemplar ese precioso tesoro y honrarlo con sus dones. ===LXVI. === Por último, los obispos de Troya y de Cirene, comisarios apostólicos delegados para examinar los hechos relativos a la santa virgen, al abrir el arca declararon haber visto el cuerpo incorrupto y de bello aspecto, y lo expusieron durante tres días a la vista de más de cuarenta mil personas llegadas de todas partes. En Roma se está tratando ahora su inclusión en el catálogo de los santos; en su momento, Gabriel, cardenal de Trejo —hermano del mencionado Antonio—, cubría los gastos para promover la causa, y las Cortes Generales del Reino de Castilla decretaron destinar a este fin cuatro mil escudos de oro. La veneración y el culto en ese lugar son sumamente fervorosos, y su fama está muy extendida por todos los reinos de España. Su glorioso sepulcro se encuentra rodeado de muchas lámparas de plata encendidas, colmado de preciosas ofrendas, y se ha depositado junto al sacristán un ajuar valioso. ===LXVII. === Los documentos relativos a la santidad y al proceso, enviados a Roma, contienen innumerables y grandes milagros, con toda clase de curaciones e incluso resurrecciones. De los más notables y atestiguados con firmeza da cuenta Pedro Navarro. Este fue el último en redactar los hechos de la santa virgen, haciéndolo con sabiduría y prudencia, tras haber consultado cuidadosamente los escritos de María Evangelista, a quien ya dijimos que se considera la primera en haber escrito sobre su maestra. Antonio Daza, además de lo que publicó en sus ''Crónicas'', realizó un peculiar librito que recoge su vida, aunque más con devoción que con rigor. Esto ha provocado que algunos hombres importantes formularan objeciones y emitieran juicios inexorables, en gran ofensa de tal virgen. A esto respondió con una docta apología Francisco de Sosa —que mencionamos arriba— junto con otros hombres sabios. Pero el más preciso de todos fue el mencionado Navarro. La obra de Daza, con notas añadidas de Sosa, fue traducida al italiano e incorporada por Bartolomé Cimarella como cuarta parte de sus ''Crónicas''. Francisco Gonzaga, Pedro Salazar y muchos otros autores recientes hacen mención destacada a esta virgen.
==Notas==